13 de febrero de 2013

Carretera Perdida de David Lynch



Carretera Perdida de David Lynch (1996)

Después del estreno en 1992 de “Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo”, Lynch pasó los peores cuatro años de su carrera. Tras el vapuleo crítico y el fracaso en taquilla de la película que narraba los últimos siete días de vida de Laura Palmer (en España nunca llegó a ser estrenada en salas comerciales) encadenó fracaso tras fracaso, ya que sus nuevas propuestas televisivas fueron canceladas al poco tiempo de aparecer. Es el caso de “On the Air”, una peculiar sitcom de 20 minutos por capítulo que llevaba el absurdo y surrealista humor, del que ya hacía gala algunos momentos de la serie “Twin Peaks”, al límite y que fue concebida junto al co-creador de la misma, Mark Frost. Su otro proyecto televisivo fallido fue “Hotel Room”, una serie de episodios de una hora del que solo fueron emitidos tres de ellos, dos de los cuales dirigidos por el propio Lynch, y que adelantaban el estilo de sus siguientes y más abstractas obras, reuniéndole de nuevo con el escritor Barry Gifford.

Pero Lynch no estaba quieto. Influido por la novela “Night People” de Barry Gifford (autor del libro en el que se basó Lynch para su obra “Corazón Salvaje”), por un suceso que el director dice que le ocurrió estando en su casa, ya que Lynch asegura que la famosa frase ”Dick Laurent está muerto”, que escucha Fred Madison en la escena inicial de “Carretera Perdida”, la escuchó el propio director a través del interfono de su domicilio por una persona desconocida y la aparición mental de dos palabras “Carretera” y “Perdida”, que dieron lugar al título del largometraje, pusieron en marcha al director para ponerse en contacto con el escritor Barry Gifford, y juntos escribir el guión de lo que sería la obra más redonda y fascinante de toda su carrera.


Un viaje al fondo de una mente disociada

Una de las opiniones más generalizadas acerca de “Carretera Perdida” es que es completamente ininteligible, una obra críptica sin sentido, un estigma que el cine de Lynch lleva arrastrando desde que el director realizara su primera obra “Cabeza Borradora”. Por supuesto que el director no pone las cosas fáciles al espectador, porque exige de él algo muy importante y que desgraciadamente no cumple la mayoría del público, una total inmersión y atención en cada escena, plano, diálogo y detalle de lo que ocurre en pantalla.

En el cine de Lynch y sobre todo en “Carretera Perdida”, todo es importante, lo que se ve, lo que se sugiere, lo que dicen los personajes, lo que omiten y lo que quieren decir. Todo ello desde uno de los puntos básicos de la creación cinematográfica que es el punto de vista, es decir, desde qué personaje se están viendo los acontecimientos y que en “Carretera Perdida” y en posteriores obras como “Mulholland Drive” o “Inland Empire” es básico y fundamental para comprender los acontecimientos que se narran.


Desde los títulos de crédito, que nos trasladan a una huída a través de una carretera que no tiene fin, solo iluminada por los faros de un coche que no vemos y bajo los acordes de la hipnótica canción de David Bowie “I’m Deranged”( “Estoy enajenado” en español) y la mítica y fundamental frase “Me gusta recordar las cosas a mi manera...no exactamente como ocurrieron” que el protagonista Fred Madison (interpretado por un sorprendente Bill Pullman) le dice a una pareja de policías en su domicilio, Lynch nos está dando la clave para comprender su obra. Todo está visto bajo el punto de vista de Fred Madison, por lo que todo es cierto y nada lo es, todo ha ocurrido y nada ha sido así. Ese es el truco, esa es la magia, ese es su acierto.

La historia de “Carretera Perdida” narrada de manera lineal se podría resumir en unas pocas líneas: Fred Madison, saxofonista con problemas sexuales en su matrimonio y obsesionado con la posibilidad de que su mujer le esté engañando con un mafioso de la ciudad que se dedica a la realización de películas snuff/pornográficas, mata a dicho mafioso y descuartiza a su mujer, para ser capturado posteriormente por la policía y sentenciado a la silla eléctrica. Pero no es todo tan sencillo y menos en una película de David Lynch.


Dos películas en una: La dualidad como razón de ser.

