3 de mayo de 2015

Los Vengadores: La Cólera de Ultrón de Rick Remender, Jerome Opeña y Pepe Larraz. Cuando el formato es el problema
























¿Recordáis cómo eran los tebeos en los años 80? Papel de baja calidad y color de trama a veces ininteligible. Los seguidores de los tebeos en esa época mirábamos con ojos envidiosos esos álbums franceses con buena impresión, mejor color y formato "de lujo". Todos suspirábamos porque en algún momento nuestros queridos tebeos fueran editados con el respeto y la calidad que se merecían. Y ahí llegaron las novelas gráficas Marvel, encabezándolas "La Muerte del Capitán Marvel" de Jim Starlin, un tebeo, que cumplía las premisas de lo que se debería publicar en un formato de lujo: Un buen guión, un buen dibujo y una historia importante y trascendental que se mereciera ese tratamiento especial, además de que en la era del Comics Code, se pudieran publicar obras que se salieran del tono para todos los públicos que tenían las series regulares. 

Después vino DC Comics y su formato prestigio, inaugurando la línea Frank Miller, primero con "Ronin" y posteriormente "The Dark Knight Returns", dos tebeos diferentes dentro del mainstream de esa época y que quería alcanzar a nuevos aficionados y recompensar con material de mejor calidad técnica a aquellos lectores de toda la vida. Y todo esto, antes del color digital y el papel satinado de alto gramaje que inundaría la industria a principios de los años 90.



Ya entrados en el nuevo siglo, la aparición del paperback como formato favorito para los lectores, fue dejando a la grapa en un segundo plano, ya que todo se comenzó a considerar novela gráfica, o tomo, ya fuera reedición de material antiguo, recopilación de las grapas mensuales que habían estirado la duración de una historia para que quedara perfecta para su recopilación en formato tomo y gran lujo, etc.... Por lo que la novela gráfica original, como formato especial ,solo destinada a personajes y a autores de renombre, había perdido su razón de ser, en una época en la que todo es "novela gráfica".

Pero llegamos a estos últimos años y la irrupción de los superhéroes en el inconsciente colectivo, y una nueva generación de aficionados proveniente del celuloide que hay que intentar atrapar a toda costa al mundo original donde esos personajes nacieron, los tebeos. Pero no vale un tebeo de grapa costroso que no luce nada, y tampoco les podemos hacer sufrir leyendo el tomo recopilatorio de la nueva etapa de Los Vengadores de Hickman que a su vez viene del crossover de turno de Brian Michael Bendis, que se ancla en la etapa X de Gran Morrison en el universo mutante. Eso es demasiado para un lector novel que se adentra en un universo al que solo están preparados los ya conversos.



Así que Marvel decide sacar una línea de novelas gráficas autoconclusivas de sus personajes más populares (Vengadores, X-Men y Spiderman hasta el momento) para que cualquiera que salga del cine pueda tener una recompensa en papel que no le provoque dolores de cabeza.

Y así llegamos a la última novela gráfica Marvel, aparecida semanas antes del nuevo estreno "Vengadores La Era de Ultrón", con Los Vengadores y Ultrón como verdaderos protagonistas de la historia. ¿Pero es posible que un espectador que acaba de ver la última de Whedon se compre este tebeo y se entere de algo? La respuesta, ni de lejos. Las razones, a continuación.

Rick Remender ha ido creando su propio ecosistema dentro de un ya de por si convulso universo Marvel con más de 50 años de historias. Y si sigues el trabajo de Remender dentro de Marvel, veremos que comenzó en X-Force, continuó en una breve etapa en Vengadores Secretos y ahora mismo está desarrollando una larga etapa al frente de Imposibles Vengadores que basa parte de sus tramas en lo plasmado anteriormente en X-Force y Vengadores Secretos y que ha llegado a su máxima expresión en el último gran evento Marvel hasta que lleguen las nuevas Secret Wars, "Axis".



Y esta novela gráfica no es diferente. En ella, Remender se atreve con la historia definitiva entre Ultrón y su padre, Hank Pym (aquí el espectador cinematográfico ya le habremos perdido). Y Remender lo borda, añadiéndole capas de humanidad al robot, y llevando al extremo la frialdad de un Hank Pym que nunca ha sido del todo trigo limpio. Y en esta parte del tebeo es donde nos encontramos los mayores aciertos del mismo, llevando a ambos personajes a una situación de difícil retorno y que deseo que Remender desarrolle en Imposibles Vengadores.

Porque aquí está el gran problema de esta novela gráfica. Que no necesitaba ser una novela gráfica, sino una saga dentro de Imposibles Vengadores. Lo primero, porque sus protagonistas son el equipo que ha quedado en la serie regular, tras los sucesos de Axis y segundo, porque quitando las primeras 20 páginas del tebeo donde aparece una escena del pasado con Los Vengadores conocidos por el gran público, estos ya no vuelven a aparecer. El resto, personajes secundarios de una serie secundaria para el gran público como fue la etapa de Remender en Vengadores Secretos, el regreso de Starfox (de lo cual me alegro) y una historia que solo tiene sentido si eres lector veterano. El lector casual se quedará con cara de poker.



