29 de agosto de 2014

Daredevil El Camino del Guerrero: Mark Waid finaliza su primera temporada al frente del personaje con nota
















¿Cuántas veces nos han vendido a los aficionados un cambio radical de nuestro personaje favorito con una nueva aventura que romperá todo lo establecido? ¿Y cuántas veces nos hemos sentido estafados? Miles de veces, ¿verdad?¿Pero y si ese cambio no fuera avisado y fuera moderado pero tremendamente diferente y congruente con lo que nos han venido contando a lo largo de una etapa en concreta y con la historia del personaje? Pues eso es lo que ha conseguido Mark Waid con el final del primer volumen de su estancia en la vida del Hombre sin Miedo.



No os voy a aburrir laureando una etapa de la que se ha hablado largo y tendido y de la que ya hablé hace varios meses. Solo necesitáis abrir cualquiera de los cinco volúmenes publicados por Panini Comics, leer unas pocas páginas y quedaros prendados por la prosa sencilla en apariencia de Mark Waid y maravillaros con el trabajo de un plantel de artistas de primer orden como Marcos Martín, Paolo Rivera o los dos artistas que acabaron siendo los dibujantes regulares del serial, Chris Samnee y Javier Rodríguez.



De lo que quiero hablar en este post es del remate sencillamente genial de este final de temporada que nos ha regalado Waid a los seguidores de Matt Murdock. Un final que no voy a revelar aquí para aquellos que no lo conozcan, pero que abre una nueva puerta al personaje y a su universo, una tarea que lleva intentando conseguir Waid desde los inicios de su etapa, eliminando sin olvidar la larga influencia que la etapa de Miller trajo al personaje tanto argumental como tonalmente.



Mucho he hablado últimamente de la necesidad que existe en el cómic de superhéroes de salir de la oscuridad y volver a la luz, algo que no está reñido con la seriedad y la emotividad. Waid y su equipo artístico lo ha conseguido en esta etapa de Daredevil que ya ha pasado a convertirse en una de las más grandes del personaje. Y lo mejor de todo, es que lo leído es solo el principio.

28 de agosto de 2014

Batman Gritos en la Noche de Archie Goodwin y Scott Hampton: Denuncia social con el murciélago de excusa

























Quizás para los lectores de cómics de nueva hornada (¿hay alguno por ahí?) que se hayan incorporado a este fascinante medio en las dos últimas décadas puede que les suene extraño, pero si creciste en los años 80 y los 90 con un tebeo bajo el brazo, no era extraño que tu querida afición fuera mirada con incredulidad y desprecio por aquellos que no tenían ningún reparo en admitir con orgullo que su única lectura era el marca. Y no solo ellos, sino que la "intelectualidad" y los medios de comunicación despreciaban todo aquello que proviniera del universo de cuatricomía del cómic americano.

Era una época diferente, donde todavía no existían las mil y una adaptaciones cinematográficas de un género que ha salvado Hollywood y una convención de tebeos era noticia en los periódicos de tirada nacional. Pero la llegada de Moore y Miller lo cambió todo. Los tebeos eran "adultos", "relevantes" y eran tendencia.

Por supuesto, lo que estos dos grandes autores hicieron no fue comprendido ni por los lectores ni por las editoriales. Y así tuvimos un sinfín de tebeos que se creían adultos por el mero hecho de ser oscuros, siniestros y violentos. Se acabó el humor, se acabo la ligereza y se dio a la bienvenida a tebeos que parecían una caja de betún. Y el máximo exponente de todo esto fue el hombre murciélago.



Porque no solo Miller hizo crecer su legendaria fama, sino también el filme de Tim Burton de 1989. Y de ello se benefició un recién llegado al cómic americano, Grant Morrison y su novela gráfica Arkham Asylum. Junto al arte de Dave McKean y su estilo pictórico, y un relato que se adentraba como ningún otro autor en la psique de Batman y su cohorte de villanos como mera excusa para contarnos un relato gótico con Amadeo Arkham de protagonista absoluto, hizo multimillonario a Grant Morrison, propulsó su carrera y trajo la nueva moda de la novela gráfica y el tebeo pintado como excusa para cobrarte mucho más dinero por un tebeo y aparentar que la obra era más de lo que realmente era.

