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17 de agosto de 2017

Capitán América: Del Punto Muerto al Imperio Secreto




Entre secuelas de Guerras Civiles, nuevos y jóvenes Campeones, intentos de devolver a la franquicia Vengadora su sabor clásico y nuevos y diferentes Hombres de Hierro, el Capitán América de Nick Spencer estaba pasando sin pena ni gloria, tanto en las estanterías de las librerías especializadas como en la pila de lecturas de los aficionados.

Porque tras una irregular y poco inspirada etapa de Rick Remender, el statu quo del personaje había quedado de la siguiente manera. Steve Rogers había perdido el suero del Supersoldado y se había convertido en un anciano y cascarrabias veterano de guerra liderando Shield, tras entregar el escudo a su viejo aliado y amigo, Sam Wilson, anteriormente conocido como El Halcón.






Es en ese punto donde Nick Spencer -autor también de una muy recomendable etapa al frente del título Vengadores Secretos- tomaba las riendas de un título y un personaje que se convertiría en el reflejo y espejo de una América y un mundo occidental que se estaba volviendo muy oscuro, tanto en la realidad del aficionado como en su reflejo en las viñetas.

Sam Wilson, como nuevo Capitán América, devolvía al personaje su carácter reivindicativo y luchador, defendiendo a las minorías más necesitadas en una América donde la sombra del nacionalismo y la extrema derecha, comenzaba a vislumbrarse en un país sin ideales y valores que comenzaba a resquebrajarse, fiel reflejo de la misma sombra de un mal que comenzaba a cernirse por el Estados Unidos del mundo real.






Pero donde Spencer comenzó a demostrar que, su hasta el momento interesante, pero modesta etapa era solo el principio de algo más importante, fue con el evento titulado “Punto Muerto”. Un crossover modesto en envergadura, pero modélico en su desarrollo y resolución, donde Spencer nos mostraba hasta donde pueden llegar los gobiernos supuestamente democráticos en aras de la seguridad, con Pleasant Hill, esa modélica localidad donde los pájaros siempre cantan una bella canción y siempre hay música en el aire, que se descubría prisión para la mente, al transformarse en una versión de Guantánamo, gracias a que María Hill, como directora de Shield, se había apoderado de un cubo cósmico que había tomado la forma y la mentalidad de una niña de cinco años llamada Kobik, manipulando la mente y la percepción de la gran parte de los villanos del universo Marvel.






Por supuesto, esa prisión para la mente era descubierta, tanto por Sam Wilson como por el envejecido Steve Rogers y cerrada para siempre, teniendo María Hill que asumir las consecuencias de tamaña atrocidad. Pero esto no era más que el principio. Porque en el clímax de este evento y gracias al Cubo Cósmico con forma de niña, Steve Rogers volvía a recuperar su longevidad y el suero del Super Soldado, devolviendo, en apariencia, al personaje y a la colección a un “back to the basics” de manual, coincidiendo con el estreno en salas cinematográficas de la tercera entrega de Capitán América, titulada Civil War. Nada más lejos de la realidad.

Tanto Steve Rogers en la ficción, como Marvel Cómics en el mundo real, decidieron que el mundo necesitaba dos Capitanes América. Y así, Steve, incluso con las diferencias ideológicas con Sam, le cedió el escudo de Capitán América y Marvel mantuvo no una, sino dos series con el título de Capitán América en las librerías, una protagonizada por Steve Rogers, otra por Sam Wilson y ambas escritas por Nick Spencer.





Lo que en un principio parecía solamente una manera de exprimir los bolsillos de los lectores, se convirtió en una jugada maestra, tanto por parte de la editorial, como por parte del autor, pero sobre todo para Steve Rogers, que tan solo con dos palabras, incendio el universo Marvel y las redes sociales, que demostraron de nuevo, la cantidad de fanatismo y cerrazón de algunos supuestos aficionados, que llegaron incluso a amenazar de muerte al autor. Las dos palabras que decía Steve Rogers eran ni más ni menos que “Hail Hydra” en una viñeta a toda página que cerraba el primer ejemplar del nuevo volumen del Capitán América y que desde ya, queda como uno de los momentos emblemáticos e icónicos de toda la historia de Marvel.

