Mostrando entradas con la etiqueta Twin Peaks Fuego Camina Conmigo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Twin Peaks Fuego Camina Conmigo. Mostrar todas las entradas

8 de mayo de 2018

Universo Twin Peaks de Javier J. Valencia: WoW BoB WoW


























Si hay un teórico en España que ha mantenido la llama de Twin Peaks -tras su fulgurante y exiguo éxito a principios de los 90- ante unos seguidores que seguíamos amándola en silencio, es Javier J. Valencia. Desde su fanzine Ghostwood, pasando por su primer libro acerca de la obra, titulado Twin Peaks 625 líneas de celuloide y terminando con el atractivo David Lynch el zar de lo bizarro -libro aparecido en conjunto con la edición especial de Twin Peaks Fuego camina conmigo editado por Cameo en el año 2006 coincidiendo con el festival de Sitges- Javier J. Valencia ha profundizado y escarbado en la galaxia peakie con la pasión, el rigor y la constancia del mejor de los arqueólogos. 

Ahora, tras el estreno de Twin Peaks The Return y los cientos de miles de artículos y textos que han aparecido y aparecieron en el último año desde su estreno y donde los textos de Valencia en El Pájaro Burlón eran lectura imprescindible cada semana del pasado verano, el autor se ha liado la manta a la cabeza y ha regalado de nuevo a todos los aficionados de ese pueblo donde siempre hay música en el aire y los pájaros cantan una bella canción, Universo Twin Peaks, la biblia del conjunto de la serie original, su largometraje y ese regreso que todavía no hemos sido capaces de abarcar. 






Valencia aúna en un volumen de 700 páginas que no se lee, sino que se devora con la velocidad que solo se devoran los mejores trabajos, su personal y particularísima visión, tanto de los significados ocultos tras la obra, como acerca de los entresijos de su creación pasada y presente, no solo sobre su producto central, sino sobre todos aquellos elementos complementarios a la serie, que dejan boquiabierto al lector y seguidor, por supuesto sin abrumar y que consiguen hacer descubrir elementos y objetos desconocidos incluso a seguidores incondicionales de Twin Peaks como el que aquí suscribe. 

Y más allá de las atractivas interpretaciones y significados ocultos que Valencia plantea en su trabajo, lo que se oculta bajo las cortinas rojas de su trabajo es un amor incondicional a un producto que va más allá de las épocas y las modas, en una edición obra de la editorial Dilatando Mentes, que demuestra que el futuro de las editoriales solo se entiende a través de editores que cuidan con mimo los objetos literarios que publican, demostrando que hacen aquello que les gustaría comprar. En resumen, el libro definitivo en lengua española de la serie más importante de todos los tiempos. Un producto hecho desde el amor, pero que sabe distanciarse de la obra amada, siendo crítico cuando es necesario y cuyo amor, respeto y devoción traspasa cada una de las bellas páginas inundadas de ilustraciones originales de un volumen que debe ocupar un lugar destacado, no solo para los amantes de Twin Peaks o de David Lynch, sino de cualquier biblioteca que se precie de serlo.

5 de septiembre de 2017

Twin Peaks: ¿Es el Futuro o es el Pasado? Reflexiones tras una final tan desconcertante como apasionante








“¿En qué año estamos?” grita un desolado Agente Cooper/Richard a una extrañada Laura Palmer/Carrie Paige tras visitar la casa de los Palmer habitada por almas diferentes en una nueva realidad. Pero el lamento y la desolación de Cooper abre la brecha entre dos mundos y esta nueva iteración de Laura Palmer escucha a la angustiada Sarah Palmer buscar sin éxito a su hija la mañana posterior a su muerte. Y Laura/Carrie grita mientras la casa de los Palmer se sumerge en las tinieblas. El misterio incocluso, el misterio eterno, el 8 de Philip Jefffries, la infinita búsqueda de respuestas. 

Ese grito escalofriante y el telón cerrado que representa la casa de los Palmer sumida en las tinieblas es el reflejo de una legión de espectadores que hemos buscado respuestas y explicaciones a lo ocurrido y cuyo reflejo en la pantalla es ese Agente Cooper, autoimpuesto salvador de princesas, que debido a ello, ha caído en el bucle infinito de la desesperanza y cuyo destino es similar al acaecido a otros agentes como Philip Jeffries, Chester Desmond o el propio Windom Earle. 






Así es como termina este retorno a Twin Peaks. Un retorno que nos ha tenido encandilados a sus seguidores a través de 18 apasionantes y extenuantes partes y que por supuesto se ha ido dejándonos con ganas de más. O no. Porque si en el primer visionado de esta finale apocalíptica y tras quedar aturdido por un epílogo que de nuevo expandía y remodelaba el universo de Twin Peaks, necesitaba una continuación, un segundo visionado y con la cabeza todavía echando humo, mi parte más analítica me dice que quizá todo está ahí, que solo tenemos que armar las piezas del puzzle. 

