18 de octubre de 2016

Nightwing: Rebirth de Tim Seeley y Javier Fernández. Grayson recupera su alter ego en uno de los títulos fundamentales de DC Rebirth






















Desde que Dick Grayson abandonara el nido a principios de los años 70 en la etapa de Batman realizada por Denny O'Neill y Neal Adams, el anteriormente conocido como Robin ha tenido que luchar por separarse de la sombra del murciélago y su condición de sidekick. El camino hacia esa independencia comenzó en los clásicos Nuevos Titanes de Wolfman y Perez, donde aparte de convertirse en el líder del grupo y enamorarse de Starfire se dio cuenta que debía tener una identidad que le separara del manto del murciélago, convirtiéndose en Nightwing.



Y aunque han pasado muchos Robin por la vida de Bruce Wayne, Dick Grayson siempre ha tenido que volver al entorno de su padre adoptivo y socio aventurero e incluso continuar la leyenda del Caballero Oscuro como el mismísimo Batman, tanto en los años 90 durante la recuperación de Bruce tras Knightfall como más recientemente en la etapa Morrison tras la supuesta muerte de Batman, haciendo a la vez de mentor y hermano mayor de Damian, el hijo de Batman y cuarto Robin en la genealogía batmaniana.



Todo cambió tras su supuesta muerte en Maldad Eterna, el único evento reseñable de Los Nuevos 52, que desembocó en Grayson, donde nuestro protagonista se convertía en una mezcla de Jason Bourne e Ethan Hunt en uno de los títulos más laureados de la polémica época, guionizada al alimón por Tom King y Tim Seely.

Ahora que King toma las riendas del rey de Gotham, Seely se embarca en solitario para escribir el nuevo status quo del personaje en una serie que tiene como principal atractivo un primer número ilustrado por uno de los grandes artistas de la actualidad, Yanick Paquette. En dicho especial, Seely hace un memorable repaso del entorno actual del personaje y su historia, continuación directa de lo acontecido en su universo tras los Nuevos 52 y le embarca en una misión encubierta donde debe infiltrarse en el que quizás es el concepto más interesante que Scott Snyder ha introducido en el Bat-universo, La Corte de los Búhos.



A partir de ahí, Seely consigue un tebeo dinámico, que mira para adelante sin olvidar el glorioso pasado del personaje y sabe equilibrar la acción y el suspense propio del género de acción y espionaje sin dejar de lado los momentos íntimos como esas maravillosas escenas del personaje con Bruce, Damian o Barbara.

Pero no todo puede ser mirar al pasado y Seely incorpora al universo batmaniano a un nuevo personaje, anti-héroe o villano aún por descubrir llamado Raptor que sirve como espejo distorsionado tanto del propio Grayson como de su mentor Bruce Wayne, dando como resultado algunos de los mejores momentos del serial.



No puedo terminar sin destacar el fabuloso arte del dibujante regular de la colección, Javier Fernández, que con su trazo limpio y dinámico y su fascinante composición de página hace que sea una delicia para el lector seguir la historia planteada por un Tim Seely en plenas facultades.

En definitiva, uno de los tebeos imprescindibles no solo del Bat-Universo, sino de DC Comics en general. Una obra tan interesante como modesta que demuestra una vez más que Dick Grayson es algo más que la sombra de Batman y uno de los mejores personajes salido de la icónica editorial.

17 de octubre de 2016

Detective Comics: Rebirth de James Tynion IV y Eddy Barrows. El título señero de DC Comics vuelve a ser relevante.






















Hace tiempo que Detective Comics, la legendaria cabecera y hogar de la primera aparición del Hombre Murciélago, se había convertido en un título de segunda, salvo en contadas ocasiones, donde los acontecimientos e historias que se contaban en ella poco hacían para avanzar la mitología de un personaje cuyas aventuras imprescindibles se narraban en la serie regular de Batman o en aquellas que movidas por el hype se convertían en los títulos imprescindibles para todo seguidor del murciélago que se precie como Batman y Robin, Batman Incorporated, etc...



