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18 de junio de 2017

Inland Empire de David Lynch: La pesadilla de la identidad






















En el año 2006, David Lynch volvía a la pantalla grande con una nueva obra que nada hacía presagiar que sería su último largometraje y su última obra audiovisual, hasta que este año 2017 nos hemos vuelto a reencontrar con ese peculiar y magistral regreso a la localidad de Twin Peaks que está siendo Twin Peaks The Return.



5 años habían pasado desde que volviera a ser encumbrado con Mulholland Drive, ese piloto fallido de serie de televisión que acabó reconvirtiéndose en una de las obras cumbres de la filmografía del director nacido en Missoula. Una obra que atacaba con ferocidad el sueño irreal de Hollywood, sus promesas rotas y que envolvía y llenaba de glamour un relato de la perdida de identidad, corazones rotos y sueños ahogados por la cruda realidad.



Inland Empire continúa la senda de Mulholland Drive, casi convirtiéndose en una cara B de Mulholland Drive, llevando al extremo los preceptos de la obra anterior y el estilo y el hermetismo del cineasta y completando la trilogía de la mente que comenzara en 1996 con Carretera Perdida.



Porque el mecanismo que hace funcionar a Inland Empire es el mismo de las muñecas rusas, donde una identidad se esconde detrás de otra y llega un momento en el que no sabes cual es la real y cual es la copia. Y eso le ocurre a Nikki Grace la heroína de nuestra historia -interpretada por una inconmesurable Laura Dern que dota al personaje de múltiples registros y personalidades- una actriz de éxito de Hollywood casada con un escalofriante millonario del este de Europa y con un pasado algo turbio.



Nikki se convierte en la protagonista principal de una nueva obra cinematográfica que descubre posteriormente que es un remake de una película maldita polaca que nunca terminó de rodarse porque todos los implicados en ella acabaron muerta. Pero por supuesto, tratándose de Lynch, este es el mcGuffin que Lynch aporta al espectador, al igual que las cintas de vídeo en Carretera Perdida o el accidente de Rita en Mulholland Drive, para introducirnos en una laberíntica historia repleta de espejos y dobles reflejos.



Porque una vez que ahondas en la historia y comienzas a atar los cabos sueltos, en la medida de lo posible, vamos descubriendo que la historia pasa de las zonas residenciales del Hollywood de las estrellas al frío e inhóspito invierno polaco, pasando por las decadentes calles de Hollywood Boulevard y parques de trailers de la América más profunda que traen al recuerdo el Big Tuna de Corazón Salvaje o el Parque de Trailers Fat Trout donde vivía Teresa Banks en Twin Peaks Fuego Camina Conmigo.



La interpretación de la misma es un juego de muñecas en si mismo. ¿Es la historia de una actriz que soñó y se metió demasiado en sus papeles desde la tranquilidad del Hollywood de las estrellas o es la historia de una joven prostituta que sueña con ser actriz durante dos horas para escapar del infierno de su propia vida? ¿O son ambas las mismas? Os invito a que lo descubráis por vosotros mismos.



Lynch pone a prueba la resistencia del espectador con un metraje de tres horas, de ritmo irregular pero apasionante, por supuesto si entras en el juego y una decisión estilística, el rodar en video digital de baja definición,  que aunque nos hace perder al Lynch más bello, es consecuente con el estilo y el tono del largometraje. Un tono pesadillesco y caricaturesco en su horror, que queda realzado por esos primeros planos que consiguen deformar los rostros hasta límites grotescos, provocando una sensación de extrañeza que solo los muy seguidores de David Lynch podrán disfrutar.



Y es que para Lynch este Inland Empire es su liberación absoluta, para lo bueno y para lo malo, de los límites que impone una industria que no es país para artistas radicales como Lynch. Y el formato digital, con el que ya jugueteó con resultados tan irregulares como interesantes, en una serie de cortos que se podían ver en su página web y posteriormente recopilados en la antología Dynamic:01 The Best of DavidLynch.com, es lo que le daba la libertad absoluta de hacer lo que le place.



