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28 de mayo de 2016

Los Hijos del Crepúsculo: Un bello relato de realismo mágico entregado por Beto Hernández y Darwyn Cooke




















La recepción de estos Hijos del Crepúsculo (gracias ECC Ediciones) ha coincidido lamentablemente con el repentino e inesperado fallecimiento de Darwyn Cooke, para mi uno de los grandes ilustradores que ha tenido la historia del cómic. Y lo que iba a ser únicamente la lectura de la nueva obra de uno de mis autores favoritos ha sido mi despedida.



En esta ocasión y acostumbrados a que Cooke en los últimos años nos entregara obras como autor completo, la autoría y la creación de esta obra editada por el sello Vertigo de DC Comics la comparte con Gilbert Hernández, más conocido por los lectores de Love and Rockets como Beto Hernández, autor de obras tan maravillosas y únicas como su Palomar.



Al igual que sus historias de "Sopa de Gran Pena", estos Hijos del Crepúsculo transcurre en una pequeña población muy parecida a la representada en Palomar, donde un extraño suceso se repite con asiduidad ante el asombro pero a la vez normalidad de los vecinos, que es la aparición de una esfera de luz y las consecuencias incomprensibles de la misma.



Pero como siempre, este realismo mágico, tan recurrente en la literatura sudamericana y en la obra de este autor, realmente es una excusa para adentrarnos en las miserias y alegrías de un elenco de personajes donde el amor, el sexo, las envidias y en general todo lo que nos hace humanos es representado en esta pequeña población.



Quizás el mayor problema de esta miniserie de cuatro ejemplares, aquí publicada en un bello tomo, es que nos quedamos con ganas de saber más de estos personajes, de su vida, de su pasado, al estilo de como conocimos de Luba, una de las protagonistas de ese fascinante reparto coral que es Palomar. Y en cuanto al componente sobrenatural, su explicación, como todo elemento sobrenatural que se precie de serlo, queda abierto a la interpretación y a la discusión, cerrando la historia con un emotivo flashback.



En cuanto a la aportación de Cooke, magistral como siempre. Apoyado y realzado por la paleta de color de Dave Stewart, Darwyn Cooke consigue un equilibrio entre su particular, limpio y brillante estilo cartoon, y el trazo caricaturesco y el ritmo de las obras de Beto como dibujante, sabiendo aportar dinamismo a la lectura, con composiciones de página más cinematográficas, junto a páginas más cercanas al tempo de los trabajos de Beto como autor completo.



En definitiva, una obra bella y melancólica, quizá algo irregular pero que sirve de perfecta despedida a un dibujante y autor único en su especie y para seguir constatando que Beto sigue estando en buena forma, aunque aún esperemos que nos vuelva a deleitar con un trabajo de la calidad de ese Palomar que ahora mismo parece inalcanzable.

17 de mayo de 2016

Recordando a Darwyn Cooke (1962-2016)






















El viernes 11 de Mayo, los aficionados a la historieta recibimos un mazazo con la noticia de que Darwyn Cooke estaba en cuidados paliativos combatiendo un cáncer. El sábado por la mañana, el mazazo fue mayor al saber que acababa de fallecer. No me lo podía creer.

Mi primer acercamiento a la obra de Cooke fue en el tiempo que pasé trabajando en Madrid Cómics, hace ya la friolera de 15 años. Gracias a la recomendación de Eloy Rubio, uno de los dueños de la mítica tienda madrileña, me llevé un especial prestigio de Batman llamado Ego, el primer trabajo del autor en el mundo del cómic.

Porque Cooke, aunque intentó trabajar en la industria en los años 80, no tuvo suerte y se refugió en la animación. Gracias a esto, colaboró en tres series imprescindibles para el mundo de la animación y el cómic: Batman, Superman y Batman Beyond. Junto a Bruce Timm, redefinieron como debía ser el universo DC.



Y su primer acercamiento con Batman: Ego, un ejercicio introspectivo de la mente del atormentado héroe, dejaba entrever lo mejor de Cooke, esa mezcla de tradición y respeto, con toques pulp y noir, una fusión de Dick Sprang y Will Eisner, pasado por el tamiz de la factoría de Bruce Timm, que te hacía disfrutar de un tebeo de una manera apasionada.



