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25 de agosto de 2017

Dunkirk de Christopher Nolan o la dictadura de la tecnología






















Muchos grandes directores, con grandes títulos a sus espaldas, han caído víctimas de la ceguera que provocan los avances tecnológicos en materia cinematográfica. A James Cameron le ocurrió con su vergonzosa Avatar, todo 3D, nada de contenido, a Peter Jackson, tras ser considerado la nueva esperanza del cine comercial tras su merecido éxito con la trilogía del Señor de los Anillos, a George Lucas le jugó una mala pasada los albores del cine digital en su Amenaza Fantasma, a Robert Zemeckis le perdió su obsesión por la técnica del motion captured y ahora sido el turno de Christopher Nolan y su exagerada adoración por el formato Imax.



Desde que Nolan probó el formato en algunos momentos de su magistral El Caballero Oscuro, cada vez la ha ido incluyendo más en sus películas, y dicen aquellos que han visto sus consiguientes obras en formato Imax, que es una maravilla. Y no voy a decir que no. Seguramente, ver el Apocalipsis Now de Coppola en una sala que proyecte en formato 70 mm, tiene que ser una verdadera experiencia. Por edad, yo no pude hacerlo, pero las innumerables veces que la he visto en formato doméstico, desde el VHS a su perfecta edición en BluRay, siempre me ha parecido una obra magistral.

Y eso es porque la técnica no hace buena a una película. La película tiene que funcionar de la misma manera, o casi de la misma manera, si la veo en un cine Imax, en una sala de barrio, en mi home cinema o en la pantalla de mi IPad. El guión, los personajes y la dirección son los que marcan la diferencia. No si la película la he grabado en Super 8, en una camara digital Red One, un Iphone 7 o una cámara Imax.



Quizás Christopher Nolan, un magnífico director, al igual que los directores que he mencionado en el primer párrafo, peca de un ego y una soberbia a prueba de bombas. Y en algún momento eso te puede jugar una mala pasada. Eso, y el exceso de trascendencia.

Todos estos males se encuentran en Dunkerque, su última obra estrenada en la gran pantalla. La dirección y los planos que componen la obra son fascinantes, impresionantes. Y el uso que hace de la profundidad de campo que proporciona la cámara Imax da como resultado unas imágenes que impresionan en un libro de fotografías o en el trailer de una película. Pero no aseguran una buena película.



Por lo que con Dunkerque, te quedas extasiado visualmente en los primeros 15-20 minutos de proyección. Además, Nolan va hacia atrás y hacia delante desde tres puntos de vista diferentes, aparentando que la historia va a tener más enjundia de la que finalmente tiene. Porque no tiene nada. Ni buenos personajes, ni buenos momentos, ni una buena historia.

La narración se encalla, los personajes nada tienen que decir y son meros recortables para sus encuadres soñados, que se enzarzan en discusiones supuestamente complejas, del nivel barato y sensacionalista de la escena de los barcos en El Caballero Oscuro o la escena del puente del final de su trilogía con el Hombre Murciélago. Moralina barata y discursos pomposos vacíos de contenido.



Recuerda Nolan. Memento es una obra magistral y no necesitaba de fuegos de artificios para que se convirtiera en una obra que hizo despegar tu carrera y dejara un recuerdo indeleble en la memoria del espectador. Y era porque tenía una magnífica historia, con personajes interesantes y contada de una manera muy original y escasamente tramposa. Todo lo que le falta a Dunkerque.

19 de marzo de 2016

El camino a Batman V. Superman Parte 4 (2008-2013): De Caballeros Oscuros y Hombres de Acero





































Aunque Batman Begins y Superman Returns recaudaron más o menos la misma cantidad de dinero en las taquillas de todo el mundo, la percepción de las mismas que tuvo Warner Bros, los aficionados y el público fueron distintas. Mientras Batman Begins sorprendió por un tono que se alejaba de todo lo que se había hecho hasta el momento en materia de superhéroes en la gran pantalla y descubrió al gran público un Batman que no conocían pero que los aficionados al cómic habían disfrutado durante las dos décadas pasadas con títulos como Dark Knight Returns, Año Uno o El Largo Halloween, Superman Returns, con una campaña publicitaria mucho más agresiva, pasó sin pena ni gloria entre los aficionados y el público, con un título donde Singer no supo remozar al Hombre de Acero de la misma manera que Nolan hizo con el Cruzado de la Capa.


Así que Warner decidió apostar de nuevo por el título que le había funcionado bien, anunciando una secuela a estrenar en 2008 que llevaría el título de "El Caballero Oscuro", interpretada por el mismo elenco del título previo y que incorporaba a la némesis por antonomasia del personaje, El Joker, lo que llamó más la atención del público. Por supuesto, el actor elegido, Heath Ledger, fue denostado por una gran parte de la afición, los mismos cerrados de miras de siempre, porque consideraban que no era el adecuado para interpretar al personaje. Una sola imagen hizo que cambiaran de opinión.

