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30 de octubre de 2017

Imperio Secreto Mes 2: Reciclando conceptos de los últimos 10 años






































Con la publicación este mes de Octubre de la cuarta y quinta parte de Imperio Secreto, llegamos al ecuador de la saga. Una saga proveniente de la serie regular del Capitán América y que parecía iba a ser un soplo de aire fresco que nos iba a quitar el mal sabor de boca dejado por eventos previos, como por ejemplo Civil War 2.

Pero no ha sido así. Ya que tras un arranque espectacular en su número 0, los tres primeros capítulos de la miniserie nos trajeron de vuelta una infinidad de lugares comunes que empañaron el trabajo de Spencer hasta entonces, siendo el más grave, el descubrimiento demasiado inminente de que este Capitan América no es más que la manipulación del personaje por parte de un Cubo Cósmico.



Por lo tanto, los sentimientos de traición y engaño, y la losa que tendría que haber sido para la comunidad superheróica la transformación de Steve Rogers en fuerza del mal, con todo lo que conlleva, ha derivado de nuevo en un enfrentamiento entre dos facciones de héroes, en busca de fragmentos de un cubo cósmico que alterará la realidad hacia un lado u otro y que deja de lado las implicaciones emocionales del mismo.



Eso no quita para que Spencer entregue un par de números en líneas generales, superiores a los del mes pasado, destacando sobre todo esa inquietante y divertida cena improvisada por Ultrón Pym, que le sirve a Spencer para reírse de si mismo y de la deriva de héroes enfrentados explotada hasta la saciedad en la que se ha convertido la Marvel de los últimos 10 años, repitiendo una y otra vez el mismo chiste, quitándole toda la emoción y gracia al proceso.



Spencer sigue anticipando cliffhangers que no causan el impacto necesario, debido a unas ansias por anticiparlos, en concreto el final del cuarto ejemplar que se descubre en el quinto, pero sigue demostrando su buen hacer en aquellos fragmentos que devuelven a este crossover a los mejores momentos de su etapa al frente de Capi, como esa tensa conversación entre Steve y Henry McCoy, aunque de nuevo, Marvel sigue destrozando a nuestros mutantes favoritos en su representación y en las absurdas acciones de los mismos.



Gráficamente, tenemos de nuevo una ensalada mixta de artistas, algunos de la talla de Andrea Sorrentino o Rod Reis, que se les nota no han tenido el tiempo suficiente para entregar unas páginas a las que se las ve apresuradas, aunque demuestran la altura profesional de los mismos. No puedo decir lo mismo de Leinil Yu, un autor al que nunca le he pillado el punto, y menos cuando tiene que entregar páginas en tres días, como es el caso del cuarto ejemplar.



En definitiva, una demostración palpable de que Marvel necesita un renacimiento creativo y argumental, que esperemos sea ese Legacy, aunque este Imperio Secreto tenga en algunos momentos, breves destellos de genialidad, trístemente lapidado por las prisas y las injerencias editoriales de una Casa de las Ideas que inunda el mercado con historias "bigger than life" de las que ellos mismos no están ni siquiera convencidos.

17 de agosto de 2017

Capitán América: Del Punto Muerto al Imperio Secreto




Entre secuelas de Guerras Civiles, nuevos y jóvenes Campeones, intentos de devolver a la franquicia Vengadora su sabor clásico y nuevos y diferentes Hombres de Hierro, el Capitán América de Nick Spencer estaba pasando sin pena ni gloria, tanto en las estanterías de las librerías especializadas como en la pila de lecturas de los aficionados.

Porque tras una irregular y poco inspirada etapa de Rick Remender, el statu quo del personaje había quedado de la siguiente manera. Steve Rogers había perdido el suero del Supersoldado y se había convertido en un anciano y cascarrabias veterano de guerra liderando Shield, tras entregar el escudo a su viejo aliado y amigo, Sam Wilson, anteriormente conocido como El Halcón.






Es en ese punto donde Nick Spencer -autor también de una muy recomendable etapa al frente del título Vengadores Secretos- tomaba las riendas de un título y un personaje que se convertiría en el reflejo y espejo de una América y un mundo occidental que se estaba volviendo muy oscuro, tanto en la realidad del aficionado como en su reflejo en las viñetas.

Sam Wilson, como nuevo Capitán América, devolvía al personaje su carácter reivindicativo y luchador, defendiendo a las minorías más necesitadas en una América donde la sombra del nacionalismo y la extrema derecha, comenzaba a vislumbrarse en un país sin ideales y valores que comenzaba a resquebrajarse, fiel reflejo de la misma sombra de un mal que comenzaba a cernirse por el Estados Unidos del mundo real.






Pero donde Spencer comenzó a demostrar que, su hasta el momento interesante, pero modesta etapa era solo el principio de algo más importante, fue con el evento titulado “Punto Muerto”. Un crossover modesto en envergadura, pero modélico en su desarrollo y resolución, donde Spencer nos mostraba hasta donde pueden llegar los gobiernos supuestamente democráticos en aras de la seguridad, con Pleasant Hill, esa modélica localidad donde los pájaros siempre cantan una bella canción y siempre hay música en el aire, que se descubría prisión para la mente, al transformarse en una versión de Guantánamo, gracias a que María Hill, como directora de Shield, se había apoderado de un cubo cósmico que había tomado la forma y la mentalidad de una niña de cinco años llamada Kobik, manipulando la mente y la percepción de la gran parte de los villanos del universo Marvel.