El asunto fue aún más grave a lo largo de los 52 números de Los Nuevos 52. Un segundo volumen de la colección que nunca llegó a alcanzar unos niveles medios de calidad. Tony Daniel como autor completo en el primer año de la colección demostró nuevamente que aunque puede ser un dibujante competente no estaba preparado para guionizar un serial. La llegada de John Layman, guionista de Chew,  junto al dibujante Jason Fabok parecía traer una nueva edad de oro a la colección, pero exceptuando unos primeros ejemplares prometedores, cayó poco tiempo después en el abismo de la intrascendencia. Lo mismo con la llegada de Bucellato y Manapul, un duo artístico que había demostrado su buen hacer en el Flash de los Nuevos 52, pero que aquí, con escaso margen de maniobra para hacer algo memorable en la era del Batman de Snyder, entregó trabajos de factura correcta pero escaso poso en la mente del lector. Y de los relatos del Batman Gordoniano que cerraron el serial poco puedo añadir.



Con la llegada del nuevo "Rebirth" y devolviendo igual que a Action Comics su larga numeración, había que decidir que hacer con uno de los títulos más importantes de la historia de la editorial, publicado ininterrumpidamente a lo largo de casi 80 años. Las riendas de la misma se le encomedaron a James Tynion IV, protegido a la sombra de Scott Snyder y responsable final de las dos series semanales alrededor de la figura de Batman que se han publicado en los dos últimos años "Batman Eternal" y "Batman y Robin Eternal", además de apoyar en relatos de complemento la etapa Snyder&Capullo.



Por supuesto en este "Rebirth" donde la atención estaba centrada en otros títulos ha hecho que poca gente prestara atención a esta nueva iteración del señero título. Craso error, pues nos encontramos con uno de los tebeos más potentes de este nuevo reinicio. Un team up formado por un elenco de personajes secundarios del universo Batmaniano, una Liga de la Justicia de Gotham donde personajes olvidados como Tim Drake o tan interesantes como la Batwoman de Rucka se unen a un equipo imposible donde el mismísimo Clayface tiene una oportunidad de redención.



Tynion entiende a sus personajes, sus motivaciones, sus miedos, sus amores y lo refleja en un tebeo donde el interés por lo que ocurre proviene de las interacciones de unos personajes perfectamente definidos, ahondando en el parentesco entre Kathy Kane y Bruce Wayne, devolviendo a la primera línea a Tim Drake uno de los personajes referentes del Batman de los 90 y que estaba durmiendo el sueño de los justos, además de sorprendernos con la evolución de Eddy Barrows, un dibujante que desde hoy se convierte en uno de los talentos más prometedores de la industria, entregando un trabajo gráfico sobresaliente donde aúna la espectacularidad de un Bryan Hitch en plena forma, junto a una composición gráfica heredera del mejor J.H. Williams.



En definitiva, un "must have" de DC Comics. Un tebeo honesto, sincero, sin pretensiones pero que debido a eso se convierte en una de las compras más satisfactorias no de DC Comics sino del conjunto general de las series actuales. Divertida, emocionante, llena de giros argumentales de los buenos y que sirve para ahondar de manera excelente en rincones y personajes del universo Batmaniano que debido a la acumulación y sobresaturación de títulos relacionados con el mismo no pueden brillar como se merecen.

16 de octubre de 2016

Batman: Rebirth de Tom King y David Finch. Un magnífico soplo de aire fresco para el guardián de Gotham






En los últimos tiempos, el Hombre Murciélago, aunque el valor seguro de DC Comics en cuestión de ventas había entrado en un bucle eterno donde todo autor que se acercara a sus mitos debía seguir bajo una regla no escrita, los preceptos tanto de Frank Miller como los de la versión cinematográfica de Christopher Nolan. Esto provocaba que aunque sus predecesores habían conseguido triunfar, sus seguidores no se daban cuenta que el motivo de dicho triunfo había sido el romper las normas establecidas del personaje.

Quien si lo entendió en estos últimos años fue Grant Morrison, un escritor que siempre ha sabido nadar contracorriente. En cambio, la laureada y exitosa etapa de Scott Snyder, predecesora de esta que nos ocupa, aunque debo alabar la magnífica construcción y atrevimiento de la misma, he de decir que nunca me ha llegado a convencer del todo por varios motivos: La obsesión de intentar hacer la mejor historia del personaje y no conseguirlo y su aproximación a la figura de Bruce/Batman, que nunca me llego a creer.