Esto ya había ocurrido en Twin Peaks. Lo que parecía un típico “whodunit” con personajes más o menos estrafalarios, se convirtió en algo más con la escena de la Habitación Roja del segundo episodio del serial, para volver a darle una vuelta de tuerca en el piloto de una segunda temporada, donde las profecías, la entrada de seres de otra realidad, se convirtió en la orden del día, para terminar una irregular temporada, con un nuevo golpe a la razón con esa cita con el destino que fue la entrada de Cooper a la Habitación Roja provocado po la falta de coraje suficiente. Y de nuevo, un nuevo paso más allá con Fuego Camina, Conmigo. 






Y este Regreso, a medida que han ido pasando los capítulos, ha sido un salto de fé continuo, desde la apoteósica e incómoda premiere, pasando por ese definitorio octavo episodio hasta llegar a un final y epílogo que entronca con las raíces de los sueños y las alucinaciones, donde somos testigos que todo es real y todo es imaginado, donde el sinfín de realidades, representado en el Teseracto que le entregaba The Fireman a Andy, se entrecruzan, se bifurcan y se fusionan. 

Desde un punto de vista que rompe la cuarta pared, este impactante final, demuestra aquello que no pudieron hacer Lynch y Frost en la serie original. El misterio de la muerte de Laura Palmer era la excusa, un misterio inescrutable que a medida que se averiguaba más, abría más incógnitas que las que resolvía, como si fuéramos arrancando lentamente los pétalos de la Rosa Azul, símbolo de los misterios inexplicables y perdición de aquellos que querían acceder a sus misterios. 






Pero ese misterio daba paso a las historias de mil y un personajes que habían sido tocados de lleno, o de refilón por el gran misterio, los cuales, dentro de ellos se encontraban otros mil y un misterios, quizá más terrenales, quizá más vulgares, pero que de la mano de Lynch y Frost, se convertían en misterios que merecía la pena resolver. 

Y así, de Twin Peaks pasamos a Deer Meadow y de allí a Buckhorn, South Dakota y de ahí a Las Vegas, para volver a Twin Peaks y sus múltiples portales dimensionales, encuadrados entre los bosques de Twin Peaks y el hogar de los Palmer, para llevarnos al desierto de Nuevo México, origen de todo, traspasándonos a Odessa, donde el misterio no hace más que continuar. 






Pero aunque todo cambie, hay dos elementos que se mantienen constantes en este multiverso. Laura Palmer y Dale Cooper, ya se llamen Carrie, Teresa Banks o Annie Blackburn ,o Dale, Dougie, Richard o Chester Desmond. Una víctima y un caballero de brillante armadura. La historia se repite incesantemente y el mago (Cooper) debe conseguir entrar entre dos mundos para poder solucionar un misterio inexpugnable que acaba sacando a ambas piezas del tablero de la “realidad”. 

En este juego de espejos, donde la Logia Blanca y la Logia Negra, se traspasa a la supuesta realidad entre ese juego de contrarios que son Twin Peaks y Deer Meadow, o el Twin Peaks del Regreso, reconvertido en Deer Meadow y una chispeante Las Vegas, donde las aventuras de Dougie son lo más cercano al espíritu y tono del Twin Peaks original, es todavía complicado, aventurado y pretencioso sacar conclusiones precipitadas, sobre todo cuando la obra original nos ha tenido ocupados y entretenidos 25 años, desentrañando la cantidad de interpretaciones que se podía sacar de ellas. 






A bote pronto, y basándome en mis impresiones tras el ataque a los sentidos que fue una finale que comenzó como un extraño pero brillante sueño y se acabó convirtiendo en la mayor de las pesadillas, dejo algunas de las conclusiones que mi embarullada cabeza es capaz de discernir y que seguramente serán papel mojado dentro de 24 o 48 horas. 

“¿Es el futuro o es el pasado?” es la frase clave de toda la obra. Porque el pasado y el futuro son maleables y todo ocurre en una dimensión externa donde no rigen las reglas del pasado, presente y futuro y todo ocurre a la vez, en un cinta de Mobius que no para de dar vueltas y que a veces se entrecruza, fusionando realidades. 






La bomba atómica abre un portal dimensional, expulsando a Judy y a Bob y a sus lugartenientes, los Woodsman, que a través de un cántico sobrenatural, insertan en la realidad a dichas entidades. Entrando Judy en la joven de Nuevo México que se convertirá en Sarah Palmer y que infectará con la semilla de Bob al joven Leland Palmer que vemos besarla de manera pacata previamente. 