Muy poco después, llegó su corto pero influyente aproximación a Catwoman junto a otro nuevo talento que nos daría muchas alegrías, Ed Brubaker. Cooke redefinió la imagen de la la ladrona Selina Kyle, igualmente sensual, pero mucho más elegante que la neumática contrapartida de los años 90.



Tras este corto trabajo y pequeños trabajos como la deliciosa miniserie para Marvel, Lobezno y Doop, guionizada por Peter Milligan, se embarcó en su obra más ambiciosa, DC The New Frontier, donde reinterpretó con mucho respeto y plásticamente inmejorable los cimientos de la DC Comics de la Silver Age. Una obra capital del cómic de superhéroes de los últimos 20 años, que dejaba entrever en su inteligencia e inocencia, que los superhéroes debían representar las utópicas aspiraciones del ser humano, convirtiéndoles a la vez en unos personajes tremendamente humanos pero también tremendamente icónicos.



Y si este tebeo no fuera suficiente y una obra de compra obligada para todo fan de los héroes enmascarados, su Spirit no se queda corto. Y aunque la sombra de Eisner es alargada, los 12 ejemplares que dedicó a la creación más famosa de Will Eisner son una pequeña joya que seguramente Eisner habría disfrutado.



Estas dos últimas obras aunaban los intereses y gustos de Cooke: tanto la aproximación a esa América utópica y bella donde Frank Lloyd Wright, los Martinis y Madison Avenue se daban la mano con los claroscuros del noir más Chandleriano. Por lo tanto no es de extrañar que desde finales de la década pasada, Cooke se embarcara en la ambiciosa tarea de adaptar al noveno arte las novelas noir de Parker, el detective creado por el escritor Donald Westlake con el alias de Richard Stark. Un homenaje al género absolutamente magistral, donde el trazo y el uso del color en la obra de Cooke, evoluciona a la utilización de los mínimos recursos para entregar su trabajo más maduro, y la eclosión de su talento como narrador.





A su vez, fue capaz de entregar la mejor miniserie salida del fatídico proyecto llamado Before Watchmen. Porque si la mayoría de series no eran malas, sino francamente prescindibles, Minutemen, la serie escrita y dibujada por Cooke era la única que aportaba elementos que hacían crecer la obra magna de Moore. No fue el mejor trabajo de Cooke, pero si lo mejor que salió de ese experimento comercial.



Lamentablemente, su última obra ha sido Los Hijos del Crepúsculo junto a Gilbert Hernández. Una obra que todavía no tengo el placer de leer, pero que con la triste muerte del autor, la convierte en la última oportunidad de disfrutar de un talento inmenso. 



Con 54 años, Darwyn Cooke deja una suficientemente extensa obra para el mundo del cómic contemporáneo. Un autor que trabajó contracorriente, en contra de las modas imperantes de la época, pero que era tan grande su talento, que lo que no era moda, se convirtió casi en un movimiento que poco a poco y seguramente más tras su muerte, hará que muchos lectores se aproximen a un autor y a una obra que supuraba amor por el medio y por los personajes que tocaba en cada una de sus maravillosas páginas. 









20 de junio de 2013

Superman Kryptonita de Darwyn Cooke y Tim Sale: Los 10 tebeos de Superman que tienes que leer antes de ver The Man of Steel (9 de 10)


Superman: Kryptonita de Darwyn Cooke y Tim Sale (Superman Confidential 1-5 y 11 USA)

Dentro del puñado de tebeos de Superman que han ido apareciendo en esta selección personal, puede que este sea el menos conocido de todos ellos y quizás el menos ambicioso en cuestión de revolucionar los cimientos del personaje. Pero no nos llevemos a engaños, porque Superman: Kryptonita es un tebeo de altísima calidad con un equipo creativo de auténtico infarto, Darwyn Cooke y Tim Sale.


