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29 de mayo de 2018

Grayson de Tom King, Tim Seely y Mikel Janin: tras la senda de Steranko

























No hace mucho tiempo, tan solo hace tres años aproximadamente, el universo DC no pasaba por uno de sus mejores momentos. Parece difícil imaginarlo a día de hoy, con la cantidad y variedad de tebeos, formatos y sellos editoriales que en líneas generales la casi centenaria editorial ha publicado y publica desde que en junio de 2016 arrancara lo que hemos venido a conocer como DC Rebirth






Antes de esto, en 2011, DC Comics intentó volver a la primera línea del mercado editorial americano con The New 52, una aventura editorial que pretendía reiniciar el universo DC de la misma manera que se hizo con mayor fortuna en el año 1986 tras la finalización de Crisis en tierras infinitas. Salvo contadas excepciones, la línea fue un rotundo fracaso artístico. Una de esas excepciones fue este Grayson que nos ocupa. 






Irónicamente, la génesis de este Grayson viene precedido de un acontecimiento salido de una de esas ideas mediocres que abundaban en la línea: Forever Evil. Un evento donde el dark and gritty era llevado al máximo exponente del ridículo y donde el lector era testigo de la “muerte” de Dick Grayson, primer Robin y uno de los personajes más queridos por editorial, autores y aficionados. Este giro barato de guión, sirvió para que dos guionistas noveles por aquel momento, dieran su primer do de pecho: Tom King y Tim Seely. 





En la actualidad, Tom King no es ningún desconocido para los lectores y aficionados. Sus incontestables triunfos con tebeos de la calidad de La Visión para Marvel Comics, El sheriff de Babilonia y Omega Men para DC Comics o sus actuales etapas al frente de Mister Miracle o la serie principal de Batman, han descubierto al aficionado a un escritor con un uso maestro de las estructuras narrativas y que sabe fusionar con absoluta excelencia la seriedad, el legado y un interesante punto distanciador e irónico. 






Todo eso ya se encontraba en Grayson, una serie regular de veinte ejemplares, donde junto al guionista Tim Seely, reintroducía y modernizaba al primigenio Robin en el siglo XXI, a través de un tebeo que gracias al trabajo de Mikel Janín, se convertía en una redefinición del Nick Furia de Jim Steranko, a través de composiciones arriesgadas de página, un ritmo vertiginoso y lisérgico y un erotismo subyacente que rodeaba a la obra de una sensualidad juguetona y lúdica. 






Pero más allá de unos aspectos formales que son llevados a la práctica por un Mikel Janín cuyo trabajo en este título dio pie a su evolución fastuosa como artista, el tebeo es una pequeña joya por la habilidad de King y Seely para introducirse en la psique de Dick Grayson, homenajear su legado e importancia y llevarle un paso más hacia el futuro, a través de un tebeo donde los puntos muertos y el estancamiento están prohibidos por ley y donde la norma es siempre estar en perpetuo movimiento. 






Si hay que achacarle un pero al conjunto de la serie regular, son las obligaciones de todo título del bat-universo de integrarse de manera orgánica o no, en los periódicos eventos sacacuartos de casi siempre baja calidad, que ralentizan y bloquean el trabajo de los autores del serial. En este caso el problema es Robin War, un evento que servía supuestamente para llamar la atención de los bat-títulos con peores ventas. Hasta ese momento, la serie había entregado una sucesión de doce ejemplares que demostraban una de las grandes cualidades de King: la capacidad de entregar un serial, pero donde cada ejemplar se entiende, argumental y estructuralmente como una unidad narrativa cerrada en su forma y autosuficiente. 






A partir de Robin War, Seely, King y Janín finalizan su etapa tres números más tarde, para dar paso a una saga final, responsabilidad de un equipo creativo de menor envergadura, que sin llegar a las cotas de excelencia y originalidad del original, cumplen con aprobado raspado la obligación de cerrar los arcos argumentales y misterios que Seely y King habían ido diseminando a lo largo y ancho de su etapa en el serial. 






Para concluir, un volumen integral muy interesante para descubrir los primeros pasos de un escritor y dibujante que actualmente se encuentran entre los más importantes de la industria y un tebeo que al igual que el Furia de Steranko, aunque cortado antes de tiempo y accidentado en su publicación, acabará convirtiéndose en un título de culto y oasis de creatividad dentro de uno de los peores momentos editoriales de DC Comics.

