Mostrando entradas con la etiqueta Thor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Thor. Mostrar todas las entradas

2 de noviembre de 2017

Thor Ragnarok: Simonson y Kirby, pasados por el filtro de Giffen y DeMatteis






















Mucho se ha criticado el exceso de ligereza que las películas de Marvel Studios han implantado en la traslación a carne, hueso y digital de las fantasías en cuatricomía del longevo universo de Marvel Comics. Pero, ¿es lógico pedirle a unas adaptaciones de unos tebeos para todos los públicos que tengan la gravitas de una obra realista?



Creo no equivocarme, cuando digo que la fascinación por los tebeos de superhéroes nace en la infancia. Eso no quita para que, aún peinando canas, puedas seguir disfrutándolos en mayor o menor medida. Pero nadie, o casi nadie, abraza los tebeos de superhéroes por primera vez, una vez llegado a la edad adulta.



El motivo, que lo que te llama poderosamente la atención cuando eres un tierno infante son esos colores chillones, esos uniformes llamativos, esos decorados artificiales más allá de la realidad, o esas batallas más grandes que la vida amplificadas por sonoras onomatopeyas que en tus oídos de infante resuenan como el mejor DTS-HD. Es por ello, que el intento incansable en muchas ocasiones de intentar darles un álito de realismo a unos personajes que destacan por sus excesos, es una operación, que aunque en algunos casos a dado lugar a obras memorables, la mayoría de las ocasiones ha provocado una deshidratación del género.



Otra cosa muy diferente es la razonable crítica al sistema de manufacturación de unas cuantas películas que han salido de la factoría de Marvel Studios. Películas no más o menos ligeras, sino películas de una factura técnica impecable, pero que carecen de alma, de vida, de un toque de distinción, que las hace a muchas de ellas indistinguibles las unas de las otras y que dejan una sensación ni de frío ni de calor, que con el paso de los días, meses y años se van evaporando y quedando en el olvido.



Ese no es el caso de este Thor Ragnarok que nos ocupa, dirigido con estilo, pericia y destreza por el neozelandés Taika Waititi. Un trabajo, donde desde un prólogo excesivo, disparatado y también épico, desvela sus cartas para que nadie se lleve a engaño con lo que vendrá a continuación.



Muchos han criticado el exceso de humor y la falta de supuesta épica, argumentando que los tebeos de Thor no pueden ser así, que deben ser operísticos, épicos y dramáticos, cuando se olvidan, invocando a un Walter Simonson al que a lo mejor han leído de refilón, que uno de los picos de su larga y definitoria etapa al frente del personaje, fue cuando Thor fue convertido en rana.



Waititi aúna la épica de un Kirby y un Simonson, con un sentido del humor irreverente pero tremendamente respetuoso con el material de partida, al igual que consiguieron Keith Giffen y J.M. De Matteis en su laureada Liga de la Justicia Internacional, convirtiendo en objeto de burla, algunas de las convenciones del género superheróico, sin dejar de demostrar el cariño y amor que se tiene por la esencia de los personajes.



Quizás es cierto que las supuestas némesis de la película, Surtur y sobre todo una excelente Cate Blanchett en el papel de Hela, la Diosa de la Muerte, quedan algo desplazados en el interés del espectador, en pos de un exilio espacial que remeda con mucho más acierto, la famosa pero muy aburrida Planet Hulk de Greg Pak, en una trama donde encontramos los mejores momentos de la cinta, ya sea la interacción entre un Thor y un Hulk fuera de su habitat habitual, o un diseño de producción que parece el hijo ilegitimo de Kirby y Moebius, imbuido del entrañable cartón piedra del Flash Gordon del productor Dino de Laurentiis.



Y es ese tono distendido al estilo de las producciones De Laurentiis lo que consigue que la película sea un entretenimiento fresco y que la obra respire para que sus dos horas de metraje sean para el espectador un disfrute constante con una dirección de Waititi que brilla sobre todo cuando se deja llevar y a la que solo le faltan unas buenas onomatopeyas King Size para que la sensación de estar inmerso dentro de un tebeo ya sea total.



Así que ya sabéis, si amáis pero no creéis que tus personajes y universos favoritos son compartimentos estancos donde cualquier cambio, por mínimo que sea te provoque urticaria y creéis, como yo, que estos personajes y universos son maleables y que el tono no es lo importante sino el resultado, os encontraréis con un blockbuster hollywodiense que dentro de los estrechos márgenes en los que se mueve, consigue convertirse en una bocanada de aire fresco y demostrar que Marvel Studios, rodeada de autores originales y competentes, todavía puede conseguir sorprender al espectador, tras 17 películas de su universo cinemático.

24 de octubre de 2017

Thor de J. Michael Straczynski, Olivier Coipiel y Marco Djurdjevic: Promesas incumplidas






















J. Michael Straczynski entró como un torbellino en la industria del cómic americano en el año 1999 con Rising Stars, un distópico tebeo de superhéroes con las mismas intenciones y ambiciones del Watchmen de Moore y Gibbons, pero que quedó lastrado por una periodicidad más que irregular y un equipo artístico que no embellecía, sino que empobrecía el trabajo del guionista.

