22 de agosto de 2017

La Seducción. Sofía Coppola continúa indagando en el aislamiento y la figura femenina
























Uno de los temas fundamentales, o más concretamente, el tema fundamental de la cada vez más interesante filmografía de Sofía Coppola, es el aislamiento, tanto físico como mental de los personajes protagonistas de su obra.

Desde el aislacionismo obligado que termina en suicidio de esas vírgenes de clase media americana que no consiguen despegar y que termina en trágico sucidio colectivo, pasando por el aislamiento de la realidad de una María Antonieta que entre fiestas y pasteles no es capaz de comprender y entender los cambios sociales que se avecinan, hasta la ceguera de un grupo de adolescentes deslumbrados por los destellos vacuos de las estrellas de reality en The Bling Ring, los protagonistas de las obras de Coppola, viven en un micro-universo que habitualmente se estrella o explosiona cuando un elemento discordante entra en él.



Por lo que La Seducción, el remake de la película de Don Siegel, es un paso lógico dentro de la filmografía de una directora que obra a obra, incluso con tropiezos, ha sido capaz de destacar bajo la sombra alargada de un padre como Francis Ford Coppola. Una obra que recupera el carácter intimista y preciosista de María Antonieta, con el espíritu etéreo y soñador de las Vírgenes Suicidas.

En La Seducción nos encontramos con otro grupo de mujeres de distintas edades, encerradas en una escuela del sur de Estados Unidos, durante la Guerra de Secesión estadounidense. Mujeres que van desde la desdicha de la edad adulta interpretada por Nicole Kidman, pasando por la amargura de una llegada a la edad adulta interrumpida, representada por una Kirsten Dunst que irónicamente es un espejo de la Kathleen Turner de Las Vírgenes Suicidas, al deseo sexual incontrolado de la juventud, representado por el personaje de Elle Fanning.



Porque la monótona vida de este grupo de mujeres y las niñas de la escuela, queda roto en el momento que un elemento disruptor entra en sus vidas. Un soldado del Norte, enemigo de su bando, al que encuentran malherido, interpretado por Colin Farrell.

A partir de ahí, las mujeres y niñas de la casa, atraídas por un hombre que se deja querer por todas ellas, desencadena que todos los conflictos latentes entre las mujeres de la casa, comienzan a explosionar. Y para el personaje de Farrell, la fantasía masculina por excelencia, se acaba tornando pesadilla.



Sofía Coppola dirige con elegancia y distanciamiento el devenir de los acontecimientos, adornando la obra de un ambiente espectral y ensoñador, convirtiendo lo que para otros directores sería un mero ejercicio de estilo, en un elemento igual de importante que la trama o sus personajes.

Quizás, por ponerle un pero a una obra que demuestra la madurez a la que ha llegado el cine de la directora, sería destacar el algo precipitado tercer acto de la obra, sobre todo tras el tiempo y el mimo que Sofía Coppola le otorga a los dos primeros actos de la película. Pero quizás, y sobre todo por ese fascinante plano final, los acontecimientos de la misma estuvieron claros desde el primer acto de la obra.

21 de agosto de 2017

X-Men Gold, Blue y Arma X. ¿Es posible recuperar a la Patrulla X con un reinicio tan tibio?



Tras un especial de reinicio tan modesto como inane, llegan a nuestras librerías los tres primeros títulos de esta nueva resurrección mutante: X-Men Oro, X-Men Azul y Arma X.

¿Y qué tiene este nuevo reinicio del universo mutante que no han tenido los incontables intentos anteriores de reverdecer los laureles de una franquicia que en los años 80 y 90 era la niña de los ojos de la editorial y ahora ha quedado sepultada por el resto de la línea editorial? Supuestamente un retorno al heroísmo frente a la supervivencia y un retorno a la luz frente a la oscuridad de los últimos años.



¿Desde cuándo la Patrulla X ha sido ligera?¿Desde cuando ha sido un título donde la superficialidad y los chistes fáciles han sido marca de la casa? ¿No es cierto que los momentos más celebrados de la saga, sobre todo en manos de Chris Claremont, han sido las situaciones más dramáticas?

El problema de la franquicia en las dos últimas décadas no ha sido la progresiva oscuridad que se ha apoderado de su universo y sus personajes, sino la falta de evolución y crecimiento de los personajes y las tramas en la gran mayoría de sus etapas.



No olvidemos, que desde que Claremont abandono la franquicia en 1991, -de sus dos intentos de retorno en el año 2000 y en 2004 aproximadamente correré un tupido velo- ha habido autores y reinicios que están a la altura de lo conseguido por Claremont. A las etapas de Grant Morrison, Joss Whedon o más recientemente Jason Aaron me remito.

