20 de febrero de 2015

Vengadores Secretos de Ales Kot y Michael Walsh: ¿Quién decía que estaba todo inventado?


 ¿Cuántas series de Vengadores hay en la actualidad? Vengadores a secas, Nuevos Vengadores, Poderosos Vengadores, Vengadores Arena, Vengadores Mundiales y Vengadores Secretos... Y como todo lector veterano sabe, una ingente cantidad de títulos de una misma línea significa que muchos de ellos son series de relleno para aprovechar el éxito de unos personajes en un momento determinado. Y seguro que muchos de vosotros habéis dicho que hasta aquí, que no vais a pasar por el aro de las grandes editoriales. Y uno de los títulos que habéis decidido que no merece la pena son estos Vengadores Secretos, ¿verdad? Pues craso error.



Y no es que no tengáis razón, porque los inicios de este título no fueron muy prometedoras, y eso que los autores que estaban al mando fueron, en orden de aparición, Ed Brubaker, Nick Spencer, Warren Ellis y Rick Remender. Pero ninguno de ellos, exceptuando quizás Remender que junto a Matteo Scalera (equipo creativo en la actualidad de la maravillosa Black Science de Image) supo darle una personalidad y un tono propio a un título que tenía muy difícil convencer a sus potenciales lectores. 



La cosa comenzó a mejorar en la siguiente etapa de la colección, guionizada de nuevo por Nick Spencer y que supo centrarse en unos personajes concretos (María Hill, el nuevo Nick Furia, el Agente Coulson, Ojo de Halcón y la Viuda Negra), a los que supo hacerles interactuar, convirtiendo una colección sin rumbo, en el equivalente a los tebeos de Nick Furia de Steranko, por supuesto salvando las distancias. Pero al final de una etapa reivindicable, apareció como coguionista el desconocido Ales Kot, autor de otro de esos tebeos de Image Comics de los que todo el mundo habla maravillas y el cual tengo pendiente todavía de comprar: Zero.



Pero visto lo visto en esta nueva iteración de los Vengadores Secretos, Ales Kot es otro más de los nuevos guionistas que se deben convertir en lectura obligada en esta nueva edad de oro del cómic americano, porque Kot demuestra en este tebeo su amor por los cómics clásicos, sobre todo gracias al trabajo a los lápices del otro descubrimiento de la colección, Michael Walsh, que sigue los pasos de autores como Pulido, Aja y Wes Craig, con un estilo limpio y moderno, reforzado por un digital que devuelve las paletas de color limitadas y la trama de los tebeos de hace décadas.


Un clasicismo estético que rompe con una narrativa posmoderna que hace un uso perfecto de una estructura narrativa fragmentada, rupturas de la cuarta pared, un humor autorreferencial y unos conceptos que mezclan sin pudor y de manera tremendamente efectiva a Borges, humanoides con sentimientos, villanos enamorados, héroes autoparódicos y un sinfín de elementos que debes descubrir en sus páginas, sin olvidar una trama de espionaje con todos sus elementos que te mantienen en vilo y que te hacen esperar cada entrega mensual como si no hubiera un mañana.



Humor, inteligencia, superhéroes, conceptos metafísicos, ciencia ficción, espías y misterio es el resumen de lo que encontrarás en estas páginas. No te pierdas la oportunidad de leer en tiempo real un tebeo que con el paso de los años se convertirá en un título de culto y una muestra del buen hacer de la Marvel del nuevo siglo. Avisados quedáis.




La Cosa del Pantano Libro 6 de Alan Moore: Un final diferente y arriesgado para una serie única






















Como ya había adelantado en el anterior post de la memorable etapa de Moore al frente del personaje, el camino final que el inglés tenía previsto para el elemental no sería un paseo fácil, ni para la criatura ni para sus seguidores. Yo fui uno de aquellos lectores que en el momento de su aparición no supe entender el cambio de tercio que sufrió la colección a las puertas de su final.



Dice Stephen Bissete en la introducción que precede a este sexto y final tomo de la nueva y excelente edición que ha editado ECC, que Moore por aquel entonces (hablamos del año 1987) estaba en su pico mayor de producción, no olvidemos que fue el año en el que estaba acabando Watchmen, el tebeo que para bien o para mal le definiría a él y su trabajo.



Pero creo que debido a la asombrosa habilidad e imaginación que el mago de Northampton ha demostrado a lo largo de toda su carrera, ese stress no lo transmitió en el resultado final que ofrece este volumen. Cierto es que necesitó de la ayuda de Stephen Bissete y Rick Veitch para que guionizaran un par de ejemplares de este final de etapa, pero el resto escrito por el inglés se puede codear con sus mejores trabajos.