Y ese hacer lo que le place es Inland Empire. Una película rodada con absoluta libertad, un campo de juegos y experimentación para Lynch que lleva al paroxismo los elementos de obras previas como Cabeza Borradora, Carretera Perdida y Mulholland Drive para desmontarlas y darles una vuelta de tuerca, donde muchos de los amigos y actores de Lynch son invitados a ser partícipes de una obra maestra del video-arte, incomprendida en su estreno en salas, reivindicada parcialmente a lo largo de la última década y que ha servido como guía estilística de muchas de las alegrías que nos está dando su regreso a Twin Peaks, quizá la primera obra de video arte para la televisión, como este Inland Empire lo fue para las adormecidas mentes del espectador del siglo XXI.

15 de septiembre de 2010

Mulholland Drive de David Lynch. Obras Maestras.



Mulholland Drive de David Lynch (2001).

Hablar de David Lynch es hablar del mejor director de la escena contemporánea y de uno de los mejores directores de la historia del cine, al menos para el que suscribe. Y Mulholland Drive es su mejor película, ex-aequo con esa otra obra maestra que es Lost Highway, las cuales componen una trilogía de la mente que se completa con la extraña y excesiva, pero apasionante Inland Empire, su última obra hasta la fecha.


Aunque ya hablé de ella de manera somera, en mi entrada sobre lo mejor de la última década, aprovecho su reciente visionado gracias a la edición en Blu-Ray que acaba de publicarse en Inglaterra (por cierto, excelente edición, con un master en HD impresionante y nuevos extras para la ocasión más que buenos, envueltos en una presentación de lujo) para hablar más en detalle de esta maravilla del séptimo arte.


Mucho se ha dicho y escrito acerca de esta obra, (que en sus inicios iba a ser el piloto de una nueva serie de televisión y que tras su cancelación, reconvirtió Lynch en película) y mucho se ha hablado también sin conocimiento de causa, sobre la estúpida idea de que el cine de Lynch no tiene ni pies ni cabeza y que se va inventando las cosas como le van surgiendo. Nada más alejado de la realidad.


El cine de Lynch no es un cine al uso. Exige del espectador una implicación que la gran mayoría de los espectadores no están dispuestos a aceptar. El cine de Lynch es un cine de los sentidos, es un laberinto en el que el espectador se sumerge y del que sale mucho después de abandonar su visionado e incluso del que nunca se vuelve a salir.


El gran problema para los espectadores del filme, es su media hora final, media hora donde Lynch, como el maestro prestidigitador que es, da un vuelco completo a aquello que nos está contando, descolocando al espectador. Pero no es un vuelco porque sí, la solución no es la que mucha gente dice: "es todo un sueño". Sí y no, pero también todo lo contrario.


Imprescindible para comprender el cine de Lynch, es la obsesión del mismo con la figura del doble, las personalidades escindidas. Lo encontramos a lo largo de toda su obra. En "Blue Velvet", en las dos caras de ese pueblo llamado Lumberton, lugar idílico que se torna oscuro en el momento que rascamos un poco la superficie, mostrándonos un lugar sórdido y decadente poblado de seres extraños y decadentes, o el propio protagonista de la historia, un joven Jeffrey apocado y honesto (interpretado por el antiguo actor fetiche de Lynch, Kyle McLachlan) que también se deja seducir por el lado oscuro de la vida, mostrándonos otra faceta de su persona. O la dualidad latente en Twin Peaks, tanto la serie como el filme, donde la figura del doppelganger se hace físicamente manifiesta con ese ser llamado Bob, o las dobles vidas de la apacible localidad ficticia. Pero sobre todo, donde más se muestra esa dualidad, esa escisión, es en la magistral "Lost Highway", donde toda la película es la dualidad. La película se divide en dos partes claramente diferenciadas, los personajes se doblan y duplican, teniendo dos de cada uno y por supuesto, la sombra de Vértigo, la obra maestra de Alfred Hithcock, es alargada.


Y Mulholland Drive tiene mucho de esta Carretera Perdida. Para empezar tenemos dos mujeres, Betty y Rita, una rubia y otra morena. La primera, interpretada magistralmente por el mayor descubrimiento femenino de la última década, Naomi Watts, es una aspirante a actriz, inocente y naive que viene con toda la ilusión del mundo a comerse Hollywood. La otra, Rita (Laura Helena Harring) es una mujer amnésica tras sobrevivir a un accidente de tráfico en Mulholland Drive, tras un intento de asesinato. El largometraje también se divide en dos de manera abrupta, tras la sobrecogedora y fascinante escena del Club Silencio (una de las mejores escenas de la filmografía de Lynch que quita el hipo, planificada y compuesta de manera brillante) la luminosidad y belleza de la más de primera hora y media de película se convierte en una película completamente diferente pero complementaria a lo acontecido con anterioridad, pasando de la luz a la oscuridad, de lo bello a lo bellamente feísta ( cada plano en el apartamento de Diane/Betty parece sacado de un cuadro de Edward Hopper), de las escenas sosegadas y con un montaje clásico y pausado a una media hora final estridente, de montaje abrupto y cortes en el espacio/tiempo fascinantes.