Pero lo que podía haber sido meramente un nuevo fuego de artificio, una salida de tono para provocar la polémica y vender miles de ejemplares, se ha ido demostrando a lo largo de un año que no es así, sino una historia perfectamente planificada, escrita con maestría y que se devora como el mejor de los thrillers con un crescendo de intensidad y ansia por saber más, que ya quisieran la gran mayoría de relatos de ficción contemporáneos. 






Porque el Capitán América de Spencer no solo es un thriller de acción y espionaje endiablado, sino que también es una reconfiguración maestra del mito del Super Soldado, de Hydra, de la América de Trump como pesadilla cumplida y que nos hace ver y entender a Steve Rogers desde un nuevo punto de vista terrorífico. Cara al exterior, Steve sigue siendo ese guardian de los valores tradicionales y morales, mientras en su interior, bulle un ser que se cree superior y que desprecia y engaña a los que siempre creímos sus aliados, a medida que va acabando lentamente con las piezas del tablero de ajedrez de sus rivales, consiguiendo Spencer salvarle la papeleta al mismísimo Brian Michael Bendis y su poco inspirada Civil War 2, que más que un evento se convierte en un preludio necesario para que el Capitán América tome el poder y hunda en las tinieblas al universo Marvel en el evento que aparece esta misma semana y que personalmente, más espero, en muchos, pero que muchos años.

Por supuesto que esta realidad trastocada por Kobik -el Cubo Cósmico con forma de niña de cinco años- me imagino que caerá al final del evento y se nos devolverá a nuestro Steve Rogers de toda la vida. Pero eso no quitará que a lo largo de más de dos años, Nick Spencer nos haya entregado un tebeo de superhéroes magistral e imprescindible, que como todos los buenos relatos de ficción nos hacen replantearnos la realidad en la que vivimos, desde el espejo magnificador de un relato que se asemeja en intenciones y resultados a “El Hombre del Castillo” del gran Philip K. Dick. ¿Quién decía que Marvel ya no sabía hacer buenos tebeos?

12 de noviembre de 2016

Capitán América de Nick Spencer: Un reflejo acerado y escalofriante del mundo que estamos viviendo





















La casualidad o el destino ha hecho que la relectura de la etapa en curso actual del Capitán América haya coincidido con la triste noticia de que un ser tan despreciable como Donald Trump haya alcanzado la presidencia de los Estados Unidos. La llegada de tan despreciable individuo no ha sido fruto de la casualidad ni de algo concreto, sino el cúmulo de unos primeros 15 años de siglo XXI desastrosos que comenzaron con la llegada de George Bush Jr. al poder, el atentado a las Torres Gemelas y las consecuentes guerras de Afganistan e Irak para a continuación hundirnos en una crisis económica de la que todavía no nos hemos recuperado, cuya mayor consecuencia ha sido aparte del sufrimiento de millones de personas, la pérdida de fé en un sistema tocado y hundido y el resurgimiento de los fantasmas de un fascismo que creíamos desaparecido pero que solo estaba aletargado esperando su momento para resurgir, al parecer, con más fuerza que nunca.



Todo este último párrafo viene a colación, porque de todo esto trata el Capitán América de Nick Spencer, al coger las riendas de una irregular etapa de Remender, donde dejamos a Sam Wilson como el nuevo Capitán América, tras el envejecimiento de Steve Rogers. Spencer desde el minuto uno aprovecha la pertenencia de Sam Wilson a la minoría afroamericana y su papel como activista social para transmitir a través de las palabras y los actos del personaje, un discurso de revolución social hacia un sistema que ha dejado de lado a los más débiles y por los que este nuevo y necesario Capitán América toma partido.



Ese partidismo de Sam le aleja de esa América codiciosa, hipócritamente inocente reflejada en algunos aspectos en un Steve Rogers que más que nunca es una reliquia de una época pasada, completamente desconectado del mundo que tiene alrededor. Spencer magníficamente acompañado por Daniel Acuña, Jesús Saiz o Ángel Unzueta, entrega el tebeo más atrevido y arriesgado que puedo recordar de la historia de Marvel, más cercano al V de Vendetta de Alan Moore que a un tebeo de superhéroes al uso, completamente acertado en sus planteamientos y cuestiones y que no deja de lado ninguno de los temas que cualquier ciudadano con dos dedos de frente se debe plantear y cuestionar.