En los fill-ins perpetrados por Stephen Bissete y Rick Veitch, hay que decir que Bissete, uno de los ilustradores más originales y diferentes de la historia del cómic, entrega un número de relleno centrado en Abby y su pasado que no deja de ser correcto, pero que al compararlo con el resto de la obra no queda muy bien parado. No puedo decir lo mismo con el número escrito por Veitch, completamente integrado en la odisea espacial que estaba desarrollando Moore y que ha servido a Morrison para el desarrollo que este ha ido planteando del Cuarto Mundo de Kirby a través de su carrera en obras como Crisis Final o Los Siete Soldados de la Victoria, además de servir de prólogo a un autor que luego ha entregado obras tan magistrales y poco reconocidas en el global de los lectores como El Uno, Maximortal, Noñatos o el Greyshirt que realizó para el sello ABC de Moore. Un autor a revalorizar. Mientras tanto, Moore sigue demostrando su ingenio en episodios como las dos partes de La Cosa del Pantano en Rann, el planeta de Adam Strange, escrito en su mayor parte en idioma alienígena y cuyo concepto de la ciencia ficción es más cercano a los tebeos que realizaba Moore en la publicación 2000 AD que a los tebeos de Gardner Fox de los años 60, sexualizando de manera más evidente a unos personajes originalmente asexuados.



Tras estas dos partes y el relleno de Stephen Bissete, llegamos al que quizás es la joya de este volumen y una de las grandes joyas de la colección, "Amando al Alienígena", quizás uno de los tebeos más revolucionarios conceptualmente de la obra de Moore, un reverso tenebroso de su magistral "Ritos de Primavera" y que sirve como preámbulo a experimentos ya más pulidos y logrados como el capítulo final o epílogo de From Hell o la mayor parte de lo que sería Promethea, por poner un par de ejemplos.



Tras este choque a los sentidos que es el número 60 de la serie, nos encontramos con un número que he redescubierto en esta nueva relectura, centrado en las consecuencias de que nuestro protagonista vuelva a formar su esencia en un planeta formado por seres vivos cuya composición es vegetal. Un tebeo que necesita de varias lecturas y relecturas para darte cuenta de la perfección conceptual y estructural que atesora este ejemplar, además de servir también para seguir desarrollando la escasa mitología del universo de Green Lantern, que el guionista ya había comenzado en relatos cortos en la serie regular de Green Lantern y en su serie complementaria, Tales of The Green Lantern Corps entre 1985 y 1987 y que sirvieron de base a Geoff Johns para su reconocida y laureada etapa al frente del personaje durante casi 10 años.



Y tras el magnífico ejemplar de Veitch, llegamos a los dos últimos ejemplares de la etapa Moore, un epílogo en dos partes, donde Moore cierra todos los cabos sueltos que le quedaran por cerrar, reúne de nuevo a Swampy con su amada Abigail, da una sensación de cierre a lo que bien podría ser el final de la historia del personaje, y plantea en sus páginas finales una visión crítica de la necesidad del concepto de héroe en nuestra civilización, rematando así una de las mejores y más influyentes obras de arte que el mundo del cómic ha entregado en toda su historia. En definitiva, una obra única y magistral que se merece mil y una relecturas.

17 de febrero de 2015

Deadly Class de Rick Remender y Wes Craig: Adolescencia y Ultraviolencia

























De la nueva hornada de guionistas que han aparecido en los últimos años, Rick Remender es quizás uno de los autores más heterogéneos de ellos, capaz de saltar sin ningún tipo de complejos del tebeo más mainstream y complacer tanto a los lectores de superhéroes de toda la vida como a lectores que han abandonado o nunca se habían acercado a un género que todavía muchos, incluso dentro de la industria, miran con recelo, a obras más personales pero encuadradas en el género de la ciencia ficción como Fear Agent o su más reciente Black Science.



Lo que todavía no habíamos visto en su ya extensa obra era un tebeo llamemos realista y más cercano a los gustos del sector más independiente de los lectores. Y por el momento, Deadly Class es ese cómic. Un cómic que en un principio y gracias a sus imágenes promocionales parece más un tebeo gamberro y cool, más cercano a las obras de Mark Millar o al cine de Tarantino. Y nada más lejos de la realidad.



