Mostrando entradas con la etiqueta Twin Peaks. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Twin Peaks. Mostrar todas las entradas

8 de mayo de 2018

Universo Twin Peaks de Javier J. Valencia: WoW BoB WoW


























Si hay un teórico en España que ha mantenido la llama de Twin Peaks -tras su fulgurante y exiguo éxito a principios de los 90- ante unos seguidores que seguíamos amándola en silencio, es Javier J. Valencia. Desde su fanzine Ghostwood, pasando por su primer libro acerca de la obra, titulado Twin Peaks 625 líneas de celuloide y terminando con el atractivo David Lynch el zar de lo bizarro -libro aparecido en conjunto con la edición especial de Twin Peaks Fuego camina conmigo editado por Cameo en el año 2006 coincidiendo con el festival de Sitges- Javier J. Valencia ha profundizado y escarbado en la galaxia peakie con la pasión, el rigor y la constancia del mejor de los arqueólogos. 

Ahora, tras el estreno de Twin Peaks The Return y los cientos de miles de artículos y textos que han aparecido y aparecieron en el último año desde su estreno y donde los textos de Valencia en El Pájaro Burlón eran lectura imprescindible cada semana del pasado verano, el autor se ha liado la manta a la cabeza y ha regalado de nuevo a todos los aficionados de ese pueblo donde siempre hay música en el aire y los pájaros cantan una bella canción, Universo Twin Peaks, la biblia del conjunto de la serie original, su largometraje y ese regreso que todavía no hemos sido capaces de abarcar. 






Valencia aúna en un volumen de 700 páginas que no se lee, sino que se devora con la velocidad que solo se devoran los mejores trabajos, su personal y particularísima visión, tanto de los significados ocultos tras la obra, como acerca de los entresijos de su creación pasada y presente, no solo sobre su producto central, sino sobre todos aquellos elementos complementarios a la serie, que dejan boquiabierto al lector y seguidor, por supuesto sin abrumar y que consiguen hacer descubrir elementos y objetos desconocidos incluso a seguidores incondicionales de Twin Peaks como el que aquí suscribe. 

Y más allá de las atractivas interpretaciones y significados ocultos que Valencia plantea en su trabajo, lo que se oculta bajo las cortinas rojas de su trabajo es un amor incondicional a un producto que va más allá de las épocas y las modas, en una edición obra de la editorial Dilatando Mentes, que demuestra que el futuro de las editoriales solo se entiende a través de editores que cuidan con mimo los objetos literarios que publican, demostrando que hacen aquello que les gustaría comprar. En resumen, el libro definitivo en lengua española de la serie más importante de todos los tiempos. Un producto hecho desde el amor, pero que sabe distanciarse de la obra amada, siendo crítico cuando es necesario y cuyo amor, respeto y devoción traspasa cada una de las bellas páginas inundadas de ilustraciones originales de un volumen que debe ocupar un lugar destacado, no solo para los amantes de Twin Peaks o de David Lynch, sino de cualquier biblioteca que se precie de serlo.

16 de noviembre de 2017

Twin Peaks The Final Dossier de Mark Frost: Subrayando lo sugerido





























El final de la críptica y sugerente Twin Peaks El Regreso hace ya más de dos meses, dejó a muchos seguidores del serial, que no de la obra de David Lynch, sumidos en un mar de dudas, que se había ido acumulando a lo largo de las 18 partes de las que constó este retorno inesperado y completamente diferente a lo esperado. Personajes tan icónicos del serial original como Annie, Leo Johnson o Donna ni siquiera fueron mencionados en El Regreso y otros personajes tan queridos como Bobby, Shelly, James y Audrey, se convirtieron meramente en una nota a pie de página, quedando su pasado, presente y futuro, únicamente mencionados, no siendo el centro de la narrativa como en la obra original.

Sumémosle a eso, que el nuevo Twin Peaks formal y narrativamente acabó siendo un trabajo donde la sombra de Lynch fue mucho más poderosa que la de su co-creador Mark Frost, acabó convirtiendo al serial de la tarta de cerezas y los bosques frondosos, en algo mucho más cercano a la fragmentación narrativa de trabajos de Lynch como Inland Empire, que a la magnífica y muy querida primera temporada del serial, llevando muchos pasos más allá lo planteado en Fuego Camina Conmigo, para gozo de los incondicionales del director y asombro y desconcierto para el resto.



Algo así debe de haber pensado Mark Frost al realizar este Final Dossier, epílogo de la obra estrenada este pasado verano, por lo menos hasta el momento que quisieran decidir volver a este pueblo del noroeste de Estados Unidos. Si aproximadamente medio año antes de que volviera Twin Peaks a la ya no tan pequeña pantalla, Frost regaló a los fans un pequeño aperitivo con el Libro la Historia Secreta de Twin Peaks, un ambicioso e irregular repaso de Frost por la mitología de fondo de la obra original, ahora nos entrega un regalo fin de fiesta.