Estos tres ejemplos dan buena prueba de que los mutantes, en manos de autores excelentes y con manga ancha por parte de la editorial, son capaces de seguir haciendo relevantes a unos personajes que siguen manteniendo una base de fans, entre los que me incluyo, por su carisma y su interesante y complejo pasado.



Y no olvidemos que tanto las etapas de Bendis, Fraction o Gillen tuvieron sus buenas ideas y potentes arranques, pero que fueron dinamitados por ese miedo a seguir haciendo avanzar a un universo que bien demostró Claremont, solo podía funcionar si seguía hacia delante. No es raro que Claremont abandonara el barco que el construyo con mimo, cuando tras 15 años los intereses editoriales estaban por encima del padre de la criatura.

Es por eso que el debate no es si la Patrulla X es oscura o luminosa, sino que si las historias de los últimos años han sido interesantes. Y ha habido intentos, pero siempre se han quedado a medio gas, o han sido directamente lamentables, como el reciente evento, Inhumanos Vs. X-Men.



Ahora, Marvel nos intenta vender un “retorno a la grandeza” con la nostalgia mal entendida de los equipos azules y oro de principios de los 90. Será un intento de retorno a la grandeza de las ventas basadas en la especulación de dicha época, porque si tenemos un poco de memoria, los tebeos de los equipos oro y azul, son de lo peor que ha tenido la franquicia en sus más de 50 años de historia.

Un retorno a la grandeza fue tener un equipo como Morrison y Quitely, Whedon y Cassaday, Aaron y Bachalo, e incluso a Bendis y Márquez y esos fascinantes primeros ejemplares de La Nueva Patrulla X. No intentar convencer a los lectores que equipos creativos formados por Marc Guggenheim y Ardyan Siaf o Greg Pak y Greg Land, son el no va más de la actualidad comiquera del mercado americano. Un punto por encima se encuentran Cullen Bunn y Jorge Molina, pero ni con esas pueden compararse con los cuatro equipos creativos de anteriores reinicios que he mencionado al principio de este mismo párrafo.



Centrándonos en las tres series publicadas por Panini este mes, comenzamos con X-Men Oro, la serie central de este “Resurrexion”, guionizada por Marc Guggenheim y dibujada en su primer arco argumental por Ardyan Siaf. Guggenheim es un escritor competente pero no brillante y el trabajo de Syaf, aunque meritorio, no va con lo que yo considero un dibujo que haga que vaya corrriendo mes a mes a por el ejemplar siguiente, siendo una evolución del estilo recargado y detallado de los adoradores de Jim Lee, que no va conmigo.

Leídos los dos primeros ejemplares de estos X-Men Oro, decir que el intento de provocar el optimismo y la ligereza es tan desesperado que en algunos momentos da verguenza ajena, sobre todo al ver a tus personajes favoritos como Logan, Tormenta, Kitty o Coloso, actuar tan fuera de personaje. Un apunte, el intento precipitado de traer de vuelta la relación entre Kitty y Peter hay que construirlo lentamente para que la cosa sea creíble. Lo mismo para los partidos de beisbol.



En cambio, X-Men Azul, formada por el equipo creativo de Cullen Bunn y Jorge Molina es una sorpresa agradable. Nadie está inventando la rueda con esta nueva reunión del equipo mutante original comandado esta vez por una carismática joven Jean Grey, pero al menos, quitando el forzado humor del primer ejemplar, se deja leer con agrado y la inclusión de un Magneto nuevamente intentando seguir la senda del bien, aunque guarde sus trapos sucios, me tiene lo suficientemente intrigado para querer saber más. Y me encanta el arte de Jorge Molina.

Terminamos este primer repaso con Arma X, escrita por Greg Pak y dibujada por Greg Land. La nueva X-Force de este Resurrexion, con un equipo de “badass” y “fan favourites” como Logan, Dientes de Sable, Domino, Dama Mortal y Sendero de Guerra, enfrentados a un nuevo y mejorado proyecto Arma X, que no espanta, pero tampoco emociona, teniendo en cuenta que las anteriores iteraciones de mutantes armados y peligrosos han sido mucho más memorables en sus arranques, como La Imposible Patrulla X de Bunn y Land, los X-Force de Remender y Opeña o los X-Force de Christopher Yost, por poner los primeros ejemplos que me vienen a la cabeza.



En resumen, un arranque tibio para lo que han intentado vender como un retorno a la grandeza. Habrá que ver si lo que le falta a esta etapa es calentamiento y a medida que pasen los meses la cosa se pone interesante. Pero lo que es su arranque, muy por debajo de la gran mayoría de intentonas de los últimos 20 años de franquicia mutante.













