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29 de mayo de 2018

Grayson de Tom King, Tim Seely y Mikel Janin: tras la senda de Steranko

























No hace mucho tiempo, tan solo hace tres años aproximadamente, el universo DC no pasaba por uno de sus mejores momentos. Parece difícil imaginarlo a día de hoy, con la cantidad y variedad de tebeos, formatos y sellos editoriales que en líneas generales la casi centenaria editorial ha publicado y publica desde que en junio de 2016 arrancara lo que hemos venido a conocer como DC Rebirth. 






Antes de esto, en 2011, DC Comics intentó volver a la primera línea del mercado editorial americano con The New 52, una aventura editorial que pretendía reiniciar el universo DC de la misma manera que se hizo con mayor fortuna en el año 1986 tras la finalización de Crisis en tierras infinitas. Salvo contadas excepciones, la línea fue un rotundo fracaso artístico. Una de esas excepciones fue este Grayson que nos ocupa. 






Irónicamente, la génesis de este Grayson viene precedido de un acontecimiento salido de una de esas ideas mediocres que abundaban en la línea: Forever Evil. Un evento donde el dark and gritty era llevado al máximo exponente del ridículo y donde el lector era testigo de la “muerte” de Dick Grayson, primer Robin y uno de los personajes más queridos por editorial, autores y aficionados. Este giro barato de guión, sirvió para que dos guionistas noveles por aquel momento, dieran su primer do de pecho: Tom King y Tim Seely. 





En la actualidad, Tom King no es ningún desconocido para los lectores y aficionados. Sus incontestables triunfos con tebeos de la calidad de La Visión para Marvel Comics, El sheriff de Babilonia y Omega Men para DC Comics o sus actuales etapas al frente de Mister Miracle o la serie principal de Batman, han descubierto al aficionado a un escritor con un uso maestro de las estructuras narrativas y que sabe fusionar con absoluta excelencia la seriedad, el legado y un interesante punto distanciador e irónico. 






Todo eso ya se encontraba en Grayson, una serie regular de veinte ejemplares, donde junto al guionista Tim Seely, reintroducía y modernizaba al primigenio Robin en el siglo XXI, a través de un tebeo que gracias al trabajo de Mikel Janín, se convertía en una redefinición del Nick Furia de Jim Steranko, a través de composiciones arriesgadas de página, un ritmo vertiginoso y lisérgico y un erotismo subyacente que rodeaba a la obra de una sensualidad juguetona y lúdica. 






Pero más allá de unos aspectos formales que son llevados a la práctica por un Mikel Janín cuyo trabajo en este título dio pie a su evolución fastuosa como artista, el tebeo es una pequeña joya por la habilidad de King y Seely para introducirse en la psique de Dick Grayson, homenajear su legado e importancia y llevarle un paso más hacia el futuro, a través de un tebeo donde los puntos muertos y el estancamiento están prohibidos por ley y donde la norma es siempre estar en perpetuo movimiento. 






Si hay que achacarle un pero al conjunto de la serie regular, son las obligaciones de todo título del bat-universo de integrarse de manera orgánica o no, en los periódicos eventos sacacuartos de casi siempre baja calidad, que ralentizan y bloquean el trabajo de los autores del serial. En este caso el problema es Robin War, un evento que servía supuestamente para llamar la atención de los bat-títulos con peores ventas. Hasta ese momento, la serie había entregado una sucesión de doce ejemplares que demostraban una de las grandes cualidades de King: la capacidad de entregar un serial, pero donde cada ejemplar se entiende, argumental y estructuralmente como una unidad narrativa cerrada en su forma y autosuficiente. 






A partir de Robin War, Seely, King y Janín finalizan su etapa tres números más tarde, para dar paso a una saga final, responsabilidad de un equipo creativo de menor envergadura, que sin llegar a las cotas de excelencia y originalidad del original, cumplen con aprobado raspado la obligación de cerrar los arcos argumentales y misterios que Seely y King habían ido diseminando a lo largo y ancho de su etapa en el serial. 






Para concluir, un volumen integral muy interesante para descubrir los primeros pasos de un escritor y dibujante que actualmente se encuentran entre los más importantes de la industria y un tebeo que al igual que el Furia de Steranko, aunque cortado antes de tiempo y accidentado en su publicación, acabará convirtiéndose en un título de culto y oasis de creatividad dentro de uno de los peores momentos editoriales de DC Comics.