Como ya ocurriera en su anterior largometraje “Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo”, “Carretera Perdida” contiene dos partes bien diferenciadas tanto narrativa como estilísticamente. Los primeros cuarenta minutos del largometraje son opresivos, con una narrativa lenta y lánguida, pero absolutamente apasionante, donde los silencios son fundamentales y casi toda su información se basa en las imágenes y lo que ellas sugieren. Lynch arriesga y nos lleva de nuevo a los tiempos de “Cabeza Borradora” con unos primeros cuarenta minutos que transcurren casi todos ellos entre las cuatro paredes de una casa (la del propio cineasta en Mulholland Drive). Una casa que es la prisión y mansión encantada de un matrimonio que hace mucho tiempo dejaron de quererse y desearse, interpretado por Bill Pullman y Patricia Arquette, en los roles de Fred y Renee Madison. Lynch, con una capacidad de concisión digna de elogio, demuestra el estado sentimental y sexual de la pareja con dos excelentes escenas. La primera de ellas, a los cinco minutos de comenzar el largometraje, en el que una breve y banal conversación entre el matrimonio acerca de porqué ella no va a verle tocar esa noche, estalla la chispa de todo lo que ocurrirá a lo largo del largometraje. En dicha escena comienza a atisbarse el tema de la dualidad que abarca toda la obra. En un plano medio, vemos a Fred acercarse a Renee. Tras Fred está su sombra, Renee no tiene ninguna. Esa sombra de Fred es su otra personalidad. Lynch nos sugiere que hay algo más en este hombre de lo que se ve a primera vista.


La segunda escena donde vemos los problemas de la pareja es la de Fred y Renee haciendo el amor. No hay pasión, Renee está impávida, dejándose hacer, mientras Fred está sudoroso y nervioso. No disfruta, intenta demostrar su masculinidad y eyacula al poco rato. Renee le da la puñalada final, con unas palmadas de consuelo y pena en la espalda que desencadenan en Fred sentimientos de angustia y desprecio hacia si mismo.

El incidente incitador de esta primera parte de la película es la aparición de unas cintas de video en las puertas del domicilio de la pareja, en las que en su interior se encuentran grabaciones anónimas de su propio domicilio. La primera es solo de su fachada, la segunda se adentra en su salón, lo que les aterra y la tercera, vista únicamente por Fred, en la que es testigo del asesinato de su mujer por él mismo, descuartizada al estilo de la Dalia Negra.


Tras esta impactante escena, Fred es llevado a prisión, donde se le condena a la silla eléctrica. En dicha prisión, Fred comienza a padecer inaguantables dolores de cabeza, hasta que una noche cambia, se convierte en otra persona, un chico joven de unos 20 años llamado Pete Dayton.

A partir de aquí, el tono y estilo de la película cambia totalmente, más cercana a esos ambientes idílicos en la superficie de “Terciopelo Azul” o “Twin Peaks”, con la fuerza y dinamismo del “Corazón Salvaje” de Lynch y Gifford. Pete Dayton y su entorno se mueven en un mundo en el que la nostalgia de los 50 está muy presente en su vida, con unos personajes estereotipados que pronto descubriremos que solo existen en la mente de Fred Madison, el cual no es capaz de aceptar el asesinato de su mujer Renee.


Porque Pete Dayton no existe, es el reflejo mejorado de Fred Madison. Es quién le hubiera gustado ser a Fred y no fue. Pete tiene un éxito abrumador con las mujeres, es una máquina sexual que se aprovecha de su novia Sheila (en el fondo un reflejo del verdadero Fred). Pete tiene unos padres completamente liberales y comprensivos, un reflejo antagónico seguramente de los padres restrictivos y castradores de Fred que, aunque no se mencionan nunca a lo largo del largometraje, son evidentes visto el comportamiento del Fred adulto. Es en esas sutilezas donde el espectador no acostumbrado a la obra de Lynch se pierde y donde sus seguidores abrazamos esos retazos de información subliminal que enriquecen a los personajes y a la historia.

Este Pete Dayton, un Uber-Fred Madison, no es saxofonista, pero también vive de su oído, ya que es el mejor mecánico de la ciudad, hecho que hace que tenga que relacionarse con Mr. Eddie, el mafioso de la ciudad, que casualmente se le conoce por otro nombre, Dick Laurent.


La vida de Pete es perfecta hasta que se le cruza el doppelganger de Renee Madison, Alice Wakefield, interpretado también por una bellísima Patricia Arquette, que pasa de ser una Bettie Page reina del pin-up en su papel de Renee, a una rubia explosiva de sexualidad latente, en contraposición con la frialdad y frigidez de Renee, en un juego parecido al realizado en “Twin Peaks”, con Laura Palmer y su prima Maddy, una rubia y otra morena, interpretadas por la misma actriz, Sheryl Lee, y que demuestra que “Vertigo” de Alfred Hitchcock es una de las obras de cabecera y que más han influido en el propio Lynch.