Y así llegamos a 1992 y a la aparición de una nueva novela gráfica en el mercado, Batman Gritos en la Noche. Y de nuevo haré un inciso. La aparición de este tipo de material, en tapa dura, papel satinado de alta calidad y dibujos al óleo eran recibidos por el aficionado como agua de mayo, acostumbrados a nuestra ración mensual de tebeos de papel de periódico, coloreado de trama e impresión de calidad justa. Nada que ver con los estándares actuales. Y eso hacía que muchos de estas "novelas gráficas" fueran recibidas y valoradas muy por encima de lo que realmente eran. Porque estaban editadas con calidad y podían ponerse en tu estantería y lucieran bien al lado de tu edición de aniversario del Quijote.

Pero el tiempo pasa y todo acaba poniéndose en su sitio. Y si Arkham Asylum ha mantenido bien el paso del tiempo, aunque Morrison nos haya entregado obras superiores a lo largo de su carrera, este Batman Gritos de la Noche no lo ha conseguido, por mucho que tenga en alta estima a Archie Goodwin y el trabajo de Scott Hampton sea encomiable, aunque completamente inadecuado para el medio elegido.



Gritos en la Noche es una obra IMPORTANTE. Trata sobre los abusos y maltratos a niños, un problema que tristemente sigue estando de actualidad en la época actual. Pero que tu obra trate un tema trascendental no quiere decir que tu obra lo sea. Y si no que se lo digan a otros dos tebeos del hombre murciélago que aparecieron en los años 90, "Seduction of the Gun" y "Death of Innocents" que trataban respectivamente el problema de las armas y la delincuencia en la América de los años 90 y las bombas mina. Si, el tema es importante, pero la manera de contarlo es muy simple, muy básica y llena de lugares comunes.

Y eso mismo le pasa a este Gritos en la Noche. El empeño es encomiable, pero el trabajo entregado no lo es. Falto de ritmo, conclusiones de trabajo de niño de primaria y utilización del Caballero Oscuro porque era el personaje que estaba de moda. Cambia a Batman por Lobezno, El Castigador, Spiderman o Daredevil y el resultado es el mismo. Porque el protagonista no hace nada a lo largo de las 92 páginas del tebeo.

Mejor tratado está el comisario Gordon, rescatado tras los eventos del Batman Año Uno de Miller y Mazuchelli y que indaga algo en su pasado y su relación tormentosa con su esposa Barbara y el pequeño James Jr. Y no me extrañaría que la evolución del hijo de Jim Gordon por parte de Scott Snyder en su etapa en Detective Comics no le viniera de lo visto en esta novela gráfica.



Y Scott Hampton pinta muy bien, pero como a toda la invasión de autores pictóricos que poblaron los tebeos "adultos" de los años 90 tiene el mismo problema, que no saben narrar. Son cuadros muy bonitos, pero les falla lo más importante, el ritmo, la agilidad, el dinamismo que tiene que caracterizar un tebeo. Para ver cuadros me voy al Prado.

Y no puedo finalizar esta reseña sin darles un tirón de orejas a ECC por la reedición que han realizado. No solo han cambiado tanto el tamaño como el formato de la obra original, sino que la impresión de la obra es horrible, un pozo negro en el que no se distingue nada y donde se han perdido todos los matices del trabajo pictórico de Scott Hampton. Y si no, comparad las imágenes que ilustran este post con las mismas páginas de la edición de ECC.

Lobezno Max de Jason Starr, Félix Ruiz y Roland Boschi: ¿Necesitábamos otra versión de Lobezno?





























La línea Max de Marvel Comics, aparecida como replica de Vértigo, el sello adulto de su rival directo, se ha caracterizado por publicar lo justo, rodearse de buenos autores, y no tener un éxito estruendoso. Los ejemplos son pocos pero cada uno de ellos han dado como resultado tebeos muy estimables pero de escasa duración. El Castigador de Jason Aaron, Furia de Garth Ennis o Masacre de David Lapham y Kyle Baker se han caracterizado por entregar versiones e historias de personajes sobreexplotados con una visión diferente que se merecían más repercusión de la que han tenido.



