8 de noviembre de 2016

Harley Quinn Rebirth. Amanda Conner y Jimmy Palmiotti siguen entregando el tebeo más irreverente y divertido de DC Comics

 Al igual que Masacre en Marvel Comics, Harley Quinn ha tenido un resurgimiento dentro de DC Comics casi como personaje enseña de la editorial, icono y personaje que sobrepasa el medio. No es casual que ambos personajes se hayan convertido en protagonistas de dos películas que quitando valoraciones cinematográficas se han convertido en algo más que personajes de cómics.



Y es que el camino de este renacimiento de Harley Quinn comenzó en el año 2013, cuando DC decidió publicar una nueva serie regular de la creación de Paul Dini tras casi una década sin una serie regular. El cambio del personaje visualmente y que ha servido de imagen para el traspaso de la villana/heroína al cine no fue bien recibido por una parte de la comunidad que consideraba que esa no era su Harley Quinn.



Pero lo cierto es que en manos de Conner y Palmiotti y decisiones estilísticas aparte, Harley Quinn volvió a la vida en una divertidísima serie regular, una mezcla de la JLI de Giffen y DeMatteis pasada por el filtro de South Park en su irreverencia y ganas de provocar, donde el personaje creaba su propio microuniverso donde las rupturas de la cuarta pared, los mil y un homenajes a la cultura pop y un sinfín de memorables personajes secundarios que se han convertido en la extraña familia de Harley han conseguido que el personaje tenga una vida más allá del universo Batmaniano.



Junto a dibujantes en constante progreso como John Timms y Chad Hardin y un serial que era un perfecto punto de partida para cualquier lector y en cualquier número de la serie regular, apostando por historias autoconclusivas pero con una línea argumental de fondo que se enriquecía si la seguías mes a mes, más un sinfín de especiales y miniseries igual de atractivos que la serie principal, la colección consiguió auparse a los primeros puestos de venta de la editorial.



Y es por eso que en este Rebirth, la serie ha vuelto ha comenzar con un número 1, pero sin perder a ninguno de los integrantes que la han convertido en un éxito. Así que si eras seguidor de la serie, no dudes en seguir leyéndola y si nunca te has animado a probarla, este es el mejor momento para que te subas al tren. El tebeo en sus seis primeros ejemplares sigue siendo tan divertido, irreverente y sexy como en el volumen anterior y sus maravillosos personajes secundarios siguen en perfecta forma. Así que no lo dudes y dale una oportunidad a esta nueva encarnación de Harley Quinn, no te arrepentirás.







7 de noviembre de 2016

Miracleman de Alan Moore: De Dioses y Hombres






















Una de mis grandes asignaturas pendientes era la lectura de Miracleman de Alan Moore. Uno de esos tebeos míticos, que tuve la suerte de leer sus dos o tres primeros ejemplares a finales de los años 80, pero que no pude leer más, seguramente por la falta de presupuesto. Posteriormente, y a lo largo de casi tres décadas, los problemas de derechos hizo imposible el conseguir alguna edición a un precio medianamente razonable.



Y aunque hace un par de años ya hablé del primer volumen que contenía la primera etapa del personaje publicado por Warrior entre los años 1982 y 1984, la excesivamente cara edición que ha publicado Marvel Comics entre los años 2014 y 2015 ha hecho que hacerme con los tres volúmenes se haya ido postergando en el tiempo, pero que me ha servido para leerme esos dieciséis números míticos de una sentada.



 Su absorbente lectura me ha dejado claro muchas cosas. La primera, que Alan Moore ha sido un talento sobrehumano desde sus inicios, porque la osadía, inventiva y pasos de gigantes que estos dieciséis tebeos atesoran están a años luz de lo que se publicaba en el género en esos años. Lo segundo, que leerlo en el año 2016 no provoca la misma impresión que si lo leyeras con las virginales mentes de los lectores de los años 80.



Porque la aparición de dicho tebeo en dicha época fue un golpe en la mesa hacia un género que tuvo un antes y un después tras la aparición de esta obra. Cierto es que su aparición en el mercado americano fue posterior, en concreto entre los años 1986 y 1989, gracias a la extinta editorial Eclipse, siendo contemporánea tanto de obras del propio Moore como Watchmen o su Cosa del Pantano, como de otras revoluciones similares como el Dark Knight de Miller o el Animal Man de Grant Morrison u otros trabajos menos conocidos pero tan fundamentales como la trilogía de Rick Veitch compuesta por El Uno, Maximortal y Niñatos.