Darwyn Cooke, en su primer trabajo solo como guionista, se alía con Tim Sale, excelente y personalísimo dibujante, asociado en el imaginario popular con el guionista Jeph Loeb, para entregarnos una historia con regusto clásico y noir, reinterpretando el número 61 de Superman aparecido en 1949.

Dicho ejemplar es importante, porque aunque la kryptonita apareció por primera vez en el serial radiofónico de los años 40, su puesta de gala en la mitología comiquera del personaje fue en dicho ejemplar, al igual que el descubrimiento por parte de Superman de sus orígenes extraterrestres y de la existencia del planeta Krypton.


Por lo tanto, en Superman: Kryptonita nos encontramos a un Superman/Clark Kent en sus inicios como héroe. Un héroe que se cree indestructible y que tiene que comenzar a afrontar que sus poderes tienen límites, que la muerte es una opción para él y que debido a esto y como todos los grandes héroes mitológicos, eso lo hace aún más grande.

Pero además de conocer la existencia del meteorito que puede acabar con su vida y sus orígenes extraterrestres, Superman y Lois Lane (nunca ha sido tan bella como en esta representación de Tim Sale, el cual reconoce haber sido influido por el trabajo gráfico del propio Cooke) deben replantearse su relación amorosa y el último hijo de Krypton descubrir que es mejor que intente conquistar a la mujer de su vida a través de su entrañable, patoso pero muy humano alter ego.


Un guión clásico pero inmortal, un trabajo artístico de 10, un momento de la historia de Superman imprescindible y una ambientación moderna pero a la vez noir, para un tebeo que no puedes dejar pasar, no solo si eres fan del Hombre de Acero, sino también si eres fan del medio.

8 de noviembre de 2012

Before Watchmen sigue en plena forma...por mucho que digan algunos


Los nuevos tebeos de Watchmen siguen viento en popa, luchando contra sus críticos más acérrimos y haciendo disfrutar a los que como yo, sabemos que el Watchmen original de Moore y Gibbons es una obra completamente insuperable e inimitable, pero que estas aproximaciones al pasado de los personajes son en líneas generales algunos de los mejores tebeos mainstream que se pueden encontrar en las librerías. 


Comencemos por ejemplo, con la que es la mejor serie de las aparecidas, los Minutemen de Darwyn Cooke. Una colección que comenzó de manera titubeante, pero que poco a poco ha ido haciendo suya Cooke y que en su número 4 se parte en dos, cargándola de dramatismo con su deconstrucción de la Golden Age, y reforzando su doble significado gracias al estilo limpio y cercano al cartoon de Cooke, además de profundizar de manera espléndida en personajes que en el original no eran más que esbozados como la maravillosa Silhouette (uno de los mejores personajes femeninos de los últimos tiempos).

 
Y si hablamos de comienzos titubeantes, lo mismo se podía decir del Doctor Manhattan de Stracinsky, cuyo primer número solo destacaba por el espléndido arte de Hughes. Este segundo ejemplar da un salto cualitativo gracias al as en la manga que es el juego con las dos realidades que sufre el personaje de Manhattan y el tono melancólico que transmite la obra, además de seguir disfrutando del superlativo Hughes. Quizá menor es el trabajo de Stracinsky en la serie dedicada a Búho Nocturno, pero eso no quita para que sea un tebeo entretenidísimo, continuemos averiguando más cosas del triste pasado con las mujeres de nuestro protagonista y sobre todo del team-up entre él y Roscharch que solo intuíamos en la obra original. 


Y hablando de Roscharch, decir que con el segundo número de la serie dedicada en exclusiva al personaje, me reafirmo en decir que es la más prescindible de todo el paquete, ya que la historia ideada por Azzarello no aporta nada nuevo, ni nuevas capas, a un personaje del que ya lo dijo todo Moore. Eso no quita para que el trabajo de Bermejo no sea destacable, ya que vuelve a transmitir esa sordidez y pesimismo que ya consiguió en anteriores trabajos con Azzarello como la novela gráfica dedicada al Joker o la miniserie de Lex Luthor. 