Ahora es el turno de Tom King, guionista de títulos como Omega Men, The Sheriff of Babylon o la fastuosa La Visión para Marvel Comics. Uno de los grandes descubrimientos de la industria, un escritor que sabe dar una vuelta de tuerca a conceptos una y mil veces visto y que me recuerda a escritores y trabajos tan memorables como Alan Moore y su Cosa del Pantano o Grant Morrison y su Animal Man.



El camino que toma con el Caballero Oscuro es muy diferente pero igualmente de atrayente que el hecho con La Visión. Si esta última es lo más cercano a un tebeo de la línea Vertigo en su época dorada que ha tenido Marvel Comics en su historia, aquí se acerca al Cruzado de la Capa desde una perspectiva que aúna espectáculo blockbusteriano con un intimismo que humaniza a Bruce/Batman como pocas veces hemos visto.



El espectáculo nos sorprende, los giros argumentales nos enganchan y nos demuestran la habilidad de King para narrar en apariencia de manera sencilla, pero si analizas su trabajo ves que la estructura, el uso del tiempo y los diversos narradores nos hacen ahondar en una primera historia que solo es el prólogo de lo que se avecina, en una historia que solo es la punta del iceberg en un camino que se presenta apasionante.



Pero donde llega al corazón es en las conversaciones entre Bruce y Alfred, en la relación de Batman con dos jóvenes superhéroes que recorren un camino lleno de luces y sombras con un orígen tan parecido como diferente al de la creación de Bob Kane y Bill Finger. Todo ello transmitido a través de una historia sin tiempos muertos, bien medidos, donde el espectáculo y el desarrollo de personajes está equilibrado al milímetro.



Si a eso le sumas el trabajo artístico de un David Finch a plenas facultades y donde demuestra que además de plasmar los momentos más espectaculares que puedes encontrar en un tebeo de superhéroes en la actualidad, es capaz también de transmitir los sentimientos de los personajes salidos de la pluma de un King que sabe darles el tiempo necesario al reparto de protagonistas y secundarios.



En definitiva, el mejor tebeo salido del Rebirth de DC Comics junto al Superman de Tomasi y Gleason. Una obra que equilibra la oscuridad salida de la trágico origen del personaje, pero que sabe reirse de si misma con un uso del humor magistral y que saca al personaje de una zona de confort en la que llevaba estancada demasiado tiempo. No puedo esperar a ver lo que nos tiene preparados King en los próximos ejemplares de una etapa que se percibe tras sus primeros ejemplares como única. 



13 de octubre de 2016

Wonder Woman Rebirth de Greg Rucka, Liam Sharp y Nicola Scott. Jugando con el pasado de la amazona más famosa del mundo del cómic






















Desde sus inicios allá por 1941 de la mano de William Moulton Marston, Wonder Woman ha sido una de las figuras más representativas de la lucha de la mujer por la igualdad. Por ello no es de extrañar que Greg Rucka, excelente guionista especializado en personajes femeninos potentes y con personalidad se acercara al personaje en la década pasada.

Su etapa, alabada por gran parte de los seguidores del personaje, no me pareció nada del otro mundo, aunque no dejaba de ser un tebeo más que correcto. Quizás el recuerdo indeleble que dejó en mi la excepcional etapa de George Perez tras las Crisis en Tierras Infinitas dejó un poso que me ha hecho comparar siempre todos las interpretaciones posteriores.



Pero en los últimos años dos visiones radicalmente diferentes del personaje se han posicionado en paralelo con la clásica etapa de George Perez. En concreto, la etapa a lo largo de 36 ejemplares llevada a cabo por Brian Azzarello y Cliff Chiang y la novela gráfica de Grant Morrison y Yanick Paquette englobada dentro del microuniverso llamado Tierra Uno.

Por ello, este renacimiento del personaje en el "Rebirth" de DC Comics de nuevo en manos de uno de sus autores más alabados en los últimos años la recibí con interés pero con recelo. ¿Qué más podía hacer Rucka tras los excelentes trabajos de Morrison y Azzarello? Sobre todo teniendo en cuenta, que los artistas asociados a esta nueva etapa de la amazona, Liam Sharp y Nicola Scott palidecían al lado de dos monstruos como Paquette o Chiang.



Tras un número especial de arranque francamente decepcionante, por lo poco que aporta a cualquier lector que conozca la historia del personaje mínimamente y donde el dibujo de un mediocre Matthew Clark tampoco ayuda al resultado final, la colección arranca de manera quincenal con dos tramas en paralelo publicadas aleatoriamente a lo largo de la serie regular, llamadas "La mentira" y "Año Uno".