Por lo tanto, el formato novela gráfica le viene grande a esta historia. No es un relato autocontenido, porque se basa en el pasado y deja abiertas puertas al futuro. Y si ya he expuesto que el aficionado casual se quedará tan frío, por su desconocimiento de las historias-río de estos personajes, el lector habitual se preguntará porqué tiene que pagar un precio más alto por 120 páginas que habrían costado mucho menos por capítulos en la serie regular donde debería aparecer, que es Imposibles Vengadores. Sobre todo, cuando Marvel hace una chapuza tan grande como encargar los dibujos a Jerome Opeña y por las prisas y la mala organización, tenga que acabar el trabajo Pepe Larraz, que hace un trabajo muy correcto por otra parte, pero es como si te compras el último álbum de Manara y las últimas 20 páginas te las dibuja Jordi Bernet. Pues como que no.

Así que en resumen, La Cólera de Ultrón es un buen tebeo de Los Vengadores y sobre todo de Hank Pym y Ultrón, pero la trascendencia que quiere evocar  el formato Novela Gráfica, provoca que los muchos aspectos positivos que el tebeo atesora, queden lastrados por las expectativas que dan las "ediciones de lujo".

2 de mayo de 2015

Los Vengadores: La Era de Ultrón de Joss Whedon.




















Realizar la secuela del mayor éxito de los últimos años debe ser una tarea ardua y agotadora. Y Whedon lo ha sufrido en sus carnes, porque esta secuela del mega-éxito de 2012 debía contentar tanto al público general, a los seguidores de la original, a los seguidores de las películas de Marvel Studios, a los viejos aficionados de las viñetas, a los productores de Disney y a él mismo. Porque una secuela solo debe hacerse si la historia y los personajes van a avanzar y crecer y la historia va a servir para expandir el universo.

Y Whedon lo consigue con creces, con una secuela que iguala el original (por supuesto perdido el factor sorpresa de ver a nuestros héroes favoritos juntos por primera vez), planteando una amenaza mayor para nuestros héroes, no solo desde el exterior (Ultrón) como también desde el interior (los distintos puntos de vista y dilemas morales de cada uno de los individuos del grupo).



En esos momentos más íntimos es donde Whedon se mueve como pez en el agua. La fiesta en la torre Stark, las relaciones personales entre Banner y Stark, o entre La Viuda Negra y Hulk, o ese respeto y admiración aun con recelos que hay entre Tony y Steve son el verdadero motor de la película. Y en esos momentos íntimos, o cuando los personajes deben enfrentarse (como todos nosotros) a nuestros miedos e inseguridades es donde la película se alza por encima de la media de este género cinematográfico.

Pero Whedon también se debe a Disney y debe ofrecer una dosis de espectáculo que duplique o cuadruplique lo visto en el original. Y desde ese prólogo non-stop con el que comienza la película, hasta el mega-épico final que deja en pañales lo visto en el final original en magnitud, que no en claridad expositiva, pasando por el orgiástico pero a veces ininteligible combate entre Hulk y el Hulkbuster, Whedon ofrece a los ejecutivos y al público más adrenalínico la dosis suficiente de acción y explosiones para muchos años, porque es casi imposible imaginar un espectáculo de acción cinética y destrucción masiva tan apoteósico como el de esta secuela.



El problema, que el magnífico desarrollo de los personajes en la primera hora de proyección queda en algunos momentos ahogado por el ruido y la furia. Pero no me malinterpretéis, esto no quiere decir que las acciones de los personajes o sus motivaciones queden desdibujadas, ya que muchas de ellas serán desarrolladas en la Fase 3, pero si que se echa de menos algunas escenas de transición necesarias para que las cosas, sobre todo en la última hora de la película, no ocurran de manera tan precipitada.

Y ahí puede estar el conflicto entre Whedon y Marvel, que Whedon quería un equilibrio entre acción e introspección, pero la película se le iba a las 3 horas y Marvel quería un metraje más ajustado, pero decidiendo dejar en la sala de montaje los momentos íntimos, en vez de las escenas de acción de lo que es EL blockbuster del verano.



Pero los puntos positivos siguen ganando a los negativos. Whedon en sus dos películas ha creado el abc de como plasmar en la pantalla grande las aventuras de un supergrupo, donde cada uno de los miembros individuales no queda ahogado por encima de otro. Donde cada plano, cada escena, cada diálogo está impregnado del papel y la tinta de la obra original. Que Whedon ama a estos personajes y a este género como ningún director de cine de superhéroes hasta el momento. Que Ultrón es un magnífico villano, muy fiel al original de las viñetas, pero aderezado con esos toques Whedonianos que harán las delicias de los que hemos sido seguidores de Buffy. Y que las nuevas incorporaciones a las filas Vengadoras han sido un acierto, sobre todo esa perfecta Visión y una Bruja Escarlata interpretada con verdadera convicción por Elizabeth Olsen nos puede dar mucho juego. Y el primer plano de ellos dos juntos hará soltar una lágrima a los lectores de toda la vida.



En definitiva, un espectáculo veraniego de primera categoría. De nuevo, la traslación más perfecta a la gran pantalla de un tebeo Marvel jamás vista. Dos horas y media de proyección que pasan volando delante de tus ojos, con más acción, drama y sense of wonder que el 90% del cine hollywodiense actual. Defectos, por supuesto, como casi cualquier obra. Pero son defectos que quizás ves a posteriori cuando te pones en modo crítico tiquismiquis y director de cine frustrado, porque mientras estás en la sala de cine estás disfrutando como un niño del espectáculo más grande que ha producido hasta el momento Marvel Studios. Yo repetiré.

