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28 de agosto de 2014

Lobezno Max de Jason Starr, Félix Ruiz y Roland Boschi: ¿Necesitábamos otra versión de Lobezno?





























La línea Max de Marvel Comics, aparecida como replica de Vértigo, el sello adulto de su rival directo, se ha caracterizado por publicar lo justo, rodearse de buenos autores, y no tener un éxito estruendoso. Los ejemplos son pocos pero cada uno de ellos han dado como resultado tebeos muy estimables pero de escasa duración. El Castigador de Jason Aaron, Furia de Garth Ennis o Masacre de David Lapham y Kyle Baker se han caracterizado por entregar versiones e historias de personajes sobreexplotados con una visión diferente que se merecían más repercusión de la que han tenido.



Pero les faltaba EL personaje. Lobezno, el mutante de las garras de adamantium y el factor curativo cuyo pasado ha sido siempre un misterio y el gran motivo de su éxito, el cual se ha ido difuminando a medida que hemos averiguado más cosas sobre él y como muestra, las dos miniseries dedicadas a su origen, tebeos a todas luces innecesarios y que de poco han servido para aumentar su leyenda, sino todo lo contrario.



Y en esa tesitura se encuentra el guionista encargado de esta versión "adulta" del personaje, Jason Starr, famoso escritor norteamericano de serie negra que le viene como anillo al dedo a un personaje que se mueve igual de bien en el terreno superheroico que en el submundo del crimen, la mafia organizada y los yakuzas.



La serie comienza de manera trepidante. Un accidente aereo, un único superviviente y amnesia. A partir de ahí, nuestro protagonista, al estilo del personaje de Memento de Christopher Nolan, comienza una odisea en Japón que le llevará a Los Angeles y a Las Vegas (dos escenarios predilectos del noir) para descubrir quien es. En su camino, bandas criminales, enemigos del pasado, mujeres atractivas pero letales y supuestos "amigos" de los que no sabe si fiarse le conducirán a descubrir quién es y de dónde proviene.



Starr conoce su oficio y este Lobezno noir contiene todos los ingredientes que le hacen falta a una historia de dicho género. Sobre todo cuando el dibujante es Félix Ruiz, dibujante español influenciado por Bill Sienkiewicz y Alex Maleev, que sumerge al lector en un relato que huele a sangre, sexo y suciedad. No puedo decir lo mismo del otro dibujante del relato, Roland Boschi, elección equivocada en los fragmentos y capítulos que le han tocado dibujar.



El problema del relato es su resolución, porque tanto la trama principal como las secundarias atrapan al lector a medida que va pasando las páginas, con unos personajes, tanto el propio Logan como los secundarios que pululan a su alrededor perfectamente construidos dentro de los cánones de la serie negra. Pero los dos últimos números de la colección se cortan de manera abrupta, muy posiblemente provocado por la cancelación de la serie en su decimoquinto número.



Una pena, porque hasta entonces el tebeo y su visión del personaje fuera quizás la mejor interpretación del mismo en mucho tiempo. Pero las bajas ventas y un público lector que exige cambios pero quiere leer siempre lo mismo de siempre, provocan que un tebeo que podría haber sido mucho más, se quede en una interesante rareza, pero poco más.

28 de marzo de 2014

Furia: Mis Guerras Perdidas de Garth Ennis y Goran Parlov. Ennis cuando quiere, puede




















Que Garth Ennis es un autor irregular creo que no puede sorprender a nadie a estas alturas. Desde sus comienzos en la industria con clásicos indiscutibles como su etapa en Hellblazer o su gran historia, Predicador, el escritor irlandés se había dormido en trabajos de dudosa calidad y en los que se le veía que únicamente ponía su piloto automático y entregaba sus medidas dosis de violencia extrema, sexo chusco con el único objetivo de hacer creer a la industria y a los fans que era el autor más políticamente incorrecto del panorama comiquero.

Un buen ejemplo de ellos fue su primer acercamiento al universo Marvel, su Punisher para la línea Marvel Knights. Un tebeo que le volvía a emparejar con su pareja artística predilecta, Steve Dillon y que demostraba que ambos se habían convertido en parodias de si mismos.



Pero tras terminar dicha etapa, Ennis se volvió a embarcar en contar la vida y milagros de Frank Castle dentro de la línea Max marveliana, el Vertigo de la casa de las ideas. Y aquí si que supo hacer las cosas bien. Un tebeo que seguía siendo explícito tanto en la violencia y en la sexualidad, pero maduro. Esto no era un tebeo de violencia sin sentido para adolescentes que necesitaban esa irreverencia para demostrar que lo que leían no era para niños, sino que su sordidez y violencia estaba justificada.



