22 de octubre de 2014

Black Canary and Zatanna: Bloodspell. Recuperando el estilo de una DC desaparecida



















¿Recordáis una época en la que los tebeos de superhéroes eran más ligeros, más agradables y eran un entretenimiento para todas las edades? Una época en la que la oscuridad impostada, la violencia gratuita y el pesimismo no aparecía en este universo de cuatricomía, salvo honrosas excepciones, más como experimento que como norma no escrita. Pues aquellos que como yo añoramos esa época ya casi desaparecida, disfrutaréis de este team up entre dos de las superheroínas más carismáticas del universo DC, Canario Negro y Zatanna.



No es casual que el encargado de esta hazaña sea Paul Dini, fan y verdadero creyente del universo DC tradicional y que nos regaló en la década de los 90 la serie animada de Batman, una verdadera oda al personaje y la que es hasta el momento la adaptación más fiel del personaje en otro medio que no sea el impreso. Porque Dini adora el universo DC, sus personajes y su personal idisioncrasia, desaparecida ahora en los nuevos 52.



Porque esta novela gráfica, aunque haya aparecido este 2014, es un proyecto que presentó Dini en el año 2005 y se nota. Es un tebeo sencillo, ligero, pero muy auténtico. Un tebeo que cuenta una aventura que no pretende cambiar el mundillo, ni a sus personajes, ni pretende alzarse con miles de premios Eisner, o ser carne de especuladores de portadas variantes. Simple y llanamente pretende hacer pasar al lector un buen rato. 



Y lo consigue gracias a una historia sencilla que mezcla la intriga criminal con el elemento sobrenatural, pero que sirve de excusa para dar a conocer al lector la amistad entre dos de las mejores heroínas que ha dado el universo DC, ya que a través de flashbacks, conoceremos la historia de amor entre ambas, y así poder Dini utilizar el amplio y variado abanico de personajes, situaciones o lugares que el universo DC atesora en sus más de 75 años de historia.



Si el trabajo de Dini es encomiable en su resultado y pretensiones, no puedo dejar de hablar de su partenaire artístico, Joe Quiñones, un nuevo talento que desde ya entra en el top ten de dibujantes cartoony, o más cercanos a la animación, donde Darwyn Cooke y Bruce Timm ostentan el trono. Un trazo limpio, una facilidad para la narrativa y un magnífico talento para las expresiones faciales, hacen que el tebeo sea un disfrute tanto mirarlo como leerlo.



Quizás algún lector pueda sentirse decepcionado por el formato elegido para la ocasión, una novela gráfica. Algo caro para un tebeo que no deja de ser una aventura divertida de dos personajes digamos "menores" de DC. Pero quizás también es la única manera de llamar la atención al potencial lector y que se atreva con otro tipo de tebeos que no estén involucrados en una nueva macrosaga, la muerte de un personaje o pertenezca a la sobresaturada Bat-familia.  Dadle un tiento, que seguro que lo disfrutaréis. La edición (repleta de extras, con bocetos, páginas originales y el tratamiento y guión original) y el tebeo lo merecen.

20 de octubre de 2014

Perdida de David Fincher: Un magistral thriller que nos devuelve al mejor Fincher

Si a David Fincher se le da algo muy bien son los thrillers. Lo atestiguan títulos tan emblemáticos de las tres últimas décadas como Seven, The Game o Zodiac. No solo por su capacidad para ambientar sus películas en esa atmósfera turbia y malsana, sino también por saber sacar partido a guiones cuasiperfectos donde la ambigüedad están a la orden del día.

Incluso su magistral La Red Social, para mi el mejor título que ha realizado Fincher, se podría considerar un thriller, ya que la historia de la creación de Facebook era un relato narrado a muchas bandas y donde el director dejaba a la elección del espectador el tomar partido por las muchas incógnitas que habrían los protagonistas de una de las obras fundamentales de los últimos 10 años.



Y tras la insípida "Los Hombres Que No Amaban a Las Mujeres", volvemos a encontrarnos con una obra que aúna una magnífica dirección con un guión casi sin aristas. Y eso es gracias a Gillian Flynn, escritora de la novela original, que se convierte en la nueva y perfecta aliada de Fincher como lo fue en el pasado Andrew Kevin Walker o Aaron Sorkin.

