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6 de marzo de 2018

Nightwing The New Order de Kyle Higgins y Trevor McCarthy: Un atractivo Elseworlds a descubrir























Entre el sinfín de novedades que aparecen mensualmente, es normal que algunas obras que deberían tener una mayor repercusión, acaben siendo ligeramente ignoradas debido al caudal de tebeos que se publican cada mes en el mercado americano. Nightwing The New Order de Higgins y McCarthy es un buen ejemplo de ello. 






Localizada en un futuro alternativo con ecos del Kingdom Come de Waid y Ross y el Minority Report de Steven Spielberg, el lector se encuentra en un atractivo futuro alternativo del universo DC donde el gen metahumano es una lacra que hay que extirpar y sino fuera posible, esos metaseres deberán ser puestos en hibernación hasta que esos poderes puedan ser eliminados definitivamente. Un reflejo distorsionado del panorama desolador de nuestra sociedad actual donde el diferente debería ser eliminado, en pos del auge de unos nuevos totalitarismos que promueven dicho discurso. Y aunque el tema no es nuevo en la historia de las distopías de ciencia ficción, si que lo es que el promotor de dicha represión sea Dick Grayson, quizá el héroe más puro junto al Hombre de Acero en el universo DC. 






Higgins crea un background fascinante para lo que acontece en la miniserie y hasta que se colocan las piezas de la misma, en concreto hasta la primera mitad de la miniserie, el tebeo se convierte en una de las lecturas más frescas e interesantes de la editorial en la actualidad. Tanto, que incluso el lector se llega a plantear porqué esta distopía no se ha convertido en el punto de partida no de un Elseworld más, sino de una saga evento que haga avanzar el camino de unos personajes que viven en un presente eterno. El problema, que una vez todas las piezas se colocan, la segunda mitad de la historia discurre por caminos más convencionales y su resolución es la esperada, sin giros argumentales que descoloquen al lector. 






Eso si, gracias al trabajo artístico de Trevor McCarthy, que no falla ni un ejemplar a su cita, el tebeo se convierte en una de esas pequeñas joyas de la editorial, que sin mucho ruído, dejan un poso en el lector y en futuros creadores, que puedan ser capaces ,en los próximos años, de sacar partido a un tebeo que quizá el poco convencimiento de la editorial en sus posibilidades, ha imbuido del mismo a autores y creación, en una obra de planteamiento atractivo que acaba desembocando lamentablemente en lugares comunes que sin ser deficientes, dejan un sabor agridulce pensando lo que podría haber sido.

18 de febrero de 2018

Dark Nights Metal 4 de Snyder y Capullo y Dark Nights: Hawkman Found de Lemire y Hitch






Tras un mes de sequía en la serie regular del mejor evento superheróico -al menos por el momento- que ha salido de la factoría de DC Comics en estos últimos años, llegan a las librerías dos ejemplares de la misma: El cuarto ejemplar de la serie central y un número especial, dedicado al desaparecido Hawkman, que junto a Batman, son las principales piezas del evento. 






En relación a la serie central, Snyder de nuevo voltea lo que el lector conoce del universo DC, adentrándose hasta el fondo de su mitología, consiguiendo, con otra pirueta que en manos menos capaces acabaría en el fondo de las buenas intenciones malogradas, sorprender de nuevo al lector con su puesta a punto del origen del Multiverso, El Monitor y su némesis el Antimonitor, entremezclándolo con el Morfeo salido de la brillante mente de Neil Gaiman. 






Si este acontecimiento presenciado por los dos iconos de DC llena la gran parte del ejemplar, el resto sirve para que Snyder, acompañado por un muy inspirado Greg Capullo, esboze las múltiples líneas paralelas formadas por un conjunto de team-ups que le sirven de nuevo a Snyder para demostrar las grandes posibilidades que el universo DC sigue atesorando en su interior. Solo hacía falta un escritor con talento e imaginación. Scott Snyder ha demostrado que las tiene. 