20 de abril de 2018

Batman Superfriends de Tom King, Clay Mann y Joelle Jones: Equilibrando impecablemente luz y oscuridad



Bajo un título que trae al recuerdo la serie de animación de DC Comics y que dio a conocer a dichos personajes y universo a la audiencia infantil de los años 70, Tom King continúa su reinterpretación y modernización de los mitos de un Hombre Murciélago que necesitaba dar un paso más allá de la sombra de Miller.






Tom King ha sabido, partiendo de lugares conocidos, reconstruir al personaje desde su particular punto de vista, a lo largo de un año y medio donde no han habido pasos atrás y si muchos pasos hacia delante. El truco es el siguiente: Devolver a los personajes ese aura de pureza e inocencia venido de la Golden Age, con un compleja inmersión en las interioridades de los personajes y el medio, evitando la sobreexposición pseudo-psicológica, tan aparentemente compleja, como pedestre en el fondo.






Ahora, con su boda con Selina Kyle en el horizonte cercano, Bruce Wayne se rodea de dos de sus mejores amigos y compañeros, Superman y Wonder Woman, en dos historias pertenecientes a un arco argumental dividido en dos partes bien diferenciadas y que le sirve a King para reinterpretar la relación de esta mítica trinidad de héroes. Pero de nuevo, para no recurrir a lugares comunes, la relación de Wayne con sus dos mejores amigos y confidentes, se divide tanto argumental, como narrativa y temáticamente.






La primera mitad de esta arco narrativo le reúne con El Hombre de Acero, en concreto, en una cita a cuatro entre Batman, Superman, Lois y Selina Kyle, aka Catwoman. Esta informal reunión le sirve al guionista, ayudado por un charestiano Clay Mann -sorprendente en su evolución como artista- para humanizar la relación entre dos hombres tan diferentes como iguales, tan rivales como hermanos, enfrentándolos con su pasado y haciéndoles mirar un futuro de esperanza, donde las convenciones de ambos iconos se entremezclan para demostrar que entre la luz y la oscuridad, la noche y el día, el héroe y el vigilante y el bien y el mal, solo les separa un punto de vista. Todo esto sin olvidarse de Lois y Selina, mucho más que partenaires sin personalidad propia de ambos héroes, avanzando una nueva relación que en manos de King promete al lector y a los personajes un interesante desarrollo.


La segunda mitad de este arco argumental pasa de lo íntimo a lo épico, en el encuentro entre Bruce y Diana Prince. King, que de nuevo se reúne con la artista Joelle Jones, da un paso más en esa tensión sexual no resuelta entre el Caballero Oscuro y la Mujer Maravilla, apuntada por Joe Kelly en su interesante y nunca suficientemente ponderada etapa al frente de la JLA, a través de un relato que juega con la percepción del tiempo y el significado del amor, que entrega sus mejores momentos en la excelente compenetración de los guiones de King, los dibujos de Jones y su excelente, poderosa y atractiva representación de Wonder Woman y Selina Kyle.








Entre ambas historias, Tom King, junto al dibujante Travis Moore, ofrece al lector un one-shot titulado tramposa y brillantemente The Origin of Bruce Wayne (El origen de Bruce Wayne). El lector que cree encontrarse ante la enésima reinterpretación del origen de Batman, es testigo de un relato oscuro y pesimista, envuelto en una investigación detectivesca y que de nuevo, como a lo largo de su memorable etapa, empaña y cubre de un halo de amargura la en aparente labor “heróica” del mejor detective del mundo.








11 de diciembre de 2017

Batman: Date Nights/Last Rites de Tom King, Lee Weeks y Michael Lark: Una verdadera joya

























Una de las cosas que DC Comics está haciendo muy bien en este resurgir editorial que viven los lectores desde hace año y medio, ha sido la diversificación de formatos y líneas editoriales, donde la editorial ha recuperado su línea prestigio, ha apostado por miniseries y especiales que dan una gran variedad de propuestas de muy distinto tono y que permiten al lector poder elegir entre una gran variedad de productos, muchos de ellos más que interesantes. Pero también, ha devuelto la trascendencia y la importancia a los especiales anuales, un formato que entre los años 60 y 80 se reservaba para historias especiales y trascendentales de la historia de los personajes. Así, tenemos el Fantastic Four Annual nº 3, que versaba acerca de la boda de Reed Richards y Sue Storm, o la Guerra de Asgard protagonizada y narrada en sendos anuales de Los Nuevos Mutantes y La Patrulla X, sin olvidar el anual nº 11 de Superman, con la fundamental historia "Para el hombre que lo tenía todo". Y los autores dedicados a las mismas se encontraban entre los más destacados de la industria, en cada una de las épocas en que fueron publicados. De los ejemplos mencionados anteriormente, destacar que sus autores eran, ni más ni menos, que Stan Lee y Jack Kirby, Chris Claremont y Arthur Adams, terminando con ni más ni menos que Alan Moore y Dave Gibbons.