El guión de Flynn y la dirección de Fincher atrapan al espectador durante las dos horas y media que dura el largometraje. Un metraje que no cansa en ningún momento, gracias a la narrativa basado en varios puntos de vista y con saltos en el tiempo que van encajando las piezas de un puzzle maquiavélico que deja al espectador satisfecho pero con un regusto malsano al terminar la proyección y que acerca al cineasta a la obra de autores como Hitchcock o Paul Verhoeven.



La mención de estos dos autores no es gratuita, ya que aparte de ser ambos maestros del suspense y creadores de atmósferas malsanas, también se les recuerda por su malsano sentido del humor. Y es que por primera vez en la obra de Fincher, encontramos sentido del humor, un sentido del humor ácido y nada complaciente, pero que aleja la trama del thriller al uso.

Fincher vuelve a dirigir con verdadera precisión de cirujano, con una narrativa compleja estructuralmente, pero visualmente clásico, alejada de los geniales excesos de sus primeros trabajos como Seven o El Club de la Lucha y que la acerca a obras más maduras y clásicas visualmente que no de estructura como Zodiac o La Red Social, que refuerza el sólido guión de Flynn. La única concesión al efectismo es en una de las últimas escenas del filme, donde los parecidos con Verhoeven se acrecentan y que pocos espectadores olvidarán tras verla.



Pero una buena dirección y un buen guión necesitan de buenos actores para que el resultado sea memorable. Y aquí tanto Ben Affleck como Rosamund Pike dan el do de pecho. Affleck, llevando el 80% del peso de la película en sus hombros y demostrando a sus haters que es tan buen actor como director y que todavía le queda mucho por demostrar. Y lo de Rosamund Pike es magistral. Cada escena en la que sale roba la pantalla con su magnetismo y su interpretación queda desde ya en los anales de su género... y hasta aquí puedo leer para no estropear las múltiples sorpresas que nos depara la cinta.

En definitiva, un thriller impecable, un Fincher en plena forma, uno de sus mejores trabajos y una de las cintas imprescindibles del 2014. ¿Se puede pedir más?


29 de septiembre de 2014

Daredevil Noches Oscuras de VV.AA.: Intrascendentes pero correctos relatos del Hombre sin Miedo




Daredevil es para Marvel como Batman para DC Comics. Un personaje que durante sus 50 años de historias ha tenido múltiples interpretaciones pero que la obra de un autor, en este caso Frank Miller, ha enterrado y dejado en un segundo plano otras visiones igual de interesantes de este abogado de la Cocina del Infierno.

Noches Oscuras, una miniserie de ocho números, intenta englobar en la misma todos los tipos de Daredevil, con mayor o menor fortuna, pero que sirve al lector no iniciado en el superhéroe ciego más famoso del mundo del cómic, para hacerse una idea de lo que puede encontrarse con este personaje.



Dentro de esta miniserie podemos encontrar tres relatos diferentes de tres equipos creativos diferentes. El primero de ellos, está escrito y dibujado por Lee Weeks, un magnífico dibujante de estilo clásico, que nunca ha tenido la repercusión y el éxito que se merece. Y aquí se estrena como autor completo, con unos resultados irregulares.

La sombra de Miller y Mazuchelli sobrevuela este trabajo, en especial su Born Again, con un Matt Murdock enfrentado a los demonios de su pasado, un simbolismo religioso ya presente en la etapa de Miller y una oportunidad de redención a un héroe torturado por la culpa. Pero también es la historia de la ciudad de Nueva York, muy al estilo del fallecido Will Eisner, del cual Miller ya bebía mucho en su primera aproximación al personaje. Una niña en peligro, un criminal en busca de redención.



El problema es que esta historia llega 30 años tarde. Pero se salva por el mejor trabajo gráfico de toda la miniserie, gracias a un Lee Weeks en estado de gracia, con una narrativa fluída y una composición de página que hace que no entienda que no sea un autor más adorado por la industria y los aficionados. 

El segundo relato está realizado en su totalidad por David Lapham. Todo aquel que conozca a este genial autor venido de la escena independiente y que haya disfrutado con su Balas Perdidas, u otros tebeos menos conocidos pero igual de geniales como Mátame, Silverfish o Young Liars, se sentirán decepcionados no por un mal trabajo, sino por un tebeo que se nota alimenticio para el autor y en el que no consigue exprimir ni un 10% del talento que atesora.



