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2 de junio de 2016

El camino a una nueva DC Comics: De La Guerra de Darkseid a DC Rebirth






















Que DC Comics no está pasando por un buen momento en la última década es un hecho. Pero hay que diferenciar entre los problemas que tiene como línea editorial sin rumbo fijo, a que publique o no buenos tebeos.

En estos últimos años, con los polémicos años de los Nuevos 52, es cierto que DC no ha tenido claro que quiere hacer ni como, y que la gran mayoría de su catálogo editorial ha sido un sinsentido de tebeos mediocres o directamente malos, equipos creativos de hace dos décadas que nunca fueron interesantes y un sinfín de intentos de recuperar la gloria de épocas pasadas que lógicamente ni tienen el impacto ni la necesidad de relevancia que tuvieron las obras originales.



Pero entre nostalgias mal entendidas y tebeos francamente malos, ha habido un oasis de trabajos interesantes y buenos que serán recordados con el paso de los años, una vez la nube pase. Tebeos como la Wonder Woman de Azzarello y Chiang, Batman y Robin de Gleason y Tomasi, los por momentos interesante pero sobrevalorado Batman de Snyder y Capullo, por poner tres ejemplos al azar. Pero donde realmente ha brillado DC ha sido en series diferentes, casi fuera de la "continuidad" de la editorial que han destacado como la nueva Batgirl, Canario Negro, Gotham Academy o la divertida y a la vez intrascendente Harley Quinn de Palmiotti y Conner.



Porque el gran problema de DC no han sido los tebeos en si, que los ha habido buenos, mediocres y malos (aunque ha habido una gran cantidad de tebeos malos) sino el ir dando giros y supuestas sorpresas en pos de una nueva continuidad desilachada y repleta de torpezas, donde ni todo es nuevo ni todo es antiguo, por lo que no llegan a contentar ni a nuevos lectores, ni mantener a los veteranos.

Y el cambio comenzó hace un año en la Justice League de Johns. Un tebeo que hasta ese momento podría ser el peor trabajo de Johns al frente de DC Comics. Un tebeo vacío, en principio para puro lucimiento de un desgastado Jim Lee, que posteriormente solo sirvió para ir encadenando eventos anuales que no llevaban a ninguna parte y que convertía a un título principal en mero receptáculo secundario de unos avances narrativos que nunca fructificaban.



Con la Guerra de Darkseid la cosa cambió. De nuevo me encontré con el Geoff Johns que me hizo disfrutar en su primera etapa al frente de Green Lantern, justo hasta el final de La Guerra de Siniestro. Un blockbuster veraniego repleto de acción y giros insospechados, que leído del tirón funciona perfectamente como tebeo de superhéroes clásicos. 

Y por primera vez en el nuevo/viejo universo DC los personajes comenzaron a actuar como debería ser y no como marionetas para splash pages salvajes. Por supuesto, estas Guerra de Darkseid tienen mucho de pirotecnia, pero lo que te cuentan y como lo cuentan, además del estimable trabajo de Jason Fabok a los lápices, lo convierte en una lectura la mar de recomendable para el lector de superhéroes de toda la vida.



Y al final de esta etapa, que ligeros retrasos lo han hecho coincidir con el inicio del nuevo renacimiento del universo DC, ocurren hechos insospechados que comienzan a revelarse en el especial DC: Rebirth.

El especial DC Rebirth continúa con la senda del misterio de una nueva amenaza para el universo DC. Es un especial que pone en situación a antiguos y nuevos lectores. Es una carta de perdón a una editorial, a unos personajes y sobre todo a unos lectores que habían abandonado toda esperanza de recuperar a la DC de toda la vida. Y como ese ejercicio de alabar el pasado e intentar arreglar múltiples desaguisados como Flashpoint, las mil y una Crisis o el más reciente Los Nuevos 52 funciona hasta cierto punto.



