21 de abril de 2014

Saga de Brian K. Vaughan y Fiona Staples: Una space opera diferente y brillante


¿Cuánto nos quejamos los lectores de cómics de que no hay nada nuevo y original en el medio?¿Que todo lo que leemos ya nos suena a ya leído o visto? La gran mayoría de las veces es verdad, en una industria que va a tiro hecho y a fórmulas ya preestablecidas que han funcionado pero que su desgaste es ya evidente, excepto para aquellos lectores que no quieren darse cuenta.

Pero a veces los milagros existen. Y este Saga de Vaughan y Staples es el ejemplo perfecto de estos pequeñas joyas que aparecen de vez en cuando y nos hacen reconciliarnos con un medio, que en el momento que se les da libertad absoluta a unos autores en estado de gracia, nos entregan obras de tanta calidad como este tebeo.

Un tebeo que es pura space opera, pero una space opera familiar. Un tebeo que nos lleva de la mano de una pareja de diferente raza y su hija recién nacida. Una especie de Romeo y Julieta intergaláctico, donde nos encontramos con dos razas en conflicto, cuyo origen desconocemos y que han separado en una guerra interminable a dos civilizaciones, una regida por la magia y la otra por la tecnología.



Entre medias de esta pareja y sus razas, nos encontramos con un elenco de personajes ciertamente memorable que oscila entre gatos alienígenas que saben si una persona está mintiendo o no, a cazarrecompensas con problemas sentimentales y profesionales, robots evolucionados que han ascendido hasta figuras nobiliarias obsesionadas por el sexo o figuras espectrales juveniles de buen corazón.

Porque lo que demuestran Vaughan y Staples es que la mezcla de géneros en apariencia completamente contradictorios como la ciencia ficción, el terror sobrenatural, la fantasía pura y dura, mezclados con toques de humor, sexo y violencia, si está bien equilibrado en la receta, da como resultado una obra única e imprescindible.

Pero no solo de mezclar géneros con eficacia vive una obra. Necesita de una historia que te atrape y unos personajes memorables. Y esta obra cumple con creces estos dos preceptos. Lo primero, demuestra la habilidad de Vaughan (ya demostrada en tebeos como Y: El Último Hombre o Ex Machina) como narrador de historias. Sabe como desarrollar la historia, avanzando en el tiempo o retrocediendo de manera fluída e inteligente, sin perder al lector por el camino, además de conocer los mecanismos del comic-book y funcionar de la manera más efectiva posible, sea leída en paperbacks o como grapa mensual, haciendo un uso del cliffhanger absolutamente brillante.



Y que decir de sus personajes, reales como la vida misma. Unos personajes de los que te enamoras casi instantaneamente, incluso con sus defectos. Y si además están escritos y dialogados tan naturalmente, con conversaciones y momentos que oscilan entre el dramatismo, lo cotidiano y lo cómico muchas veces en una misma escena, el triunfo está asegurado.

Y no puedo dejar de hablar del trabajo de Fiona Staples, una artista que combina costumbrismo y espectacularidad de manera ejemplar, entregando unas páginas que una a una son una delicia para la vista y que no se quedan en mero reclamo pictórico, sino que sabe narrar con absoluta certeza los guiones de Vaughan.



Llevo leídos los tres primeros paperbacks de la colección, o lo que es lo mismo, los primeros 18 números de la serie regular. El nivel ha medida que pasan los números no solo es que mantenga la calidad de los primeros números de la colección, sino que se va superando a medida que la serie avanza. Acabo de terminar el tercer tomo y supongo que el cuarto volumen no caerá en mis manos hasta su publicación a finales de año. Me muero de la impaciencia y ya hecho de menos esta historia y sus personajes. Y eso últimamente es cada vez más difícil. Por algo será...

