10 de abril de 2014

Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja: Con tebeos así, uno recupera la fé en los cómics de superhéroes


Que difícil es hablar de un tebeo del que todo el mundo ha hablado maravillas. Y mucho más difícil es el leerlo, ya que la mayoría de las veces es complicado estar por encima de las expectativas y quedarte satisfecho ante el enésimo tebeo que es catalogado como la nueva octava maravilla del noveno arte. Pero lo mejor del caso es cuando dicho tebeo está por encima de las expectativas creadas y anticipadas.



Digámoslo sin más dilación. El nuevo y mejorado Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja (no puede considerarse el trabajo de uno sin el otro) es una de las mejores cosas que le han pasado a los tebeos Marvel en los últimos tiempos. Un tebeo original, fresco, divertido, artísticamente innovador y lo más importante de todo, entretenido como pocos. Un tebeo que lees con detenimiento y de manera pausada para deleitarte tanto de los inteligentes y acerados guiones y diálogos de Fraction, como con el apabullante despliegue visual del que hace gala David Aja, heredero del trazo limpio y elegante de David Mazuchelli, mezclado con el arrojo y el atrevimiento estructural de Chris Ware.



Y no nos olvidemos del protagonista del tebeo, Ojo de Halcón, uno de los mejores personajes de Marvel y más querido por los aficionados de toda la vida. Para el gran público serán más famosos y mediáticos Iron Man, el Capitán América o Thor, pero para los verdaderos fans de Los Vengadores, Ojo de Halcón es el Vengador por antonomasia, sobre todo si te enganchaste a los tebeos en los años 80.



Por eso este revival del personaje lo hemos recibido con los brazos abiertos. Porque Ojo de Halcón había sido desperdiciado en los años 90 y entrado el nuevo siglo y tras la versión hard boiled ideada por Mark Millar en sus famosos Ultimates había quedado irreconocible. Tan irreconocible que la version Bendisiana de Los Vengadores del universo tradicional o la aparecida en la genial Los Vengadores de Joss Whedon habían dejado irreconocible al personaje.



¿Dónde estaba nuestro arquero favorito?. ¿Dónde estaba se personaje encantador, falible pero tremendamente humano que había enamorado a los lectores de los 80 y que se había convertido en un personaje unidimensional con nula personalidad? Estaba esperando a dos autores del calibre de Fraction y Aja para devolverle mejorado.



Porque seamos sinceros. Los verdaderos fans del universo Marvel no los llevamos siguiendo década tras década porque estamos enganchados a los grandes eventos multicrossover, las batallas épicas repletas de explosiones y grandes onomatopeyas y héroes de piedra con mandibulas apretadas y músculos en tensión. No, seguimos leyendo a estos personajes porque nos preocupa que Peter Parker llegue a fin de mes, lloramos con Matt Murdock cuando pierde a Elektra,  el gran amor de su vida o debatimos quien sería mejor pareja para Jean Grey, si Logan o Scott Summers.



Nos importan los momentos íntimos, cotidianos, las relaciones entre seres humanos aunque estén en cuatricomía. Para mi siempre lo mejor de un tebeo Marvel ha sido cuando Peter quedaba con sus amigos en el Village neoyorkino, cuando Harry Osborn caía en los brazos de las drogas psicodélicas de los 60, o si hablamos de momentos tebeísticos más recientes, cuando Scott Summers y Emma Frost comenzaban su relación tras la muerte nuevamente de Jean Grey.



Y eso es lo que nos entrega Fraction en esta nueva colección. Personas de carne y hueso, con conversaciones de verdad. Y no solo me refiero a su protagonista, sino también a su nueva compañera, esa nueva Ojo de Halcón salida de las páginas de los Jóvenes Vengadores de Allan Heinberg y que se convierte desde ya en mi secundario favorito del cómic de superhéroes americano actual. Y no solo de la pareja protagonista del serial vive Fraction, sino también de un reportaje de personajes secundarios (los vecinos del bloque de Clint) reales como la vida misma, con problemas reales (glorioso el episodio dedicado al último huracán que vivió la costa este americana). Tan bueno es su reparto, que el mejor personaje de la colección es el perro recogido en acogida por Clint que protagoniza incluso un número de la colección, quizás el mejor, más original y arriesgado.