Pero lo que nadie le puede quitar a Moore es que fue el primer autor que supo mirar más allá del género, retorciendo la supuesta inocencia de sus orígenes y plasmando certeramente los preceptos del Superhombre Nietzchiano en las páginas de lo que hasta ese momento era el entretenimiento de niños asociales y adultos con problemas de crecimiento.



Moore nos arrastra a través de unas 450 páginas que comienzan en los naive años 50, lugar de donde proviene el personaje original, un refrito del Capitán Marvel de Whiz Comics y que Mick Anglo traslado a una Inglaterra donde la globalización era un concepto todavía por conocer. A través de las inocentes y surrealistas aventuras de la Familia Milagro, Moore construye un entramado donde las conspiraciones gubernamentales, la concepción del universo y las diferencias entre Dioses y Hombres.



 De la inocencia corrompida, tema que Moore trata en los dos primeros volúmenes, "Un Sueño de Volar" y "El Síndrome del Rey Rojo" pasamos al Ragnarok y posterior utopía con el que culmina el tercer y mejor volumen de su etapa "Olimpo". Pero Moore no lo pone fácil al lector y es la obra donde comenzamos a vislumbrar las retorcidas y brillantes estructuras argumentales por las que es alabado el escritor inglés, siendo sus máximos exponentes Watchmen, From Hell o Promethea.



Moore destruye hasta sus cimientos un subgénero para tras sus cenizas reales y metafóricas, reconstruir y elevar a unos seres que se intentaron humanizar pero que para Moore no son más que las representaciones contemporáneas de los antiguos Dioses y Mitos. Y como esos antiguos Dioses y Mitos, estos seres sobrehumanos están muy por encima de los meros mortales, convirtiéndose en algo más que meros vigilantes y justicieros, transformando no solo su propia esencia, sino a la humanidad y el mundo que les rodea.



Hablaba anteriormente de que Miracleman puede ser la obra más importante de su autor, pero no la mejor. La razón, que aquí están todas las bases de la obra de Moore, con sus estructuras magistrales y su redondez narrativa a prueba de bombas, además de que apunta los temas que tratará con mayor efectividad y claridad narrativa en trabajos como Watchmen o Promethea. Pero en su inexperiencia y juventud, también nos entrega al lado de pasajes francamente apasionantes, momentos cuya lectura se hace excesivamente ardua, debido a la gran cantidad de elementos que quiere trasladar a los lectores dentro de las limitaciones de los relatos publicados en dicha época.



Esos defectos menores no hacen daño a un trabajo cuyo mayor halago es que no se ha quedado en absoluto anticuado. Ni los acertados guiones y conceptos de Moore, ni mucho menos el trabajo gráfico de los artistas que colaboraron con Moore, destacando sobre todos ellos Garry Leach y John Totleben. El primero, un artista inglés cuyo talento no está reconocido lo suficiente, aporta a las primeras entregas un arte detallado, tridimensional y muy alejado a lo que estábamos acostumbrados por aquel entonces, consiguiendo que las viñetas, el mundo y los personajes, traspasaran el papel impreso. 



 En un estilo radicalmente opuesto, pero igualmente efectivo está el arte de John Totleben, el cual también acompañó a Moore en los mejores ejemplares de su Cosa del Pantano. Su estilo es turbio, cargado de atmósfera, un autor que crea un ambiente absolutamente pesadillesco pero a la vez tremendamente real, capaz de conseguir que un escalofrío te recorra la espina dorsal y sus imágenes permanezcan en tu retina y tu memoria durante toda tu vida, por supuesto sin olvidar su extraordinario planteamiento visual, entregando composiciones de páginas que van desde Winsor McCay a El Bosco.



 En definitiva, una obra imprescindible para todo lector de cómics. Un trabajo visionario de un joven autor que nos ha dado a lo largo de cuatro décadas algunos de los mejores tebeos de la historia del medio. Un tratado sobre el poder absoluto, lo que nos hace humanos y nuestro orden social que todo lector debe atesorar en su biblioteca en un lugar especial.