Y digo que funciona hasta cierto punto, porque el tebeo en si tiene cosas interesantes, pero es algo farragoso en el uso y abuso de textos de apoyo que sirven para poner en situación al lector del lío que se ha convertido un universo que quedó perfectamente pulido hace 30 años con las Crisis originales.

La recuperación de un espíritu más positivo, la unión de unos héroes que de nuevo parecen héroes y no vigilantes chungos enmascarados es un soplo de aire fresco y el misterio de una nueva amenaza me chirría y me interesa a partes iguales. Por una parte, y sin desvelar demasiado de la trama, el uso de unos personajes del fondo de catálogo de la editorial intenta desesperadamente de nuevo hacer relevante un universo en base a los hallazgos del trabajo de un autor de hace 30 años. Y por otra parte, de nuevo demuestra que lo que se hizo con esa obra fue malentendido por editorial y gran parte de los lectores de los últimos 30 años. Ese trabajo fue único y fue un epitafio. Por ese camino no se puede seguir con el género superheróico porque su serialización la fagocitas. Y tampoco estoy de acuerdo en culpar a la obra de los males del universo DC.



El resultado, un tebeo curioso pero que su desarrollo estará en manos de los talentos que DC tenga a su disposición a lo largo de esta nueva etapa. Porque el futuro de una editorial no solo se basa en los tonos o los puntos de vista, sino al final en la calidad de los autores y las obras que pongan a disposición del público. Y sobre todo, que los editores sean consecuentes con las decisiones que toman y planteen una línea editorial que no se esté contradiciendo un mes sí y un mes no.

12 de septiembre de 2014

Los Invisibles de Grant Morrison: Quizás el mejor cómic jamás publicado


























Afirmar tan rotundamente que una obra es la mejor obra jamás hecha, sea en el medio que sea, es una temeridad muy grande. Sobre todo cuando existen obras que objetivamente son mucho más redondas, más cerradas y de más fácil acceso que estos Invisibles que nos ocupan. Sobre todo viniendo de un autor como Grant Morrison, amado y odiado a partes iguales por los aficionados al mundo del cómic. Un autor que es tanto escritor como estrella de rock y donde muchas veces no sabes donde empieza la persona y acaba el personaje.



Grant Morrison llegó al mundo del cómic con la ambiciosa intención de ser el mejor escritor de cómics de la historia del medio y revolucionar el medio y su manera de sentirlo y contarlo como nunca se había visto antes. Muchos han visto en el escocés un remedo pop de Alan Moore, pero quitando que los dos son aficionados a la magia, poca relación puedo ver entre la obra del uno y el otro, obviando que las de ambos son dos excelentes trayectorias profesionales y que ambos nos han entregado a los aficionados algunos de los mejores tebeos jamás escritos.



Y Los Invisibles es su gran obra. Una evolución de los planteamientos con los que nos deslumbró en trabajos anteriores como Animal Man o su Doom Patrol y que ha influido posteriormente en trabajos personales suyos como The Filth u obras más mainstream como su larga etapa de Batman, Crisis Final o su trabajo más reciente para DC Comics, The Multiversity.



En Los Invisibles, Morrison aúna todas sus filias y fobias, todos sus intereses y su manera de ver el mundo, además de incluir en la misma todos aquellos acontecimientos, por bizarros que sean, que le han ocurrido al excéntrico autor. En cada uno queda el creer en lo que le ha ocurrido o no. Si es un charlatán o realmente cree que le han ocurrido o le han ocurrido todas esas experiencias extrasensoriales y "paranormales" que todo aquel que haya seguido su trayectoria conocerá.



Y todas esas experiencias forjan Los Invisibles. Una obra dividida en tres volúmenes, cada uno de ellos diferentes tanto en forma como en estilo, pero que unidos forman un canvas enorme donde el sentido de la vida, la definición de realidad, las conspiraciones, fenómenos extrasensoriales, paranormales e inexplicables se dan la mano para formar todos ellos juntos un trabajo que intenta dar explicación a la pregunta más importante que todos los seres humanos nos hacemos: ¿Cuál es el sentido de la vida?



