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14 de diciembre de 2017

Dark Nights Metal 3 y Dark Nights Batman Lost 1: Reescribiendo inteligentemente la historia del Universo DC






































¿Cuánto tiempo hace que no había una Gran Historia en el mundo de los tebeos de superhéroes que te hiciera vibrar de emoción, que te hiciera preocuparte de cómo iban a salir tus héroes favoritos del entuerto en el que habían caído?¿Cuánto tiempo que unas némesis eran tan infernales y peligrosas, que un escalofrío te recorría la espalda ante su sola presencia? Es difícil recordarlo, porque hace mucho que esto no ocurría. Pero Scott Snyder ha obrado el milagro con Metal, su colofón a muchos años de carrera al frente de la franquicia del Hombre Murciélago, pero que sin que lo supiéramos, unía puentes con obras tan míticas y fundamentales como Crisis en Tierras Infinitas.



Cierto es, que sabemos que las aguas volverán a su cauce y que el daño realizado a nuestros queridos héroes de ficción será subsanado en el clímax del serial, pero este tercer ejemplar es una buena muestra de ese gusto masoquista de ver sufrir a unos héroes que se han equivocado y van a pagar duramente el error. Snyder, apoyado por un cada vez más suelto y resolutivo Greg Capullo, mete el dedo en la llaga, iniciando el tercer ejemplar de este Metal, con una idílica reunión campestre entre la trinidad de DC y sus amigos y familiares más allegados, para mostrarnos dos páginas más tarde, que esa bella estampa es un caramelo envenenado para que la caída en las fauces del infierno del universo DC, y que la temeridad de Batman ha provocado, sea más dolorosa para los lectores.



Snyder nos da un respiro en esa reunión de héroes en un punto intedeterminado del espacio-tiempo, consiguiendo aquello que parecía ya imposible en las subcompartimentadas franquicias en las que se había convertido el universo DC, reuniendo a personajes tan olvidados y dispares como Doctor Fate, Plastic Man, junto a los más exitosos e icónicos Superman, Wonder Woman o Green Arrow. Y lo consigue sin que chirríen, dándoles a todos su momento de gloria, sin que ninguno de ellos sobresalga por encima del resto. Pero esta reunión superheróica que da al lector una sensación de falsa seguridad, se quiebra en un tercer acto donde el infierno se desata, el mal vence y deja una sensacional sensación de fatalidad y desesperanza, en unas páginas finales que dejan al lector tan tocado como maravillado, ante el fatal destino que se cierne sobre sus héroes.



Pero si este tercer número no es suficiente para devolver la fé a un género y a una industria que muchos dan y a veces dábamos por muerta, la fiesta continúa con el muy especial tie-in que Snyder, acompañado en la escritura por James Tynion y Joshua Williamson nos tenían preparados a los fans del Hombre Murciélago. Este regalo es el especial Batman Lost, una historia que redefine, reinventa y reúne tres momentos clave de la historia del personaje, en un ejercicio metalinguistico, reforzado por tres grande artistas como Doug Manhke, Yanick Paquette y Jorge Jiménez, donde se da un repaso reunificador a la historia del personaje, comenzando con la seminal "El Caso del Sindicato Químico", revalorizando y poniendo en contexto una historia tan olvidada como magistral.Una serie en tres partes aparecida en la serie regular de Batman, entre los números 452 y 454, llamada "Dark Night, Dark City", donde Peter Milligan y Kwieron Dwyer, entregaban una atmosférica historia donde le daban un background sobrenatural y terrorífico al pasado de Gotham y redefinían de manera brillante y aterradora al Riddler, terminando en la miniserie "The Return of Bruce Wayne" de Grant Morrison. Una miniserie central dentro de la extensa historia que comenzó Morrison hace una década aproximadamente y que se ha convertido, al igual que el tebeo de Milligan, en base fundamental del trabajo de Snyder en Batman y Metal.



Mucho queda aún para que este Metal termine. Es posible que Snyder, como le ocurre en muchas ocasiones, derrape en los últimos acordes de su relato y se nos salga por la tangente, desvirtuando todo aquello que había construido con tanto mimo. Espero que no sea así, porque creedme cuando os digo, que este Dark Nights Metal es uno de los tebeos de superhéroes más emocionantes e interesantes de la historia de DC en mucho tiempo y que si no se estropea en los próximos meses, se acabará convirtiendo en uno de esos "must-have" de la historia de la editorial, eterno e imperecedero.