En cambio, Jeff Lemire y Bryan Hitch no están muy inspirados en el especial Hawkman Found, que como el anteriormente dedicado al hombre murciélago, Batman Lost, no son meros tie-ins, sino que son fundamentales para entender la historia central. Lemire entrega un tebeo que se apoya demasiado en el anteriormente espectacular Hitch, que cada día está menos inspirado y más vago, para contarnos que ha ocurrido con Carter Hall tras su desaparición y su sorprendente aparición al final del cuarto ejemplar de Dark Nights Metal, sin conseguir transmitir la epicidad, misterio y magia que por ejemplo Batman Lost o cualquiera de los ejemplares aparecidos de Metal, en un tebeo importante para la lectura del evento, pero artísticamente prescindible.

14 de diciembre de 2017

Dark Nights Metal 3 y Dark Nights Batman Lost 1: Reescribiendo inteligentemente la historia del Universo DC






































¿Cuánto tiempo hace que no había una Gran Historia en el mundo de los tebeos de superhéroes que te hiciera vibrar de emoción, que te hiciera preocuparte de cómo iban a salir tus héroes favoritos del entuerto en el que habían caído?¿Cuánto tiempo que unas némesis eran tan infernales y peligrosas, que un escalofrío te recorría la espalda ante su sola presencia? Es difícil recordarlo, porque hace mucho que esto no ocurría. Pero Scott Snyder ha obrado el milagro con Metal, su colofón a muchos años de carrera al frente de la franquicia del Hombre Murciélago, pero que sin que lo supiéramos, unía puentes con obras tan míticas y fundamentales como Crisis en Tierras Infinitas.



Cierto es, que sabemos que las aguas volverán a su cauce y que el daño realizado a nuestros queridos héroes de ficción será subsanado en el clímax del serial, pero este tercer ejemplar es una buena muestra de ese gusto masoquista de ver sufrir a unos héroes que se han equivocado y van a pagar duramente el error. Snyder, apoyado por un cada vez más suelto y resolutivo Greg Capullo, mete el dedo en la llaga, iniciando el tercer ejemplar de este Metal, con una idílica reunión campestre entre la trinidad de DC y sus amigos y familiares más allegados, para mostrarnos dos páginas más tarde, que esa bella estampa es un caramelo envenenado para que la caída en las fauces del infierno del universo DC, y que la temeridad de Batman ha provocado, sea más dolorosa para los lectores.



Snyder nos da un respiro en esa reunión de héroes en un punto intedeterminado del espacio-tiempo, consiguiendo aquello que parecía ya imposible en las subcompartimentadas franquicias en las que se había convertido el universo DC, reuniendo a personajes tan olvidados y dispares como Doctor Fate, Plastic Man, junto a los más exitosos e icónicos Superman, Wonder Woman o Green Arrow. Y lo consigue sin que chirríen, dándoles a todos su momento de gloria, sin que ninguno de ellos sobresalga por encima del resto. Pero esta reunión superheróica que da al lector una sensación de falsa seguridad, se quiebra en un tercer acto donde el infierno se desata, el mal vence y deja una sensacional sensación de fatalidad y desesperanza, en unas páginas finales que dejan al lector tan tocado como maravillado, ante el fatal destino que se cierne sobre sus héroes.



Pero si este tercer número no es suficiente para devolver la fé a un género y a una industria que muchos dan y a veces dábamos por muerta, la fiesta continúa con el muy especial tie-in que Snyder, acompañado en la escritura por James Tynion y Joshua Williamson nos tenían preparados a los fans del Hombre Murciélago. Este regalo es el especial Batman Lost, una historia que redefine, reinventa y reúne tres momentos clave de la historia del personaje, en un ejercicio metalinguistico, reforzado por tres grande artistas como Doug Manhke, Yanick Paquette y Jorge Jiménez, donde se da un repaso reunificador a la historia del personaje, comenzando con la seminal "El Caso del Sindicato Químico", revalorizando y poniendo en contexto una historia tan olvidada como magistral.Una serie en tres partes aparecida en la serie regular de Batman, entre los números 452 y 454, llamada "Dark Night, Dark City", donde Peter Milligan y Kwieron Dwyer, entregaban una atmosférica historia donde le daban un background sobrenatural y terrorífico al pasado de Gotham y redefinían de manera brillante y aterradora al Riddler, terminando en la miniserie "The Return of Bruce Wayne" de Grant Morrison. Una miniserie central dentro de la extensa historia que comenzó Morrison hace una década aproximadamente y que se ha convertido, al igual que el tebeo de Milligan, en base fundamental del trabajo de Snyder en Batman y Metal.



