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16 de noviembre de 2017

Twin Peaks The Final Dossier de Mark Frost: Subrayando lo sugerido





























El final de la críptica y sugerente Twin Peaks El Regreso hace ya más de dos meses, dejó a muchos seguidores del serial, que no de la obra de David Lynch, sumidos en un mar de dudas, que se había ido acumulando a lo largo de las 18 partes de las que constó este retorno inesperado y completamente diferente a lo esperado. Personajes tan icónicos del serial original como Annie, Leo Johnson o Donna ni siquiera fueron mencionados en El Regreso y otros personajes tan queridos como Bobby, Shelly, James y Audrey, se convirtieron meramente en una nota a pie de página, quedando su pasado, presente y futuro, únicamente mencionados, no siendo el centro de la narrativa como en la obra original.

Sumémosle a eso, que el nuevo Twin Peaks formal y narrativamente acabó siendo un trabajo donde la sombra de Lynch fue mucho más poderosa que la de su co-creador Mark Frost, acabó convirtiendo al serial de la tarta de cerezas y los bosques frondosos, en algo mucho más cercano a la fragmentación narrativa de trabajos de Lynch como Inland Empire, que a la magnífica y muy querida primera temporada del serial, llevando muchos pasos más allá lo planteado en Fuego Camina Conmigo, para gozo de los incondicionales del director y asombro y desconcierto para el resto.



Algo así debe de haber pensado Mark Frost al realizar este Final Dossier, epílogo de la obra estrenada este pasado verano, por lo menos hasta el momento que quisieran decidir volver a este pueblo del noroeste de Estados Unidos. Si aproximadamente medio año antes de que volviera Twin Peaks a la ya no tan pequeña pantalla, Frost regaló a los fans un pequeño aperitivo con el Libro la Historia Secreta de Twin Peaks, un ambicioso e irregular repaso de Frost por la mitología de fondo de la obra original, ahora nos entrega un regalo fin de fiesta.

Este regalo de fin de fiesta, por supuesto es bienvenido por todos los que seguimos el serial más revolucionario de la historia de la televisión, pero también es cierto que dentro de los que queremos y adoramos Twin Peaks, están aquellos que tiran más hacia lo que hace Lynch y otros tiran hacia el tono de Frost. Yo me encuentro entre los primeros. Es por ello, que este Final Dossier se lee de una sentada y sus aproximadamente 150 páginas se disfrutan página a página, como cuando te reencuentras con esos amigos que no veías hace mucho tiempo y a los que siempre has querido. Pero también es verdad que Frost parece hacer un Twin Peaks para Dummies, convirtiéndose en El Archivista del serial, más que la otra mitad espiritual de la obra, dando un cierto orden y supuesta estructura, redundando en aquello sugerido en la tercera temporada y que no aporta más allá de detalles para ganar un Trivial, nada que no estuviera sugerido de manera absolutamente brillante por el críptico Lynch.



Más allá de ese supuesto orden y concierto, tenemos esos pequeños detalles que harán las delicias de los fanáticos del serial, como el destino de Leo Johnson, el funeral de Margaret y la averiguación de quién es el custodio de su querido leño o cómo está Annie. Pero también, Frost patina rizando el rizo con una historia tan rocambolesca como toda la de la familia de Norma Johnson, que hay que ver para creer, o el poco jugo que le saca a temas mucho más interesantes que a que dedicaba el tiempo libre el Doctor Jacoby, como los escuetos capítulos dedicados a Philip Jeffries, Judy o el destino de nuestro querido Agente Cooper y su fracturación del espacio-tiempo. O puede que no quieran contar más, ante una posible vuelta del serial en un futuro cercano. ¿Quién sabe?

Pero al final no hay que pedir más de lo que hay. Y este libro, aunque canónico dentro del corpus Peaksiano, es más un objeto de cinefilia, una pieza más del escaso pero fascinante mundo paralelo alrededor de la obra central, que realmente se vale y se sirve a si misma como objeto único, sin necesidad de estos tie-ins, disfrutables en la forma, pero en realidad, prescindibles en el fondo, a no ser que seas, como el que aquí suscribe, un fan fatal del serial más revolucionario y mítico de la historia del medio.