Pero el destino de una Laura Palmer de la que se ha encaprichado un Bob encarnado en un lascivo Leland Palmer, rompe los planes de Judy/Mother cuando la mata, desobedeciendo las reglas impuestas por esos seres del otro lugar que vivían plácidamente alimentándose del dolor y el sufrimiento de los seres humanos, de sus pequeñas y grandes desgracias. Tanto Bob como Cooper posteriormente, rompen las reglas, cada uno a su manera, el primero matándola, víctima de su precipitada y descontrolada furia y el segundo, al intentar salvarla la noche de su fatídica muerte, cuando el drama de Laura había comenzado seis años antes. Ambos destruyen el frágil equilibrio entre el bien y el mal que existe en ambas realidades, dejando el primero un Twin Peaks yermo y el segundo, eliminando toda la magia que existía en este universo de Twin Peaks. 






Así, ambas némesis, aunque opuestas, complementarias, pagan ambas su pecado. Bob, ardiendo por el mismo Fuego con el que caminaba y Cooper, atrapado en un sinfín de realidades, cada vez más grises y más cercanas a nuestra realidad, no dejando descansar a una Laura Palmer que quizá no necesitaba seguir siendo La Elegida y solo quería vivir una vida tranquila y rutinaria. 






Pero no me quiero extender más, porque ya habrá tiempo de elucubrar y revisitar una población, una obra y sobre todo un estado de ánimo, como es Twin Peaks. Y volver a sumergirse en sus secretos, en sus misterios, en su atmósfera, tan mutable como eterna, tan compleja como apasionante. Solo dar las gracias a David Lynch y a Mark Frost por tan tremendo viaje. Por subir las apuestas 25 años después, con una continuación/reinterpretación de un material que fue tan adelantado a su tiempo, como este Regreso lo es en 2017. Si la historia termina en este pesadillesco viaje, me quedaré satisfecho y si quieren volver a adentrarnos en este fascinante mundo de espejos y reversos, me tendrán el primero, ansioso por saber como continúa un universo que se ha quedado impregnado en mi ADN para siempre. GRACIAS. 





































18 de junio de 2017

Inland Empire de David Lynch: La pesadilla de la identidad






















En el año 2006, David Lynch volvía a la pantalla grande con una nueva obra que nada hacía presagiar que sería su último largometraje y su última obra audiovisual, hasta que este año 2017 nos hemos vuelto a reencontrar con ese peculiar y magistral regreso a la localidad de Twin Peaks que está siendo Twin Peaks The Return.



5 años habían pasado desde que volviera a ser encumbrado con Mulholland Drive, ese piloto fallido de serie de televisión que acabó reconvirtiéndose en una de las obras cumbres de la filmografía del director nacido en Missoula. Una obra que atacaba con ferocidad el sueño irreal de Hollywood, sus promesas rotas y que envolvía y llenaba de glamour un relato de la perdida de identidad, corazones rotos y sueños ahogados por la cruda realidad.



Inland Empire continúa la senda de Mulholland Drive, casi convirtiéndose en una cara B de Mulholland Drive, llevando al extremo los preceptos de la obra anterior y el estilo y el hermetismo del cineasta y completando la trilogía de la mente que comenzara en 1996 con Carretera Perdida.



Porque el mecanismo que hace funcionar a Inland Empire es el mismo de las muñecas rusas, donde una identidad se esconde detrás de otra y llega un momento en el que no sabes cual es la real y cual es la copia. Y eso le ocurre a Nikki Grace la heroína de nuestra historia -interpretada por una inconmesurable Laura Dern que dota al personaje de múltiples registros y personalidades- una actriz de éxito de Hollywood casada con un escalofriante millonario del este de Europa y con un pasado algo turbio.



Nikki se convierte en la protagonista principal de una nueva obra cinematográfica que descubre posteriormente que es un remake de una película maldita polaca que nunca terminó de rodarse porque todos los implicados en ella acabaron muerta. Pero por supuesto, tratándose de Lynch, este es el mcGuffin que Lynch aporta al espectador, al igual que las cintas de vídeo en Carretera Perdida o el accidente de Rita en Mulholland Drive, para introducirnos en una laberíntica historia repleta de espejos y dobles reflejos.



Porque una vez que ahondas en la historia y comienzas a atar los cabos sueltos, en la medida de lo posible, vamos descubriendo que la historia pasa de las zonas residenciales del Hollywood de las estrellas al frío e inhóspito invierno polaco, pasando por las decadentes calles de Hollywood Boulevard y parques de trailers de la América más profunda que traen al recuerdo el Big Tuna de Corazón Salvaje o el Parque de Trailers Fat Trout donde vivía Teresa Banks en Twin Peaks Fuego Camina Conmigo.



La interpretación de la misma es un juego de muñecas en si mismo. ¿Es la historia de una actriz que soñó y se metió demasiado en sus papeles desde la tranquilidad del Hollywood de las estrellas o es la historia de una joven prostituta que sueña con ser actriz durante dos horas para escapar del infierno de su propia vida? ¿O son ambas las mismas? Os invito a que lo descubráis por vosotros mismos.