Assange y Snowden, el neoliberalismo salvaje imperante en la América capitalista, pasando por Guantánamo, el crecimiento de la tensión racial, hasta el discurso neo-fascista de Trump donde no falta ni la alusión a su proyectado muro de la verguenza en la frontera con México. Todo esto tiene su reflejo en la etapa Spencer, llámalo el Susurrador, Pleasant Hill, la nueva y wallstreetizada Sociedad de la Serpiente o Cráneo Rojo e Hidra.



Y lo hace demasiado bien Spencer. Tanto que da miedo por su claridad de exposición y sus visiones convertidas en cortoplacistas por los lamentables acontecimientos que vemos diariamente en nuestros televisores. Y por ello es tan importante este tebeo, no solo porque es endiabladamente entretenido y te hace pensar y retorcerte en tu sillón, repleto de giros inteligentes, de planificación a largo plazo, sino porque es necesario que a través de la cultura pop podamos educar y hacer entender a la población el mundo en el que vive, un mundo manipulado por fuerzas que escapan a nuestro control y en el que lamentablemente está ganando poco a poco el mal. También hay un reflejo de todo esto en el tebeo de Spencer. Steve Rogers está viviendo su hora más oscura, pero Sam Wilson será la luz al final de tunel. Esperemos que el mundo real también encuentre esa luz y podamos recordar estos acontecimientos como un mal sueño, que nunca debemos olvidar para que no se vuelva a repetir cíclicamente.

30 de octubre de 2011

Penguin Pain and Prejudice 1, Red Lanterns 2, Supergirl 2, Superboy 2 y Birds of Prey 2: The New 52


Penguin: Pain and Prejudice de Greg Hurwitz y Szymon Kudranski 

El Pinguino nunca sale bien parado cuando se le compara con otros villanos clásicos del hombre murciélago como el Joker o Dos Caras. Cierto es que la única vez que se le ha intentado dar algo de profundidad al personaje ha sido en la cada vez más valorada secuela del Batman de Tim Burton llamada “Batman Vuelve” donde el antiguamente excelente director plasmaba a Oswald Cobblepot como una figura trágica, un incomprendido y solitario individuo, rechazado y humillado a partes iguales, que dedicaría su vida adulta a hacer pagar a los ricos y guapos de Gotham los desprecios que sufrío desde que fuera un tierno niño. En esta nueva miniserie, sus autores parten de esa representación del filme de Burton, aderezada con un exceso de mal rollo y ultra-violencia para contarnos quién era Oswald Cobblepot y en lo que se ha convertido. Porque en el presente es el Kingpin del universo DC, un mafioso temido y despreciado a partes iguales que domina los bajos fondos de Gotham desde su local, el “Ice Lounge”. Este primer número, que gráficamente parece el trabajo de un Alex Maleev principiante no está mal, pero se excede, como toda la nueva DC en una violencia que de tanta acaba echando para atrás a cualquier tipo de lector. Y ese y no otro creo que es el mayor problema de la nueva DC, que al igual que ocurrió a finales de los 80 y principios de los 90, creyeron que a más violencia y mayor oscuridad, los tebeos eran mejores y más adultos. Al contrario, se convierten en algo repetitivo y en muchas ocasiones rechazable. 


Red Lanterns 2 de Peter Milligan y Ed Benes 

La ceguera económica digna del tío Gilito de DC no les ha dejado ver que una serie protagonizada por un personaje tan aburrido como Atrocitus no podía dar como resultado un buen tebeo. Pero claro, hay que llenar el mercado de mil y un títulos del universo de Green Lantern hasta que el aficionado se sature y no se compre ninguno. Y acabará pasando y si no tiempo al tiempo. Milligan hace uno de esos tebeos que destroza su media de obras, un trabajo alimenticio en el que no cree ni él, aunque lo intente llenar de textos de apoyo para hacer que parezca que el tebeo no es lo que todos sabemos y él el primero: pura basura. Otra de las series del reinicio que no leeré ni un número más. Dos ejemplares ya son tortura suficiente. 


Supergirl 2 de Michael Green, Mike Johnson y Mahmud Asrar 

Entretenido y sin muchas pretensiones el segundo número de esta nueva colección de Supergirl. Sus escasas ambiciones la hacen una simpática adición a la pequeña familia de tebeos relacionados con Superman y este primer encuentro entre primos y el típico malentendido entre superhéroes de toda la vida se lee con agrado gracias al dibujo de Mahmud Asrar. Nada excesivamente original, pero funcional. 


