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14 de junio de 2016

Hellblazer de Jamie Delano 2 de 3: La ambiciosa pero irregular etapa de Delano continúa con invitados de auténtico lujo






















Aunque parezca ayer, el final de los años 80 y principios de los 90 ya nos viene muy lejano. Yo viví ese momento tan trascendental para el cómic americano, esa eclosión de tebeos que se alejaban de lo que estábamos acostumbrados y que abrieron los ojos de toda una generación de lectores, entre los que me incluyo y nos hizo ver que los tebeos podían ser algo más que una sucesión interminable de tortazos.



El Hellblazer de Delano fue uno de esos tebeos que abrió el camino a una nueva manera de contar historias dentro de las editoriales mainstream y este volumen es una buena muestra de ello. Desde conspiraciones gubernamentales a abusos infantiles, de la pobreza de las grandes metrópolis al terror nuclear, Jamie Delano plasma en estas casi 600 páginas todo aquello que preocupaba al occidente de finales de los 80, sobre todo a la población anglosajona sometida por el gobierno de Margaret Thatcher.

Estos tebeos son una rebelión contra el conservadurismo, contra la moral castrante y una oda envuelta en tebeo sobrenatural de todo aquello que los gobiernos totalitarios querían ocultar. El problema, que el joven Delano, influenciado por supuesto por el maestro Moore, intenta plasmar todos sus intereses, miedos, angustias y pensamientos de una manera atropellada, rayando en la pedantería (esos textos de apoyo interminables y repletos de verborrea).



El mejor ejemplo es la historia "La Máquina del Miedo", contada en 9 números regulares y que teniendo un punto de partida y unas ideas más que sugerentes, se hace bola a medida que avanza, repleta de filosofía new age de saldo y un desarrollo narrativo repleto de momentos repetitivos y sobreexplicaciones para aparentar ser más inteligente de lo que realmente es.

En cambio, Delano es más interesante cuando cuenta relatos autoconclusivos circunscritos al tamaño de un comic book, como ese número donde nos cuentan la difícil infancia de Constantine o el juego con la realidad y la ficción de Constantine con un personaje del mundo literario.



Por supuesto, el trabajo de Delano también mejora dependiendo de quién sea el compañero a los lápices. Porque no es lo mismo que te dibuje tus historias un torpe John Ridgway o un bisoño Mark Buckingham, al que el entintado de Alfredo Alcalá no le pega ni con cola, que si te dibuja Dean Motter o un primerizo pero con futuro Sean Philips.



Lo verdaderamente destacable de este volumen son las historias realizadas por verdaderas estrellas del cómic británico, Neil Gaiman y Grant Morrison. El primero, acompañado de un sobrio Dave McKean y que en escasas 24 páginas saben remover y aterrorizar al lector en un bello pero sombrío relato social con elemento sobrenatural.



Más grandguiñolesco, pero igualmente efectivo son los dos números realizados por Grant Morrison y David Lloyd. Una verdadera pesadilla burguesa, con ecos de Stanley Kubrick y el temor atómico, donde Constantine es un mero espectador de la pesadilla de nuestra sociedad del bienestar.


En definitiva, un volumen irregular, pero imprescindible para entender el camino que tomó una parte del mainstream a finales de los 80. Un tebeo valiente y que trata temas comprometidos e importantes, pero que quizás la escasa experiencia de Delano hicieron que hayan quedado más como reflejo de una época determinada que como tebeos imprescindibles de dicha época como lo pueden ser Sandman, La Cosa del Pantano o el Animal Man de Morrison.

6 de febrero de 2016

Sandman: Muerte de Neil Gaiman, Chris Bachalo, Mark Buckingham y Dave McKean. Un par de joyas en un recopilatorio imprescindible

























Uno de los grandes aciertos de Neil Gaiman dentro de su obra magna fue la creación de Muerte, la hermana mayor de Sueño y personaje que desde su primera aparición en el clásico octavo ejemplar de Sandman se convirtió no solo en icono del mundo del cómic, sino en verdadero icono de la cultura popular, con artistas como Tori Amos que fueron, al igual que muchos otros, arrastrados por el magnetismo de una muerte que era simpática, optimista y muy bella.



Y ya que cada vez que aparecía en la serie regular de Sandman se comía al resto de reparto con su carisma, Gaiman y DC Comics decidieron entregarle al personaje dos miniseries, una aparecida en 1993 y otra en 1996, donde poder desarrollarla  fuera del influjo del resto de sus hermanos eternos.



El resultado, (que este volumen publicado por ECC -idéntico al Absolute Death editado por DC Comics excepto en el tamaño- publica íntegramente además de tres relatos cortos (incluído el famoso del SIDA) y un apartado de extras delicioso), es excepcional. Y lo es, porque Gaiman hace lo que mejor sabe hacer. Crear personas, no personajes. Dotarles de humanidad, de deseos, de miedos, de amor, de dolor. En definitiva, lo que nos hace humanos.



Ya sea el protagonista de nuestra primera historia "El Alto Coste de la Vida", un chico de 16 años que cree que ya no quiere vivir más, o la pareja protagonista de "Lo Mejor de tu Vida", meras secundarias en la primera historia y que Gaiman engarza como el maestro orfebre que es, sin olvidar el reparto de secundarios memorables que se entrecruzan en la vida de nuestros protagonistas, todos ellos respiran verdad por todos los poros de su piel de tinta, plasmados con absoluta maestría por un Chris Bachalo en su plenitud como dibujante y los primeros pasos de un Mark Buckingham que daba sus primeros pasos, primero como clon de Bachalo, pero que ya nos deja vislumbrar las maravillas que nos esperarían una década después en Fábulas, su obra magna.


Aquí Muerte, sin desvelar mucho, es la protagonista y secundaria a la vez de la historia. Los protagonistas son los personajes anteriormente mencionados de las obras, pero Muerte está, tanto en cuerpo como en mente a lo largo de todas las páginas de la obra, sirviendo a Gaiman para plasmar brillantes ideas de como la vida y la muerte nos hacen humanos y que aunque la Muerte sea el final de la vida, ella misma es la que hace que la vida sea tan valiosa y preciosa.



De los tres relatos cortos que acompañan el volumen y que están dibujados por Jeffrey Jones, Bachalo y Dave McKean, destaca sobre todos ellos el dedicado al Sida, un relato de ocho páginas que publicó DC Comics para la campaña de la prevención sobre la enfermedad y que destaca sobre todo por lo inteligente, educativo y punzante que es.



En definitiva, una obra mayor en apariencia menor, que es igual de disfrutable para seguidores del autor o de Sandman, como para lectores que se quieran aproximar por primera vez a la prosa y el universo creado por Gaiman. En resumidas cuentas, un gran tebeo de un gran autor.

21 de junio de 2011

Orquídea Negra de Neil Gaiman y Dave McKean. Colaboración para la web Nuestros Cómics


En 1989, en plena invasión británica del cómic americano en general y DC Comics en particular, dos jóvenes promesas, Neil Gaiman y Dave McKean, que poco después se convertirían en dos de las más grandes estrellas del medio, realizaron una miniserie prestigio de 3 números, con uno de los personajes más desconocidos del universo DC, en una estrategia similar a la que compatriotas suyos como Alan Moore o Grant Morrison hicieran con La Cosa del Pantano o Animal Man en años anteriores y que podréis continuar leyendo, si pincháis aquí.
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