19 de abril de 2014

The Amazing Spiderman 2: Irregular pero espectacular secuela





















Adoro a Spiderman. He crecido con él y siempre he disfrutado con el personaje, tanto en sus mejores etapas como en las peores. Porque Peter Parker quizás es el héroe con el que cualquier espectador o lector de cómics se puede sentir reflejado. Por eso siempre he visto con mejores ojos y con más displicencia las ya innumerables versiones cinematográficas del personaje. Incluso le saco aspectos positivos al batacazo artístico que fue el último capítulo de la trilogía de Sam Raimi. 

Por eso intenté ver con la mayor apertura de mente posible el precipitado reboot que estrenó Sony hace menos de dos años, The Amazing Spiderman, un título que me dejó más bien frío en el momento de su estreno, pero el cual he recuperado un par de veces en formato doméstico y le he sacado más puntos positivos de los que pude o quise ver en su primer visionado. Entre ellos, mi absoluta rendición hacia el Peter Parker interpretado por Andrew Garfield, mucho más creíble, tanto físicamente como en actitud al personaje del cómic. Eso no quita para que la versión interpretada por Tobey Maguire no se aproximara más el Spiderman de Ditko, aunque las progresivas secuelas le fueran convirtiendo en parodias de si mismo. 

Lo mismo decir de la Gwen Stacy interpretada por Emma Stone. Simplemente perfecta y con una química con Andrew Garfield difícil de igualar. Pero el problema de esa nueva aproximación al personaje quedó lastrada por un intento de emular al Batman de Nolan que oscurecía demasiado el tono más ligero que no infantil y menos dramático que las aventuras de Spiderman han tenido habitualmente, mal que les pese a los seguidores de Todd Mcfarlane. 



La llegada de la secuela de manera a lo mejor algo precipitada parecía mezclar lo mejor del Spiderman de Raimi (la luminosidad, ese aire más aventurero y comiquero) con el dramatismo del primer Spiderman de Webb. Pero la cosa ha quedado algo desequilibrada, al intentar la película contentar a todo el mundo y dejar tanto a los seguidores del cómic, como a los fans de Raimi y de Webb algo fríos he insatisfechos. 

Porque la película si que refleja como nunca el ambiente y el dinamismo del Spiderman de las viñetas, y sigue desarrollando como se merece la relación de Peter y Gwen. Pero también se ve el deseo de Sony Pictures de forzar un universo al estilo de Marvel Studios que ya debería haber comenzado en la anterior entrega. 

Y es que de nuevo volvemos al que quizás sea el mayor defecto de esta secuela que viene arrastrando desde el anterior filme: los padres de Peter Parker y su relación con Oscorp. Y no es que me parezca mal, ya que Bendis en su Ultimate Spiderman, tebeo del que la versión de Marc Webb bebe en gran parte, lo desarrolló de manera apropiada. Pero en esta secuela se convierte en un robaminutos que desequilibra el resto del largometraje para no llegar a nada verdaderamente revelador y que no hubiéramos intuido ya en la primera entrega. Máxime si esto lo que hace es quitar tiempo al filme en desarrollar el mundo alrededor del Hombre Araña que es mucho más que las oficinas de Oscorp, escenario excesivamente recurrente en esta secuela y del que además parten el resto de las excesivas subtramas que intenta hilvanar el filme. 



La primera y peor llevada es la de la creación de Electro, el supuesto gran villano del largometraje que antes de su creación es un sobreactuado Jamie Foxx que roza en ocasiones la delgada línea del ridículo, aproximándose peligrosamente al Enigma interpretado por Jim Carrey en el Batman Forever de Joel Schumacher. Eso no quita para que su enfrentamiento en Times Square te quite el hipo y que visualmente una vez transformado no quede perfecto. La cinta también se acerca peligrosamente al Batman de Schumacher en el momento en el que la acción se traslada al Instituto Ravencroft, una parcela del universo de papel del trepamuros, que aquí es presentado de manera harto chusca y que entrega quizás los momentos más bajos del largometraje. 