Esa última media hora del largometraje es lo que ha provocado tanta polémica, provocando en la gran mayoría de los espectadores una sensación de extrañeza, incomprensión e incluso de tomadura de pelo. Nada más lejos de la realidad. Ni es incomprensible, solo es necesario estar atento y de ninguna de las maneras es una tomadura de pelo. La película está pensada y bien estructurada, donde cada escena, cada mirada, cada frase de diálogo está colocado con una razón y un propósito, no dejando nada al azar o a la casualidad, algo que el propio Lynch fomenta con su hermetismo habitual a la hora de hablar de sus largometrajes.


La película se podría intentar concretar de manera bastante simple: Una actriz (Diane/Naomi Watts) de mala muerte, no consigue triunfar en el Hollywood de sus sueños y para rematar, tiene la mala suerte de enamorarse de otra actriz (Camille/Laura Helena Harring) que consigue triunfar gracias a sus contactos con la mafia y que se casa con un director vendido (Adam Kesher/Justin Theroux) abandonándola y dejándola con el corazón roto. Diane, despechada y enloquecida contrata los servicios de un asesino para que acabe con ella. Desolada por lo que ha hecho y con la mafia en sus talones se suicida. Pero antes de suicidarse sueña una vida idílica (la primera hora y media del filme) donde ella se llama Betty y tiene una vida idílica donde todo le sale bien (vive en una buena casa, los directores de casting la llaman y la aplauden) y además conoce a una mujer amnésica (Rita/Laura Helena Harring) que se enamora perdidamente de ella.


Pero esto sería quedarse solo con la superficie de tan magistral largometraje. Porque no podemos decir tajantemente, como muchos cronistas y críticos sesudos han afirmado, que la primera hora y media del filme es un sueño y la media hora larga restante es la realidad. Esta es una visión muy pobre y simplista de la profunda y compleja obra maestra que Lynch planta ante nuestros incrédulos ojos.


Por supuesto que en la primera hora y media del filme, todas las escenas que comparten Naomi Watts y Laura Helena Harring en sus respectivos personajes de Betty y Rita son la proyección de los deseos del personaje de Diane (Naomi Watts) de una vida mejor. Pero poco a poco, la realidad se va abriendo paso, primero de manera gradual, como en la escena del casting de actrices donde Adam Kesher vende su alma, y cruza miradas con el personaje de Naomi Watts y ambos se miran aterrorizados, hasta el desolador descubrimiento del cadáver de Diane (la auténtica Naomi Watts), auténtico punto de inflexión del filme que lo remata la anteriormente comentada escena en el Club Silencio, donde los personajes descubren al igual que el espectador, que todo lo que han visto es una ensoñación, una farsa.


Pero dentro de esta primera hora y media también hay una gran cantidad de escenas que pertenecen a la "realidad" y son todas aquellas en las que no aparecen los personajes de Betty y Rita. Son todas aquellas protagonizadas por el director Adam Kesher, el rodaje de su película y los mafiosos y matones que pululan a su alrededor y a los que tiene que doblegarse y venderse si quiere triunfar en Hollywood. Desolador el retrato de Hollywood como el lugar de los sueños rotos, donde la aparente luminosidad de LA, queda teñida por la oscuridad de una depravada industria del espectáculo, donde Lynch con su magistral humor negro no deja títere con cabeza, vengándose seguramente de un sistema de estudios que él detesta y que son la antítesis de su obra y su estilo único de realizar películas.


Por lo que al final Lynch obliga al espectador, como si de un laberinto o un juego se tratase, a recomponer las piezas de su hermosa pesadilla y que cada uno elija que es real y que no, que escenas se complementan y cuales se contradicen para recomponer en el fondo una historia cuyo tema de fondo es el amor obsesivo y las terroríficas consecuencias del mismo. 