11 de mayo de 2015

Batman de Scott Snyder y Greg Capullo: De Kane a Nolan, pasando por Miller

























Scott Snyder ha pasado de ser una joven promesa apadrinada por Stephen King, a través de uno de los pocos tebeos que le quedan importantes a la línea Vertigo a verdadera estrella de DC Comics junto a un Geoff Johns que anda un poco de capa caída en estos últimos años. Y Snyder debe darle las gracias al Hombre Murciélago por ello.

La primera vez que Snyder puso las manos sobre el inmortal personaje de Bob Kane fue en el año 2010, en la veterana cabecera Detective Comics, donde el escritor pudo jugar lo justo con la franquicia (en ese momento el hot artist de Batman era Grant Morrison), pero lo suficiente para ver que Snyder tenía madera para llevar las riendas del Caballero Oscuro. En esta primera aproximación a Gotham City, se tuvo que conformar con Dick Grayson como Batman (en esos momentos Bruce Wayne estaba viajando por el tiempo gracias a la febril imaginación de Morrison), pero demostró que sabía tratar el universo grim and gritty de Gotham City como nadie, sobre todo con la miniserie Las Puertas de Gotham, donde comenzó a profundizar en el que es el otro protagonista de su etapa, la propia ciudad de Gotham City, su pasado y su profunda influencia casi sobrenatural (se nota que uno de los tebeos que marcó a Snyder en su infancia/adolescencia fue la historia en tres partes aparecida en la colección de Batman entre los números 452 al 456 guionizada por Peter Milligan y que es una pequeña joya de culto) en el devenir de la historia de nuestros personajes. Sin olvidar su magnífico ejercicio de retrocontinuidad con el hijo de James Gordon, un personaje aparecido únicamente en el Año 1 de Miller y Mazuchelli y que nunca más se supo de él. Snyder lo recupera convirtiéndolo en un escalofriante asesino en serie en su mejor historia en Detective Comics.



Pero la gran oportunidad le llega con los nuevos 52, ya que DC le da la serie estrella del personaje, Batman, juntándole con el dibujante Greg Capullo, perfecta elección ya que el artista estaba acostumbrado a recorrer los callejones y los lugares más oscuros gracias a su larga etapa en el Spawn de McFarlane. Y un breve inciso antes de entrar a hablar de la serie en profundidad. Debo quitarme el sombrero ante el trabajo de Capullo en esta serie, ya que aunque su estilo y sus antecedentes no van con mis gustos personales, he de decir que el trabajo que ha realizado en esta serie es encomiable y muy por encima de lo que estamos acostumbrados en una serie regular, consiguiendo con Snyder una regularidad y una unidad que ya le gustaría a más de una, dos y tres series de éxito de la actualidad.



Y para aproximarnos a esta colección, la podemos ver desde dos puntos de vista completamente diferentes. Existen dos tipos de lectores, aquellos que acaban de incorporarse al mundo de los tebeos, llenos de interés, inocencia y ganas de más, y aquellos, entre los que me incluyo, que llevamos más de 30 años leyendo las aventuras de estos personajes de ficción. Para los primeros, este tebeo se convertirá en una referencia y seguramente el pilar por el que evaluarán las futuras obras que se hagan de Batman, aparte de que no lo leerán, lo devorarán y los talluditos, que aunque lo disfruten, levantarán la ceja en señal de displicencia y se perderán ese disfrute inocente que se tiene cuando se es más joven y se ha leído mucho menos, además de que lo tenderán a comparar con aquello que le marcó en su infancia/adolescencia.



Porque parece que se nos olvida, pero el Batman de Miller apareció ya hace casi 30 años. Y yo lo leí en la edad más impresionable que se pueda leer, los 12 años. Y fue una revelación, un impacto de tal calibre, que no he vuelto ha recibir con tanta intensidad en las miles de lecturas que he leído posteriormente. Para mi ese era el Batman definitivo, pero por ejemplo no para mi padre, lector más acostumbrado a los tebeos de la Golden y la Silver Age, y al Batman Pop televisivo. Era un nuevo Batman, para una nueva audiencia y perfecto para los años 80.

¿Y a dónde quiero llegar con todo esto? Que el Batman de Snyder y Capullo, salvando las distancias, es el Batman referente para los lectores adolescentes del siglo XXI. Es un Batman para las nuevas audiencias influenciadas por el Batman de Nolan, que con sus peros, como toda obra de arte, ha transformado de nuevo al personaje para toda una nueva generación. La diferencia con Miller, que Miller y la mayoría de los grandes autores de los 80 querían romper con el pasado de manera brutal y los autores de nueva generación, entre los que se encuentra Snyder, quieren cambiar, pero mirando a los 75 años de historia del personaje.