Y algo más importante y que cada vez han perdido más los tebeos actuales. La sensación de que cada número importa y no son una excusa estirada hasta el infinito para poder recopilar sagas en bonitos hardcovers. Eso no quita para que haya una trama que continúa número a número, pero el valor del comic book como unidad independiente se había perdido.



Ya he hablado antes del trabajo apoteósico que realiza David Aja en esta colección. Mis palabras se quedan cortas y torpes para poder expresar lo que este autor de talento superlativo realiza en cada página. Lo que si puedo decir es que los autores que colaboran en la colección no se quedan atrás. Javier Pulido, Steve Lieber o Francesco Francavilla dan lo mejor de si mismos, sobre todo porque quieren mantener el listón que ha puesto Aja.



Y si, el tebeo ha sido reconocido con miles de premios. Y bien merecidos. No es un tebeo sobrevalorado, no es un tebeo para lectores indies que reniegan de los tebeos de superhéroes. Es un tebeo, simple y llanamente, para todos los que adoramos este fantástico medio y que demuestra que no todo está inventado y que no hace falta ir de pedante y pseudointelectual para entregar un tebeo que desde ya ha pasado a los anales de la historia del cómic.

29 de marzo de 2014

Capitán América: El Soldado de Invierno. El thriller superheróico de Marvel Studios (ligeros spoilers)

























La llegada a la pantalla grande de Los Vengadores de Joss Whedon se convirtió en un antes y un después para el universo Marvel cinematográfico y el género superheróico en general. Un punto y aparte que dejaba anteriores trabajos como mera introducción de lo que podía significar una película de superhéroes y trasladar un universo tan rico en personajes y en conceptos a la pantalla grande. Pero el comienzo de la fase 2, con la llegada de la tercera parte de Iron Man y la segunda del Dios del Trueno, quizás dejaron algo fríos a los aficionados, ya que ninguna de ellas aprovechaba el nuevo status quo que había entregado Whedon en la película de superhéroes definitiva.

Esto lo subsana perfectamente la secuela del Capitán América, quizás el personaje y la película que menos había llamado la atención de la taquilla y los fans en la primera entrega. Una primera entrega estimable en su aproximación a lo que era un serial de los años 40 y que tan bien realizó su director Joe Johnston, el cual ya nos había entregado veinte años antes una encomiable adaptación del tebeo del fallecido Dave Stevens, Rocketeer, y que también pasó sin pena ni gloria por la cartelera.



Pero el Capitán América está en una nueva era que no conoce y a la que todavía no está acostumbrado, algo perfectamente reflejado en esta secuela, y la película lo demuestra desde el minuto uno. Lo primero, decir que es la película mejor guionizada de todo Marvel Studios hasta la fecha. Un thriller conspiranoico talla XXL, anabolizado y repleto de ritmo, que no deja un minuto de respiro al espectador.

Todos sabemos ya que el origen de la historia está basado en el comienzo de la fundamental etapa de Ed Brubaker al frente del Capitán América y que nos trajo de vuelta al compañero de Steve Rogers, Bucky Barnes, convertido en un asesino frío y despiadado, extirpado de cualquier rasgo de humanidad. Lo que nadie había dicho, de lo cual me alegro, es que el otro tebeo en las cabezas de los artífices del guión del filme era la menos conocida miniserie aparecida en el año 1988, llamada Nick Furia contra Shield de Bob Harras y Paul Neary.



Porque Capitán América el Soldado de Invierno es una historia acerca de Shield. Una Shield de la que hay un antes y un después tras este largometraje y que además sirve como crítica del mundo en el que vivimos, algo poco habitual en una película mainstream para supuestamente todos los públicos.

Pero eso no le quita un ápice de protagonismo a nuestro querido Centinela de la Libertad, interpretado cada vez con más convicción por un perfecto Chris Evans que representa perfectamente ese hombre fuera de tiempo que es Steve Rogers, plasmado con brillantez en la escena con su viejo amor y sus recuerdos de juventud con Bucky Barnes.