Finalizamos el repaso a los últimos ejemplares publicados de este Before Watchmen a la serie de Ozymandias, la cual destaca por el estiloso trabajo de Jae Lee a los lápices y el acierto de Len Wein de ir siendo testigos de como un joven idealista se acaba transformando en un verdadero monstruo, al descubrir la verdad tras la humanidad. 

3 de octubre de 2012

Lecturas variadas para comenzar octubre


Parker: The Score de Darwyn Cooke 

Tras el algo irregular segundo volumen de las adaptaciones de las novelas de Richard Stark, demasiado denso al intentar plasmar toda la información de una novela en la adaptación gráfica, Cooke supera el escollo con este brillante tercera historia de Parker. Una trepidante aventura de ladrones, botines, traiciones y deudas saldadas a la que Cooke le da un ritmo trepidante y demuestra de nuevo que es el mejor narrador gráfico del cómic actual, en una historia autoconclusiva, que disfrutará tanto el lector de los anteriores tomos de Parker como aquel que se acerque por primera vez a ellos. Uno de los tebeos del año. 


Rasl 3 y 4 de Jeff Smith 

Tras los dos brillantes primeros tomos y tras exponer el misterio de su obra, Jeff Smith pincha en el desarrollo y resolución de la trama, donde lo que se intenta contar es más interesante que lo que acaba contando y donde el personaje de Nikola Tesla arrolla al verdadero protagonista de la historia, demostrando que en su primera obra para un público exclusivamente adulto, Smith no se siente tan cómodo y efectivo como en su genial Bone. Pero con todos sus defectos, merece la pena acercarse a este nuevo camino que ha abierto en su carrera profesional una de las figuras más emblemáticas del mercado independiente americano. 

Punisher Max 3: Frank de Jason Aaron y Steve Dillon 

La enésima reversión del personaje de Frank Castle llega a su tercer tomo con resultados irregulares pero muy interesantes en algunos aspectos. La saga en la que se reinterpreta el origen de Frank Castle está dividida en dos partes diferenciadas pero complementarias. La primera, que transcurre en la cárcel tras los acontecimientos del anterior tomo, no deja de ser una serie de tópicos repetitivos de la cárcel que ya hemos visto mil y una veces en todos los medios. En los cómics, sin irnos muy lejos, vienen a la cabeza tanto la primera saga de Constantine realizada por Azzarello y Corben, como la miniserie de Punisher que realizaron Steven Grant y Mike Zeck y que le convirtió en un ídolo de masas a finales de la década de los 80. Pero la otra parte del tebeo, donde Aaron vuelve a contar el origen de Punisher con revelaciones jamás contadas es donde se encuentra al guionista que esperamos. Porque la visión idílica que conocíamos de la vuelta de Castle a la guerra y su relación con su familia antes de su fatídico asesinato en Central Park queda destruida por la pluma de Aaron, convirtiendo a Castle en un personaje mucho más interesante y también mucho más trágico. Y para terminar, creo que Steve Dillon y su estilo caricaturesco y exagerado no le viene bien a los guiones de Aaron, restándole gravedad, aparte de que Dillon está cada vez más dejado en su trabajo. Un Sean Phillips es lo que le vendría bien a esta saga, o un Alex Maleev. 


Batman: Through the Looking Glass de Bruce Jones y Sam Kieth 

Extraño proyecto, primero una miniserie de cinco números nunca publicada, que luego ha sido reconvertida a Novela Gráfica, pero que se le nota su modelo de origen. Todo aquel que conozca a Kieth sabe que su estilo y sus obras son muy peculiares, siempreoriginales pero no siempre buenas. Este es un buen ejemplo, aunque aquí la mitad de la responsabilidad recae en Bruce Jones, un guionista que desapareció en los años 70, volvió a aparecer a principios del nuevo siglo pareciendo que iba a quedarse, para luego desaparecer sin más. Aquí, Jones está al servicio del trabajo de Kieth, en una extraña y lisérgica aventura de Batman en el sobreexplotado universo de Lewis Carrol. Por supuesto, el villano principal es el Sombrerero Loco, en una aventura detectivesca de las que cada vez se estilan menos con el personaje de Batman. Esto último, junto a la emotiva historia de la primera amiga de la infancia de Bruce (un guiño a la Rachel Dawes del Batman de Nolan) es lo mejor de un tebeo cuya intrascendencia es su peor enemigo, además de que Kieth está cada vez más esquemático e irregular, entregando tanto páginas muy interesantes, como otras que dan realmente pena. 