Por supuesto, esa prisión para la mente era descubierta, tanto por Sam Wilson como por el envejecido Steve Rogers y cerrada para siempre, teniendo María Hill que asumir las consecuencias de tamaña atrocidad. Pero esto no era más que el principio. Porque en el clímax de este evento y gracias al Cubo Cósmico con forma de niña, Steve Rogers volvía a recuperar su longevidad y el suero del Super Soldado, devolviendo, en apariencia, al personaje y a la colección a un “back to the basics” de manual, coincidiendo con el estreno en salas cinematográficas de la tercera entrega de Capitán América, titulada Civil War. Nada más lejos de la realidad.

Tanto Steve Rogers en la ficción, como Marvel Cómics en el mundo real, decidieron que el mundo necesitaba dos Capitanes América. Y así, Steve, incluso con las diferencias ideológicas con Sam, le cedió el escudo de Capitán América y Marvel mantuvo no una, sino dos series con el título de Capitán América en las librerías, una protagonizada por Steve Rogers, otra por Sam Wilson y ambas escritas por Nick Spencer.





Lo que en un principio parecía solamente una manera de exprimir los bolsillos de los lectores, se convirtió en una jugada maestra, tanto por parte de la editorial, como por parte del autor, pero sobre todo para Steve Rogers, que tan solo con dos palabras, incendio el universo Marvel y las redes sociales, que demostraron de nuevo, la cantidad de fanatismo y cerrazón de algunos supuestos aficionados, que llegaron incluso a amenazar de muerte al autor. Las dos palabras que decía Steve Rogers eran ni más ni menos que “Hail Hydra” en una viñeta a toda página que cerraba el primer ejemplar del nuevo volumen del Capitán América y que desde ya, queda como uno de los momentos emblemáticos e icónicos de toda la historia de Marvel.

Pero lo que podía haber sido meramente un nuevo fuego de artificio, una salida de tono para provocar la polémica y vender miles de ejemplares, se ha ido demostrando a lo largo de un año que no es así, sino una historia perfectamente planificada, escrita con maestría y que se devora como el mejor de los thrillers con un crescendo de intensidad y ansia por saber más, que ya quisieran la gran mayoría de relatos de ficción contemporáneos. 






Porque el Capitán América de Spencer no solo es un thriller de acción y espionaje endiablado, sino que también es una reconfiguración maestra del mito del Super Soldado, de Hydra, de la América de Trump como pesadilla cumplida y que nos hace ver y entender a Steve Rogers desde un nuevo punto de vista terrorífico. Cara al exterior, Steve sigue siendo ese guardian de los valores tradicionales y morales, mientras en su interior, bulle un ser que se cree superior y que desprecia y engaña a los que siempre creímos sus aliados, a medida que va acabando lentamente con las piezas del tablero de ajedrez de sus rivales, consiguiendo Spencer salvarle la papeleta al mismísimo Brian Michael Bendis y su poco inspirada Civil War 2, que más que un evento se convierte en un preludio necesario para que el Capitán América tome el poder y hunda en las tinieblas al universo Marvel en el evento que aparece esta misma semana y que personalmente, más espero, en muchos, pero que muchos años.

Por supuesto que esta realidad trastocada por Kobik -el Cubo Cósmico con forma de niña de cinco años- me imagino que caerá al final del evento y se nos devolverá a nuestro Steve Rogers de toda la vida. Pero eso no quitará que a lo largo de más de dos años, Nick Spencer nos haya entregado un tebeo de superhéroes magistral e imprescindible, que como todos los buenos relatos de ficción nos hacen replantearnos la realidad en la que vivimos, desde el espejo magnificador de un relato que se asemeja en intenciones y resultados a “El Hombre del Castillo” del gran Philip K. Dick. ¿Quién decía que Marvel ya no sabía hacer buenos tebeos?

18 de enero de 2017

Civil War 2: Mes 4. Tie-ins más interesantes que la serie principal























En su cuarto mes de publicación, la secuela de la obra de Millar y Niven llega a su sexto ejemplar, tras la impactante y efectista imagen con la que terminó el episodio pasado, con la visión de Miles Morales acabando con la vida de Steve Rogers.



En la serie principal, Bendis estira de nuevo la historia con 20 páginas entretenidas con diálogos acertados, pero que bien se podría haber explicado en menos páginas. El resultado de este antepenúltimo capítulo, mueve las fichas del juego, humaniza a una excesivamente fanatizada Carol Danvers a lo largo del serial y sitúa como nuevos protagonistas a Miles Morales y Steve Rogers, como piezas fundamentales del tercer acto.



Esto sirve sobre todo a Nick Spencer para saber sacar el mejor partido de un crossover, descubriendo en la serie regular del personaje, que es lo que maquina este nuevo Steve Rogers convertido a través del cubo cósmico en seguidor de Hydra desde su tierna infancia, donde vemos como Rogers ha ido manipulando los acontecimientos de las Civil War a su antojo e insinuando que la muerte de Banner es provocada, al menos indirectamente por Rogers.



Un aplauso también a Gerry Duggan y sus Imposibles Vengadores, que no hacen más que mejorar ejemplar a ejemplar y que aquí aprovecha a este nuevo y mancillado Capitán América para provocar una escisión absoluta en estos Imposibles Vengadores, convirtiéndola en el título Vengador más interesante de la actualidad y si me apuras, de los mutantes.



En definitiva, una saga central que se deja leer pero poco más, donde lo mejor del crossover son el partido que les está sacando autores como Duggan o Spencer.