Y que decir de la perfecta simbiosis que se crea entre Steve y La Viuda Negra, un team-up antológico que entrega los momentos más divertidos y mejor escritos del filme. Porque el personaje de Natasha Romanova, completamente perdido en la lamentable secuela de Iron Man y redimida por Joss Whedon en Los Vengadores, explota todo su potencial en esta nueva entrega del universo cinematográfico Marveliano. Decir que Scarlet está perfecta se queda corto.

Lo mismo para la nueva incorporación de héroes marvelianos de esta secuela, El Halcón, interpretado por Antony Johnson y que no desentona en absoluto, modernizando el setentero personaje de los cómics. Y de Nick Furia poco que decir, Samuel L. Jackson nació para interpretar a este personaje, igual que Robert Redford borda su interpretación de Alexander Pierce, pieza central de la entrega y hasta aquí puedo leer...



Una pena que Sharon Carter y Maria Hill se queden algo desvaídas rodeadas de tantos personajes. Necesito y exijo que en la próxima entrega tengan más tiempo de pantalla. Pero por lo menos esta última tiene algo más de presencia que en Los Vengadores, donde la pobre estaba completamente difuminada y que seguramente, solo los seguidores de Como Conocí a Vuestra Madre la recordaremos.

Dos horas de auténtico disfrute, una película de acción e intriga que te atrapa desde sus primeros minutos y que no te suelta hasta su final, en unas ajustadas y bien aprovechadas dos horas de proyección, a la que la única pega que podría ponerle es a la dirección de los hermanos Russo. Y no me malinterpretéis, los hermanos dirigen con un ritmo acertado, equilibran perfectamente los momentos trepidantes con los momentos más íntimos y relajados, pero en algunos momentos, las set-pieces de acción caen en un defecto muy común del cine actual, la concatenación de planos a la velocidad de la luz que hacen perder en algunos momentos la efectividad de unas escenas de acción por otra parte perfectamente planificadas.


Pero quitando ese pequeño defecto que no hizo que en ningún momento afectara mi disfrute del largo, decir que este es el mejor trabajo de Marvel hasta la fecha, no superior a Los Vengadores en impacto, espectacularidad  sense of wonder y scope, pero si en una trama y un guión más sólido e inteligente. Otro paso adelante más para una Marvel cinematográfica cuyo éxito no la ha hecho dormirse en los laureles, sino todo lo contrario, mejorando cada vez más la fórmula y entregando a los aficionados y espectadores puro entretenimiento de calidad. ¡Larga vida al universo cinematográfico de Marvel Studios!

28 de marzo de 2014

Furia: Mis Guerras Perdidas de Garth Ennis y Goran Parlov. Ennis cuando quiere, puede




















Que Garth Ennis es un autor irregular creo que no puede sorprender a nadie a estas alturas. Desde sus comienzos en la industria con clásicos indiscutibles como su etapa en Hellblazer o su gran historia, Predicador, el escritor irlandés se había dormido en trabajos de dudosa calidad y en los que se le veía que únicamente ponía su piloto automático y entregaba sus medidas dosis de violencia extrema, sexo chusco con el único objetivo de hacer creer a la industria y a los fans que era el autor más políticamente incorrecto del panorama comiquero.

Un buen ejemplo de ellos fue su primer acercamiento al universo Marvel, su Punisher para la línea Marvel Knights. Un tebeo que le volvía a emparejar con su pareja artística predilecta, Steve Dillon y que demostraba que ambos se habían convertido en parodias de si mismos.



Pero tras terminar dicha etapa, Ennis se volvió a embarcar en contar la vida y milagros de Frank Castle dentro de la línea Max marveliana, el Vertigo de la casa de las ideas. Y aquí si que supo hacer las cosas bien. Un tebeo que seguía siendo explícito tanto en la violencia y en la sexualidad, pero maduro. Esto no era un tebeo de violencia sin sentido para adolescentes que necesitaban esa irreverencia para demostrar que lo que leían no era para niños, sino que su sordidez y violencia estaba justificada.