Snyder ha distribuido su etapa al frente del personaje en estos primeros 40 números, en cuatro grandes etapas: "La Corte de los Búhos", "La Muerte de la Familia", "Año Cero" y "El Juego Final". Las cuatro intentan romper los cimientos del personaje y cada una de ellas se antoja como la historia definitiva. La primera, es un nuevo ejercicio de retrocontinuidad donde Snyder hace lo que mejor sabe, cambiar nuestra percepción de lo que conocíamos de Gotham City, a través de una sociedad secreta, Los Búhos, que han controlado el destino de Gotham City desde tiempos inmemoriales, la segunda y la cuarta son las dos historias definitivas de Batman y el Joker, sobre todo la segunda y la última que nos queda es "Año Cero", donde Snyder se atreve a enfrentarse con una obra clásica, Año Uno, reinterpretando el origen de Batman.

En La Corte de los Búhos, Snyder juega con el elemento sobrenatural, algo a lo que volverá en la última saga hasta el momento de la colección, recogiendo elementos que autores como Morrison en "Gothic" o "Arkham Asylum" o Peter Milligan en la ya mencionada "Dark Knight, Dark City", pero jugando con el lector, al igual que las némesis hacen con nuestro torturado protagonista. Y quizás la resolución de las mismas no sean tan redondas como el inicio y el nudo de las mismas, pero el camino os digo que es apasionante.



Lo mismo puedo decir de la aproximación al Joker en las dos historias que ha creado Snyder. Un Joker al que Snyder devuelve el misterio y el horror de la primera aparición del personaje en el Batman 1 de 1940. Pero como buen conocedor de la historia del mismo, Snyder coge lo mejor de todos los Joker aparecidos (el aspecto de Ledger, con la frialdad del de Miller, pasado por el toque sobrenatural y fantasmagórico que le imprimió Morrison) pero haciéndolo pasar por algo fresco y nuevo y profundamente terrorífico. Snyder consigue que los lugares comunes de las historias de Batman parezcan nuevas, por mucho que seamos lectores novatos o antiguos.

Y no hay mejor ejemplo de este mezcla de épocas para crear un panorama que parezca nuevo que "Año Cero", quizás la etapa más irregular de la colección pero donde Snyder arriesga recontándonos el origen de Batman en 11 ejemplares, muchos de ellos con más páginas de lo habitual. La excesiva duración de la historia a veces le juega malas pasadas y algunos tramos no son tan interesantes como otros (la diferencia entre el primer acto donde Capucha Roja es la némesis, y el último acto con un Riddler interesante, pero que quizás no era el villano que Batman necesitaba para convertirse en la leyenda que es).



Pero quitando esos detalles, es muy interesante ver como Snyder aúna los tópicos ya manidos perpetrados por Miller y Nolan (policía corrupta, una Gotham City ejemplo de la ciudad occidental decadente por antonomasia) con sus homenajes al Batman original (genial ese primer uniforme con los guantes morados de los tiempos de Bob Kane) o como ahonda en el pasado de la familia Wayne, para entregar al lector un tebeo que no es tan redondo como el Año Uno de Miller, pero que si que sabe jugar mejor con todo lo que se ha hecho en toda la historia del personaje.



Ahora mismo, la colección ha parado hasta el mes de Junio, donde Snyder ha vuelto a dar una vuelta de tuerca. Una vuelta de tuerca que hemos vivido hace poco y también hace 20 años, pero que aun manida, sorprenderá a los noveles y tiene intrigado a los veteranos, no por lo que ocurrirá, que todos lo sabemos, sino a como lo desarrollará. Mi fidelidad la tienen, porque aunque sea la mitad de bueno de lo que nos han entregado hasta el momento, seguirá siendo excelente.

30 de abril de 2015

Batwoman de Marc Andreyko: Una cancelación inmerecida



















Marc Andreyko no tiene suerte en DC Comics. Serie que escribe, serie que le cancelan. Le ocurrió con Manhunter a mediados/finales de la década pasada y le ha vuelto a ocurrir con esta nueva aproximación a Batwoman, tras la salida de J.H. Williams y W. Haden Blackman de la serie en su número 25.



Y es una pena (la etapa de Andreyko han sido únicamente 15 números regulares y un annual para cerrar la trama que quedaba pendiente) porque el trabajo de Andreyko ha estado a la altura y ha superado el trabajo previo de Williams, Blackman y McCarthy en la colección.