Otra cosa es la gran sorpresa que nos depara Dane Dehane, el joven actor que interpreta a Harry Osborn, dejando a la altura del betún al que interpretó James Franco en la trilogía Raimi. El problema,que este personaje debía haber sido presentado ya en la anterior entrega, porque aquí de sopetón lo introducen,conocemos a Norman Osborn, averiguamos que era íntimo amigo de Peter hasta los nueve años y además presenciamos su transformación en Duende Verde, de manera precipitada y que desmerece el gran trabajo que Dehane había desarrollado hasta ese momento en el filme. Menos mal que se resarce en el clímax final del filme, quizás el mejor momento de acción del largometraje, junto al enfrentamiento de Spiderman y Electro en Times Square y el electrizante prólogo del filme, puro cómic en movimiento. 

Y así avanza The Amazing Spiderman 2, entre lo sublime y lo ridículo, entre grandes ideas mal desarrolladas e ideas menos brillantes que quitan espacio a las buenas, entre un villano mal desarrollado pero muy publicitado y otro mejor planteado pero que su escaso tiempo en pantalla en dura pugna con las mil y una tramas que se van montando como piezas mal colocadas del Tetris abrumen al largometraje y no le dejen respirar. 



En definitiva, un filme muy entretenido, pero que necesitaba de más tiempo de cocción, con un Peter y Gwen perfectos, escenas de acción absolutamente espectaculares y que beben de la imaginería del cómic, pero que queda lastrada por una trama poco interesante y que ocupa demasiado tiempo del largo (hay más escenarios que las oficinas de Oscorp) en detrimento de conocer más del universo personal de Peter Parker, más allá de su relación con Gwen (Daily Bugle, vida universitaria), villanos que se pisan los unos los otros y eso sí, un final que se encuentra entre los mejores finales del cine de superhéroes y con el que el filme se resarce de sus tropezones a lo largo de más de dos horas de metraje que en ningún momento se hacen pesados pero que se quedan cortos para poder contar como se merece un guión que peca de ambicioso y se queda corto en resultados.

10 de abril de 2014

Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja: Con tebeos así, uno recupera la fé en los cómics de superhéroes


Que difícil es hablar de un tebeo del que todo el mundo ha hablado maravillas. Y mucho más difícil es el leerlo, ya que la mayoría de las veces es complicado estar por encima de las expectativas y quedarte satisfecho ante el enésimo tebeo que es catalogado como la nueva octava maravilla del noveno arte. Pero lo mejor del caso es cuando dicho tebeo está por encima de las expectativas creadas y anticipadas.



Digámoslo sin más dilación. El nuevo y mejorado Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja (no puede considerarse el trabajo de uno sin el otro) es una de las mejores cosas que le han pasado a los tebeos Marvel en los últimos tiempos. Un tebeo original, fresco, divertido, artísticamente innovador y lo más importante de todo, entretenido como pocos. Un tebeo que lees con detenimiento y de manera pausada para deleitarte tanto de los inteligentes y acerados guiones y diálogos de Fraction, como con el apabullante despliegue visual del que hace gala David Aja, heredero del trazo limpio y elegante de David Mazuchelli, mezclado con el arrojo y el atrevimiento estructural de Chris Ware.



Y no nos olvidemos del protagonista del tebeo, Ojo de Halcón, uno de los mejores personajes de Marvel y más querido por los aficionados de toda la vida. Para el gran público serán más famosos y mediáticos Iron Man, el Capitán América o Thor, pero para los verdaderos fans de Los Vengadores, Ojo de Halcón es el Vengador por antonomasia, sobre todo si te enganchaste a los tebeos en los años 80.



Por eso este revival del personaje lo hemos recibido con los brazos abiertos. Porque Ojo de Halcón había sido desperdiciado en los años 90 y entrado el nuevo siglo y tras la versión hard boiled ideada por Mark Millar en sus famosos Ultimates había quedado irreconocible. Tan irreconocible que la version Bendisiana de Los Vengadores del universo tradicional o la aparecida en la genial Los Vengadores de Joss Whedon habían dejado irreconocible al personaje.