Superboy 2 de Scott Lobdell y R.B. Silva 

El peor tebeo de la línea Superman, pero el mejor tebeo de Lobdell dentro de los nuevos 52. Aunque eso tampoco es decir mucho. Porque esta nueva versión de Superboy, que se inspira en el Conner Kent aparecido tras la muerte de Superman es una historia que discurre por los tópicos más habituales de los experimentos genéticos que se escapan del control de sus malévolos creadores. Si al menos el dibujo fuera bueno tendríamos algo que destacar en positivo. Pero ni eso. Otra serie que cae de mis lecturas mensuales. 


Birds of Prey 2 de Duane Swierczynski y Jesús Saiz 

La nueva formación de las Aves de Presa da su bienvenida a dos de sus nuevos miembros, Katana y Poison Ivy. Aunque Poison Ivy será debidamente presentada en el próximo número, porque este ejemplar se centra en presentarnos a la nueva, letal y algo desequilibrada Katana. Un tebeo divertido que se lee tan rápidamente como se olvida.

26 de septiembre de 2011

Batgirl 1,Birds of Prey 1, Red Hood and the Outlaws 1 y Nightwing 1: The New 52


Batgirl 1 de Gail Simone y Ardian Syaf.

El regreso de Barbara Gordon a la primera fila de la comunidad superheróica era uno de los acontecimientos más polémicos (junto a los pantalones cortos de Superman) de este nuevo reinicio de DC. Los motivos, la clásica historia de Alan Moore, la Broma Asesina, donde la hija del comisario Gordon se quedaba paralizada de cintura para abajo tras ser disparada por el Joker. Posteriormente Barbara se convirtió en un pilar primero de la familia Batman y luego de la Liga de la Justicia, tras reciclarse en Oráculo, una hacker que controlaría y ayudaría a través de su complejo equipo de vigilancia y seguimiento informático a los héroes en leotardos. Y su regreso al uniforme de orejas puntiagudas es realizado por la guionista que mejor la conoce, que mejor partido la ha sabido sacar y que la convirtió en Oráculo para la colección Aves de Presa, Gail Simone. Simone realiza un tebeo oscuro oscurísimo, donde el villano de la primera historia es un asesino llamado "El Espejo" con una agenda personal en la que está incluida Barbara, además de introducirnos a Barbara a través de un prólogo donde los criminales son una réplica de esos dos niñatos psicópatas de la obra maestra de Michael Haneke "Funny Games", cuya violación del entorno personal tiene oscuras reminiscencias con lo que le ocurrió a Barbara con el Joker en la Broma Asesina. Porque "La Broma Asesina" ocurrió, y Barbara estuvo lisiada tres años, pero como ella misma dice y le sorprende, pasados tres años se curó "milagrosamente". Pero que esté recuperada físicamente no quiere decir que lo haya conseguido mentalmente. Y ahí está la gran baza de esta colección y que puede dar de si un tebeo la mar de interesante. Barbara Gordon, por mucho que se haya calzado de nuevo las mallas, está tocada, herida, con unos fantasmas que se niegan a dejarla ir y un trauma que no ha cicatrizado. Del apartado gráfico decir, que Adrian Syaf, con su dibujo cumplidor pero al que le falta todavía mucho pero que mucho callo, queda aun peor parado, tras ser comparado con la fastuosa portada de Adam Hughes. Pero el tebeo me ha llamado la atención y su punto de partida me parece de lo más interesante.





Birds of Prey 1 de Duane Swierczynski y Jesús Saiz.

La nueva encarnación del grupo femenino más famoso del universo DC, comienza su andadura con un primer número repleto de acción y alguna que otra intriga, con dos de los cuatro miembros que pueblan su primera portada. Poco se sabe de lo ocurrido anteriormente,  como el porqué de la reunión de este grupo de mujeres superpoderosas, de que lado están y si Canario Negro es realmente responsable de la muerte de un hombre. El misterio se acrecienta cuando se reúne con Barbara Gordon, y se sorprende de que pueda volver a caminar. El tebeo gana puntos gracias al dibujo de Jesús Saiz, debilidad personal desde su trabajo en la poco apreciada pero excelente colección Manhunter con guiones de Marc Andreyko. Un tebeo correcto en la línea de Suicide Squad. Habrá que darle unos cuantos números más para ver como progresa.