Este regalo de fin de fiesta, por supuesto es bienvenido por todos los que seguimos el serial más revolucionario de la historia de la televisión, pero también es cierto que dentro de los que queremos y adoramos Twin Peaks, están aquellos que tiran más hacia lo que hace Lynch y otros tiran hacia el tono de Frost. Yo me encuentro entre los primeros. Es por ello, que este Final Dossier se lee de una sentada y sus aproximadamente 150 páginas se disfrutan página a página, como cuando te reencuentras con esos amigos que no veías hace mucho tiempo y a los que siempre has querido. Pero también es verdad que Frost parece hacer un Twin Peaks para Dummies, convirtiéndose en El Archivista del serial, más que la otra mitad espiritual de la obra, dando un cierto orden y supuesta estructura, redundando en aquello sugerido en la tercera temporada y que no aporta más allá de detalles para ganar un Trivial, nada que no estuviera sugerido de manera absolutamente brillante por el críptico Lynch.



Más allá de ese supuesto orden y concierto, tenemos esos pequeños detalles que harán las delicias de los fanáticos del serial, como el destino de Leo Johnson, el funeral de Margaret y la averiguación de quién es el custodio de su querido leño o cómo está Annie. Pero también, Frost patina rizando el rizo con una historia tan rocambolesca como toda la de la familia de Norma Johnson, que hay que ver para creer, o el poco jugo que le saca a temas mucho más interesantes que a que dedicaba el tiempo libre el Doctor Jacoby, como los escuetos capítulos dedicados a Philip Jeffries, Judy o el destino de nuestro querido Agente Cooper y su fracturación del espacio-tiempo. O puede que no quieran contar más, ante una posible vuelta del serial en un futuro cercano. ¿Quién sabe?

Pero al final no hay que pedir más de lo que hay. Y este libro, aunque canónico dentro del corpus Peaksiano, es más un objeto de cinefilia, una pieza más del escaso pero fascinante mundo paralelo alrededor de la obra central, que realmente se vale y se sirve a si misma como objeto único, sin necesidad de estos tie-ins, disfrutables en la forma, pero en realidad, prescindibles en el fondo, a no ser que seas, como el que aquí suscribe, un fan fatal del serial más revolucionario y mítico de la historia del medio.

5 de septiembre de 2017

Twin Peaks: ¿Es el Futuro o es el Pasado? Reflexiones tras una final tan desconcertante como apasionante








“¿En qué año estamos?” grita un desolado Agente Cooper/Richard a una extrañada Laura Palmer/Carrie Paige tras visitar la casa de los Palmer habitada por almas diferentes en una nueva realidad. Pero el lamento y la desolación de Cooper abre la brecha entre dos mundos y esta nueva iteración de Laura Palmer escucha a la angustiada Sarah Palmer buscar sin éxito a su hija la mañana posterior a su muerte. Y Laura/Carrie grita mientras la casa de los Palmer se sumerge en las tinieblas. El misterio incocluso, el misterio eterno, el 8 de Philip Jefffries, la infinita búsqueda de respuestas. 

Ese grito escalofriante y el telón cerrado que representa la casa de los Palmer sumida en las tinieblas es el reflejo de una legión de espectadores que hemos buscado respuestas y explicaciones a lo ocurrido y cuyo reflejo en la pantalla es ese Agente Cooper, autoimpuesto salvador de princesas, que debido a ello, ha caído en el bucle infinito de la desesperanza y cuyo destino es similar al acaecido a otros agentes como Philip Jeffries, Chester Desmond o el propio Windom Earle. 






Así es como termina este retorno a Twin Peaks. Un retorno que nos ha tenido encandilados a sus seguidores a través de 18 apasionantes y extenuantes partes y que por supuesto se ha ido dejándonos con ganas de más. O no. Porque si en el primer visionado de esta finale apocalíptica y tras quedar aturdido por un epílogo que de nuevo expandía y remodelaba el universo de Twin Peaks, necesitaba una continuación, un segundo visionado y con la cabeza todavía echando humo, mi parte más analítica me dice que quizá todo está ahí, que solo tenemos que armar las piezas del puzzle. 

Esto ya había ocurrido en Twin Peaks. Lo que parecía un típico “whodunit” con personajes más o menos estrafalarios, se convirtió en algo más con la escena de la Habitación Roja del segundo episodio del serial, para volver a darle una vuelta de tuerca en el piloto de una segunda temporada, donde las profecías, la entrada de seres de otra realidad, se convirtió en la orden del día, para terminar una irregular temporada, con un nuevo golpe a la razón con esa cita con el destino que fue la entrada de Cooper a la Habitación Roja provocado po la falta de coraje suficiente. Y de nuevo, un nuevo paso más allá con Fuego Camina, Conmigo. 






Y este Regreso, a medida que han ido pasando los capítulos, ha sido un salto de fé continuo, desde la apoteósica e incómoda premiere, pasando por ese definitorio octavo episodio hasta llegar a un final y epílogo que entronca con las raíces de los sueños y las alucinaciones, donde somos testigos que todo es real y todo es imaginado, donde el sinfín de realidades, representado en el Teseracto que le entregaba The Fireman a Andy, se entrecruzan, se bifurcan y se fusionan. 

Desde un punto de vista que rompe la cuarta pared, este impactante final, demuestra aquello que no pudieron hacer Lynch y Frost en la serie original. El misterio de la muerte de Laura Palmer era la excusa, un misterio inescrutable que a medida que se averiguaba más, abría más incógnitas que las que resolvía, como si fuéramos arrancando lentamente los pétalos de la Rosa Azul, símbolo de los misterios inexplicables y perdición de aquellos que querían acceder a sus misterios. 