Lynch pone a prueba la resistencia del espectador con un metraje de tres horas, de ritmo irregular pero apasionante, por supuesto si entras en el juego y una decisión estilística, el rodar en video digital de baja definición,  que aunque nos hace perder al Lynch más bello, es consecuente con el estilo y el tono del largometraje. Un tono pesadillesco y caricaturesco en su horror, que queda realzado por esos primeros planos que consiguen deformar los rostros hasta límites grotescos, provocando una sensación de extrañeza que solo los muy seguidores de David Lynch podrán disfrutar.



Y es que para Lynch este Inland Empire es su liberación absoluta, para lo bueno y para lo malo, de los límites que impone una industria que no es país para artistas radicales como Lynch. Y el formato digital, con el que ya jugueteó con resultados tan irregulares como interesantes, en una serie de cortos que se podían ver en su página web y posteriormente recopilados en la antología Dynamic:01 The Best of DavidLynch.com, es lo que le daba la libertad absoluta de hacer lo que le place.



Y ese hacer lo que le place es Inland Empire. Una película rodada con absoluta libertad, un campo de juegos y experimentación para Lynch que lleva al paroxismo los elementos de obras previas como Cabeza Borradora, Carretera Perdida y Mulholland Drive para desmontarlas y darles una vuelta de tuerca, donde muchos de los amigos y actores de Lynch son invitados a ser partícipes de una obra maestra del video-arte, incomprendida en su estreno en salas, reivindicada parcialmente a lo largo de la última década y que ha servido como guía estilística de muchas de las alegrías que nos está dando su regreso a Twin Peaks, quizá la primera obra de video arte para la televisión, como este Inland Empire lo fue para las adormecidas mentes del espectador del siglo XXI.

9 de junio de 2017

Twin Peaks El Regreso o el Fin de la "Americana"




El regreso de Twin Peaks a la ya no tan pequeña pantalla, 26 años después de su abrupta cancelación en junio de 1991 con su segunda temporada y 25 años después del vapuleo a una obra tan fuera de su tiempo y tan magistral como fue la precuela/secuela de Twin Peaks, rompe todas las expectativas que se esperaban de ella y ha sentado como un mazazo a todos aquellos que creían que este regreso iba a ser una apología de la nostalgia.

Twin Peaks, serie de televisión y entorno en el que se desenvolvía el serial multigenérico, era el perfecto reflejo de lo que se ha venido en denominar Americana, esa nostalgia de la vida idealizada que ocurrió entre 1880 y la llegada de la I Guerra Mundial, donde los Americanos por última vez en su historia -tras conquistar la “Última Frontera” y ser vencedores de la Guerra entre España y Estados Unidos- creyeron entender con orgullo lo que supuestamente significaba América y sentirse Americanos.



Dicha "vida idealizada" se localizaba en pequeños pueblos y pequeñas ciudades, donde sus habitantes se reunían alrededor de una plaza central y sentían que tenían el país que querían, donde la celebración del 4 de Julio, la tarta de manzana y lo que les decían los medios de comunicación, sus escuelas e instituciones era la verdad absoluta y no querían que eso cambiara.

Es por eso que la nostalgia por esa Americana es algo hacia lo que los Estados Unidos miran habitualmente, al igual que la mayor parte del mundo occidental, motivado por su invasión mediática y cultural, porque el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI no ayuda a que se deje de idealizar una época que en apariencia era perfecta. Para Estados Unidos, la caza de brujas, la guerra fría, el asesinato de los Kennedy, Martin Luther King, la muerte de incontables jóvenes americanos en guerras que solo servían a los intereses de una minoría como Vietnam, Irak, Afganistan, 11-S, etc.. les hace retrotraerse a otra época donde los jardines de viviendas unifamiliares con su impoluta valla blanca de fondo, el cielo azul, las barbacoas, el carrito de los helados y los vecinos sonrientes y en apariencia encantadores eran la cúspide de la felicidad.



El Twin Peaks original tenía mucho de todo eso. La población, los bosques con sus abetos Douglas, la Doble R y sus tartas de cereza celestiales, las cataratas del imponente Gran Hotel del Norte o las avenidas de zona residencial de clase media en auge donde vivían los Palmer, los Hayward y los Briggs eran el sueño de una población que se resistía al cambio y parecía protegida de los males de la realidad.

Pero un buen día, se dieron cuenta que el paraíso tenía un precio, cuando su Reina del Baile y en apariencia perfecta adolescente Laura Palmer, otro epítome de la Americana, apareció muerta en las orillas del río de la localidad, envuelta en plástico. Y la aparente normalidad se rompió, acrecentada por la llegada de un forastero, El Agente Especial Dale Cooper, que traía a Twin Peaks el veneno del presente y también sus demonios internos -la muerte de su amada y la caída a los infiernos del que fue su amigo y mentor- pero que sabía encubrir hacia a aquellos que le rodeaban y a si mismo, al quedar anonadado por la pureza, la nobleza y el ambiente de ese pueblo fuera del tiempo que era Twin Peaks.