17 de agosto de 2017

Capitán América: Del Punto Muerto al Imperio Secreto




Entre secuelas de Guerras Civiles, nuevos y jóvenes Campeones, intentos de devolver a la franquicia Vengadora su sabor clásico y nuevos y diferentes Hombres de Hierro, el Capitán América de Nick Spencer estaba pasando sin pena ni gloria, tanto en las estanterías de las librerías especializadas como en la pila de lecturas de los aficionados.

Porque tras una irregular y poco inspirada etapa de Rick Remender, el statu quo del personaje había quedado de la siguiente manera. Steve Rogers había perdido el suero del Supersoldado y se había convertido en un anciano y cascarrabias veterano de guerra liderando Shield, tras entregar el escudo a su viejo aliado y amigo, Sam Wilson, anteriormente conocido como El Halcón.






Es en ese punto donde Nick Spencer -autor también de una muy recomendable etapa al frente del título Vengadores Secretos- tomaba las riendas de un título y un personaje que se convertiría en el reflejo y espejo de una América y un mundo occidental que se estaba volviendo muy oscuro, tanto en la realidad del aficionado como en su reflejo en las viñetas.

Sam Wilson, como nuevo Capitán América, devolvía al personaje su carácter reivindicativo y luchador, defendiendo a las minorías más necesitadas en una América donde la sombra del nacionalismo y la extrema derecha, comenzaba a vislumbrarse en un país sin ideales y valores que comenzaba a resquebrajarse, fiel reflejo de la misma sombra de un mal que comenzaba a cernirse por el Estados Unidos del mundo real.






Pero donde Spencer comenzó a demostrar que, su hasta el momento interesante, pero modesta etapa era solo el principio de algo más importante, fue con el evento titulado “Punto Muerto”. Un crossover modesto en envergadura, pero modélico en su desarrollo y resolución, donde Spencer nos mostraba hasta donde pueden llegar los gobiernos supuestamente democráticos en aras de la seguridad, con Pleasant Hill, esa modélica localidad donde los pájaros siempre cantan una bella canción y siempre hay música en el aire, que se descubría prisión para la mente, al transformarse en una versión de Guantánamo, gracias a que María Hill, como directora de Shield, se había apoderado de un cubo cósmico que había tomado la forma y la mentalidad de una niña de cinco años llamada Kobik, manipulando la mente y la percepción de la gran parte de los villanos del universo Marvel.






Por supuesto, esa prisión para la mente era descubierta, tanto por Sam Wilson como por el envejecido Steve Rogers y cerrada para siempre, teniendo María Hill que asumir las consecuencias de tamaña atrocidad. Pero esto no era más que el principio. Porque en el clímax de este evento y gracias al Cubo Cósmico con forma de niña, Steve Rogers volvía a recuperar su longevidad y el suero del Super Soldado, devolviendo, en apariencia, al personaje y a la colección a un “back to the basics” de manual, coincidiendo con el estreno en salas cinematográficas de la tercera entrega de Capitán América, titulada Civil War. Nada más lejos de la realidad.

Tanto Steve Rogers en la ficción, como Marvel Cómics en el mundo real, decidieron que el mundo necesitaba dos Capitanes América. Y así, Steve, incluso con las diferencias ideológicas con Sam, le cedió el escudo de Capitán América y Marvel mantuvo no una, sino dos series con el título de Capitán América en las librerías, una protagonizada por Steve Rogers, otra por Sam Wilson y ambas escritas por Nick Spencer.





Lo que en un principio parecía solamente una manera de exprimir los bolsillos de los lectores, se convirtió en una jugada maestra, tanto por parte de la editorial, como por parte del autor, pero sobre todo para Steve Rogers, que tan solo con dos palabras, incendio el universo Marvel y las redes sociales, que demostraron de nuevo, la cantidad de fanatismo y cerrazón de algunos supuestos aficionados, que llegaron incluso a amenazar de muerte al autor. Las dos palabras que decía Steve Rogers eran ni más ni menos que “Hail Hydra” en una viñeta a toda página que cerraba el primer ejemplar del nuevo volumen del Capitán América y que desde ya, queda como uno de los momentos emblemáticos e icónicos de toda la historia de Marvel.

Pero lo que podía haber sido meramente un nuevo fuego de artificio, una salida de tono para provocar la polémica y vender miles de ejemplares, se ha ido demostrando a lo largo de un año que no es así, sino una historia perfectamente planificada, escrita con maestría y que se devora como el mejor de los thrillers con un crescendo de intensidad y ansia por saber más, que ya quisieran la gran mayoría de relatos de ficción contemporáneos. 