Pero este tebeo y su labor al frente de Babylon 5, un serial de ciencia ficción que se convirtió en objeto de culto, le dio pie a saltar de la editorial Top Cow, propiedad del dibujante Marc Silvestri y entrar por todo lo alto en la arriesgada Marvel de principios del siglo XXI, para renovar a su personaje icónico, Spiderman y devolverle la relevancia y la calidad perdida, tras más de una década de intentos y trucos de salón rematados por autores irregulares e irrelevantes.



A partir de ahí, y tras una prometedor inicio de una etapa que se alargó en demasía, el creador de Babylon 5 se convirtió, junto a Brian Michael Bendis y Mark Millar, en el guionista mimado de Marvel. Pero mientras los anteriormente mencionados autores le entregaron a la Marvel de la pasada década, algunos de sus títulos más memorables y exitosos, Straczynski les comenzó a dar más problemas que alegrías -su aperiódica y finalmente inconclusa Supreme Power junto a Gary Frank, que en el fondo era un remedo de su trabajo en Rising Stars.

Pero Marvel seguía confiando en él, y el autor fue el encargado de renovar la figura de un Dios del Trueno que estaba en el limbo de la muerte Marvel, tras etapas que no habían conseguido, a lo largo de más de dos décadas, dejar el poso que el Thor de Simonson había conseguido a mediados de los años 80.



Straczynski, acompañado en los inicios del suave, limpio, pero también poderoso trazo de Olivier Coipiel, consiguió mantener la periodicidad a lo largo de los seis primeros meses, con una construcción lenta pero original y efectiva del nuevo statu quo del hijo de Odín, al que trajo de la muerte, le volvió a reunir con su alter ego humano Donald Blake, devolviendo a la vida a Asgard, con el pequeño detalle de introducirlo dentro de un pequeño pueblo de Oklahoma.

Los ingredientes eran buenos, la idea atrevida y arriesgada, daba pie a una etapa que aunque podía parecer que no iba a ninguna parte, tenía los ingredientes para convertirse en un punto y aparte dentro de la historia del personaje, donde los pequeños detalles, como el regreso de Donald Blake y el intento de recuperar la relación con Jane Foster, la nueva encarnación de Loki, las diferencias entre un humilde pueblo y los dioses de Asgard y sobre todo el panorama post-Civil War donde Thor había sido usado de manera atroz por un Tony Stark cegado, daban pie al guionista para armar una larga y definitoria etapa.



El problema, que los pequeños detalles se quedan en eso, en pequeños detalles. La trama principal, de nuevo es un ardid de Loki para tomar el poder de Asgard, con la originalidad de viajar en el tiempo para crear una paradoja temporal, pero que queda vulgarizado por un final de etapa precipitada y anticlimático, donde el lector no tiene una sensación de fin de fiesta, sino que el autor aparenta haber abandonado el barco precipitadamente, dejando a otro capitán que solucione los mil y un cabos abiertos que ha dejado, no solo sin cerrar, sino muchas veces sin desarrollar.

También le hace flaco favor al conjunto de la etapa, la sustitución en muchos de los ejemplares del artista Olivier Coipiel por Marco Djurdjevic, ilustrador que funciona mucho mejor como portadista e ilustrador de fantasía heróica, al estilo Earl Norem, Joe Jusko o Gabrielle del Otto, que como narrador gráfico, sobre todo si su estilo es dinamitado por el entintado de Danni Miki o Mark Morales, o el color digital de Paul Mounts o Laura Martin.



También es cierto, que aunque el tebeo deja una sensación agridulce en su conjunto, también tiene pequeños momentos memorables, como la reunión entre Thor y Iron Man, el homenaje del Dios del Trueno al Capitán América fallecido, la reinterpretación y primera aparición de Hela o el pequeño pero entrañable reparto de secundarios que conforman el pueblo de Oklahoma.

Pero si el conjunto falla, los pequeños detalles no pueden salvar el global de una obra. Straczynski deja para la posteridad 17 ejemplares, que sirvieron para abrir los ojos a la editorial de que Thor era un personaje que podía salir de la alargada sombra de Simonson, como puede demostrar ahora sí, la imprescindible etapa de Jason Aaron al frente del personaje, la cual si que puede mirar perfectamente a los ojos a la laureada etapa Simonson.

15 de noviembre de 2016

Thor Diosa del Trueno de Jason Aaron y Russell Dauterman: De Empodaremiento Femenino y Heteropatriarcados Obsoletos





















En la Marvel actual es difícil encontrar títulos con etapas largas y fructíferas que creen su propia mitología, estén integradas dentro del universo Marvel, pero que puedan ser leídas con independencia y sus autores no estén obligados a claudicar por injerencias editoriales o los temibles reboots, reinicios o renumeraciones varias.