Mucho queda aún para que este Metal termine. Es posible que Snyder, como le ocurre en muchas ocasiones, derrape en los últimos acordes de su relato y se nos salga por la tangente, desvirtuando todo aquello que había construido con tanto mimo. Espero que no sea así, porque creedme cuando os digo, que este Dark Nights Metal es uno de los tebeos de superhéroes más emocionantes e interesantes de la historia de DC en mucho tiempo y que si no se estropea en los próximos meses, se acabará convirtiendo en uno de esos "must-have" de la historia de la editorial, eterno e imperecedero.

11 de diciembre de 2017

Batman: Date Nights/Last Rites de Tom King, Lee Weeks y Michael Lark: Una verdadera joya

























Una de las cosas que DC Comics está haciendo muy bien en este resurgir editorial que viven los lectores desde hace año y medio, ha sido la diversificación de formatos y líneas editoriales, donde la editorial ha recuperado su línea prestigio, ha apostado por miniseries y especiales que dan una gran variedad de propuestas de muy distinto tono y que permiten al lector poder elegir entre una gran variedad de productos, muchos de ellos más que interesantes. Pero también, ha devuelto la trascendencia y la importancia a los especiales anuales, un formato que entre los años 60 y 80 se reservaba para historias especiales y trascendentales de la historia de los personajes. Así, tenemos el Fantastic Four Annual nº 3, que versaba acerca de la boda de Reed Richards y Sue Storm, o la Guerra de Asgard protagonizada y narrada en sendos anuales de Los Nuevos Mutantes y La Patrulla X, sin olvidar el anual nº 11 de Superman, con la fundamental historia "Para el hombre que lo tenía todo". Y los autores dedicados a las mismas se encontraban entre los más destacados de la industria, en cada una de las épocas en que fueron publicados. De los ejemplos mencionados anteriormente, destacar que sus autores eran, ni más ni menos, que Stan Lee y Jack Kirby, Chris Claremont y Arthur Adams, terminando con ni más ni menos que Alan Moore y Dave Gibbons.





Y esto exactamente es lo que pretende Tom King con este, su segundo anual para la serie regular del Hombre Murciélago. Lo primero que hace es rodearse de dos artistas como Lee Weeks y Michael Lark, autores amados por el buen aficionado y ninguneados por un fandom más interesado en los fuegos de artificio de otros autores mucho más exitosos pero de muy menor talento. Lark y sobre todo Weeks, entregan página tras página con una composición, una narrativa y un trazo que se encuentran entre lo mejor que puede dar de si el tebeo mainstream americano.



El guión de King no le va a la zaga. Porque si en la serie regular que King comanda en la actualidad nos está contando un momento trascendental en la historia del personaje, como es la petición de matrimonio a Selina Kyle, aquí nos cuenta en escasas 40 páginas y una capacidad de síntesis tan encomiable como bella y desgarradora, el inicio y el fin de esta mítica relación de pareja.



Es difícil trasladar las emociones y las sensaciones que embargan al lector a través de esta 40 páginas, que describen con precisión quirúrgica y con una sencillez aplastante, los parecidos y diferencias entre ambos miembros de la pareja, reflejados a través de la prosa de King en dos huérfanos náufragos, necesitados ambos de un ancla que les rescate de las profundidades del abismo emocional en el que se encuentran. Dos personajes tan parecidos en su pérdida, como diametralmente opuestos en su respuesta a la misma.



Nunca hemos visto a un Batman tan humano y frágil, ni a una Catwoman que no pierde un ápice de su sex-appeal, reconvertida en algo que va más allá del sueño erótico. Ni ningún guionista ha conseguido hasta el momento reflejar con tanto acierto que la pulsión que existe entre ambos va más allá del mero deseo sexual, rematando de nuevo con esa habilidad de cerrar el círculo marca de la casa King, una obra cuyas dos páginas finales devastarán al lector por su habilidad de emocionar con la mínima expresión y consiguiendo que las siguientes relecturas de un tebeo, que se sitúa desde ya entre las mejores obras del personaje, sea completamente diferente, conociendo su trágico pero bello y honroso desenlace.