Porque el Capitán América de Spencer no solo es un thriller de acción y espionaje endiablado, sino que también es una reconfiguración maestra del mito del Super Soldado, de Hydra, de la América de Trump como pesadilla cumplida y que nos hace ver y entender a Steve Rogers desde un nuevo punto de vista terrorífico. Cara al exterior, Steve sigue siendo ese guardian de los valores tradicionales y morales, mientras en su interior, bulle un ser que se cree superior y que desprecia y engaña a los que siempre creímos sus aliados, a medida que va acabando lentamente con las piezas del tablero de ajedrez de sus rivales, consiguiendo Spencer salvarle la papeleta al mismísimo Brian Michael Bendis y su poco inspirada Civil War 2, que más que un evento se convierte en un preludio necesario para que el Capitán América tome el poder y hunda en las tinieblas al universo Marvel en el evento que aparece esta misma semana y que personalmente, más espero, en muchos, pero que muchos años.

Por supuesto que esta realidad trastocada por Kobik -el Cubo Cósmico con forma de niña de cinco años- me imagino que caerá al final del evento y se nos devolverá a nuestro Steve Rogers de toda la vida. Pero eso no quitará que a lo largo de más de dos años, Nick Spencer nos haya entregado un tebeo de superhéroes magistral e imprescindible, que como todos los buenos relatos de ficción nos hacen replantearnos la realidad en la que vivimos, desde el espejo magnificador de un relato que se asemeja en intenciones y resultados a “El Hombre del Castillo” del gran Philip K. Dick. ¿Quién decía que Marvel ya no sabía hacer buenos tebeos?

4 de agosto de 2017

Spiderman: Homecoming. Correcto entretenimiento menor






















Tras muchos intentos y más de una década después, Marvel Studios consiguió traer de vuelta a su universo cinematográfico a su personaje más carismático, tras dos versiones y cinco películas donde Sony Pictures fue protagonista del auge y caída de una franquicia.

Y es que tras el batacazo crítico y la exigua taquilla que The Amazing Spiderman 2 consiguió tras su paso por los cines en el año 2014, Marvel Studios consiguió convencer a Sony para introducir a Spiderman en su universo cinemático en Capitán América: Civil War hace ya más de un año. El resultado, un nuevo Spiderman protagonizado por Tom Holland que maravilló a propios y extraños en su breve pero icónico aparición en la que puede ser la escena más famosa de la cinta dirigida por los hermanos Russo.



Pero ese era solo el primer paso de Marvel Studios, porque lo que de verdad querían era una película protagonizada por la creación de Lee y Ditko dentro de su exitoso universo cinematográfico. Misión conseguida. El resultado, un entretenimiento ligero, un blockbuster veraniego tan refrescante como olvidable.

El motivo, que aunque este Homecoming es una cinta disfrutable y entretenida -aunque le sobren unos 15-20 minutos- no consigue alcanzar los niveles de iconicidad de la trilogía Raimi en sus mejores momentos, e incluso no llega a alcanzar en escenas concretas, momentos tan conseguidos como el inicio de la fallida The Amazing Spiderman 2.



Marvel Studios ha ido a lo seguro, al patrón base de película Marvel sin autoría, para entregar un capítulo más de la saga-río que son las películas de Marvel Studios, que funciona bien mientras la ves, pero que no deja poso, porque parece que Disney/Marvel no tienen ningún interés en que sus películas sean recordadas una vez vistas.

Porque aunque Raimi fracasara estrepitosamente en la tercera entrega de su versión del personaje, no podemos negarle que su película inicial, aunque haya quedado algo anticuada, tenía momentos que se quedaban grabados en la retina del espectador, aún con ese horrible CGI primigenio del gran John Dykstra, como la primera vez que veíamos a Spiderman surcar los cielos de Nueva York, el primer beso entre Peter y Mary Jane o la excelente interpretación de Willem Dafoe como Norman Osborn.



Que decir de Spiderman 2, la hasta el momento mejor película del personaje, donde Raimi se imbuía de todo lo que hizo grande la etapa de Lee y Romita, e incluso en la horrible Spiderman 3 hay momentos para el recuerdo, como ese Hombre de Arena y su primer enfrentamiento entre este y Spiderman en el furgón blindado por las calles de Nueva York.

Hasta la equivocada en forma y fondo frustrada versión de Marc Webb tenía sus momentos, como la relación entre Gwen y Peter, la muerte de esta o el enfrentamiento entre Peter y El Lagarto en el instituto Midtown. Por supuesto, todo quedaba lastrado con esa obsesión de enrevesar a un personaje y un universo donde en la sencillez estaba su maestría y que tan bien supo representar Raimi en sus dos primeras entregas, sobre todo el dolor y la responsabilidad de de Peter para sobrevivir a la adolescencia y sus problemas económicos y sobre todo la culpa por la muerte de Tío Ben.