12 de noviembre de 2016

Capitán América de Nick Spencer: Un reflejo acerado y escalofriante del mundo que estamos viviendo





















La casualidad o el destino ha hecho que la relectura de la etapa en curso actual del Capitán América haya coincidido con la triste noticia de que un ser tan despreciable como Donald Trump haya alcanzado la presidencia de los Estados Unidos. La llegada de tan despreciable individuo no ha sido fruto de la casualidad ni de algo concreto, sino el cúmulo de unos primeros 15 años de siglo XXI desastrosos que comenzaron con la llegada de George Bush Jr. al poder, el atentado a las Torres Gemelas y las consecuentes guerras de Afganistan e Irak para a continuación hundirnos en una crisis económica de la que todavía no nos hemos recuperado, cuya mayor consecuencia ha sido aparte del sufrimiento de millones de personas, la pérdida de fé en un sistema tocado y hundido y el resurgimiento de los fantasmas de un fascismo que creíamos desaparecido pero que solo estaba aletargado esperando su momento para resurgir, al parecer, con más fuerza que nunca.



Todo este último párrafo viene a colación, porque de todo esto trata el Capitán América de Nick Spencer, al coger las riendas de una irregular etapa de Remender, donde dejamos a Sam Wilson como el nuevo Capitán América, tras el envejecimiento de Steve Rogers. Spencer desde el minuto uno aprovecha la pertenencia de Sam Wilson a la minoría afroamericana y su papel como activista social para transmitir a través de las palabras y los actos del personaje, un discurso de revolución social hacia un sistema que ha dejado de lado a los más débiles y por los que este nuevo y necesario Capitán América toma partido.



Ese partidismo de Sam le aleja de esa América codiciosa, hipócritamente inocente reflejada en algunos aspectos en un Steve Rogers que más que nunca es una reliquia de una época pasada, completamente desconectado del mundo que tiene alrededor. Spencer magníficamente acompañado por Daniel Acuña, Jesús Saiz o Ángel Unzueta, entrega el tebeo más atrevido y arriesgado que puedo recordar de la historia de Marvel, más cercano al V de Vendetta de Alan Moore que a un tebeo de superhéroes al uso, completamente acertado en sus planteamientos y cuestiones y que no deja de lado ninguno de los temas que cualquier ciudadano con dos dedos de frente se debe plantear y cuestionar.



Assange y Snowden, el neoliberalismo salvaje imperante en la América capitalista, pasando por Guantánamo, el crecimiento de la tensión racial, hasta el discurso neo-fascista de Trump donde no falta ni la alusión a su proyectado muro de la verguenza en la frontera con México. Todo esto tiene su reflejo en la etapa Spencer, llámalo el Susurrador, Pleasant Hill, la nueva y wallstreetizada Sociedad de la Serpiente o Cráneo Rojo e Hidra.



Y lo hace demasiado bien Spencer. Tanto que da miedo por su claridad de exposición y sus visiones convertidas en cortoplacistas por los lamentables acontecimientos que vemos diariamente en nuestros televisores. Y por ello es tan importante este tebeo, no solo porque es endiabladamente entretenido y te hace pensar y retorcerte en tu sillón, repleto de giros inteligentes, de planificación a largo plazo, sino porque es necesario que a través de la cultura pop podamos educar y hacer entender a la población el mundo en el que vive, un mundo manipulado por fuerzas que escapan a nuestro control y en el que lamentablemente está ganando poco a poco el mal. También hay un reflejo de todo esto en el tebeo de Spencer. Steve Rogers está viviendo su hora más oscura, pero Sam Wilson será la luz al final de tunel. Esperemos que el mundo real también encuentre esa luz y podamos recordar estos acontecimientos como un mal sueño, que nunca debemos olvidar para que no se vuelva a repetir cíclicamente.

8 de junio de 2016

Capitán América: Blanco de Jeph Loeb y Tim Sale. Bello pero intrascendente ejercicio de nostalgia





























A finales de los 90 y principios de los 2000, la pareja formada por Jeph Loeb y Tim Sale fueron junto a autores como Mark Waid o Kurt Busiek, los salvadores de un mainstream que había olvidado todo atisbo de clasicismo y de legado y se había dejado llevar por una desnaturalización de los mayores iconos tanto de Marvel y DC hasta hacerlos irreconocibles.

La pareja de autores consiguieron revitalizar a Batman, Robin y su entorno a lo largo de dos miniseries más que correctas como fueron El Largo Halloween y Victoria Oscura, para pasar a recontar el origen de Superman en la bellamente ilustrada Las Cuatro Estaciones.



Viendo el éxito de la propuesta, Marvel tentó a la pareja de artistas que juntos eran mejores que por separado, en especial Jeph Loeb, para revitalizar los orígenes o momentos icónicos de los personajes más característicos de La Casa de las Ideas. De esa propuesta salieron en 2001, 2002 y 2003 Daredevil: Yellow, Spiderman: Blue y Hulk: Gris. A las tres miniseries no se les podía negar la calidad artística indudable de Tim Sale y el cariño y la nostalgia que Loeb ponía en los héroes de su infancia. Pero los tres tebeos carecían de un algo más que aportara algo nuevo a unos personajes de los que se ha contado tanto, o que le dieran una vuelta de tuerca como si fueron las dos series protagonizadas por el Hombre Murciélago.



Ahora en 2015 y tras un retraso de siete años tras la aparición de un número 0, llega Capitán América: Blanco. Un tebeo nostálgico, donde Sale se inspira en los excesos y el dinamismo de Kirby y Steranko, pero que vuelve a reincidir en los males de las anteriores miniseries y que convierten a este tebeo en una obra que no se le puede sacar nada de punta, ni por lo negativo ni por lo positivo.


Loeb cumple y Sale también, aunque a este último se le podría decir que de todos los trabajos del tandem, este es el menos inspirado visualmente. Y a Loeb, que el diálogo con el amigo querido recuerda muy mucho a la estructura de Spiderman: Blue, quizás la mejor obra de este cuarteto, sobre todo por la bella despedida de Peter y Mary Jane hacia Gwen.