Y el título que actualmente ostenta ese privilegio es el Thor de Jason Aaron. Nacido en los albores de la iniciativa Marvel Now, a finales de 2012 ha sabido esquivar con absoluta maestría los envites de una industria que necesita revulsivos artificiales cada seis meses, sin darse cuenta que los lectores de cómics de verdad, no los especuladores de números 1 y múltiples portadas alternativas, lo que queremos únicamente es que nos cuenten una historia que nos atrape y no nos suelte.



Heredera de tebeos tan memorables y etapas tan longevas como el Thor de Simonson, el Daredevil de Miller o La Patrulla X inicial de Claremont antes que el crecimiento exponencial del universo mutante y sus colecciones acabara con una obra y universo magistral, el Thor de Jason Aaron ha vuelto a demostrar la versatilidad de un autor que es capaz de pasar de la América Profunda enfundado en garras de Adamantium, renovar la escuela de Xavier para Jóvenes Talentos en el tebeo más Patrulla X de los últimos tiempos mutantes como a los fantásticos 10 reinos que pueblan la mitología del Dios del Trueno.



Pero no solo eso. Sino que en un tebeo tan masculino como Thor, es capaz con el cambio de portador del género femenino a entablar un discurso completamente actual y necesario como es el de la dictadura del heteropatriarcado y el empoderamiento femenino sin perder un ápice de épico, espectáculo y sense of wonder.



 Si en los dos primeros años al frente de la colección, Aaron nos narró la historia de Thor en tres tiempos, desde sus salvajes e inconscientes inicios a sus crepusculares últimos años como rey de Asgard, ahora, tras los sucesos del final de Pecado Original, Thor ya no es el Dios del Trueno, ya que no es digno por razones que aún desconocemos y su sustituta es Jane Foster, ex-novia de Thor, figura femenina típica de los 60 cuyo único papel era el de damisela en apuros y descanso del guerrero, que ahora tiene la oportunidad de demostrar quién es, soportando en sus carnes humanas una lucha contra el cáncer tan real como dolorosa.



Pero no solo Jane Foster es el único personaje femenino relevante. Porque Aaron también nos presenta a Roz Solomon, desde ahora mi agente de Shield favorita y una redefinición de Freiya, esposa de Odín y que se convierte en símbolo de la revolución femenina contra un Odín que se revuelve por dentro y demuestra su condición de símbolo del machismo recalcitrante de una gran parte de nuestra sociedad cuando ve que su poder peligra, reflejado en las figuras de su esposa y Jane Foster, a la que no considera digna de levantar a Mojolnir.



 Si esto no os parece suficiente, Aaron también traslada a las supuestamente inocentes páginas de un tebeo de superhéroes mainstream, su punto de vista de las grandes corporaciones y su espolio del planeta sin escrúpulos reflejado en la multinacional Roxxon y su líder Dario Agger, el gran villano junto a Malekith de esta etapa. Una historia que se está cocinando a fuego lento, pero que puede que acabe convirtiéndose en la más ambiciosa historia en la trayectoria del personaje.



 No nos olvidemos de la pareja artística que acompaña a Aaron, Russel Dauterman, un autor preciosista y detallista a la par que espectacular, que aúna lo mejor de autores como Frank Quitely, Arthur Adams o P. Craig Russell, pero sin perder su propio e intransferible estilo personal, dándole una elegancia y una delicadeza gráfica a la colección, digno de elogio.



 En definitiva, si quieres leer un buen tebeo de superhéroes, que no necesita de aditivos para ser disfrutado, que respeta tanto a sus autores como a sus lectores y que es capaz de tocar temas tan comprometidos y de actualidad como los anteriormente expuestos, sin olvidar en ningún momento lo que hace grande a buen tebeo del género superheróico, no dejes pasar la oportunidad de leer la mejor etapa de un personaje con más de 50 años a sus espaldas. No te arrepentirás.

28 de marzo de 2016

La Trinidad Vengadora arranca nuevas y prometedoras temporadas






































Justo antes de las Secret Wars, los tres pilares de los Vengadores se encontraban en situación irregular los unos con los otros. Iron Man finalizaba una en principio prometedora etapa, Iron Man Superior, que se desinfló en cuanto Tom Taylor comenzó a profundizar un poco en ese Tony mezquino y malvado. Rick Remender no conseguía que su etapa al frente del Capitán América cuajara, fuera con Steve Rogers o con su nuevo sustituto, Sam Wilson. Al contrario, Jason Aaron había revuelto los cimientos del Dios del Trueno y había epatado y maravillado a los lectores con esa Thor femenina que ocultaba a una Jane Foster enferma terminal de cáncer. Era el único título de los tres que realmente merecía la pena seguir con fruición mes a mes. El objetivo de Marvel, que tras las Secret Wars, los tres títulos fueran un "must-have" para el lector. 