¿Dónde estaba nuestro arquero favorito?. ¿Dónde estaba se personaje encantador, falible pero tremendamente humano que había enamorado a los lectores de los 80 y que se había convertido en un personaje unidimensional con nula personalidad? Estaba esperando a dos autores del calibre de Fraction y Aja para devolverle mejorado.



Porque seamos sinceros. Los verdaderos fans del universo Marvel no los llevamos siguiendo década tras década porque estamos enganchados a los grandes eventos multicrossover, las batallas épicas repletas de explosiones y grandes onomatopeyas y héroes de piedra con mandibulas apretadas y músculos en tensión. No, seguimos leyendo a estos personajes porque nos preocupa que Peter Parker llegue a fin de mes, lloramos con Matt Murdock cuando pierde a Elektra,  el gran amor de su vida o debatimos quien sería mejor pareja para Jean Grey, si Logan o Scott Summers.



Nos importan los momentos íntimos, cotidianos, las relaciones entre seres humanos aunque estén en cuatricomía. Para mi siempre lo mejor de un tebeo Marvel ha sido cuando Peter quedaba con sus amigos en el Village neoyorkino, cuando Harry Osborn caía en los brazos de las drogas psicodélicas de los 60, o si hablamos de momentos tebeísticos más recientes, cuando Scott Summers y Emma Frost comenzaban su relación tras la muerte nuevamente de Jean Grey.



Y eso es lo que nos entrega Fraction en esta nueva colección. Personas de carne y hueso, con conversaciones de verdad. Y no solo me refiero a su protagonista, sino también a su nueva compañera, esa nueva Ojo de Halcón salida de las páginas de los Jóvenes Vengadores de Allan Heinberg y que se convierte desde ya en mi secundario favorito del cómic de superhéroes americano actual. Y no solo de la pareja protagonista del serial vive Fraction, sino también de un reportaje de personajes secundarios (los vecinos del bloque de Clint) reales como la vida misma, con problemas reales (glorioso el episodio dedicado al último huracán que vivió la costa este americana). Tan bueno es su reparto, que el mejor personaje de la colección es el perro recogido en acogida por Clint que protagoniza incluso un número de la colección, quizás el mejor, más original y arriesgado.



Y algo más importante y que cada vez han perdido más los tebeos actuales. La sensación de que cada número importa y no son una excusa estirada hasta el infinito para poder recopilar sagas en bonitos hardcovers. Eso no quita para que haya una trama que continúa número a número, pero el valor del comic book como unidad independiente se había perdido.



Ya he hablado antes del trabajo apoteósico que realiza David Aja en esta colección. Mis palabras se quedan cortas y torpes para poder expresar lo que este autor de talento superlativo realiza en cada página. Lo que si puedo decir es que los autores que colaboran en la colección no se quedan atrás. Javier Pulido, Steve Lieber o Francesco Francavilla dan lo mejor de si mismos, sobre todo porque quieren mantener el listón que ha puesto Aja.



Y si, el tebeo ha sido reconocido con miles de premios. Y bien merecidos. No es un tebeo sobrevalorado, no es un tebeo para lectores indies que reniegan de los tebeos de superhéroes. Es un tebeo, simple y llanamente, para todos los que adoramos este fantástico medio y que demuestra que no todo está inventado y que no hace falta ir de pedante y pseudointelectual para entregar un tebeo que desde ya ha pasado a los anales de la historia del cómic.