El problema, que en estos últimos años, autores como Waid, Brubaker o el más reciente Nick Spencer han entregado etapas memorables, icónicos y novedosas de un personaje con más de 75 años de historia. Quizás si no hubieran existido estas obras más recientes, el tebeo podría ser más valorado, pero una vez leído, te queda la sensación de que lo has consumido sin apasionamientos y que como mucho, te llaman la atención algunas de las splash pages que Sale entrega a lo largo de los seis ejemplares.



En definitiva, un tebeo nostálgico cuya factura y presentación editorial es mayor que el resultado final de la obra. Recomendable para amantes del completismo y los tebeos clásicos y por supuesto a amantes del trazo de Tim Sale, entre los que me incluyo.

3 de mayo de 2016

Capitán América: Civil War. El mejor ejemplo de cómo debe ser una gran película de superhéroes






















Una de las cosas que mejor le ha venido a Marvel Studios ha sido el fichaje de los hermanos Russo. Una pareja de hermanos que ha sabido equilibrar un estilo personal con el modelo del resto de películas de la factoría, y que tuvo su primer ejemplo en la fascinante y electrizante Capitán América: El Soldado de Invierno, una película de superhéroes que bebía tanto de los tebeos del Capi de Brubaker como de los thrillers conspiranóicos de los años 70.

Y los hermanos Russo continúan la historia allí donde la dejaron en tan magnífica secuela, pero abre el camino hacia un nuevo y diferente universo Marvel, consecuencia de todo lo acontecido en ya 12 películas, para crear un nuevo status quo y abrir más si cabe un mundo que no tiene fin.



El gran acierto de este nuevo largometraje no solo es su capacidad para desarrollar con inteligencia pero sin perder la dosis de gran espectáculo lo que tiene que ser un tebeo de superhéroes Marvel, sino el saber tratar con madurez pero sin olvidar el entretenimiento primario que son los tebeos de superhéroes un tema tan delicado como el control de los ciudadanos a su población civil, las posturas conservadoras y liberales plasmadas en Rogers y Stark, pero entregando un espectáculo que sabrán degustar por igual niños y adultos.

Si Whedon patinó quizá por desgaste en la estimable pero no redonda La Era de Ultrón, aquí los Russo recuperan el "sense of wonder" de Los Vengadores originales, pero llevándolos un paso más allá, aunándolos con el espíritu y el ritmo del Soldado de Invierno, sabiendo crear una gran fiesta alrededor de la historia que no deja respiro al espectador y que sabe tocar todas las teclas emocionales que necesita la historia para introducir a los espectadores y a los fans en un universo que los espectadores ya han hecho suyo.



Porque en este conflicto no hay nadie que tenga la razón y tampoco ninguno está equivocado. Las posturas de todos los personajes tienen sentido según el recorrido de cada uno de ellos y la elección de un bando concreto se le hace difícil al espectador. Y esa es la grandeza que ha conseguido Marvel Studios, que los personajes sean personas, con motivaciones y sentimientos diferentes que crean un crisol de relaciones absolutamente fascinante.

Los Russo utilizan con pericia estos Vengadores 2.5, incluyendo en la ecuación a dos nuevas adquisiciones absolutamente memorables como son Pantera Negra y Spiderman. El primero nos deja con ganas de saber más de él, de Wakanda, entregándonos escenas absolutamente memorables de planificación y de ritmo. La aparición de Spiderman en escena demuestra que este era el lugar del trepamuros, que aporta un nuevo cariz al universo Marvel y que Tom Holland es el perfecto Peter Parker/Spiderman.



Y es que la aparición de este último en la famosa escena del aeropuerto es solo la guinda de la pelea de superhéroes perfecta, planificada y ejecutada con asombrosa perfección, llena de emoción, diversión y maravilla, repleta de momentos y situaciones que te harán mirar a la pantalla con la fascinación de un niño.

Y en el tercer acto los Russo saben cerrar todas las tramas abiertas, con un final emocionante y consecuente con todo lo acontecido, que demuestra que aunque el reparto sea coral, los verdaderos protagonistas de la historia son Tony y Steve y que como en todas las grandes historias épicas, hemos sido testigos de un momento fundamental en el camino de estos dos personajes y que a partir de aquí todo será nuevo, diferente y muy pero que muy apasionante.

28 de marzo de 2016

La Trinidad Vengadora arranca nuevas y prometedoras temporadas






































Justo antes de las Secret Wars, los tres pilares de los Vengadores se encontraban en situación irregular los unos con los otros. Iron Man finalizaba una en principio prometedora etapa, Iron Man Superior, que se desinfló en cuanto Tom Taylor comenzó a profundizar un poco en ese Tony mezquino y malvado. Rick Remender no conseguía que su etapa al frente del Capitán América cuajara, fuera con Steve Rogers o con su nuevo sustituto, Sam Wilson. Al contrario, Jason Aaron había revuelto los cimientos del Dios del Trueno y había epatado y maravillado a los lectores con esa Thor femenina que ocultaba a una Jane Foster enferma terminal de cáncer. Era el único título de los tres que realmente merecía la pena seguir con fruición mes a mes. El objetivo de Marvel, que tras las Secret Wars, los tres títulos fueran un "must-have" para el lector. 