5 de noviembre de 2016

Luke Cage: La serie más "trashy" de la Marvel de Netflix





















Una de las mayores alegría de Marvel Studios para el aficionado a las series de televisión y el universo Marvel fue el acuerdo del estudio con Netflix para desarrollar series de televisión del entorno urbano del universo superheróico de La Casa de las Ideas. Las primeras temporadas de Daredevil y Jessica Jones demostraron que había un lugar del universo Marvel inexplorado por las adaptaciones cinematográficas y que podía ser igual o más interesante que las obras fílmicas de la compañía, donde este universo de cuatricomía se acercaba más a los trabajos televisivos de la HBO que a los entretenimientos para toda la familia de sus adaptaciones cinematográficas.



Con la segunda temporada de Daredevil, el listón quedaba alto, pero el exceso de tramas quizás desmerecía el conjunto de una temporada con momentos apasionantes y otros que quizás necesitaban haber sido más pulidos para redondear el producto final. Y tras presentar a Luke Cage dentro de Jessica Jones, le tocaba el turno en solitario a este héroe tan urbano como racial.



 El primer problema con el que nos encontramos en este Luke Cage televisivo es su dificultad para definirse, al mezclar mil y un estilos que chirrían, sobre todo en su primera mitad de temporada. La serie no sabe definirse entre un serial estilo HBO, una action movie de finales de los 80 o principios de los 90, o un mash up a la Tarantino con toques de peli blaxploitation de los años 70.



Cierto es que la serie a partir de su segunda mitad se comienza a definir y a no tomarse del todo en serio a si misma, además de que su ritmo comienza a ir "in crescendo". Sus mayores bazas, el genial Mike Colter que hace suyo y creíble a un personaje tan carismático como Cage y la siempre bienvenida Rosario Dawson como Claire Temple, sin olvidar la gran revelación de la serie, Simone Missick como la famosa Misty Knight. El problema, que los villanos del serial, a excepción de la algo intensa pero carismática némesis Black Mariah, están todos completamente over the top siendo Diamond Back y Cotton Mouth el mejor ejemplo de ello.



Soliloquios interminables departen estos villanos mafiosos, con traumas infantiles, más cercanos a los excesos del cine de acción o superhéroes de los años 80 y 90, que un serial que intenta trasladar el estilo de Scorsese o Los Soprano al género de los superhéroes. Visualmente la serie es atractiva y el uso de la paleta de color es muy cercana tanto a ese cine de los 80/90 como a la cuatricomía de los tebeos de la época en que se originó Luke Cage, pero la serie no consigue el nivel de enganche de las anteriores series de Netflix.



 En definitiva, un serial menor dentro de la trayectoria de Marvel-Netflix, con menos aciertos que errores, estructuralmente débil, que es recomendable para completistas del universo Marvel cinematográfico y televisivo, pero de difícil recomendación para no-seguidores del género como si lo podían ser Daredevil o Jessica Jones.

4 de noviembre de 2016

The Secret History of Twin Peaks de Mark Frost: Un divertido aperitivo para el verdadero fan mientras espera el estreno de la ansiada nueva temporada






















Ni nuevas Star Wars, última temporada de Juego de Tronos o nuevos estrenos Marvel y DC. El gran acontecimiento de la cultura pop de este 2017 que se acerca, para el que aquí suscribe, es el estreno de la largamente esperada nueva temporada de Twin Peaks, el serial que cambió mi manera de entender las series de televisión y que me abrió al extraño, diferente y surrealista universo de David Lynch.

Pero aunque la gran mayoría de los espectadores y los medios hablan siempre de Twin Peaks como la obra de David Lynch, hay que aclarar que el serial fue obra del genial autor de títulos como Terciopelo Azul y Mulholland Drive, pero también de Mark Frost, novelista y guionista de televisión que en los 80 brilló con luz propia por su celebrada Canción Triste de Hill Street.



 La dupla creativa dio como resultado una obra única e inclasificable, donde las inquietudes de ambos creadores daban como resultado un trabajo que ha trascendido los límites de la pequeña pantalla. Pero en honor a la verdad y viendo la trayectoria de ambos autores, hay que decir que los mayores aciertos del serial y que reafirmó Fuego Camina Conmigo, la secuela-precuela estrenada poco después del fin de la serie, eran en su gran mayoría gracias a David Lynch.