Y eso lo escamotean en esta nueva versión de Marvel Studios. Eso no quiere decir que veamos de nuevo la muerte de Tío Ben. Pero si es necesario que entendamos porqué Peter hace lo que hace con sus poderes. Y en cualquier versión es el sentimiento de culpa y responsabilidad por la muerte de Tío Ben. No porque quiere ser un Vengador.

Parece que a Marvel Studios le da miedo entrar en el drama y todo tiene que ser ligero y facilón. Y no se dan cuenta que la única manera de que los espectadores veamos algo más que unos muñecos que se pegan en la pantalla es que nos emocionemos con ellos. Y no, no es necesario, aunque tampoco es algo malo, el tono de las cintas de Snyder o de Nolan. 



Al final, Marvel entrega una película con un Spiderman magníficamente interpretado por Tom Holland, pero que evita la carga sentimental y dramática asociada al personaje en su ADN, por lo que tenemos un Spiderman incompleto. Un Spiderman que funciona, que entretiene, pero que no conmueve.

Por supuesto, Marvel moderniza al personaje para una nueva generación, cogiendo elementos del Ultimate Spiderman de Bendis, sobre todo de su nueva y magnífica reinterpretación afroamericana protagonizada por Miles Morales, sobre todo en ese sidekick sosias del Ganke del tebeo de Bendis. Y es en ese entorno realista y cotidiano donde la película tiene su mejor baza.



En cambio, la amenaza protagonizada por el gran Michael Keaton arranca con fuerza con un potente prólogo, pero se diluye a lo largo del filme, hasta que vuelve para redimirse en parte en el tercer acto del largometraje, donde Keaton puede desarrollar en parte, gracias a su talento, un algo desdibujado personaje para terminar la cinta con una pirotécnica batalla final que no consigue elevarse del nivel medio de cualquier blockbuster hollywodiense, palideciendo con la esa sí, magnífica escena del ascensor en el segundo acto del largo.

Resumiendo, Spiderman Homecoming nos entrega un carismático arácnido, donde el humor del personaje hace acto de presencia, pero su carga dramática y emocional queda ausente, renovando el personaje con un reparto de jóvenes rostros, pero que no consiguen hacer olvidar el icónico elenco de secundarios de la historia de Peter Parker, convirtiendo el largo más que en una película de Spiderman, en un spin-off de Los Vengadores, a la espera de la megasuperproducción, Vengadores La Guerra del Infinito.

15 de julio de 2017

Nameless de Grant Morrison y Chris Burnham: Impresionante obra de puro horror cósmico






















Si existe un autor contemporáneo en el mundo del cómic, capaz de aunar el horror innombrable de un Lovecraft con la paranoia psicótico de Philip K. Dick, ese es Grant Morrison, como pueden atestiguar trabajos como Los Invisibles o su menos conocida El Asco.



Pero Morrison es un autor irregular, con una imaginación y unos conceptos desbordantes que en trabajos de corta duración como Seaguy, Vinanarama, Joe el Bárbaro o su más reciente Happy, no alcanza la magnificencia de sus trabajos mayores como los mencionados en el primer párrafo, u obras como Animal Man o su Doom Patrol.



Por eso acogí este Nameless -una miniserie de seis ejemplares bajo el sello Image- con recelo y con miedo, porque aún teniendo una premisa intrigante y un arte tan repulsivo como atrayente, de la mano de un Chris Burnham que entrega su mejor trabajo, temía que el tebeo se quedara en una obra menor del autor escocés.



Craso error el mío, porque este Nameless aúna todas las filias y fobias del autor en 120 páginas aproximadamente, reventando el cerebro del lector en el proceso y convirtiendo este Nameless desde ya, en una de las obras cumbres de un guionista que tres décadas después de que arrancara su andadura, sigue demostrando que su trabajo sigue siendo igual de fresco, innovador e irreverente como en sus inicios.



¿Y qué es Nameless? Es terror, es ciencia ficción, es un estudio de nuestras creencias religiosas y de lo que significa ser humano y lo real, un terreno que trabaja Morrison con la misma pericia que David Lynch, obligando al lector a detenerse en cada página, en cada viñeta, en cada diálogo y volver atrás en la lectura para descubrir y disfrutar de cada uno de los apuntes y matices que la obra atesora.



Nameless incomoda, aterroriza y fascina a partes iguales. Y cuando lo terminas de leer te deja ese poso maravilloso que solo consiguen las obras maestras y te invita a volver una y otra vez a sus páginas para seguir indagando y descubriendo un tebeo que parecía un trabajo de paso, una obra menor y que acaba convirtiéndose en uno de los mejores tebeos de los últimos años y obra fundamental de un guionista que esperemos le siga quedando cuerda para rato, si sigue entregando trabajos tan fascinantes y apasionantes como este Nameless.