Pero no solo eso, después de un teaser trailer que enseñaba nada pero que decía mucho del tono del largometraje, además de una campaña viral online que fue pionera en el buen uso de las redes sociales y páginas web para que la película estuviera en boca de todos, el primer trailer del largometraje dejó con la boca abierta a todo el mundo.





La triste muerte del actor Heath Ledger a principios de 2008, a unos seis meses del estreno del filme, aumentó aún más si cabe el hype por una película que no necesitaba más. En el momento de su estreno se convirtió en un auténtico fenómeno social y la imagen e interpretación de Heath Ledger como el Joker le convirtió en icono cultural perenne .

Y la película dio todo lo que prometía y mucho más. Si el primer filme de Nolan era un espectáculo más humilde y pequeño, dentro de lo pequeño que es un blockbuster hollywodiense, esta secuela fue más grande y más arriesgada si cabe. Cierto es que algunos de los aciertos del filme previo fueron algo olvidados, como esa fotografía ocre y casi del fin del mundo que tenía el original o el destino de los Narrows.

Pero lo que recibimos a cambio no puede ser obviado. Más que una película de superhéroes al uso, El Caballero Oscuro era un thriller imbuido del tono y la estética de un filme de Michael Mann. Un thriller criminal de ritmo vertiginoso y puntos de giro constantes, con una atmósfera y un tono opresivo que arrastraba y sigue arrastrando al espectador del filme.




Un Heath Ledger en plenitud artística, entregando un villano más grande que la vida, un terrorista anarquista cuyo único fin es el caos y que se comía a todo el reparto en sus memorables intervenciones en pantalla. Un Joker muy diferente del que hasta el momento habíamos conocido en sus contrapartidas audiovisuales o de papel, pero perfectamente adaptado a una nueva y diferente Gotham, sin perder sus características señas de identidad.

Christian Bale sigue estando perfecto tanto de Bruce Wayne, como de Batman, pero es cierto que el actor brilla menos que en la anterior entrega, porque aquí el show está repartido entre el Joker, motor de la historia pero no centro de la misma, y los verdaderos protagonistas del largometraje, Harvey Dent, interpretado con maestría y convicción por un Aaron Eckhart que posteriormente no ha tenido suerte en la gran pantalla y un Jim Gordon de nuevo interpretado por un Gary Oldman que había nacido para el papel.

Y es que la historia entre Harvey, Gordon y Batman es el centro y el tema principal de la película. El auge y caída de unos justicieros, cada uno más cerca o más lejos del lado de la ley, que intentaron cambiar las cosas y fallaron estrepitosamente y cuyo desenlace frío y cruel remata con primitiva brutalidad el tercer acto de una película absolutamente fascinante.




Cierto es que en esta secuela comenzamos a ver las a veces pequeñas trampas de guión que Nolan y su hermano introducen a lo largo de todo el metraje y quizás tras la captura del Joker por Gordon y Batman, los planes del Payaso del Crimen se hacen algo cansinos y repetitivos, además de que Nolan nos cuela la escena del dilema moral de los barcos que es excesivamente previsible y que ralentiza el clímax de la película.

Pero son pequeños detalles que no empañan una película que ya ha pasado con letras de oro a la historia del cine. Un filme que demuestra que las secuelas pueden estar a la altura de una magnífica obra original, e incluso superarla en algunos aspectos, si la persona a bordo de la nave tiene una interpretación tan interesante e inteligente como la que tuvo Nolan.

Cuatro años después y como fin de fiesta, llegó "The Dark Knight Rises", donde Nolan debería haber rematado los logros conseguidos en las dos anteriores entregas. El problema es que no lo consiguió y no fue un problema de expectativas. El problema, que Nolan arranca con una premisa ya de por si errónea y que destruye lo que prometía la brillante escena final de "El Caballero Oscuro".






Han pasado ocho años y Batman ha dejado de luchar por el alma de Gotham. Bruce Wayne se ha recluído en su mansión, sin apenas contacto con el mundo exterior, sobre todo porque no soporta la pérdida de Rachel, su antiguo amor, la ciudad de Gotham llora a Harvey Dent y odia al supuesto asesino del mismo, Batman, mientras Gordon se reconcome por dentro sabiendo que todo es una gran mentira, propiciada por el mismo y Batman, para salvar el espíritu de la ciudad y que no cayera en el caos que deseaba el Joker.

Pero Gotham está mejor que nunca, por lo que demuestra que está mejor sin Batman. Lo que no sabe es que el enemigo está en casa, en las alcantarillas, con una nueva y remozada Liga de las Sombras que quiere acabar el trabajo que no pudo rematar Ras Al Ghul, capitaneados en apariencia por Bane, interpretado con acierto por un Tom Hardy que lamentablemente tiene que lidiar, como todo el reparto, con un guión que no está a la altura.

Un guión que sabe donde se quiere dirigir y que queda demostrado en ese epílogo que es lo mejor de la película, pero no sabe llegar a él. La ambición de Nolan, que tan bien le sirvió en las dos entregas anteriores, aquí se le hace bola, con una película desmedida en número de personajes, tramas y subtramas y duración.