29 de septiembre de 2012

Before Watchmen: Silk Spectre 3 y Comedian 3


Before Watchmen: Silk Spectre 3 de Darwyn Cooke y Amanda Conner 

Cooke sorprende para bien en una colección que mejora número a número, donde la historia de una joven Laurie inmersa en la psicodelia de finales de los 60 y principios de los 70, se funde con el Corazón Salvaje de David Lynch en el momento que su madre hace intervenir al Comediante, aquí un sosias del Bobby Perú interpretado por Willem Dafoe, persiguiendo a Laurie y su novio, casi un remedo de los icónicos Sailor y Lula. Como bonus y perfecto guiño a los fans del original, descubrimos de dónde sacó Eddie Blake su emblemático Smiley. Y no puedo dejar pasar el soberbio trabajo de Amanda Conner que cada mes se supera. 


Before Watchmen: Comedian 3 de Brian Azzarello y J.G. Jones 

Un repaso a la década de los 60, en sus aspectos más bajos, es la miniserie dedicada a Eddie Blake y donde Azzarello, impregnado del espíritu de Ellroy y ayudado por un J.G.Jones que ha vuelto con fuerza, repasa una de las épocas más oscuras de América, cuyo único pecado quizás sea que ya está demasiado explotada. Pero eso no quita para que sea un buen tebeo. 

16 de septiembre de 2012

Rorschach y el Dr. Manhattan estrenan serie y los Minutemen de Cooke llegan al ecuador de la colección


De las siete series que inicialmente formaban el polémico proyecto de Before Watchmen (digo inicialmente, porque DC Comics ha anunciado una nueva miniserie de 2 ejemplares centrada en el villano Moloch) quedaban por aparecer dos de las más jugosas, las protagonizadas por Rorschach y el Dr. Manhattan.


No solo eran interesantes por los personajes protagonistas, sino también por los autores involucrados en ellas. Si la del antihéroe paranoico favorito de todos la realizaban un equipo tan solvente como el formado por el guionista Brian Azzarello y el dibujante Lee Bermejo, pareja creativa que había dejado trabajos tan destacables como la miniserie de Luthor o la excelente novela gráfica dedicada al Joker, el superpoderoso hombre azul tendría como guionista a J. Michael Straczynski y más importante, al grandioso Adam Hughes a los lápices.


La noticia más destacada era la vuelta de Adam Hughes a una serie regular, ya que el autor conocido sobre todo por sus bellas representaciones de la figura femenina, también lo era por su extrema lentitud y su alergia a dibujar series regulares, ya que su trabajo en las dos últimas décadas se había centrado sobre todo en la realización de cubiertas para DC Comics.


Y en materia gráfica hay que decir que estas dos series no decepcionan a los seguidores de los autores. Porque si en algo destaca esta apócrifa aproximación al universo creado por Alan Moore y Dave Gibbons, es en ser las series regulares gráficamente más apabullantes del mercado actual y Bermejo y Hughes no decepcionan. El primero demuestra de nuevo que su estilo detallista, sucio y opresivo le viene como anillo al dedo a la representación de esa infernal Nueva York de finales de los 70 en la que habita Walter Kovacks. Y Hugues sorprende demostrando una soltura inaudita para componer e ilustrar 20 páginas de un comic book tras casi 15 años dedicado en exclusiva a portadas y pin-ups.


Los que fallan son los guionistas, tanto Azzarello como Straczynski. Y no porque no tengan talento, que lo tienen, aunque más el primero que el segundo, sino que lo que cuentan no aporta nada a lo que ya sabemos de los personajes, mal endémico de las precuelas de Watchmen, excepto honrosas excepciones.