Personalmente creo que Morrison lo consigue. Por supuesto con su particular estilo. Y advierto, este tebeo no está hecho para aquellas personas que quieren explicaciones masticaditas y de manual. Leer Los Invisibles requiere de esfuerzo, de concentración. Pero es un esfuerzo que queda recompensado a medida que avanzas en la lectura de una obra que no te suelta y que cuando acaba te deja una extraña sensación de vacío.



Pero no os penséis que el tebeo es una disertación aburrida sobre que es la realidad, cual es nuestro lugar en el universo, etc... No, Morrison crea una ficción donde un grupo de individuos subversivos organizados en grupos de 5 miembros en diferentes lugares del mundo, se enfrentan a fuerzas ocultas que controlan el mundo, un mundo que no es real y que ha sido manipulado para esclavizar sin que nos demos cuenta, a todos los humanos. Y si, se parece mucho a Matrix, pero eso es un tema para otro post... Solo una pista, Los Invisibles apareció en 1994 y Matrix se estrenó en 1999...que cada uno saque sus propias conclusiones.



La división en 3 volúmenes tiene su sentido, tanto en la manera que Morrison planteó la obra (basado en las etapas de la vida de Buda) como por la irregular trayectoria comercial que tuvo el título cuando apareció publicada por primera vez. Y si que es cierto que la lectura mensual de este título es complicada. Cada ejemplar y cada página del mismo, e incluso muchas veces cada viñeta aportan tal cantidad de información y conceptos, que si no lo lees de manera continuada, puede confundir y frustrar al lector ocasional. Pero si te adentras en el particular estilo narrativo de Morrison, estás perdido.



Cada volumen tiene una estructura narrativa y un estilo diferente. El primer volumen arranca de manera pausada, con un tono más gris, más inglés, presentando a los participantes de esta obra. El segundo volumen, ambientado en Estados Unidos, es más pop, más enérgico, más fácilmente digerible para los no iniciados en la obra de Morrison. Y el tercer volumen es el arco que devuelve a la obra el tono quizás más hermético del primer volumen, donde todos los misterios son resueltos, pero no de la manera que quizás esperamos.



Pero Los Invisibles no es una obra que se pueda contar. La tienes que experimentar. Y desde aquí os animo a todos a que lo hagáis. A que os dejéis llevar por la locura, que abandonéis vuestra parte racional y os dejéis llevar por los sentidos, porque Los Invisibles es una obra sensorial. Es posible que en su primera lectura no entendáis todo, o puede que tampoco en la segunda o tercera. Pero cada lectura de la misma abre una capa más en este crisol que son Los Invisibles. No os arrepentiréis. Os lo aseguro.

28 de mayo de 2013

New X-Men de Grant Morrison: Tercera Génesis


Marvel Now ha vuelto a traer a primera línea de actualidad a los mutantes creados por Stan Lee y Jack Kirby en 1963 y que fueron catapultados a la fama por Chris Claremont a finales de los años 70 en una etapa fundamental dentro de la historia del cómic de superhéroes mainstream americano. Jason Aaron, con su excepcional Lobezno y los X-Men y Brian Michael Bendis en su fastuosa La Nueva Patrulla X ha devuelto la confianza en unos personajes que habían sido sobreexplotados y vaciados de su esencia y que gracias al controvertido crossover Vengadores Vs X-Men han vuelto a recuperar su protagonismo en un universo Marvel que durante la última década había sido tomada por el universo Vengador y demás satélites que giran a su alrededor.


Pero esta nueva y brillante etapa que comienza a disfrutar el lector no existiría sin el genial Grant Morrison, brillante y controvertido guionista escocés que tomó bajo su manto en el año 2001 a los estudiantes de Xavier y durante tres años volvió a devolver a estos personajes aquello que les hacía únicos y especiales.