El primer acierto ha sido el equipo artístico de campanillas formado por Brian Michael Bendis y David Marquez para el Hombre de Hierro. Si ya habían demostrado que eran un fantástica pareja artística en el imprescindible Ultimate Spiderman protagonizado por Miles Morales, aquí y solo en dos ejemplares hasta el momento publicados, demuestran que son la pareja artística necesaria para elevar al Iron Man de los cómics y colocarlo en el mismo lugar de importancia que su contrapartida cinematográfica. Fresco, inteligente, divertido y sorprendente son los adjetivos que definen estos primeros ejemplares, con un Tony Stark más Tony que nunca, con nueva armadura, un nuevo desafío amoroso e intelectual, donde Bendis demuestra su habilidad para crear personajes femeninos. En definitiva, un tebeo que apetece leer.



La gran sorpresa es la nueva etapa del Capitán América por Nick Spencer y Daniel Acuña. Me apetecía por el dibujo de Acuña, uno de mis autores contemporáneos favoritos, pero no esperaba que Spencer lo hiciera tan bien. Y es que la verdad, la etapa de Remender me había dejado frío, con un guionista que no sabía que hacer con Sam Wilson y que solo disfruté parcialmente por el dibujo de Inmonen en los últimos ejemplares de la era Remender. Spencer, que ya hizo un magnífico trabajo en la etapa previa a Ales Kot en Vengadores Secretos, convierte al Capi y a Sam Wilson en concreto en un tebeo y héroe social y político, tratando temas candentes e impopulares en una América que deriva peligrosamente hacia el terror del radicalismo y la ultraderecha más peligrosa. Un héroe del pueblo que representa lo que debe ser el Capitán América como símbolo y que convierte a Sam Wilson, esta vez sí, en digno heredero del escudo y los ideales del héroe que representa lo mejor de América. Y por supuesto, cualquier tebeo con Misty Knight tiene un plus de calidad.





Terminamos con la segunda temporada del Thor de Aaron y Dauterman. Solo decir que sigue en plena forma y que es uno, sino el mejor tebeo que publica Marvel en la actualidad. Igual de acertado en la parte de Jane y su lucha contra el cáncer, que Aaron refleja con una dureza brutal en las primeras páginas de este nuevo capítulo y que es igual de interesante que la épica narración cercana a los tejemanejes de Juego de Tronos que se está forjando en los Reinos de Asgard. Aaron ha nacido para escribir a Thor y su ya larga etapa es muy posible que acabe superando la hasta el momento imbatida era de Walter Simonson.


11 de marzo de 2015

Capitán América, Thor y Iron Man: La Trinidad Vengadora cambia de raza, sexo y personalidad










































Los cambios en personajes con más de 50 años de historia a sus espaldas son habituales y comprensibles, porque tras más de 500 ejemplares a tus espaldas, ¿qué puedes hacer para que los lectores sigamos volviendo mes a mes sin volverte recurrente? Estos cambios, por supuesto temporales, los llevamos viendo sobre todo a partir de los años 80, siendo el primero de ellos Tony Stark, que tras su segunda crisis alcohólica tuvo que ceder el relevo de la armadura a su hombre de confianza, James Rodhes. Posteriormente, y si la memoria no me falla, entre finales de los 80 y principios de los 90, Steve Rogers dejó las mallas de barras y estrellas para convertirse de nuevo en Nómada y el testigo lo recogió un fascista que se reconvirtió en el USAgente, un Capitán América perfecto para los ultraviolentos, exagerados y tremendamente infantiles tebeos de principios de los 90. Otro tanto para el Dios del Trueno, que cedió su legado a Thunderstrike. Por supuesto, los héroes originales volverían al poco tiempo.

Los nefastos principios de los años 90 llevaron al extremo dicha propuesta. En DC Comics, Superman murió y fue reemplazado por no uno, sino cuatro Supermanes, muchos de ellos, despiadados, fríos, rudos y violentos y Bruce Wayne, tras quedar lisiado, al parecer de por vida, por Bane, fue sucedido por Azrael que se convirtió, ¿lo adivináis?, en un Caballero Oscuro violento y sanguinario, como mandaba el canon antiheróico de la época. Posteriormente, y visto que la jugada había salido bien comercialmente, que no artísticamente, se replicó el asunto con las muertes, heredéros y resurrecciones posteriores de personajes tan emblemáticos como Green Lantern y Green Arrow.



Y llegamos a la actualidad, donde las muertes y legados se han llevado con mucha mejor fortuna, gracias a autores en estado de gracia como Dan Slott, Ed Brubaker y Grant Morrison, en series como Superior Spiderman, Capitán América y la epopeya Batmaniana no exenta por supuesto de polémica que se fraguó a lo largo de títulos como Batman, Batman y Robin y Batman Incorporated. La diferencia con lo que ocurrió en los 90, que aunque la muerte, cambio de personaje y posterior resurrección sigue siendo un reclamo meramente publicitario para atraer más lectores a un título o personaje, aquí se hizo con inteligencia y rodeado de autores de calidad que polémicas y opiniones personales aparte, quedarán como etapas memorables de cada uno de los personajes anteriormente mencionados.

Ahora Marvel vuelve a intentarlo con el trío Vengador por antonomasia, Capitán América, Thor y Iron Man. El más necesitado de un cambio era por supuesto Iron Man, el personaje de los tres, que menos suerte y menos calidad ha tenido en sus series regulares, ya que quitando la maravillosa época de finales de los 70 y principios de los 80 gracias al equipo creativo formado por David Micheline, John Romita Jr y Bob Layton, pocas etapas posteriores o previas pueden pasar a los anales de la historieta, si quitamos aciertos puntuales del principio de la etapa de Fraction y Larroca.

En cambio, Thor y el Capitán América han tenido etapas verdaderamente memorables. El primero, sus inicios con el duo en estado de gracia de Lee y Kirby y posteriormente con Walter Simonson como autor completo, o la etapa de Stracinsky. Y que decir del Capitán América, con sus inicios con Lee y Kirby, la breve, intensa e icónica etapa de Steranko, la posterior con Gene Colan, los fastuosos dos años de Waid, Garney y Andy Kubert o su más reciente y más redonda época, gracias al talento de Ed Brubaker, sin olvidar pequeñas etapas como la formada por Roger Stern y John Byrne a principios de los 80.