Gracias a la grata experiencia que fue tanto para el autor como para los lectores la línea Max dedicada a Punisher, Ennis se embarcó en contar la vida y andanzas de Nick Furia tras la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no es la vida de Furia en el universo Marvel, aquí no hay Shield, ni Helitransportes, ni superhéroes haciendo del mundo un lugar más feliz. Esto es la triste y cruda realidad, sin aditivos. El único elemento fantástico que mantiene para que el personaje sea creíble como militar en mil conflictos a lo largo de las décadas es un trasunto de suero del Supersoldado para mantener a Furia más joven que el resto de los protagonistas del relato y para recalcar aun más su aislamiento.


Porque Furia en este relato es un personaje trágico. Un hombre Eastwoodiano muy cercano a los personajes que Ennis ha creado a lo largo de las décadas. Un hombre estóico, leal, amigo de sus amigos, honesto y capaz de hacer todo lo que está en su mano para cumplir sus principios e ideales.



Pero en el mundo real los idealistas están abocados a fracasar en un mundo inundado de víboras e intereses comerciales que venden conceptos como libertad, democracia y paz para aumentar su poder, su riqueza y sobre todo su codicia. De ahí que veamos como los ideales de Furia se resquebrajan tras la supuesta Gran Guerra, donde los "buenos" y los "malos" parecían estar bien definidos y entra en la zona de grises que fueron la Guerra de Corea, la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba, Vietnam y la Contra de Reagan en Nicaragua en los años 80.



Como si se convirtiera en un discípulo de James Ellroy, Ennis traslada la paranoia innata que todo thriller político debe tener, a un mundo repleto de intereses ocultos, medias verdades, traiciones y verdaderas aberraciones cometidas en nombre de la libertad, para adentrarnos durante trece intensos capítulos en las tejemanejes de la política exterior estadounidense.



Pero no todo el mérito se le puede atribuir a Ennis. Porque de lo que se beneficia el escritor de Predicador es de un autor absolutamente brillante como es Goran Parlov, antiguo colaborador en el Punisher de la línea Max. Imbuido del espíritu de Jordi Bernet, tal es su influencia que la firma del autor imita y homenajea la del gran artista responsable de la imágen gráfica de Torpedo, Parlov plasma con absoluta brillantez los acerados y punzantes guiones de Ennis. Mujeres fatales de otra época, el sudor y la humedad de la selva de Vietnam, la frialdad de un Furia envejecido narrando los acontecimientos de una vida basada en la mentira y así hasta el infinito.



Y que los fans de Ennis y su violencia descontrolada se pueden quedar tranquilos. Hay momentos que te quitan el habla, no solo por lo visual de su violencia, sino por el poso que te deja dentro al leerlo. Porque no es gratuita, porque no es sarcástica. Es dura y muy, muy real, pero es todo aquello que los medios de comunicación nunca enseñarán a las adormecidas audiencias

En definitiva, un tebeo muy pero que muy recomendable. Un ejemplo de que en las grandes editoriales se siguen y se pueden hacer tebeos que se salgan de ese status quo autoimpuesto y que Ennis cuando quiere, es capaz de demostrar que es algo más que un enfant terrible obsesionado por demostrarlo. No os lo perdáis bajo ningún concepto.

25 de marzo de 2014

Daredevil de Mark Waid: Quizás el mejor tebeo de Marvel en la actualidad





























La sombra de Miller es alargada, y sino que se lo digan al Hombre Murciélago. Y lo mismo le ocurre al Hombre sin Miedo. Desde que el neoyorquino puso sus manos en el que era un personaje poco querido y desarrollado cambio para siempre. Su primera etapa al frente del personaje a principios de los 80 y sobre todo su magistral "Born Again", redefinieron a un personaje que parecía no ser capaz de superar una etapa que solo puede considerarse como legendaria. Miller convirtió a este sucedáneo de Spiderman en sus orígenes, sin la simpatía de Peter Parker, en el epítome de superhéroe urbano oscuro y torturado (con perdón de Batman). Pero Daredevil era mucho más que eso.