Pero ese misterio daba paso a las historias de mil y un personajes que habían sido tocados de lleno, o de refilón por el gran misterio, los cuales, dentro de ellos se encontraban otros mil y un misterios, quizá más terrenales, quizá más vulgares, pero que de la mano de Lynch y Frost, se convertían en misterios que merecía la pena resolver. 

Y así, de Twin Peaks pasamos a Deer Meadow y de allí a Buckhorn, South Dakota y de ahí a Las Vegas, para volver a Twin Peaks y sus múltiples portales dimensionales, encuadrados entre los bosques de Twin Peaks y el hogar de los Palmer, para llevarnos al desierto de Nuevo México, origen de todo, traspasándonos a Odessa, donde el misterio no hace más que continuar. 






Pero aunque todo cambie, hay dos elementos que se mantienen constantes en este multiverso. Laura Palmer y Dale Cooper, ya se llamen Carrie, Teresa Banks o Annie Blackburn ,o Dale, Dougie, Richard o Chester Desmond. Una víctima y un caballero de brillante armadura. La historia se repite incesantemente y el mago (Cooper) debe conseguir entrar entre dos mundos para poder solucionar un misterio inexpugnable que acaba sacando a ambas piezas del tablero de la “realidad”. 

En este juego de espejos, donde la Logia Blanca y la Logia Negra, se traspasa a la supuesta realidad entre ese juego de contrarios que son Twin Peaks y Deer Meadow, o el Twin Peaks del Regreso, reconvertido en Deer Meadow y una chispeante Las Vegas, donde las aventuras de Dougie son lo más cercano al espíritu y tono del Twin Peaks original, es todavía complicado, aventurado y pretencioso sacar conclusiones precipitadas, sobre todo cuando la obra original nos ha tenido ocupados y entretenidos 25 años, desentrañando la cantidad de interpretaciones que se podía sacar de ellas. 






A bote pronto, y basándome en mis impresiones tras el ataque a los sentidos que fue una finale que comenzó como un extraño pero brillante sueño y se acabó convirtiendo en la mayor de las pesadillas, dejo algunas de las conclusiones que mi embarullada cabeza es capaz de discernir y que seguramente serán papel mojado dentro de 24 o 48 horas. 

“¿Es el futuro o es el pasado?” es la frase clave de toda la obra. Porque el pasado y el futuro son maleables y todo ocurre en una dimensión externa donde no rigen las reglas del pasado, presente y futuro y todo ocurre a la vez, en un cinta de Mobius que no para de dar vueltas y que a veces se entrecruza, fusionando realidades. 






La bomba atómica abre un portal dimensional, expulsando a Judy y a Bob y a sus lugartenientes, los Woodsman, que a través de un cántico sobrenatural, insertan en la realidad a dichas entidades. Entrando Judy en la joven de Nuevo México que se convertirá en Sarah Palmer y que infectará con la semilla de Bob al joven Leland Palmer que vemos besarla de manera pacata previamente. 

Pero el destino de una Laura Palmer de la que se ha encaprichado un Bob encarnado en un lascivo Leland Palmer, rompe los planes de Judy/Mother cuando la mata, desobedeciendo las reglas impuestas por esos seres del otro lugar que vivían plácidamente alimentándose del dolor y el sufrimiento de los seres humanos, de sus pequeñas y grandes desgracias. Tanto Bob como Cooper posteriormente, rompen las reglas, cada uno a su manera, el primero matándola, víctima de su precipitada y descontrolada furia y el segundo, al intentar salvarla la noche de su fatídica muerte, cuando el drama de Laura había comenzado seis años antes. Ambos destruyen el frágil equilibrio entre el bien y el mal que existe en ambas realidades, dejando el primero un Twin Peaks yermo y el segundo, eliminando toda la magia que existía en este universo de Twin Peaks. 






Así, ambas némesis, aunque opuestas, complementarias, pagan ambas su pecado. Bob, ardiendo por el mismo Fuego con el que caminaba y Cooper, atrapado en un sinfín de realidades, cada vez más grises y más cercanas a nuestra realidad, no dejando descansar a una Laura Palmer que quizá no necesitaba seguir siendo La Elegida y solo quería vivir una vida tranquila y rutinaria. 






Pero no me quiero extender más, porque ya habrá tiempo de elucubrar y revisitar una población, una obra y sobre todo un estado de ánimo, como es Twin Peaks. Y volver a sumergirse en sus secretos, en sus misterios, en su atmósfera, tan mutable como eterna, tan compleja como apasionante. Solo dar las gracias a David Lynch y a Mark Frost por tan tremendo viaje. Por subir las apuestas 25 años después, con una continuación/reinterpretación de un material que fue tan adelantado a su tiempo, como este Regreso lo es en 2017. Si la historia termina en este pesadillesco viaje, me quedaré satisfecho y si quieren volver a adentrarnos en este fascinante mundo de espejos y reversos, me tendrán el primero, ansioso por saber como continúa un universo que se ha quedado impregnado en mi ADN para siempre. GRACIAS. 





































