14 de mayo de 2017

Nowhere Men de Eric Stephenson y Nate Bellegarde. Los 4F se fusionan con Los Beatles en un interesante pero fallido experimento




















La Nueva Frontera de la que hablaba Kennedy durante su corto mandato inspiró a la humanidad y a la cultura de principios de los años 60, hasta que esa inspiración y esperanza fue truncada por la triste realidad. Y de eso trata estos Nowhere Men, una obra de ciencia ficción retro que aúna de manera inteligente a dos iconos de los 60 tan reconocibles e innovadores como Los Beatles y los 4F de Lee y Kirby.



Y es a través de una obra que entremezcla con acierto y originalidad la narrativa gráfica del cómic con documentos, entrevistas o artículos de revistas de los años 60 y que es reproducido de manera fabulosa por Fonografiks, quizá el mejor estudio de diseño que se puede encontrar en la industria del cómic americano actual lo mejor de la obra.



Porque esta historia de cuatro genios de la ciencia, reflejo de Paul, John, George y Ringo, cuyas ambiciones personales y diferencias éticas y morales que les llevan a la desgracia, no consigue arrancar del todo porque Eric Stephenson no consigue dotar de alma a unos personajes y a una obra que sobresale estructuralmente, pero patina en conseguir que empaticemos con aquello que nos cuenta.



La obra arranca de manera atractiva y conocemos poco a poco, en base a flashbacks, retazos de información en distintos formatos, el auge y caída de este grupo de socios, desde el luminoso pasado al convulso presente. Y Stephenson da la vuelta a acontecimientos míticos de la historia del cómic, como el "accidente" de los 4F, pero falla estrepitosamente en dotar de ritmo y alma a un sinfín de tramas y subtramas donde llega un momento que se solapan y superponen sin dar una resolución eficaz a ninguna de ellas.



Tampoco el trabajo de Nate Bellegarde ayuda a que el conjunto sobresalga. Y no es que lo haga mal, sino que comparado con el diseño que adorna al envoltorio del cómic, este queda muy por debajo con un trazo que se asemeja al trabajo de autores como James McElvie, pero sin la garra y personalidad de este.



Por lo que al final el tebeo queda como una interesante curiosidad, un experimento con elementos muy potentes y potencial para haberse convertido en una posible obra de referencia y culto, pero cuya resolución lo deja como una rareza que no explota como se merece su interesante y atractiva propuesta.

11 de mayo de 2017

Twin Peaks Temporada 2 (2º Parte): Pasión, Muerte y Resurrección





























La imposición y decisión de resolver el asesinato de Laura Palmer entre los episodios 7 al 9 de la segunda temporada de la serie dejó al serial en un punto muerto complicado de resolver. No solo porque la resolución dejaba a la serie huérfana de su motor y porque la manera de resolverlo fue precipitado, sino porque las consecuencias del mismo fueron ninguneadas por los guionistas y directores que se encargaron del serial a partir de ese momento.


Comenzamos esta segunda mitad de la segunda temporada con el velatorio de Leland Palmer. Y podría ser el velatorio de cualquiera. La comunidad de Twin Peaks está tranquila, como si Leland no hubiera hecho nada malo, como si se hubiera muerto el pobre de un ataque al corazón. El descubrimiento de que Leland, padre de Laura, no solo la había matado, sino que también la había violado y abusado de ella, debería haber removido las conciencias, corazones y mentes de una comunidad conservadora como la de Twin Peaks, pero nada, como si no hubiera pasado nada. Lo mismo para los que saben el verdadero secreto, que una entidad demoníaca, un espíritu de los bosques o el mal mismo había tomado el cuerpo de Leland Palmer para acometer actos atroces. ¿No deberían investigar más? Parece que no.



Y sin Lynch, enfadado y decepcionado con la cadena ABC y con su socio Mark Frost que aceptó que el gran misterio fuera revelado, cosa que Lynch no quería, la serie degeneró como nunca habríamos podido imaginar. En los primeros siete episodios de esta segunda mitad de temporada, tenemos tramas tan poco inspiradas y apasionantes como la historia de Nicky el "niño diabólico" que cuidan Andy y el insoportable Dick Tremaine, la pelea de hermanos entre el alcalde y su hermano con mujer fatal de medio pelo por medio o el "noir" de telefilme de sobremesa protagonizado por James Hurley fuera de los confines de Twin Peaks.