Cuando a mitad de la segunda temporada, descubierto en apariencia quién mató a Laura Palmer y la desidia de un Lynch al que el medio televisivo de por entonces le limitaba creativamente, hizo que el director nacido en Missoula se apartara del serial y dejara la serie en manos del otro 50%, Mark Frost, la serie decayó y mucho, siendo salvada por un David Lynch que cerró con broche de oro la atropellada segunda temporada con un episodio que era 100% Lynch y que recuperaba el lustre que había perdido.



Ese lustre perdido fue consecuencia de que la mano de Frost fue más importante que la de Lynch. Y aunque Frost y Lynch juntos hacen un magnífico equipo, es cierto que Frost en solitario no es ni la mitad de talentoso que un Lynch que demostró que no necesitaba de su media naranja para entregar un filme que llevaba aún más allá los aciertos de los mejores momentos de la serie de televisión.

Y actualmente, mientras Lynch está enfrascado en el montaje de la nueva serie, Mark Frost entrega como regalo adelantado a los fans un libro de bella factura y original contenido que sirve para avanzar levemente lo que llega y ahondar en el pasado de la icónica localidad y sus habitantes.



Desde el siglo XIX americano a la época actual, Frost entrega un libro-juego que es un compendio de informes acerca de algunos de los múltiples misterios que el pueblo fronterizo con Canada ha vivido a lo largo de su historia. Frost acierta de lleno, ahondando en personajes tan queridos por los seguidores de la serie como Ed, Nadine o Norma Jennings, nos desvela el destino de algunos personajes que se quedaron colgados con la season finale de la segunda temporada, como por ejemplo Audrey Horne o nos descubre nuevos puntos de vista de personajes tan icónicos como Lady Leño.

Quizás Frost no acierta tanto en hacer demasiado universal los acontecimientos de una población que funciona mejor en su localismo provinciano. Poner en paralelo acontecimientos como el misterio de Rosswell o la implicación del mismísimo Richard Nixon con los extraños acontecimientos que ocurren en la localidad de Twin Peaks quizás sea llevar demasiado lejos los preceptos del serial. Sin olvidar que hacer protagonista casi de este conjunto de informes desclasificados a un personaje ya no secundario sino terciario del serial es rizar el rizo de manera algo rebuscada.



Pero si amas la serie y el universo Peaksiano dejas de lado esos elementos Frostianos y te adentras en ese misterio que el lector vive en paralelo con una nueva agente del FBI de la que desconocemos su nombre hasta el final de libro, que nos abre a un nuevo misterio que seguramente pueda que sea como comienza la nueva temporada y durante unas cuantas horas vuelves a oler los abetos Douglas, el aroma del café de la Doble R y puedes casi paladear la tarta de cereza mientras escuchas las cascadas del Gran Hotel del Norte, mientras escuchas el ulular de los árboles de Sicamoro de los bosques de Ghostwood.

3 de noviembre de 2016

Doctor Strange de Scott Derrickson: Visualmente apabullante, narrativamente convencional
























Marvel Studios y Kevin Feige tras 13 películas basadas en el universo Marvel han llegado a un punto de equilibrio donde es difícil que den un paso en falso. Conocen la fórmula, conocen lo que quiere su público y eso se plasma en sus largometrajes. El problema también es que el margen de riesgo queda bajo mínimos.

Trasladar a la creación de Steve Ditko y Stan Lee, un personaje de culto pero no una primera espada de la editorial era la oportunidad de darle un cambio de aires a un universo que quizá, tras casi diez años de franquicia había perdido su capacidad de sorpresa, aun siendo productos de una calidad media más que estimable. Introducir lo sobrenatural y la magia, además de trasladar a la pantalla las surrealistas y psicodélicas imágenes salidas de la imaginación y los lápices de Steve Ditko era una oportunidad de oro para el estudio.