Nolan intenta no solo cerrar la vida y muerte de un mito, sino también los cabos sueltos de la primera y segunda entrega, presentar nuevos personajes como Catwoman, Bane y Thalia Al Ghul. Si eso no fuera suficiente también quiere introducir la idea del legado con Joseph Gordon Levitt, el nuevo Batman/Robin y un sinfín de personajes como el compañero de Gordon, por poner un ejemplo, que no le interesan a nadie.

Y no es que el compañero de Gordon, el personaje de Joseph Gordon Levitt, Selina Kyle, Bane o Talia no sean interesantes a priori, sino que no hay tiempo para desarrollarlos de manera creíble e interesante, así que la película va saltando de uno a otro, sin que ninguna de las tramas tengan el menor interés para el espectador.

El caso de Gordon Levitt, como Blake, es el más flagrante. De acuerdo con introducir a un pseudo Robin, nuevo Batman en la saga, pero no de una manera tan torpe. Un personaje que descubre identidades secretas y giros de la trama que solo conocen los espectadores, porque es necesario para que avance a trompicones la misma, no porque tenga sentido.




Anne Hathaway está perfecta como Catwoman y Selina Kyle, siendo quizás lo mejor de la película, pero su personaje y su relación con Bruce Wayne/Batman tiene tanta tijera que sus dudas o su enamoramiento no son creíbles. Se enamora de Bruce y el de ella, porque tienen que estar al final juntos, no porque veamos realmente una relación que se va construyendo.

Lo mismo para el Bane de Hardy, imponente físicamente, pero que pasa de ser un pseudo-Joker (imitando planes que eran del Payaso pero que a él no le pegan y haciendo algo que Nolan no había hecho hasta el momento, vivir de las rentas y lo que había funcionado en el pasado) a Ubú, que entenderán aquellos que hayan leído La Saga de Ras Al Ghul de O'Neill y Adams.

Entre tanto personaje principal nuevo y secundario, los personajes de las anteriores entregas poco pueden hacer. Morgan Freeman como Lucius Fox, aparte de darle a botones todo el tiempo y entregarle nuevo equipo a Bruce Wayne, poco más aporta a la película. Michael Caine que tan brillante había estado en las dos anteriores entregas, no es capaz de imprimir credibilidad a su personaje y a la relación de este con Bruce, no por culpa del actor, sino porque su arco argumental es absurdo, siendo el momento clave, la discusión con Bruce acerca de la carta de Rachel. Entiendo que Bruce se sienta levemente traicionado, pero que eche y tire por la borda la relación con la persona más querida para él y en el fondo su figura paterna, compartida con James Gordon, es hilar demasiado fino, quedando finalmente ridícula.




Lo mismo para Gordon, que aparte de estar en la cama del hospital dos tercios del metraje, los momentos en que su personaje tiene que tomar alguna decisión es para fusilarle. Y Bruce Wayne/Batman, un poco lo mismo. Bruce Wayne y sus idas y venidas entre el hombre que quiere vivir una vida personal y tranquila y el justiciero atormentado que no puede dejarlo, se balancea sin sentido por una película que además rompe con la idea del mito y la leyenda, siendo plasmadas las apariciones de Batman de la manera más insulsa de toda la trilogía, por un Nolan que incluso se le ve pobre en dirección y soluciones visuales.

Y aunque la película no fue recibida con alborozo como su anterior entrega, el resultado comercial fue superior al de la secuela. Objetivo cumplido para Warner, que había logrado su saga comiquera mejor recibida por crítica y público. Ahora les tocaba volver al Hombre de Acero.

Un Hombre de Acero que volvió a las pantallas el verano de 2013, de la mano del director Zack Snyder y producida por un Christopher Nolan que también estuvo involucrado en el guión de la misma junto a David Goyer, co-guionista de la trilogía del Caballero Oscuro.

El objetivo de Warner era hacer un lavado de cara atrevido y arriesgado y que coqueteara con el lado oscuro de Superman, al estilo de lo que habían conseguido con Batman. ¿Era posible coger el tono oscuro y realista de Batman y trasladarlo al previamente colorido y más inocente universo de Superman? Si y no.




Considero que este Hombre de Acero fue, es y será excesivamente castigada por una gran parte del público y los aficionados por las razones equivocadas. La primera, que consideran que es demasiado oscura y realista. La oscuridad del filme de Snyder, al igual que expliqué en cuanto al Batman de Burton es que esa oscuridad en el fondo es algo impostada, ya que Snyder lo que hace es bajar el brillo y el contraste de cada uno de los planos, porque Superman en manos de Snyder sigue siendo una película donde el realismo no lo veo por ningún lado (y bien que hace) en esas mega-batallas en los cielos de Smallville o Metrópolis.

Si que es cierto que aquí las consecuencias de la destrucción no es una algarabía como en el resto de cintas superheróicas, pero creo que la razón es que vivimos, mal que nos pese, en un mundo Post-11S, algo que queda muy bien reflejado en la trilogía de Batman de Nolan y que aquí también se demuestra en esa Metrópolis repleta de ciudadanos aterrorizados por una amenaza desconocida y temible que deja a los seres humanos ateridos y conmocionados. El mundo en el que vivimos, sencillamente.