28 de junio de 2017

Twin Peaks o el Mal hecho por los hombres


























“Quizás Bob no sea más que eso… El Mal hecho por los Hombres”
Albert Rosenfeld, Miguel Ferrer. Twin Peaks Temporada 2 Episodio 9

El domingo pasado, David Lynch y Mark Frost hicieron historia de la televisión. Y no solo de la televisión, sino del noveno arte en su conjunto, al emitir una hora absolutamente prodigiosa de serial televisivo, origen de una mitología críptica y video-arte contemporáneo. Porque cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo en Twin Peaks y en la obra de Lynch, los creadores del serial entregaron un regalo maravilloso a sus seguidores y un caramelo envenenado a todos aquellos que se habían apuntado al carro de Twin Peaks, porque estaba de moda apuntarse a la nostalgia de una serie que tanto ahora como hace 25 años en el momento de su emisión original, siempre ha ido miles de pasos por delante tanto de su público como de los demás creadores de ficción que hay y habían tanto en la actualidad como a finales de los 80 y principios de los 90.

En las siete horas previas a la emisión de esta octava parte de la obra definitiva de David Lynch, quizá el episodio más importante de la historia del serial, Lynch y Frost habían maravillado y desconcertado a partes iguales a los seguidores de la serie de culto por antonomasia con esa mezcla esquizofrénica y apasionante de géneros televisivos y cinematográficos donde cohabitaban sin miedo y pudor el humor de Jacques Tati, el surrealismo más desacerbado, el relato de horror y ciencia ficción, aderezado por los repuntes de violencia más malsana y descarnada que hemos podido ver en la ya no tan pequeña pantalla.






Pero a lo largo de esas siete horas, sobre todo en su séptima parte, los creadores habían comenzado a dejar vislumbrar el camino que había arrancado de manera tan radical y fracturada. Parecía que los misterios comenzaban a encaminarse hacia una narración más convencional y la cercanía a ese Twin Peaks que conocíamos de la serie original estaba más cerca que nunca. Tanto es así que progresivamente, a lo largo de las siete partes emitida hasta el momento, cada una de ellas iba teniendo más momentos en la localidad que da título tanto a la serie original como a este Regreso.

Y los primeros diez minutos de esta octava parte parece que iba a seguir ese camino de la narración convencional y de desarrollo de los misterios planteados, mientras somos testigos de la huida de Mr.C y Ray de la prisión en la que estaban retenidos. Y parece que vamos a averiguar que son y a donde apuntan esas coordenadas que traen de cabeza a Mr. C y que solo Ray conoce.

Nada más lejos de la realidad. Ray baja a orinar, Mr. C coge su pistola y piensa sacarle esa información por la fuerza y acabar con él en el proceso. Pero Ray tiene su propio plan y dispara a Mr. C no sin antes dejarle descubrir que ha sido engañado y sus balas son de fogeo. Mr. C se desploma en el suelo y el infierno se abre paso en la tierra tanto para un atónito Ray, como para los espectadores.






Ocho figuras espectrales de unos leñadores/vagabundos carbonizados rompen el espacio/tiempo y se abren paso a través de una brecha en la realidad y comienzan a realizar un ritual diabólico y ancestral alrededor del inerte cuerpo de un Mr. C que es poco más que un pelele en manos de estos seres sobrenaturales y donde Lynch vuelve a epatar al espectador con una producción de sonido que solo puede considerarse fuera de este mundo.

Interludio de la interpretación más fantasmagórica y bella de Nine Inch Nails en el Roadhouse y viajamos en el tiempo al pasado. Concretamente al 16 de Julio de 1945 en el desierto de Nuevo México, lugar histórico donde se hizo la primera prueba atómica con la misma bomba que menos de un mes después arrasara Nagasaki y nos hiciera entrar en la era atómica y el principio del fin para la humanidad.

Porque Lynch y Frost, a través de una secuencia lisérgica, acrecentada por las técnicas de la macrofotografía, nos hace testigos hipnotizados del origen del universo de Twin Peaks, de la brecha de la realidad entre nuestro universo y la llegada de unos seres que no pertenecían a nuestro mundo, a través de una secuencia tan eterna como fascinante que hasta el momento parecía más cercana a las exposiciones de video-arte, que a una serie de televisión acontecimiento en prime time.






Y tras una secuencia que trae al recuerdo el viaje lisérgico del protagonista de la magna 2001 de Stanley Kubrick llegamos a ese mar de tranquilidad y monocromo con tintes violáceos que ya visitamos en los 20 primeros minutos de la tercera parte de este Retorno a Twin Peaks, junto a un Agente Cooper que como el mago del famoso poema, quería encontrar una posibilidad para salir entre dos mundos. En su interior, nos encontramos con “??????” antes conocido como El Gigante y la Señorita Dido y volvemos a un nuevo cambio de tono y texturas dentro de esta octava parte, retrotrayéndonos a la época gloriosa del cine mudo, con Murnau o Cocteau como referentes.

Algo rompe la paz y tranquilidad y de estos seres, quizá los protectores del equilibrio del universo y cuya localización podría bien ser La Logia Blanca mencionada en la segunda temporada del serial y nunca vista. La ruptura de la paz y el principio del fin es la explosión provocada por la prueba atómica y el nacimiento de unas esporas surgido de la expulsión de un material orgánico, que parece la garmonbozia, de manos de un ser parecido a la entidad que aparecía en la caja en Nueva York en la primera parte de este regreso. Entre esa miríada de huevos encontramos una matriz de color grisácea que contiene el rostro de la entidad conocida como Bob, idéntica a la extraída de Mr. C a manos de esos leñadores del averno en su tétrico ritual.