Y esto exactamente es lo que pretende Tom King con este, su segundo anual para la serie regular del Hombre Murciélago. Lo primero que hace es rodearse de dos artistas como Lee Weeks y Michael Lark, autores amados por el buen aficionado y ninguneados por un fandom más interesado en los fuegos de artificio de otros autores mucho más exitosos pero de muy menor talento. Lark y sobre todo Weeks, entregan página tras página con una composición, una narrativa y un trazo que se encuentran entre lo mejor que puede dar de si el tebeo mainstream americano.



El guión de King no le va a la zaga. Porque si en la serie regular que King comanda en la actualidad nos está contando un momento trascendental en la historia del personaje, como es la petición de matrimonio a Selina Kyle, aquí nos cuenta en escasas 40 páginas y una capacidad de síntesis tan encomiable como bella y desgarradora, el inicio y el fin de esta mítica relación de pareja.



Es difícil trasladar las emociones y las sensaciones que embargan al lector a través de esta 40 páginas, que describen con precisión quirúrgica y con una sencillez aplastante, los parecidos y diferencias entre ambos miembros de la pareja, reflejados a través de la prosa de King en dos huérfanos náufragos, necesitados ambos de un ancla que les rescate de las profundidades del abismo emocional en el que se encuentran. Dos personajes tan parecidos en su pérdida, como diametralmente opuestos en su respuesta a la misma.



Nunca hemos visto a un Batman tan humano y frágil, ni a una Catwoman que no pierde un ápice de su sex-appeal, reconvertida en algo que va más allá del sueño erótico. Ni ningún guionista ha conseguido hasta el momento reflejar con tanto acierto que la pulsión que existe entre ambos va más allá del mero deseo sexual, rematando de nuevo con esa habilidad de cerrar el círculo marca de la casa King, una obra cuyas dos páginas finales devastarán al lector por su habilidad de emocionar con la mínima expresión y consiguiendo que las siguientes relecturas de un tebeo, que se sitúa desde ya entre las mejores obras del personaje, sea completamente diferente, conociendo su trágico pero bello y honroso desenlace.

8 de diciembre de 2017

Batman: Reglas de Compromiso de Tom King y Joelle Jones: Insuflando humanidad y emotividad al Caballero Oscuro





















En una decisión sorprendente, pero tan lógica en cuanto sea sopesada por el seguidor del Hombre Murciélago, Bruce Wayne le pidió matrimonio a Selina Kyle, alias Catwoman. La pedida ocurría en uno de esos tejados donde el Cruzado de la Capa y la ladrona más famosa de la historia del cómic habían compartido persecuciones, peleas y en algunas ocasiones, como en la polémica etapa de Judd Winick y Guillem March al frente de Catwoman, consumando pasiones tórridas.



Y así, tras la extensa y fascinante Guerra de las Bromas y los Acertijos, donde Bruce le contaba a Selina sus mayores pecados para que no hubiera secretos en su futuro matrimonio, llegamos a Reglas de Compromiso, una historia en tres partes, donde King vuelve a ser acompañado en el dibujo, por otro de los grandes lápices del panorama comiquero actual, la dibujante Joelle Jones.



La elección de Jones para esta corta pero intensa historia no es casualidad. Porque Reglas de Compromiso es una historia de mujeres bajo el sol de Oriente Medio, que trae al recuerdo el mítico enfrentamiento entre Ras al Ghul y Batman en la etapa de Denny O'Neil y Neal Adams. Aquí, Batman cede el protagonismo a dos mujeres empoderadas que han amado y en ocasiones perdido a un Bruce Wayne, que como bien dice Selina, no es el mejor espécimen de hombre del mundo como afirma contundentemente Thalia, sino un hombre falible y difícil, pero del que está enamorado Selina, consciente de las limitaciones y problemas de un amor que no ha pedido.