Pero les faltaba EL personaje. Lobezno, el mutante de las garras de adamantium y el factor curativo cuyo pasado ha sido siempre un misterio y el gran motivo de su éxito, el cual se ha ido difuminando a medida que hemos averiguado más cosas sobre él y como muestra, las dos miniseries dedicadas a su origen, tebeos a todas luces innecesarios y que de poco han servido para aumentar su leyenda, sino todo lo contrario.



Y en esa tesitura se encuentra el guionista encargado de esta versión "adulta" del personaje, Jason Starr, famoso escritor norteamericano de serie negra que le viene como anillo al dedo a un personaje que se mueve igual de bien en el terreno superheroico que en el submundo del crimen, la mafia organizada y los yakuzas.



La serie comienza de manera trepidante. Un accidente aereo, un único superviviente y amnesia. A partir de ahí, nuestro protagonista, al estilo del personaje de Memento de Christopher Nolan, comienza una odisea en Japón que le llevará a Los Angeles y a Las Vegas (dos escenarios predilectos del noir) para descubrir quien es. En su camino, bandas criminales, enemigos del pasado, mujeres atractivas pero letales y supuestos "amigos" de los que no sabe si fiarse le conducirán a descubrir quién es y de dónde proviene.



Starr conoce su oficio y este Lobezno noir contiene todos los ingredientes que le hacen falta a una historia de dicho género. Sobre todo cuando el dibujante es Félix Ruiz, dibujante español influenciado por Bill Sienkiewicz y Alex Maleev, que sumerge al lector en un relato que huele a sangre, sexo y suciedad. No puedo decir lo mismo del otro dibujante del relato, Roland Boschi, elección equivocada en los fragmentos y capítulos que le han tocado dibujar.



El problema del relato es su resolución, porque tanto la trama principal como las secundarias atrapan al lector a medida que va pasando las páginas, con unos personajes, tanto el propio Logan como los secundarios que pululan a su alrededor perfectamente construidos dentro de los cánones de la serie negra. Pero los dos últimos números de la colección se cortan de manera abrupta, muy posiblemente provocado por la cancelación de la serie en su decimoquinto número.



Una pena, porque hasta entonces el tebeo y su visión del personaje fuera quizás la mejor interpretación del mismo en mucho tiempo. Pero las bajas ventas y un público lector que exige cambios pero quiere leer siempre lo mismo de siempre, provocan que un tebeo que podría haber sido mucho más, se quede en una interesante rareza, pero poco más.

26 de agosto de 2014

La Cosa del Pantano: Seres Queridos de Brian K. Vaughan y Roger Petersen. Los irregulares inicios de Brian K. Vaughan



















La sombra de Alan Moore es alargada, sobre todo en aquellos personajes que el inglés tocó allá por los años 80, sobre todo si hablamos de La Cosa del Pantano, el personaje creado por Len Wein y Berni Wrightson en el número 92 de House of Secrets. Un personaje que demostró en su primera andadura que no daba mucho más de si y que en manos de Moore se convirtió en un referente del cómic de los años 80.

Pero una vez Moore terminó con él, la pregunta era, ¿merece la pena seguir contando algo más sobre un personaje que Moore exprimió hasta las últimas consecuencias? La respuesta para DC Comics fue que si, y tras la mítica etapa, muchos autores, desde Rick Veitch tras la marcha de Moore, a más recientemente Scott Snyder, han intentado sin éxito, replicar la fórmula que hizo tan maravillosa y única la epopeya de Moore.

De lo otro que ha servido La Cosa del Pantano para el cómic americano, ha sido como banco de prueba de nuevos talentos. Y este es el caso que nos ocupa a continuación. Tras la etapa de un primerizo Mark Millar, joven promesa cuya calidad fue cayendo progresivamente a medida que su fama crecía, donde La Cosa del Pantano y Abby tenían una hija llamada Tefé, llegó la oportunidad de otro autor primerizo que al contrario que Millar no ha hecho más que mejorar, Brian K. Vaughan.