29 de marzo de 2014

Capitán América: El Soldado de Invierno. El thriller superheróico de Marvel Studios (ligeros spoilers)

























La llegada a la pantalla grande de Los Vengadores de Joss Whedon se convirtió en un antes y un después para el universo Marvel cinematográfico y el género superheróico en general. Un punto y aparte que dejaba anteriores trabajos como mera introducción de lo que podía significar una película de superhéroes y trasladar un universo tan rico en personajes y en conceptos a la pantalla grande. Pero el comienzo de la fase 2, con la llegada de la tercera parte de Iron Man y la segunda del Dios del Trueno, quizás dejaron algo fríos a los aficionados, ya que ninguna de ellas aprovechaba el nuevo status quo que había entregado Whedon en la película de superhéroes definitiva.

Esto lo subsana perfectamente la secuela del Capitán América, quizás el personaje y la película que menos había llamado la atención de la taquilla y los fans en la primera entrega. Una primera entrega estimable en su aproximación a lo que era un serial de los años 40 y que tan bien realizó su director Joe Johnston, el cual ya nos había entregado veinte años antes una encomiable adaptación del tebeo del fallecido Dave Stevens, Rocketeer, y que también pasó sin pena ni gloria por la cartelera.



Pero el Capitán América está en una nueva era que no conoce y a la que todavía no está acostumbrado, algo perfectamente reflejado en esta secuela, y la película lo demuestra desde el minuto uno. Lo primero, decir que es la película mejor guionizada de todo Marvel Studios hasta la fecha. Un thriller conspiranoico talla XXL, anabolizado y repleto de ritmo, que no deja un minuto de respiro al espectador.

Todos sabemos ya que el origen de la historia está basado en el comienzo de la fundamental etapa de Ed Brubaker al frente del Capitán América y que nos trajo de vuelta al compañero de Steve Rogers, Bucky Barnes, convertido en un asesino frío y despiadado, extirpado de cualquier rasgo de humanidad. Lo que nadie había dicho, de lo cual me alegro, es que el otro tebeo en las cabezas de los artífices del guión del filme era la menos conocida miniserie aparecida en el año 1988, llamada Nick Furia contra Shield de Bob Harras y Paul Neary.



Porque Capitán América el Soldado de Invierno es una historia acerca de Shield. Una Shield de la que hay un antes y un después tras este largometraje y que además sirve como crítica del mundo en el que vivimos, algo poco habitual en una película mainstream para supuestamente todos los públicos.

Pero eso no le quita un ápice de protagonismo a nuestro querido Centinela de la Libertad, interpretado cada vez con más convicción por un perfecto Chris Evans que representa perfectamente ese hombre fuera de tiempo que es Steve Rogers, plasmado con brillantez en la escena con su viejo amor y sus recuerdos de juventud con Bucky Barnes.


Y que decir de la perfecta simbiosis que se crea entre Steve y La Viuda Negra, un team-up antológico que entrega los momentos más divertidos y mejor escritos del filme. Porque el personaje de Natasha Romanova, completamente perdido en la lamentable secuela de Iron Man y redimida por Joss Whedon en Los Vengadores, explota todo su potencial en esta nueva entrega del universo cinematográfico Marveliano. Decir que Scarlet está perfecta se queda corto.

Lo mismo para la nueva incorporación de héroes marvelianos de esta secuela, El Halcón, interpretado por Antony Johnson y que no desentona en absoluto, modernizando el setentero personaje de los cómics. Y de Nick Furia poco que decir, Samuel L. Jackson nació para interpretar a este personaje, igual que Robert Redford borda su interpretación de Alexander Pierce, pieza central de la entrega y hasta aquí puedo leer...



Una pena que Sharon Carter y Maria Hill se queden algo desvaídas rodeadas de tantos personajes. Necesito y exijo que en la próxima entrega tengan más tiempo de pantalla. Pero por lo menos esta última tiene algo más de presencia que en Los Vengadores, donde la pobre estaba completamente difuminada y que seguramente, solo los seguidores de Como Conocí a Vuestra Madre la recordaremos.