Tan lamentable es la situación, que las dos únicas tramas que sostienen a duras penas el visionado del serial para los incondicionales es la relacionada con el insoportable Jean Renault y los no menos insoportables Hank Jennings y Ernie, marido de la madre de Norma y la resolución del conflicto de Josie Packard, con Thomas Eckhart, Catherine Martell y compañía.



En el horizonte se divisa la llegada de la que sería la trama importante que tomaría el relevo del asesinato de Laura Palmer, Windom Earle antiguo agente del FBI y ex compañero de Cooper que clama venganza contra nuestra agente del FBI favorito y que ha estado tan mal planificado, que quitando los incondicionales del serial, entre los que me incluyo, que nadie se acuerda que la trama comenzó a gestarse en el segundo episodio de esta segunda temporada en la escena de arranque de dicho episodio en una conversación entre Albert Rosenfeld y Cooper en el Gran Hotel del Norte.



Y mientras esperamos una trama que pueda levantar una serie que había caído en los infiernos, los aficionados tuvimos que aguantar historias tan absurdas y fuera de personaje como la de la locura transitoria de Ben Horne y sus soldaditos de por medio, o intentos de reproducir la extrañeza y la modernidad de Lynch derivando la serie a la comedia involuntaria o la llegada de directores invitados que pretendían emular al maestro con resultados bochornosos como los realizados por Uli Edel o Diane Keaton.



Es el momento en el que Cooper recupera su uniforme y placa del FBI y arranca la trama de Earle, cuando la serie vuelve a vivir, aunque a duras penas. Y es que la trama de Earle, su implicación con el misterio de los seres de otro lugar como Bob, Mike o el Enano y su amenaza ante la comunidad de Twin Peaks es interesante por lo menos en el papel y más si el misterio del asesino de Laura se hubiera mantenido en paralelo y hubiera confluído a la vez en el episodio final, pero la interpretación de Kenneth Walsh es tan "over the top", tan de villano de opereta y tan efectistamente barata que nunca te acabas de tomar en serio la amenaza que representa este Mortadelo del mal.



Lo que si funciona en estos últimos episodios pasado el bache de la mitad de la temporada son los pequeños momentos. Las reuniones en la Doble R, el enamoramiento entre Cooper y Annie Blackburn, la hermana de Norma Jennings, la relación de amistad entre Cooper y el sheriff Truman o el fugaz amor entre Shelly y el personaje de Gordon Cole interpretado con maestría por Lynch, dan vida, alma y corazón a unos personajes y un pueblo que aunque las tramas no son lo redondas y bien ejecutadas que deberían, los incondicionales no onos cansamos de ver a Cooper comer tarta de cerezas, beber café o interactuar con los peculiares personajes del pueblo.



Lo que si se echa de menos es el misterio de los bosques y la localidad, la sensación del miedo que acecha que respiraba el serial en sus orígenes y esa mezcla perfecta entre la luz y la oscuridad, lo hermoso y lo terrorífico, lo mundano y lo profano. Y en el final de su vida, cuando la serie va a ser cancelada y no podemos esperar otro momento de brillantez, llega David Lynch para un episodio final que fue canto del cisne y renacimiento de una serie que volvió a demostrar en sus últimos 50 minutos porqué nos enamoró.



Lynch, no contento con el discurrir de la temporada en sus últimos compases, volvió para intentar salvarla de la cancelación, tarea inútil en dicho momento, pero que devolvió la grandeza en esos cincuenta minutos que en el año 1991 creímos que serían los últimos.

En una sola escena, en escasos cinco minutos, Lynch nos devuelve a casa, en una escena en la comisaría de policía, donde el ambiente vuelve a ser misterioso y desasosegante, Cooper vuelve a ser ese extraño ser que disfruta con el horror y el misterio a la vez que lo combate, trae de vuelta a personajes olvidados en el serial como Lady Leño y Ronette Pulaski y en una pirueta narrativa con aceite de motor quemado de por medio, fusiona la trama del asesinato de Laura, la Habitación Roja y sus extraños seres y Windom Earle en una escena que solo puede ser calificada de brillante.