Cualquier lector de cómics actual sabe quien es Brian K. Vaughan. Tebeos tan excelentes como Y el Último Hombre, Ex-Machina, The Runaways o los más recientes Saga o The Private Eye, son buena prueba de ello. Pero el Brian K. Vaughan de La Cosa del Pantano todavía no es ese autor, artífice de algunos de los mejores tebeos de los últimos 15 años.

Inteligente por su parte es centrar la atención en Tefé, ya que intentar desarrollar y hacer avanzar a personajes como La Cosa del Pantano, Abby o Arcane es tarea inútil tras lo que hizo con ellos Alan Moore, y si no, que se lo digan al sobreexplotado Scott Snyder, que solo consiguió hacer un mash-up entretenido pero olvidable en su reciente etapa, mezclando sin ningún pudor los elementos de Moore y el original de Wein y Wrightson sin un ápice de originalidad.

Y Vaughan juega con el manido recurso de la amnesia y el viaje iniciático en busca de sus orígenes. Pero quitando los dos primeros ejemplares de la colección, el resto de lo leído hasta el primer momento (los primeros 5 números de la serie regular, recuperados por ECC) no es más que una sucesión de episodios autoconclusivos con el viaje de la protagonista a través de América, que le sirve a Vaughan como excusa para tratar temas sociales y de género que no dejan de ser un pasatiempo correcto pero intrascendente.

En definitiva, la obra en cuestión tiene sentido y valor para aquellos que tengan un afán completista por el personaje o seguidores de Vaughan que quieran leer las primeras y desconocidas obras de uno de los mejores autores que hay en la actualidad. El resto, abstenerse.

20 de agosto de 2014

Lucifer Libros 1 al 5 de Mike Carey: Un digno sucesor del Sandman de Neil Gaiman



















A veces los prejuicios y las ideas preconcebidas son malas consejeras que no te dejan disfrutar muchas veces de obras a las que uno les tiene manía solo por el hecho de existir. No te hace falta leerlas para comenzar a afilar los cuchillos y desear con todas tus fuerzas el poder asestarles tu golpe mortal para demostrar al mundo tu odio hacia una obra o autor determinado.



He de reconocer que al Sandman de Neil Gaiman siempre lo he tenido algo atravesado. Me gustó mucho su primer tramo, es decir, hasta la finalización de Estación de Nieblas, se me atragantó su tramo central y recuperé algo la fé en sus dos últimas sagas, Las Benévolas y el Velatorio. En resumen, el conjunto me parece muy estimable con algunos momentos de verdadero genio (el primer ejemplar, el episodio presentación de muerte y La Casa de Muñecas o la ya mencionada Estación de Nieblas) pero en general me parece un tebeo sobrevalorado y que tuvo la suerte de aparecer en una época (principios de la década de los 90) donde los lectores recibíamos con los brazos abiertos cualquier cómic que se alejara de los dientes apretados, los héroes oscuros per se y los guiones de derribo.



Pero una vez finalizada, DC Comics y su filial Vertigo no podía dejar atrás un universo que tantos éxitos, tanto artísticos como comerciales le había reportado. Y así, comenzaron a aparecer diversos spin-offs de las creaciones del adorado Neil Gaiman. No hace falta decir, que ninguna de ellas alcanzó ni el éxito, ni la calidad de la obra de Gaiman, excepto el Lucifer de Mike Carey.

Lucifer fue uno de los grandes aciertos de Sandman, descubriéndonos un personaje rico en matices y que estaba muy alejado de la visión simplista que la iglesia católica nos había dado de él. Lucifer es un ángel caído, rechazado por su padre por haberle llevado la contraria y no estar de acuerdo con las decisiones autoritarias y unilaterales que Dios toma, un Dios deshumanizado y frío que trata a sus creaciones con desdén.



Gaiman le dejó en la tierra, abandonando su infierno por pura desidia y regentando un bar en Los Ángeles para vivir entre los mortales. Y ahí es donde comienza la etapa de Mike Carey. Un Mike Carey que en la miniserie previa a la serie regular y en los primeros números de la misma no llega a explotar su talento, quizá por miedo a salirse del canon implantado por Gaiman.