En la actualidad, el verdadero cambio de tercio creativo se ha provocado en Iron Man, que tras una inane época escrita por Kieron Gillen, intenta reactivar una serie trayéndose un talento muy reconocido por los fans de DC Comics, el guionista Tom Taylor, que ha triunfado gracias a su serie Injustice, basada en el videojuego de DC Comics. Y Taylor, en los dos primeros ejemplares que presenta Panini en el número 50 de la edición española de la colección del Hombre de Hierro, promete. Tony Stark, tras los sucesos ocurridos en el denostado evento Axis, es un hombre sin moral y sin principios, un reverso tenebroso de la compleja personalidad de Tony Stark sin las barreras morales que tenía. Egoista, vanidoso y cruel, se ha erigido en monarca de la ciudad de San Francisco ofreciendo a los habitantes de la bahía un software que les convierte en seres perfectos. Taylor plantea los límites a los que puede llegar un ser superior intelectualmente pero deficiente moralmente, además de introducir casi como personaje secundario a Daredevil, recién mudado a la ciudad del Golden Gate gracias a la pluma de Mark Waid. Lamentablemente, la serie se resiente gráficamente por su apartado gráfico, obra de otro autor que le ha robado Marvel a su Distinguida Competencia, Yldiray Cinar. Pero la serie desde el punto de vista narrativo promete.

Los cambios en Thor provienen de otro evento denostado, Pecado Original, donde el Dios del Trueno, tras escuchar una frase dicha al oído por un Nick Furia con la visión del Vigilante, pierde la capacidad de ser digno y levantar su martillo Mjolnir, por lo que un nuevo candidato reclama el martillo. La diferencia, que es una mujer y está enmascarada, por lo que el misterio está servido. Las razones para confiar en este título, su guionista, Jason Aaron, el autor que lleva ya un par de años narrando las aventuras del Dios del Trueno convirtiendo su etapa en una de las más interesantes en los 50 años de historia del personaje. Tras leer los tres primeros números de esta nueva etapa, decir que no me ha impresionado como los primeros ejemplares de su primera saga al frente de la colección, ya que lo contado por ahora, que es muy poco, más centrado en atar cabos sueltos de su etapa previa en el personaje que en quién es la persona tras la máscara, tampoco ayuda mucho para poder dar una valoración de lo que puede dar de si esta nueva singladura de la colección. A destacar eso si, al dibujante de la misma, Russel Dautman, que con un estilo que recuerda a una mezcla entre Arthur Adams, Frank Quitely y Nick Bradshaw, promete convertirse en uno de los autores a seguir en los próximos años.



Y terminamos con el héroe de las barras y estrellas, el Capitán América, que tras la laureada con motivos etapa de Ed Brubaker, fue continuada por un Rick Remender que aunque con aciertos puntuales, no ha conseguido, al menos en mi opinión, realizar hasta el momento, y a la espera de una relectura, un trabajo tan redondo y revolucionario como el conseguido por Brubaker. Su golpe de efecto en el primer arco de su trabajo, Steve Rogers ha perdido el suero del Supersoldado, por lo que ha envejecido y ha dejado de ser el Capitán América, ha provocado que pase el testigo a su antiguo compañero de aventuras, el Halcón. Por lo que tenemos en esta nueva etapa un nuevo status quo, con el Halcón como nuevo Capitán América, con la complicación de ser capaz de llevar encima del hombro un legado tan importante, además de seguir teniendo a Steve Rogers, reconvertido en jefe de campo de este nuevo Capitán América. Los dos primeros números publicados en España dentro del número 50 de la edición de Panini, esboza lo que nos encontraremos en la misma, con un resurgimiento de la organización de Hidra, el regreso del Barón Zemo y un potpurrí de villanos que es un quién es quién de la historia del personaje. Remender tiene la suerte esta vez, de tener a un dibujante a la altura, Stuart Inmonen, quizás el mejor dibujante de superhéroes de la actualidad, que en estos dos números lo vuelve a demostrar con creces.

Una nueva época para tres personajes que han pasado por mil y una iteraciones y donde sus autores deben demostrar lo más importante. Que tras los trucos de magia, las campañas de marketing y las renumeraciones para vender más ejemplares en un momento puntual y acabar con tu competencia, al final lo único que nos importa a los lectores es algo muy sencillo, pero a la vez muy complicado, una buena historia. Anteriormente, autores como Brubaker, Morrison o Slott lo han conseguido, recibiendo los aplausos de crítica y aficionados. ¿Lo conseguirán Taylor, Aaron y Remender? El tiempo lo dirá...

13 de diciembre de 2013

Capitán América de Rick Remender, John Romita Jr y Carlos Pacheco: Repasando Marvel Now!


Si en DC Comics existe la santísima trinidad en su universo, formada por Superman, Batman y Wonder Woman, en el universo Marvel y más concretamente dentro del universo Vengador, esa trinidad estaría formada por Thor, Capitán América y Iron Man. Y si ayer tocaba hablar del Dios del Trueno, hoy es el turno de la nueva etapa del Centinela de la Libertad.

Dentro de esa trinidad, el que mejor parado ha salido en su serie regular ha sido Steve Rogers. Ya comentamos ayer las contadas ocasiones en las que se han hecho buenos tebeos de Thor y en la próxima entrega nos detendremos en el Vengador Dorado, que tampoco ha tenido mucha suerte. Pero cuando toca hablar de Steve Rogers no podemos decir lo mismo.