Porque los mutantes llevaban languideciendo más de una década, desde que su alma mater, Chris Claremont, les dejara huérfanos en el año 1991 en el número 3 de X-Men. Y en honor a la verdad, Claremont llevaba muchos años sin ser ese guionista brillante que nos encandiló a todos los lectores en el inicio de su etapa con el grupo, sobre todo junto a John Byrne. Culpemos a la sobreexplotación de la que fueron víctimas los personajes y los lectores, las injerencias editoriales que provocaran la marcha del autor, pero los mutantes ya no eran ni originales, ni rompedores.


En peor situación se encontraron los personajes y los lectores una vez se marchó Claremont, ya que sus sustitutos, los guionistas Scott Lobdell y Fabian Nicieza, comenzaron a vivir de las rentas y a desvirtuar la esencia y las personalidades de unos personajes antaño adorados por los lectores, y que seguían funcionando por la inercia de la compra mensual y la nostalgia y añoranza de una época que había terminado hace tiempo. Historias puntuales como "La Era de Apocalipsis" o "Onslaught", quizá lo mejor de dicha época, además de la labor artística de buenos dibujantes como Joe Madureira, Andy Kubert o Carlos Pacheco, ayudaban al lector a disfrutar de unos tebeos que habían perdido la esencia que los hacía únicos.

La llegada de dos buenos autores como fueron Joe Kelly en X-Men y Steve Seagle, quedó truncada cuando el inefable Bob Harras, editor Marvel en aquellos años 90, hizo que los autores abandonaran el título al año más o menos. La llegada de Alan Davis como autor completo nos dio esperanzas y una etapa correcta sin más, lejos de la calidad y la libertad que este mismo autor entregó a los fans en Excalibur.


Tan desesperada estaba Marvel, que trajo de vuelta al patriarca de la franquicia mutante, el mismísimo Chris Claremont, en una etapa infumable, imposible de leer y que carecía de la más mínima lógica, consiguiendo lo imposible, hacer buena la etapa de Nicieza o Lobdell. Tras el batacazo de un guionista que había perdido la frescura y la magia de los buenos tiempos, la editorial acorralada y consciente de que sus antaño frescos personajes eran momias que seguían con vida gracias a un grupúsculo de aficionados nostálgicos (entre los que me incluyo) que seguían comprando los títulos de la Patrulla por puro coleccionismo y hábito adquirido con los años.

Pero con el comienzo del nuevo siglo, dos acontecimientos completamente alejados los unos de los otros hicieron que los mutantes y Marvel en general volviera a situarse en primera línea dentro del cómic americano. Lo primero fue el estreno del primer X-Men cinematográfico y la segunda la llegada como editor en jefe de Joe Quesada, amado y odiado a partes iguales (yo me encuentro entre los primeros) que dio nuevo brío a los títulos Marvel y por supuesto a los X-Men.


Si en la señera Uncanny X-Men puso al frente al guionista Joe Casey, irregular guionista, capaz de lo mejor y de lo peor, donde comenzó con fuerza pero fue perdiendo fuelle a medida que culminaba su etapa, en la segunda colección de la Patrulla, X-Men, contrató a dos pesos pesados de la industria del cómic americano, Grant Morrison y Frank Quitely, dos autores que habían trabajado juntos en DC Comics en trabajos tan revolucionarios, originales y polémicos como Los Invisibles o Flex Mentallo.

Morrison venía de DC Comics después de una exitosa revitalización de la JLA, una etapa de 41 números, que puso de moda de nuevo al supergrupo insignia de la editorial, aunque el resultado no fuera todo lo bueno que debería haber sido, máxime cuando Morrison había realizado tebeos tan interesantes como los mencionados Los Invisibles, Flex Mentallo o la que sigue siendo su obra más redonda, Animal Man, sin olvidar su Doom Patrol.