El primer acierto ha sido el equipo artístico de campanillas formado por Brian Michael Bendis y David Marquez para el Hombre de Hierro. Si ya habían demostrado que eran un fantástica pareja artística en el imprescindible Ultimate Spiderman protagonizado por Miles Morales, aquí y solo en dos ejemplares hasta el momento publicados, demuestran que son la pareja artística necesaria para elevar al Iron Man de los cómics y colocarlo en el mismo lugar de importancia que su contrapartida cinematográfica. Fresco, inteligente, divertido y sorprendente son los adjetivos que definen estos primeros ejemplares, con un Tony Stark más Tony que nunca, con nueva armadura, un nuevo desafío amoroso e intelectual, donde Bendis demuestra su habilidad para crear personajes femeninos. En definitiva, un tebeo que apetece leer.



La gran sorpresa es la nueva etapa del Capitán América por Nick Spencer y Daniel Acuña. Me apetecía por el dibujo de Acuña, uno de mis autores contemporáneos favoritos, pero no esperaba que Spencer lo hiciera tan bien. Y es que la verdad, la etapa de Remender me había dejado frío, con un guionista que no sabía que hacer con Sam Wilson y que solo disfruté parcialmente por el dibujo de Inmonen en los últimos ejemplares de la era Remender. Spencer, que ya hizo un magnífico trabajo en la etapa previa a Ales Kot en Vengadores Secretos, convierte al Capi y a Sam Wilson en concreto en un tebeo y héroe social y político, tratando temas candentes e impopulares en una América que deriva peligrosamente hacia el terror del radicalismo y la ultraderecha más peligrosa. Un héroe del pueblo que representa lo que debe ser el Capitán América como símbolo y que convierte a Sam Wilson, esta vez sí, en digno heredero del escudo y los ideales del héroe que representa lo mejor de América. Y por supuesto, cualquier tebeo con Misty Knight tiene un plus de calidad.





Terminamos con la segunda temporada del Thor de Aaron y Dauterman. Solo decir que sigue en plena forma y que es uno, sino el mejor tebeo que publica Marvel en la actualidad. Igual de acertado en la parte de Jane y su lucha contra el cáncer, que Aaron refleja con una dureza brutal en las primeras páginas de este nuevo capítulo y que es igual de interesante que la épica narración cercana a los tejemanejes de Juego de Tronos que se está forjando en los Reinos de Asgard. Aaron ha nacido para escribir a Thor y su ya larga etapa es muy posible que acabe superando la hasta el momento imbatida era de Walter Simonson.


11 de marzo de 2015

Capitán América, Thor y Iron Man: La Trinidad Vengadora cambia de raza, sexo y personalidad










































Los cambios en personajes con más de 50 años de historia a sus espaldas son habituales y comprensibles, porque tras más de 500 ejemplares a tus espaldas, ¿qué puedes hacer para que los lectores sigamos volviendo mes a mes sin volverte recurrente? Estos cambios, por supuesto temporales, los llevamos viendo sobre todo a partir de los años 80, siendo el primero de ellos Tony Stark, que tras su segunda crisis alcohólica tuvo que ceder el relevo de la armadura a su hombre de confianza, James Rodhes. Posteriormente, y si la memoria no me falla, entre finales de los 80 y principios de los 90, Steve Rogers dejó las mallas de barras y estrellas para convertirse de nuevo en Nómada y el testigo lo recogió un fascista que se reconvirtió en el USAgente, un Capitán América perfecto para los ultraviolentos, exagerados y tremendamente infantiles tebeos de principios de los 90. Otro tanto para el Dios del Trueno, que cedió su legado a Thunderstrike. Por supuesto, los héroes originales volverían al poco tiempo.

Los nefastos principios de los años 90 llevaron al extremo dicha propuesta. En DC Comics, Superman murió y fue reemplazado por no uno, sino cuatro Supermanes, muchos de ellos, despiadados, fríos, rudos y violentos y Bruce Wayne, tras quedar lisiado, al parecer de por vida, por Bane, fue sucedido por Azrael que se convirtió, ¿lo adivináis?, en un Caballero Oscuro violento y sanguinario, como mandaba el canon antiheróico de la época. Posteriormente, y visto que la jugada había salido bien comercialmente, que no artísticamente, se replicó el asunto con las muertes, heredéros y resurrecciones posteriores de personajes tan emblemáticos como Green Lantern y Green Arrow.



Y llegamos a la actualidad, donde las muertes y legados se han llevado con mucha mejor fortuna, gracias a autores en estado de gracia como Dan Slott, Ed Brubaker y Grant Morrison, en series como Superior Spiderman, Capitán América y la epopeya Batmaniana no exenta por supuesto de polémica que se fraguó a lo largo de títulos como Batman, Batman y Robin y Batman Incorporated. La diferencia con lo que ocurrió en los 90, que aunque la muerte, cambio de personaje y posterior resurrección sigue siendo un reclamo meramente publicitario para atraer más lectores a un título o personaje, aquí se hizo con inteligencia y rodeado de autores de calidad que polémicas y opiniones personales aparte, quedarán como etapas memorables de cada uno de los personajes anteriormente mencionados.