Etapas buenas y excelentes las ha tenido a porrones. Desde los entrañables episodios del duo Lee y Kirby, la corta, intensa e imprescindible época Steranko, al Imperio Secreto y Nómada de Englehart en los 70, a las poco a poco más revalorizadas etapas tanto del duo Stern y Byrne, o De Matteis y Zeck, sin olvidar por supuesto, el lavado de cara que significo en los años 90 las dos etapas que realizo Mark Waid, primero con Ron Garney a los lápices y luego con Andy Kubert.

Pero ninguna como la que llegó en el año 2004, gracias a Ed Brubaker, quizás la mejor historia jamás contada del personaje, la más alabada y que duró la friolera de 8 años. Una pena que al final Brubaker acabara quemado y se notaran síntomas de cansancio, tanto en su Capi, como en cualquier tebeo que oliera a superhéroes. Pero lo que no nos quita nadie es la intensidad de la misma, donde predominaba el tono de tebeo de espías bien hecho, que bebía tanto del material primigenio, como de las etapas de Steranko o Englehart.


Brubaker se fue, y los aficionados del Capi nos quedamos huérfanos de autor, un autor que ponía el listón demasiado alto a cualquiera que se atreviera a tocar a uno de los personajes más emblemáticos del cómic americano. Y ese autor fue Rick Remender.

Si como yo, disfrutasteis del trabajo de Remender en X-Force (y si no lo habéis hecho, ya podéis ir corriendo a vuestra tienda de tebeos más cercana a subsanar ese error) o estáis disfrutando de sus Imposibles Vengadores (pocos tebeos actuales saben aunar el sabor clásico con la modernidad de una forma tan acertada), las expectativas de que Remender hiciera un trabajo tan memorable eran esperadas y lógicas.


Y la sensación, tras leer ya casi un año de esta nueva visión del Supersoldado de la 2º guerra mundial ha sido agridulce. Lo primero que hay que decir, es que Remender ha sido inteligente y no ha querido continuar el tono de Brubaker, sino que ha comenzado inspirándose en la psicodélica y algo bizarra etapa de Jack Kirby en los años 70. Nada de Shield, espías, rusos, conspiraciones, etc... Pura y simple ciencia ficción desatada, ambientada en otras dimensiones.

Pero Remender alarga demasiado esta primera aventura en la Dimensión Z, donde Arnim Zola tiene retenido al Capitán América y este último entabla amistad y una relación paterno-filial con el hijo del villano. El problema es que a medida que avanza la historia, a veces no sabes hacia donde quiere ir el guionista, acrecentado por el trabajo de un Romita Jr. que hace mucho que dejó de estar interesado en entregar un buen trabajo y solo está preocupado de cobrar su cheque a fin de mes.


A cambio, tenemos retazos de cosas bien hechas, de hacia dónde quiere llevar Remender al personaje, como por ejemplo esos flashbacks a la infancia de Rogers, quizás los más negros que hayamos podido ver sobre el personaje, con ese padre alcohólico y violento que aterrorizaba a Steve y a su madre.

Y en la Dimensión Z ocurren varias cosas que van a cambiar al personaje tal y como lo conocemos. Si Steve vive décadas en esa dimensión, en la tierra solo han pasado horas. Steve vuelve a ser un hombre fuera de su tiempo, quizás más que cuando quedó congelado en la 2º guerra mundial. Y el trágico final de dos personajes a lo largo de la aventura en la Dimensión Z, que no revelaré aquí, deja al Capitán América en la peor situación en la que nos lo podemos haber encontrado nunca.


El último ejemplar publicado en España, cambia completamente de tono. Steve ya está de nuevo en nuestro mundo, pero con el bagaje de lo acontecido en la dimensión Z, sintiéndose más aislado que nunca. El entorno vuelve más a lo urbano, trayendo de vuelta a un viejo conocido del Born Again de Miller y Mazuchelli, Nuke, el reverso oscuro del Centinela de la Libertad. Y tenemos cambio de dibujante, Carlos Pacheco, que está irreconocible debido a un entintador que no le pega nada a sus lápices, Klaus Janson.


En resumen, una etapa extraña, con puntos positivos y negativos, pero cuyo desarrollo, una de las especialidades de Remender, la hacen atractiva para seguir comprándola mes a mes. El tiempo dirá si Remender triunfó o se estrelló con esta aproximación diferente a la figura del Supersoldado.

20 de diciembre de 2012

Marvel-Panini Diciembre 2012


El último mes del 2012 trae pocas novedades reseñables a las series regulares Marvel que Panini publica cada mes. Comenzamos con el evento más importante del universo Marvel actualmente, Vengadores contra X-Men, que dará paso a Marvel Now, la reestructuración del mundo creado por Stan Lee en los años 60 y que tan buenas críticas está recibiendo allende los mares. 


En el número tres de la edición española, que corresponde al ecuador de la maxiserie (números 5 y 6), comienza a vislumbrarse el potencial de una colección que hasta el momento no había sido más que una sucesión de peleas sin mucho atractivo dramático. Tras el quinto ejemplar, último de Romita Jr. también, la Fuerza Fénix toma a cinco mutantes en vez de la esperada Hope, entre ellos Cíclope. A partir de aquí y con el magnífico arte de Olivier Coipiel, uno de los mejores artistas de la Marvel actual, somos testigos del cambio en el status quo Marvel, con la toma de poder de Cíclope y los suyos de la tierra, mejorándola bajo lo que se vislumbra una dictadura basada en el miedo, más cercana a los preceptos de Magneto que del Profesor Xavier. La llegada de la Bruja Escarlata y la promesa de Cíclope de No Más Vengadores, parece prometer tres meses de infarto a los lectores. 