No importaba que una vez que comenzaba la investigación del en un principio frío y distante, pero encantador Agente Cooper, los trapos sucios del en apariencia inocente pueblo salieran a la luz, con sus capitanes del equipo de fútbol traficando con drogas, prostitución en la frontera financiada por figuras respetables de la comunidad, incestos paternales, relaciones paterno-filiales quebradas y orgías en el bosque a la luz de la luna. La música de Angelo Badalamenti, celestial, glamurosa y adictiva y el encanto de unos personajes que vivían cada uno de ellos en su propia Americana, ayudaban a que el espectador y los personajes vivieran una situación de aparente felicidad y tranquilidad, porque en el fondo y por mucho que supieran que algo malo se escondía bajo la aparente paz que reinaba en Twin Peaks, lo querían así, claro reflejo del aislacionista pueblo americano que ha querido vivir su existencia sin interesarse y ser influídos por el mundo exterior que les rodea.



Y así se lo hizo ver el Sheriff Truman en la conversación que mantiene este con Cooper, acompañado de Hawk y Ed en la cafetería de la Doble R, donde le explica el lado oculto y oscuro de Twin Peaks

“Twin Peaks es diferente, está alejada del mundo, como habrás comprobado. Y así es exactamente como nos gusta. Pero también hay una contraprestación para ello, algo diferente. Quizá es el precio que pagamos por el resto de cosas buenas. Hay algún tipo de mal allí fuera. Algo muy, pero que muy extraño en estos viejos bosques. Llámalo como quieras, una oscuridad, una presencia. Puede tomar muchas formas, pero siempre ha estado ahí. Y todos estamos aquí para luchar contra él”.

Esta historia se la cuenta Harry a Cooper en uno de los primeros episodios de la primera temporada, posiblemente en el cuarto o quinto aproximadamente. Y en ese momento -aunque ya teníamos sospechas y detalles de que en Twin Peaks se cernía algo sobrenatural, tras el sueño de Cooper y las visiones de una desquiciada Sarah Palmer- todavía el serial no había abrazado su aspecto sobrenatural como si hizo en la segunda temporada y en el filme Fuego Camina Conmigo.



Es en dicho filme donde descubrimos que Bob, el espíritu que anidaba en Leland Palmer y posteriormente anidaría en el agente Cooper, tenía un pacto con los en apariencia entes benignos del serial, concretamente con Mike el Manco y el Hombre de Otro Lugar posteriormente conocido como El Brazo, donde Bob podía matar a una víctima seleccionada por el cónclave, para luego entregarles parte de la Garmonbozia, una especie de maíz cremoso guisado, que representaba el sufrimiento y el arrepentimiento de Leland tras matar a su hija Laura.

Este macabro ritual y sus connotaciones lo emparentaban con la conversación que he transcrito entre Truman y Cooper. ¿Es posible que la paz y estancamiento de la población de Twin Peaks, en la que el mundo exterior nunca infectaba a la población y a sus habitantes, se basara en la premisa de que una víctima ritual cada cierto tiempo debía ser entregada a estos seres que vivían entre dos mundos, para que Twin Peaks nunca cambiara y la llegada de Cooper y sus descubrimientos comenzara a resquebrajar esa calma chicha de la localidad?.



Otra pista de todo esto lo encontramos en la conversación que mantiene Jean Renault con Cooper cuando el primero le tiene secuestrado en la cabaña blanca en el episodio 12 de la segunda temporada del serial:

“Antes de que llegaras aquí, Twin Peaks era un bello lugar. Mis hermanos vendían drogas a través de los adolescentes del instituto y los camioneros. Jack el Tuerto daba la bienvenida a los hombres de negocio y a los turistas. La gente tranquila vivía una vida tranquila. Entonces, una chica guapa murió y tú llegaste y todo cambió. A mi hermano Bernard lo mataron en los bosques, un padre atormentado por la muerte de su hija ahogó con una almohada a mi hermano Jacques, secuestros, muertos. La gente tranquila ya no volvió a estarlo. De pronto, un sueño tan simple, se convirtió en una pesadilla. Es posible que tu trajeras la pesadilla contigo y es posible que la pesadilla muera cuando tu mueras”.

Estas proféticas palabras de Jean Renault cobran sentido en el episodio final de la segunda temporada de Twin Peaks. Windom Earle, el antiguo compañero y maestro de Cooper secuestra a Annie Blackburn, la amada de Cooper y la lleva consigo a la Logia Negra para conseguir el alma de este. No hay que olvidar que Cooper tuvo una relación con la mujer de Earle y que este último la mató cuando Cooper la protegía dejando malherido a nuestro querido Agente Especial, tanto física como psicológicamente. Cooper había traído su pesadilla a Twin Peaks y para él y para el pueblo nada volvería a ser lo mismo. Cooper entra en la Logia, pero sin su capacidad analítica y su frialdad detectivesca, entra como un hombre enamorado y debilitado. Y todos sabemos lo que le ocurre. Su verdadero yo queda atrapado y a Twin Peaks vuelve su doppelganger maligno impregnado de la semilla del demonio Bob.