Gráficamente, la serie si que puede haber perdido, ya que un J. H. Williams no te lo encuentras todos los días, aunque McCarthy le sucedió dignamente, intentando emular al maestro, más ocupado en terminar a regañadientes la nueva serie de Sandman junto a Gaiman. Pero hay que reconocer que la etapa de Williams era más una delicia para la vista, que para la lectura. Mucho más equilbrada fue la forma y fondo de la primera etapa de Katie Kane aparecida en el extinto primer volumen de Detective Comics, pero claro, teníamos como guionista a un Greg Rucka en plenas facultades.



Y es que lo de Williams era más un experimento visual que una historia con una narrativa clara. Y en eso, Andreyko es un magnífico guionista, algo que cualquier seguidor de su Manhunter puede atestiguar. Buen desarrollo de personajes, sobre todo femeninos, y un desarrollo de tramas que se van solapando sin problemas las unas a las otras, sin estar pensando en el volumen recopilatorio de turno, son las señas de identidad de Andreyko. Y esto es lo que nos encontramos en Batwoman.



Ladrones de cuadros provenientes del pasado de nuestro personaje, una femme fatale vampírica y el regreso y remodelación del entorno sobrenatural de DC Comics mucho mejor llevado que la fallida Justice League Dark de Milligan y Lemire es lo que pasa los escasos 16 números que ha tenido a su disposición Andreyko. Un número de ejemplares insuficiente, que ha dejado insatisfecho al lector de este serial, como puede atestiguar el annual con el que termina esta etapa.



Yo, y espero que todos los que hemos apoyado esta serie, esperamos y deseamos que DC Comics nos devuelva esta colección en un futuro próximo, por supuesto con Andreyko y el dibujante Jeremy Haun (el artista artífice de la primera parte de esta etapa) o en su defecto Moritat (que dibujo unas páginas de relleno de uno de los ejemplares de esta colección). Espero que Georges Jeanty, famoso por ser el dibujante de las nuevas aventuras de Buffy en papel impreso, no vuelva, ya que los últimos números de la serie se resienten con este dibujante, muy alejado su estilo del tono que necesita esta colección.



Y a todos aquellos que no os habéis acercado a este personaje, quizás por el recelo provocado por el exceso de Bat-títulos que inundan nuestras estanterias, os recomiendo que vayáis a vuestra tienda más cercana y os hagáis con todos los ejemplares de esta colección. En cuanto comencéis a leerlos, querréis saber más de Katie Kane (uno de los mejores personajes femeninos creados en los últimos tiempos), su relación con Maggie Sawyer, su hermana y Nocturna, por mencionar unos pocos de los personajes que aparecen en esta colección. En resumen, un más que correcto tebeo que debería haber corrido mejor suerte.

27 de abril de 2015

Batman y Robin de Peter Tomasi y Patrick Gleason: El mejor Bat-título de los nuevos 52 se despide

























Si existe una serie de DC Comics en la actualidad, que está pasando desapercibida relativamente entre los aficionados es Batman y Robin. Las razones, el exceso de títulos centrados en la figura del hombre murciélago y su cohorte de colaboradores y la segunda, que todos los esfuerzos de la editorial se han centrado en promocionar la estimable pero sobrevalorada Batman de Snyder y Capullo, pero eso dará pie a otro post que escribiré una vez termine la redefinitiva historia del Joker que está escribiendo Snyder en el título principal del Caballero Oscuro.

Porque si Snyder intenta en cada una de las sagas que ha ido entregando hasta el momento el complicado "más difícil todavía", intentando epatar a cada número y cada saga, tratando siempre de escribir la "más grande historia del personaje jamás contada", Tomasi y Gleason "solo" han pretendido algo muy difícil en una actualidad plagada de megasagas, macro-eventos, etc.... escribir un buen tebeo.



Y lo consiguen totalmente, desde sus inicios en el primer volumen de este Batman y Robin, con la carga de ser los sustitutos de un Grant Morrison para el que el título fue creado y que se pasaba a Batman Inc., con una pequeña historia que transcurrió entre los números 21 al 23 del anterior volumen y que dejaba ya vislumbrar por donde iban a ir los tiros de este duo creativo que tantas alegrías había dado a los seguidores de Green Lantern, en Green Lantern Corps.

Pero su prueba de fuego llegó con los Nuevos 52, donde se centraron en la relación de padre e hijo entre Bruce y Damian, a través de una primera saga de 8 números donde veíamos las dificultades de un padre para enderezar a un hijo díscolo que le ha venido de sorpresa, con la excusa de una némesis sacada de los años perdidos de entrenamiento de Bruce Wayne.