8 de diciembre de 2017

Batman: Reglas de Compromiso de Tom King y Joelle Jones: Insuflando humanidad y emotividad al Caballero Oscuro





















En una decisión sorprendente, pero tan lógica en cuanto sea sopesada por el seguidor del Hombre Murciélago, Bruce Wayne le pidió matrimonio a Selina Kyle, alias Catwoman. La pedida ocurría en uno de esos tejados donde el Cruzado de la Capa y la ladrona más famosa de la historia del cómic habían compartido persecuciones, peleas y en algunas ocasiones, como en la polémica etapa de Judd Winick y Guillem March al frente de Catwoman, consumando pasiones tórridas.



Y así, tras la extensa y fascinante Guerra de las Bromas y los Acertijos, donde Bruce le contaba a Selina sus mayores pecados para que no hubiera secretos en su futuro matrimonio, llegamos a Reglas de Compromiso, una historia en tres partes, donde King vuelve a ser acompañado en el dibujo, por otro de los grandes lápices del panorama comiquero actual, la dibujante Joelle Jones.



La elección de Jones para esta corta pero intensa historia no es casualidad. Porque Reglas de Compromiso es una historia de mujeres bajo el sol de Oriente Medio, que trae al recuerdo el mítico enfrentamiento entre Ras al Ghul y Batman en la etapa de Denny O'Neil y Neal Adams. Aquí, Batman cede el protagonismo a dos mujeres empoderadas que han amado y en ocasiones perdido a un Bruce Wayne, que como bien dice Selina, no es el mejor espécimen de hombre del mundo como afirma contundentemente Thalia, sino un hombre falible y difícil, pero del que está enamorado Selina, consciente de las limitaciones y problemas de un amor que no ha pedido.



Ese Batman falible y tan humano, muy alejado del superhombre nietzchiano que puso de moda Miller, queda reflejado también en la brillante, divertida y punzante conversación entre Dick Grayson y Damian, donde King, aparte de afianzar la relación de ambos que desarrolló Morrison en su larga etapa, le sirve también para que veamos a Bruce Wayne de nuevo como un ser humano triste, oculto bajo la fachada de su miedo infantil, pero con la posibilidad de redimirse y ser feliz.



King consigue todo esto y además le regala al fan, tres tebeos que se devoran con fruición y emoción y donde el enfrentamiento físico entre las dos mujeres más importantes de la vida de Batman, son representadas tan bellas como poderosas, sin lugar a la explotación barata de su belleza, todo eso gracias a Joelle Jones, dibujante que es capaz de reflejar la belleza de la mujer sin convertirla en un objeto.



Pero el nuevo camino de Bruce y Selina no termina aquí. King continuará su historia en las páginas de una etapa que esperemos no acabe nunca y en un annual, publicado tras la finalización de esta etapa y acompañado con dos dibujantes de excepción, Lee Weeks y Michael Lark, que con su trazo elegante y clásico, nos adentrarán en una historia del pasado y un vistazo al futuro de esa pareja icónica que son Bruce y Selina, Batman y Catwoman.

5 de diciembre de 2017

Doomsday Clock 1 de Geoff Johns y Gary Frank: Entretenida pero superficial herejía


























Treinta años han pasado desde que el primer ejemplar de Watchmen apareciera en quioscos y librerías en los años 80 y provocara un vendaval en la industria del cómic de superhéroes, cuyos efectos todavía no han remitido. Su premisa, un mcguffin envuelto en un whodunnit, "¿Quién mató al Comediante?", le sirvió al guionista Alan Moore y al dibujante Dave Gibbons, para deconstruir un género, unas convenciones y unos personajes que pasaron a ser unos semi-desconocidos héroes comprados por DC Comics a la editorial Charlton, a unos sosías de los mismos, cuando DC decidió integrar a dichos personajes dentro de su universo tradicional.