Dos horas de auténtico disfrute, una película de acción e intriga que te atrapa desde sus primeros minutos y que no te suelta hasta su final, en unas ajustadas y bien aprovechadas dos horas de proyección, a la que la única pega que podría ponerle es a la dirección de los hermanos Russo. Y no me malinterpretéis, los hermanos dirigen con un ritmo acertado, equilibran perfectamente los momentos trepidantes con los momentos más íntimos y relajados, pero en algunos momentos, las set-pieces de acción caen en un defecto muy común del cine actual, la concatenación de planos a la velocidad de la luz que hacen perder en algunos momentos la efectividad de unas escenas de acción por otra parte perfectamente planificadas.


Pero quitando ese pequeño defecto que no hizo que en ningún momento afectara mi disfrute del largo, decir que este es el mejor trabajo de Marvel hasta la fecha, no superior a Los Vengadores en impacto, espectacularidad  sense of wonder y scope, pero si en una trama y un guión más sólido e inteligente. Otro paso adelante más para una Marvel cinematográfica cuyo éxito no la ha hecho dormirse en los laureles, sino todo lo contrario, mejorando cada vez más la fórmula y entregando a los aficionados y espectadores puro entretenimiento de calidad. ¡Larga vida al universo cinematográfico de Marvel Studios!

28 de marzo de 2014

Furia: Mis Guerras Perdidas de Garth Ennis y Goran Parlov. Ennis cuando quiere, puede




















Que Garth Ennis es un autor irregular creo que no puede sorprender a nadie a estas alturas. Desde sus comienzos en la industria con clásicos indiscutibles como su etapa en Hellblazer o su gran historia, Predicador, el escritor irlandés se había dormido en trabajos de dudosa calidad y en los que se le veía que únicamente ponía su piloto automático y entregaba sus medidas dosis de violencia extrema, sexo chusco con el único objetivo de hacer creer a la industria y a los fans que era el autor más políticamente incorrecto del panorama comiquero.

Un buen ejemplo de ellos fue su primer acercamiento al universo Marvel, su Punisher para la línea Marvel Knights. Un tebeo que le volvía a emparejar con su pareja artística predilecta, Steve Dillon y que demostraba que ambos se habían convertido en parodias de si mismos.



Pero tras terminar dicha etapa, Ennis se volvió a embarcar en contar la vida y milagros de Frank Castle dentro de la línea Max marveliana, el Vertigo de la casa de las ideas. Y aquí si que supo hacer las cosas bien. Un tebeo que seguía siendo explícito tanto en la violencia y en la sexualidad, pero maduro. Esto no era un tebeo de violencia sin sentido para adolescentes que necesitaban esa irreverencia para demostrar que lo que leían no era para niños, sino que su sordidez y violencia estaba justificada.



Gracias a la grata experiencia que fue tanto para el autor como para los lectores la línea Max dedicada a Punisher, Ennis se embarcó en contar la vida y andanzas de Nick Furia tras la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no es la vida de Furia en el universo Marvel, aquí no hay Shield, ni Helitransportes, ni superhéroes haciendo del mundo un lugar más feliz. Esto es la triste y cruda realidad, sin aditivos. El único elemento fantástico que mantiene para que el personaje sea creíble como militar en mil conflictos a lo largo de las décadas es un trasunto de suero del Supersoldado para mantener a Furia más joven que el resto de los protagonistas del relato y para recalcar aun más su aislamiento.


Porque Furia en este relato es un personaje trágico. Un hombre Eastwoodiano muy cercano a los personajes que Ennis ha creado a lo largo de las décadas. Un hombre estóico, leal, amigo de sus amigos, honesto y capaz de hacer todo lo que está en su mano para cumplir sus principios e ideales.