Ahora Marvel vuelve a intentarlo con el trío Vengador por antonomasia, Capitán América, Thor y Iron Man. El más necesitado de un cambio era por supuesto Iron Man, el personaje de los tres, que menos suerte y menos calidad ha tenido en sus series regulares, ya que quitando la maravillosa época de finales de los 70 y principios de los 80 gracias al equipo creativo formado por David Micheline, John Romita Jr y Bob Layton, pocas etapas posteriores o previas pueden pasar a los anales de la historieta, si quitamos aciertos puntuales del principio de la etapa de Fraction y Larroca.

En cambio, Thor y el Capitán América han tenido etapas verdaderamente memorables. El primero, sus inicios con el duo en estado de gracia de Lee y Kirby y posteriormente con Walter Simonson como autor completo, o la etapa de Stracinsky. Y que decir del Capitán América, con sus inicios con Lee y Kirby, la breve, intensa e icónica etapa de Steranko, la posterior con Gene Colan, los fastuosos dos años de Waid, Garney y Andy Kubert o su más reciente y más redonda época, gracias al talento de Ed Brubaker, sin olvidar pequeñas etapas como la formada por Roger Stern y John Byrne a principios de los 80.



En la actualidad, el verdadero cambio de tercio creativo se ha provocado en Iron Man, que tras una inane época escrita por Kieron Gillen, intenta reactivar una serie trayéndose un talento muy reconocido por los fans de DC Comics, el guionista Tom Taylor, que ha triunfado gracias a su serie Injustice, basada en el videojuego de DC Comics. Y Taylor, en los dos primeros ejemplares que presenta Panini en el número 50 de la edición española de la colección del Hombre de Hierro, promete. Tony Stark, tras los sucesos ocurridos en el denostado evento Axis, es un hombre sin moral y sin principios, un reverso tenebroso de la compleja personalidad de Tony Stark sin las barreras morales que tenía. Egoista, vanidoso y cruel, se ha erigido en monarca de la ciudad de San Francisco ofreciendo a los habitantes de la bahía un software que les convierte en seres perfectos. Taylor plantea los límites a los que puede llegar un ser superior intelectualmente pero deficiente moralmente, además de introducir casi como personaje secundario a Daredevil, recién mudado a la ciudad del Golden Gate gracias a la pluma de Mark Waid. Lamentablemente, la serie se resiente gráficamente por su apartado gráfico, obra de otro autor que le ha robado Marvel a su Distinguida Competencia, Yldiray Cinar. Pero la serie desde el punto de vista narrativo promete.

Los cambios en Thor provienen de otro evento denostado, Pecado Original, donde el Dios del Trueno, tras escuchar una frase dicha al oído por un Nick Furia con la visión del Vigilante, pierde la capacidad de ser digno y levantar su martillo Mjolnir, por lo que un nuevo candidato reclama el martillo. La diferencia, que es una mujer y está enmascarada, por lo que el misterio está servido. Las razones para confiar en este título, su guionista, Jason Aaron, el autor que lleva ya un par de años narrando las aventuras del Dios del Trueno convirtiendo su etapa en una de las más interesantes en los 50 años de historia del personaje. Tras leer los tres primeros números de esta nueva etapa, decir que no me ha impresionado como los primeros ejemplares de su primera saga al frente de la colección, ya que lo contado por ahora, que es muy poco, más centrado en atar cabos sueltos de su etapa previa en el personaje que en quién es la persona tras la máscara, tampoco ayuda mucho para poder dar una valoración de lo que puede dar de si esta nueva singladura de la colección. A destacar eso si, al dibujante de la misma, Russel Dautman, que con un estilo que recuerda a una mezcla entre Arthur Adams, Frank Quitely y Nick Bradshaw, promete convertirse en uno de los autores a seguir en los próximos años.



Y terminamos con el héroe de las barras y estrellas, el Capitán América, que tras la laureada con motivos etapa de Ed Brubaker, fue continuada por un Rick Remender que aunque con aciertos puntuales, no ha conseguido, al menos en mi opinión, realizar hasta el momento, y a la espera de una relectura, un trabajo tan redondo y revolucionario como el conseguido por Brubaker. Su golpe de efecto en el primer arco de su trabajo, Steve Rogers ha perdido el suero del Supersoldado, por lo que ha envejecido y ha dejado de ser el Capitán América, ha provocado que pase el testigo a su antiguo compañero de aventuras, el Halcón. Por lo que tenemos en esta nueva etapa un nuevo status quo, con el Halcón como nuevo Capitán América, con la complicación de ser capaz de llevar encima del hombro un legado tan importante, además de seguir teniendo a Steve Rogers, reconvertido en jefe de campo de este nuevo Capitán América. Los dos primeros números publicados en España dentro del número 50 de la edición de Panini, esboza lo que nos encontraremos en la misma, con un resurgimiento de la organización de Hidra, el regreso del Barón Zemo y un potpurrí de villanos que es un quién es quién de la historia del personaje. Remender tiene la suerte esta vez, de tener a un dibujante a la altura, Stuart Inmonen, quizás el mejor dibujante de superhéroes de la actualidad, que en estos dos números lo vuelve a demostrar con creces.