30 de abril de 2015

Batwoman de Marc Andreyko: Una cancelación inmerecida



















Marc Andreyko no tiene suerte en DC Comics. Serie que escribe, serie que le cancelan. Le ocurrió con Manhunter a mediados/finales de la década pasada y le ha vuelto a ocurrir con esta nueva aproximación a Batwoman, tras la salida de J.H. Williams y W. Haden Blackman de la serie en su número 25.



Y es una pena (la etapa de Andreyko han sido únicamente 15 números regulares y un annual para cerrar la trama que quedaba pendiente) porque el trabajo de Andreyko ha estado a la altura y ha superado el trabajo previo de Williams, Blackman y McCarthy en la colección.



Gráficamente, la serie si que puede haber perdido, ya que un J. H. Williams no te lo encuentras todos los días, aunque McCarthy le sucedió dignamente, intentando emular al maestro, más ocupado en terminar a regañadientes la nueva serie de Sandman junto a Gaiman. Pero hay que reconocer que la etapa de Williams era más una delicia para la vista, que para la lectura. Mucho más equilbrada fue la forma y fondo de la primera etapa de Katie Kane aparecida en el extinto primer volumen de Detective Comics, pero claro, teníamos como guionista a un Greg Rucka en plenas facultades.



Y es que lo de Williams era más un experimento visual que una historia con una narrativa clara. Y en eso, Andreyko es un magnífico guionista, algo que cualquier seguidor de su Manhunter puede atestiguar. Buen desarrollo de personajes, sobre todo femeninos, y un desarrollo de tramas que se van solapando sin problemas las unas a las otras, sin estar pensando en el volumen recopilatorio de turno, son las señas de identidad de Andreyko. Y esto es lo que nos encontramos en Batwoman.



Ladrones de cuadros provenientes del pasado de nuestro personaje, una femme fatale vampírica y el regreso y remodelación del entorno sobrenatural de DC Comics mucho mejor llevado que la fallida Justice League Dark de Milligan y Lemire es lo que pasa los escasos 16 números que ha tenido a su disposición Andreyko. Un número de ejemplares insuficiente, que ha dejado insatisfecho al lector de este serial, como puede atestiguar el annual con el que termina esta etapa.



Yo, y espero que todos los que hemos apoyado esta serie, esperamos y deseamos que DC Comics nos devuelva esta colección en un futuro próximo, por supuesto con Andreyko y el dibujante Jeremy Haun (el artista artífice de la primera parte de esta etapa) o en su defecto Moritat (que dibujo unas páginas de relleno de uno de los ejemplares de esta colección). Espero que Georges Jeanty, famoso por ser el dibujante de las nuevas aventuras de Buffy en papel impreso, no vuelva, ya que los últimos números de la serie se resienten con este dibujante, muy alejado su estilo del tono que necesita esta colección.



Y a todos aquellos que no os habéis acercado a este personaje, quizás por el recelo provocado por el exceso de Bat-títulos que inundan nuestras estanterias, os recomiendo que vayáis a vuestra tienda más cercana y os hagáis con todos los ejemplares de esta colección. En cuanto comencéis a leerlos, querréis saber más de Katie Kane (uno de los mejores personajes femeninos creados en los últimos tiempos), su relación con Maggie Sawyer, su hermana y Nocturna, por mencionar unos pocos de los personajes que aparecen en esta colección. En resumen, un más que correcto tebeo que debería haber corrido mejor suerte.

27 de abril de 2015

Batman y Robin de Peter Tomasi y Patrick Gleason: El mejor Bat-título de los nuevos 52 se despide

























Si existe una serie de DC Comics en la actualidad, que está pasando desapercibida relativamente entre los aficionados es Batman y Robin. Las razones, el exceso de títulos centrados en la figura del hombre murciélago y su cohorte de colaboradores y la segunda, que todos los esfuerzos de la editorial se han centrado en promocionar la estimable pero sobrevalorada Batman de Snyder y Capullo, pero eso dará pie a otro post que escribiré una vez termine la redefinitiva historia del Joker que está escribiendo Snyder en el título principal del Caballero Oscuro.

Porque si Snyder intenta en cada una de las sagas que ha ido entregando hasta el momento el complicado "más difícil todavía", intentando epatar a cada número y cada saga, tratando siempre de escribir la "más grande historia del personaje jamás contada", Tomasi y Gleason "solo" han pretendido algo muy difícil en una actualidad plagada de megasagas, macro-eventos, etc.... escribir un buen tebeo.



Y lo consiguen totalmente, desde sus inicios en el primer volumen de este Batman y Robin, con la carga de ser los sustitutos de un Grant Morrison para el que el título fue creado y que se pasaba a Batman Inc., con una pequeña historia que transcurrió entre los números 21 al 23 del anterior volumen y que dejaba ya vislumbrar por donde iban a ir los tiros de este duo creativo que tantas alegrías había dado a los seguidores de Green Lantern, en Green Lantern Corps.

Pero su prueba de fuego llegó con los Nuevos 52, donde se centraron en la relación de padre e hijo entre Bruce y Damian, a través de una primera saga de 8 números donde veíamos las dificultades de un padre para enderezar a un hijo díscolo que le ha venido de sorpresa, con la excusa de una némesis sacada de los años perdidos de entrenamiento de Bruce Wayne.