Tras esta notable primera historia, la colección y sus autores debieron lidiar con los eventos de la colección madre (La Noche de los Búhos y Muerte en la Familia) provenientes de la serie madre, el Batman de Snyder. Tomasi y Gleason realizaron un estimable trabajo en entre los números 9 al 17 de la colección, pero las consecuencias eran que los tramas y subtramas que ellos querían desarrollar (la relación Bruce/Damian, la evolución de ambos de almas solitarias a la necesidad de cariño y afecto entre padre e hijo) quedaban lastradas por unas historias metidas con calzador en eventos que no necesitaban de historias satélite.

Todo cambió a partir del número 18, Réquiem, un epílogo de ¿adivináis?, la otra gran historia Batmaniana que se estaba publicando en paralelo, el último volumen de Batman Incorporated, donde terminaba la opus magna de Grant Morrison al frente del hombre murciélago. La diferencia, que esta historia si que afectaba directamente a esta colección, ya que en ella, Damian Wayne moría sacrificándose por salvar a los suyos y a la humanidad, convirtiéndose a ojos de el que aquí suscribe, en el mejor Robin de toda la historia.



Este número, magistral en su ausencia de textos y potenciado por el arte de Gleason nos muestra a un Bruce Wayne intentando aceptar la muerte de su vástago. Un ejemplar emotivo, dramático y muy potente que se convierte por méritos propios en uno de los mejores tebeos de Batman en toda su historia.

A partir de aquí, la colección comienza una marcha ascendente en calidad, mostrándonos el proceso de duelo de un Bruce Wayne más bajo de moral que nunca. Pero lo grandioso de esta serie, es que con todo lo dramático que resulta y lo oscuro que se nos presenta (sobre todo en estos momentos) el alter ego de Bruce Wayne, este Batman es el más humano que nos podemos encontrar en los cómics del personaje en mucho tiempo, algo que parece que se les ha olvidado a la mayoría de los autores contemporáneos del personaje, que se centran más en el icono que en el hombre.



Y la serie no deja de reinventarse, porque el lector descubre que la serie se sostiene sin la presencia física de Damian, que no la espiritual que impregna la serie en cada uno de los números, convirtiéndose a partir de aquí y hasta el número 33, en un Batman Team Up donde Tomasi y Gleason demuestran su conocimiento y amor por la editorial y su universo, juntando a Batman con personajes que van desde los secundarios típicos del personaje, como Batgirl o Red Hood a personajes más ajenos a su mundo como Frankenstein, Wonder Woman o Aquaman, perfectamente integrados en la saga "The Hunt for Robin" que desembocará en el arco final de la serie "Robin Reborn", sin olvidar ese pequeña joya que es la saga coprotagonizada por Dos Caras, donde Tomasi y Gleason redefinen el origen de Harvey Dent para una nueva generación de aficionados en una historia que transcurre entre los números 24 al 28 de la colección y que recuerda a esos pequeños clásicos de los 80 firmados por Alan Grant y Norm Breyfogle en las series de Batman y Detective Comics.



Y llegamos al gran arco argumental de la colección, "Robin Rises" que transcurre entre los números 33 al 37 de la serie regular, precedidos y finalizados por dos especiales fuera de colección, donde los autores dan todo su talento en una historia que comienza con Ras al Ghul y termina en Apokolips con Batman enfrentado a Darkseid, y que en su tramo central está coprotagonizado por invitados del universo DC tan alejados del mundo de Batman en los últimos 30 años, como Lex Luthor, la Justice League o Cyborg, en la historia de un padre que iría hasta el mismísimo infierno para recuperar a su hijo.

La historia termina con la resurrección de Damian y como estos últimos ejemplares no han aparecido todavía en nuestro país, solo decir que Tomasi y Gleason cierran con broche de oro las tramas de su etapa, las cuales se han centrado siempre en valores universales como la familia, el amor paterno/filial, utilizando como excusa el género superheróico y demostrando que se pueden seguir realizando grandes obras sin necesidad de pretensiones rupturistas. En definitiva, un magnífico tebeo, lleno de calidez y humanidad y donde los momentos íntimos son tan o más importantes que los momentos de acción y épica desatada, de los que el tebeo tampoco está falta.



Poco más os puedo decir, salvo que no dejéis pasar una de las mejores etapas que ha tenido el personaje en sus más de 75 años de historia y una demostración más de que no hay que mirar con el mismo rasero a lo que está publicando en la actualidad DC Comics, porque sino correréis el riesgo de perderos una joya como esta. Estáis avisados.