Tras Miller, otros autores tomaron el relevo, olvidando el legado pre-Miller y siguieron las pautas del maestro: dolor, sufrimiento, oscuridad, muertes de seres queridos y un Matt Murdock cada vez más hundido y cercano a la psicosis. Autores de tanto talento como Ann Nocenti, Brian Michael Bendis, Kevin Smith o Ed Brubaker siguieron desarrollando al personaje con etapas absolutamente brillantes en estos casos, pero que seguían el patrón, el estilo y los personajes que Miller grabó con fuego en el corazón de los aficionados. 



Otros no fueron tan hábiles y solo supieron copiar la estética que no el alma que hicieron del trabajo de Miller un clásico absoluto. Me refiero a autores de categoría menor, como Dan Chichester en los 90, un ya algo envejecido Denny O'Neill (aunque solo por el trabajo de Mazuchelli a los lápices merecía la pena) o más recientemente Andy Diggle con su Daredevil endemoniado.



Pero nadie se atrevía a desviarse del cánon Milleriano. Únicamente lo intentó Karl Kesel con su etapa al frente de la serie regular del personaje a mediados de los 90 y que merece una nueva revisión. Pero Kesel no era una estrella y su etapa pasó desapercibida. Hasta que llegó Mark Waid.



Waid, un experto en renovar conceptos ya quemados, conocedor de la historia y las cronologías de las dos grandes, ha demostrado su capacidad desde los años 90 de entregar grandes etapas de personajes sobreexplotados o directamente mal dirigidos y darles un toque de frescura, mirando siempre para delante, pero sin olvidar el pasado de tan ilustres personajes, sin decantarse por una sola visión del mismo, sino aunándolas todas. 



Y eso es lo que consigue con este nuevo y remozado Daredevil. Un tebeo que deja a un lado parcialmente al Murdock atormentado y hasta cierto punto antipático en el que se había convertido para llevarlo de nuevo hacia la luz, en un ejercicio de metalenguaje ciertamente acertado.



Esa luz la consigue en gran parte por un equipo artístico en estado de gracia. Un equipo donde se juntan los mejores autores actuales del cómic americano, que no los más famosos, y que plasman de una manera completamente nueva y original los sentidos aumentados del héroe ciego de la Cocina del Infierno. Destacar uno entre todos ellos es tarea futil, ya que Marcos Martín, Paolo Rivera y Chris Samnee son los tres, unos autores fuera de serie. Lo mismo se puede decir de autores invitados como Kano o el gran Michael Allred. La única mancha en el expediente de la colección son los dos números de Khoi Pham, quizás uno de los peores autores en nómina de Marvel y que nadie en su sano juicio puede entender como se le encarga algún trabajo.



Pero centrémonos en el gran artífice de la colección, Mark Waid y los cambios que han traído al personaje. De primeras trae de vuelta el estilo visual de los primeros tebeos de la colección y supervillanos como El Zancudo. Pero no olvida a personajes clave de las etapas de Miller, Bendis o Brubaker, como Lady Bullseye o personajes que parecían fuera del cosmos Daredeviliano como el Doctor Muerte, Klaw o la nueva versión de un villano tan ridículo como La Mancha, que en manos de Waid se convierte en un personaje absolutamente terrorífico.



Pero donde más destaca el tebeo de Waid es en los pequeños momentos. El nuevo interés amoroso de Murdock, la nueva fiscal del distrito, parece que va a ir por los cánones habituales del romance Murdockiano, pero el guionista se guarda más de un as en el bolsillo. Y lo mismo podemos decir del corazón del serial, la amistad entre Matt y Foggy Nelson, su amigo de toda la vida y socio del nuevo y remozado gabinete de abogados. Matt y Foggy han tenido sus más y sus menos en el pasado, y en esta etapa de Waid es quizás uno de los ejes centrales por donde se mueve la colección. Y no quiero contar nada más, para todos aquellos que no habéis leído la colección. Solo una apreciación: no saldréis defraudados.


Y llegamos al centro del meollo, nuestro querido abogado Matt Murdock, que ha pasado una vida poco apetecible, pero que intenta renacer de sus cenizas enseñando al mundo a un nuevo y positivo vigilante y abogado. ¿Pero realmente Murdock ha cambiado o es solo una fachada para una mente frágil apunto de resquebrajarse?. Tendréis que leer la colección.