"La mentira" donde el dibujante encargado es Liam Sharp, un dibujante de los 90 de trazo y composición abigarrado, transcurre en el presente y nos presenta a una Diana Prince cuestionándose todo aquello en lo que creía, donde las inconsistencias de múltiples reinicios editoriales sirven a Rucka para plantearse el verdadero origen de Wonder Woman y mostrarnos en un futuro la verdad sobre el personaje.



Digo en el futuro, porque el punto de partida sirve para que Diana vaya en busca de Cheeta y se reencuentre con Steve Trevor y nos entreguen los autores una aventura donde la atmosfera pulp y selvática, perfectamente plasmada por un Sharp que ha evolucionado para bien tras sus primeros trabajos de los 90 y que sirve a Rucka para transmitir el mensaje de Rucka de la importancia de la mujer en contraposición del heteropatriarcado representado en la némesis a la que se enfrentan Wonder Woman y Steve Trevor.

"Año Uno" no lleva a equívocos, y es la enésima interpretación del origen de la amazona. El problema, que tenemos muy reciente la atrevida y fascinante interpretación de Morrison. Eso no quita para que el trabajo de Rucka sea encomiable y las ilustraciones de Nicola Scott le den un tono más de cuento de hadas en contraposición del Frazzetismo de Sharp en la historia paralela.



Este nuevo origen también sirve para que ambas historias sean espejos repletos de paralelismo entre el primer encuentro de Diana y Steve y el actual, pero que todavía no puedo valorar del todo su efectividad teniendo en cuenta que "Año Uno" no ha finalizado.

En definitiva, un más que notable acercamiento a la figura de Wonder Woman que sigue demostrando su relevancia después de 75 años de aventuras editoriales pero que por el momento no consigue equipararse a los trabajos de Perez, Azzarello y Morrison, mis tres etapas favoritas del personaje. Eso no quita que seguiré por el momento la etapa de Rucka con interés, para ver que nos depara el último trabajo de uno de los guionistas más competentes del panorama actual.

12 de octubre de 2016

Suicide Squad: Rebirth de Rob Williams, Jim Lee y Philip Tan. Repitiendo los errores del pasado




















¿Recordáis hace ya la friolera de 20-25 años cuando Image Comics irrumpió en nuestras vidas y Liefeld, McFarlane, Silvestri y Jim Lee tomaron las librerías especializadas y nos la metieron doblada a toda una generación de lectores que quedamos impresionados con la factura técnica de sus tebeos para no darnos cuenta de que el contenido no servía ni para envolver pescado?

Todos esos autores han ido cayendo en el olvido y exceptuando nostálgicos incurables cuyas retinas quedaron dañadas por las logoformas metalizadas y los hologramas que poblaban las portadas de la era de la especulación comiquera, creo que casi todo el mundo hemos llegado a la conclusión de que esos autores y esos tebeos eran lo peor de lo peor.



Pero inexplicablemente por mi parte, a Jim Lee no nos lo quitamos ni con aguarrás. Cierto es que de ese "póker de ases" mencionado anteriormente era junto a Silvestri lo más potable gráficamente de esa paterna de "dibujantes de cómics". También es verdad que Lee ha sabido jugar sus cartas sabiamente e ir escalando posiciones en la industria, convirtiéndose junto con Didio en uno de los editores jefe de la DC de los últimos tiempos.



Pero no contento con eso, Lee cada cierto tiempo nos "deleita" con sus trabajos a los lápices en los títulos más punteros de DC Comics. Es cierto que sigue teniendo inexplicablemente una legión de seguidores que alaba un estilo que aunque a finales de los 80 y principios de los 90, era lo más de lo más pero que durante los últimos 15-20 años se ha quedado más antiguo que los lápices de Don Heck.



Lo peor de toda esta historia es que Lee tiene la habilidad de conseguir que guionistas más que competentes como Geoff Johns, Brian Azzarello o Scott Snyder estén a la altura de "guionistas" como Brandon Choi, o el resto de sucedáneos que nos colaron en la era Image. Para muestra, los primeros ejemplares de la Justice League de los Nuevos 52 o Superman Unchained.