Y llegamos a la que es la historia menos pretenciosa de la recopilación y la más entretenida. Guionizada por Jimmy Palmiotti y dibujada por Thony Silas, es quizás la más ligera de las tres aventuras. Y aquí nos encontramos con un Daredevil más liviano, sin tortura católica de por medio. Un tebeo en el que sacamos a Matt Murdock de su zona de confort, Nueva York y le metemos de lleno en la soleada Miami, junto a Misty Night en un team up divertido, más cercano al Arma Letal de Richard Donner que a los soliloquios apesadumbrados a los que estamos acostumbrados. El dibujante, Thony Silas, hace un trabajo correcto dentro de sus limitaciones.

En definitiva, un tebeo que no aportará nada a los seguidores del personaje, pero que si que puede servir de pasarela introductoria para todos aquellos lectores novatos que se quieran adentrar en uno de los personajes más interesantes de la historia de Marvel Comics.


27 de septiembre de 2014

Black Science de Rick Remender y Matteo Scalera: Ciencia ficción, pulp y los 4F se dan la mano

































De todos los últimos talentos que han aparecido en el cómic americano en los últimos tiempos, Rick Remender quizás sea el que mejor ha sabido fusionar el estilo de los tebeos clásicos de los 60 y 80 con un toque actual necesario en estos tiempos que corren. Cualquiera que haya leído sus espléndidas etapas al frente de X-Force o sus Imposibles Vengadores saben de lo que hablo. Tebeos que en un principio parecen sencillos pero que una vez que te adentras en ellos y con el paso de los meses se convierten en verdaderos trabajos de orfebrería donde todas las piezas encajan a su debido momento. 



Pero a diferencia de contemporáneos suyos como Jonathan Hickman, ese encaje de bolillos no quita que sus protagonistas tengan vida propia, personalidad y no sean una mera excusa para demostrar lo bueno que es el guionista a la hora de estructurar una historia sin pensar que el lector seguirá leyéndote si siente algo por los personajes, algo que Hickman olvida en cada una de sus obras.



Y el magnífico equilibrio de la industria americana actual permite que estos nuevos talentos trabajen en ambos lados del espectro. Ganando un buen dinero con editoriales y personajes mainstream elaborando un trabajo de calidad en la mayoría de las ocasiones y a su vez desarrollando propuestas personales como este Black Science que nos ocupa y que es el primero de tres trabajos que está desarrollando para el sello Image.



Black Science es un cóctel donde Remender mezcla con los ingredientes adecuados su amor por el pulp, la ciencia ficción, la space opera y su amor por los 4 Fantásticos de Stan Lee y Jack Kirby. Porque nuestro protagonista es una visión distorsionada pero tremendamente parecida a ese Reed Richards obsesionado por la tecnología y la ciencia, los cuales le han deshumanizado y le han apartado de las personas, en particular de su esposa e hijos. Y hasta aquí puedo leer para no estropearos las sorpresas que la serie atesora en su interior.



Si el primer ejemplar nos retrotrae a la atmósfera de las novelas pulp de Buroughs y su John Carter y el trabajo gráfico de Matteo Scalera (que ya colaboró con Remender en una muy reivindicable etapa al frente de Vengadores Secretos) nos recuerda a las ilustraciones de un Frank Frazetta más sucio y turbio, a partir de su segundo ejemplar, la colección da un giro al desvelarse el nucleo de la historia y que si se le puede buscar un símil sería lo que pudiera haber sido el Sucker Punch de Zack Snyder si este se hubiera preocupado por escribir un guión a la altura del delirio visual y conceptual de su fallida película.



En Black Science la forma y el fondo van de la mano. Las ideas fluyen página a página con la misma intensidad que su guión, el cual nos va descubriendo a un elenco de personajes que a cada número que pasa se van haciendo más interesantes y vamos descubriendo poco a poco el gran universo que Remender ha preparado para la ocasión. Así que no lo dudéis, y si sois fans de la ciencia ficción conceptual, de la space opera, de los seriales de los años 30, o de todo a la vez,  haceros en cuanto podáis con una copia del primer volumen recopilatorio. No saldréis defraudados.





26 de septiembre de 2014

Gotham: Un piloto mucho mejor de lo esperado

























¿Una serie de televisión ambientada en el universo del Hombre Murciélago sin Batman? La premisa de esta nueva serie de televisión no presagiaba nada bueno. Porque, ¿qué sentido tiene una serie ambientada en Gotham City sin su habitante más atractivo y en la que su universo se iba a ir creando sin su máximo impulsor? Pero a veces la vida te da sorpresas agradables.