Tras esta notable primera historia, la colección y sus autores debieron lidiar con los eventos de la colección madre (La Noche de los Búhos y Muerte en la Familia) provenientes de la serie madre, el Batman de Snyder. Tomasi y Gleason realizaron un estimable trabajo en entre los números 9 al 17 de la colección, pero las consecuencias eran que los tramas y subtramas que ellos querían desarrollar (la relación Bruce/Damian, la evolución de ambos de almas solitarias a la necesidad de cariño y afecto entre padre e hijo) quedaban lastradas por unas historias metidas con calzador en eventos que no necesitaban de historias satélite.

Todo cambió a partir del número 18, Réquiem, un epílogo de ¿adivináis?, la otra gran historia Batmaniana que se estaba publicando en paralelo, el último volumen de Batman Incorporated, donde terminaba la opus magna de Grant Morrison al frente del hombre murciélago. La diferencia, que esta historia si que afectaba directamente a esta colección, ya que en ella, Damian Wayne moría sacrificándose por salvar a los suyos y a la humanidad, convirtiéndose a ojos de el que aquí suscribe, en el mejor Robin de toda la historia.



Este número, magistral en su ausencia de textos y potenciado por el arte de Gleason nos muestra a un Bruce Wayne intentando aceptar la muerte de su vástago. Un ejemplar emotivo, dramático y muy potente que se convierte por méritos propios en uno de los mejores tebeos de Batman en toda su historia.

A partir de aquí, la colección comienza una marcha ascendente en calidad, mostrándonos el proceso de duelo de un Bruce Wayne más bajo de moral que nunca. Pero lo grandioso de esta serie, es que con todo lo dramático que resulta y lo oscuro que se nos presenta (sobre todo en estos momentos) el alter ego de Bruce Wayne, este Batman es el más humano que nos podemos encontrar en los cómics del personaje en mucho tiempo, algo que parece que se les ha olvidado a la mayoría de los autores contemporáneos del personaje, que se centran más en el icono que en el hombre.



Y la serie no deja de reinventarse, porque el lector descubre que la serie se sostiene sin la presencia física de Damian, que no la espiritual que impregna la serie en cada uno de los números, convirtiéndose a partir de aquí y hasta el número 33, en un Batman Team Up donde Tomasi y Gleason demuestran su conocimiento y amor por la editorial y su universo, juntando a Batman con personajes que van desde los secundarios típicos del personaje, como Batgirl o Red Hood a personajes más ajenos a su mundo como Frankenstein, Wonder Woman o Aquaman, perfectamente integrados en la saga "The Hunt for Robin" que desembocará en el arco final de la serie "Robin Reborn", sin olvidar ese pequeña joya que es la saga coprotagonizada por Dos Caras, donde Tomasi y Gleason redefinen el origen de Harvey Dent para una nueva generación de aficionados en una historia que transcurre entre los números 24 al 28 de la colección y que recuerda a esos pequeños clásicos de los 80 firmados por Alan Grant y Norm Breyfogle en las series de Batman y Detective Comics.



Y llegamos al gran arco argumental de la colección, "Robin Rises" que transcurre entre los números 33 al 37 de la serie regular, precedidos y finalizados por dos especiales fuera de colección, donde los autores dan todo su talento en una historia que comienza con Ras al Ghul y termina en Apokolips con Batman enfrentado a Darkseid, y que en su tramo central está coprotagonizado por invitados del universo DC tan alejados del mundo de Batman en los últimos 30 años, como Lex Luthor, la Justice League o Cyborg, en la historia de un padre que iría hasta el mismísimo infierno para recuperar a su hijo.

La historia termina con la resurrección de Damian y como estos últimos ejemplares no han aparecido todavía en nuestro país, solo decir que Tomasi y Gleason cierran con broche de oro las tramas de su etapa, las cuales se han centrado siempre en valores universales como la familia, el amor paterno/filial, utilizando como excusa el género superheróico y demostrando que se pueden seguir realizando grandes obras sin necesidad de pretensiones rupturistas. En definitiva, un magnífico tebeo, lleno de calidez y humanidad y donde los momentos íntimos son tan o más importantes que los momentos de acción y épica desatada, de los que el tebeo tampoco está falta.



Poco más os puedo decir, salvo que no dejéis pasar una de las mejores etapas que ha tenido el personaje en sus más de 75 años de historia y una demostración más de que no hay que mirar con el mismo rasero a lo que está publicando en la actualidad DC Comics, porque sino correréis el riesgo de perderos una joya como esta. Estáis avisados.

20 de marzo de 2015

Hellblazer de Garth Ennis 1 de 3: El comienzo de la mejor etapa de John Constantine





















Si hay un personaje que ha sido querido en los últimos 20 años por los aficionados españoles, ese es John Constantine. El problema, que los lectores no hemos tenido la suerte de contar con una edición definitiva de la colección más longeva del sello Vertigo, que alcanzó la friolera de 300 números en su edición original. Dicho problema lo ha solventado ECC Ediciones con una ambiciosa recopilación en 17 volúmenes de la obra completa en voluminosos tomos de casi 400 páginas cada uno y dividida por una pléyade de autores tan importantes para el tebeo contemporáneo como Jamie Delano, Garth Ennis, Brian Azzarello, Warren Ellis o Mike Carey.