3 de marzo de 2015

Catwoman de Genevieve Valentine y Garry Brown: El Juego de Tronos de Selina Kyle

























De prostituta a ladrona de joyas y de ahí a defensora de los más oprimidos, el camino que ha recorrido Selina Kyle la ha convertido en uno de los personajes más interesantes de la ciudad de Gotham City. Pero nunca nos la habríamos imaginado como Kingpin del crimen. La causa de todo esto deberíamos buscarlo en una miniserie que apareció a mediados de la pasada década, Catwoman: When in Rome, un spin-off de las exitosas miniseries El Largo Halloween y Victoria Oscura, realizadas por la pareja artística formada por Jeph Loeb y Tim Sale, donde Loeb nos descubría los vínculos de Selina con la familia Falcone.



La diferencia, que aquí nos encontramos en los nuevos 52 de DC Comics y esto ha cambiado un poco, aunque la esencia es la misma. Tras los acontecimientos que están ocurriendo en el evento anual del murciélago, Batman: Eterno, Selina Kyle ha descubierto que pertenece a la familia Calabrese, una de las familias mafiosas que quieren ostentar el poder en Gotham City. Tras la muerte del cabeza de familia, y padre de Selina, esta se autoimpone la tarea de llevar las riendas de la familia y descubrir que ser la líder de un imperio criminal, quizás es más complicado y menos agradecido que saltar por los tejados de Gotham.



Pero el cambio le ha sentado muy bien al personaje y a su serie regular, ya que desde los tiempos del anterior volumen de la colección, comenzada extraordinariamente por Ed Brubaker en la que es la mejor etapa que ha tenido el personaje y continuada con mucho acierto pero escaso reconocimiento por Will Pfeiffer, la serie regular reiniciada con la aparición de los Nuevos 52 habían convertido a la colección de este personaje en un tebeo mediocre gracias al trabajo de Judd Winick y posteriormente Ann Nocenti.



El cambio se ha producido el pasado otoño, concretamente en Octubre de 2014, junto al resurgimiento y casi reinicio encubierto de la serie regular de Batgirl y la aparición de nuevas series regulares periféricas a los títulos del murciélago como Gotham Academy, que demuestran el buen momento en el que se encuentran las series mal llamadas menores del universo de Batman.




La encargada de esta nueva etapa de la famosa ladrona de Gotham City es Genevieve Valentine, escritora de novelas de ciencia ficción y fantasía steampunk, que aprueba con nota muy alta en este tebeo que es una mezcla entre la serie negra de 100 Balas y las intrigas palaciegas de la saga Juego de Tronos de George R. R. Martin. Un entramado de familias, traiciones y difíciles decisiones que convierten a Selina Kyle en el reflejo comiquero del Michael Corleone de la trilogía de Coppola.



Por supuesto, el alcance operístico y genial de la saga del director de Apocalypse Now le queda muy lejos a Genevieve Valentine, aunque intente tener ecos de trascendencia con ese exceso (el mayor mal del tebeo) de citas de personajes históricos que abundan a lo largo de las páginas del tebeo. Pero quitando ese pequeño defecto, la verdad es que no empaña el resultado de una colección que sabe aprovechar la parcela más realista de la ciudad de Gotham City, nos descubre nuevas capas en la personalidad de Selina Kyle que desconocíamos y plasma un fresco de las familias de Gotham City que hasta el momento y salvo ocasiones puntuales como la familia Falcone en la trilogía de Loeb y Sale, no habían sido más que personajes de fondo.



Ayuda en el resultado final el trabajo a los lápices de Garry Brown, que plasma a la perfección con su estilo heredero de Jock y Rafael Albuquerque la crudeza y frialdad del entorno en el que se mueve Selina Kyle. Un nuevo amanecer para Catwoman, un personaje que necesitaba de nuevo ser algo más que la pin-up de Gotham City.


27 de enero de 2015

Gotham Academy y Batgirl: No todo es "grim and gritty" en el universo del murciélago



No se vosotros, pero yo estoy un poco cansado de la oscuridad imperante en los cómics de DC en general y en el universo de Batman en particular. Tanto en cine como en cómics, Gotham City y sus personajes llevan casi 30 años siendo un remedo de algo que fue original y novedoso en su momento, el año 1986, pero que ahora ya suena a la misma cantinela de siempre. 

¿Cuántas veces hemos visto sufrir a Batman? ¿Cuántos policías y políticos en Gotham quedan ya sin haber sido corrompidos? El sense of wonder ha desaparecido (salvo honrosas excepciones) de la ciudad de Gotham City y los fans necesitamos otras aproximaciones a estos personajes, propuestas frescas que nos convenzan a volver a universos de ficción que ya tienen casi 80 años de existencia.