A partir de su relación con Alice, que casualmente es la amante y protagonista de las películas pornográficas que realiza Mr. Eddie/Dick Laurent y que Pete rechaza ver (ya que al verlas y ver que Alice/Renee las protagonizan, rompería el hechizo de este mundo de fantasía que se ha creado Fred Madison) el frágil castillo de naipes que es la mente de Fred comienza a derrumbarse, oscureciendo progresivamente el luminoso mundo de Pete, acercándolo al tono del comienzo del filme en el revelador tramo final de la película.


Porque la clave del largometraje y su capacidad de fascinación que permite visionarla una y mil veces, encontrando nuevos significados y matices a una obra tan completa, es que nada es cierto y todo lo es, es decir, toda la película la vemos a través de los ojos de Fred, una mente escindida y frágil repleta de traumas, por lo que tanto la primera parte del filme, como la segunda, se ven desde su punto de vista. Fred nunca recibe esas cintas, las descubre. Esas cintas no contienen imágenes de su casa, sino las películas pornográficas de Renee. Es tan irreal la parte de Fred Madison como la de Pete Dayton, pero la parte de Pete hay que verla como una visión irreal de la juventud de Fred y como conoció a Renee hasta que las cosas comenzaron a torcerse o como una visión mejorada y distorsionada de lo que hubiera querido que fuera su vida. 

Mi consejo, ver esta película con la mente más abierta posible y dejarse sumergir en las complejidades y recovecos de la mente humana, repletas de deseos, pasiones, miedos y traumas. 


La imagen y el sonido de la perfección: Una simbiosis única

Si hay un aspecto que llama la atención poderosamente y que da la fuerza que posee el largometraje es su perfecta simbiosis de imágenes y sonidos, completamente interrelacionados y que le dan al filme ese aspecto y ambiente único. No es de extrañar que sea la post-producción más larga que ha tenido que acometer Lynch en toda su carrera, junto a “Dune”, pero esta por motivos bien distintos.

Visualmente la película atrapa desde el primer instante, con esos créditos de una carretera de noche que lleva a la nada, un reflejo de esa cinta de Mobius que es la película, donde no existe ni principio ni fin, sino una espiral infinita donde se mueve la mente del protagonista. Todo ello acompañado por la subyugante e hipnótica canción de Bowie.


Inmediatamente después nos encontramos en la casa de Fred y Renee, un hogar donde se masca la tragedia, algo parecido al hogar de los Palmer en “Twin Peaks”, ya que para Lynch, el peligro se encuentra en los lugares más cercanos y comunes. La casa, propiedad en la realidad del propio Lynch, fascina y subyuga con esos largos pasillos infinitos y repletos de sombras, en clara alusión a la profundidad y capas de la mente de nuestro anti-héroe particular, Fred Madison. Una casa que parece no tener límites definidos y que se convierte en todo el universo para los dos personajes centrales de la primera parte del filme. En este bloque de la película, la música es realizada por el colaborador habitual de Lynch, Angelo Badalamenti, que aumenta la atmósfera industrial y sórdida de esta parte de la película con temas tan melancólicos y sombríos como “Fred’s World”, que sirve como nexo del primer y segundo bloque de la película, donde el espectador es testigo de la transformación de Fred en Pete, en un plano surreal que recuerda y se asemeja al cuadro “El Grito” de Munch, si hubiera sido realizado por el artista Dave Mckean o “Red Bats with Teeth” el tema jazzístico que interpreta Fred Madison en su actuación en el club de jazz y que transmite toda la angustia y rabia contenida del personaje, reflejando que todas sus pulsiones son desatadas a través de la música, único lugar en el que se siente realizado. Pero no solo de Badalamenti vive el sonido de este primer bloque de la obra, ya que Lynch colabora por primera vez con un genio de la música de los 90, Trent Reznor del grupo Nine Inch Nails, un genio musical que aporta nuevas capas y texturas sonoras al mundo de Lynch, destacando de este primer bloque del filme, el tema “Videodrones: Questions”, que acompaña al patético acto amatorio entre Renee y Fred.