Por supuesto que el piloto no es perfecto, pero las semillas plantadas en el mismo si que dan esperanzas de una serie por lo menos atractiva. Deben pulir algunas cosas, como por ejemplo el estilo de dirección en algunos fragmentos (excesivamente efectista el uso de la Gopro en la persecución de Gordon al supuesto asesino de los padres de Bruce Wayne y que intenta emular a la grandiosa Breaking Bad sin conseguirlo) o que la mujer de James Gordon, Barbara, parezca salida más de un episodio de Melrose Place o Gossip Girl que la mujer corriente y de a pie que hemos visto reflejada por ejemplo en el Año Uno de Miller y Mazuchelli.



Pero hay muchas cosas buenas en este piloto. Lo primero, la perfecta pareja formada por Gordon y Harvey Bullock (que mezcla con acierto las características del personaje homónimo con la del Detective Flass creado por Miller en el ya mencionado Año Uno), o ese turbio e interesante Oswald Cobblepot que apetece ver como será desarrollado o la presencia arrolladora de un personaje de nueva creación como Fish Mooney, crimelord de Gotham City y subalterna de Carmine Calfone que en el plazo de muy poco tiempo comenzaremos a ver en los tebeos de DC Comics.



El punto de partida de la serie es el asesinato de los padres de Bruce Wayne, un crimen que destapará la caja de Pandora y que comienza a mostrar los tejemanejes y las corruptelas que esconde la ciudad más famosa del mundo del cómic con permiso de Metrópolis. Y es que la ciudad es el verdadero protagonista de de la serie. Una Gotham City mejor plasmada que la representada por Christopher Nolan en su trilogía, ya que aunque esta está anclada con los pies en la tierra, se siente mucho más cercana a las representadas en cómics como Año Uno, El Largo Halloween o Gotham Central.



Y es que Gotham Central es también un espejo de esta serie televisiva. Porque el tebeo de Brubaker y Rucka se centraba sobre todo en el día a día de la comisaría y sus agentes, enfrentados y sobrepasados por un universo criminal repleto de freaks que en la mayoría de las ocasiones les superaban. Aquí veremos como ese universo de villanos se va creando poco a poco (ya hemos conocido al Riddler, a Catwoman, a una joven Poison Ivy y muy posiblemente al Joker en ese cómico en el local de Fish Mooney que trae al recuerdo del aficionado La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland). Y en el backstage Bruce Wayne, traumado por la muerte de sus padres y protegido por un Alfred más seco y autoritario que nunca, sacado de uno de los peores tebeos que ha sufrido Batman en los últimos tiempos, Batman Tierra Uno de Geoff Johns y Gary Frank.



Veremos que depara el futuro a este serial. Pero las primeras impresiones son buenas y sus escasos 50 minutos de duración te dejan con ganas de más. Démosle un voto de confianza y veamos como se desarrollan los acontecimientos. A lo mejor nos encontramos con una sorpresa agradable.

24 de septiembre de 2014

Sin City: A Dame to Kill For de Robert Rodríguez y Frank Miller. El álbum de cromos como forma de arte
























Nueve años después de que Robert Rodríguez estrenara lo que fue un acontecimiento cinematográfico-viñetero y diera a conocer al mundo exterior quién era Frank Miller con su adaptación de Sin City, el director necesitado de un éxito tanto crítico como comercial, intenta reverdecer su pequeño prestigio con esta nueva adaptación de los relatos de serie negra ideados por Frank Miller en los años 90. El problema, que reincide en los grandes defectos del original y llega demasiado tarde.



El lenguaje del cine y el cómic no tienen nada que ver, aunque en principio parezcan primos hermanos. En un cómic, el ritmo lo proporciona la narrativa visual del artista y el dinamismo que le imprima a cada página. Y en eso Miller siempre ha sido un maestro, incluso en sus peores trabajos. Pero es trabajo del lector el llenar los espacios entre viñeta para crear esa sensación de vida en un tebeo. En cambio, el lenguaje del cine es completamente diferente. El ritmo se imprime con el montaje, pero entre plano y plano el espectador no tiene que llenar el espacio entre los mismos. Y ahí está el problema de Sin City, tanto el original como su secuela.