25 años después hemos vuelto al universo de Twin Peaks y por lo que hemos visto, el pacto que tenía Bob con sus congéneres del otro mundo lo ha roto, no volviendo a entregarles periódicamente la Garmonbozia y extendiendo su veneno más allá de las fronteras de la ficticia pequeña localidad del noroeste de los Estados Unidos. Y hemos visto breves retazos de la localidad en los primeros cinco capítulos que hemos podido disfrutar hasta el momento. Hemos visto a Hawk, a Lucy, a Andy, a Lady Leño, a los hermanos Horne, a Bobby, al Doctor Jacoby, a Shelly y a Norma. Pero les falta “algo”, al igual que ese “algo” perdido que Margaret le dice a Hawk que se necesita para encontrar a Cooper. Lo mismo ocurre con los escenarios icónicos del serial, como el Gran Hotel del Norte, la Doble R o el Roadhouse. Son los mismos pero no lo son. Ya no suenan los acordes de Angelo Badalamenti que nos hacían sentir seguros y reconfortados en dichos escenarios. Ya no hay, como le decía El Hombre del Otro Lugar a Cooper en su primer sueño en el tercer capítulo de la primera temporada, “música en el aire”.



Twin Peaks, la localidad, sus habitantes y sus escenarios están muertos en vida. Les falta algo o les sobra algo. Y es que parece que las acciones de Cooper y su intrusión como un virus en la vida de la localidad y la ruptura del pacto de Bob, han dejado muerta el alma de la localidad, como si el mundo exterior y la terrible actualidad contemporánea haya irrumpido en la antaño icónica población como un torbellino y le hubiera quitado su esencia. La Americana, con lo bueno y con lo malo, ha sido mancillada por la intervención de un forastero que puso su hipócrita normalidad patas arriba y a la vista de todos, enfrentándolos a todos con su doppelganger.

Ejemplos, múltiples y variados. El Roadhouse, tanto en la serie original como en el filme, era un bar de moteros de los años 50 -más cercanos al movimiento beatnik que a los rebeldes sin causa del cine de James Dean- donde solo se escuchaba la música celestial de una Julee Cruise que parecía haber salido de una brecha entre dos mundos. Ahora es un bar de hipsters donde todo tipo de grupos musicales contemporáneos tocan en él y que podríamos encontrar en cualquier lugar de Estados Unidos o del mundo. Ya no tiene personalidad. Se ha gentrificado. Y algo aún peor. En el piloto de la primera temporada, cuando Donna entraba en el Roadhouse para encontrarse con James Hurley, Bobby Briggs y Mike Nelson intentaban agredirla era inmediatamente rescatada por el honesto Ed Hurley y el grupo de moteros amigos de James. En esta nueva iteración del serial, concretamente en el episodio 5, vemos como un turbio individuo que tiene tratos con algunos elementos de la policía local, al que los créditos finales nos descubren que es un nuevo miembro de las nuevas generaciones de los Horne- agrede sexualmente a una joven de la localidad a la vista de todos los clientes del local, sin que nadie haga nada por ayudarla. Un triste reflejo del mundo en el que vivimos y del que los habitantes de Twin Peaks intentaban escapar.



Lo mismo ocurre con la historia de Betty, la hija de Shelly Johnson, y su politoxicómano novio. Ambos son un reflejo de la relación auto-destructiva entre Laura Palmer y Bobby Briggs, pero en el original había un aura de ensoñación, de glamour, de cercanía y empatía con dichos personajes y su historia. Aquí, esta relación se narra de manera cruda, anticipando que el personaje de Betty correrá un camino similar al de su predecesora Laura Palmer, pero sin ese aura mítica de la historia de Laura. Betty, el personaje interpretado por la actriz Amanda Seyfried no está hecho para ser el icono de un pueblo, unos personajes, o una historia. Es vulgarmente real. O para rematar, el ejemplo más visual lo encontramos en el discurso de la Alt-Right americana del Doctor Jacoby, ejemplo de los radicalismos que la pérdida del sueño americano ha provocado en esas localidades donde creían que la Americana sería algo eterno, el Camelot del Rey del Arturo.