4 de noviembre de 2016

The Secret History of Twin Peaks de Mark Frost: Un divertido aperitivo para el verdadero fan mientras espera el estreno de la ansiada nueva temporada






















Ni nuevas Star Wars, última temporada de Juego de Tronos o nuevos estrenos Marvel y DC. El gran acontecimiento de la cultura pop de este 2017 que se acerca, para el que aquí suscribe, es el estreno de la largamente esperada nueva temporada de Twin Peaks, el serial que cambió mi manera de entender las series de televisión y que me abrió al extraño, diferente y surrealista universo de David Lynch.

Pero aunque la gran mayoría de los espectadores y los medios hablan siempre de Twin Peaks como la obra de David Lynch, hay que aclarar que el serial fue obra del genial autor de títulos como Terciopelo Azul y Mulholland Drive, pero también de Mark Frost, novelista y guionista de televisión que en los 80 brilló con luz propia por su celebrada Canción Triste de Hill Street.



 La dupla creativa dio como resultado una obra única e inclasificable, donde las inquietudes de ambos creadores daban como resultado un trabajo que ha trascendido los límites de la pequeña pantalla. Pero en honor a la verdad y viendo la trayectoria de ambos autores, hay que decir que los mayores aciertos del serial y que reafirmó Fuego Camina Conmigo, la secuela-precuela estrenada poco después del fin de la serie, eran en su gran mayoría gracias a David Lynch.

Cuando a mitad de la segunda temporada, descubierto en apariencia quién mató a Laura Palmer y la desidia de un Lynch al que el medio televisivo de por entonces le limitaba creativamente, hizo que el director nacido en Missoula se apartara del serial y dejara la serie en manos del otro 50%, Mark Frost, la serie decayó y mucho, siendo salvada por un David Lynch que cerró con broche de oro la atropellada segunda temporada con un episodio que era 100% Lynch y que recuperaba el lustre que había perdido.



Ese lustre perdido fue consecuencia de que la mano de Frost fue más importante que la de Lynch. Y aunque Frost y Lynch juntos hacen un magnífico equipo, es cierto que Frost en solitario no es ni la mitad de talentoso que un Lynch que demostró que no necesitaba de su media naranja para entregar un filme que llevaba aún más allá los aciertos de los mejores momentos de la serie de televisión.

Y actualmente, mientras Lynch está enfrascado en el montaje de la nueva serie, Mark Frost entrega como regalo adelantado a los fans un libro de bella factura y original contenido que sirve para avanzar levemente lo que llega y ahondar en el pasado de la icónica localidad y sus habitantes.



Desde el siglo XIX americano a la época actual, Frost entrega un libro-juego que es un compendio de informes acerca de algunos de los múltiples misterios que el pueblo fronterizo con Canada ha vivido a lo largo de su historia. Frost acierta de lleno, ahondando en personajes tan queridos por los seguidores de la serie como Ed, Nadine o Norma Jennings, nos desvela el destino de algunos personajes que se quedaron colgados con la season finale de la segunda temporada, como por ejemplo Audrey Horne o nos descubre nuevos puntos de vista de personajes tan icónicos como Lady Leño.

Quizás Frost no acierta tanto en hacer demasiado universal los acontecimientos de una población que funciona mejor en su localismo provinciano. Poner en paralelo acontecimientos como el misterio de Rosswell o la implicación del mismísimo Richard Nixon con los extraños acontecimientos que ocurren en la localidad de Twin Peaks quizás sea llevar demasiado lejos los preceptos del serial. Sin olvidar que hacer protagonista casi de este conjunto de informes desclasificados a un personaje ya no secundario sino terciario del serial es rizar el rizo de manera algo rebuscada.



Pero si amas la serie y el universo Peaksiano dejas de lado esos elementos Frostianos y te adentras en ese misterio que el lector vive en paralelo con una nueva agente del FBI de la que desconocemos su nombre hasta el final de libro, que nos abre a un nuevo misterio que seguramente pueda que sea como comienza la nueva temporada y durante unas cuantas horas vuelves a oler los abetos Douglas, el aroma del café de la Doble R y puedes casi paladear la tarta de cereza mientras escuchas las cascadas del Gran Hotel del Norte, mientras escuchas el ulular de los árboles de Sicamoro de los bosques de Ghostwood.
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