Y creo en esa visión, porque estos héroes inmortales deben reflejar, para seguir siendo vigentes, el zeitgeist de la época en la que viven. No somos los mismos que eramos en 1978, más inocentes o más pequeños, igual que la sociedad, en los años 60, no era la misma para recibir el Batman de Adam West, que el que leyó el Dark Knight de Miller a finales de los 80. Todas obras que reflejaron a la perfección el espíritu y el ambiente que se respiraba en las calles.




El otro gran problema y que es el que ha provocado que la película sea menospreciada y vapuleada por una ingente cantidad de personas es el momento en el que Kal-El decide tomar la vida de Zod. Una decisión que en el contexto del largometraje es completamente consecuente con el tono y con lo que nos están contando. Que Superman deba o no matar, eso es un debate de aficionados, pero que no debe ser un impedimento para que un autor tome las decisiones que deba tomar con un icono de casi 80 años que está abierto a múltiples interpretaciones.

Que la cinta de Snyder tiene defectos, por supuesto. Para mi el más flagrante es su diseño de producción, que no es malo, pero tampoco excepcional. Le falta originalidad, como ejemplo, ese Krypton que es una mezcla hipervitaminada entre los mundos de las precuelas de Star Wars, Avatar, Matrix y el Giger de Alien. Y tampoco hace daño, pero es algo vulgar y nada especial. Otro defecto que se le podría sacar es que el equilibrio entre intimismo y espectacularidad puede que caiga en el exceso en el tercer acto del filme, donde Snyder se embriaga de ruido y furia y no deja que el largo y los espectadores tomen aire y respire.




Pero contra eso, tenemos un primer acto muy estimable, sobre todo la parte donde nos cuentan de nuevo, a base de flashbacks, el origen de Superman de una manera menos idealizada de lo que estábamos acostumbrados, con un Jonathan Kent más reacio a la bondad de la raza humana y que afectará a las decisiones que Clark tome a lo largo de esta primera entrega, donde vemos a un Superman mucho más falible y con debilidades que el que habíamos visto con anterioridad.

En definitiva, no una película perfecta, pero si que en mi modesta opinión, el mejor largometraje y más redondo de las tres interpretaciones que ha tenido el Hombre de Acero hasta el momento en pantalla grande. Una película que seguramente el paso del tiempo y el resultado de ese inminente Batman V. Superman, hará que se cambie la opinión sobre la misma. Yo lo espero con ansias.

12 de marzo de 2016

El Camino a Batman V. Superman Parte 3: 2005-2006. Nolan maravilla, Singer decepciona





































Tras la debacle tanto ecónomica como sobre todo de prestigio ante el público, la crítica y los fans del cómic, que fue Batman y Robin en el verano de 1997, Warner Bros paralizó la siguiente entrega del Hombre Murciélago dirigida por Joel Schumacher y que iba a tener como villano protagonista al Espantapájaros. Se rumorearon proyectos como el realizado por Frank Miller y Darren Aranofsky titulado Año Uno que según lo que se ha podido ver habría sido una visión muy sui generis de la obra seminal de Miller y Mazuchelli.



Mientras tanto, la rival de DC Comics, Marvel Comics, había tenido éxito con sus adaptaciones cinematográficas. Comenzando con Blade en 1998, un personaje menos conocido de la editorial en ese momento, pero que tuvo un éxito correcto. Pero quienes volvieron a cambiar las reglas del juego fueron los X-Men de Bryan Singer en el año 2000 y sobre todo el Spiderman de Raimi en el año 2002 y su secuela en 2004. Y aunque otros proyectos como el Daredevil de 2003 y el Hulk de Ang Lee no fueron proyectos de éxito, la secuela de los X-Men y la ya mencionada de Spiderman, demostraban que los héroes del cómic tenían una audiencia deseosa de más pero siempre y cuando el respeto y la fidelidad al material original fuera la adecuada.




Y eso es lo que hizo DC y Warner al entregarle el legado de su personaje más importante, Batman, al todavía novel director inglés Christopher Nolan, que había sorprendido al público más especializado con su segunda película, Memento, un thriller bañado en "noir" donde el joven Nolan demostraba originalidad y un talento descomunal para jugar con los tiempos narrativos.

Nolan, junto a David Goyer, guionista de cine y también de cómics para DC, decidieron contar aquello que ni siquiera se habían atrevido contar en los tebeos originales, los años perdidos de Bruce Wayne y cómo se convirtió en el mito de Batman.




Porque el mito es fundamental para esta excelente aproximación al Caballero Oscuro. La primera película de Batman con un guión excelente, a la altura de las circunstancias y que se centra mucho más en el personaje titular que en sus extravagantes villanos. Un Bruce Wayne/Batman perfectamente interpretado por un Christian Bale que había nacido para el papel, capaz de reflejar la obsesión y el dolor de un Bruce Wayne que decide canalizar su rabia en pos de los inocentes de Gotham City.