La historia que plantea Azzarello acerca del Rorschach pre-Watchmen, no dice nada nuevo de nuestro protagonista que no haya dicho ya Moore. Un asesino en serie que supuestamente Rorschach dará caza y poco más, además de un cameo del guionista de Northampton en la primera viñeta de la página 20 que no se yo si hará mucha gracia al escritor inglés. Lo mismo para el en otras épocas sobrevalorado Straczynski, que intenta emular con mucho menor talento y gracia las magnificencias del cuarto ejemplar de la obra original, sin aportar nada verdaderamente reseñable de su cosecha y navegando por terrenos ya demasiado conocidos y explotados de la obra original.


Y si antes comentaba que había honrosas excepciones en las precuelas de Watchmen, que aportaban cosas nuevas y desconocidas de la obra original, eso lo podemos encontrar en los Minutemen de Darwyn Cooke que llegando a su tercer número, podemos decir que esta si que es una miniserie que se revalorizará con el tiempo.


Y no solo se revalorizará por el poderío gráfico del que hace gala Cooke como siempre, sino también por la historia que está contando, una historia que el propio Moore pensó en realizar en los años 80. Cooke profundiza en los héroes de la supuesta edad de oro del universo Watchmen, centrándose sobre todo en personajes como Silhouette, que en la obra original no era más que una imagen y una anécdota, para convertirla a ella y al resto de héroes primigenios en personas de carne y hueso.


Así que ya tenemos la línea completa, una línea repleta de polémica desde antes de su aparición y que una vez completada y con el paso del tiempo se podrá valorar en su justa medida.

9 de agosto de 2012

Before Watchmen: Silk Spectre 2 y Comedian 2


Before Watchmen: Silk Spectre 2 de Darwyn Cooke y Amanda Conner 

Al igual que con sus Minutemen, Cooke mejora exponencialmente en este segundo ejemplar de la juventud de Laurie. El secreto es alejarse lo más posible de la obra original y dejarse de homenajes y guiños no necesarios. Las primeras páginas de este segundo número caen en ese error, jugando a la contraposición y a los dobles sentidos que la imagen y el texto provocaban en la obra original, pero aquí son demasiado obvios y banales. En el momento que Cooke sale de la sombra de Moore y nos adentra en el San Francisco de los años 60, la historia coge vuelo e interesa. Amanda Conner realiza el mejor trabajo de toda su carrera con un trabajo lleno de mimo y cariño. 


Before Watchmen: Comedian 2 de Brian Azzarello y J.G. Jones 

Tras el buen sabor de boca que me dejó el primer número de la miniserie del Comediante, Azzarello traslada la acción de la América de los 60 a la guerra del Vietnam, plasmando a un Eddie Blake todavía un idealista que cree en América por encima de todas las cosas. Azzarello no se corta en mostrarnos los métodos de dudosa moralidad que tomó el gobierno americano para intentar ganar el conflicto, en una miniserie que sirve como gran fresco de la convulsa década de los 60 y el paso del idealismo al brutal choque contra la realidad.

23 de julio de 2012

Before Watchmen: Ozymandias 1 y Minutemen 2




Before Watchmen Ozymandias 1 de Len Wein y Jae Lee 

Quizás la miniserie de estas precuelas que más miedo me daba, porque el veterano Len Wein llevaba mucho tiempo sin escribir. Y la sorpresa ha sido mayúscula, porque el autor se encuentra en magnífica forma. Lo primero de todo, en esta interesante aproximación al origen de Adrian Veidt desde su tierna infancia, es la capacidad de Wein de entender el concepto y el valor del comic-book, en un tebeo que no se lee en tres minutos tontos y que en ningún momento se hace pesado, haciendo de este, junto al Comediante de Azzarello los dos mejores tebeos por el momento de estas precuelas. La guinda la pone el dibujante Jae Lee, que se aleja con acierto del estilo de Gibbons en el original, para ofrecer al lector unas composiciones de página, originales y elegantes, que le van como anillo al dedo a los textos de Wein. 