“?????” como dios creador del universo expulsa de su interior una entidad, una bola de energía dorada que es entregada a la Señorita Dido y que contiene la esencia de Laura Palmer. El nacimiento del bien y del mal. La confrontación de la luz y la oscuridad, provocada por la acción de un hombre que se creía dios y que ha desatado el infierno en la tierra y que arderá como Prometheo al querer acercarse y convertirse en los dioses a los que veneraba y a los que ha perdido el respeto.

Y tras una escena que aúna esa magia propia de los albores del cine y que guarda semejanzas estilísticas con el epílogo de Fuego Camina Conmigo, donde Laura y Dale son testigos de la llegada de un ángel que le ofrece la redención a una Laura Palmer, que emocionada, asciende a los cielos y que vuelve a demostrar que los acontecimientos en Twin Peaks no tienen un inicio y un fin, sino que son a la vez causa y consecuencia -“es el futuro, o es el pasado”- llegamos al bloque final de un episodio excelso.






Avanzamos 11 años, a 1956 y somos testigos de la creación/llegada/transmutación de los seres que vivían en la parte superior de la tienda de oportunidades (Convenience Store en el original). Porque mientras una pareja de adolescentes salidos de una película de Nicholas Ray de los años 50 intentan de manera pacata adentrarse en los enigmas de la sexualidad y el contacto físico humano, el infierno se apodera de una localidad de Nuevo México, cuando un fantasmagórico grupo de leñadores/vagabundos aterrorizan a los habitantes de la población encerrados en sus automóviles y su "american way of life", consecuencia de los terribles actos de la bomba atómica.

Lynch y Frost homenajean y dan una vuelta de tuerca a la sci-fi de los años 50 y su paranoia comunista y atómica con estos vagabundos/leñadores carbonizados y electrostáticos que han quedado encerrados entre dos mundos por la explosión nuclear y las consecuencias de la radiación, mientras el “líder” de estos seres repite incansablemente rodeado de electricidad, “¿Tienes Fuego?”.






A partir de ahí, el horror inunda la pantalla, mientras este ser mata a los empleados de una radio local y transmite un mensaje, poema “beat” o invocación, que invita al resto de seres de esa otra dimensión a que atraviesen la oscuridad del futuro pasado y encuentren la manera de entrar por la brecha de los dos mundos para que tomen y castiguen a los seres humanos que habitan en nuestra dimensión.

Y uno de esos huevos, que anteriormente hemos visto eclosionar en el desierto que rodea la población de Nuevo México y que de su interior sale una criatura parte cucaracha, parte saltamontes, parte rana, entra a la habitación de la chica de los 50 vista anteriormente y se introduce en su organismo a través de su boca para engendrar, ¿la semilla del mal?¿Bob?.






Porque Mike ya se lo comunicó a Cooper, Harry, Gordon y Hawk en el sexto episodio de la segunda temporada. Bob lleva entre nosotros unos 40 años. Y si la serie original transcurría en el año 1989, las fechas encajan con lo visto en este capítulo.

Y es así como Lynch y Frost han decidido explicar y expandir hasta los límites del tiempo y el espacio, la mitología de un serial que comenzó con el trágico, pero convencional asesinato de una chica de 17 años en la localidad de Twin Peaks. Pero como en la serie original Laura Palmer era el pegamento que unía el universo de Twin Peaks y a todos los habitantes y tramas de la localidad, ahora Lynch y Frost dan un salto de fé y le piden al espectador otro salto de fé, convirtiendo a Laura, a su esencia o espíritu, en el pegamento que una a un universo que se resquebraja y que ha infectado a lo largo de 70 años a una humanidad que jugó a ser dioses y solo trajo el apocalipsis a nuestras vidas.








Y todo ello en escasos 58 minutos que te dejan con la boca abierta, que abre nuevas puertas a la narrativa audiovisual, que homenajea los picos creativos previos a ella en las artes audiovisuales, que fascina, que remueve, que lleva un paso más allá a una obra que ya era revolucionaria y más atrevida que cualquier ficción previa, actual o futura. Dos artistas en la cumbre de sus facultades creativas y que estamos siendo testigos semana a semana, viendo como la magia y el arte se fusionan para entregarnos una obra maestra eterna. Si esto no es la cumbre del arte, que venga “??????” y lo vea.

9 de junio de 2017

Twin Peaks El Regreso o el Fin de la "Americana"




El regreso de Twin Peaks a la ya no tan pequeña pantalla, 26 años después de su abrupta cancelación en junio de 1991 con su segunda temporada y 25 años después del vapuleo a una obra tan fuera de su tiempo y tan magistral como fue la precuela/secuela de Twin Peaks, rompe todas las expectativas que se esperaban de ella y ha sentado como un mazazo a todos aquellos que creían que este regreso iba a ser una apología de la nostalgia.

Twin Peaks, serie de televisión y entorno en el que se desenvolvía el serial multigenérico, era el perfecto reflejo de lo que se ha venido en denominar Americana, esa nostalgia de la vida idealizada que ocurrió entre 1880 y la llegada de la I Guerra Mundial, donde los Americanos por última vez en su historia -tras conquistar la “Última Frontera” y ser vencedores de la Guerra entre España y Estados Unidos- creyeron entender con orgullo lo que supuestamente significaba América y sentirse Americanos.



Dicha "vida idealizada" se localizaba en pequeños pueblos y pequeñas ciudades, donde sus habitantes se reunían alrededor de una plaza central y sentían que tenían el país que querían, donde la celebración del 4 de Julio, la tarta de manzana y lo que les decían los medios de comunicación, sus escuelas e instituciones era la verdad absoluta y no querían que eso cambiara.