Y sin dejar de lado el macro-evento, comenzamos el repaso de los caóticos cronológicamente hablando, crossovers de la serie principal. El primero de ellos, la serie sucintamente llamada “Vs” que alcanza su tercer número demostrando su escasa trascendencia y su extrema espectacularidad. Para el recuerdo, el enfrentamiento entre la Viuda Negra y Magik, gracias al fantástico arte de los Dodson. 


Y llegamos a los crossovers de las colecciones mutantes y vengadoras. Las primeras ganan mucho a las segundas, sobre todo Lobezno y la Patrulla X en su séptimo número (el 12 americano), donde Aaron nos trae de vuelta a Rachel Summers, que en manos del Cíclope Fenixizado vuelve a ser ese monstruo cazamutantes que fue en Los Días del Futuro Pasado. 


De menor interés, La Patrulla X de Gillen, cuyos mayores alicientes son el regreso de Madeleine Summers, de la mano por supuesto de su creador Mister Siniestro, que ya había sido protagonista de la primera saga de este nuevo volumen de la colección. 


Dentro de la franquicia Vengadora, Bendis da una de cal y otra de arena. Bien por su Fénix relacionada con el Puño de Hierro y el regreso al presente con el comienzo del entrenamiento de Hope por parte de Spiderman y mal por su aportación junto a Simonson en la colección de Los Vengadores, en la aventura espacial preacontecimientos del Vengadores contra los X-Men de este mes, donde fracasan de nuevo con el intento de regreso de un Capitán Marvel que está mucho mejor muerto tras la icónica y fundamental muerte del Capitán Marvel de Jim Starlin. 


Poco consigue también Remender en el ejemplar que termina la implicación de los Vengadores Secretos en el crossover. Gracias a dios que en el segundo número americano que contiene el Vengadores Secretos 23 edición Panini, Remender vuelve a su trama principal y los personajes que le interesan como Veneno o el Hombre Hormiga, que aunque todavía no ha podido explotar como en sus imprescindibles X-Force, planta las semillas de una etapa prometedora, sobre todo si a su lado tiene a dibujantes desconocidos pero de tanto talento como Matteo Scalera. 


No puedo dejar de mencionar, tristemente para mal, los Vengadores Reuníos de Bendis y Bagley, en el puede ser el peor trabajo de ambos artistas. De Bagley, porque nunca le he visto tan desganado y tan flojo, y a Bendis, porque no le perdono que su última saga al frente del grupo por excelencia de Marvel sea una mera excusa para alcanzar al público de las multisalas y veamos a un Tony Stark más Robert Downey Jr. que nunca y con absurdeces tan grandes como que todo el universo Marvel no sepa quién es Thanos. Porque si no me equivoco, la serie entra dentro de la continuidad establecida y no es un producto derivado solo para los fans del filme, y si no que lo avisen. 


Continuando con los Héroes Más Poderosos de la Tierra, tenemos los números correspondientes a las series del Capitán América y Iron Man. En ambas, sus respectivos autores, Brubaker y Fraction están culminando sus etapas al frente de los vengadores más característicos, y si Fraction está poniendo toda la carne en el asador en sus números finales, aunque lo que nos cuenta ya nos suene a algo visto para los lectores veteranos, a Brubaker en el Capitán América le vemos completamente desgastado, con unos números finales que sin ser malos, están muy por debajo del nivel que el guionista nos ha acostumbrado en la que es ya la mejor etapa del personaje en toda su historia. 


Al otro que también le queda poco tiempo es a Jonathan Hickman en los 4F, donde habiendo terminado su larga epopeya cósmica, nos entrega quizá sus mejores tebeos en mucho tiempo, primero en la serie principal, Fantastic Four, con esa bella historia futura de Los 4 F, donde solo queda Ben Grimm y la divertida historia de Peter y Johnny como compañeros de piso en el ejemplar correspondiente de la serie FF. 


Y llegamos a la franquicia que mejor se encuentra en estos momentos dentro del universo Marvel, la de Spiderman, que en su serie principal y regular, Amazing Spiderman, culmina “Hasta el Fin del Mundo”, donde Slott culmina el enfrentamiento definitivo (por el momento) entre Octopus y el arácnido, un nuevo ejemplo del buen hacer de Slott, quizá el mejor guionista de superhéroes actualmente. 


Para terminar con el Hombre Araña, destacar el penúltimo capítulo de Spidermen, el primer crossover entre el Spiderman tradicional y su contrapartida Ultimate, en el mejor ejemplar hasta el momento de la miniserie, con ese emotivo reencuentro entre nuestro Peter y la Tía May y Gwen Stacy Ultimatizadas. De lo mejor que ha escrito Bendis en muchos años. 


Finalizamos con Ultima Marvel, la serie que reúne las tres colecciones de la línea Ultimate. Por partida doble tenemos el nuevo Spiderman de Bendis, con un Miles Morales que se ha ganado desde ya un hueco en el corazón de los aficionados y la llegada de David Marquez a los lápices digitales que consigue no echar de menos a Sara Pichelli. En los Ultimates de Hickman salta la sorpresa, con el mejor ejemplar hasta la fecha de esta etapa, quizá por la frescura que aporta la sangre nueva de Sam Humphries. Nada destacable en el ejemplar de los X-Men de Spencer, a la espera de que la llegada de Brian Wood levante la colección más floja de la línea Ultimate actual. 


El mes que viene poco que destacar, como mucho el final de Spidermen, el inicio del fin del Iron Man de Fraction o como puede estropear más Vengadores Reuníos Bendis con el final de su historia. Allí nos veremos.




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