Red Hood and the Outlaws 1 de Scott Lobdell y Kenneth Rocafort.

Otra de las colecciones que tiene o debe tener sus días contados. Lobdell y Rocafort, cada uno en su labor trae de vuelta lo peor de los cómics mainstream de los 90 a la nueva DC. Lobdell no tiene problemas en destrozar a personajes como Starfire, convirtiéndola en un pendón alienígena o todo el trabajo que Judd Winick ha realizado con Jason Todd, el segundo Robin. Rocafort, un malísimo dibujante se recrea en las posturitas femeninas sacadas de los peores tebeos de los sellos Top Cow, Wildstorm y el Extreme Studios de Liefeld. El resultado, un tebeo ilegible y execrable que se cree muy rompedor y "para mayores" que no se merece siquiera que se publique su segundo número. 




Nightwing de Kyle Higgins y Eddy Barrows.


Ni buena ni mala, sino todo lo contrario. Nada nuevo en este paso atrás en la carrera de Dick Grayson. La buena noticia, que su etapa como Batman durante la época Morrison no ha sido barrida de la continuidad. La mala, que a mi me gustaba Dick como Batman y su relación con Damian, el nuevo Robin. El tebeo en sí, nada del otro jueves. El guión de Higgins recurre a los clásicos tópicos algo trasnochados del Batman post-Miller y el dibujo de Barrows, clon de Phil Jimenez, cumple sin aspavientos, pero usa y abusa demasiado de la doble página y una composición de página algo caótica. Mediocre.

25 de junio de 2011

Zatanna: The Mistress of Magic de Paul Dini y Stephane Roux. Reseñas comiqueras de actualidad


Zatanna: The Mistress of Magic de Paul Dini, Stephane Roux, Chad Hardin y Jesus Saiz (Zatanna 1 al 6 USA).

Tras la miniserie de cuatro números del año 2006, englobada dentro del experimento de Grant Morrison llamado "Los Siete Soldados de la Victoria" que nos descubrió al excelente dibujante Ryan Sook, DC Comics vuelve a dar una oportunidad a la maga más sexy del universo DC en una colección regular guionizada por uno de los autores que mejor entiende y ama este universo de ficción, Paul Dini.


Paul Dini, verdadero enamorado del universo DC, y creador de la mítica serie de animación de los años 90 de Batman y originador de la división de animación de la compañía, es un autor diferente dentro del cómic americano actual. Dini es de los pocos autores que comprende el significado del comic-book como elemento de valor por si mismo y sabe contar una historia limitándose a las 24 páginas del cómic book.

En esta Zatanna y tras una gran e infravalorada etapa con Dustin Nguyen en la serie Detective Comics y posteriormente en la cancelada Streets of Gotham, nos devuelve al tebeo de toda la vida. En Zatanna, vuelve a demostrar su conocimiento de los personajes de DC, tanto los cómics clásicos como los más contemporáneos. Pero Dini no olvida a los nuevos lectores y su Zatanna es un tebeo que puede disfrutar tanto el lector de tebeos más veterano, como el más reciente.


Las aventuras de esta Zatanna y su excelente reparto de secundarios, se mueve dentro de los terrenos del terror y lo sobrenatural, pero sin el exceso de trascendencia que podríamos esperar en un cómic de la línea Vertigo. Este es un cómic de aventuras ligeras, que no se extienden en largos arcos argumentales interminables, aunque Dini es muy habil y sabe ir dosificando las tramas secundarias dentro de la colección, para que no sean un impedimento, sino un refuerzo.


Ayuda mucho el dibujante regular de la colección, Stephane Roux, con un estilo que aúna lo mejor de Arthur Adams, Chris Sprouse y J. Scott Campbell, quizá sus mayores referentes. Los tres números dibujados por él, son una delicia para la vista, con su trazo limpio pero lleno de detalles. Jesus Saiz cumple en el número a su cargo, y el desconocido Chad Hardin, es quizás el eslabón más débil de los dibujantes de la colección hasta el momento.


Zatanna es en definitiva, un tebeo de los que ya no se hacen, un cómic sin mayor trascendencia que hacer pasar al lector un buen rato. Y lo consigue.
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