E incluso en este Rebirth Lee nos tiene que aguar la fiesta. Y por supuesto en uno de los títulos "hot" de esta nueva DC, El Escuadrón Suicida, coincidiendo con el estreno de la taquillera producción de Warner Bros.



Para juntar las letras que acompañen los anticuados dibujos y deficiente narrativa de un Jim Lee que nació exclusivamente para realizar "splash pages" tenemos a Rob Williams, al cual no puedo valorar en su justa medida porque si Johns o Snyder, guionistas de peso en la industria se han tenido que someter al "jefe" no quiero saber cual es la responsabilidad final de este autor.

Llama la atención que en las historias de complemento que acompañan cada ejemplar de esta nuevo Escuadrón Suicida -ya que Lee solo puede realizar 11 páginas de cada ejemplar, no se vaya a herniar- y acompañado de otros dibujantes como Jason Fabok, Philip Tan o Ivan Reis, donde ahonda en el pasado de los miembros del Escuadrón, podemos vislumbrar un trabajo que sin ser revolucionario ni brillante, por lo menos no te toma por gilipollas.



Y es que la historia principal, donde Lee se "luce" es un compendio de todos los tics y manierismos gráficos y narrativos de los primeros tiempos de Image. Nulo desarrollo de los personajes, escenas de acción supuestamente espectaculares pero pésimamente narradas y en general un despropósito que cuesta mucho seguir con el mínimo interés.



Resumiendo, una nueva versión del grupo que queda muy lejos de la obra de sus creadores originales y que puede que guste a todos aquellos que disfrutan con tebeos que no les cuentan absolutamente nada y vibran con las mil y una rayitas para pretender detallismo de las que hace gala un Jim Lee que sigue viviendo de los réditos de un pasado que nunca más debería volver.

11 de octubre de 2016

Civil War II de Brian Michael Bendis y David Marquez: Mes 1. Una historia a priori interesante lastrada por líneas editoriales erroneas






















Aunque el pasado mes de Septiembre Panini Comics publicara el número 0 de la colección,- el cual es un prólogo imprescindible para comenzar la lectura del nuevo evento marvelita - este mes de Octubre es el verdadero arranque de este nuevo evento editorial que nos tendrá entretenidos a los lectores españoles hasta Abril de 2017 aproximadamente si las fechas de entrega en su edición original quieren.

No hace falta decir que la Civil War original fue y es el evento definitorio junto a las Secret Wars originales dentro de la historia de la editorial. Y si las Secret Wars originales son más míticas por el recuerdo y la época que nos tocó vivirlas, la Civil War de Millar y McNiven mantiene su calidad 10 años después (qué rápido pasa el tiempo) de su publicación.



Por lo que aventurarse a reciclar sin copiar un evento que tuvo una tamaña trascendencia, aun con estreno cinematográfico mediante, es una temeridad ya sea por el escepticismo de parte de la afición como por la expectativas de la otra parte del fandom. Yo, que no me posiciono entre ninguno de los dos puntos, he de decir que tras la lectura de su número 0 y los dos primeros ejemplares de la miniserie, mi opinión es de un correcto entretenimiento que lógicamente pierde la capacidad de sorprender del original pero que sabe derivar en un planteamiento interesante, pero que quizás se precipita narrativamente por la necesidad de epatar al lector en un mercado sobresaturado.



Sin querer spoilear a aquellos afortunados que las nuevas tecnologías no les han estropeado los giros y sucesos que ocurren en estos dos primeros números, decir que el planteamiento moral inspirado en el trabajo de K. Dick, en especial la adaptación de su relato en el largo de Spielberg Minority Report, es interesante. No tan interesante es la obsesión de Marvel de unos años a esta parte de meternos con calzador a sus Inhumanos, sobre todo la niebla terrígena, por motivos más comerciales (su lucha ante Fox con los mutantes) que artísticos.

Quitando eso, que en manos de Bendis es llevado correctamente, aunque da igual que hubiera sido un Inhumano, un nuevo alumno mutante o El Vigía de Jenkins, el motivo del cisma entre dos partes del entorno superheróico representados por un lado por Tony Stark y el otro por Carol Danvers, es lógico ante lo sucedido. El problema. que el status quo que este nuevo evento quiere hacer saltar por los aires lleva muy poco tiempo en funcionamiento, en concreto 7 meses. Poco tiempo para que asimilemos y entendamos los cambios que se han producido en Tony Stark en los últimos tiempos, la presión a la que se ve sometida Carol en su nuevo papel de responsable galáctico de las amenazas terrestres como líder de Los Ultimates, etc...