Si Watchmen era un ejercicio de post-modernismo que entroncaba con la tradición instaurada por autores como Lucas y Spielberg de devolver el aroma de la aventura clásica de los años 30 a una nueva generación, este Doomsday Clock es la alternativa a ese nuevo post-post modernismo que ha caído sobre la saga galáctica: Supuestas nuevas historias que formalmente aluden a unas obras que ya de por si eran un ejercicio de post-modernidad, donde el guiño y el uso de los recursos que hicieron destacar a dichos trabajos sobre el resto de la producción de la época, sirven meramente como artefactos vacíos, donde la forma puede al fondo.



DC Comics ya intentó hace cinco años traer de vuelta una historia y unos personajes que posiblemente no necesitaba de más extensiones, pasadas o futuras, porque la obra de Moore y Gibbons era una obra cerrada que abría y cerraba una historia e incluso un género que no podía seguir discurriendo por los mismos derroteros, abocada a un callejón sin salida. DC juntó a algunas de las mejores firmas y artistas del cómic contemporáneo, para entregar unos tebeos que no se atrevieron a seguir indagando en la matemática y cerrada estructura formal de la obra original, intentando acercarse a un tono, que en el mejor de los casos, daba como resultado unos tebeos correctos pero muy lejanos a la excelencia de la obra que querían emular u honrar.



Pero la editorial propietaria de los mayores iconos del cómic de superhéroes americano no podía dejarlos tranquilos, decidiendo incorporar a las creaciones de Moore y Gibbons como amenaza en la sombra de una nueva DC, que intentó con gran exito, traer de vuelta el heroísmo y la luz a una editorial que malentendió el legado de Miller y Moore, convirtiéndo a dichos personajes e historia, en los males de la editorial. Así, a lo largo de año y medio, los personajes DC se han visto amenazados, en especial Batman y Superman, por unas némesis que ellos desconocen, pero que el público lector conoce de sobra, en un ejercicio metalinguistico digno de estudio.



Y así se llega a Doomsday Clock, la gran apuesta de DC Comics para ser el centro de la atención cada vez más menguante de la industria del cómic de superhéroes, empañando en el intento el muy atractivo Dark Nights Metal de Scott Snyder, al solapar la publicación de ambas obras en el tiempo. Y el lector al tener en sus manos el primer ejemplar se encuentra con emociones y pensamientos enfrentados. El ataque de nostalgia es evidente. La forma de este Doomsday Clock es idéntico en la superficie al Watchmen original. Tenemos la portada casi descontextualizada marca de la casa de la obra original. Una imagen de portada que luego continuaba en la primera página del tebeo, yendo a través de una composición de página matemática y obsesiva de nueve paneles, con permutaciones siempre en múltiplos de tres, que iba retrocediendo la mirada, desde un primerísimo primer plano, hasta llegar después de seis paneles, a un plano general que daba sentido y conjunto a las fragmentadas seis primeras viñetas.



El ejercicio, de unos muy aplicados Johns y Frankj, lo siguen emulando con un mimetismo que raya en algunos aspectos la obsesión enfermiza, en las primeras siete páginas. En el núcleo de la historia relajan las pretensiones de mimetización, pero vuelven a ello en la última página, donde la desolación y nostalgia de Búho Nocturno y de la que es testigo Silk Spectre, aquí es replicada, pero cambiando a dichos personajes por Clark Kent y Lois Lane.



Es aquí donde la apuesta de esta secuela de Watchmen -los acontecimientos de la obra original afectan a esta historia que se desarrolla seis años después del original- se reconvierte y la acerca a los preceptos más trillados del tebeo de superhéroes tradicional. El Watchmen original utilizaba la forma y el whodunit de la muerte del Comediante como punto de partida de un ensayo acerca de las líneas difusas entre el heroísmo y el vigilantismo. En cambio, en Doomsday Clock, si se mira más allá de la milimétrica emulación formal, lo que tenemos es simple y llanamente un misterio que no es un mcguffin, sino el centro mismo de la trama. ¿Qué relación hay entre Watchmen y el universo DC tradicional?. El misterio es lo único importante. Es mucho más banal y prosaico que lo que nos contó Moore y Gibbons y es por ello, que por muy entretenida e intrigante que pueda ser esta maxiserie de 12 números, y lo puede ser, leído el primer ejemplar, seguramente una vez las aguas vuelvan a su cauce y el tebeo esté finiquitado, será muy improbable que se convierta en una obra de referencia y de arduo estudio con el paso de los años, como fue y sigue siendo el Watchmen de Moore y Gibbons.