Pero una vez Carey despega y se sale de la sombra de Gaiman, es donde la colección encuentra su tono y su propia voz, consiguiendo imprimir a la obra de un estilo y una calidad que iguala e incluso mejora al propio Sandman. Si Sandman subía y bajaba de interés a lo largo de sus 75 números, el Lucifer de Carey va subiendo in crescendo su interés gracias a una trama perfectamente engarzada y sobre todo a un reparto de personajes secundarios a cual más interesante, cada uno de ellos dotado de su propia voz y de sus propios intereses. Porque Lucifer en algunos momentos no deja de ser un secundario en su propia colección, pero no porque quede empañado, sino porque es uno más del crisol de fantásticos personajes que pueblan el serial, donde cada uno de ellos es una pieza fundamental del puzzle que ha preparado Carey para el lector.



Y que mejor momento para darle una oportunidad a uno de los títulos emblemáticos de la Vertigo de principios del siglo XXI que la cuidada reedición que está publicando ECC en nuestro país, 7 volúmenes de los que ya han aparecido 5, que rinden tributo a una serie que comenzó como un simple spin-off y que con el paso del tiempo se convirtió en un título con entidad propia.


8 de agosto de 2014

Guardianes de la Galaxia: ¿Hace cuánto tiempo no disfrutáis de verdad en el cine?





















¿Hace cuánto no disfrutáis como niños en el cine? ¿Hace cuánto no tenéis la sensación que vivimos aquellos que pudimos disfrutar de la trilogía original de Star Wars o Indiana Jones? Esa sensación de estar viendo y viviendo algo especial que se convierte en el mismo instante en el que lo ves en un clásico y una de tus películas imprescindibles para toda tu vida. Pues esa es la sensación que me dejó Guardianes de la Galaxia tras verla el pasado Lunes en un pase especial en las oficinas de Disney España.



Whedon lo consiguió hace dos años con sus Vengadores. Pero tenía la suerte de que ya partía de la base de unos personajes ya presentados y conocidos mundialmente. Pero James Gunn no lo tenía tan fácil. Un grupo de personajes secundarios del universo Marvel, un mapache, un árbol y la responsabilidad de expandir el universo Marvel a los confines del espacio.



Y lo logra con matrícula de honor. Porque las dos horas que dura este espectáculo que devuelve la fe en el cine de los estudios se pasa volando. Gunn consigue mezclar sin que chirríe en ningún momento, space opera, humor gamberro (el espíritu de la JLA de Giffen y DeMatteis ronda al largometraje), explosiones, ruido, batallas interestelares y mucho corazón.



Porque el éxito de Guardianes de la Galaxia está mucho más allá de su gran presupuesto, su impecable diseño de producción y unos efectos especiales absolutamente perfectos, sino en el corazón de la historia que nos cuentan y en los magníficos personajes que nos presentan. Y es que en el fondo, estos cinco outcasts del espacio exterior buscan una familia, gente que les quiera y lo encuentran en este equipo absolutamente disfuncional pero maravilloso.



Gunn sabe que teclas tocar para hacer disfrutar al espectador, hacerle reir, maravillarle y emocionarle. Y esto también gracias a un reparto en estado de gracia, desde el carisma que transmite Chris Pratt y que puede asemejarse al de Harrison Ford en Indiana Jones o Star Wars, pasando por la mejor pareja que ha dado el cine en los últimos tiempos, Mapache Cohete y Groot, interpretados por Bradley Cooper y Vin Diesel. Una pareja que desde ya están en los anales del cine junto a Rigs y Murtaugh, C3PO y R2D2 o Marty y Doc. Sin olvidar la genial interpretación de Drax el Destructor, la magnética presencia de Zoe Saldana como nueva bad girl de la ciencia ficción o el fantástico e hilarante trabajo de Michael Rooker como Yondu.