Before Watchmen Minutemen 2 de Darwyn Cooke 

Si el primer número de esta miniserie se quedaba corto para ser la serie que iba a contar la Golden Age del universo Watchmen, este segundo ejemplar queda mucho mejor parado. Cooke nos presenta los dubitativos primeros pasos de unos héroes sin ninguna formación pero mucha ilusión que tristemente se chocarán con la dura y amarga realidad de un mundo que no pueden salvar unos tíos vestidos con mallas. Menos referencial al trabajo de Moore, pero respetuosa con el mismo, este es el camino que debe seguir Cooke para entregar una digna precuela del clásico del cómic de los 80.

23 de junio de 2012

Before Watchmen: Minutemen y Silk Spectre 1


Este mes de junio han llegado a las librerías americanas los primeros números de lo que es el acontecimiento más polémico del mundo del cómic de los últimos tiempos, las precuelas de Watchmen sin Alan Moore y Dave Gibbons.


Todos sabemos las impresiones y declaraciones que Moore ha hecho sobre este tema, así que no voy a ahondar en algo que es vox populi, así que habiendo leído el primer número de las dos primeras series aparecidas, Minutemen y Silk Spectre, os daré mis impresiones acerca de ellas.



La primera impresión al leer ambos tebeos, los Minutemen guionizado y dibujado por Darwyn Cooke y Silk Spectre guionizado también por Cooke pero dibujado por Amanda Conner (The Pro) es que son tebeos en los que los autores han dado lo mejor de si mismos y no son malos tebeos. El problema es su referente. Y ahí si que fracasan estrepitosamente.


Minutemen es una miniserie de seis números que nos narrará la era dorada de los héroes del universo Watchmen. No hay nadie mejor actualmente para eso que Darwyn Cooke, como demostró en la excepcional The New Frontier. El problema es que el enfoque es erróneo para los Minutemen.


En Watchmen, mal que le pese a Zack Snyder, no hay ni un solo momento que se aplauda la vida de los vigilantes enmascarados. Al contrario, Moore los representa como personas con unas carencias muy evidentes y un desequilibrio emocional que los impulsa a hacer el ridículo en pos de un vigilantismo ridículo. Aquí Cooke, al contrario, utiliza el mismo tratamiento que usó con los héroes tradicionales de DC Comics y esa fórmula no sirve, porque no hay componente nostálgico en Watchmen al que agarrarse, sino todo lo contrario.



La situación se agrava, por lo menos en este primer ejemplar, en que lo que nos cuenta no es nada nuevo que Moore no reflejara en su obra magna, tanto en conversaciones de los personajes, en flashbacks o el los extractos del libro de Hollis Mason, "Bajo la Máscara", que complementaba los tres primeros números de la maxiserie.


Por supuesto, el nivel gráfico de Cooke está a la altura de lo que se espera de él, convirtiéndose en uno de los tebeos gráficamente más bonitos y agradables del mercado actual. Pero eso no basta.


Más de lo mismo ocurre en la miniserie de Silk Spectre. Todo lo que nos redunda Cooke en la relación entre Laurie y su madre, la primera Espectro de Seda, ya nos lo dejó ver Moore en el original, y lo que nos cuentan de nuevo de la adolescencia de Laurie es prescindible y no aporta nuevas capas al personaje, al menos por el momento.


Una pena que Amanda Conner esté tan limitada al seguir a rajatabla la composición de 9 viñetas del original, no dejando explayarse a la artista como debiera. Y ahí está el gran problema de esta nueva visión de los personajes de Moore y Gibbons, que es el excesivo servilismo de unos grandísimos autores que están atemorizados y a la vez honrados de trabajar con tan excelso material de partida, cuando ellos mismos deberían estar revolucionando el medio como hicieron en 1985 Moore y Gibbons.




Así que en definitiva, tenemos por el momento dos tebeos de unos autores excelentes y que dan lo mejor de si mismos, pero que se convierten en prescindibles y sin valor, que no aportan nada a la historia y a los personajes y que no cuentan nada nuevo, al vivir a la sombra de lo que fue un antes y un después para el medio y el género. En dos semanas, El Comediante de Azzarello y Jones y Búho Nocturno de Stracinsky (que miedo) y Andy Kubert. Veremos que tal.
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