Así, entre un equilibrio perfecto entre luces y sombras, amistades de larga duración, nuevos romances, viejos y nuevos personajes, némesis que se resisten a morir y enfermedades reales pero terriblemente mortales, se mueve esta nueva etapa. Una etapa fantásticamente escrita, e inmejorablemente ilustrada, que se puede leer por si sola, un oasis dentro del universo Marvel actual y que gustará tanto a lectores avezados y experimentados, como a todo aquel que quiera adentrarse en el maravilloso universo Marvel. Esta serie quizá es en la actualidad su mejor ejemplo.

12 de marzo de 2014

Batman de Grant Morrison: Un tebeo tan necesario como injustamente valorado


Si he elegido esta imagen entre las miles de viñetas y portadas icónicas que nos dio la etapa de Morrison a lo largo de sus intermitentes 7 años de publicación es porque nos demuestra algo que parece tarea imposible en los cómics de superhéroes en la actualidad: Evolución. Un nuevo Batman, un nuevo Robin y una nueva estética. Porque no se vosotros, pero yo estoy muy harto del enfoque post-Frank Miller que ha tenido el personaje desde el año 1986, copiado y quemado hasta la extenuación y que además ha sido potenciado por el éxito del Batman Nolaniano. Oscuridad, ambiente urbano, policías corruptos y realismo, mucho realismo.


Y Batman es mucho más que eso. Un personaje que cumple 75 años este 2014, no puede ser reducido a la encarnación de un solo autor, por mucho que las dos obras de Miller sean sendas obras maestras, títulos necesarios en la historia del cómic y sobre todo en la historia del personaje. Pero llega un momento que lo que fue original y rompedor, se convierte en rutinario, y eso es lo que le ha pasado al personaje y lo que Morrison intentó cambiar.

La tarea de leer el trabajo de Morrison al frente del murciélago es tarea complicada, ya que su etapa pasó por 3 series regulares diferentes, miniseries y especiales aparte y que además tuvo que ser "cuadrada" dentro del evento Crisis Final y sobre todo paralizada y vuelta a comenzar en ese absurdo reinicio que ha sido y es Los Nuevos 52.


Porque lo que fue historia oficial dentro del universo DC, se ha convertido en universo alternativo o elseworlds dentro de la "historia oficial" del universo DC, por mucho que la muerte de Damian haya tenido supuesta repercusión en ese nuevo 52 que todavía nos tienen que explicar si es un reinicio, una continuación del universo DC tradicional o una broma de mal gusto que se ha alargado en demasía.

Pero vayamos a lo importante, el Batman de Grant Morrison. Un tebeo fundamental dentro de la historia del personaje y que debe ser releído y valorado en su justa medida como el intento de lo que debería ser el hombre murciélago en el siglo XXI y en extensión, lo que deberían ser los tebeos de superhéroes mainstream, un regreso a la sorpresa, al cambio, a un nuevo status quo que te devuelve las ganas de seguir comprando mes a mes las aventuras de tus personajes favoritos, no solo por simple inercia, sino porque de verdad que tienes ganas de saber que les pasa a aquellos personajes que amas y que se han convertido en parte de tu familia ficticia.


Resumir el trabajo y las líneas argumentales de 7 años de historias, sobre todo cuando están narradas por un escriba como Morrison, que te plasma más ideas en tres páginas de un tebeo, que la gran mayoría de compañeros de profesión en 5 años de etapa al frente de una colección es tarea imposible. Olvidaos de la narrativa descomprimida de la que hacen gala los tebeos actuales para que queden bonitos arcos argumentales reeditados en perfectas ediciones de tapa dura con sobrecubierta. Con Morrison cada tebeo de 22 páginas es fundamental y no una excusa para llenar páginas.

