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3 de abril de 2018

Marea Humana de Ai Weiwei: Necesario y abrumador documento social






















Un plano cenital aéreo abre y cierra el extenso documental titulado Marea Humana, la nueva obra del polifacético artista y exiliado chino Ai Weiwei. Dicho plano, una lancha en medio del océano, sin puntos de anclaje y de salvamento, es la imagen perfecta para resumir este documental tan humano como desgarrador. Un trabajo que sin necesidad de efectismos gratuitos, consigue adentrar al espectador, resguardado en la comodidad y el confort de la sala cinematográfica, en la odisea de esperanza y sobre todo sufrimiento del sinfín de víctimas que emigran de sus países devastados por la codicia y la indiferencia occidental. 






Desde las costas de Lesbos a la franja de Gaza y de ahí al infierno sirio, pasando por la crisis de los Rohingyas y su exterminio étnico, hasta terminar en la frontera entre Estados Unidos y México y sin olvidar el drama sirio, Ai Weiwei, también un emigrante de China, su propio país, pone rostro, nombres y sobre todo humanidad a lo que los medios de (des)información han convertido no solo en números y rostros anónimos, sino que también han transformado de víctimas a verdugos, culpables de todos los males que asolan a una sociedad occidental culpable, en la gran mayoría de las ocasiones, de la situación de necesidad extrema de unas personas que necesitan dejarse oír. 






De los planos aéreos que convierten a las personas en hormigas atrapadas en un laberinto exacerbado por los medios de comunicación, Weiwei sitúa al espectador en la incómoda situación de encontrarnos con primeros planos de personas que hablan de tú a tú a un espectador que se revuelve incómodo en la butaca, al darse cuenta de que aquellos números, aquellas estadísticas que le han acabado insensibilizando, tienen nombre y un rostro, una vida y unas ilusiones, que han sido destruidas por la codicia y la apatía de un mundo que se ha hecho cada vez más pequeño, donde las fronteras se han diluido, pero que aún con todos esos factores de cambio, les hacen estar tan cerca pero cada vez más lejos. 






Y aunque su larga duración, casi dos horas y media, provoca en la cinta algunas arritmias estructurales y redundancias narrativas, la cinta deja un poso amargo pero necesario, en una sociedad occidental y un espectador que necesita abrir los ojos y dejar de ver a las víctimas creadas por la codicia del primer mundo como el enemigo invisible y convertirles en la prioridad de una sociedad tecnológicamente avanzada pero emocionalmente primitiva.

21 de febrero de 2016

Hitchcock Truffaut de Kent Jones: Un recordatorio de porqué amamos el cine
















Con el tiempo, a veces olvidamos porqué amamos algunas cosas. Con el cine, y tras muchos años disfrutándolo, hay veces que pesa más lo que no nos gusta que lo que nos entusiasma y acabas teniendo una pose algo cínica de lo que antes disfrutabas con verdadera pasión. Y es por eso que doy gracias a este documental de Kent Jones.



Alfred Hitchcock es uno de los grandes genios del cine. Algo indiscutible, un cineasta que ha influido en el imaginario colectivo y en varias generaciones de cineastas. Pero en los años 60, Hitchcock no estaba tan bien considerado. Era un director de películas que funcionaban en taquilla. Punto. Hasta que la nouvelle vague y la revista Cahiers de Cinema le encumbraron con argumentos como el gran autor que es.



Entre dichos autores y directores estaba Truffaut, que aunque director de películas en las antípodas del cineasta británico, sentía una profunda admiración por su obra y admitía haber sido influenciado por los trabajos de este. Así que decidió proponerle una larga conversación entre ambos, para hablar sobre el cine, sus obras y cómo se aproximaba a ellas.

Dichas conversaciones, que fueron registradas a lo largo de ocho días dieron para mucho y fueron publicadas en un libro que es un manual de cine por si mismo, disfrutable para todo aquel que quiera aprender cómo hacer cine. Y de ese libro parte este documental.



Un documental que su único pecado es que se hace corto y que lógicamente no puede tener el nivel de profundización que el libro de Truffaut, por lo que solo se centra en profundidad en obras como Vertigo o Psicosis, eso sí aportando ritmo y muchos datos de interés.

El otro aliciente del documental son las valoraciones y opiniones de directores de diferente índole de la calidad de Scorsese, Linklater, Fincher o Wes Anderson. Autores como Hitchcock, con un marcado estilo personal y de muy diferente índole, pero que tienen un nexo común, la adoración por el maestro del suspense.



En definitiva, un documental que todo amante del séptimo arte no debe perderse. Un tributo a uno de sus grandes autores, un recordatorio de porqué, aunque a veces se nos olvide, amamos con pasión este arte por autores tan maravillosos, talentosos, únicos y especiales como fue Alfred Hitchcock.
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