Es por ello que los seguidores del serial que añoran los elementos más nostálgicos del mismo, se sienten extraños e incómodos ante este nuevo Twin Peaks. Por eso no suenan los acordes de Angelo Badalamenti en cada escena y cada plano, por eso nadie baila como Audrey Horne en la Doble R bajo los acordes de los temas de Badalamenti salidos de la JukeBox o el pueblo parece estar desierto y falto de vida. Porque los causantes de la irrupción de la realidad en la Americana, el Agente Cooper y el diabólico Bob, lo destruyeron. Y tendrán que volver allí y devolver a la población y al serial esa vida eterna que tenían, para lo bueno y para lo malo, al igual que Cooper necesita recuperar su alma, y los seres del Otro Lado necesitan recuperar su Garmonbozia. Para que todos ellos y la localidad recuperen esa Americana que se ha perdido, tanto en el mundo real como en este pequeño universo de ficción tras 25 años que se dicen pronto. Que eso sea algo bueno o algo malo, dependerá del ojo que lo ve y lo que prefiera, la crudeza de lo real o la hipocresía de la apariencia.

23 de mayo de 2017

Twin Peaks: El Regreso. Un David Lynch desatado y en plenas facultades creativas reinventa de nuevo el medio televisivo























Tras más de 25 años y dos tazas de café y sendas porciones de Tarta de Cerezas (gracias Marta) me metí en vena las 4 primeras horas de la continuación de una de las obras que han formado mi visión del mundo, mi manera de entender el arte y que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, porque nunca abandoné sus bosques, sus misterios, sus personajes y su universo, al que he vuelto incontables veces a lo largo de estos más de 25 años.



Es difícil transmitir con palabras las sensaciones y sentimientos tras cuatro intensas horas donde Lynch y Frost han dado la vuelta al serial de referencia de la historia de la televisión contemporánea, porque todo ha vuelto, pero nada es igual, al menos en apariencia. Y cuando todavía mi cabeza sigue bullendo, intentaré transmitir mis impresiones de lo que es desde ya una nueva manera de entender las series de televisión.



Primer aviso a navegantes: Este regreso de Twin Peaks no es para todo el mundo. No es un ejercicio de nostalgia y de regreso a los confortables orígenes del noroeste de Estados Unidos. Así que todos aquellos, nuevos y viejos seguidores, que crean que Lynch y Frost les van a llevar por caminos conocidos y por los Greatest Hits de la cultura popular que hicieron trascender al serial como los zapatos de Audrey, la tarta de cereza, la serrería y los culebronescos acontecimientos que allí acontecían, pueden darse por perdidos.



En cambio, aquellos que adoramos la obra de Lynch como un todo, del Lynch más experimental, más arriesgado, más abstracto, están de enhorabuena. La libertad creativa prometida por Showtime ha dado sus frutos y tenemos a un Lynch en plena efervescencia creativa, donde estamos más cerca de obras como sus cortometrajes de juventud como The Alphabet y The Grandmother (esa escena onírica con la que arranca el tercer episodio y que desde ya se encuentra entre los grandes momentos del cine de Lynch), a Cabeza Borradora, Carretera Perdida o Inland Empire.



Lynch fracciona y cuartea la trama en subtramas en apariencia independientes y completamente fuera de tono (en apariencia) a lo que los seguidores del serial estaban acostumbrados. Pero eso ya fue ocurriendo a medida que avanzaba el serial. Del piloto de la primera temporada al piloto de la segunda temporada hubo un mundo y un cambio de tono donde la experimentación Lynchiana comenzaba a florecer. Y lo mismo del piloto de la segunda temporada al magistral capítulo final con el precipitadamente terminó el serial. Y más aún con su precuela/secuela Fuego Camina Conmigo.



Porque los primeros capítulos de este regreso por todo lo alto es a Fuego Camina Conmigo lo que Fuego Camina Conmigo al piloto original. Una ruptura de las normas, un cambio de juego absolutamente fascinante que deja descolocado al espectador pero que no te permite que te pierdas ni un segundo lo que ocurre en las fascinantes imágenes que bombardean tu cerebro haciéndotelo explotar.



Poco quiero contar de lo que acontece en estas primeras cuatro horas que si continúan con el mismo nivel van a dar como resultado las 18 horas más extrañas, terroríficas, absurdas, hilarantes y embriagadoras que han dado el medio televisivo en toda su historia. Ya habrá tiempo de ir analizando minuciosamente lo acontecido en cada episodio, en cada escena, en cada minuto. Solo un consejo, dejaos llevar de la mano del mayor prestidigitador de la historia del cine, no tengáis miedo a no comprender, disfruta de las sensaciones que como un mazo caen en ti a medida que se va desgranando la madeja y por supuesto, revisad no una si no varias veces la magistral y vapuleada Fuego Camina Conmigo, y sus Missing Pieces, porque hace 25 años Lynch plantó la semilla de esta obra magna que no ha hecho más que empezar. No os arrepentiréis.