11 de junio de 2017

Batman/The Flash: The Button. Comienza la cuenta atrás del reloj del Juicio Final


























Tras una odisea equiparable a la de Batman y Flash viajando entre universos y realidades paralelas, he conseguido tener en mi poder las cuatro partes que forman este nuevo evento (cosas del Previews y la distribuidora Diamond) que continúan lo planteado en el fantástico especial escrito por Geoff Johns y con el que arrancó este Renacimiento del Universo DC.



Si recordáis dicho especial aparecido hace ya un año en su edición original -y si no lo recordáis es muy recomendable que lo desenpolvéis y lo leáis de nuevo- Batman encontraba la famosa chapa con el rostro del Smiley con su correspondiente mancha de sangre que todo fan de Watchmen sabemos que pertenecía a El Comediante y que arrancaba la historia de un tebeo que más de 30 años después sigue influyendo y dando que hablar.



Los responsables de continuar dicha investigación son los guionistas Tom King y Joshua Williamson, responsables ambos de los títulos principales de Batman y Flash. Y la historia comienza como un rayo, en un primer ejemplar con la famosa composición de página del Watchmen de Moore y Gibbons para adentrarnos en una historia en los límites de la realidad y el tiempo en cuatro partes, que sirven a los guionistas para continuar lo planteado por Johns en dicho especial y que guarda paralelismos con el otro gran evento que ha removido los cimientos del nuevo universo DC, El Superman Reborn de Tomasi y Jurgens.



King y Williamson equilibran perfectamente en cuatro ejemplares que se devoran a la velocidad del rayo, el protagonismo, la importancia y las consecuencias para ambos héroes, sabiendo enmendar posibles desatinos editoriales como Flashpoint y dándole el protagonismo a los dos personajes más interesantes salidos del mismo, como son el Flash Reverso y el Batman encarnado por Thomas Wayne.



A su vez y apoyados por el inmejorable arte de Jason Fabok, que no hace más que mejorar y el más estilizado y fluído arte del veterano Howard Porter, los guionistas aportan respuestas a algunos de los enigmas planteados por Johns en el especial Renacimiento y multiplicando a su vez los nuevos, para dejar al lector deseoso de saber más, en una historia que ha abrazado la polémica por la decisión de introducir a los personajes de Watchmen dentro del universo DC, pero que si se hace tan bien como en este The Button, puede que acabe callando muchas bocas.



La saga es rematada por todo lo alto con el regreso de un legendario y viejo conocido de la Golden Age, cuyo futuro es incierto y con un epílogo que abre el apetito para lo que será el evento DC de la década, ese Doomsday Clock escrito por Geoff Johns y dibujado por Gary Frank que ansioso estoy de tener en mi poder. Habrá que esperar hasta noviembre de este año, pero mientras tanto, podremos teorizar y soñar con lo que viene a continuación. Y os pregunto, ¿hace cuánto que los tebeos de las dos grandes conseguían eso?.

23 de enero de 2017

Justice League Vs. Suicide Squad: El primer "gran evento" de DC Rebirth




















A bombo y platillo ha anunciado DC Comics su primer evento de la nueva línea editorial, una serie de seis números donde la editorial ha decidido juntar los caminos de los dos grupos "top" de la DC Comics actual, La Liga de la Justicia y El Escuadrón Suicida, los primeros con adaptación cinematográfica a estrenar a finales de este año entrante y El Escuadrón Suicida acaba de ser noticia por su fallida pero exitosa versión cinematográfica estrenada el pasado verano.



No es de extrañar que los personajes destacables de ambos equipos sean aquellos que tengan adaptación cinematográfica en ciernes (Wonder Woman y Batman) o hayan sido lo más destacable de una producción mediocre (Harley Quinn y Deadshot) como se puede apreciar en la imagen que ilustra este post o la portada del primer ejemplar de la miniserie, donde hay que destacar que Superman ocupa un lugar muy poco destacado.



En cuanto a la miniserie en concreto, de la que solo puedo hablar de los primeros cuatro ejemplares y un par de tie-ins correspondientes a las series regulares de la Justice League y de Suicide Squad, decir que es un evento tan espectacular como vacuo, pero que está un punto por encima de lo que viene sucediendo en las series regulares de ambos grupos. El motivo, que por lo menos pasan cosas.