Por eso el tebeo en si está bien. Pero si una de las quejas que tenemos en los tebeos actuales es que en una grapa pasa poco, aquí no nos podemos quejar. En dos ejemplares los acontecimientos y los cambios tanto personales como estructurales de los personajes y el entorno Marvel saltan por los aires. El problema, que en los siete meses previos, el lector todavía no se ha habituado y acostumbrado a este nuevo entorno que en menos de un año y tras el evento quedará en apariencia irreconocible.



Y ese es el gran problema de la Marvel actual. Su necesidad financiera de generar "eventos fundamentales" cada nueve meses, con el consiguiente cambio en toda su línea editorial. Un nuevo status quo que no tiene el suficiente tiempo de barbecho para que lo que ocurra en el inminente evento cree poso en el lector. Por lo que los sorprendentes acontecimientos de los que somos testigos son leídos con el escepticismo de aquel que sabe que todo este drama es mero fuego de artificio para que sigas leyendo.



En definitiva, un tebeo divertido y entretenido, pero que quizás debería tomar aire y dejar que avance sin prisa pero sin pausa, donde aquello que chirría no es culpa del tebeo "per se" sino de una editorial que no confía del todo en que sus cambios editoriales maduren lo suficiente para que en el momento en que llegue ese nuevo evento "que cambiará todo" cree el poso necesario para que se convierta en una verdadera "season finale" y no en un mero interludio entre actos que nunca llegan a desarrollarse del todo.

10 de octubre de 2016

The Flash: Rebirth de Joshua Williamson y Carmine Di Giandomenico. El velocista escarlata se estanca en su zona de confort






















Flash, en especial Barry Allen, es parte fundamental de los mitos de DC Comics desde la Silver Age, ya que fue el personaje que inició una nueva edad de oro para la editorial en los años 80 y que a partir de ahí ha sido parte fundamental de la evolución de la misma, tanto para lo bueno (Crisis) como para lo supuestamente malo (Flashpoint). No podemos entender el universo DC sin el Velocista Escarlata.



Pero quitando sus inicios icónicos junto a Carmine Infantino y la memorable etapa de Mark Waid y Grant Morrison en los años 90, el personaje nunca ha tenido una serie regular que se considere una cumbre o un hito del género, aunque sean estimables tanto la etapa de Geoff Johns a principios del nuevo siglo o la más cercana perteneciente a los Nuevos 52, sobre todo por el despliegue gráfico de Francis Manapul.



Y de nuevo, en este Renacimiento, Barry Allen y Wally West son fundamentales. Pero aunque el especial con el que comienza la etapa ahonda brevemente en los vislumbrado en el especial DC Rebirth, la serie regular de la que llevamos ya siete ejemplares con un largo arco argumental que todavía no ha finalizado toma otros derroteros.





Unos derroteros más convencionales con elementos originales, con ese ejercito de velocistas provocado por causas desconocidas, junto a otros elementos que quitan originalidad que no iconicidad al tebeo, como ese Godspeed, nuevo velocista en negativo que se las hace pasar canutas a un Barry Allen con nuevo interés amoroso.



El tebeo se lee con agrado pero sin aspavientos. Quizá porque la trama aunque efectiva, tira del manual de la sorpresa y sus giros argumentales se descubren a la legua, con poco que conozcas al personaje, ya sea en su versión impresa o televisiva. Eso no quita para que todo aquel que sea fan del personaje no se podrá sentir decepcionado, aunque tampoco maravillado.



Y es que toda la mitología que ideó Waid en los 90 y que le dio nuevas alas a un personaje que había entrado en un callejón sin salida sigue siendo la piedra totémica que ningún autor se atreve a cambiar. Súmale a esto el correcto pero nada memorable trabajo a los lápices de Carmine Di Giandomenico y lo que tenemos es un tebeo que aprueba por encima de la media, pero que necesita a lo mejor de autores revolucionarios para que la serie regular de un personaje tan importante como Flash se ponga en la lista de tebeos imprescindibles y salga de esa acomodaticia zona media en la que su serie regular lleva demasiado tiempo.
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