¿Y cuál es el autor y etapa con la que ECC ha decidido comenzar la reedición de un material tan demandado por los lectores españoles? Pues lógicamente con el autor y etapa más famosa, la realizada por el irlandés Garth Ennis a principios de la década de los 90 y que le llevó a firmar su mejor y más conocida obra, Predicador.



Garth Ennis recogió el testigo de Jamie Delano, tras 40 ejemplares, con la saga Hábitos Peligrosos, quizás la historia más famosa del personaje y la más definitoria. En ella, Ennis enfrenta a Constantine con su peor enemigo, su propio cuerpo, entregándole un cáncer de pulmón terminal. A partir de ahí y con un punto de partida tan sugerente, Ennis reinventa a Constantine, haciéndole más humano, más inteligente y más bastardo que nunca, en una saga que marcó como pocas la historia del personaje y que posiblemente fue más definitoria que la propia creación y primera aparición del personaje por parte de Alan Moore en la saga American Gothic de La Cosa del Pantano.



Porque si en las manos de Alan Moore y el propio Delano, Constantine era más un icono frío y calculador, en las manos de Ennis se convierte en un ser humano tridimensional. Eso no quita para que Ennis no siga mostrando a Constantine como un superviviente egoísta con una vida que está siempre al borde del abismo, pero también le aporta un lado positivo en su relación con Kit (la pareja definitiva de Constantine y un ejemplo de la asombrosa capacidad de Ennis de crear personajes femeninos de carne y hueso, que luego continuaría con la Tulip de Predicador) o en los mejores momentos de la colección, el día a día de la vida de Constantine donde los pubs, las partidas de cartas con amigos y sus conversaciones con ellos aportan los mejores y más naturales momentos de la colección.



Pero aquellos que queréis elementos sobrenaturales en la colección no tenéis de que preocuparos, porque Ennis os lo da con creces. Demonios enfrentados por el alma de Constantine, espíritus vengativos, vampiros y un sinfín de fenómenos paranormales abundan a lo largo de de los primeros 15 ejemplares de la era Ennis recopilados en este primer volumen de la edición de ECC. Y a aquellos que se les revolvió el estomago con el trabajo de John Ridgway en la etapa de Delano, no se sentirán defraudados con el desfile de sangre, visceras y turbiedad que atesora este primer volumen de la colección.



Quizás lo que más se resienta en este primer tercio del trabajo de Ennis sea su parte gráfica. Más adelante, Ennis se juntará con Steve Dillon de manera regular (en este tomo tenemos el primer ejemplo del trabajo de ambos autores juntos, que les llevará a convertirse más adelante en una pareja artística tan perfecta en su fusión, como lo pueden ser Azzarello y Risso o Brubaker y Philips) y se tiene que contentar en la gran mayoría de los números que contiene este volumen con Will Simpson como dibujante, un autor que quizás no es el más adecuado para el tono de la colección, acrecentado por un equipo de entintadores rotatorio que flaco favor le hace a los lápices de un Simpson que en honor de la verdad intenta entregar el mejor trabajo que puede realizar. El remate para el despropósito gráfico es el color de Tom Ziuko.



Una pena, porque las historias perpetradas por Ennis en este primer tercio de su estancia en la colección son excepcionales. Desde la ya mencionada "Hábitos Peligrosos", a "Jugadores", donde Ennis escupe toda su rabia hacia esa rancia aristocracia que rige los desiginios del Reino Unido, pasando por "El Pub donde nací" en el que Ennis nos cuenta la bella para triste historia de amor entre dos propietarios de un pub en Londres con dramáticos resultados.



Y es que es en el amor, la amistad, las conversaciones de barra y en el día a día donde Ennis se desenvuelve como pez en el agua y entrega sus mejores trabajos. Quizás es más conocido y adorado por una parte de los lectores por sus excesos políticamente incorrectos, pero eso es mera fachada. Porque para mí, donde más brilla Ennis es en esos momentos de cotidianidad y humanidad, donde el trabajo del irlandés se hace grande. Y de estos momentos, su Hellblazer los tiene a patadas.

18 de marzo de 2015

Danger Girl, Battle Chasers y Crimson: El sello Cliffhanger o como morir de éxito


Morir de éxito. Es la mejor manera de describir el ascenso y caída fulgurante de tres autores, un sello editorial y tres series que aparecieron a finales de la década de los 90, se convirtieron en éxitos apoteósicos y debido a la juventud e irresponsabilidad de sus autores cayeron en el olvido de los aficionados y la industria. Pero retrocedamos al pasado, al año 1998.

En dicho año, Joe Madureira, Jeffrey Scott Campbell y en menor medida Humberto Ramos, bebían de las mieles del éxito. Los tres dieron lugar a la eclosión a finales de los años 90 a del "Amerimanga", un estilo que fusionaba con fortuna los preceptos básicos del cómic de superhéroes americano, con el estilo cinético y dinámico del manga, cuyos primeros introductores en el panorama americano fueron autores como Adam Warren o Jason Pearson, ambos con mucho menor éxito que estos tres ambiciosos jóvenes.