Y con el coraje y el nada que perder que da el saber que hagas lo que hagas no te van a renovar el serial por una tercera temporada, Lynch hace lo que le da la gan y encima lo hace de manera excepcional. Lo primero, deja abiertos cliffhangers que colocan de nuevo a varios personajes como Benjamin Horne o Nadine Hurley en el lugar que debían estar, devolviéndoles a su esencia, pone el reloj a cero de nuevo en la comunidad de Twin Peaks como en el primer episodio del serial, reflejado en la conversación entre Shelly y Bobby demostrando que en Twin Peaks las situaciones y las personas tienen la ilusión del cambio, porque son iconos inalterables y cierra las tramas absurdas que han ido coleando y languideciendo de una manera mucho más absurda, cargadas de ironía y mala baba.



Hecho eso, Lynch se centra en la esencia de la serie, en sus personajes, en sus situaciones y en sus escenarios. La Habitación Roja, los bosques de Twin Peaks de nuevo tan bellos como aterradores, Cooper, Laura, Leland, El Gigante, El Enano y Bob en un tour de force de 20 minutos donde Lynch con dos decorados, unas cortinas rojas, un suelo en zigzag tan mareante como estimulante y una iluminación y unos efectos de sonido fascinantes dan como resultado una obra vanguardista, adelantada a sus tiempos y con la misma capacidad de fascinación que en los inicios del serial.



Y tras ese tour de force que devolvió al serial a la primera línea de la vanguardia y la sacó de la vulgarización a la que había sido sometida por escritores, directores y showrunners que nunca entendieron que era lo que hacía grande a Twin Peaks y los mecanismos que la hacían respirar y funcionar llegamos a un epílogo de infarto con un cliffhanger que dejó a todos los seguidores ávidos de más: El Agente Cooper había sido poseído por Bob, como Leland Palmer antes que él. Un cliffhanger que creímos nunca veríamos resuelto y que casi 27 años después nos lo regala Lynch a los fans. Quién se lo habría dicho a mi yo de 16 años cuando acabó de ver este último episodio en Septiembre de 1991. A veces los milagros existen y este va a ser uno de ellos.

9 de mayo de 2017

All Star Batman: Los Finales de la Tierra de Scott Snyder. El guionista de cómics que quería ser novelista







Scott Snyder continúa su nueva etapa al frente de Batman en el título que DC Comics le ha hecho a su medida, All Star Batman, con una nueva saga, llamada "Ends of the Earth" un relato en cuatro partes que vuelve a demostrar las virtudes y defectos del guionista.



Arropado por tres dibujantes, Jock, Tula Lotay y Giusseppe Camuncoli, cada uno de ellos aportando un tono diferente a los distintos estilos y villanos que pululan por la historia, Snyder vuelve a hacer aquello que cree está predestinado a hacer, redefinir a Batman, pero ahondando una y otra vez en los mismo clichés repetitivos.



La historia comienza con Batman yendo a parar una plaga bacteriana prehistórica que quiere despertar Mr. Freeze para acabar con la humanidad. Y el ambiente proporcionado por Jock, que dibuja el primero y el último capítulo, es fabuloso, con una Antártida que parece salida de La Cosa de John Carpenter y una maravillosa interpretación gráfica de ambos contendientes, pero a Snyder no se le ocurre mejor manera para demostrar que el está por encima del guionista medio, que contar la historia como si fuera un relato en prosa, o cuento ilustrado. Y el ritmo es moroso, repleto de descripciones y pensamientos redundantes.



El segundo capítulo, con el que es el gran descubrimiento de la saga, la dibujante Tula Lotay y co-protagonizado por Poison Ivy, es el mejor de las cuatro partes en las que se divide la saga. Y lo consigue porque es un relato atractivo, con una magnífica caracterización de Pamela Ivy y su relación con Batman que no peca de pretencioso.



Pero la cosa se vuelve a torcer de nuevo en el tercer capítulo, ilustrado por un Giusepe Camuncoli que no es santo de mi devoción, pero que aquí hace un fabuloso trabajo, teniendo como némesis a El Sombrerero Loco. Y por supuesto Snyder no puede dejar pasar la ocasión de intentar redefinir al personaje, cuando no lo consigue y olvidándose de la que si que fue la verdadera redefinición del mismo en la memorable Gotham Central de los eso sí magistrales guionistas Ed Brubaker y Greg Rucka.