Una Gotham City reflejo de la ciudad que Miller y Mazuchelli representaron en su Año Uno y que sigue siendo el origen definitivo del personaje en los cómics. Una Gotham que se olvida, al igual que en el filme de Nolan, de los delirios tanto góticos como lisérgicos de Burton y Schumacher y que se basa en lo que es la obsesión de Nolan en su aproximación al personaje, la verosimilitud.




Quizás en manos menos hábiles, este exceso de "verosimilitud" habría hecho perder magia al personaje. Pero la interpretación de Nolan, con su Gotham repleta de corrupción, sus tonos ocres y sobre todo, la manera magistral de narrar el origen del personaje en una tour de force narrativa en su primer acto -con tres tiempos narrativos que se entrecruzan los unos con los otros, sin que el espectador pierda el hilo de lo que se está contando- obran el milagro.

Y Bale no es el único acierto del reparto. Un reparto de estrellas y actores perfectos, desde un temible Liam Neeson como Ra's Al Ghul, al cínico pero protector Alfred interpretado por Michael Caine, sin olvidar el mayor acierto de casting del filme, Gary Oldman como un Gordon que acaba de llegar a la policía de Gotham y que al igual que Batman, quiere terminar con la corrupción y la pestilencia que inunda la ciudad. No debemos dejar de destacar al otro villano de la película, El Espantapájaros, interpretado con convicción, amenaza y mucho mal rollo por Cillian Murphy. La única falla en un reparto elegido con mimo, es la decisión de elegir como amor de infancia de Bruce Wayne a Katie Holmes como Rachel Dawes. La química entre esta y Bale es nula.




Nolan, al igual que Donner, consigue hacer creíble a un personaje que había vivido más de la estética que del fondo, con una película que rompió con lo que se esperaba del personaje y del género, atrajo a otro tipo de espectadores a las salas y sobre todo demostró que el género superheróico podía entregar un entretenimiento adulto, maduro y de calidad.

Visto el éxito de la propuesta, que fue mucho más a posteriori que en el momento de su estreno y que reventó con su famosísima secuela, Warner estaba planeando traer de vuelta a su otro icono, Superman, en el año 2006 y de la mano de uno de los directores estrella del momento, Bryan Singer, fresco del éxito de sus dos entregas de la saga X-Men.




Pero al contrario que Nolan, que quiso darle un aire atrevido y original (para aquellos que solo le conocían de las versiones cinematográficas) a un personaje ya conocido por el gran público, Singer acometió la equivocada decisión de homenajear el Superman de Donner y continuar la historia allá donde quedó en 1981 con Superman II, obviando lógicamente lo que fueron Superman 3 y 4.

El gran problema, que Singer cree que el Superman original de Donner es una obra perfecta, que su representación de Luthor es la idónea para el villano y que la estructura de la obra original es un tótem intocable. Y puede que lo fuera en los ya lejanos años 70, pero no lo es para una película en el año 2006, y menos después del Batman Begins de Nolan.




Lo que nos encontramos aquellos espectadores que fuimos con ilusión al retorno del héroe de las mallas rojas y azules casi dos décadas después de su funesta cuarta entrega, fue un refrito con algunas ideas interesantes pero mal desarrolladas. Y es que Singer es posible que entregue su obra más cuidada y visualmente hermosa pero también lamentablemente su obra más aburrida.

Y no es que Brandon Routh sea una mala decisión de casting o que Kevin Spacey no pueda ser un perfecto Lex Luthor, sino que ambos están encorsetados en las interpretaciones de Reeve y Hackman y no pueden salirse de ellas. Hay momentos en los que Spacey parece querer quitarse a ese nostálgico pero poco amenazante villano, sobre todo en la fabulosa y estremecedora escena donde este da una paliza de muerte al Hombre de Acero en el clímax de la película, pero enseguida tiene que volver al absurdo Luthor con sus absurdos planes de villano de chichinabo.




Lo mismo para Routh que transmite la nobleza y entereza de este héroe inmortal, pero poco puede hacer su personaje si tiene que emular una y otra vez los manierismos de Reeve. Cuando el personaje tiene que avanzar hacia este nuevo mundo donde parece que ya no es necesario, o cuando se tiene que enfrentar a que su amada Lois Lane ha rehecho su vida es donde el material, brevemente, despega.

Pero no ayuda nada el ritmo moroso que imprime al largometraje Singer, la eterna escena final entre el barco de Luthor y su mundo Kryptoniano de bolsillo (¿en serio ese es su gran plan?) o que la historia con Lois, su hijo y su nueva pareja, está tratada con mucho acierto, pero desaprovechando todo aquello que plantea pero no resuelve o que el final de este Cristo redentor en el que convierte al personaje Singer en su tercer acto, puede ser dramáticamente interesante, pero no sirve como regreso de un personaje que en los dos primeros actos juega a la ligereza y la luminosidad para convertirse en el tercer acto en una morosa y trágica historia de redención de un personaje que necesitaba un revulsivo y una nueva visión para hacer atractivo al mismo a una nueva generación de espectadores.