1 de diciembre de 2017

Detective Comics: Un Lugar Solitario para Vivir. Reivindicando a Tim Drake y a todos los Robins en el proceso


 "Un Lugar Solitario para Vivir" trae al recuerdo y homenajea una de las sagas de principios de los años 90 más recordadas por el aficionado al universo del murciélago: "Un Lugar Solitario para Morir". Dicho mini-evento, guionizado por Marv Wolfman, fue un crossover que apareció en las series de Batman y Los Nuevos Titanes y que presentaba a Tim Drake, un inteligente joven que había descubierto la identidad secreta de Batman y cuyo sueño dorado era que Batman y Robin volvieran a estar unidos. No debemos olvidar que esta historia apareció dos años después de que Bruce Wayne perdiera a Jason Todd, su segundo Robin, a manos de El Joker, en la polémica "Una Muerte en la Familia", guionizada por Jim Starlin y dibujada por Jim Aparo.



Tim Drake acabó convirtiéndose en el tercer Robin. Un Robin que se volvió toda una estrella, haciendo olvidar a los lectores de la época el mal sabor de boca del ominoso y amargado Jason Todd y situándose muy a la par con el clásico Dick Grayson como gran compañero del murciélago. DC Comics supo aprovechar al personaje a principios de los 90, siendo una parte muy importante de los dos títulos mensuales del murciélago y siendo protagonista de tres miniseries guionizadas por Chuck Dixon y dibujadas por Tom Lyle, que se convirtieron en algunos de los tebeos más vendidos de esa era pre y post especulación.



La llegada del siglo XXI no le sentó bien a Tim Drake, ya fuera por la resurrección a manos de Judd Winick del añorado posteriormente Jason Todd, o por la creación y ascenso fulgurante del cuarto Robin, Damian Wayne, hijo de Bruce y también del guionista Grant Morrison en su laureada etapa al frente del personaje. Tim no tenía ni el aura de rebelde sin causa de Jason Todd, ni los galones y el clasicismo de Dick Grayson, ni la arrogancia y el carisma del fabuloso Damian Wayne. En definitiva, Tim Drake había perdido su sitio.



Ha tenido que llegar este DC Rebirth y un guionista como James Tynion IV a la cabecera de Detective Comics, para demostrar dos cosas: la primera, que Tynion es un magnífico guionista, que ama y conoce este universo y a sus personajes como la palma de su mano y que Tim Drake es un elemento fundamental del universo del Cruzado de la Capa. Y así, Tynion tuvo que aparentar que Drake había muerto, para que Batman y su séquito y sobre todo los lectores, nos diéramos cuenta que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.



Aproximadamente un año después, aunque Tynion ya nos había mostrado brevemente que Tim estaba secuestrado por Mr. Oz, el tercer Robin vuelve por la puerta grande. Y lo hace en una historia en cuatro partes, que demuestra la habilidad y la concisión de Tynion para construir una historia épica que deja de lado en las páginas iniciales el misterio de Mr. Oz, ya que Jurgens en paralelo descubría su identidad en las páginas de Action Comics, para centrarse en diseccionar el legado de los Robins y definir perfectamente a cada uno de ellos, quedando representado en una doble página que sugiere un posible futuro para todos ellos, que romperá el alma a todo seguidor de los personajes.



En el apartado gráfico, a Tynion le acompañan sus dos dibujantes rotatorios en las páginas de Detective Comics: Eddy Burrows y Álvaro Rodríguez. Y de nuevo, hacen un excelente trabajo, en 80 páginas frenéticas que van de la espectacularidad a la intimidad sin que eso frene el frenético avance de tramas y subtramas que se van solapando a velocidad de vértigo, resolviendo cabos pendientes de anteriores relatos y dejando entrever un posible futuro, tanto de los personajes como de la colección, que vuelve a demostrar que este Detective Comics no es un serial secundario a la sombra del título principal, Batman, sino que es una serie y una etapa tan o igualmente importante que el Batman de King, pero con su propio estilo y tono. 