En la segunda parte, Lynch abre la película y el universo, contraponiendo el hermetismo de los primeros 45 minutos de película, sacando a sus personajes al exterior, abriendo el prisma. Pero esa apertura no quita que los personajes y el espectador se sigan sintiendo en una prisión, que no es ni más ni menos que la mente de Fred y sus horribles actos, de los que no puede escapar. En este bloque del filme y hasta el final de la película que termina de nuevo con el “I’m Deranged” de Bowie, tenemos un popurrí de temas de ayer y hoy, donde se mezclan sin ningún pudor y extrema eficacia el “Insensatez” de Antonio Carlos Jobin en la escena de Pete Dayton en la hamaca, sonidos industriales y hard metal como los temas incluidos de grupos y artistas de los 90 como Rammstein y Marilyn Manson, con temas más típicamente lynchianos como el doble tema para presentar al personaje de Mr.Eddie interpretado por Barry Adamson o “Dub Driving” de Angelo Badalamenti, mientras recorremos el mundo de Pete Dayton en su coche y conocemos su prolífica vida sexual.


Imágenes subyugantes se encuentran en este segundo acto, como ese plano de pura tranquilidad y alivio de Pete tras salir de prisión, tumbado en la hamaca de su idílico jardín típico del “american way of life” que vendía la publicidad americana en su auge durante los años 50 y 60, que tan bien refleja la serie de la AMC “Mad Men”. O la primera aparición de Alice bajando del coche de Mr.Eddie, rodada en ralentí, como si el tiempo se parase para Pete, tras ver a la mujer que le hará perder la cabeza.

El tercer acto, donde se juntan ambas tramas y visualmente se condensan la opresión del primer acto y la luminosidad impostada del segundo, comienza en la escena de la casa de Andy, otro de los amantes de Renee/Alice y donde Pete/Fred no es capaz de escapar de la Verdad que ha intentado ocultar en ese mundo idílico de fantasía que su frágil mente ha construido. Pete, al entrar en casa de Andy, se encuentra de bruces con la imagen tan temida por Fred/Pete. En pantalla gigante vemos y el personaje de Pete ve, a su adorada Alice/Renee en una escena de una de las películas pornográficas que protagoniza. La iluminación del personaje continúa por los pasillos infernales de la casa de Andy, que se convierten en el pasillo del hotel “Lost Highway” donde Fred captura a Mr.Eddie/Dick Laurent, tras acostarse este último con su esposa Renee. La habitación nº 26, donde Fred captura a Mr.Eddie, se convierte en la casa de Andy, en ventanas a su propia mente, con una Alice/Renee convertida en explosiva diablesa pelirroja que se burla de Fred/Pete, bajo los atronadores compases del grupo Rammstein.


Pero la escena fundamental y que cierra el círculo para volver a abrirlo de nuevo es la escena de la cabaña en el desierto, una cabaña que hemos visto en anteriores ocasiones en llamas - de nuevo el fuego como catalizador de acciones y pasiones, como en “Twin Peaks” o “Corazón Salvaje”- , y que representa todo lo que Fred ha intentado guardar en su mente. En esa escena, acompañada por el tema “Song to the Siren” interpretado por This Mortal Coil y que Lynch llevaba intentando usar desde “Terciopelo Azul” y no había conseguido por problemas de derechos, Pete y Renee hacen el amor en la arena del desierto, bañados por la luz fantasmagórica y etérea de los faros del coche. Pete se derrumba y le dice a Renee que la desea, momento en el que la película pasa de la ensoñación al puro terror de la verdad, cuando Alice se gira cual mantis religiosa y asesta su golpe mortal a Pete diciéndole “Nunca me tendrás”. El sueño ha caído, la fantasía se ha roto y la Renee de ensueño que es Alice desaparece en el interior de la cabaña, otro elemento más de la mente de Fred/Pete que queda enterrado allí, desapareciendo Pete y volviendo de nuevo Fred, incapaz de seguir manteniendo la mentira y la irrealidad.


El Hombre de Negro

A lo largo de todo el metraje, un misterioso hombre de negro, de pequeña estatura, rostro blanquecino y cejas depiladas, se le aparece primero a Fred Madison en la fiesta a la que acude con su mujer en casa de Andy y posteriormente habla con Pete Dayton a través de una llamada de teléfono que Mr.Eddie/Dick Laurent realiza a casa de los padres de Pete. En ambas ocasiones, el tiempo parece pararse para Fred/Pete y parece que no existe nada más en el universo, aparte de él y esa extraña aparición.