La película fue una relativa decepción económica, ya que hizo en taquilla lo mismo más o menos que el Batman de Nolan, pero al contrario que este último, no creció su leyenda a medida que aumentaba el boca-oreja y los espectadores que se la perdieron en las salas, la redescubrieran en el formato doméstico.

Por lo que Warner aparcó hasta nueva orden este reinicio del Hombre de Acero y centró su atención en la secuela del Hombre Murciélago Nolaniano, con las expectativas y el hype bien alto, un villano de altura como el Joker y una campaña de marketing online que demostró las capacidades de las nuevas tecnologías para convertir la secuela del Caballero Oscuro en un acontecimiento mediático que no se había visto desde el estreno del Batman de Tim Burton en 1989. Pero todo esto ya es materia del próximo post. ¡Hasta entonces!















16 de noviembre de 2014

Interstellar de Christopher Nolan: La película de ciencia ficción que necesitábamos



















Interstellar es apoteósica. Tanto desde el punto de vista conceptual como emocional. Pocas veces he sentido tanto en una sala de cine. Porque Interstellar nos devuelve dos cosas a los aficionados del séptimo arte. Lo primero, ciencia ficción espacial de verdad. No estamos hablando de Gravity, pura técnica y poca chicha, sino que tenemos ante nosotros a la heredera de 2001, pero con corazón.



Porque los paralelismos entre la obra magna de Kubrick y la que puede ser la de Nolan son abundantes a lo largo de todo el metraje. La solemnidad del despegue espacial, el space trip del tercer acto y la sensación de que los espectadores nos encontramos ante un filme descomunal tanto en intenciones como en talento.

El recibimiento ante esta nueva obra de Nolan ha sido muy dispar. Algo que me deja alucinado, tras el casi unánime recibimiento a la que es la peor película de su filmografía, The Dark Knight Rises, un filme mal contado y mal dirigido, donde el arrojo y la fuerza de Nolan brillaba por su ausencia.



En cambio en su nuevo filme, tenemos de nuevo al Nolan bigger than life, al director del que se pueden decir muchas cosas, pero al que no se le puede decir que no tenga lo que hay que tener. Descomunal en su metraje y en sus ambiciones. Pero en ningún momento se hace larga, todo lo contrario y su gigantismo queda equilibrado con lo que es para mi el verdadero triunfo del largometraje, su carga emocional.

Porque la historia de un padre y su hija en el espacio-tiempo es de lejos lo más bello que ha filmado Nolan en su filmografía. Una filmografía en la que el componente emocional aparecía muy pocas veces, lo que no quita para que en su cine no hubiera lugar para el sentimiento, y si no que se lo digan a los personajes de Leonardo diCaprio y Marion Cotillard en su triste pero bella historia de amor o la desolación que sentimos ante el pequeño Bruce Wayne en la primera hora de Batman Begins.



Pero aquí la emoción y el amor es la fuerza que impulsa esta opus magna de casi 3 horas de duración. Una película sin tiempos muertos, estructurada en tres actos cuasi perfectos y perfectamente definidos. Tres actos que no se entienden el uno sin los otros, creando un mecanismo de relojería perfecto y sincronizado.



Por eso no puedo entender que el "giro" que toma el largometraje en su tercer y polémico acto haya sido tan criticado. Lo primero, porque funciona a la perfección y segundo, que al fan del género no le tiene que venir de nuevas (¿el Animal Man de Grant Morrison?) lo que Nolan propone y ha sido apoyado, por supuesto desde un punto de vista teórico, por científicos con tanto renombre como Kip Thorne, Neil Degrasse o Stephen Hawking. Y aunque no estuviera refrendado por ellos, que estamos ante una obra de ficción y la mayoría de los que critican, encima no tienen ningún tipo de conocimiento de astrofísica o de la teoría de la relatividad.



Y Nolan no solo destaca, sino también todos los elementos que forman la película, desde unos excelentes McConaughey y Chastain, a un Hans Zimmer nuevamente inspirado, a unos efectos especiales, dirección artística, etc... a la altura de las ambiciones de este kamikaze cinematográfico.

En definitiva, una obra muy superior a la media, un riesgo para las atrofiadas mentes del espectador del nuevo siglo y una película a la que no tengo ningún miedo en calificar como un clásico desde ya del séptimo arte.

22 de junio de 2013

Man of Steel de Zack Snyder: La polémica está servida. (Cuidado Spoilers)


Quiero empezar esta reseña con una confesión muy importante. Me gusta el Superman de Richard Donner, fue la primera película que vi en el cine con 4 añitos y fue mi punto de partida para enamorarme de los cómics, el cine y sobre todo los superhéroes. Pocas cosas han cambiado mi mundo como ver a Superman volar por primera vez en su Fortaleza de la Soledad, descubrir el mundo de Krypton de  la mano de Marlon Brando, aterrorizarme y fascinarme a la par con esa genial representación de la Zona Fantasma o sufrir el dolor de la muerte de Lois Lane junto a Superman, tras encontrar a esta enterrada bajo los escombros en el terremoto provocado por Lex Luthor.