Curioso es que cuando estaba promocionando hacia finales de los años 80 su versión de la Doom Patrol (un delirio dadaísta francamente recomendable y precursora de la que sería su opus magna, Los Invisibles) dijera textualmente estas palabras a la revista Amazing Heroes y cuyo extracto pongo textualmente, sacado de la traducción de dicha entrevista que apareció en el número 17 de la edición española de Animal Man de ediciones Zinco:" Cuando la cogí, la Doom Patrol se había convertido en otros X-Men. No puedo imaginar algo peor que convertirse en eso, así que tuve que rescatarles (....) Los X-Men deberían haber terminado en 1980. La última historia buena fue aquella donde todos van al futuro y son asesinados. Pienso que aquello fue realmente bueno... si solamente lo hubieran parado ahí. Aunque supongo que si sigue es por cuestión de dinero".

Morrison demostraba en dicha entrevista, lo que muchos pensábamos pero no queríamos creer, que La Patrulla X de Claremont y Byrne fue la grandiosa y lo que vino después (excepto casos excepcionales y puntuales) no fue más que una manera de seguir exprimiendo a la gallina de los huevos de oro.


Y es por eso que la etapa de Morrison podría leerse sin problemas tras la salida de Claremont del título. Porque Morrison, salvo algunos detalles de la continuidad que no se podía saltar, reflejaba que los últimos 15 años del título no habían servido de gran cosa y que los mutantes no habían evolucionado lo más mínimo, exceptuando el regreso de Jean Grey y su boda con Scott Summers, elemento fundamental de esta etapa de la colección.

Porque el triángulo amoroso entre Jean Grey-Scott Summers-Emma Frost es uno de los grandes aciertos del escocés y el elemento más interesante de todos los que trata en su evolución de los mutantes marvelianos, sobre todo un Scott Summers al que por primera vez le vemos un ser de carne y hueso, humano, con dudas y miedos, hastiado de una vida preprogramada, más maduro y evolucionado (grande el momento que le dice a Emma Frost que en el fondo estar casado con Jean Grey le devuelve a su yo adolescente, pulla de Morrison a los universos Marvel o DC donde sus personajes parecen vivir una eterna vida juvenil sin posibilidad de madurar) y que sirve como prólogo a la fantástica evolución del personaje que han creado autores como Joss Whedon, Matt Fraction, Kieron Gillen y que han desembocado en el Cíclope post-Fenix, revolucionario más cercano a Magneto que al propio Xavier y del cual ha tomado las riendas en la actualidad Brian Michael Bendis.


Lo mismo podríamos decir del personaje de Emma Frost, villana en el pasado, Reina Blanca del Club Fuego Infernal y que Morrison recupera del que quizás sea el mayor acierto de Scott Lobdell al frente de la franquicia mutante, Generación X, donde ella junto a Sean Cassidy alias Banshee, se convierte en la directora y profesora de La Escuela de Jóvenes Talentos de Xavier. Y aunque Emma Frost siempre será una pija con todas las de la ley, prepotente, cínica y vanidosa, Morrison consigue humanizarla al caer presa del amor por Scott Summers, al contrario que Jean Grey-Fenix, personaje que para Morrison simboliza el estancamiento de la franquicia y a la que vuelve a matar al final de su etapa y que sirve en su irregular epílogo como punto y aparte de la historia de la franquicia, sin olvidarnos de un Lobezno que siempre ha sido el ying del yang de Scott y que aquí se intercambia papeles, siendo mucho más sensato y responsable que el propio Scott, una nueva semilla que Morrison plantó y que ha sido aprovechada por Jason Aaron en Cisma y que dio pie a Lobezno y los X-Men, donde este se convierte en el verdadero seguidor del sueño de Charles Xavier y nuevo director de la Escuela para Jóvenes Talentos.

Una escuela que trajo de vuelta Morrison en esta etapa, con la incorporación de nuevos personajes que se convierten en protagonistas casi absolutos del serial, como Hada, Pico, las quintillizas protegidas de Emma Frost y un sinfín de jóvenes mutantes que cambian el panorama mutante y que relegan a los protagonistas oficiales en invitados especiales de una serie y un nuevo mundo al que tienen que adaptarse o morir. Morrison se autorretrata en la figura de Quentin Quire, brillante estudiante de la escuela que se convierte en líder revolucionario de una revuelta estudiantil a lo Mayo del 68 y que pone en duda la relevancia  y los métodos de Charles Xavier en este nuevo siglo.


