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17 de enero de 2020

The Question: El diablo está en los detalles de Rick Veitch y Tommy Lee Edwards


Inédita en nuestro país más de una década, The Question: El diablo está en los detalles, reinterpreta al personaje creado por Steve Ditko, casi dos décadas después de que el personaje tuviera su momento de mayor gloria en las manos de Dennis O’Neil y Denys Cowan, en la serie regular de treinta y seis ejemplares, más una miniserie de cinco ejemplares de cadencia cuatrimestral titulada The Question Quarterly. Los encargados de llevar a buen puerto esta nueva aproximación al personaje -precursor del Mister A de Ditko- y punto de partida para el Rorschach de Alan Moore en Watchmen -una reinterpretación ácida de los preceptos objetivistas del co-creador de Spiderman- son Rick Veitch y Tommy Lee Edwards. El primero, uno de los grandes y menos reconocidos guionistas que revolucionaron el cómic americano de los años 80 (ahí está su trilogía conformada por El uno, El Maximortal y Niñatos para demostrarlo). El segundo, uno de los más interesantes ilustradores de las últimas décadas, todavía a la búsqueda de ese título que le abra las puertas del éxito masivo. 

Si Denny O’Neil y Denys Cowan reintrodujeron al personaje en la DC Comics post-Watchmen y post-Dark Knight, en un tebeo que aunaba el compromiso social ya vislumbrado en la seminal Green Lantern/Green Arrow del propio O’Neil acompañado de Neal Adams y publicada en los años 70, a lo que se le sumaba una querencia por el noir y un grim and gritty inteligente, este El diablo está en los detalles parte de un punto de partida completamente opuesto. Rick Veitch mantiene la relación simbiótica de Vic Sage -el rostro detrás de The Question- con la metrópoli como ente vivo. Pero de las sinuosas, escalofriantes y depresivas calles de Hub City, el guionista traslada al personaje a las luminosas y futuristas calles de Metropolis. Un cambio que le sirve a Veitch para introducir el que quizá es el mayor acierto del relato: la podredumbre que se oculta tras los cielos soleados, el brillante metal y cromo de los rascacielos y la aparente positividad y superioridad moral de una ciudad que oculta las mayores perversiones bajo su aparente fachada.



A su vez, el tratamiento gráfico que Tommy Lee Edwards aporta a los guiones de Veitch, se traduce en una composición gráfica que basa su efectividad en el contraste entre dos miradas y puntos de vista diferentes. Dos acciones tan paralelas como contrapuestas, que dan como resultado algunas de las páginas mejor narradas y bellamente ilustradas de la carrera de Edwards. Pero a su vez, el relato carga en sus espaldas una ingente  cantidad de temas que Veitch quiere introducir en su The Question. Un conjunto de tramas principales y secundarias -el plan de Lex Luthor, la relación entre Sage y Lois Lane (tan interesante a priori, como escasamente desarrollada), el contraste entre los métodos de The Question y Superman (casi un Doctor Manhattan del universo DC desde la mirada de Veitch- la filosofía oriental absorbida por el neoliberalismo, o una más que interesante sociedad criminal secreta que se esconde subrepticiamente en los subsuelos y que hace uso del estricto código moral del Hombre de Acero, para demoler Metrópolis desde sus cimientos.

Una cantidad de elementos, personajes, conceptos, tramas y subtramas más que interesantes a priori, que se quedan meramente enunciadas o no suficientemente desarrolladas, motivado principalmente por la limitación espacial que aporta una miniserie de seis ejemplares. A su favor, la inteligente vuelta de tuerca al personaje, sin dejar de honrar su interesante legado y donde Veitch reconvierte al randiano personaje de Ditko en algo más que un vigilante. Un hombre sin rostro, tan complejo como inescrutable, una nueva vuelta de tuerca a la psicosis del alter ego superheróico, donde new age y denuncia social se dan la mano.

22 de marzo de 2017

Mother Panic de Jody Houser y Tommy Lee Edwards: El lado más turbio de Gotham City






















Tras la ligera decepción de Cave Carson, el sello Young Animal de Gerard Way ha presentado su cuarto y hasta el momento último título del primer bloque de series de la línea. Un tebeo que nos adentra en rincones desconocidos de Gotham City de la mano de la novelista Jody Houser y el atmosférico dibujante Tommy Lee Edwards.



La serie nos presenta a Violet Page una socialité millonaria, estilo Paris Hilton con un oscuro pasado que hábilmente los autores van dosificando en los adictivos tres primeros números publicados hasta el momento. Paige es a su vez una vigilante de métodos expeditivos que deja en aguas de borrajas la supuesta salud mental de Bruce Wayne.



La serie se adentra en terrenos peliagudos de abusos sexuales infantiles y violencia perturbadora que inteligentemente queda fuera de campo para que el lector imagine lo que el tebeo sugiere. Houser crea una protagonista femenina con múltiples capas para profundizar y averiguar el porqué de su lucha contra el crimen, la extraña relación con su padre y una madre que vive en los márgenes de la realidad.



Tommy Lee Edwards es un dibujante que siempre me ha fascinado y siempre me ha sorprendido el poco caso que se le ha hecho tanto por parte de la crítica como de los lectores. Dibujante atmosférico y excelente narrador, entrega en estos tres primeros números un trabajo sublime, quizá el mejor de su carrera representando una Gotham City que exuda corrupción, superficialidad y peligro, pero que a la vez es seductoramente atractiva, una bella y diferente heroína y que sabe navegar tanto en escenas de situación como en momentos perfectamente planificados de acción.