Madureira venía de una exitosa etapa en Uncanny X-Men, laureada por los aficionados y que había hecho más soportable los endebles guiones de Scott Lobdell, además de tener la suerte de haber ilustrado a los por entonces omnipotentes mutantes en sagas rompeventas como la Era de Apocalipsis u Onslaught. Mientras tanto, Scott Campbell había maravillado a los lectores con esa mezcla de Jim Lee y Adam Warren que había plasmado en Gen 13 del sello Wildstorm, el tebeo adolescente definitivo de la era de los 90 y que fue capaz de eclipsar la gran apuesta teen de Marvel, Generación X, el equipo adolescente creado por Scott Lobdell y Chris Bachalo. El tercero en discordia, Humberto Ramos, dibujante mexicano que no era un fan favourite como los dos anteriormente mencionados, pero que se había convertido en un artista de culto, tras realizar una breve pero intensa etapa junto a Warren Ellis, en un tebeo de culto que salió como spin-off de Gen 13, DV8.



Y como sus predecesores Jim Lee, Marc Silvestri, Erik Larsen, Todd McFarlane y Rob Liefeld, los tres jóvenes autores querían triunfar económicamente igual que ellos. Y lo que se llevaba en los 90 para hacerse millonarios era crear tu propio sello editorial y tu propia serie para sacar camisetas, videojuegos y figuritas para en dos años ganar lo que cualquier mortal no consigue en toda una vida de trabajo. Su sello, se llamaría Cliffhanger, y sus series serían Danger Girl, Battle Chasers y Crimson.

La realidad, que Humberto Ramos cayó de rebote en este sello editorial, ya que el tercer autor que quería Cliffhanger en su sello era el otro autor hot del momento, el malogrado Michael Turner, famoso por sus recauchatadas mujeres para el sello Top Cow de Marc Silvestri y su heroína escasa de ropa, Witchblade. Pero el estricto contrato que Top Cow tenía sobre Turner no le permitió irse a la nueva Liga de Hombres Extraordinarios. Y así, Campbell y Madureira decidieron que Ramos se uniera a su equipo.



El primer título en aparecer fue Danger Girl, de Scott Campbell. Un tebeo que aunaba las películas de James Bond, la esencia de Indiana Jones y unas gotas de Los Ángeles de Charlie. Un tebeo ligero, con un trío de explosivas chicas y que demostró que Campbell entendió mejor que nadie lo que era el sello Cliffhanger, tebeos con una factura gráfica excelente, pero que desde el punto de vista de guión eran un mero pasatiempo de usar y tirar.

Y el tebeo cumple su cometido de entretener, con una historia correcta que se apoya sobre todo en el rotundo dibujo de Campbell, mejorando sus aciertos en Gen 13. El problema, que el éxito rápido (los primeros números se agotaron a velocidad de vértigo) provocaron que el autor se relajara y la cadencia de cada número se fuera alargando cada vez más en el tiempo, provocando la desidia del lector y que su apartado gráfico se resintiera sobremanera. Solo hace falta echar un vistazo al primer número y ver el séptimo y último ejemplar de la colección, publicado ¡3 años después! para comprobarlo.



El segundo título que apareció fue Battle Chasers, de Joe Madureira, fantasía heróica inspirada en Dungeons And Dragons y Final Fantasy VII y que al igual que Danger Girl entregó los tres primeros números en un plazo lógico, pero que a partir de ahí comenzó una dura travesía hasta finales de 2001 cuando entregó el noveno ejemplar, dejando la historia inconclusa y a una horda de fans huérfanos de un tebeo que a priori parecía interesante, pero que Madureira en nueve ejemplares realmente nunca supo hacia donde dirigirla, con mucha exposición y secretos que supuestamente llevarían hacia algún lado, pero que leídos de nuevo de un tirón, demuestran que el gran talento que Madureria tenía y tiene como dibujante, no lo tenía como guionista, aunque se apoyara en un tal Munier Shariff, supuesto guionista, seudónimo o personaje inventado que me recuerda al Brandon Choi de los Wildcats de Jim Lee. ¿Esa gente existió realmente?



Y llegamos al último de los tres títulos que inauguraron la línea Cliffhanger, la obra de Humberto Ramos, Crimson, un tebeo de vampiros con un protagonista adolescente, que de los tres cómics es el que más se puede respetar en la actualidad, aunque no está exento de problemas. Lo primero inteligente que hizo Ramos fue buscarse ayuda profesional en los guiones, de la mano de Bryan Augustin, autor junto a Mignola del que para mi es el mejor Elseworlds de Batman, Gotham By Gaslight. Y el tebeo desde sus primeros ejemplares demuestra o aparenta que hay una historia y un background detrás que promete un buen tebeo. Ramos está inmejorable, mejorando número a número su estilo artístico y hasta el número 12 de la colección, el tebeo es una buena versión teen de tebeos de la línea Vertigo como Lucifer, por poner un ejemplo. Además, Crimson tuvo una regularidad digna de elogio. En tres años, desde mediados de 1998 a finales del año 2000, Ramos entregó 24 números de la colección, cerrando la historia. En ese tiempo, Madureira y Campbell habían entregado cada uno 6 números de sus colecciones respectivas.

Esos problemas entre socios creo yo que afectaron a Ramos, ya que la colección tras su primer año comienza a desviarse y apresura un final precipitado que destruye todo lo que había ido construyendo paso a paso en el primer año y medio de colección. Una verdadera lástima.