13 de julio de 2017

Intentando devolver el brillo a la Patrulla X: Les deseo mucha suerte






































Cuando comenzó el crossover entre mutantes e inhumanos, decidí, como con casi todos los eventos que desarrolla Marvel, hacer un seguimiento mensual, tanto de los ejemplares de la serie central, como de los tie-ins que fueran apareciendo en paralelo. Lo conseguí hacer dos meses, el tiempo suficiente, para darme cuenta que era una pérdida de tiempo.

Y era una pérdida de tiempo, porque este evento, que comenzó medianamente interesante -también porque no esperaba nada de él- no ha sido más que un apaño malo para quitarse y quitarnos de en medio a esa nueva iteración de Los Inhumanos que se había sacado de la manga Marvel en la última década y que no le interesaba a nadie.



Pero más importante aún, el devolver a la primera línea de batalla a un universo, el mutante, que había sido piedra fundamental de la editorial y su historia, pero que había sido relegado por una editorial más pendiente de su universo cinematográfico que de sus personajes en papel.

Ahora, Marvel intenta enmendar la plana, con una vuelta a las raíces, sin darse cuenta que las tres series centrales que estaban publicando en la actualidad -Extraordinaria, Imposibles y Nueva Patrulla X- eran unas series más que correctas, cuyos autores implicados estaban desarrollando conceptos interesantes y que tenían un largo camino si les dejaban hacer.



Pero como parece que ya no se estila lo de que un equipo creativo esté más de un año y medio en una colección -con las consecuencias que eso conlleva- Marvel se sacó de la manga un evento que convierte en obra fundamental y maestra a Civil War II -en esta por lo menos pudimos disfrutar del fantástico arte de David Márquez- para, en el proceso, cargarse la evolución de un personaje tan importante e interesante como Emma Frost, convirtiéndola de nuevo en una villana sin remordimientos y completamente desquiciada, tirando por la borda todo el trabajo que se lleva haciendo con ella hace más de 20 años, por autores como Scott Lobdell en Generación X, Grant Morrison en Nuevos X-Men o Joss Whedon en Astonishing X-Men, por mencionar unos pocos.

Y si lo de Frost no es de juzgado de guardia y deja en muy mal lugar a uno de los personajes femeninos más redondos de la franquicia, lo del cambio de opinión de Medusa, la reina de los Inhumanos, ya entra en los anales del humor absurdo, cuando toma una decisión radical, basada en un planteamiento que parece de última hora, pero que ya sabía desde el arranque de la historia ¿¿¿???



En definitiva, que IVX es una de las peores historias que se han escrito con la Patrulla X, a la altura de la infausta etapa de Chuck Austen, o ese regreso del gran Claremont en el año 2000 y que no entendió ni el patriarca mutante. Pero corramos un tupido velo y miremos al futuro, a ese Resurrxion que pretende devolver el encanto original Claremontiano a los personajes.

Por el momento, podemos ver hacia donde van los tiros con el número especial con el que nos plantean el tono y estilo de los títulos principales de la nueva línea editorial, comandados por Marc Guggenheim, Cullen Bunn y Greg Pak. Tres autores correctos, pero ninguno destacable como han sido en años anteriores Jeff Lemire, Brian Michael Bendis, Matt Fraction o Grant Morrison. Corrección sin brillantez.



Y lo que este especial nos pretende convencer es que esta es la Patrulla X que siempre has amado y querido, que se había enfangado en un pozo de pesimismo y oscuridad, dejando de lado su heroísmo, en pos de la amargura. De nuevo tenemos a una Kitty Pryde que nunca debió marcharse, de nuevo tenemos un equipo oro y un equipo azul, al estilo de las alineaciones de principios de los 90 -algo que no debe ser tomado como bueno, porque esos tebeos fueron de lo peor de la historia de la franquicia- y algo que si me alegra, la vuelta del Rondador Nocturno alegre y jovial, destruido en las dos últimas décadas por gente como Chuck Austen o Bryan Singer.

Poco más se puede decir con un especial que es más un afiche publicitario que un tebeo como dios manda. Habrá que esperar a ver que ocurre en las series regulares, de las cuales, las que mejor pinta tienen son las dedicadas a Jean Grey, escrita por Dennis Hopeless y dibujada por Victor Ibañez y Cable, del gran James Robinson y el también grande Carlos Pacheco. Seguiremos informando.

7 de julio de 2017

DKIII The Master Race: Miller y Azzarello transportan al universo DC de la Edad Oscura a la Edad Heroica










Después de nueve ejemplares y un año y medio después de irregular publicación, ponemos punto y final a la tercera entrega del mítico Dark Knight con el que Frank Miller revolucionó tanto a la industria del cómic americano, como sobre todo a un personaje, Batman, que nunca volvió a ser el mismo y cuya influencia se dejó sentir no solo en las posteriores aventuras del personaje en su versión en papel, como en todas y cada una de las adaptaciones del personaje, ya fueran en la gran o pequeña pantalla, o en el mundo de los videojuegos.