Es por eso que la nostalgia por esa Americana es algo hacia lo que los Estados Unidos miran habitualmente, al igual que la mayor parte del mundo occidental, motivado por su invasión mediática y cultural, porque el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI no ayuda a que se deje de idealizar una época que en apariencia era perfecta. Para Estados Unidos, la caza de brujas, la guerra fría, el asesinato de los Kennedy, Martin Luther King, la muerte de incontables jóvenes americanos en guerras que solo servían a los intereses de una minoría como Vietnam, Irak, Afganistan, 11-S, etc.. les hace retrotraerse a otra época donde los jardines de viviendas unifamiliares con su impoluta valla blanca de fondo, el cielo azul, las barbacoas, el carrito de los helados y los vecinos sonrientes y en apariencia encantadores eran la cúspide de la felicidad.



El Twin Peaks original tenía mucho de todo eso. La población, los bosques con sus abetos Douglas, la Doble R y sus tartas de cereza celestiales, las cataratas del imponente Gran Hotel del Norte o las avenidas de zona residencial de clase media en auge donde vivían los Palmer, los Hayward y los Briggs eran el sueño de una población que se resistía al cambio y parecía protegida de los males de la realidad.

Pero un buen día, se dieron cuenta que el paraíso tenía un precio, cuando su Reina del Baile y en apariencia perfecta adolescente Laura Palmer, otro epítome de la Americana, apareció muerta en las orillas del río de la localidad, envuelta en plástico. Y la aparente normalidad se rompió, acrecentada por la llegada de un forastero, El Agente Especial Dale Cooper, que traía a Twin Peaks el veneno del presente y también sus demonios internos -la muerte de su amada y la caída a los infiernos del que fue su amigo y mentor- pero que sabía encubrir hacia a aquellos que le rodeaban y a si mismo, al quedar anonadado por la pureza, la nobleza y el ambiente de ese pueblo fuera del tiempo que era Twin Peaks.

No importaba que una vez que comenzaba la investigación del en un principio frío y distante, pero encantador Agente Cooper, los trapos sucios del en apariencia inocente pueblo salieran a la luz, con sus capitanes del equipo de fútbol traficando con drogas, prostitución en la frontera financiada por figuras respetables de la comunidad, incestos paternales, relaciones paterno-filiales quebradas y orgías en el bosque a la luz de la luna. La música de Angelo Badalamenti, celestial, glamurosa y adictiva y el encanto de unos personajes que vivían cada uno de ellos en su propia Americana, ayudaban a que el espectador y los personajes vivieran una situación de aparente felicidad y tranquilidad, porque en el fondo y por mucho que supieran que algo malo se escondía bajo la aparente paz que reinaba en Twin Peaks, lo querían así, claro reflejo del aislacionista pueblo americano que ha querido vivir su existencia sin interesarse y ser influídos por el mundo exterior que les rodea.



Y así se lo hizo ver el Sheriff Truman en la conversación que mantiene este con Cooper, acompañado de Hawk y Ed en la cafetería de la Doble R, donde le explica el lado oculto y oscuro de Twin Peaks

“Twin Peaks es diferente, está alejada del mundo, como habrás comprobado. Y así es exactamente como nos gusta. Pero también hay una contraprestación para ello, algo diferente. Quizá es el precio que pagamos por el resto de cosas buenas. Hay algún tipo de mal allí fuera. Algo muy, pero que muy extraño en estos viejos bosques. Llámalo como quieras, una oscuridad, una presencia. Puede tomar muchas formas, pero siempre ha estado ahí. Y todos estamos aquí para luchar contra él”.

Esta historia se la cuenta Harry a Cooper en uno de los primeros episodios de la primera temporada, posiblemente en el cuarto o quinto aproximadamente. Y en ese momento -aunque ya teníamos sospechas y detalles de que en Twin Peaks se cernía algo sobrenatural, tras el sueño de Cooper y las visiones de una desquiciada Sarah Palmer- todavía el serial no había abrazado su aspecto sobrenatural como si hizo en la segunda temporada y en el filme Fuego Camina Conmigo.



Es en dicho filme donde descubrimos que Bob, el espíritu que anidaba en Leland Palmer y posteriormente anidaría en el agente Cooper, tenía un pacto con los en apariencia entes benignos del serial, concretamente con Mike el Manco y el Hombre de Otro Lugar posteriormente conocido como El Brazo, donde Bob podía matar a una víctima seleccionada por el cónclave, para luego entregarles parte de la Garmonbozia, una especie de maíz cremoso guisado, que representaba el sufrimiento y el arrepentimiento de Leland tras matar a su hija Laura.

Este macabro ritual y sus connotaciones lo emparentaban con la conversación que he transcrito entre Truman y Cooper. ¿Es posible que la paz y estancamiento de la población de Twin Peaks, en la que el mundo exterior nunca infectaba a la población y a sus habitantes, se basara en la premisa de que una víctima ritual cada cierto tiempo debía ser entregada a estos seres que vivían entre dos mundos, para que Twin Peaks nunca cambiara y la llegada de Cooper y sus descubrimientos comenzara a resquebrajar esa calma chicha de la localidad?.