 La película lo consigue a medias. En el apartado visual y conceptual somos testigos de unos diseños y efectos visuales dignos de elogio, más Escherianos que Ditkianos en su gran mayoría, donde los magos de ILM consiguen trasladar la pesadillesca imagineria de una ilustración de Escher a la pantalla grande, aunque en honor a la verdad, es tal el grado de perfeccionamiento de los efectos visuales actuales que la capacidad de asombro que teníamos los espectadores hace 15 años, quizá ha quedado algo anestesiada.



Scott Derrickson, director de la última hornada del cine de terror, se acopla perfectamente a lo que Marvel Studios pide de él. Se deja de personalismos y entrega un entretenimiento para toda la familia al que es difícil sacarle peros o reacciones viscerales de amor y odio, al estilo de lo que ha hecho Zack Snyder con su Hombre de Acero o Batman V. Superman. El problema es que tampoco entrega nada que llene de gozo al espectador.



 La película narrativamente es un largometraje de origen e iniciación al personaje y su mundo al estilo del Iron Man de Jon Favreau con la que la franquicia arrancó. Olvidémonos de interpretaciones arriesgadas y de montaje desestructurado al estilo del Batman Begins de Nolan. Conocemos a Stephen Strange, un icónico y carismático Benedict Cumberbatch que puede hacer sombra en el futuro al Tony Stark de Robert Downey Jr, un médico egocéntrico y altivo y su golpe de realidad cuando sufre un accidente que le hará cambiar su visión del mundo y le convertirá de hombre de ciencia a hombre de fé.



 Su origen aunque muy fiel al de las viñetas, contiene cambios muy agradecidos como la feminización de una magnífica Tilda Swinton como La Anciana, la mayor preponderancia de Wong, el siempre fiel mayordomo del Doctor, que coge elementos de la nueva caracterización que el escritor Jason Aaron está desarrollando en la nueva y magnífica etapa del personaje en las viñetas y sobre todo la caracterización de un personaje fundamental como Mordo, mucho más inteligente que la que desarrollaron Lee y Ditko en los años 60.



En cambio, el personaje encarnado por Mads Mikkelsen funciona a medio gas como amenaza y el fabuloso intérprete que encarnó al mejor Hannibal Lecter jamás visto, queda desaprovechado por un guión que peca de conservador. Y no es que el guión sea malo, sino que no arriesga en ningún momento, con una estructura funcional que no hace que la película aburra, pero que tampoco te ansia por verla de nuevo una y otra vez.



Las escenas de acción, sobre todo la que ocurre dentro de la mansión está llena de imaginación, los combates a lo largo de una Nueva York donde los límites de la física son llevados a sus máximos extremos son una delicia para la vista y los viajes a lo largo y ancho de las dimensiones son una delicia para los sentidos. Pero al largometraje le falta algo más de riesgo y locura para que la película cree poso en el espectador y se convierta en uno de los refererentes del cine de superhéroes.



 En definitiva, una correcta película de orígenes, donde los riesgos visuales son mayores que los narrativos, interpretada por un Cumberbatch perfecto, incluyendo tanto elementos de su famoso Sherlock como de la nueva encarnación del personaje desarrollada por Jason Aaron, que entretiene y sorprende por su apartado visual pero que queda lejos de las sensaciones de otras películas del universo Marvel como Los Vengadores de Whedon, Los Guardianes de Gunn o la dupla del Capitán América de los hermanos Russo.

2 de noviembre de 2016

Batman: Night of the Monster Men. Un crossover forzado e innecesariamente alargado




















Viviendo en el mercado actual en el que vivimos donde la novedad queda sepultada a los pocos días con un nuevo revulsivo del mercado, no es de extrañar que a cuatro meses del reinicio del universo DC comiencen ya a pulular los eventos entre series de un mismo universo para ahogar al lector aficionado y sobre todo a la competencia.



Y DC ha decidido que por supuesto, el primer crossover debía pertenecer al Hombre Murciélago y familia, siendo este el que ha sustentado a la editorial en los últimos 25 años de publicación. Las series elegidas para tan magno acontecimiento han sido Batman, Detective Comics y Nightwing, tres colecciones cuyos primeros arcos argumentales respectivos han sido tres magníficos ejemplos de como llevar para adelante los cómics del murciélago y compañía.