En definitiva, un fabuloso tebeo de superhéroes a la antigua usanza, un homenaje y reivindicación de la figura de Tim Drake que ya hacía falta y un paso más para afianzar una etapa que pasará a la historia como un pequeño título de culto que será reivindicado en las próximas décadas, con el mismo regusto del tebeo artesano bien hecho, como lo fue la etapa de Alan Grant y Norm Breyfogle al frente de Batman y Detective Comics.





27 de noviembre de 2017

Action Comics The Oz Effect de Jurgens, Bogdanovich y Sook: ¿Hace falta un Superman en estos tiempos aciagos?




















Los tiempos aciagos que lleva viviendo nuestro mundo desde principios del presente siglo, ha transformado la percepción que tenemos del concepto de heroísmo y los mismos héroes de las viñetas han sufrido un revulsivo en estas últimas décadas a costa de un siglo XXI donde la amenaza del terrorismo y la seguridad, las crisis económicas, la precariedad laboral y social, además del recorte en las libertades y la grave crisis de valores que vivimos, debido a los escándalos políticos y financieros, han provocado un alto grado de nihilismo entre todos los que habitamos este planeta.



Si echamos la vista atrás, nuestros héroes han sufrido un oscurantismo donde los conceptos de paz, libertad y democracia, representado sobre todo en un personaje como Superman, han ido virando, tanto en ese Nuevos 52 de infausto recuerdo para los aficionados, como en la polémica versión cinematográfica de Zack Snyder que comenzó con el largometraje El Hombre de Acero.



Pero en DC Rebirth, la editorial de Superman, Batman, Wonder Woman y demás iconos del siglo XX, han tomado la decisión de volver a tomar la senda de la luz, con un regreso progresivo de unos héroes que se habían ido echando a perder por capas y capas de cinismo y oscurantismo que no conseguían hacer que los personajes y las historias transmitieran ese halo de esperanza que necesita el género y el primer motivo por el que de niños nos acercamos a estos héroes de fantasía: porque traían esperanza y sabíamos que harían lo correcto.



No es secreto para nadie que la lucha entre la luz y la oscuridad se librará en la recién estrenada en Estados Unidos Doomsday Clock, el gran evento de DC Comics que enfrentará a los héroes de la editorial con las creaciones de Moore y Gibbons, los iniciadores de esta caída a las tinieblas del género. Pero a lo largo de los dos últimos años, la editorial ha ido diseminando pequeñas pistas y misterios, sobre todo en las series regulares de Superman, donde se nos presentó a un misterioso individuo llamado Mr. Oz y que lleva mucho tiempo espiando al Hombre de Acero y a su entorno, además de ir secuestrando a una gran parte de los héroes y villanos del universo DC y que fue presentado en la etapa de Geoff Johns y Romita Jr en la serie regular de Superman, en los estertores de Los Nuevos 52.



Y llegamos a este "Efecto Oz" que promete y entrega la revelación de quién es este misterioso personaje, del que muchos sospechábamos que era Ozymandias. Y no, no lo es, pero sin desvelaros el misterio, decir que entronca con las raíces de la creación de Siegel y Shuster y que no dejará indiferente. Su revelación, hará tambalear las creencias de Superman, en un enfrentamiento entre dos posturas, el optimismo y la desesperanza, que aunque algo básico, su guionista, el veterano Dan Jurgens, desarrolla en cinco partes con correcta destreza, siendo en algunos momentos tan naive como el Hombre de Acero en la manera de plantear la solución de conflictos reales, pero que demuestra su capacidad para que sus cinco ejemplares cundan en contenido como las grapas de antaño.



También le sirve a Jurgens para volver a situar al último hijo de Krypton como el adalid y el centro de la esperanza de un universo DC que pugna por surgir de las tinieblas, un trabajo que ya está realizando de manera encomiable Peter Tomasi en la otra serie dedicada al personaje. Pero además, Jurgens entrega aquello que la publicidad prometía, resolviendo los misterios propuestos y avanzando un pasito más a ese Doomsday Clock que se presupone será la salida definitiva de la oscuridad, para que el universo DC abrace una nueva etapa repleta de luz y esperanza.