La razón es que ese ser es realmente la conciencia de Fred Madison. Su peculiar y oscuro Pepito Grillo que sirve a la mente de Fred para acceder a su mundo fantástico e irreal y devolverle a la cruda y sórdida realidad y al terrible acto que ha cometido. Por eso este Hombre de Negro lleva la cámara de vídeo. Es la representación de la pura y simple realidad sin manipular, un espectador claramente objetivo que graba con certera precisión los acontecimientos sin adulterar.


Por eso aparece de nuevo en el tercer acto. Fred ya no puede seguir ocultándose tras esa fachada de color de rosas que es la vida de ese Fred aumentado y mejorado que es Pete Dayton. Fred está solo, únicamente acompañado de su conciencia, por lo que en este último tramo del largometraje, veremos como ocurrió todo y porqué. Por supuesto, y estando en la mente de Fred que no quiere en ningún momento hacerse cargo y ser responsable de sus propios actos, seguiremos viendo como él es ayudado por el Hombre de Negro en sus crímenes, tanto en el momento que le corta el cuello a Mr.Eddie, con un cuchillo que le es entregado por el propio Hombre de Negro o el tiro mortal a Mr. Eddie por parte del Hombre de Negro, tras ver las películas porno-snuff que hacía Mr. Eddie con Renee.

Finalmente, Fred deja el mensaje de que Dick Laurent está muerto en su interfono, una señal para su propia mente, que como buena cinta de Mobius, tiene que volver a ponerse en marcha desde cualquier punto de la historia para volver a reconstruirla de la mejor manera posible. El problema para Fred es que esa lucha es eterna y el resultado siempre será el mismo, el afrontar lo que ha hecho. De ahí esa última escena con Fred perseguido por la policía en una angustiosa escena planificada de manera epiléptica y reforzada por el ensordecedor, insoportable y excelente tema de Reznor “Driver Down”. La mente de Fred estalla de nuevo, volviéndose a transformar y seguramente sufriendo eternamente por los actos cometidos. No hay salida de esa carretera perdida que es su mente y que vuelve a reflejarse con los créditos finales, idénticos que los del inicio del filme y de nuevo con el “I’m Deranged” de Bowie, reforzando el carácter circular y eterno de la obra.


El arquetipo de la mujer fatal en la obra de Lynch

Dejo para el final de este análisis el elemento quizás más importante de todos, no solo de esta película, sino de toda la obra de David Lynch. La mujer como elemento de perdición y catalizador de las tramas de toda su obra. Desde Mary, la novia de Henry el protagonista de “Cabeza Borradora”, Dorothy Valance en “Terciopelo Azul”, la enigmática mujer que hace que el protagonista, Jeffrey Beaumont, deje de lado su existencia aparentemente idílica y aburrida para adentrarse en el corazón de las tinieblas y un sórdido mundo violento y sexual, a esa Laura Palmer, una Marilyn Monroe de provincias que cambia y altera la monótona vida de un pueblecito llamado Twin Peaks y la de todos sus habitantes tanto en vida, como sobre todo tras su muerte, finalizando con el personaje de Rita, la Gilda particular de “Mulholland Drive” que lleva a la locura, al igual que a Fred Madison, al doble personaje de Betty/Rita, interpretado magistralmente por una genial y bellísima Naomi Watts.

Las mujeres de Lynch son mujeres fatales a su pesar, lo quieran o no, pero ninguna lo es tanto y está tan enraizada en el género negro, como la Renee/Alice de Carretera Perdida. Renee/Alice, Alice/Renee, porque nunca sabremos cual predomina sobre la otra, es la mujer total, esposa aburrida, amante deseada y pérfida arpía que utiliza sus evidentes encantos para llevar a la locura a Fred Madison/Pete Dayton y conseguir sus propios fines.


Patricia Arquette borda y nunca ha estado tan esplendorosa como con un personaje que es tanto una Bettie Page absolutamente corrompida, que es Renee Madison, como en su papel de la en apariencia candorosa e inocente bomba sexual que es Alice Wakefield. Desde su primera aparición de pin-up oscura con su peluca negra y flequillo, vestida con un camisón rojo que augura su trágico final, hasta su desaparición como desnudo ángel de perdición en la cabaña de la mente de Fred, se convierte en un icono del cine de Lynch, y en el compendio de todas las facetas y personalidades de todas las mujeres que han poblado la filmografía del cineasta.