Leído esto, parece que hay que hacer un master para disfrutar de esta obra como se merece. Pero nada más alejado de la realidad. Lynch consigue hacer fácil lo difícil, realizando una obra que aun siendo de las más personales de su filmografía (¿y cuál no lo es?) es con Twin Peaks la de mayor accesibilidad para aquellas personas ajenas al fascinante y único universo de Lynch y con el que a lo mejor se atreven y arriesgan entrar en el resto de su filmografía.


Porque Mulholland Drive, al igual que lo fue Twin Peaks y en general todas las obras de la filmografía de Lynch, es una obra multigenérica, es decir, no se puede englobar en un solo género cinematográfico. Es un drama (la historia de amor), es una comedia (la escena del director en su casa con la mujer y su amante, o la reunión con los productores de la película), es una película de terror (el fascinante encuentro de Betty con su otro yo, Diane, muerto en la cama, el Club Silencio, la aterradora y espeluznante escena final entre Diane y la proyección de sus abuelos, que en su mente son los culpables de todos sus males, ya que la inscribieron de pequeña en el concurso de Jitterburg). Todo esto, esta mescolanza de géneros, hacen de Mulholland Drive una obra única y excepcional. 


Podría estar horas y horas hablando de los mil y un detalles que tiene cada escena, cada plano, cada línea de diálogo, cada mirada o gesto de todos y cada uno de los personajes de esta obra, interpretados todos ellos por un elenco de actores en estado de gracia (sobre todo Naomi Watts con dos personajes completamente diferentes, pero extrañamente complementarios, donde la actriz da rienda suelta a todas sus habilidades dramáticas) o de las escenas paralelas, antagónicas y contrapuestas que el filme va diseminando por su extenso metraje que se hace corto. Solo decir para finalizar, que nos encontramos con una de las mejores películas de la historia del cine y que recomiendo a toda persona que quiera ver algo diferente y excepcional.

9 de febrero de 2010

Cine: Las 10+1 de la década. Parte 1 de 2.

Con retraso, y tras mi listado de las 10+1 excentricidades de la década, aquí van las 10+1 películas que bajo mi punto de vista, han hecho avanzar el cine en estos últimos 10 años. Entre ellas hay películas aplaudidas por unanimidad, otras no tanto, e incluso alguna habrá por la que seré machacado, pero en este listado están las películas que conservaría como oro en paño, si tuviera que quedarme solo con 10+1. Muchas se han quedado a punto de entrar en esta selección, pero no ha sido posible, por lo que ya hablaré de las 10+1 que no han entrado, pero que estuvieron a punto. No siguen ningún orden de mayor a menor, porque todas ellas son muy diferentes entre sí, por lo que no podría poner una por encima de la otra.


MATRIX RELOADED de los Hermanos Wachowsky (2003).

La opus magna de los hermanos Wachowsky, fue ninguneada, atacada, e incomprendida en el momento de su estreno, y el odio hacia ella sigue vigente a día de hoy. Tras los aplausos a la original, que redefinió el cine para el nuevo siglo, y crear un nuevo mito para el cine, los Wachowsky echaron el resto en esta su secuela, ampliando su universo, planteando más preguntas y elevando las escenas de acción hasta el extremo. Todo es más grande en esta secuela, que lejos de repetir el esquema de su mayor éxito, da un paso más allá, llevando al gran público, toda la filosofía del cyberpunk, con el escritor William Gibson a la cabeza, creando la primera película del siglo XXI. Su espectacular estilo visual llega a lo más alto, en una película que crea el primer blockbuster filosófico e inteligente, envuelto en la película de acción más trepidante que el espectador podía imaginar. Su admiración por el cómic, la ciencia ficción y el anime, es palpable en cada fotograma del filme. La historia es compleja pero inteligente, y demuestra que los Wachowsky son unos visionarios adelantados a su tiempo, que su estilo está muy por encima de la mayoría de directores de cine de acción, y que tristemente tendrá que pasar mucho tiempo para que el público sepa apreciar lo que los Wachowsky han hecho por el cine.


THE FOUNTAIN de Darren Aronofsky (2006).