Pero en el mundo real los idealistas están abocados a fracasar en un mundo inundado de víboras e intereses comerciales que venden conceptos como libertad, democracia y paz para aumentar su poder, su riqueza y sobre todo su codicia. De ahí que veamos como los ideales de Furia se resquebrajan tras la supuesta Gran Guerra, donde los "buenos" y los "malos" parecían estar bien definidos y entra en la zona de grises que fueron la Guerra de Corea, la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba, Vietnam y la Contra de Reagan en Nicaragua en los años 80.



Como si se convirtiera en un discípulo de James Ellroy, Ennis traslada la paranoia innata que todo thriller político debe tener, a un mundo repleto de intereses ocultos, medias verdades, traiciones y verdaderas aberraciones cometidas en nombre de la libertad, para adentrarnos durante trece intensos capítulos en las tejemanejes de la política exterior estadounidense.



Pero no todo el mérito se le puede atribuir a Ennis. Porque de lo que se beneficia el escritor de Predicador es de un autor absolutamente brillante como es Goran Parlov, antiguo colaborador en el Punisher de la línea Max. Imbuido del espíritu de Jordi Bernet, tal es su influencia que la firma del autor imita y homenajea la del gran artista responsable de la imágen gráfica de Torpedo, Parlov plasma con absoluta brillantez los acerados y punzantes guiones de Ennis. Mujeres fatales de otra época, el sudor y la humedad de la selva de Vietnam, la frialdad de un Furia envejecido narrando los acontecimientos de una vida basada en la mentira y así hasta el infinito.



Y que los fans de Ennis y su violencia descontrolada se pueden quedar tranquilos. Hay momentos que te quitan el habla, no solo por lo visual de su violencia, sino por el poso que te deja dentro al leerlo. Porque no es gratuita, porque no es sarcástica. Es dura y muy, muy real, pero es todo aquello que los medios de comunicación nunca enseñarán a las adormecidas audiencias

En definitiva, un tebeo muy pero que muy recomendable. Un ejemplo de que en las grandes editoriales se siguen y se pueden hacer tebeos que se salgan de ese status quo autoimpuesto y que Ennis cuando quiere, es capaz de demostrar que es algo más que un enfant terrible obsesionado por demostrarlo. No os lo perdáis bajo ningún concepto.

25 de marzo de 2014

Daredevil de Mark Waid: Quizás el mejor tebeo de Marvel en la actualidad





























La sombra de Miller es alargada, y sino que se lo digan al Hombre Murciélago. Y lo mismo le ocurre al Hombre sin Miedo. Desde que el neoyorquino puso sus manos en el que era un personaje poco querido y desarrollado cambio para siempre. Su primera etapa al frente del personaje a principios de los 80 y sobre todo su magistral "Born Again", redefinieron a un personaje que parecía no ser capaz de superar una etapa que solo puede considerarse como legendaria. Miller convirtió a este sucedáneo de Spiderman en sus orígenes, sin la simpatía de Peter Parker, en el epítome de superhéroe urbano oscuro y torturado (con perdón de Batman). Pero Daredevil era mucho más que eso.



Tras Miller, otros autores tomaron el relevo, olvidando el legado pre-Miller y siguieron las pautas del maestro: dolor, sufrimiento, oscuridad, muertes de seres queridos y un Matt Murdock cada vez más hundido y cercano a la psicosis. Autores de tanto talento como Ann Nocenti, Brian Michael Bendis, Kevin Smith o Ed Brubaker siguieron desarrollando al personaje con etapas absolutamente brillantes en estos casos, pero que seguían el patrón, el estilo y los personajes que Miller grabó con fuego en el corazón de los aficionados. 



Otros no fueron tan hábiles y solo supieron copiar la estética que no el alma que hicieron del trabajo de Miller un clásico absoluto. Me refiero a autores de categoría menor, como Dan Chichester en los 90, un ya algo envejecido Denny O'Neill (aunque solo por el trabajo de Mazuchelli a los lápices merecía la pena) o más recientemente Andy Diggle con su Daredevil endemoniado.