Gracias a la grata experiencia que fue tanto para el autor como para los lectores la línea Max dedicada a Punisher, Ennis se embarcó en contar la vida y andanzas de Nick Furia tras la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no es la vida de Furia en el universo Marvel, aquí no hay Shield, ni Helitransportes, ni superhéroes haciendo del mundo un lugar más feliz. Esto es la triste y cruda realidad, sin aditivos. El único elemento fantástico que mantiene para que el personaje sea creíble como militar en mil conflictos a lo largo de las décadas es un trasunto de suero del Supersoldado para mantener a Furia más joven que el resto de los protagonistas del relato y para recalcar aun más su aislamiento.


Porque Furia en este relato es un personaje trágico. Un hombre Eastwoodiano muy cercano a los personajes que Ennis ha creado a lo largo de las décadas. Un hombre estóico, leal, amigo de sus amigos, honesto y capaz de hacer todo lo que está en su mano para cumplir sus principios e ideales.



Pero en el mundo real los idealistas están abocados a fracasar en un mundo inundado de víboras e intereses comerciales que venden conceptos como libertad, democracia y paz para aumentar su poder, su riqueza y sobre todo su codicia. De ahí que veamos como los ideales de Furia se resquebrajan tras la supuesta Gran Guerra, donde los "buenos" y los "malos" parecían estar bien definidos y entra en la zona de grises que fueron la Guerra de Corea, la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba, Vietnam y la Contra de Reagan en Nicaragua en los años 80.



Como si se convirtiera en un discípulo de James Ellroy, Ennis traslada la paranoia innata que todo thriller político debe tener, a un mundo repleto de intereses ocultos, medias verdades, traiciones y verdaderas aberraciones cometidas en nombre de la libertad, para adentrarnos durante trece intensos capítulos en las tejemanejes de la política exterior estadounidense.



Pero no todo el mérito se le puede atribuir a Ennis. Porque de lo que se beneficia el escritor de Predicador es de un autor absolutamente brillante como es Goran Parlov, antiguo colaborador en el Punisher de la línea Max. Imbuido del espíritu de Jordi Bernet, tal es su influencia que la firma del autor imita y homenajea la del gran artista responsable de la imágen gráfica de Torpedo, Parlov plasma con absoluta brillantez los acerados y punzantes guiones de Ennis. Mujeres fatales de otra época, el sudor y la humedad de la selva de Vietnam, la frialdad de un Furia envejecido narrando los acontecimientos de una vida basada en la mentira y así hasta el infinito.



Y que los fans de Ennis y su violencia descontrolada se pueden quedar tranquilos. Hay momentos que te quitan el habla, no solo por lo visual de su violencia, sino por el poso que te deja dentro al leerlo. Porque no es gratuita, porque no es sarcástica. Es dura y muy, muy real, pero es todo aquello que los medios de comunicación nunca enseñarán a las adormecidas audiencias

En definitiva, un tebeo muy pero que muy recomendable. Un ejemplo de que en las grandes editoriales se siguen y se pueden hacer tebeos que se salgan de ese status quo autoimpuesto y que Ennis cuando quiere, es capaz de demostrar que es algo más que un enfant terrible obsesionado por demostrarlo. No os lo perdáis bajo ningún concepto.

28 de enero de 2012

Deadpool Max 2: Involuntary Armageddon de David Lapham y Kyle Baker


Deadpool Max 2: Involuntary Armageddon de David Lapham, Kyle Baker y Shawn Crystal (Deadpool Max 7 al 12 USA)

Si hay un guionista al que se le ha ninguneado relativamente en los últimos años ha sido a David Lapham. Este ha pasado del aplauso unánime de los lectores ajenos al mainstream por la excepcional Balas Perdidas a ser obviado por estos mismos fans en el momento en el que Lapham se pasó a las dos grandes, realizando obras fallidas como su etapa en Detective Comics junto a Ramón Bachs, a trabajos tan reivindicables y originales como sus dos obras para la línea Vertigo como Silverfish y sobre todo Young Liars.

Mientras tanto, Lapham ha pasado desapercibido para el lector mainstream. Así que su oportunidad de hacerse notar le ha llegado con su peculiar visión del famoso y sobreexplotado mutante Masacre junto a otro talento que se merece también mucho más reconocimiento que el obtenido, Kyle Baker.