22 de octubre de 2017

All Star Batman: El Primer Aliado de Scott Snyder y Rafael Albuquerque. Forzando retrocontinuidades






















Alterar el pasado de personajes con orígenes muy bien establecidos, reinterpretados de mil y una maneras, en ocasiones de manera excelente y con más de 70 años de historia, no está al alcance de todo el mundo. En los últimos diez años, y sin salirnos del personaje que nos ocupa, dos autores lo han conseguido con creces, de manera muy diferente y desde ópticas muy distintas. Los autores, Grant Morrison y Tom King.



Mientras Morrison supo aunar en una etapa inclasificable, los preceptos del Batman de los años 50 de autores como Sheldon Moldoff con el Bondiano Batman de principios de los 70 de Denny O'Neill y Neal Adams, aportando de su cosecha personajes tan memorables como Damian y unas gotas de locura marca de la casa, Tom King, apoyándose en los trabajos de los últimos 25 años de historia del personaje, ha sabido reinterpretar sin contradecir al personaje, ahondando más en su psique, que en los acontecimientos externos que ocurrían a su alrededor.



No es ese el caso de Scott Snyder, un guionista más que competente, que aunque tuvo unos inicios prometedores, sobre todo con American Vampire y su primera aproximación a Batman en Detective Comics, en cuanto alcanzó las mieles del éxito en su sobrevalorada etapa junto a Greg Capullo en la serie principal del Caballero Oscuro, comenzó una espiral de ataques a la retrocontinuidad, tan fastuosas como unos fuegos artificiales, pero tan vacías como el agujero de un donut, en sagas tan famosas como La Noche de los Buhos, La Muerte de la Familia, Año Cero o esta saga que nos ocupa, El Primer Aliado, con la que cierra su estancia al frente de Batman, al menos de manera regular.



Curiosamente, esta última historia de su etapa al frente de Batman, le vuelve a reunir con Rafael Albuquerque, el excelente dibujante que le acompañó en la que considero su mejor trabajo hasta la fecha, la ya mencionada American Vampire. Y hay que reconocer que el trabajo gráfico de Albuquerque en este Primer Aliado, no decepciona a sus seguidores, demostrando de nuevo el dibujante, que es un maestro narrativamente, sabiendo equilibrar dinamismo e intimidad, apoyado en su arte atmosférico.



El problema viene derivado de nuevo por esa necesidad imperiosa de Snyder en intentar reescribir la historia de Batman a base de golpes de efecto que chirrían absolutamente con lo construido por la gran cantidad de autores que han ido construyendo la historia del personaje, tras más de 75 años.



En esta ocasión, el personaje desdibujado es nuestro querido Alfred Pennyworth, el famoso mayordomo y confidente de Bruce Wayne que se convirtió primero en la figura paterna de este, tras el asesinato de sus padres y posteriormente su aliado más destacado en su lucha contra el crimen. Aquí, Snyder pretende hacernos creer, que Alfred no solo fue un soldado del ejército británico en su pasado previo a vivir en la mansión Wayne, como hemos visto en otras aproximaciones al personaje, sino que obvia su pasado como actor de teatro de Shakespeare, con lo que hizo maravillas Neil Gaiman en la trágica y desgarradora historia "¿Qué le Ocurrió al Cruzado de la Capa?" y para rizar el rizo, le convierte en un trasunto de agente secreto altamente cualificado y espejo de la obsesión de Bruce Wayne.



Esa perversión del personaje y los trucos de magia pedestres, lapidan un tebeo que por otra parte, demuestra que Snyder sabe contar una historia, con un buen ritmo, por lo menos al principio de sus relatos, que acaban hundiéndose en el fango del absurdo y el sopor, por esos trucos y esa intención/obsesión de epatar al personal con fuegos de artificio ya demasiado manidos por el mismo, a lo largo de su ya agotada etapa al frente del personaje.



En definitiva, un tebeo que falla argumentalmente más que narrativamente, otro intento de brillar con materiales defectuosos de un Scott Snyder que necesita como agua de Mayo, alejarse lo más posible del personaje más famoso del medio, para volver a intentar demostrar la frescura que tuvo en sus orígenes, demostrando que la sencillez y la humildad son mejores aliados que la ambición sin control.
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