Ese Batman falible y tan humano, muy alejado del superhombre nietzchiano que puso de moda Miller, queda reflejado también en la brillante, divertida y punzante conversación entre Dick Grayson y Damian, donde King, aparte de afianzar la relación de ambos que desarrolló Morrison en su larga etapa, le sirve también para que veamos a Bruce Wayne de nuevo como un ser humano triste, oculto bajo la fachada de su miedo infantil, pero con la posibilidad de redimirse y ser feliz.



King consigue todo esto y además le regala al fan, tres tebeos que se devoran con fruición y emoción y donde el enfrentamiento físico entre las dos mujeres más importantes de la vida de Batman, son representadas tan bellas como poderosas, sin lugar a la explotación barata de su belleza, todo eso gracias a Joelle Jones, dibujante que es capaz de reflejar la belleza de la mujer sin convertirla en un objeto.



Pero el nuevo camino de Bruce y Selina no termina aquí. King continuará su historia en las páginas de una etapa que esperemos no acabe nunca y en un annual, publicado tras la finalización de esta etapa y acompañado con dos dibujantes de excepción, Lee Weeks y Michael Lark, que con su trazo elegante y clásico, nos adentrarán en una historia del pasado y un vistazo al futuro de esa pareja icónica que son Bruce y Selina, Batman y Catwoman.

20 de octubre de 2017

Batman: La Guerra de las Bromas y los Acertijos de Tom King, Mikel Janín y Clay Mann: Deconstruyendo a los villanos de Gotham y a Batman en el proceso




















Como ya hiciera Scott Snyder en su etapa al frente del Hombre Murciélago, con la excesivamente descomprimida Batman Año Cero, Tom King, tras la sorprendente proposición de Batman a Catwoman, hace un viaje al pasado del personaje, en concreto al comienzo de su segundo año como vigilante enmascarado, para deconstruir el panteón de villanos del Cruzado de la Capa, con especial atención a El Joker y El Riddler.



Siendo la saga más ambiciosa de Tom King hasta la fecha -ocho ejemplares, donde seis concretamente corresponden a la historia principal, realizados al alimón por King y Janín, más dos interludios centrados en la figura de Kite Man, ilustrados con destreza por Clay Mann- el miedo a un tropezón, teniendo como referente el Año Cero de Snyder que propició el comienzo de la caída de calidad de este al frente de Batman, estaba justificado.



Nada más lejos de la realidad. Tom King consigue de nuevo superarse a si mismo, en una inteligente y ambiciosa saga que se adentra en la psique de dos villanos tan emblemáticos como el Joker y el Riddler, deconstruyendo su personalidad y todo lo que los lectores sabemos de ellos, tras más de siete décadas, volviendo a conseguir que parezcan nuevos y frescos, falibles y patéticos, peligrosos y sanguinarios, destacando la amenazadora presencia de un inteligentísimo Edward Nigma, verdadera revelación de la saga y un patético y melancólico Joker, convertido, nunca mejor dicho, en una broma de si mismo.



La vuelta al pasado es propiciado a través de la figura de un narrador que no es nada menos que el propio Hombre Murciélago, que le narra a su prometida, Selina Kyle, una vivencia de los inicios de su carrera, de la que ambos formaron parte, pero en la que Bruce hizo algo que le lleva carcomiendo desde entonces.



King plasma una inhumanizada pero a su vez colorida Gotham City, donde el disfrute de un buen tebeo de superhéroes no lastra que la obra profundice en la psique de unos personajes que van de lo patético a lo lastimero, como esa oda a los villanos de tercera encarnado en la figura de Kite Man, o que el propio King introduzca una serie de easter eggs a lo largo y ancho de la saga y que solo descubrirán los verdaderos seguidores de los dos Batman de Burton y el primer Batman de Schumacher.



Incontables escenas pasan desde ya a la galería de mejores momentos de la historia del Caballero Oscuro, como ese siniestro inicio en el club de stand up comedy "regentado" por el Joker, pasando por el trágico destino del hijo de Kite Man, la surrealista y brillante escena en la mansión Wayne correspondiente a la totalidad de la cuarta parte del relato o ese emotivo epílogo entre Bruce y Selina, reafirmando los sentimientos entre dos almas resquebrajadas necesitadas de redención.