Otra cosa es que su estilo te llegue. Que sus referencias extracorporales y su misticismo pop se te pueda indigestar y que a veces utilice un léxico tan críptico para parecer más inteligente de lo que es (que lo es y mucho). Pero nadie debería dudar de las grandes intenciones de Morrison de traer de vuelta a un Batman multi-faceta y que dentro de él tiene la esencia de los 70 años del personaje. Desde el justiciero con pistola de los años 30, pasando por el héroe más naif de los años 40 y 50, el psicodélico de los años 60, el bondiano de los 70 y también, por supuesto, el torturado de los años 80. Y lo mejor es que lo consigue dándole una explicación lógica, y no solo eso, sino que de este sale un nuevo Batman, nunca visto, mejorado y sobre todo diferente.



Morrison comienza su historia relajando al lector con una primera historia, Batman e Hijo, que parece sencilla, como si Denny O Neil y Neal Adams volvieran a Batman en el siglo XXI, Batman, Man-Bat, un Bruce Wayne más bondiano y playboy que nunca, novias top-model y Talia Al Ghul. Pero nada es lo que parece y lo primero que te descoloca es la aparición del hijo de Talia Y Bruce, Damian, quizás el mejor personaje que ha creado Morrison, que parece una evolución natural de la novela gráfica Batman Hijo del Demonio del año 87, pero como decíamos antes, nada es lo que parece.

A partir de ahí, Morrison embarca al personaje y a nosotros, en un viaje a través del espacio-tiempo, de la mente del personaje y sus múltiples versiones, para demostrarnos que Batman es un mito atemporal, que siempre existirá, porque como los grandes mitos es inmortal. De ahí ese viaje por la historia que es El Regreso de Bruce Wayne, una representación del mito del murciélago que es tan universal que encaja perfectamente en cualquier época.

Y no solo eso, Morrison "mata" a nuestro protagonista, para demostrarnos que el personaje podría seguir perfectamente sin Bruce Wayne, entregándonos al mejor duo dinámico de la historia, Dick Grayson como Batman y Damian como Robin. Una pareja diferente, casi con los roles cambiados, pero que dan un toque de aire fresco a este universo tan quemado por los tópicos. En un momento de la colección, Gordon le dice a este nuevo Batman que los policías le prefieren al original, y no es el único.

Pero el siguiente paso en la evolución del personaje viene con su regreso a través del espacio-tiempo. El mundo ha cambiado y el personaje necesita un revulsivo, y ese revulsivo es Batman Incorporated, un ejército internacional de Bat-agentes que vuelve a demostrar la capacidad de Morrison para crear o mejor dicho recrear conceptos que de repetirlos se han quedado obsoletos.


Morrison termina la saga como la empezó, con sus personajes principales, Bruce, Talia y Damian como piezas centrales de un drama que solo puede acabar en tragedia, firmando un capítulo final con un crescendo dramático que es un ejemplo de como escribir un tebeo de superhéroes. Todo cambia y el personaje, de haber seguido la línea argumental de Morrison, quedaba abierto a una nueva interpretación.

El problema, que los personajes actualmente son marcas, iconos con un concepto básico para que sea fácil de digerir para el gran consumo. Por ello, DC ha preferido hacer como que el Batman de Morrison ha sido el capricho para una gran estrella, pero sin trascendencia para el devenir del personaje. Hemos vuelto al punto de partida, el Batman de Snyder, urbano, siniestro y muy oscuro. Tan mal están las cosas que nos vuelven a contar el origen de Batman con unos cambios estéticos y una oscuridad impostada que tristemente funciona en ventas mil veces mejor que la arriesgada e inteligente propuesta de Morrison. Eso demuestra que la gran mayoría de los aficionados prefieren los terrenos comunes y conocidos, por lo que la situación actual del tebeo americano no solo se le puede achacar a sus responsables editoriales, sino también a una gran masa de lectores que siguen comprando por inercia, no por amor a los personajes o a las grandes historias.

26 de febrero de 2014

Crisis Final: El evento metafísico e intelectual de Grant Morrison


Grant Morrison. Le amas o le odias. No existe un término medio. Pero seguro que no te deja indiferente. Ni a los lectores, ni a las editoriales que le contratan. Un autor imprevisible, egocéntrico como el solo, pero también fascinante, único en su especie y creador desde hace ya cuatro décadas de algunos de los mejores tebeos que ha entregado el mainstream americano.