Porque otro de los grandes temas que trata esta etapa es el extinto enfrentamiento entre Charles Xavier y Magneto, aniquilado y resucitado en un giro malabar algo tramposo por parte del escocés a través de la figura de un nuevo personaje llamado Xorn, y que queda resuelto en la confrontación final de la saga Planeta X, donde Morrison demuestra lo caduco del enfrentamiento ente estos dos antiguos amigos, sobre todo la figura de Magneto, representado por Morrison como un pobre viejo que vive del pasado, adicto al Coz y que sirve más como camiseta de moda y símbolo que como personaje, desgastado al igual que Xavier.


No podemos olvidarnos de personajes de nueva creación con tanto potencial como Fantomex, del que Rick Remender ha sacado oro en su etapa al frente de X-Force, Cassandra Nova, la hermana melliza no nata de Charles Xavier y que abrió el primer arco argumental de la etapa de Morrison, el trabajo de artistas como Quitely o Phil Jimenez o la historia que quizá empaña algo su etapa al frente de la colección, ese epílogo ambientado en el futuro, quizá su Días del Futuro Pasado, pero que no llega a la altura de este ni de lejos, pero que sirve para cerrar tramas y dar ese paso necesario en la franquicia mutante, con el personaje quizá más representativo de la misma, Jean Grey/Fenix. Pero sobre todo, es una muestra de que Morrison es capaz de aunar una obra de autor con el mainstream. Porque quizás estos Nuevos X-Men sean su tebeo más fácil de leer por un lector no acostumbrado a las locuras del escocés, pero donde no pierde su identidad como autor, al contrario que en su JLA.


Tras la marcha de Morrison, la franquicia mutante volvió a caer en los mismos errores anteriores a su llegada, con la vuelta de un Chris Claremont con el piloto automático, la correcta pero nada destacable etapa de Mike Carey o las insufribles historias de Peter Milligan o Ed Brubaker. Tuvo que llegar Joss Whedon en una nueva colección, Astonishing X-Men, para continuar lo sembrado por Morrison, algo que fueron consiguiendo de manera paulatina Matt Fraction (heredero de Grant Morrison, sobre todo en su Casanova) y menos Kieron Gillen (también seguidor de la escuela de Morrison, aunque realmente solo continuó lo expuesto por Fraction y que ha sabido aunar Aaron con la tradición Claremontiana. Solo el tiempo dirá si este último junto a Bendis serán capaces de llevarnos a un Cuarto Génesis dentro de la historia de la franquicia mutante.


1 de agosto de 2012

Crisis Infinita de Geoff Johns y Phil Jimenez


Crisis Infinita de Geoff Johns y Phil Jimenez (Infinite Crisis 1 al 7 USA)

Superar las míticas Crisis En Tierras Infinitas de Wolfman y Perez era un reto que no estaba al alcance de cualquiera. Desde su aparición en 1985, revolucionó no solo el universo DC, acabando con el concepto de multiverso, sino cualquier intento de hacer un macroevento superheróico, ya fuera de DC o de Marvel Comics. Porque la envergadura de Crisis era enorme, épica y ni siquiera el gran éxito de Marvel de por entonces, Secret Wars, podía siquiera hacerle sombra. Si en Secret Wars los cambios más profundos eran que Spiderman conseguía nuevo traje (el famoso a posteriori simbionte) o que Ben Grimm se quedaba en el planeta del Todopoderoso (personaje reflejo perfecto del ego de Jim Shooter) en Crisis teníamos la destrucción no solo de las tierras, sino de personajes tan emblemáticos como Supergirl o Barry Allen/Flash en dos números que hicieron época y que siguen siendo dos cumbres absolutas de como hacer un buen tebeo de superhéroes.