20 de mayo de 2017

Twin Peaks: The Missing Pieces. El regalo de Lynch a los verdaderos fans






















Aunque el metraje de Fuego Camina Conmigo, la precuela/secuela con la que Lynch puso punto final al universo de Twin Peaks allá por 1992 tenía una duración de dos horas y cuarto, el cineasta había rodado más, mucho más. Tanto, que se rumoreaba que la obra en sus orígenes y antes de su montaje final alcanzaba las cinco horas de duración.



Mi primer contacto con estas escenas eliminadas fue tras la lectura del guión original a finales de los años 90. Tras leerlo ávidamente, fui consciente de que había mucho más que se nos había escatimado. Y como yo, mucha gente debió pensar lo mismo, porque durante casi dos décadas hubo mil y un intentos a través de peticiones y firmas de fans para que este metraje que se nos había escamoteado fuera distribuido y montado, ya fuera como director's cut de la película o por lo menos como escenas eliminadas.



Y en 2014 se obró el milagro, ya que la gran sorpresa de la edición restaurada del serial y la película con multitud de extras y una calidad de imagen y sonido que no imaginábamos ni en nuestros mejores sueños, traía en su interior la guinda del pastel. Un contenido que por si solo convertía en un "must" la compra de la edición. Esa guinda era "Twin Peaks: The Missing Pieces", hora y media de contenido inédito, perteneciente al metraje nunca visto de Fuego Camina Conmigo, totalmente restaurado y editado por el propio Lynch.



Esa hora y media se dividía en 30 escenas de mayor o menor interés, donde podíamos vislumbrar la idea original del largometraje y también entender el porqué muchas de ellas se quedaron en la sala de montaje. 



Montadas de manera cronológica y fácilmente integrables para todo seguidor acérrimo de la película y el serial, esta hora y media contiene escenas supérfluas pero que traen de vuelta a personajes que no veíamos desde el serial como Lucy, Andy, Hawk, el Sheriff Truman, Josie o Pete Martell, pero que una vez vistas, entiendes el porqué de su exclusión del montaje final. Son escenas 100% Twin Peaks, donde el humor y la melancolía hacen acto de presencia, pero que rompían el via crucis de los últimos siete días de Laura Palmer.



Otras en cambio, aunque prescindibles, son fascinantes, como la bella y melancólica escena entre Ed y Norma en el interior de un coche escuchando el embriagador tema principal de la película. Otras escenas son muy interesantes como la versión contraria a la escalofriante cena en familia de los Palmer vista en el filme, donde un Leland cariñoso enseña a su mujer e hija a hablar en Noruego, enlazando con la subtrama con la que comienza el serial de los negocios de Benjamin Horne con el bosque de Ghostwood.



Aún más interesante es la escena en casa de los Hayward, donde el Doctor Hayward reconforta a una Laura en el punto de ruptura y con un final dramático y abrupto provocado por la llamada de Leland a su hija. Nunca una mirada como la del doctor Hayward a su mujer Eilleen dice tanto con tan pocos recursos.



También hay escenas prescindibles como la de Laura y el camionero amigo de Leo o la de Laura y su madre sobre los cigarrillos, pero son bienvenidas para todos los amantes del universo Peaker, porque es una última oportunidad de ver a dichos personajes.



En cuanto a la primera parte de la obra, la relacionada con el caso de Teresa Banks, también hay mucha tela que cortar. A destacar, la escena donde interactúan Cooper y Sam Stanley tras la desaparición del Agente Desmond y que enlaza con el piloto de la serie. Pero sobre todo la extensión de la trama de Philip Jeffries, el agente especial del FBI y viajero espacio temporal interpretado por el fallecido David Bowie y que aquí se extiende sacando a la obra de su microuniverso llevándonos a un hotel en Buenos Aires y ayudándonos, con una versión extendida y de diferente montaje, a ser testigos de esa reunión de los seres de otro lugar en el almacén de oportunidades, enlazando de nuevo la película con la primera visión/sueño de Cooper en la primera temporada del serial.



La guinda final es el epílogo que le da a la obra, un salto al final de la segunda temporada, donde vemos esbozos del futuro de Annie Blackburn, el fatídico anillo y el destino del Agente Cooper y que abre la puerta a acontecimientos que muy posiblemente veremos en la ansiada nueva temporada. 



En definitiva, el que creímos regalo de despedida a los fans del serial más de culto de la historia de la televisión en Agosto de 2014, se convirtió dos meses después en el prólogo de una nueva temporada de Twin Peaks. Casi tres años después de dicho anuncio, quedan pocos días para que comience de nuevo el serial más importante e influyente de la historia de la televisión, donde volveremos a una localidad donde lo bello y lo siniestro se dan lo mano, donde las lechuzas no son lo que parecen, los pájaros cantan una bella canción y siempre hay música en el aire. Laura Palmer ya se lo dijo a Cooper y a los fans, "En 25 años nos volveremos a ver". La promesa se ha cumplido y aquí estoy yo, mordiéndome las uñas.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...