Que la secuela de esta obra fundamental aparecida en 2001, confirmara la decadencia de un autor que, aunque intentó entregar al lector una obra completamente diferente y arriesgada, pero a la postre fallida como fue The Dark Knight Strikes Again y su retorno a los inicios del personaje y su relación con Robin en la aún incompleta All Star Batman, aparecida en 2005 rematara la idea de que a Miller se le había ido la olla definitivamente, no influyó en el hecho de que el anuncio de una tercera entrega de su famosa obra, se convirtió en noticia de primer orden.



Sabidos los problemas de salud que arrastra uno de los autores fundamentales de la historia del medio, no sorprendió que fuera acompañado en la escritura de la obra de Brian Azzarello, autor con el que comparte intereses comunes y el dibujo le fuera encomendado a un Andy Kubert, que visto el trabajo entregado en los nueve volúmenes, se ha visto imbuido y poseído por el estilo dinámico y muchas veces dejado del propio Miller, reforzado por el entintado de uno de los colaboradores básicos del propio Miller, Klaus Janson.



El conjunto de la obra remite tanto al Dark Knight original, como a su desenfrenada y desmadrada secuela. De la original, esa sensación de supuesto control sobre aquello que nos están contando y de la secuela, la ampliación del universo del Murciélago al resto del universo DC y la experimentación que encontramos en esos mini-comics que encontramos dentro de cada ejemplar y que amplian y complementan la trama principal.



El resultado, un tebeo que se deja leer, pero que en muchos aspectos es cobarde y conservador. Al Miller cáustico, polémico y satírico lo encontramos sobre todo en los dos primeros volúmenes de la historia. Por supuesto, ataca sin piedad, pero mucho menos certero, a personajes de la vida pública tan importantes como Barack Obama y Donal Trump, además de ahondar de nuevo en la violencia policial que asola Estados Unidos o la idiotez congénita que se ha instaurado en nuestra sociedad occidental con el fenómeno de las redes sociales.



Pero todos esos apuntes que sitúan al tebeo por encima de la media de lo publicado mensualmente en las estanterías del género, queda dilapidado por una trama relacionada con los famosos Kryptonianos de Kandor, convertidos en peligrosos radicales totalitaristas y que nos traen de vuelta en algunos momentos -esa trinidad de esposas del líder Kandoriano con Burka- la peligrosa islamofobia reaccionaria de la que hizo gala el autor en su infame Holy Terror.



Y aunque la némesis Kandoriana empaña el conjunto total de la obra, Miller sigue demostrando que el que tuvo, retuvo y el tebeo en múltiples pasajes, vuelve a demostrar que autores como Miller sabe sacar brillo a una mitología sobada y devolverles a los personajes su aura mítica e icónica. Así, nos entrega una visión completamente radical de Hal Jordan, más un héroe a lo Edward Rice Burroughs que un personaje de la Silver Age, o la poderosa presencia de una Wonder Woman más amazona que nunca, aunque el autor a veces lleva a las habitantes de Themyscira al extremo exagerado de los Espartanos de su 300.



En su epílogo final, Miller parece darse cuenta o reconocer que la influencia de sus trabajos oscureciendo hasta el extremo a unos héroes que eran pristinos antes de su llegada, tiene que llegar a su fin, porque han acabado convirtiéndose en parodias de si mismos. Por eso, el autor pone la guinda a su obra con un apunte de luz y optimismo, que deja las puertas abiertas a una cuarta entrega que devolvería a los personajes al punto donde se quedaron tras la irrupción de Miller, confirmando el autor, que el camino de la oscuridad ha llegado a su fin y que el género debe abandonarlo, si no quiere quedarse en un eterno día de la marmota.

5 de julio de 2017

Hellblazer de Peter Milligan 2 (de 3): Cambiando el "statu quo" de nuestro ocultista favorito























Revolucionar a un personaje con dos décadas y 250 números a sus espaldas es tarea casi imposible y más si tu trabajo viene precedido por autores del calibre de Alan Moore, Jamie Delano, Garth Ennis o Brian Azzarello, por mencionar a alguno de los autores que han, con mayor o menor fortuna, narrado las aventuras del mago más cínico y cautivador del mundo de la historieta.



Y a Peter Milligan le tocó cerrar la historia del personaje en la línea Vertigo. Pero el guionista, capaz de lo más sublime a lo más convencional, no se arredró y se enfrentó al personaje casi como si fuera uno de sus primeros trabajos y tuviera todo que demostrar, no como si fuera un encargo para pagar las facturas y llegar a fin de mes.