Una nueva época para tres personajes que han pasado por mil y una iteraciones y donde sus autores deben demostrar lo más importante. Que tras los trucos de magia, las campañas de marketing y las renumeraciones para vender más ejemplares en un momento puntual y acabar con tu competencia, al final lo único que nos importa a los lectores es algo muy sencillo, pero a la vez muy complicado, una buena historia. Anteriormente, autores como Brubaker, Morrison o Slott lo han conseguido, recibiendo los aplausos de crítica y aficionados. ¿Lo conseguirán Taylor, Aaron y Remender? El tiempo lo dirá...

12 de diciembre de 2013

Thor el Dios del Trueno de Jason Aaron y Esad Ribic: Repasando Marvel Now!


Este 2013 que se acaba ha sido un buen año para el Dios del Trueno y sus aficionados. Lo más importante de todo ha sido el estreno de la secuela cinematográfica, Thor el Mundo Oscuro, un digno entretenimiento y una buena aproximación al dios Marveliano y para el lector de toda la vida, la reedición por parte de Panini de dos etapas fundamentales del personaje, en ediciones a todo lujo como han sido el Omnigold con los primeros y fundacionales números de la etapa de Stan Lee y Jack Kirby y sobre todo los dos volúmenes en la colección Marvel Héroes, donde se reedita la fundamental etapa de Walter Simonson, en una cuidada restauración del material original, recoloreada para la ocasión por el gran Steve Oliff.


¿Pero y la actualidad del personaje? Tras unas cuantas etapas con buenas ideas pero resultados irregulares (Stracinsky, Fraction o Gillen), nadie sabía sacarle el punto a Thor y al igual que comentaba ayer con los 4F, desde Simonson nadie había sabido sacarle provecho a un Dios nórdico en un mundo superheróico.

Era necesario un revulsivo, y ese revulsivo ha sido la llegada del guionista Jason Aaron para que Thor vuelva a a vivir una era dorada. Los que somos seguidores de Aaron, sabemos que es un autor polifacético y capaz de insuflar nueva vida a series y personajes que andan un poco perdidos, y como ejemplos podemos recordar su alabada etapa al frente de Lobezno y la que es, con el permiso de La Nueva Patrulla X y su guionista Brian Michael Bendis, el mejor tebeo que se ha escrito sobre La Patrulla X desde los tiempos de Chris Claremont, Lobezno y los X-Men.


¿Y qué ha hecho Aaron que otros autores de similar calidad no han sabido llevar a buen puerto? Lo primero, el adentrar al personaje y a la colección en el ámbito de la fantasía heróica más hard boiled que puedas encontrar en un tebeo mainstream actual, donde el espíritu de Robert E. Howard y su Conan el Bárbaro, el trazo de Frank Frazetta y el tono de aproximaciones más contemporáneas a la fantasía heróica como Juego de Tronos, se dan la mano en un tebeo que se devora y se disfruta como pocos lo consiguen hoy en día.

En la primera gran saga de la colección, que ocupa los primeros 11 números de la serie, el lector debe olvidarse de lugares comunes y personajes conocidos como el reino de Asgard, el puente Bifrost, Loki, los tres guerreros, Sif y un sinfín de conceptos que son los habituales en la colección del hijo de Odín. 


En cambio, el lector se maravillará con una historia que juega con el concepto de la existencia o no de los dioses, la necesidad de ellos en nuestra cultura, un nuevo "villano" llamado Gorr, el Carnicero de Dioses, que desde ya entra en el panteón de mejores y más peligrosas némesis a las que se ha enfrentado el Dios del Trueno y sobre todo, la aparición de no uno, sino de tres Thors, venidos cada uno de un momento en el tiempo.

El primero y más importante es el Thor del presente, nuestro Thor, el Thor superheróico, miembro de Los Vengadores. Pero también tenemos al Thor del pasado, un Thor arrogante, algo torpe, bebedor, mujeriego y al que le falta todavía mucho para ser valorado por su padre Odín. Y para terminar, el mejor de todos, Thor Padre de Todos, sustituto de Odín y que vive en el fin de los tiempos en una Asgard derruida y en la que vaga solo con sus recuerdos y sus lamentaciones, de todo aquello en lo que se equivocó.


Gracias a esta Trinidad, las posibilidades que tiene Aaron de jugar con la figura del dios Asgardiano son ilimitadas, al igual que la imaginación del lector, disparada por las múltiples posibilidades que el serial tiene si no es estropeado por injerencias editoriales.