En definitiva, otra magistral historia de Batman narrada por Tom King e ilustrada por Mikel Janín, donde ambos autores arriesgan con estructuras y composiciones como esas dobles splash pages que pasan de una página a otra como si fueran el rollo de una película en contraposición con páginas compuestas en múltilples viñetas que aceleran o reducen el ritmo de la narración con maestría, consiguiendo devolver la frescura a un héroe, unos villanos y una ciudad que necesitaban renovarse sin perder su esencia y espíritu por el camino.

23 de septiembre de 2017

Mister Miracle de Tom King y Mitch Gerards: ¿Qué te pasa Scott Free?




















Dos ejemplares únicamente les ha hecho falta a Tom King y Mitch Gerards -el fabuloso equipo creativo al frente de El Sheriff de Babylonia- para poner patas arriba el mundo de Scott Free, alias Mister Miracle en particular y el Cuarto Mundo de Jack Kirby en general, además de poner en evidencia al resto de los títulos que editan las dos grandes.



En un ejercicio, que se asemeja en intenciones y pretensiones a La Visión del mismo King e incluso al Animal Man Morrisoniano, King y Gerards han conseguido refrescar y envolver en un aura de cotidianidad y oscuridad el mundo en le que se desenvuelve un personaje, Scott Free, que normalmente ha funcionado como personaje al fondo de la viñeta, o como alivio cómico en la excelente Liga de la Justicia de Giffen y deMatteis.



Con un arranque tan polémico como potente, donde nos encontramos a nuestro protagonista a las puertas de la muerte, tras un intento de suicidio, tan vulgar como crudo, King, apoyado en un trabajo artístico de Gerards de un precisión milimétrica escalofriante, comienza a resolver el enigma de quién es y qué le pasa a Scott Free, a través de una historia críptica, donde las pistas y los enigmas comienzan a acumularse de manera exponencial y donde la línea entre realidad y ficción se difuminan, situando a nuestro protagonista y la audiencia e un extraño pero seductor estado de duermevela.



King renueva los mil y una vez usados conceptos creados por el maestro Kirby en el centenario de su nacimiento, consiguiendo que conceptos tan usados como mal explotados, se vean desde un prisma original y muy diferente, consiguiendo que las enormes fantasías Kyrbianas se impregnen de la escalofriante realidad de un Daniel Clowes o un Charles Burns.



Y con tan solo dos números publicados de un total de doce ejemplares, el viaje que nos espera, vista la trayectoria impresionante de anteriores trabajos de King y la promesa de estos fabulosos ejemplares, es de órdago. Jack Kirby estaría orgulloso de un tebeo que sabe aunar la capacidad de los buenos tebeos de género de ir un paso por delante de todos sus contemporáneos, como el Rey consiguió en la década de los 60 y 70.

7 de septiembre de 2017

Omega Men de Tom King: Original y auténtica Sci-Fi política






















La buena ciencia ficción, desde sus orígenes, ha servido para explicar y entender la realidad contemporánea que vivimos. Obras como Un Mundo Feliz, 1984, Farenheit 451 o más recientemente, películas como Matrix, Blade Runner o Moon, por poner algunos ejemplos, nos señalaban de lo que estaba ocurriendo en la actualidad de cada momento y nos advertían de los peligros del futuro más inmediato.



Omega Men de Tom King, es un ejemplo perfecto de todo ello. En un mundo contemporáneo, donde el terrorismo, las políticas encubiertas de los gobiernos occidentales y el fantasma del fascismo resurgiendo, tras una crisis económica que ha separado aún más la distancia entre ricos y pobres, King, acompañado por el dibujante Barnaby Bagenda, nos muestra una zona cuasi desconocida del universo DC, para plantear una historia donde los héroes son supuestos villanos y los puntos de vista y la información de la que se dispone, son claves para entender las motivaciones de unos personajes que se mueven en una zona de grises.



También le sirve esta obra a King, para recuperar a unos personajes olvidados de principios de los 80, creados por Marv Wolfman, en una operación, que salvadas las distancias, es parecida a lo acometido por Alan Moore con los héroes de la Charlton en la seminal Watchmen. Incluso la estructura de la obra y la división de paneles en cada página del serial, bebe, y mucho del experimento casi matemático del trabajo de Moore.



Y aunque los Omega Men son los titulares de la obra, el héroe redimido de la misma es el Green Lantern también conocido como Kyle Rayner. Un Green Lantern aparecido en los años 90, cuando DC Comics no sabía que hacer con sus personajes cuasi centenarios e intentó revitalizarlos con nuevos rostros, algo parecido a lo que está ocurriendo en el universo Marvel, con más fortuna por parte de estos.