Otra pista de todo esto lo encontramos en la conversación que mantiene Jean Renault con Cooper cuando el primero le tiene secuestrado en la cabaña blanca en el episodio 12 de la segunda temporada del serial:

“Antes de que llegaras aquí, Twin Peaks era un bello lugar. Mis hermanos vendían drogas a través de los adolescentes del instituto y los camioneros. Jack el Tuerto daba la bienvenida a los hombres de negocio y a los turistas. La gente tranquila vivía una vida tranquila. Entonces, una chica guapa murió y tú llegaste y todo cambió. A mi hermano Bernard lo mataron en los bosques, un padre atormentado por la muerte de su hija ahogó con una almohada a mi hermano Jacques, secuestros, muertos. La gente tranquila ya no volvió a estarlo. De pronto, un sueño tan simple, se convirtió en una pesadilla. Es posible que tu trajeras la pesadilla contigo y es posible que la pesadilla muera cuando tu mueras”.

Estas proféticas palabras de Jean Renault cobran sentido en el episodio final de la segunda temporada de Twin Peaks. Windom Earle, el antiguo compañero y maestro de Cooper secuestra a Annie Blackburn, la amada de Cooper y la lleva consigo a la Logia Negra para conseguir el alma de este. No hay que olvidar que Cooper tuvo una relación con la mujer de Earle y que este último la mató cuando Cooper la protegía dejando malherido a nuestro querido Agente Especial, tanto física como psicológicamente. Cooper había traído su pesadilla a Twin Peaks y para él y para el pueblo nada volvería a ser lo mismo. Cooper entra en la Logia, pero sin su capacidad analítica y su frialdad detectivesca, entra como un hombre enamorado y debilitado. Y todos sabemos lo que le ocurre. Su verdadero yo queda atrapado y a Twin Peaks vuelve su doppelganger maligno impregnado de la semilla del demonio Bob.

25 años después hemos vuelto al universo de Twin Peaks y por lo que hemos visto, el pacto que tenía Bob con sus congéneres del otro mundo lo ha roto, no volviendo a entregarles periódicamente la Garmonbozia y extendiendo su veneno más allá de las fronteras de la ficticia pequeña localidad del noroeste de los Estados Unidos. Y hemos visto breves retazos de la localidad en los primeros cinco capítulos que hemos podido disfrutar hasta el momento. Hemos visto a Hawk, a Lucy, a Andy, a Lady Leño, a los hermanos Horne, a Bobby, al Doctor Jacoby, a Shelly y a Norma. Pero les falta “algo”, al igual que ese “algo” perdido que Margaret le dice a Hawk que se necesita para encontrar a Cooper. Lo mismo ocurre con los escenarios icónicos del serial, como el Gran Hotel del Norte, la Doble R o el Roadhouse. Son los mismos pero no lo son. Ya no suenan los acordes de Angelo Badalamenti que nos hacían sentir seguros y reconfortados en dichos escenarios. Ya no hay, como le decía El Hombre del Otro Lugar a Cooper en su primer sueño en el tercer capítulo de la primera temporada, “música en el aire”.



Twin Peaks, la localidad, sus habitantes y sus escenarios están muertos en vida. Les falta algo o les sobra algo. Y es que parece que las acciones de Cooper y su intrusión como un virus en la vida de la localidad y la ruptura del pacto de Bob, han dejado muerta el alma de la localidad, como si el mundo exterior y la terrible actualidad contemporánea haya irrumpido en la antaño icónica población como un torbellino y le hubiera quitado su esencia. La Americana, con lo bueno y con lo malo, ha sido mancillada por la intervención de un forastero que puso su hipócrita normalidad patas arriba y a la vista de todos, enfrentándolos a todos con su doppelganger.

Ejemplos, múltiples y variados. El Roadhouse, tanto en la serie original como en el filme, era un bar de moteros de los años 50 -más cercanos al movimiento beatnik que a los rebeldes sin causa del cine de James Dean- donde solo se escuchaba la música celestial de una Julee Cruise que parecía haber salido de una brecha entre dos mundos. Ahora es un bar de hipsters donde todo tipo de grupos musicales contemporáneos tocan en él y que podríamos encontrar en cualquier lugar de Estados Unidos o del mundo. Ya no tiene personalidad. Se ha gentrificado. Y algo aún peor. En el piloto de la primera temporada, cuando Donna entraba en el Roadhouse para encontrarse con James Hurley, Bobby Briggs y Mike Nelson intentaban agredirla era inmediatamente rescatada por el honesto Ed Hurley y el grupo de moteros amigos de James. En esta nueva iteración del serial, concretamente en el episodio 5, vemos como un turbio individuo que tiene tratos con algunos elementos de la policía local, al que los créditos finales nos descubren que es un nuevo miembro de las nuevas generaciones de los Horne- agrede sexualmente a una joven de la localidad a la vista de todos los clientes del local, sin que nadie haga nada por ayudarla. Un triste reflejo del mundo en el que vivimos y del que los habitantes de Twin Peaks intentaban escapar.



Lo mismo ocurre con la historia de Betty, la hija de Shelly Johnson, y su politoxicómano novio. Ambos son un reflejo de la relación auto-destructiva entre Laura Palmer y Bobby Briggs, pero en el original había un aura de ensoñación, de glamour, de cercanía y empatía con dichos personajes y su historia. Aquí, esta relación se narra de manera cruda, anticipando que el personaje de Betty correrá un camino similar al de su predecesora Laura Palmer, pero sin ese aura mítica de la historia de Laura. Betty, el personaje interpretado por la actriz Amanda Seyfried no está hecho para ser el icono de un pueblo, unos personajes, o una historia. Es vulgarmente real. O para rematar, el ejemplo más visual lo encontramos en el discurso de la Alt-Right americana del Doctor Jacoby, ejemplo de los radicalismos que la pérdida del sueño americano ha provocado en esas localidades donde creían que la Americana sería algo eterno, el Camelot del Rey del Arturo.