Tras la magnífica saga de Gorr, tenemos un número de descanso, un tebeo muy intimista, donde vemos como interactua Thor con los humanos y lo que significa ser un Dios, además de descubrirnor el guionista la triste enfermedad que sufre uno de los personajes más famosos y queridos por el aficionado, además de introducirnos de una manera maravillosa la que quizás pueda ser el nuevo interés amoroso del dios vengador. Tras este fantástico ejemplar, llegamos al último número publicado en nuestro país, donde comienza la nueva etapa de la colección, con el regreso de Malekith, el villano de la etapa de Simonson y además némesis de la nueva película del Dios del Trueno, que según los planes que ha avanzado Aaron, se perfila fascinante.


Y no puedo acabar de hablar de esta imprescindible colección, sin alabar el trabajo artístico del que es por el momento el dibujante regular de la serie, Esad Ribic, que imbuido por el espíritu de Frazetta, complementa a la perfección este Thor violento, épico y lleno de humanidad que transmiten los guiones de Jason Aaron. 

Una colección que no debe faltar en la tebeoteca no solo de los aficionados a Thor, a Marvel o a los superhéroes, sino en la de cualquier aficionado del noveno arte. Un must have.

27 de septiembre de 2012

La santísima trinidad vengadora en los tebeos de Marvel/Panini de Septiembre


Capitán América 20 de Ed Brubaker y Alan Davis (Captain America vol.6, 8 y 9 USA) 

Penúltimo ejemplar con la saga dibujada por Alan Davis, que aunque en estos dos ejemplares incluídos en la edición española se le notan algo las prisas, sobre todo en algunos acabados y desproporciones anatómicas, sigue siendo un ejemplo de como realizar un tebeo de superhéroes. Una historia que trae de vuelta conceptos de los años 70 como La Bomba Loca de Kirby o El Escuadrón Serpiente de Englehart, mezclado con una velada crítica a la situación económica y social actual, perfectamente plasmada en la conversación entre Tony Stark y un Steve Rogers que parece traído de la época Nixon. 


El Invencible Iron Man 20 de Matt Fraction y Salvador Larroca (The Invincible Iron Man 513 y 514 USA) 

Fraction pisa el acelerador en la nueva caída de Tony Stark, en un ejemplar doble para la edición española, que no disfrutaba tanto desde el inicio de su etapa. Incluso Larroca está más que correcto, imprimiendo ritmo a las escenas de acción, además de introducir a Los Vengadores versión China comunista. Si lo que queda de la etapa de Fraction al frente del título está a la altura de este ejemplar, nos espera un estupendo fin de fiesta. 


El Poderoso Thor 17 de Matt Fraction, Pascual Ferry, Pepe Larraz y Giussepe Camuncoli (Mighty Thor vol.4, 11 y 12 USA) 

Lo que podría haber sido una gran historia (la desaparición de Thor y su suplantación) se ha convertido en una breve anécdota por la premura con la que se ha contado. Poco ha ayudado a Fraction los inadecuados artes de Ferry, Larraz y un Camuncoli desganado, incapaces de impregnar de aliento épico una historia que se merecía un apartado artístico y un largo desarrollo para convertirse en la historia que debía haber sido. Lo mejor de todo, y eso engloba a la etapa de Fraction al completo, su caracterización del joven Loki.

27 de agosto de 2012

Defensores 2, Iron Man 19 y Thor 16: La irregularidad de Matt Fraction


Matt Fraction necesita unas vacaciones urgentes. Tras la finalización de Miedo Encarnado, un crossover por el que le han llovido las críticas (muchas de ellas innecesarias y exageradas), el autor parece haberse secado creativamente. Un buen ejemplo de ello es su nueva serie, Los Defensores, que con solo dos números en su edición española, ha demostrado que quitando el gran trabajo de Terry Dodson a los lápices, como siempre, poco tiene que aportar este título, aparte de su intrascendencia, en el saturado mercado actual del cómic de superhéroes.


Fraction continúa por supuesto con su larga etapa al frente de Iron Man, irregular como todo lo que toca el autor. Buenas ideas en un principio, que quedan lastradas por un desarrollo demasiado estirado y que sobre todo en la serie del vengador dorado, queda estropeado por el cada día peor Salvador Larroca. Una falta de fondos, de expresión en sus personajes, de páginas idénticas las unas a las otras, minimiza los aciertos argumentales de un Fraction que aquí estuvo a punto de hacer historia, pero que al final no deja de ser un remedo de la segunda crisis alcohólica de Tony Stark de los años 80.


Su mejor trabajo en la actualidad es Thor, una serie donde si que los cambios se han visto y donde Fraction hace crecer la mitología asgardiana, cambiando el status quo establecido. Eso no quita, para que como en Iron Man, el tebeo quede lastrado por el trabajo de Pascual Ferry y su sucesor, Pepe Larraz. Por supuesto que no llegan a los defectos de Larroca, pero la falta de fondos, de profundidad, de contexto, reducen la capacidad de sorpresa de un tebeo por otra parte, muy bien construido por Fraction. Conseguir que Estela Plateada sea divertido o volver a dar protagonismo a Donald Blake, equilibrando el dramatismo y la ligereza no están al alcance de todos y aquí si que Fraction destaca sobre el resto de sus trabajos en Marvel.