También DC intentó superar su evento maestro y nunca llegó a conseguirlo. Exceptuando Legends, que fue el primer gran evento del nuevo universo DC y que era completamente diferente en forma y fondo a Crisis, el resto de intentonas de superar lo insuperable acabó en decepción, y sino que se lo digan a títulos como Millenium o La Guerra de los Dioses.

Y llegamos a 2005, al 20 aniversario de Crisis y con una DC que tenía como editor jefe a uno de los hombres más odiados por los aficionados, pero que ha vuelto a colocar a DC en el punto de mira de la afición, Dan Didio. Didio y DC venían del gran éxito que fue Crisis de Identidad y que fue el culmen de la oscuridad en el universo DC. A partir de ahí, Didio y su equipo encaminaron a los héroes DC hacia esta Crisis Infinita.


Porque Crisis Infinita en el fondo es el final de un proyecto que comenzó en 2003 con esa Crisis de Identidad y que se iría desarrollando hasta la aparición de la miniserie en cuatro series en paralelo que culminaron en sendos especiales y en las páginas de Crisis Infinita.

La muerte de Blue Beetle, la ejecución de Maxwell Lord por parte de Wonder Woman, la revelación de que el ejercito de asesinos OMAC eran creación de un Batman más paranoico que nunca hizo que la santísima trinidad del universo DC se quebrara y en consecuencia el resto de los héroes. Y para homenajear las Crisis originales y a los supervivientes de un multiverso que pugnaba por volver, Didio, junto a Geoff Johns, el nuevo chico de oro de la editorial y el único con la capacidad y el conocimiento para emular a Marv Wolfman, decidieron traer de vuelta al Superman de Tierra 2, su Lois Lane, al Superboy de Tierra Prima y a Alexander Luthor, el hijo del Lex Luthor de Tierra 3. Todos ellos hasta el momento héroes con mayuscula.


Digo hasta el momento, porque todos ellos, que desaparecieron de la realidad a un limbo, para que el nuevo universo floreciera, no están nada contentos con lo que estos héroes han hecho con la oportunidad que se les ha dado. Y ahí empiezan los problemas y la épica.


El listón de la Crisis original está muy alto y a Didio y a Johns les llovieron críticas en su momento, pero leída de nuevo del tirón y con el paso del tiempo hay que decir que esta Crisis Infinita es una digna sucesora del título original. Los conceptos en los que se basa son inteligentes y una dura crítica contra el oscurantismo imperante desde los 80. Otro tema es que Didio se contradiga ahora con sus nuevos 52. Y ver a personajes tan queridos como el Superboy original o el Superman de Tierra 2, el padre de todos, pervertidos por sus propios ideales es turbio pero muy inteligente.


Por supuesto, como toda gran epopeya pasan muchas cosas, demasiadas, y muchos de los acontecimientos y personajes que vemos se tratan en meras pinceladas, sobre todo cuando provienen de las series que aparecieron el año anterior a su publicación como el proyecto OMAC o La Guerra Rann-Thanagar. Pero eso también le ocurría a las Crisis originales y no hacen que su lectura no sea disfrutable.


Otra cosa muy distinta es que las consecuencias de lo ocurrido no hayan servido de mucho y se hayan quedado en agua de borrajas, porque el contexto en el que quedaba el universo DC tras la serie era lo suficientemente interesante para haber seguido por ese camino. Pero como siempre, la editorial se achantó. 


En resumen, una historia épica y muy bien narrada por un Johns en plena forma y un Phil Jimenez más Perez que nunca. Además, en homenaje a la serie original, el propio Perez y Ordway realizan páginas para la colección. Los últimos números si que renquean en el apartado gráfico, ya que los tiempos de entrega pasaron factura a un detallista Jimenez y el baile de dibujantes de relleno afean el resultado global. Curioso es que esta nueva edición de la colección, tenga páginas diferentes a la original, ya que Jimenez para este hardcover tuvo a bien terminar viñetas que no pudo rematar debido a los plazos de entrega. Así que no lo dudéis e id a vuestra librería especializada favorita para haceros con una parte importante de la historia reciente de DC Comics.
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