Como ya hizo Marvel con Vengadores y El Soldado de Invierno, el estudio de nuevo a vuelto a ponerse el listón muy alto. Pero como lleva demostrando desde que comenzó este universo cinemático, eso no es problema. El crossover entre los héroes más poderosos de la galaxia y esta banda de entrañables rebeldes galácticos está a la vuelta de la esquina. Yo ya lo estoy deseando y cuando veáis esta película, vosotros también. 

24 de junio de 2014

Miracleman 1: El sueño de volar de Alan Moore, Garry Leach y Alan Davis. La esperada reedición de un tebeo necesario e imprescindible






















El regreso del Miracleman de Alan Moore a las librerías y a las estanterías de todo aficionado a la historieta contemporánea es un hito absoluto y la novedad quizás más imprescindible que podrá aparecer en 2014. La razón, su autor, Alan Moore, que aunque no aparece mencionado sino como el "guionista original" por una cuestión de derechos y disputas entre Alan Moore y las grandes editoriales, fue el escritor que originó al superhéroe contemporáneo tal y como lo conocemos actualmente.



Miracleman era la versión inglesa del personaje de Fawcett Comics llamado Capitán Marvel y que luego fue absorbido por DC Comics y reconvertido en Shazam, de nuevo por una cuestión de copyrights y derechos. El protagonista y su equipo la familia Marvel, se convertían en superpoderosos héroes tras gritar la palabra "Kimota" con claras reminiscencias al temor nuclear y atómico de los años 50. La originalidad del personaje no era mucha, pero el público inglés lo acogió con los brazos abiertos, en una época en la que la universalidad de los contenidos todavía era una utopía.

Pero llegamos al año 82 y nos encontramos con un joven Alan Moore que se había convertido en la estrella de la revista Warrior, que al igual que 2000 AD fue el caldo de cultivo de una generación de guionistas y dibujantes ingleses que remodelarían el panorama superheróico y de la ciencia ficción de las viñetas en las décadas venideras.



El encargo de Moore, que estaba realizando en paralelo una de sus grandes obras maestras, V de Vendetta, también como serial para Warrior, fue lo que se ha convertido en algo habitual en la industria del cómic americano, un reboot del personaje, desde un prisma más adulto y dotando de profundidad y gravitas lo que anteriormente era un personaje plano y dirigido a una audiencia infantil.

Y esto para el lector actual es algo común, y quizás ese sea el mayor handicap de su lectura  para aquellos que la lean por primera vez. Los conceptos que Moore desarrolla en estos primeros cuatro ejemplares recopilados en este volumen les van a sonar harto conocidos a los lectores del siglo XXI: The Authority, The Boys de Garth Ennis, la más oscura y desconocida trilogía de Rick Veitch que componen El Uno, Maximortal y Niñatos, o si nos acercamos a la obra posterior de Moore, Supreme o su mismo Watchmen.



Pero cuando Moore realizó este tebeo, nada de esto existía, el marco del superhéroe adulto influenciado por la teoría del superhombre de Nietzche no había sido tratada por ningún autor hasta que el escritor de Northampton puso sus manos en este personaje olvidado del cómic inglés. Tras él llegaría el Dark Knight de Miller, la reinterpretación de La Sombra de Chaykin, Watchmen, La Cosa del Pantano y autores como Morrison, Millar, Ellis, etc...

Para el lector veterano, que pudo leer esta obra en la edición que publicó la difunta editorial Eclipse es un sueño hecho realidad. No solo porque el tebeo ha sido restaurado y recoloreado con verdadera prestancia por Steve Oliff y puedan leer de nuevo todo el trabajo de Alan Moore y posteriormente lo continuado por Neil Gaiman, sino que la obra inacabada por el cierre de Eclipse, será terminada por Gaiman, gracias al acuerdo al que ha llegado con Marvel Comics.



Una pena que Alan Moore se haya desentendido de la reedición, porque habría sido interesante los pensamientos y recuerdos de una obra publicada hace ya 32 años, en una época en la que el cómic de superhéroes estaba despertando de su letargo y se acercaba a una madurez apasionante. Auténtica historia del cómic contemporáneo que se merecía una reedición de estas características.
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