No contento con eso e intentando epatar al lector, Snyder reutiliza un truco que otros autores como Peter Milligan o Neil Gaiman ya usaron con el personaje con mucha mayor fortuna que Snyder. Para más inri, Snyder decide que para que el relato aparente una trascendencia, importancia y calidad que no tiene, nos lo vuelve a contar como cuento ilustrado.



Y llegamos al final, con la revelación con alfileres del villano en la sombra que ha orquestado todo el plan de una historia pillada por alfileres para que Snyder toque a villanos del personaje que no había tenido oportunidad de jugar con ellos. Y el resultado es indiferente y sofisticadamente vulgar, salvándose por supuesto de nuevo, el fabuloso trabajo de Jock a los lápices.








6 de mayo de 2017

Twin Peaks Temporada 2 (1º Parte): Resolviendo el asesinato de Laura Palmer entre luces y sombras





























La primera temporada de Twin Peaks había terminado con un sinfín de cliffhangers relacionados con el amplio abanico de personajes, donde el misterio de quién había matado a Laura Palmer -el eje central del serial- se había convertido en uno de los muchos misterios que atesoraba el serial en sus primeros y magistrales 8 episodios.



Lynch volvió a coger las riendas del serial en el episodio piloto de la segunda temporada, de nuevo de doble duración y donde Lynch cargó desde la primera escena los tintes sobrenaturales que el serial había tímidamente insinuado en su primera temporada. Y así, Lynch nos presenta, tras el intento de asesinato al Agente Cooper y mientras este yace en el suelo de su habitación en El Gran Hotel del Norte, a El Gigante, un ser supuestamente sobrenatural que le da tres pistas para seguir avanzando en las extrañas circunstancias que desembocaron en la muerte de Laura Palmer, motor de la serie.



Y es que a Lynch lo que le importaba era el núcleo de la serie, Laura, los Palmer, Ronette Pulaski, Cooper y los extraños seres de la que luego conoceríamos como Logia Negra. Es por eso que Ronette vuelve de su coma en el escalofriante final con el que cierra este extraño piloto, con los recuerdos sobrecogedores de lo que ocurrió en ese vagón de tren y podemos vislumbrar la muerte de Laura a manos de Bob.



Extraño piloto me refiero anteriormente, porque Lynch en este piloto da un golpe en la mesa. Porque tras las ínfulas de autor que se gastó Frost en la season finale de la primera temporada, provocó la salida de un Lynch que aunque fiel a su estilo, había sido capaz de reprimir en la primera temporada, convirtiendo este inicio de temporada en una verdadera declaración de principios.



Tiempos dilatados, una sensación de extrañeza imperante, resolución absurda y satírica de los absurdos cliffhangers de Frost, Lynch despacha con evidente desinterés toda la paja que Frost introdujo en el último episodio de la pasada temporada y devuelve la serie a sus raíces pero hiperbolizando su peculiar estilo, dando como resultado un episodio memorable y que demostraba que los elementos sobrenaturales habían llegado a quedarse y creando a su vez una mitología a su paso.



El segundo episodio continúa esa buena senda, de nuevo dirigido por Lynch, donde los misterios sobrenaturales y Bob vuelven a estar en primer plano y parece que la serie vuelve a encauzar la trama principal virando absolutamente hacia los terrenos del horror, como por ejemplo con la escalofriante escena de Madeleine sola en el salón de los Hayward, mientras Bob se acerca hacia ella en un plano para el recuerdo.



Pero Lynch no podía quedarse para siempre y a partir del tercer capítulo y sobre todo hasta el quinto, la serie comienza a flaquear, siendo preponderante la búsqueda de Bob, pero dejando de lado de nuevo a Laura y la noche de su muerte y centrándose de nuevo en las subtramas de Frost, con Josie, Benjamin, Audrey, Hank y la serrería en primer plano. Sin olvidar la inclusión de nuevos personajes al serial como el señor Lee, Jean Renault, Harold Smith o Dick Tremaine (infame la subtrama de la paternidad del supuesto hijo de Lucy) que no están a la altura de los icónicos y carismáticos personajes creados en la primera temporada.