El trabajo de reconstrucción visual y estético de las dos partes de Sin City, al igual que el trabajo de Snyder en 300 y Watchmen es muy admirable, pero meramente como calco del original. Podemos decir que visualmente son un 10, pero no gracias al gusto estético del director, sino porque son unos hábiles calcadores y tienen la tecnología para llevarlo a cabo. Y en eso, esta secuela de Sin City supera a su predecesora gracias a los avances tecnológicos de los últimos 10 años. Planos idénticos a los reflejados en el cómic, con un mimetismo casi enfermizo.



¿Pero qué ocurre cuándo Rodríguez (un director muy mediocre desde el punto de vista visual) no tiene qué o a quién imitar y tiene que dotar de vida a este Sin City? Que la película queda reducida a un remedo arty de una película de Chuck Norris producida por la Cannon. En su momento, el primer Sin City sorprendió por su fantasmagórica fidelidad al original. Pero la realidad es que detrás de ese reclamo visual y un reparto de primeras estrellas gracias a un casting encomiable no tenía más interés que el que tiene mirar el álbum de cromos de la película del momento. La historia y las imágenes están ahí, pero no es lo mismo.



La diferencia entre los dos Sin City en cuanto a su recepción crítica y de público es que hace casi 10 años lo que hoy está trillado ayer era novedoso y vanguardista. Pero ni la original fue una obra maestra, ni esta es una secuela que destroza lo conseguido en la primera parte...salvo en una cosa.



El primer Sin City se nutría de tres historias largas y un relato corto, tres historias de un Miller que todavía no había caído en los abismos de la mediocridad y la autocomplacencia, aunque su Sin City fue el principio del fin de este autor. En cambio, esta secuela de Sin City se centra en dos historias originales de los cómics, una corta, ("Just Another Saturday Night") que sirve de prólogo para el filme y está protagonizada de nuevo por Marv y que es tan intrascendente como su original en papel y la historia que da título a la película "Moriría Por Ella", el mejor relato de Sin City y uno de los mejores trabajos de Frank Miller en general. Pura serie negra, una historia absorbente y una de las mejores femmes fatales de la historia del género, Ava Lord. Su traspaso a la pantalla, visualmente arrebatador, una Eva Green absolutamente perfecta y magnética tanto interpretativamente como físicamente y un Josh Brolin en estado de gracia como Dwight McCarthy. El problema, el explicado anteriormente, que es un álbum de cromos.



Y llegamos al mayor problema de la película, que son los dos nuevos relatos creados para la ocasión por el propio Frank Miller, uno centrado en un nuevo personaje interpretado por Joseph Gordon Levitt y otro centrado en Nancy y que sirve de secuela a los sucesos acontecidos en "Ese Cobarde Bastardo" y que sirve únicamente de lucimiento físico para Jessica Alba. Ambos relatos nos traen al peor Miller, el de los últimos 15 años, lleno de lugares comunes y personajes de cartón piedra. Y lo peor del caso es que incluso incurre en contradicciones en una cronología que tampoco es que tenga una complejidad extrema y que se centra en el personaje de Marv y su relación con Nancy.



Porque, ¿qué necesidad tenía Miller de inventarse dos nuevos relatos cuando quedaban otros muchos, sobre todo relatos cortos que son mucho mejores y que estaban centrados en la figura de la femme fatale como los dos dedicados a Ojos Azules y "La Niña de Papá", que temáticamente le venían que ni pintados a esta película?. Visto el resultado, únicamente su ego.



En resumen, una película que tiene los mismos defectos que el original, pero que encima es peor por culpa de tres relatos que van de lo intrascendente a lo aburrido y que merece únicamente la pena para disfrutar (visual que no narrativamente) de la adaptación de "Moriría Por Ella" y el trabajo de los anteriormente mencionados Eva Green y Josh Brolin.

12 de septiembre de 2014

Los Invisibles de Grant Morrison: Quizás el mejor cómic jamás publicado


























Afirmar tan rotundamente que una obra es la mejor obra jamás hecha, sea en el medio que sea, es una temeridad muy grande. Sobre todo cuando existen obras que objetivamente son mucho más redondas, más cerradas y de más fácil acceso que estos Invisibles que nos ocupan. Sobre todo viniendo de un autor como Grant Morrison, amado y odiado a partes iguales por los aficionados al mundo del cómic. Un autor que es tanto escritor como estrella de rock y donde muchas veces no sabes donde empieza la persona y acaba el personaje.