Pero eso no quita para ver con la perspectiva del tiempo, que el Superman de Donner es muy hija de su tiempo (finales de los 70), que muchos conceptos están completamente demodé (ese Lex Luthor muy alejado del maquiavélico hombre de negocios y científicos que desarrollaron Marv Wolfman y John Byrne a partir de 1986, el bufonesco secuaz de Lex, Otis o ese Krypton de cartón piedra y derivado estéticamente de los excesos del diseño de la hortera década de los 70).


Por eso no entiendo la inquina con la que es atacada esta nueva versión creada por el tándem Snyder/Nolan/Goyer. Y no lo entiendo porque la nostalgia mal entendida está demostrado que no lleva nunca a buen puerto (sino que se le digan a Bryan Singer con su prescindible y blandita revisión/secuela que Superman Returns y de la que nadie se acuerda ya) y que hay que darse cuenta que hemos cambiado, los gustos y la manera de hacer las cosas también y que el mundo en el que vivimos no es el mismo que había cuando se estrenó el Superman de Donner.


Man of Steel no es una película perfecta, ni mucho menos, pero casi ninguna lo es. Pero lo que si que es, es muy entretenida, muy valiente y muy diferente a lo que el público esperaba de una nueva película de Superman, muy al estilo de lo que Batman Begins para el Hombre Murciélago.


De Batman Begins coinciden Nolan y Goyer y el primer acto de la película, el origen del héroe, está narrado de la misma manera que el de Bruce Wayne en Begins, con retales, con retazos que director y guionista dejan que el público rellene por si mismo, porque Superman, al igual que Batman son ya de dominio público. Por eso Snyder nos deja entrever a Lana Lang, pero no profundiza en ella porque no hace falta, no repite el encuentro de los Kent con el bebé y la nave espacial, porque ya nos lo sabemos. Pero si que profundiza más en la sociedad kryptoniana y nos hace entender porqué Zod hace lo que hace y se dirige a la tierra, no como el Zod de Superman 2 y sus secuaces, que lo único que quieren es hacer el mal y dominar a la humanidad BWHAHAHAHA.... No, el Zod interpretado por Michael Shannon tiene una misión y una lógica en sus acciones, aunque las que tiene sean tan terroríficas para el planeta Tierra.


Cierto es, que Snyder no es un director tan hábil en el storytelling como Nolan y el primer acto de la película, aun con aciertos tan geniales como la primera vez que Clark se da cuenta de niño de sus poderes (sacado directamente del Superman: Secret Origin de Geoff Johns y Gary Frank) o la conversación de Jonathan con Clark, salta en el tiempo de una manera no tan fluida como hacía Nolan con el viaje iniciático de Bruce Wayne.


Lo que si hace muy bien este equipo artístico es demostrar la soledad de un ser que vive en un mundo que no pertenece. Olvidados de ese Superman sonriente que es de Krypton como si fuera de Palencia. No, a este Superman le afectan sus orígenes y descubrir que está solo en un mundo al que realmente no pertenece. Y peor, un mundo que le mira con recelo y con miedo, porque no puede controlarle y le teme por ello, como muy bien dice Superman a los militares en la genial escena del interrogatorio con Lois Lane.


Una Lois Lane diferente a todas las que hemos visto, más un apoyo que una damisela en apuros, más cercana a la Lois de John Byrne, compañera del héroe, mujer de armas tomar, aunque deba ser salvada por el Hombre de Acero en una épica escena.


Pero la parte que más palos se ha llevado ha sido ese estruendoso tercer acto que transcurre entre Smallville y Metrópolis donde Snyder se arranca y pone el acelerador para mostrar, como ya hicieron Los Vengadores de Whedon, como se debe representar con los medios actuales una batalla entre superhombres. Y si en el filme de Whedon la épica se mezclaba con ese humor que tan bien se le da al creador de Buffy para aligerar lo que es una matanza indiscriminada de civiles (porque ocurre aunque no lo veamos), Snyder mezcla la épica con la seriedad y la pesadumbre de una América y un mundo post 11-S, porque no es difícil ver en esa Metrópolis apocalíptica tras la batalla entre seres cuasidivinos ecos de una tragedia que ha cambiado la percepción de la sociedad occidental.


Así que no entiendo cuando los críticos más feroces abuchean y tiran por los suelos ese tercer acto del filme porque es muy largo (se me pasó volando y me quedé con ganas de más) y ponen como crítica (al igual que al resto de la cinta) que está exenta de humor??? ¿Desde cuando Superman tiene que tener humor? Si, es cierto que el Superman de Donner y sobre todo el de Lester (ahora va a parecer que la abominable Superman 3 es una buena película de Superman) tenían humor, pero dudo que el público actual y cualquier persona que no tenga más de 10 años de edad, quiera ver a Otis el secuaz de Lex Luthor. O que esperaban, ¿que una invasión alienígena inesperada la iban a recibir los personajes y el mundo en el que viven con ligereza y buen humor?