Es importante también decir el baile de editoriales que tuvo el sello Cliffhanger. Primero comenzó amparado por el sello Wildstorm dentro de Image Comics. Cuando Jim Lee vendió los derechos de distribución de su sello a DC Comics, y abandonó Image, Cliffhanger se fue con los dueños de Superman y Batman. Se editaron otros títulos bajo Cliffhanger, la poco inspirada Out There también de Ramos, la incomprensible Steampunk de Joe Kelly y Chris Bachalo y el Arrowsmith de Busiek y Pacheco.

Pero los caminos de sus fundadores se dispersaron. Campbell se llevó sus Danger Girl a IDW, comenzaron a salir especiales y miniseries de sus bellas espías, pero ya sin su trabajo a los lápices, que prefirió reservar en portadas para Marvel Comics mejor pagadas y que le provocan un menor esfuerzo, que además se han convertido en geniales estatuas que le darán no pocos dividendos. Por su parte, Madureira se refugió en los videojuegos, su verdadera pasión, y en trabajos puntuales para Marvel Comics, como la denostada The Ultimates 3 junto a Jeph Loeb, y los primeros números de series como Avenging Spiderman o Savage Wolverine. El pasado mes amenazó con volver a Battle Chasers, sin fecha de salida por supuesto...



Y nos queda Humberto Ramos, un autor trabajador como pocos que tras su paso por la autoedición volvió a Marvel, donde ha realizado largas etapas con el personaje emblema de la editorial, Spiderman, desde una memorable y muy recuperable etapa junto a Paul Jenkins, como en la actualidad, en la laureada y con razón etapa de Dan Slott al frente del arácnido, donde el dibujante mejicano ha ido demostrando que el esfuerzo tiene su recompensa, ya que no deja de mejorar, entregando unos impecables tebeos mes a mes.

Al final, Cliffhanger demostró lo que Image había demostrado a principios de los 90, que un sello editorial de éxito no se puede basar a largo plazo en cuatro dibujantes de éxito fulgurante, que la figura del guionista es fundamental, porque el lector no solo quiere ilustraciones de álbum de cromos y que los cómics y que sobre todo, el lector quiere y necesita de una periodicidad en un mercado tan saturado y competitivo como el de los cómics americanos. 

11 de marzo de 2015

Capitán América, Thor y Iron Man: La Trinidad Vengadora cambia de raza, sexo y personalidad










































Los cambios en personajes con más de 50 años de historia a sus espaldas son habituales y comprensibles, porque tras más de 500 ejemplares a tus espaldas, ¿qué puedes hacer para que los lectores sigamos volviendo mes a mes sin volverte recurrente? Estos cambios, por supuesto temporales, los llevamos viendo sobre todo a partir de los años 80, siendo el primero de ellos Tony Stark, que tras su segunda crisis alcohólica tuvo que ceder el relevo de la armadura a su hombre de confianza, James Rodhes. Posteriormente, y si la memoria no me falla, entre finales de los 80 y principios de los 90, Steve Rogers dejó las mallas de barras y estrellas para convertirse de nuevo en Nómada y el testigo lo recogió un fascista que se reconvirtió en el USAgente, un Capitán América perfecto para los ultraviolentos, exagerados y tremendamente infantiles tebeos de principios de los 90. Otro tanto para el Dios del Trueno, que cedió su legado a Thunderstrike. Por supuesto, los héroes originales volverían al poco tiempo.

Los nefastos principios de los años 90 llevaron al extremo dicha propuesta. En DC Comics, Superman murió y fue reemplazado por no uno, sino cuatro Supermanes, muchos de ellos, despiadados, fríos, rudos y violentos y Bruce Wayne, tras quedar lisiado, al parecer de por vida, por Bane, fue sucedido por Azrael que se convirtió, ¿lo adivináis?, en un Caballero Oscuro violento y sanguinario, como mandaba el canon antiheróico de la época. Posteriormente, y visto que la jugada había salido bien comercialmente, que no artísticamente, se replicó el asunto con las muertes, heredéros y resurrecciones posteriores de personajes tan emblemáticos como Green Lantern y Green Arrow.



Y llegamos a la actualidad, donde las muertes y legados se han llevado con mucha mejor fortuna, gracias a autores en estado de gracia como Dan Slott, Ed Brubaker y Grant Morrison, en series como Superior Spiderman, Capitán América y la epopeya Batmaniana no exenta por supuesto de polémica que se fraguó a lo largo de títulos como Batman, Batman y Robin y Batman Incorporated. La diferencia con lo que ocurrió en los 90, que aunque la muerte, cambio de personaje y posterior resurrección sigue siendo un reclamo meramente publicitario para atraer más lectores a un título o personaje, aquí se hizo con inteligencia y rodeado de autores de calidad que polémicas y opiniones personales aparte, quedarán como etapas memorables de cada uno de los personajes anteriormente mencionados.

Ahora Marvel vuelve a intentarlo con el trío Vengador por antonomasia, Capitán América, Thor y Iron Man. El más necesitado de un cambio era por supuesto Iron Man, el personaje de los tres, que menos suerte y menos calidad ha tenido en sus series regulares, ya que quitando la maravillosa época de finales de los 70 y principios de los 80 gracias al equipo creativo formado por David Micheline, John Romita Jr y Bob Layton, pocas etapas posteriores o previas pueden pasar a los anales de la historieta, si quitamos aciertos puntuales del principio de la etapa de Fraction y Larroca.