Pero nadie se atrevía a desviarse del cánon Milleriano. Únicamente lo intentó Karl Kesel con su etapa al frente de la serie regular del personaje a mediados de los 90 y que merece una nueva revisión. Pero Kesel no era una estrella y su etapa pasó desapercibida. Hasta que llegó Mark Waid.



Waid, un experto en renovar conceptos ya quemados, conocedor de la historia y las cronologías de las dos grandes, ha demostrado su capacidad desde los años 90 de entregar grandes etapas de personajes sobreexplotados o directamente mal dirigidos y darles un toque de frescura, mirando siempre para delante, pero sin olvidar el pasado de tan ilustres personajes, sin decantarse por una sola visión del mismo, sino aunándolas todas. 



Y eso es lo que consigue con este nuevo y remozado Daredevil. Un tebeo que deja a un lado parcialmente al Murdock atormentado y hasta cierto punto antipático en el que se había convertido para llevarlo de nuevo hacia la luz, en un ejercicio de metalenguaje ciertamente acertado.



Esa luz la consigue en gran parte por un equipo artístico en estado de gracia. Un equipo donde se juntan los mejores autores actuales del cómic americano, que no los más famosos, y que plasman de una manera completamente nueva y original los sentidos aumentados del héroe ciego de la Cocina del Infierno. Destacar uno entre todos ellos es tarea futil, ya que Marcos Martín, Paolo Rivera y Chris Samnee son los tres, unos autores fuera de serie. Lo mismo se puede decir de autores invitados como Kano o el gran Michael Allred. La única mancha en el expediente de la colección son los dos números de Khoi Pham, quizás uno de los peores autores en nómina de Marvel y que nadie en su sano juicio puede entender como se le encarga algún trabajo.



Pero centrémonos en el gran artífice de la colección, Mark Waid y los cambios que han traído al personaje. De primeras trae de vuelta el estilo visual de los primeros tebeos de la colección y supervillanos como El Zancudo. Pero no olvida a personajes clave de las etapas de Miller, Bendis o Brubaker, como Lady Bullseye o personajes que parecían fuera del cosmos Daredeviliano como el Doctor Muerte, Klaw o la nueva versión de un villano tan ridículo como La Mancha, que en manos de Waid se convierte en un personaje absolutamente terrorífico.



Pero donde más destaca el tebeo de Waid es en los pequeños momentos. El nuevo interés amoroso de Murdock, la nueva fiscal del distrito, parece que va a ir por los cánones habituales del romance Murdockiano, pero el guionista se guarda más de un as en el bolsillo. Y lo mismo podemos decir del corazón del serial, la amistad entre Matt y Foggy Nelson, su amigo de toda la vida y socio del nuevo y remozado gabinete de abogados. Matt y Foggy han tenido sus más y sus menos en el pasado, y en esta etapa de Waid es quizás uno de los ejes centrales por donde se mueve la colección. Y no quiero contar nada más, para todos aquellos que no habéis leído la colección. Solo una apreciación: no saldréis defraudados.


Y llegamos al centro del meollo, nuestro querido abogado Matt Murdock, que ha pasado una vida poco apetecible, pero que intenta renacer de sus cenizas enseñando al mundo a un nuevo y positivo vigilante y abogado. ¿Pero realmente Murdock ha cambiado o es solo una fachada para una mente frágil apunto de resquebrajarse?. Tendréis que leer la colección.



Así, entre un equilibrio perfecto entre luces y sombras, amistades de larga duración, nuevos romances, viejos y nuevos personajes, némesis que se resisten a morir y enfermedades reales pero terriblemente mortales, se mueve esta nueva etapa. Una etapa fantásticamente escrita, e inmejorablemente ilustrada, que se puede leer por si sola, un oasis dentro del universo Marvel actual y que gustará tanto a lectores avezados y experimentados, como a todo aquel que quiera adentrarse en el maravilloso universo Marvel. Esta serie quizá es en la actualidad su mejor ejemplo.
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