Autor hermético, multirreferencial y lisérgico, pero capaz de colar en un género tan poco propenso a la experimentación, sus teorías acerca de la realidad, la fusión del arte y la vida y las dimensiones alternativas y paralelas como parte de un todo. Para algunos filosofía de baratillo, para muchos de sus seguidores, el autor más inteligente que ha dado el cómic, tanto en el subgénero de los superhéroes, como en la ciencia ficción distópica.



Que haya triunfado entre el fandom más conservador (y como triunfo me refiero a que haya vendido ejemplares como churros, no que lo hayan disfrutado y entendido) es un misterio que debería pasar a los anales de la historia. Cierto es que ha rebajado su grado de cripticismo a niveles más terrenales (su JLA o su Nuevos X-Men son narrativamente lineales y de fácil comprensión, comparado con sus trabajos más personales como Los Invisibles o El Asco). Pero incluso en estos trabajos mainstream su nivel de inteligencia está muy por encima del nivel medio general, repleto de repeticiones ad nauseam de conceptos y fórmulas preestablecidas.


Por eso no es de extrañar que DC se le acercara para realizar la Crisis definitiva, el macroevento estrella del año 2008 para DC Comics, y que sería el broche final tras la Crisis original de los 80 y su secuela, la correcta pero nada reseñable Crisis Infinita del artesano elevado a categoría de estrella Geoff Johns, autor correcto pero al que la sobreexplotación y el vivir del trabajo y los conceptos de otros le ha pasado factura, artística que no comercial.


¿Y qué es lo que entrega Morrison a los fieles seguidores de la continuidad DC y a unos editores ávidos de éxito comercial instantaneo y efímero recuerdo en la mente del lector? Pues un híbrido entre la comercialidad más desatada, junto al espíritu anárquico y revolucionario del Morrison más experimental.


Hay que empezar diciendo, que Crisis Final solo puede ser paladeada a gusto, no solo con más de una lectura, sino teniéndola en cuenta dentro del corpus de la obra que Morrison ha ido desperdigando a lo largo de décadas dentro de DC Comics. Un sub-universo que nada tiene que ver con la continuidad oficial de la casa, pero que si cumple y sigue las pautas marcadas por obras de Morrison como Animal Man, Los Siete Soldados de la Victoria, su fascinante e imprescindible etapa en la serie de Batman o su All Star Superman.


¿Y qué tienen en común todas estas obras? Su espíritu libre, un alegato a favor de la fantasía, del todo vale, libre de restricciones editoriales y ejecutivos y lectores atados por el lazo invisible de la continuidad mal entendida, de contratos estratosféricos relacionados con  unos personajes que son más marcas que personajes de ficción a los que hay que hacer avanzar y crecer, no mantenerlos en un status quo eterno donde todo parece que cambia para quedarse realmente igual que como empezaron.


Por eso este tebeo rompedor se oculta tras el velo de un tebeo institucionalizado dentro del canon de evento corporativo, para romperlo desde dentro. Por eso Darkseid y su ecuación de la antivida, al igual que los monitores son el demonio de las grandes editoriales y de unos seguidores talibanes que no permiten avanzar a estos seres de ficción que necesitan expandirse, avanzar y llegar a niveles que nunca se les ha permitido llegar.


Ya solo en la creación de nuevos conceptos y personajes le da Morrison tres vueltas a cualquier autor actual en los primeros 2 números de la colección. Por supuesto que cede con ideas rompeventas como la muerte del Detective Marciano o la supuesta muerte de Batman. Pero eso solo es el barniz para colarsela tanto a Didio y compañía, como a la gran parte de los lectores.


Lo que Morrison apunta en este tebeo-evento para acabar con todos los tebeos-evento es una crítica sutil al panorama actual del tebeo americano. Difícil de entender para todos aquellos que siguen estancados en una manera de entender el medio. Una utopía si vemos la situación actual del mismo (no hace falta más que ver Forever Evil, un ripeo de la JLA Tierra 2 de Morrison y Quitely, pero banalizado hasta límites insospechados y bañado en esa oscuridad impostada para adolescentes sello de Didio y Lee), pero más necesaria que nunca. 
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