En cambio, Thor y el Capitán América han tenido etapas verdaderamente memorables. El primero, sus inicios con el duo en estado de gracia de Lee y Kirby y posteriormente con Walter Simonson como autor completo, o la etapa de Stracinsky. Y que decir del Capitán América, con sus inicios con Lee y Kirby, la breve, intensa e icónica etapa de Steranko, la posterior con Gene Colan, los fastuosos dos años de Waid, Garney y Andy Kubert o su más reciente y más redonda época, gracias al talento de Ed Brubaker, sin olvidar pequeñas etapas como la formada por Roger Stern y John Byrne a principios de los 80.



En la actualidad, el verdadero cambio de tercio creativo se ha provocado en Iron Man, que tras una inane época escrita por Kieron Gillen, intenta reactivar una serie trayéndose un talento muy reconocido por los fans de DC Comics, el guionista Tom Taylor, que ha triunfado gracias a su serie Injustice, basada en el videojuego de DC Comics. Y Taylor, en los dos primeros ejemplares que presenta Panini en el número 50 de la edición española de la colección del Hombre de Hierro, promete. Tony Stark, tras los sucesos ocurridos en el denostado evento Axis, es un hombre sin moral y sin principios, un reverso tenebroso de la compleja personalidad de Tony Stark sin las barreras morales que tenía. Egoista, vanidoso y cruel, se ha erigido en monarca de la ciudad de San Francisco ofreciendo a los habitantes de la bahía un software que les convierte en seres perfectos. Taylor plantea los límites a los que puede llegar un ser superior intelectualmente pero deficiente moralmente, además de introducir casi como personaje secundario a Daredevil, recién mudado a la ciudad del Golden Gate gracias a la pluma de Mark Waid. Lamentablemente, la serie se resiente gráficamente por su apartado gráfico, obra de otro autor que le ha robado Marvel a su Distinguida Competencia, Yldiray Cinar. Pero la serie desde el punto de vista narrativo promete.

Los cambios en Thor provienen de otro evento denostado, Pecado Original, donde el Dios del Trueno, tras escuchar una frase dicha al oído por un Nick Furia con la visión del Vigilante, pierde la capacidad de ser digno y levantar su martillo Mjolnir, por lo que un nuevo candidato reclama el martillo. La diferencia, que es una mujer y está enmascarada, por lo que el misterio está servido. Las razones para confiar en este título, su guionista, Jason Aaron, el autor que lleva ya un par de años narrando las aventuras del Dios del Trueno convirtiendo su etapa en una de las más interesantes en los 50 años de historia del personaje. Tras leer los tres primeros números de esta nueva etapa, decir que no me ha impresionado como los primeros ejemplares de su primera saga al frente de la colección, ya que lo contado por ahora, que es muy poco, más centrado en atar cabos sueltos de su etapa previa en el personaje que en quién es la persona tras la máscara, tampoco ayuda mucho para poder dar una valoración de lo que puede dar de si esta nueva singladura de la colección. A destacar eso si, al dibujante de la misma, Russel Dautman, que con un estilo que recuerda a una mezcla entre Arthur Adams, Frank Quitely y Nick Bradshaw, promete convertirse en uno de los autores a seguir en los próximos años.



Y terminamos con el héroe de las barras y estrellas, el Capitán América, que tras la laureada con motivos etapa de Ed Brubaker, fue continuada por un Rick Remender que aunque con aciertos puntuales, no ha conseguido, al menos en mi opinión, realizar hasta el momento, y a la espera de una relectura, un trabajo tan redondo y revolucionario como el conseguido por Brubaker. Su golpe de efecto en el primer arco de su trabajo, Steve Rogers ha perdido el suero del Supersoldado, por lo que ha envejecido y ha dejado de ser el Capitán América, ha provocado que pase el testigo a su antiguo compañero de aventuras, el Halcón. Por lo que tenemos en esta nueva etapa un nuevo status quo, con el Halcón como nuevo Capitán América, con la complicación de ser capaz de llevar encima del hombro un legado tan importante, además de seguir teniendo a Steve Rogers, reconvertido en jefe de campo de este nuevo Capitán América. Los dos primeros números publicados en España dentro del número 50 de la edición de Panini, esboza lo que nos encontraremos en la misma, con un resurgimiento de la organización de Hidra, el regreso del Barón Zemo y un potpurrí de villanos que es un quién es quién de la historia del personaje. Remender tiene la suerte esta vez, de tener a un dibujante a la altura, Stuart Inmonen, quizás el mejor dibujante de superhéroes de la actualidad, que en estos dos números lo vuelve a demostrar con creces.

Una nueva época para tres personajes que han pasado por mil y una iteraciones y donde sus autores deben demostrar lo más importante. Que tras los trucos de magia, las campañas de marketing y las renumeraciones para vender más ejemplares en un momento puntual y acabar con tu competencia, al final lo único que nos importa a los lectores es algo muy sencillo, pero a la vez muy complicado, una buena historia. Anteriormente, autores como Brubaker, Morrison o Slott lo han conseguido, recibiendo los aplausos de crítica y aficionados. ¿Lo conseguirán Taylor, Aaron y Remender? El tiempo lo dirá...
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