Una apreciación: Todo aquel que sea fan del Masacre de Nicieza, Liefeld y cía, o de la espantosa versión del mismo por autores tan poco hábiles como Daniel Way, que se abstengan de leer esta colección. El Masacre de Lapham y Baker es un oasis dentro del cómic actual. Un tebeo que recupera la subversión inteligente de autores como Miller o Chaykin y los excesos gráficos de un Bill Sienkiewikz, sobre todo porque Baker ha abandonado su estilo cartoonesco de obras como Plastic Man o You Are Here, para volver a sus inicios sucios como Justice Inc.


Esta última obra con bastantes puntos en común con este Masacre. Agentes dobles y triples, organizaciones y gobiernos conspiradores y terroristas y una visión negra de la naturaleza humana. De obras anteriores de Lapham también podemos encontrar muchos puntos en común. Protagonistas masculinos convertidos en peleles de mantis religiosas (aquí sería Bob, el agente de la CIA y verdadero protagonista de la colección) como en su Balas Perdidas o sobre todo Young Liars. Pero también tenemos esas figuras infantiles completamente alejadas de la inocencia que se les presupone como en Balas Perdidas y aquí encarnadas en el penúltimo episodio del tomo.


Todo ello aderezado por supuesto con mucha violencia, mucho sexo y mucha pero mucha mala leche. Pero todo ello tomado con un humor negro que te distancia muy mucho de lo ocurrido ante los ojos del lector y que emparenta con el absurdo de los hermanos Marx (no es casualidad que Masacre esté viéndo una película de ese trío de genios en uno de los capítulos del recopilatorio).


Divertida, crítica y caustica y sobre todo muy atrevida. Ingredientes a los que se le suma la inteligencia de lo contado y planteado y que se aleja mucho tanto en intenciones como resultados de obras supuestamente polémicas pero excesivamente pueriles, como por ejemplo los últimos trabajos de autores como Garth Ennis o Mark Millar.

28 de octubre de 2011

Punisher Max 2: Bullseye de Jason Aaron y Steve Dillon. Reseña para Panini Reviews


El segundo volumen de la nueva colección de Punisher en el sello Max de Marvel Comics demuestra dos cosas. La primera, que nos encontramos con la que es quizás la mejor aproximación del personaje en toda su historia y la segunda y más importante, que Jason Aaron es un pedazo de guionista, algo que ya sabíamos todos aquellos que disfrutamos con  Scalped. Para leer la reseña completa, solo tenéis que pinchar aquí.

12 de septiembre de 2011

Punisher Max: Kingpin de Jason Aaron


Punisher Max: Kingpin de Jason Aaron y Steve Dillon (Punisher Max 1 al 5 USA). 

Tras las dos etapas que el escritor irlandés Garth Ennis realizara de este justiciero urbano durante la década pasada, primero en el sello Marvel Knights junto al dibujante Steve Dillon y posteriormente en una serie de 60 números en el sello Max, y lo llevara al extremo de lo permitido en un tebeo mainstream, se demostró que Frank Castle, el Castigador ya no podía pertenecer al universo Marvel tradicional. 


Intentando estar a la altura de Ennis, muchos guionistas provenientes de la televisión o de la novela negra probaron suerte sin conseguir que el publico olvidara a su irreverente antecesor. Ha tenido que llegar un nuevo guionista de joven hornada e inmenso talento como es Jason Aaron (Scalped) y superar en una primera historia, las dosis de sexo y violencia extrema que un experto como Ennis había plasmado en su larga etapa al frente del personaje. 

Si Ennis en su primera aproximación al personaje tiró por el camino de la parodia y lo exagerado, ayudado por el hiperrealismo caricaturizado de Steve Dillon, y en el sello Max por un universo realista y violento sin gota de humor, Aaron ha tirado por el camino del medio. Por una parte, su historia no tiene dosis de humor pero si que recuerda en sus abcesos de violencia (violaciones, niños degollados) al Ennis más salvaje. No es casual que su compañero a los lápices sea Steve Dillon, que aquí demuestra cuando trabaja en un proyecto en el que está motivado y como otros los hace para cubrir el expediente y llegar a fin de mes (Ultimate Avengers). 


Y que nos cuenta este primer trabajo de Aaron y Dillon al frente de Punisher. Pues ni más ni menos que una reinterpretación de Wilson Fisk, también conocido como Kingpin, el archienemigo de Daredevil. Kingpin es el protagonista de nuestro relato, quedando Frank Castle como mero invitado de lujo, casi un observador del aterrador camino que lleva a Fisk al poder de la mafia neoyorkina. 