Es por ello que los seguidores del serial que añoran los elementos más nostálgicos del mismo, se sienten extraños e incómodos ante este nuevo Twin Peaks. Por eso no suenan los acordes de Angelo Badalamenti en cada escena y cada plano, por eso nadie baila como Audrey Horne en la Doble R bajo los acordes de los temas de Badalamenti salidos de la JukeBox o el pueblo parece estar desierto y falto de vida. Porque los causantes de la irrupción de la realidad en la Americana, el Agente Cooper y el diabólico Bob, lo destruyeron. Y tendrán que volver allí y devolver a la población y al serial esa vida eterna que tenían, para lo bueno y para lo malo, al igual que Cooper necesita recuperar su alma, y los seres del Otro Lado necesitan recuperar su Garmonbozia. Para que todos ellos y la localidad recuperen esa Americana que se ha perdido, tanto en el mundo real como en este pequeño universo de ficción tras 25 años que se dicen pronto. Que eso sea algo bueno o algo malo, dependerá del ojo que lo ve y lo que prefiera, la crudeza de lo real o la hipocresía de la apariencia.

23 de mayo de 2017

Twin Peaks: El Regreso. Un David Lynch desatado y en plenas facultades creativas reinventa de nuevo el medio televisivo























Tras más de 25 años y dos tazas de café y sendas porciones de Tarta de Cerezas (gracias Marta) me metí en vena las 4 primeras horas de la continuación de una de las obras que han formado mi visión del mundo, mi manera de entender el arte y que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, porque nunca abandoné sus bosques, sus misterios, sus personajes y su universo, al que he vuelto incontables veces a lo largo de estos más de 25 años.



Es difícil transmitir con palabras las sensaciones y sentimientos tras cuatro intensas horas donde Lynch y Frost han dado la vuelta al serial de referencia de la historia de la televisión contemporánea, porque todo ha vuelto, pero nada es igual, al menos en apariencia. Y cuando todavía mi cabeza sigue bullendo, intentaré transmitir mis impresiones de lo que es desde ya una nueva manera de entender las series de televisión.



Primer aviso a navegantes: Este regreso de Twin Peaks no es para todo el mundo. No es un ejercicio de nostalgia y de regreso a los confortables orígenes del noroeste de Estados Unidos. Así que todos aquellos, nuevos y viejos seguidores, que crean que Lynch y Frost les van a llevar por caminos conocidos y por los Greatest Hits de la cultura popular que hicieron trascender al serial como los zapatos de Audrey, la tarta de cereza, la serrería y los culebronescos acontecimientos que allí acontecían, pueden darse por perdidos.



En cambio, aquellos que adoramos la obra de Lynch como un todo, del Lynch más experimental, más arriesgado, más abstracto, están de enhorabuena. La libertad creativa prometida por Showtime ha dado sus frutos y tenemos a un Lynch en plena efervescencia creativa, donde estamos más cerca de obras como sus cortometrajes de juventud como The Alphabet y The Grandmother (esa escena onírica con la que arranca el tercer episodio y que desde ya se encuentra entre los grandes momentos del cine de Lynch), a Cabeza Borradora, Carretera Perdida o Inland Empire.



Lynch fracciona y cuartea la trama en subtramas en apariencia independientes y completamente fuera de tono (en apariencia) a lo que los seguidores del serial estaban acostumbrados. Pero eso ya fue ocurriendo a medida que avanzaba el serial. Del piloto de la primera temporada al piloto de la segunda temporada hubo un mundo y un cambio de tono donde la experimentación Lynchiana comenzaba a florecer. Y lo mismo del piloto de la segunda temporada al magistral capítulo final con el precipitadamente terminó el serial. Y más aún con su precuela/secuela Fuego Camina Conmigo.



Porque los primeros capítulos de este regreso por todo lo alto es a Fuego Camina Conmigo lo que Fuego Camina Conmigo al piloto original. Una ruptura de las normas, un cambio de juego absolutamente fascinante que deja descolocado al espectador pero que no te permite que te pierdas ni un segundo lo que ocurre en las fascinantes imágenes que bombardean tu cerebro haciéndotelo explotar.



Poco quiero contar de lo que acontece en estas primeras cuatro horas que si continúan con el mismo nivel van a dar como resultado las 18 horas más extrañas, terroríficas, absurdas, hilarantes y embriagadoras que han dado el medio televisivo en toda su historia. Ya habrá tiempo de ir analizando minuciosamente lo acontecido en cada episodio, en cada escena, en cada minuto. Solo un consejo, dejaos llevar de la mano del mayor prestidigitador de la historia del cine, no tengáis miedo a no comprender, disfruta de las sensaciones que como un mazo caen en ti a medida que se va desgranando la madeja y por supuesto, revisad no una si no varias veces la magistral y vapuleada Fuego Camina Conmigo, y sus Missing Pieces, porque hace 25 años Lynch plantó la semilla de esta obra magna que no ha hecho más que empezar. No os arrepentiréis.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...