Una obra total

Podría seguir páginas y páginas diseccionando y analizando la obra maestra de David Lynch, pero la conclusión seguiría siendo la misma. Es una obra con múltiples y diversas interpretaciones, tan bien construida y estructurada que todos y cada uno de los puntos de vista por los que nos podemos aproximar a ella serían acertados y estarían todas las pistas para refrendar nuestra teoría. Porque quién nos dice que la primera parte de la película no es la fantasía y la realidad es la vida de Pete Dayton. O al contrario. O ninguna de las dos es válida y realmente lo que vemos son los deseos de Fred de matar a su mujer por un engaño sentimental que a lo mejor ella misma nunca ha llevado a cabo y únicamente es un delirio de la enrevesada mente de nuestro protagonista. Esa es la grandeza de este largometraje, que Lynch nos abre millones de puertas y posibilidades, para que el espectador con sus conocimientos y vivencias las llene de sus propias experiencias. Eso es lo que hace que “Carretera Perdida” de David Lynch sea el triunfo no solo cinematográfico, sino artístico que es. 

11 comentarios:

  1. "Eso es lo que hace que “Carretera Perdida” de David Lynch sea el triunfo no solo cinematográfico, sino artístico que es." y esto es lo que hace que tú seas tan GRANDE.

    Leyéndote a ti parece que la película fuese "sencillita" y que no hayamos caído en ello... :)

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  2. Alucinante. La verdad es que cuando la vi por primera vez no me terminó de llegar como si lo hizo Mullholland Drive que, por otra parte, es mi peli favorita de Lynch. Pero leyendo tu estupendo análisis me están entrando unas ganas terribles de volverla a ver con una perspectiva nueva. Quizás este fin de semana. Gracias.

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  3. Muchas gracias Marta y David!! Me alegro que os haya gustado la reseña/análisis de la película. David, si ves la película este fin de semana o cuando sea, vuelve por aquí y me comentas que te ha parecido esta vez. Y mi segunda favorita de Lynch es Mulholland Drive, en dura pugna con la infravalorada Twin Peaks Fuego Camina Conmigo. Tendré que hacer un análisis de Mulholland Drive como el de Carretera, porque también tiene mucha tela que cortar :)

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  5. Esta película es Lynch 100%. Es el perfecto viaje por la mente humana en su lado más psicodélico. El ambiente creado por el nota denota una profundidad a la cinta muy pocas veces vistas. Junto con "Terciopelo Azul" y "El Hombre Elefante" completa esa triple corona de lo mejor de este tío. Espectacular crítica de la cinta detallada punto por punto, de las mejores que he visto en castellano, se nota que es una de tus favoritas. Chapeau maestro!!!

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  6. Hola, un excelente comentario sobre esta película, la he visto hace poco y este artículo me ha abierto bastante los ojos. Como hago con cada pelicula de Lynch, la volveré a ver y descubriré cosas nuevas. Saludos

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  7. Espectacular aclaración de la película. La voy a volver a ver !

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  8. Vaya bodrio. La entiende el.

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  9. En mi opinion Lynch es un hombre raro qye crea obras fascinantes y a su vez extrañas como él, xro a mi parecer el final de esta peli no es un cambio constante de personalidad para evitar la culpa, creo que solo cambia una vez, a Pete Dayton, cuando vuelve a ser Fred nos dice que Pete solo es real en la mente de fred,él es lo que fred quiere ser, xro el final creo que es la muerte mental y fisica provocado por la silla electrica, ya que Fred nunca salio de la celda, y aunque pudiera estar en un estado consciente xro vegetativo,lo ejecutan igualmente

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  10. Si se decía que Ingmar Bergman solía plasmar sus sueños desde luego David Lynch plasma sus pesadillas más oscuras.

    Y es que Lynch comienza tal como termina un trayecto sin fin, el más puro delirio llevado al surrealismo más escalofriante, todo girando en torno a un crudo y grotesco asesinato.
    De nuevo la incógnita de un viaje realizado a través de realidades paralelas, la metempsicosis y el traspaso de un alma a otra como medio de evasión, la huida de la conciencia, el deseo de esquivar la extensa sombra de lo horrible, de la muerte, de lo inexplicable.
    En este éxodo de obtusa incomprensibilidad un excelso Bill Pullman, una seductora Patricia Arquette y un confuso y también soberbio Balthazar Getty nos llevan a través de pesadillas “neo-noir” imposibles, a realizar la búsqueda de una verdad aparentemente incoherente e impenetrable.
    Varios visionados no bastan porque cada espectador tendrá su propia interpretación.

    El terror, el “thriller”, el surrealismo más espeluznante y un marcado erotismo envuelven otra obra de culto de uno de los mejores directores que ha dado el cine en una de sus obras más compactas y sólidas de su carrera.

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