La tercera película del director de Pí y Requiem por un Sueño, demuestra la madurez de un autor, que dio muestras de su talento en sus dos anteriores largometrajes. En esta, Aronofsky nos habla del amor, la pérdida, y la necesidad de superarla, a través de 3 historias en distintos momentos del tiempo, interpretada por un magnífico Hugh Jackman, acompañado de Rachel Weisz, en una historia que mezcla leyenda, realidad y deseos, con una deliciosa y subyugante banda sonora compuesta por Clint Mansell, que pone música a las poderosas imágenes del director. Obra maestra absoluta y una película que gana en cada visionado. Sutileza y belleza en perfecto equilibrio.


MULHOLLAND DRIVE de David Lynch (2001).

Piloto de televisión de una serie que nunca se creó, convertida en una obra maestra de la pesadilla del sueño de Hollywood. La película comienza como un misterio para acabar convirtiéndose en un ensayo sobre el demonio de los celos y la pérdida de las ilusiones, narrada como un puzzle deslabazado que salta de la realidad a la ilusión, jugando con los tiempos narrativos, para que el espectador participe en la película y sea él, el que saque sus propias conclusiones una vez las piezas sean colocadas en su sitio. Como actriz principal, el gran descubrimiento de la película, la inmensa Naomi Watts, que nos brinda la mejor interpretación femenina de la década, con un personaje con dos caras completamente opuestas pero complementarias la una con la otra. Lynch vuelve a demostrar una vez más, su inmenso talento como autor, maestro de la creación de atmósferas, tan desasosegantes como bellas, su preciso uso del tempo narrativo, la belleza de cada plano, que cada uno de ellos es una obra de arte por si misma, y el uso de la banda sonora y los efectos de sonido, como un personaje más de la historia. Nunca Hollywood ha sido retratado con mayor pericia y con mayor criticismo. Otra obra maestra más del mejor, más innovador y más independiente cineasta que existe en el panorama actual.


THE DARK KNIGHT de Christopher Nolan (2008).

La obra de madurez de un género, secuela de la ya de por sí magnífica "Batman Begins", da un paso de gigante en las adaptaciones de cómic, creando el blockbuster perfecto: una dirección vibrante y sin fallos, un guión tramposo pero muy efectivo, que te atrapa desde el primer fotograma y no te suelta hasta el último,y unas interpretaciones de su perfecto reparto, sobre todo Heath Ledger en su papel de Joker, más grande que la vida, creando un personaje memorable a la altura de las mejores interpretaciones de la historia. The Dark Knight es para el género superheróico en cine, lo que Alan Moore y Frank Miller hicieron por el género en su medio original, demostrando que no hay género malo o menor, sino hábiles autores. El resto del reparto está a la altura de Ledger, destacando a un perfecto Gary Oldman, como el comisario Gordon, y un Christian Bale que sabe demostrar la oscuridad, dualidad y locura que hay dentro de Bruce Wayne/Batman. Un clásico.


A.I.:ARTIFICIAL INTELLIGENCE de Steven Spielberg (2001).

La obra más polémica y peor recibida de su autor, es su mejor película de la última década y una de las grandes obras de su filmografía. La historia de este niño robot, basada en el cuento de Pinocho, alcanza unas cotas de belleza, poesía y emoción, pocas veces visto en la gran pantalla. Proyecto de Kubrick en sus inicios, y entregado por el mismo a Spielberg, aúna lo mejor de ambos autores. De Kubrick mantiene su esplendor visual, y la elegancia de sus planos, y de Spielberg la emotividad y la humanidad que la historia del niño robot en busca de su madre necesita. Una interpretación sobrehumana de Haley Joel Osment, como el niño-robot, unos diseños de producción que no son de este mundo, una puesta en escena elegante y perfecta, otra banda sonora magistral del genio John Williams y un Spielberg desatado, que no necesita demostrar nada a nadie, hace de A.I. una de las mejores y más personales obras de su autor, volviendo a tratar su mayor obsesión, los hijos y la difícil relación con sus padres, que tristemente no tuvo el recibimiento que se merecía, ya que el público esperaba un cuento de hadas como E.T., y se encontró con un cuento pero oscuro, negro y pesimista, pero igualmente magistral.

Mañana continuaré con las 6 películas que bajo mi punto de vista, están entre lo mejor de esta década pasada. Espero vuestros comentarios y vuestras 10+1 películas de esta última década.


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