Y eso es lo que nos ofrecen estos dos títulos aparecidos a finales de 2014. El primero, Gotham Academy, es un título de nuevo cuño y lo de Batgirl es un reseteo absoluto de un personaje que muy pocas veces han sabido tratar con el cariño que se merece. 

Gotham Academy es una genialidad y una pequeña joya que muy posiblemente pueda pasar inadvertida por llevar la palabra Gotham en su título, porque si este tebeo apareciera bajo el nombre de Image Comics, Dark Horse o cualquier editorial independiente ya sería laureado como uno de los tebeos más frescos, divertidos y originales del pasado año. 

Y no es para menos, porque Gotham Academy sabe sacar partido al universo y a la ciudad de Gotham City para lo que le interesa y a partir de ahí engancharte con unos guiones sólidos, unos personajes encantadores y un trabajo artístico verdaderamente delicioso. Los artífices, Becky Cloonan a los guiones junto a Brenden Fletcher, en lo que es el primer trabajo literario de una dibujante excepcional, que cede los lápices a un verdadero descubrimiento, el dibujante Karl Kerschl, que aporta a la serie con su arte una mezcla de anime, goticismo y cartoon que convierte al título en único en un mercado tan poblado como el americano y el tebeo más bello gráficamente que publica en la actualidad DC Comics, algo que les honra, sobre todo siendo una editorial que tiene entre sus filas a dibujantes con tan poco estilo y gusto como Jim Lee, David Finch, Tony Daniel, Ed Benes o Bret Booth, los anticristos del arte del cómic. Sin olvidar el fantástico tratamiento de color de Geyser Msassyn y Serge Lapointe que aporta de un aura de ensoñación y misterio los guiones y el arte de la colección.

La historia, la vida en un internado en Gotham City, parte Hogwarts, parte el Club de los Cinco, donde nuestras dos protagonistas femeninas, como si fueran unas Holmes y Watson deben descubrir un misterio criminal en el que se juntan la figura de Batman, una chica muerta y una extraña secta en las catacumbas de la escuela. Un tebeo del que solo han aparecido por el momento tres ejemplares, pero que se ha convertido en una de las colecciones imprescindibles de la actualidad.

Y ahora toca hablar del lavado de cara que ha sufrido Barbara Gordon, aka, Batgirl. Si habéis sufrido los tebeos anteriores a este reseteo, sabréis que todo lo expuesto anteriormente y que ha sido la base en líneas generales de la franquicia del murciélago y sus series satélite, lo sufría este título: drama por el drama, sordidez por sordidez y sopor absoluto. Pero he aquí que la llegada de Mark Doyle como editor de la franquicia está trayendo un soplo de aire fresco a Gotham, Batman y allegados. ¿Y qué es lo que han hecho con Batgirl? Convertirla en un tebeo de veinteañeros, con problemas de veinteañeros y que podría firmar con orgullo Bryan Lee O Malley.

Se que mucha gente lo tildará de tebeo intrascendente, sobre todo aquellos que solo disfrutan del gran evento editorial o la supuesta saga trascendente que revolverá (and again) los cimientos de x personaje, para luego devolverlo al punto de partida. Pero aquellos que han disfrutado con Scott Pilgrim o el Spiderman original de Lee, Ditko y Romita, disfrutarán como enanos de un tebeo con personajes que son personas, metarreferencial con la cultura actual y que plasma sin trascendencia alguna ni necesidad de aleccionar como es ser un superhéroe en el mundo interconectado y digital que nos ha tocado vivir, en relatos autoconclusivos, por supuesto con sus tramas secundarias que avanzan ejemplar a ejemplar, pero que permiten al nuevo lector subirse en cualquier ejemplar.

El mérito, de su equipo creativo, formado por el magnífico dibujante Cameron Stewart (habitual colaborador de Morrison) y el coguionista de Gotham Academy, Brenden Fletcher que se estrena con nota como guionista y sobre todo por el otro gran descubrimiento artístico de la temporada, la dibujante Babs Tarr, que trae al rígido e hierático universo DC un poco de la locura y del dinamismo pop de un Brian Lee O'Malley. Una gozada para la vista.

Así que no perdáis el tiempo y haceros con estas dos nuevas series de DC Comics. Dos tebeos para la gente que disfruta de verdad de las posibilidades narrativas del noveno arte. Y por supuesto nada recomendadas para aquellos que piensan que los grandes dibujantes del cómic actual son autores como David Finch o Jim Lee.