Y es desde las páginas sobre todo del Batman de Tom King donde arranca esta nueva revisitación de la clásica historia "The Giants of Hugo" aparecida en el número 1 de Batman allá por el año 1940 y que fue revisionada por Matt Wagner hace 10 años en la fabulosa y nunca reconocida miniserie de seis números "Batman and the Monster Men".



Apoyado por los guionistas regulares de la serie -Tom King, James Tynion y Tim Seely- el verdadero encargado de desarrollar la historia es el guionista Steve Orlando. Su propósito, servir de nexo para las dos primeras sagas desarrolladas por King en la serie regular de Batman, que este se tome un respiro y usar la estructura del crossover para extender artificialmente una historia que se podía haber contado en dos o tres grapas a lo sumo.



Orlando, acompañado por una cohorte de desconocidos pero estilosos y cumplidores dibujantes todavía no suficientemente conocidos, entrega un tebeo que desde sus primeras páginas es el equivalente a los finales de todo blockbuster que se precie del cine actual, es decir, una sucesión de escenas de "infarto" donde lo que se muestra es más importante que lo que se cuenta, mera anécdota para extender el número de páginas y reintroducir a un Hugo Strange al que no le sacan ningún partido, ni ninguna nueva arista y que queda muy por debajo de las excelentes caracterizaciones que consiguieron Steve Englehart en su famosa etapa junto a Marshall Rogers a finales de los 70 o la fabulosa "Presa" escrita por Doug Moench y dibujada por Paul Gulacy, editada en los números 11 al 15 de Legends of The Dark Knight y que para el que aquí suscribe, el relato definitivo de Hugo Strange.



Poco más que añadir. Las supuestas conexiones entre el primer y excelente arco argumental de Tom King y el venidero, bien podía haberse explicado en cinco páginas. El resto de la historia, un entretenimiento visualmente correcto pero que se consume tan rápidamente como se olvida.

1 de noviembre de 2016

La Nueva Patrulla X de Dennis Hopeless y Mark Bagley: Un tebeo competente pero sin riesgo






















Si La Patrulla X de Lemire sería la Patrulla clásica de Claremont y La Imposible Patrulla X de Bunn serían los nuevos X-Force, esta Nueva Patrulla X salida de las cenizas del final de la etapa Bendis sería el equivalente actual de Los Nuevos Mutantes o Generación X.



Dennis Hopeless retoma a unos personajes que Bendis trajo al presente del universo Marvel y les confronta con la oscuridad latente en la franquicia en contraposición a la luz y positividad de unos adolescentes que se dan cuenta que sus sueños de un mundo mejor para su raza queda lapidada por los trágicos acontecimientos del presente.



Así tenemos a un Cíclope joven que se repudia a si mismo al ver en lo que se ha convertido su contrapartida adulta. A partir de ahí y un joven y tozudo Hank McCoy, previo a su conversión en adorable monstruo azulado, Hopeless acompañado de un Mark Bagley acostumbrado al entorno "teen" tras su trabajo en Ultimate Spiderman con Brian Michael Bendis, entregan un tebeo correcto, más propio de otra época que de los cínicos tiempos actuales, que se deja leer con agrado pero que no deja poso en el lector.



 De lo mejor del serial, habría que destacar al ya mencionado Cíclope y la relación de pareja entre Ángel y Lobezna, acercando el tebeo a los números iniciales de Los Nuevos Mutantes de Claremont y McLeod previos al huracán Sienkiewicz. La analogía es correcta, porque Los Nuevos Mutantes pre-Sienkiewicz son tebeos que se dejan leer, no molestan ni ofenden, pero están muy por debajo en calidad y trascendencia no solo a la época Sienkiewicz sino a lo que estaba realizando Claremont en paralelo en La Patrulla X.



Viejos villanos de la época primigenia de la Patrulla X también confrontan ese choque entre pasado y presente y sus enfrentamientos con esta viejoven Patrulla X se lee con agrado por el convincente y profesional trabajo de un Bagley que sabe narrar contentando tanto a modernos como antiguos fans.



 En definitiva, un tebeo que no pasará con letras de oro en la historia de la franquicia ni para lo bueno ni para lo malo. Un tebeo menor pero absolutamente profesional que será disfrutado por los incondicionales del universo creado por Chris Claremont, pero que no hará ganar nuevos lectores a la franquicia.
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