Porque el Kingpin que vemos en este relato no es el de siempre. Aquí es un joven matón de tres al cuarto, cuyo repulsivo aspecto oculta una mente fría y calculadora que le hará conseguir el éxito profesional sin ningún tipo de escrúpulos. La mirada a su infancia nos deja con una escalofriante imagen donde las ratas son determinantes y también somos testigos de como se las gasta Fisk con la gente que le daña. 


La aparición de Punisher es meramente testimonial y su enfrentamiento con ese ex-asesino de la mafia reconvertido a los amish es quizás lo más flojo e innecesario de un relato cuyas grandes bazas las tiene la prehistoria de Kingpin, en una reinterpretación fabulosa, negra y turbia que seguramente se quedará en nada comparada con la que pueden tenernos preparada Aaron y Dillon en la siguiente saga de la colección, con el origen reinterpretado de Bullseye.

7 de julio de 2011

Deadpool Max: Nut Job de David Lapham y Kyle Baker. Reseñas comiqueras de actualidad


Deadpool Max: Nut Job de David Lapham y Kyle Baker (Deadpool Max 1 al 6 USA).

Que David Lapham es un guionista y autor completo fuera de serie es un hecho. Balas Perdidas, Mátame, Silverfish o Young Liars son un buen ejemplo de su buen hacer. La obra de Kyle Baker habla por si sola. Desde su La Sombra con Andy Helfer, a novelas gráficas y especiales para el sello Vertigo como You are Here, Moriré a Medianoche o su etapa al frente de Plastic Man, le hacen merecedor de estar entre uno de los mejores, más originales y diferentes autores de los últimos 20 años.


Pero cuando vi el anuncio de que ambos autores iban a realizar una colección en el sello Max, la línea Vertigo del universo Marvel, con el mercenario mutante y bocazas de los mutantes Masacre, pensé que a lo mejor solo sería un trabajo alimenticio de ambos autores para sanear sus cuentas corrientes. Y no podía estar más equivocado.


Porque Deadpool: Max, en sus seis primeros números, es la mejor, más irreverente, original, sanguinaria y sexual obra que Marvel Cómics ha publicado desde que apareciera Elektra Assasin de Frank Miller y Bill Sienkiewicz en el año 1986 bajo el sello Epic Comics, el abuelo de las líneas Vertigo y Max.


Y la referencia no es casual, porque este Masacre debe y tiene mucho de esa bomba terrorista que fue para el mundo del cómic el tebeo anteriormente mencionado. Lapham y Baker, en una de esas uniones entre guionista y dibujante que alcanzan la perfección plástica, donde no se sabe donde empieza la labor de uno y acaba la del otro, es un petardazo en toda regla a las convenciones sociales, lo políticamente correcto, el uso de la violencia y el sexo y tratar temas tabú como el incesto, el racismo en la figura del KKK, las perversiones sexuales y las operaciones encubiertas del gobierno americano, y un tebeo inigualable en su mezcla de diversión descerebrada y tebeo inteligente donde los haya.


Lapham y Baker toman como referencia el universo Marvel y el entorno en el que se ha movido siempre Masacre, para convertirlo en algo personal e intransferible, utilizando personajes tan manidos y utilizados como Cable, Domino (aquí una enfermera ninfómana enganchada a Wade Wilson), Hidra (producto de la imaginación de Wade o no, en uno de los  recursos argumentales mejor llevados dentro de la colección) y sobre todo el Barón Zemo de este peculiar universo, que en esta versión es un niño perteneciente a la "White Trash" más arrastrada de la sociedad americana, que se convierte en el líder de una secta a lo KKK en el quizás (el nivel es altísimo) mejor episodio que contiene este primer tomo.

Baker mezcla con habilidad su estilo cartoony, con ese toque más abstracto y experimental de su primera época, sobre todo sus trabajos con el guionista Andy Helfer, como Justice Inc. y su etapa en La Sombra, dándole al tebeo un apartado gráfico excepcional y muy diferente a lo que nos tiene acostumbrado el mainstream americano.


Por lo que este Masacre del sello Max es una de esas alegrías que de vez en cuando nos llevamos los fans veteranos, un tebeo que mira de frente a aquellos agoreros que cada dos por tres pronostican apocalípticos, tendenciosos y pesimistas comentarios acerca del futuro del cómic americano en su vertiente más comercial. Este tebeo es una buena prueba de que el mercado sigue estando en magnífica forma. El mejor tebeo que he leído en lo que llevo de año. Imprescindible edición de Panini en nuestro país. La espera hasta la publicación del segundo volumen recopilatorio en diciembre de este año se me va a hacer eterna.
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