El guionista encargado de este evento es Joshua Williamson, encargado en la actualidad de la serie regular de Flash, donde el guionista está haciendo un trabajo correcto sin destacar ni en lo positivo ni en lo negativo. Aquí, teniendo a los primeros espadas de la editorial es capaz de rascar en el rico universo DC, trayendo personajes tan famosos como Lobo del ostracismo de los últimos años y olvidando la versión anoréxica del mismo con las que nos "deleito" los Nuevos 52 o Maxwell Lord, personaje de actualidad por el serial televisivo de Supergirl que ahonda de nuevo en la versión que Greg Rucka puso de moda en la primera mitad de la primera década del siglo XXI y que desembocó en la famosa Crisis Infinita de Geoff Johns, secuela de la clásica Crisis en Tierras Infinitas.



El tebeo se lee con agrado pero se olvida tan facilmente como se lee, siendo más interesantes los dos tie-ins aparecidos hasta el momento, ganando el del Escuadrón Suicida, ambos precuelas de lo acontecido en la miniserie central y que para no spoilear obviaré su argumento.



En cuanto al apartado gráfico, al ser una serie semanal, cada número está ilustrado por un dibujante diferente. El mejor de ellos o por lo menos aquel que más seguidores tiene entre los aficionados, Jason Fabok, realiza el primer ejemplar, siendo continuado por un Tony Daniel al que se le nota que las fechas de entrega se le echaban encima (comparemos el segundo ejemplar de esta miniserie con el primer número de la nueva serie de la Justice League) para dar el relevo en los números tres y cuatro a, respectivamente, Jesús Merino y Fernando Pasarín, que entregan un trabajo correcto.



En definitiva, un tebeo divertido y a la vez intrascendente, repleto de acción y explosiones, donde Williamson trae de vuelta conceptos y personajes olvidados en el anterior reinicio de la editorial y que avanza pequeñas pistas de hacia donde va a tirar el futuro de la editorial. En resumen, un evento típico de las dos grandes en la actualidad, con sus virtudes y sus defectos y que no engaña a nadie.

10 de octubre de 2016

The Flash: Rebirth de Joshua Williamson y Carmine Di Giandomenico. El velocista escarlata se estanca en su zona de confort






















Flash, en especial Barry Allen, es parte fundamental de los mitos de DC Comics desde la Silver Age, ya que fue el personaje que inició una nueva edad de oro para la editorial en los años 80 y que a partir de ahí ha sido parte fundamental de la evolución de la misma, tanto para lo bueno (Crisis) como para lo supuestamente malo (Flashpoint). No podemos entender el universo DC sin el Velocista Escarlata.



Pero quitando sus inicios icónicos junto a Carmine Infantino y la memorable etapa de Mark Waid y Grant Morrison en los años 90, el personaje nunca ha tenido una serie regular que se considere una cumbre o un hito del género, aunque sean estimables tanto la etapa de Geoff Johns a principios del nuevo siglo o la más cercana perteneciente a los Nuevos 52, sobre todo por el despliegue gráfico de Francis Manapul.



Y de nuevo, en este Renacimiento, Barry Allen y Wally West son fundamentales. Pero aunque el especial con el que comienza la etapa ahonda brevemente en los vislumbrado en el especial DC Rebirth, la serie regular de la que llevamos ya siete ejemplares con un largo arco argumental que todavía no ha finalizado toma otros derroteros.





Unos derroteros más convencionales con elementos originales, con ese ejercito de velocistas provocado por causas desconocidas, junto a otros elementos que quitan originalidad que no iconicidad al tebeo, como ese Godspeed, nuevo velocista en negativo que se las hace pasar canutas a un Barry Allen con nuevo interés amoroso.



El tebeo se lee con agrado pero sin aspavientos. Quizá porque la trama aunque efectiva, tira del manual de la sorpresa y sus giros argumentales se descubren a la legua, con poco que conozcas al personaje, ya sea en su versión impresa o televisiva. Eso no quita para que todo aquel que sea fan del personaje no se podrá sentir decepcionado, aunque tampoco maravillado.



Y es que toda la mitología que ideó Waid en los 90 y que le dio nuevas alas a un personaje que había entrado en un callejón sin salida sigue siendo la piedra totémica que ningún autor se atreve a cambiar. Súmale a esto el correcto pero nada memorable trabajo a los lápices de Carmine Di Giandomenico y lo que tenemos es un tebeo que aprueba por encima de la media, pero que necesita a lo mejor de autores revolucionarios para que la serie regular de un personaje tan importante como Flash se ponga en la lista de tebeos imprescindibles y salga de esa acomodaticia zona media en la que su serie regular lleva demasiado tiempo.
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