Además, la serie comenzó a bajar en audiencia y la productora consideró que era porque querían saber ya quién había matado a Laura Palmer. El problema, que eso no fue lo que ocurrió, sino que pasar de una primera temporada de ocho episodios a otra de 22 episodios en menos de cuatro meses, entre el final de una y el principio de otra, provocó una merma en la calidad final de un producto que no estaba tan pulido como en su primera temporada.



Y así, Lynch y Frost tuvieron que desvelar al asesino de Laura, en un episodio, el séptimo de la segunda temporada, donde Lynch reveló en un episodio absolutamente antológico, con escenas memorables, que el hombre bajo el que se escondía Bob no era ni más ni menos que un Leland Palmer que se había convertido en co-protagonista de esta primera tanda de episodios de la segunda temporada.



El caramelo envenenado, que el descubrimiento de que fuera Leland, padre de Laura su asesino, es que en la convencional televisión de principios de los 90, el fantasma de la pederastia y los abusos quizás era demasiado para una pacata productora y unas audiencias más pacatas aún.



Por ello y tras la despedida a lo grande Lynch en la serie con la terrorífica muerte de Maddy a manos de Leland/Bob, el descubrimiento de la identidad del asesino y ese emotivo y triste momento en el Roadhouse bajo los acordes de "The World Spins" de Julee Cruise con un Cooper más perdido que nunca y unos habitantes y una población sumidos en la desolación, la serie solo podía ir para abajo.



Los dos siguientes episodios que siguieron a este hito de la historia de la televisión y que cierran esta primera parte de la Segunda Temporada de la serie son buena prueba de ello. El cierre de la investigación se hace deprisa, corriendo y mal, dejando de lado la investigación para tomar las pistas dejadas por Lynch de manera eficiente, pervirtiéndolas y extrayéndolas de su verdadero significado. Eso no quita para que Ray Wise, Leland Palmer, haga un memorable trabajo, aunque el resto de directores no sepan controlar sus dotes dramáticas como David Lynch, olvidando que menos es más y llevando al actor y personaje a los excesos del peor Jack Nicholson en algunos momentos.



Pero con sus luces y sombras, esta primera mitad de la segunda temporada seguía siendo Twin Peaks y aunque había ya elementos discordantes que la convirtieron en una serie irregular, los grandes momentos superaban a los malos y el pueblo y sus habitantes seguían siendo aquellos de los que se enamoraron sus fans, además de que este primer bloque de la segunda temporada, abrazó sin tapujos lo surreal y sobrenatural creando una mitología eterna a su paso. Lo que nadie nos esperábamos era lo que llegaba a continuación. Pero de eso ya hablaremos en el siguiente post.

4 de mayo de 2017

Batman: I am Bane de Tom King y David Finch. Heroismo suicida






















Tom King no solo es un escritor inteligente, sino muy listo. Porque es un escritor que sabe escarbar en cualquier época o personaje pasado para entregar una historia que parece evocar dichos tiempos para luego descolocar al lector con algo muy superior a lo que en principio creíamos que ibamos a recibir.



Y así, tras su fascinante "I am Suicide" y la corta pero intensa "Rooftops" donde diseccionaba de manera maravillosa la tortuosa relación de dos almas rotas como la de Bruce y Selina, nos entrega "I am Bane" título trampa al igual que "I am Suicide" y que el lector entiende cuando lee la saga al completo, cerrando el primer arco de su espero larga etapa al frente del personaje.



Si recordáis el arranque de la etapa de King, nos encontrábamos a Batman intentando aterrizar un avión de pasajeros montado casi a horcajadas en él, para que no se estrellara en el centro de Gotham. Esa hazaña imposible para un mortal como Batman, puede ser considerada heroísmo altruista, pero como bien nos avanzó King en "I am Suicide", no era más que una manera, al igual que todas sus acciones como vigilante justiciero, de morir.



Y esa visión de un Batman que desea la muerte es complicada de asimilar por el lector que considera a Batman un héroe sin mácula. Pero King, lo único que ha hecho es intentar entender a un personaje que desde la era Miller se ha convertido en un vigilante sombrío cuya única razón de existir es perseguir, atrapar y vapulear a todo criminal que se le pusiera en su camino, en una huída hacia delante que solo podía entenderse con lo que King nos planteó.