Así, Rayner, héroe a su pesar, en su momento más bajo, cae presa de un en apariencia, grupo terrorista, sanguinario y sin escrúpulos, para a partir de ahí, convertirse en la única luz de decencia de un universo y un entorno, donde los héroes de una sola pieza, poco pueden hacer, por muchos anillos de poder que posean.



Como puntos negativos, solo destacar un par de ellos. El primero, la horrible decisión de ECC, de titular el volumen con un Green Lantern presenta, pareciendo que estamos en la época de Novaro y demostrando que no tienen ninguna confianza e idea del producto que están entregando a los lectores españoles. Porque es un tebeo del guionista más en alza del panorama americano de la actualidad, Tom King.



También fue el tebeo que dio a conocer a King. Y ahí viene el problema. Debido al retraso en su publicación en castellano, ya nos han llegado los siguientes trabajos de un guionista que no hace más que mejorar a cada trabajo que entrega, como atestiguan El Sheriff de Babilonia, La Visión y la nueva y fulgurante etapa de la serie regular de Batman. Y como el listón está muy alto, la lectura de este más que estimable tebeo, queda algo dilapidada por el hype precedente.



Pero eso no quita para que nos encontremos con una de las novedades editoriales imprescindibles del panorama actual. Una buena muestra de ciencia ficción política, con personajes atractivos y planteamientos arriesgados y polémicos. Os aseguro que no os dejará indiferentes.

11 de junio de 2017

Batman/The Flash: The Button. Comienza la cuenta atrás del reloj del Juicio Final


























Tras una odisea equiparable a la de Batman y Flash viajando entre universos y realidades paralelas, he conseguido tener en mi poder las cuatro partes que forman este nuevo evento (cosas del Previews y la distribuidora Diamond) que continúan lo planteado en el fantástico especial escrito por Geoff Johns y con el que arrancó este Renacimiento del Universo DC.



Si recordáis dicho especial aparecido hace ya un año en su edición original -y si no lo recordáis es muy recomendable que lo desenpolvéis y lo leáis de nuevo- Batman encontraba la famosa chapa con el rostro del Smiley con su correspondiente mancha de sangre que todo fan de Watchmen sabemos que pertenecía a El Comediante y que arrancaba la historia de un tebeo que más de 30 años después sigue influyendo y dando que hablar.



Los responsables de continuar dicha investigación son los guionistas Tom King y Joshua Williamson, responsables ambos de los títulos principales de Batman y Flash. Y la historia comienza como un rayo, en un primer ejemplar con la famosa composición de página del Watchmen de Moore y Gibbons para adentrarnos en una historia en los límites de la realidad y el tiempo en cuatro partes, que sirven a los guionistas para continuar lo planteado por Johns en dicho especial y que guarda paralelismos con el otro gran evento que ha removido los cimientos del nuevo universo DC, El Superman Reborn de Tomasi y Jurgens.



King y Williamson equilibran perfectamente en cuatro ejemplares que se devoran a la velocidad del rayo, el protagonismo, la importancia y las consecuencias para ambos héroes, sabiendo enmendar posibles desatinos editoriales como Flashpoint y dándole el protagonismo a los dos personajes más interesantes salidos del mismo, como son el Flash Reverso y el Batman encarnado por Thomas Wayne.



A su vez y apoyados por el inmejorable arte de Jason Fabok, que no hace más que mejorar y el más estilizado y fluído arte del veterano Howard Porter, los guionistas aportan respuestas a algunos de los enigmas planteados por Johns en el especial Renacimiento y multiplicando a su vez los nuevos, para dejar al lector deseoso de saber más, en una historia que ha abrazado la polémica por la decisión de introducir a los personajes de Watchmen dentro del universo DC, pero que si se hace tan bien como en este The Button, puede que acabe callando muchas bocas.



La saga es rematada por todo lo alto con el regreso de un legendario y viejo conocido de la Golden Age, cuyo futuro es incierto y con un epílogo que abre el apetito para lo que será el evento DC de la década, ese Doomsday Clock escrito por Geoff Johns y dibujado por Gary Frank que ansioso estoy de tener en mi poder. Habrá que esperar hasta noviembre de este año, pero mientras tanto, podremos teorizar y soñar con lo que viene a continuación. Y os pregunto, ¿hace cuánto que los tebeos de las dos grandes conseguían eso?.
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