Batman y su cohorte de seguidores ponen la guinda del pastel a un tebeo que en pocos ejemplares se convierte en imprescindible compra para poder averiguar los cómos y el por qué de esta nueva vigilante de Gotham, tan parecida como diferente al murciélafgo original y que ha llegado para quedarse. Muy recomendable.

3 de marzo de 2016

Superman American Alien de Max Landis y VV. AA: Fresca e inteligente reinterpretación de los mitos del Hombre de Acero






































Reinterpretar a un personaje con casi setenta años de historia es muy complicado. Sobre todo, cuando las grandes editoriales que necesitan reinicios constantes no paran de volver a contarte una y otra vez en la misma historia. Sin ir más lejos, en lo que llevamos de siglo, DC Comics ha vuelto a contar el origen del personaje repetidas veces y desde un mismo prisma, con mayor o menor fortuna: Entre las primeras habría que englobar el Superman Identidad Secreta de Busiek e Inmonen o Superman Legado de Waid y Yu. Entre los segundos el abortado reboot de un Grant Morrison menos acertado que de costumbre en su Action Comics para los nuevos 52 o el aburridísimo y conservador Superman Secret Origin de Johns y Frank.



El problema, que todos ellos daban vueltas a la misma idea y usando los mismos elementos una y otra vez sin aportar nada que Richard Donner o John Byrne le añadieran a la mitología del personaje. Cierto es que Morrison lo intentó en Action Comics, pero la idea no le cuajó del todo bien, quizás por el equipo creativo que le acompañaba o quizás también porque Morrison dijo todo lo que tenía que decir del personaje en su monumental y a la vez intimista All Star Superman junto a Quitely, el mejor tebeo de Superman de los últimos tiempos y si me apuras, el mejor en dura pugna con las dos obras maestras de Alan Moore, "¿Qué le Ocurrió al Hombre del Mañana?" y "Para el Hombre que lo tenía todo".

El que más supo acercarse a algo diferente e innovador fue Busiek e Inmonen con la deliciosa Identidad Secreta, pero como juega con el mundo real y el universo de ficción, no entraría dentro de la categoría de reinterpretación.



Y aquí es donde llega el escritor Max Landis, famoso por ser el hijo del cineasta de nombre John y guionista de Chronicle, una película de superhéroes de pequeño presupuesto y rodada con el recurrido y abusado truco del "found footage" que según los que la han visto (yo, todavía no lo he hecho) era un soplo de aire fresco para el género que puso en el punto de mira de la industria y de los aficionados a Landis y al director del filme, Josh Trank cuya estrella se ha hundido hasta los abismos insondables del infierno tras su lamentable adaptación de Los 4 Fantásticos.

En cambio, Max Landis demuestra su amor por el género y el respeto hacia el mismo, pero con grandes dosis de atrevimiento e innovación en este American Alien. Una miniserie de siete números, de los que se han publicado hasta el momento cuatro ejemplares y que es el mejor tebeo de Superman en mucho tiempo.



La estructura de la serie es curiosa y original al mismo tiempo. Cada ejemplar se centra en un momento concreto, una vivencia de Clark desde niño hasta presuponemos un adulto convertido en el Hombre de Acero en el séptimo ejemplar. La idea, que cada ejemplar tenga su propia identidad, casi como un one-shot, pero que en conjunto vemos el ejemplar trabajo que ha realizado Landis.

Tras mil y un versiones del personaje y su origen, Landis consigue hacer un tebeo fresco, moderno, que respira y vive. Un tebeo cuyos personajes saltan de la página con unas caracterizaciones y una humanidad auténtica. Una miniserie que cada ejemplar de ella es un género en si misma, tocando hasta el momento la infancia, la preadolescencia, la adolescencia y la llegada de la mayoría de edad y el aterrizaje a la edad adulta.



Y los lectores acompañamos a Landis y a Clark en una aventura que todos hemos o estamos viviendo. El crecimiento como personas, las alegrías y sinsabores de la vida, con un primer ejemplar que es una oda a la infancia, la familia y el descubrimiento del mundo, para pasar en el segundo ejemplar al choque con la sucia y fría realidad en un segundo ejemplar repleto de oscuridad y violencia, para inmediatamente trasladarnos al hedonismo y la sexualidad de unos incipientes 18 años en un ejercicio de retrocontinuidad con una parte importante del universo DC para continuar con el mismo en un cuarto ejemplar donde los iconos más característicos del universo Superman son plasmados con respeto pero sin tener miedo a cambiar para mejor y actualizar a unos personajes que no pueden seguir estancados en unas formas y un pasado que no se corresponde con el mundo actual.


Pero un tebeo no solo vive del dibujo y Max Landis lo sabe, por lo que se ha rodeado de lo mejorcito de la industria actual como son, en estos cuatro ejemplares dibujantes con tanto talento y tan diferentes los unos de los otros, como son Nick Dragotta, Tommy Lee Edwards, Joelle Jones y Jae Lee. Y lo grandioso es que cada uno de ellos son perfectos para cada una de las etapas de este Clark en proceso de crecimiento y madurez, siendo imposible ver cada ejemplar con otros autores o siendo intercambiados los mismos.



En definitiva, un tebeo que demuestra que la cansina repetición de que DC Comics no publica nada bueno en su catálogo actual es una soberana memez. Uno de los mejores tebeos que han pasado por mis manos en los últimos años. Un recordatorio de que no hay personajes caducos, sino autores estancados y cobardes. Si todos los tebeos actuales tuvieran el arrojo y la inteligencia de este trabajo de Max Landis, otro gallo nos cantaría. No os digo más, leedlo y maravillaos. 
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