En su primer tercio al frente del personaje, recopilado en el primer volumen de esta fantástica edición que nos está proporcionando ECC, Milligan sorprendía con un tebeo fresco y adictivo, donde sus acerados guiones se fusioban perfectamente con el arte de un Giusseppe Camuncoli, que se encontraba mucho más cómodo en los parajes sucios y grisaceos de Londres que en el multicolor universo del Hombre Araña.



Pero en este segundo volumen, que incluye casi dos años completos de la serie regular, Milligan acelera y nos entrega, tras una correcta pero nada reseñable historia en cuatro partes, llamada India, el cierre de la historia de Constantine y su novia fallecida Phoebe, para introducirnos en una espiral de emociones, sorpresas y giros argumentales en tres arcos argumentales que se sitúan entre lo mejor del personaje en sus tres décadas de publicación, como son Internado, Claveles Ensangrentados y Dolores Fantasma.



En ellas, Milligan desarrolla la historia entre Constantine y la joven Epiphany Graves, donde el drama, la violencia, el sexo, el humor irónico y el compromiso hacen acto de presencia en la historia del personaje con una calidad pocas veces alcanzada. Si a eso le sumamos la aparición de varios personajes del pasado de Constantine fundamentales y un invitado estrella como Shade, el personaje más importante de la historia de Milligan como guionista, tenemos un volumen imprescindible, tanto para los seguidores del personaje, como para aquellos lectores que disfruten con un buen tebeo. Imprescindible.

2 de julio de 2017

Thanos: El Regreso de Jeff Lemire y Mike Deodato. Un tebeo Marvel a la antigua usanza





















De un tiempo a esta parte, Thanos ha recuperado su status de villano máximo del universo Marvel, que la creación de Jim Starlin no tenía desde principios de los años 90 con la ya clásica El Guantelete del Infinito. No es casual que su resurgimiento venga dado por sus apariciones estelares en el universo Marvel cinemático y su futuro rol de villano absoluto en la próxima Vengadores: La Guerra del Infinito.



Pero razones cinematográficas y económicas aparte, el amante de La Muerte ha estado presente en los últimos años en varios títulos de la Casa de las Ideas como han sido Los Guardianes de la Galaxia de Bendis, Los Vengadores de Hickman y su spin-off/evento Infinito o la nueva iteración de Los Ultimates de Al Ewing. Sin olvidar la miniserie de Jason Aaron y Simone Bianchi, titulada Thanos Rising, que aún tengo pendiente de comprar y leer.



Y como el Doctor Muerte reconvertido en Iron Man en la etapa actual del Vengador Dorado a manos de Bendis, Marvel ha decidido darle una serie regular al villano más icónico de la Marvel actual, con un equipo creativo de lujo formado por Jeff Lemire y Mike Deodato.



Y el resultado tras leer el primer arco argumental de seis episodios titulado El Regreso y que ha sido recopilado con mimo y gusto por Panini en su colección 100% Marvel HC, es más que destacable. Lo primero, porque Lemire introduce al lector en los rincones más recónditos y más olvidados en los últimos tiempos del universo Marvel galáctico, con el mismo detalle que en su obra maestra Descender, para el sello Image y lo segundo, pero no menos importante, porque vuelve a devolver esa magia perdida de los tebeos de la editorial de finales de los 70 y principios de los 80.



Lemire lo consigue devolviendo dos elementos olvidados o en desuso en los tebeos de superhéroes contemporáneos: El uso del narrador omnisciente, representado en los abandonados bloques de texto de apoyo y los bocadillos de pensamiento de los personajes, aquí representados como diálogos del personaje para si mismo.



Además, Lemire le da un ambiente de space-opera sucio y palpable, realzado por el arte de un Mike Deodato más potente que nunca, llenando las páginas y las viñetas de detalles y ritmo que le da un empaque a la obra que la relaciona y pone en paralelo con las obras maestras de la bande desinee de ciencia ficción.



Lemire trae de vuelta a personajes infrautilizados o directamente olvidados como StarFox o el hijo de Thanos, Thane, manipulado por un viejo conocido del protagonista principal de nuestra obra, para narrar el eterno conflicto entre padres e hijos, pero rodeado de furia, violencia y escenas espectaculares.



El único pero de esta serie abierta es el abandono de la editorial por parte de Jeff Lemire y la salida de Deodato del segundo arco argumental de próxima publicación. Una pena, porque las semillas plantadas en este primer volumen podrían haber dado como resultado uno de los mejores tebeos de superhéroes puro y duro de la historia reciente de la editorial. Pero Lemire ha recalcado que al igual que sus trabajos en Caballero Luna y El Viejo Logan, le dará el cierre que se merece y previsto a esta serie regular protagonizada por uno de los villanos más poderosos y carismáticos de la historia Marvel. Esperemos que así sea.
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