19 de julio de 2012

Miedo Encarnado: Epílogo


Si casi todos estamos de acuerdo en que Miedo Encarnado ha sido algo insatisfactorio como gran saga, aunque la cosa remontó a base de bien en los dos últimos capítulos, eso no quiere decir que las consecuencias del mismo, más dramáticas de lo que imaginábamos, no hayan sido redondas.  Pero lo mejor se ha dejado para el final, algo que se demuestra en el trío de epílogos que se han sacado de la manga en las series regulares de la trinidad vengadora. Porque son tres historias de las que dejan huella en el aficionado, comenzando con la del Capitán América, donde Brubaker se saca un nuevo giro argumental inteligentísimo, brillante y que aúna un trabajo con el que él no estaba relacionado y los argumentos de su propia serie regular, consiguiendo una nueva serie por el camino, que en España comenzaremos a disfrutar en tomos recopilatorios a partir del año que viene. Y no olvidemos el trabajo de Butch Guice en este ejemplar, donde este veterano artista demuestra que nunca se es suficientemente mayor para mejorar y evolucionar.


La joya de la corona de estos tres ejemplares es el número de Thor, guionizado por Fraction y dibujado esplendorosamente por Adam Kubert. En él, asistimos al emotivo funeral de Thor y a una revelación que deja patas arriba Asgard y la Tierra. Un giro inesperado, fascinante y el primer paso a la grandeza de una etapa que no terminaba de arrancar, pero que a partir de aquí nos puede entregar grandísimos momentos, convirtiendo de paso a Loki en el gran héroe de la colección.


Para terminar, el peor de los tres números, el Iron Man de Fraction y Larroca, lo que no quiere decir que sea malo. Porque al igual que en Thor, Fraction se había estancado mucho en la colección del Vengador Dorado. Tras Miedo Encarnado y la recaída de Stark con el alcohol, la serie puede explotar el potencial que no han sabido dirigir. Una intervención divina que no será del gusto de todos, un enfrentamiento épico entre Odín y Stark y el regreso de dos villanos fundamentales a la vida de Tony en el que puede ser el clímax de la etapa de Fraction y Larroca.

7 de junio de 2012

Miedo Encarnado llega a su final


Miedo Encarnado 7 de Matt Fraction y Stuart Inmonen (Fear Itself 7 USA) 

Llegados al final del evento Marvel del año, decir que me encuentro con sentimientos encontrados. Este último número mantiene el nivel de épica y emoción de los dos últimos, pero sus dramáticos acontecimientos, que no voy a desvelar para no estropeárselos al que no lo haya leído, no se si se han llevado a cabo para darle un aire de trascendencia a un tebeo que en sus primeros números no pasaba de ser hostias como panes dibujadas de manera excelente por Stuart Inmonen. Aparte de la situación en la que deja a los héroes tras el evento (lo ocurrido con Hulk, los problemas con el alcohol de Stark, el nuevo status quo de Asgard, el regreso de Los Defensores) hay que destacar como elementos positivos de este final de saga la bonita escena con la reconstrucción del escudo del Capi (¿se acordarán a partir de ahora de dibujarlo todos los artistas con la grieta?), el momento en el que el Capitán América levanta el martillo de Thor (pura épica Marvel de la buena) y el combate entre la Serpiente y Thor y el posterior encuentro de este último con su padre Odín. Un evento mejor de lo esperado en sus compases finales y que deja en interesante situación al Universo Marvel. Veremos lo que viene ahora. 


El Invencible Iron Man 17 de Matt Fraction y Salvador Larroca (Invincible Iron Man 509 USA) 

Previo a la lectura del séptimo y último número de Miedo Encarnado, tenemos este penúltimo ejemplar relacionado con el crossover. Tony deberá enfrentarse a lo que ha hecho para conseguir la supuesta victoria y Pepper Potts a su falta de experiencia con la armadura y su nuevo papel de superheroína. Se avecinan cambios interesantes en el mundo de Tony Stark. Incluso este mes hace un trabajo superior a la mediocridad que nos lleva entregando estos últimos meses. 


El Poderoso Thor 14 de Matt Fraction y Pascual Ferry (The Mighty Thor vol.4, 7 USA) 

Sirva este ejemplar como primer epílogo y prólogo de Miedo Encarnado. Fraction se ha guardado hasta el final la clásica historia de amor y odio entre hermanos, Cul y Odín. Y aunque Fraction no reinvente la rueda y la historia vaya por los cauces habituales, ata de manera espléndida todo lo contado, apoyado por el mejor trabajo de Ferry en mucho tiempo, sobre todo con esa página final que remata el ejemplar, que cobra aún más fuerza tras lo ocurrido en el final de Miedo Encarnado.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...