20 de enero de 2014

Aquaman de Geoff Johns, Ivan Reis y Paul Pelletier. Los mejores tebeos de la nueva DC


Que Geoff Johns está de capa caída es un hecho. Solo hace falta leerse el final de su larga etapa al frente de Green Lantern, sus Justice League o Forever Evil, un refrito en muchos aspectos del JLA Tierra 2 de Morrison y Quitely. Pero hubo un buen Geoff Johns, aquel que devolvió la frescura a supergrupos como la JSA o los Jóvenes Titanes o personajes como Flash o Green Lantern, ya que esta última fue uno de los mejores reinicios de un personaje de la historia del cómic hasta que terminó la saga de los Sinestro Corps y la serie fue decayendo proporcionalmente, a medida que aparecían nuevos anillos de colores.


Pero dentro de esta mediocridad en la que se ha asentado el escritor, todavía podemos encontrar destellos de ese buen guionista que fue, incluso dentro de los nuevos 52. Y Aquaman es una buena prueba de ello, sobre todo tras leer completa su etapa al frente del personaje menos querido de la historia de los superhéroes.


Porque seamos sinceros, a nadie le interesaba Aquaman. Un personaje que nunca ha sido un fan favourite y quizás el eslabón más débil de todos los personajes icónicos de DC Comics. Pero Johns, que ya comenzó a darle mayor protagonismo y enjundia en el último megacrossover antes de los Nuevos 52, El Día Más Brillante, consigue lo mismo que hizo Mark Waid con Kazar en los años 90 para Marvel, un tebeo muy entretenido y un personaje que bien planteado puede dar mucho de si.


La etapa de Johns, 25 ejemplares, más un número 0, se puede dividir en cuatro partes bien diferenciadas, pero que leídas en su totalidad demuestran un trabajo planteado a largo plazo. La primera saga de la colección, que corresponde a los números 1 al 6, sirve a Johns para cambiar la percepción que tenemos del personaje y su entorno, incluso se permite la licencia de reírse de la concepción que tiene el público sobre él, en una historia que tiene reminiscencias de La Niebla de John Carpenter, además de plantear la razón de ser de un personaje que se siente fuera de los dos mundos a los que pertenece y desarrollar también a Mera, la pareja de Aquaman y que ya había comenzado a plasmar en El Día Más Brillante.


Tras esta saga introductoria llegamos a Los Otros, quizás el mejor arco argumental de la colección, donde Johns hace un nuevo ejercicio de retrocontinuidad, presentando al supergrupo del que formó parte Arthur y del que fue su líder, Los Otros, un secreto que ha ocultado a Mera y a todos los que le rodean, debido a un fantasma del pasado relacionado con Black Manta.


Estos 13 números, más el consabido número 0, donde Johns aprovecha para recontar el nuevo orígen del héroe, fueron dibujados por Ivan Reis, quizás el mejor dibujante de tebeos de superhéroes en el sentido más clásico del término que tiene DC Comics en la actualidad. Y Reis da el 200% de si mismo en estos tebeos, entregando su mejor trabajo hasta el momento.


Tras un fill-in de Pete Woods, que sirve de prólogo para el crossover con la serie de la Liga de la Justicia, la saga El Trono de Atlántis, Ivan Reis abandona el título para irse con Johns al best-seller de la editorial, La Liga de la Justicia. Y El Trono de Atlantis, aunque se cruce con la Justice League, es una historia cien por cien de Aquaman. Una saga espectacular gráficamente y en la que Aquaman debe enfrentarse a su hermano, rey de Atlantis y proteger a la Tierra. Una saga que te retrotrae a las mejores aventuras-evento a la vieja usanza. El trabajo gráfico en la serie regular de Aquaman, corre a cargo de Paul Pelletier, un dibujante correcto sin más, que da todo lo que puede dar para intentar hacernos olvidar a Ivan Reis, pero no lo consigue.


Todas las tramas y subtramas que lleva desarrollando Johns a lo largo de 18 números, culminan en la última saga de la colección, donde conocemos al olvidado 1º rey de Atlantis y las mentiras alrededor de su muerte. Un final de saga que cierra todas las subtramas abiertas, coloca en una nueva posición al héroe y que deja abierta una sola trama que culminará en un futuro cercano en las páginas de La Liga de la Justicia. Una decisión absurda ya que su lugar debía ser las páginas de Aquaman, pero Johns abandona su mejor título, a favor del contenedor de eventos que es Justice League (una serie sin dirección propia). Y a lo mejor es lo mejor que le puede pasar a esta etapa, ya que alargarla hasta la extenuación podría desembocar en un nuevo Green Lantern.
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