Así llegamos a "I am Bane" donde King coge a uno de los personajes más icónicos, por no decir el más, de la reciente historia del personaje, salido de la peor época del cómic de superhéroes americano pero le da, al igual que al Hombre Murciélago, una nueva vuelta de tuerca, donde le devuelve a sus raíces exageradas y burdas, en tono con los gustos de la época hiperbólica en la que fue creado pero esta vez por culpa de Bruce Wayne.



King nos entrega el duelo definitivo entre estos dos personajes, aderezándolo con detalles como ser capaz de reírse del personaje, su oscurantismo y su merchandising en esa genial comida con sus pupilos en ese Bat-Burger perverso o reinterpretar la obra maestra de Morrison y McKean si hubiera sido dibujada en los 90 por un Liefeld, Lee o McFarlane.



Pero tras todo esto nos queda la psique torturada y al borde del suicidio de Bruce Wayne, un Wayne atenazado por el recuerdo y la aprobación de la madre muerta, demostrando que hasta este momento no ha sido más que un niño asustado que no había crecido y que tras la decisión que toma al final del relato, nos encontraremos con un personaje diferente al que hemos conocido pero igual o más apasionante si cabe.

2 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia vol. 2 de James Gunn: Una obra tan hiperbólica como emocional y personal


















No lo tenía fácil James Gunn con esta secuela del mejor título salido de la factoría Marvel Studios. Porque Guardianes de la Galaxia llegó en el verano de 2014 y nos enamoró con un título fresco y divertido que sorprendió a propios y extraños con unos personajes desconocidos para el gran público y un director que tenía en su haber dos obras pequeñas y conocidas en círculos pequeños.



Y nos enamoró a todos con una obra irreverente y divertida cuya verdadera fuerza estaba en el amor que Gunn profesaba por este grupo de "outsiders" abandonados a su suerte y que en el fondo necesitaban un hogar donde se sintieran a gusto, protegidos y amados. Ahora, en 2017, tenía que demostrar que era capaz de seguir entregando una continuación a la altura de ese éxito sorpresa que ahora estaba en el punto de mira tanto del estudio como de los aficionados.



Gunn lo consigue de nuevo con un trabajo que es una space-opera psicodélica y lisérgica, imbuida del espíritu gráfico de Moebius, e incluso del Flash Gordon de DeLaurentiis pero con el talento y el presupuesto de una gran producción actual, en un largometraje donde el ritmo no decae, pero donde su mayor fuerza se encuentra en los pequeños momentos y en los sentimientos y las emociones de unos personajes muy humanos.



Más intima, aún en su barroquismo y excesos que la primera entrega, aquí todos los personajes ahondan en su desarrollo, en sus miedos e inseguridades con el sentido de pertenencia y de familia como leit motiv de la película, pero sin olvidar que estamos ante un gran espectáculo revienta taquillas sin traicionar a nadie. La película es trepidante y sin tiempos muertos, y Gunn saca oro de los pequeños detalles, de un cast que se ha convertido en una pequeña familia, desarrollando a los protagonistas principales de la primera entrega un paso más allá y sacando partido de carismáticos secundarios de la primera entrega, como Nébula, pero sobre todo el Yondú de un incomensurable Michael Rooker que se convierte en el personaje estrella de esta entrega.



Cierto es que la sorpresa que fue la primera entrega es imposible de reproducir de nuevo, pero Gunn demuestra que es posible entregar una obra personal y salida del corazón dentro de una megafranquicia como son las películas Marvel y sus innumerables fases, sabiendo triunfar con una secuela que expande lo presentado en la primera entrega sin traicionar el espíritu de la original y equilibrando con maestría sus inquietudes personales y artísticas con lo que se le pide a una película Triple A de gran estudio, allí donde otros directores como Whedon o Favreau pincharon en el proceso. 



Así que si os gustó la primera entrega, no os sentiréis decepcionados con esta segunda aventura de los personajes más carismáticos del universo Marvel cinematográfico. Un gran espectáculo que atesora en su interior aquello que falta en la gran mayoría de los blockbusters hollywodienses, alma y corazón.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...