Y llegamos al punto o puntos que más ríos de tinta han hecho correr entre los críticos más duros con la cinta: la muerte/sacrifico de Jonathan Kent, necesaria para entender al personaje de Clark y la decisión de matar a Zod por parte de Superman al final del filme. Lo primero, es que a Superman no le queda otra, porque Zod es imparable y está decidido a acabar con la Tierra y restaurar Krypton y estamos en un mundo en el que ni hay kryptonita, ni prisión lo suficientemente resistente para encerrar a alguien igual de poderoso que Superman. Y lo segundo, estamos ante un Superman que todavía no es el Superman que conocemos, un novato al que lo que ha ocurrido le ha venido grande y de improviso y que toma una decisión que le traerá consecuencias, de ahí ese grito desgarrador tras hacerlo.


Por supuesto que el filme no es perfecto, desde ese primer acto que no está montado y contado con la brillantez de un Nolan, al exceso de información y apariciones de esa entidad con los recuerdos de Jor-El, pero donde lo positivo gana con gran mayoría a lo negativo, desde el excelente prólogo de Krypton, al preámbulo del apocalipsis que es el mensaje de Zod al planeta tierra a una batalla final que te deja sin aliento o ese epílogo de la infancia de Clark con la capa roja (un Snyder imbuido del espíritu de Terrence Malick) o la primera aparición del alter ego del Hombre de Acero. Ya tendremos tiempo de indagar en el Daily Planet, en Metrópolis, Lex Luthor y demás elementos característicos de la leyenda, pero este primer paso es un grandísimo acierto y una revolución para un personaje que para el público se había convertido en una reliquia de la prehistoria. Y por cierto, Henry Cavill ES Superman.

13 de diciembre de 2012

Man of Steel y Pacific Rim: Snyder y del Toro prometen un verano espectacular


Ya tenemos aquí dos de los trailers más esperados de la próxima temporada cinematográfica veraniega, "The Man of Steel", la reinterpretación de Superman perpetrada por Zack Snyder y Christopher Nolan y la mega-epopeya robótica con tintes de Evangelion y Robotech que nos tiene preparada el gran Guillermo del Toro después de su espantada del Hobbit de Peter Jackson. Y las dos pintan muy pero que muy bien.






6 de septiembre de 2012

The Art and Making of The Dark Knight Trilogy de Jody Duncan


The Art and Making of The Dark Knight Trilogy de Jody Duncan

Que la trilogía de Nolan ha sido la saga de películas más importante de los últimos años no es algo que vaya a sorprender a nadie. Y aunque la última entrega no haya dejado el sabor de boca que deseábamos (aunque vista una segunda vez el regusto es mejor y seguramente lo será más cuanto más veces la veamos), eso no quita para quitarse el sombrero ante una de las sagas cinematográficas más valientes y originales de los últimos tiempos.


Y que mejor manera de celebrar el final de un triunfo cinematográfico, que adentrarnos en su creación a través de los ojos de una de las mejores autoras que existen dentro de la poco valorada elaboración de libros de películas, la escritora Jody Duncan, que ya nos brindó, por poner un ejemplo, libros tan completos e interesantes como el que entregó para el éxito de Spielberg, Jurassic Park.


Este volumen no se queda atrás. Solo al ver su sencilla pero tremendamente efectiva portada y contraportada (me encanta sobre todo esta última) te entran ganas de devorar el volumen. No es para menos, cuando el encargado del diseño del libro es una leyenda como Chip Kidd, Batmaniaco de pro y diseñador fantabuloso, el cual ya se ha encargado de bastantes Bat-libros.


El interior del libro no defrauda, sino todo lo contrario, estructurado de manera meticulosa por todos los pasos de la elaboración de un largometraje, desde la preproducción donde se nos explica meticulosamente la elaboración de los guiones de las tres películas, hasta sus valientes y arriesgadas decisiones en cuanto a diseño y casting, pasando por el rodaje de los tres largometrajes, para finalizar en todos los elementos de la post-producción, desde el montaje y la elaboración de las bandas sonoras, a sus efectos especiales, llegando a las campañas de marketing de las tres películas.


Ninguno de los capítulos se queda corto, pero tampoco se explaya en demasía para no aburrir al lector. Duncan sabe lo que contar y lo que no, seleccionando de manera magistral los datos técnicos y artísticos de los tres filmes, al igual que los comentarios de su equipo técnico y artístico. El lector es partícipe de la titánica tarea de Nolan y compañía, quedándote con la sensación de que tu curiosidad de fan ha quedado satisfecha.


Completa el volumen una magnífica selección de imágenes de rodaje nunca vistas y de diseños de producción, aunque hay más de lo primero que de lo segundo, así que aquellos que estén buscando un libro de arte al uso pueden quedar algo insatisfechos, ya que predomina el como se hizo a los diseños.


Como guinda del pastel, dos prólogos, uno del propio Nolan, donde se despide de sus personajes y su mundo y otro de Michael Caine, y para finalizar una bella carta de adiós de Nolan hacia el fallecido Heath Ledger, publicada originalmente en la revista Newsweek pocos días después del fallecimiento de Ledger, redondean uno de los mejores libros sobre cine que se han publicado en mucho tiempo. En definitiva, un libro a la altura de los logros de Nolan al frente del murciélago de DC Comics.


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