Grant Morrison llegó al mundo del cómic con la ambiciosa intención de ser el mejor escritor de cómics de la historia del medio y revolucionar el medio y su manera de sentirlo y contarlo como nunca se había visto antes. Muchos han visto en el escocés un remedo pop de Alan Moore, pero quitando que los dos son aficionados a la magia, poca relación puedo ver entre la obra del uno y el otro, obviando que las de ambos son dos excelentes trayectorias profesionales y que ambos nos han entregado a los aficionados algunos de los mejores tebeos jamás escritos.



Y Los Invisibles es su gran obra. Una evolución de los planteamientos con los que nos deslumbró en trabajos anteriores como Animal Man o su Doom Patrol y que ha influido posteriormente en trabajos personales suyos como The Filth u obras más mainstream como su larga etapa de Batman, Crisis Final o su trabajo más reciente para DC Comics, The Multiversity.



En Los Invisibles, Morrison aúna todas sus filias y fobias, todos sus intereses y su manera de ver el mundo, además de incluir en la misma todos aquellos acontecimientos, por bizarros que sean, que le han ocurrido al excéntrico autor. En cada uno queda el creer en lo que le ha ocurrido o no. Si es un charlatán o realmente cree que le han ocurrido o le han ocurrido todas esas experiencias extrasensoriales y "paranormales" que todo aquel que haya seguido su trayectoria conocerá.



Y todas esas experiencias forjan Los Invisibles. Una obra dividida en tres volúmenes, cada uno de ellos diferentes tanto en forma como en estilo, pero que unidos forman un canvas enorme donde el sentido de la vida, la definición de realidad, las conspiraciones, fenómenos extrasensoriales, paranormales e inexplicables se dan la mano para formar todos ellos juntos un trabajo que intenta dar explicación a la pregunta más importante que todos los seres humanos nos hacemos: ¿Cuál es el sentido de la vida?



Personalmente creo que Morrison lo consigue. Por supuesto con su particular estilo. Y advierto, este tebeo no está hecho para aquellas personas que quieren explicaciones masticaditas y de manual. Leer Los Invisibles requiere de esfuerzo, de concentración. Pero es un esfuerzo que queda recompensado a medida que avanzas en la lectura de una obra que no te suelta y que cuando acaba te deja una extraña sensación de vacío.



Pero no os penséis que el tebeo es una disertación aburrida sobre que es la realidad, cual es nuestro lugar en el universo, etc... No, Morrison crea una ficción donde un grupo de individuos subversivos organizados en grupos de 5 miembros en diferentes lugares del mundo, se enfrentan a fuerzas ocultas que controlan el mundo, un mundo que no es real y que ha sido manipulado para esclavizar sin que nos demos cuenta, a todos los humanos. Y si, se parece mucho a Matrix, pero eso es un tema para otro post... Solo una pista, Los Invisibles apareció en 1994 y Matrix se estrenó en 1999...que cada uno saque sus propias conclusiones.



La división en 3 volúmenes tiene su sentido, tanto en la manera que Morrison planteó la obra (basado en las etapas de la vida de Buda) como por la irregular trayectoria comercial que tuvo el título cuando apareció publicada por primera vez. Y si que es cierto que la lectura mensual de este título es complicada. Cada ejemplar y cada página del mismo, e incluso muchas veces cada viñeta aportan tal cantidad de información y conceptos, que si no lo lees de manera continuada, puede confundir y frustrar al lector ocasional. Pero si te adentras en el particular estilo narrativo de Morrison, estás perdido.



Cada volumen tiene una estructura narrativa y un estilo diferente. El primer volumen arranca de manera pausada, con un tono más gris, más inglés, presentando a los participantes de esta obra. El segundo volumen, ambientado en Estados Unidos, es más pop, más enérgico, más fácilmente digerible para los no iniciados en la obra de Morrison. Y el tercer volumen es el arco que devuelve a la obra el tono quizás más hermético del primer volumen, donde todos los misterios son resueltos, pero no de la manera que quizás esperamos.



Pero Los Invisibles no es una obra que se pueda contar. La tienes que experimentar. Y desde aquí os animo a todos a que lo hagáis. A que os dejéis llevar por la locura, que abandonéis vuestra parte racional y os dejéis llevar por los sentidos, porque Los Invisibles es una obra sensorial. Es posible que en su primera lectura no entendáis todo, o puede que tampoco en la segunda o tercera. Pero cada lectura de la misma abre una capa más en este crisol que son Los Invisibles. No os arrepentiréis. Os lo aseguro.
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