Detrás de ese aspecto de tebeo ligero, nos encontramos con una aproximación cruda de las dificultades y el duro camino que todo adolescente debe pasar como rito de pasaje en su vida para pasar a la edad adulta. Por supuesto, llevado al extremo al que es llevado nuestro protagonista, Marcus López, un adolescente que vive mendigando en la ciudad de San Francisco a finales de los 80 tras haber presenciado de niño la muerte de sus padres y que es reclutado para asistir a un instituto donde las grandes familias mafiosas llevan a sus retoños para convertirlos en la nueva generación de asesinos.



¿Y cómo puede ser realista un tebeo con una premisa tan bizarra y descabellada? Por el tono que le imprime Remender, convirtiendo a un conjunto de estereotipos (estética japo cercana al anime y al manga, un conjunto de personajes que pertenecen a grupos y estratos sociales muy característicos) en personas de carne y hueso que además sorprenden al lector al no actuar como todos creemos, basados en unos prejuicios que por mucho que intentemos evitar para ser lo más políticamente correctos posible, todos tenemos en mayor o menor medida.



Pero un buen tebeo se convierte en un magnífico tebeo cuando un buen guión se acompaña con un buen dibujo. Y aquí Wes Craig, el dibujante de la serie, cumple con creces, entregando en cada página un prodigio de narrativa y dinamismo, componiendo páginas y páginas de puro ritmo, sabiendo cuando acelerar y cuando frenar la narración y los tiempos de lectura y demostrando que todavía no está todo inventado en el mundo del cómic, con esa ecléctica mezcla que funde sin tapujos a autores tan dispares pero complementarios como pueden ser Klaus Janson y Bill Sienkiewicz, sin olvidar autores más contemporáneos como Chris Ware, David Aja o Javier Pulido.



No puedo terminar esta reseña sin destacar al otro 33% del éxito de este cómic, el uso del color de la mano de Lee Loughridge, que nos retrotrae a la limitada paleta de colores del mundo del cómic previa a la explosión digital y que le sirve para preparar anímicamente al lector con aquello que se va a encontrar en cada página de un tebeo valiente, original y una nueva muestra más de lo que es capaz de entregar al mercado una editorial como Image Comics.


12 de febrero de 2015

Jupiter's Ascending: Los Wachowski se la pegan a lo grande




























Vaya por delante que me encantan los hermanos Wachowski. Lazos Ardientes me parece una magnífica ópera prima, un thriller noir pequeño en intenciones pero grande en talento, su primer Matrix es un prodigio de guión, dirección y sense of wonder (aunque beban en demasía de Los Invisibles de Grant Morrison), sus dos secuelas, Reloaded y Revolutions, aunque no son perfectas y tengan sus numerosos defectos, me parecen dos productos arriesgados y que no dieron al público lo que esperaban y la denostada Speed Racer es una película que se merece desde ya estar en el podio de películas incomprendidas. No puedo decir lo mismo de Cloud Atlas, un filme demasiado ambicioso pero que finalizado su metraje me dejó la impresión de que tenía demasiados condimentos para un plato tan insípido.



Y llegamos a Jupiter's Ascending, el regreso de los hermanos al cine de ciencia ficción que les encumbró a lo más alto. Un regreso que los hermanos necesitaban tras una década de fracasos de taquilla que hacía peligrar el estado que seguían manteniendo de privilegiados en Warner Bros (libertad creativa, presupuestos estratosféricos, etc...). Y es estimable que los Wachowski intenten arriesgar creando una space opera original, en una época que las historias originales brillan por su ausencia.



Pero lo que no es de recibo es la película que han entregado a los espectadores. Un batiburrillo de ideas, conceptos, personajes y géneros que no casan los unos con los otros. Una historia sencilla (princesas y caballeros andantes) que los Wachowski intentan liar sin ningún sentido ni razón, con una historia mal contada y mal estructurada, que no da información, sino que la vomita, no permitiendo que la historia avance de manera natural, ya que es interrumpida constantemente por escenas y líneas de diálogo de exposición donde los personajes hablan y hablan sin parar, confundiendo y no explicando, mientras a su alrededor vemos pasar una ingente cantidad de personajes y razas alienígenas que no tienen el suficiente tiempo en pantalla para destacar o hacer algo, rodeados de un diseño de producción que va de lo sublime a lo ridículo, haciendo pensar en algunos momentos en clasicos del kitsch o del camp como Zardoz, Barbarella o el Flash Gordon de Dino de Laurentiis.



Los personajes y los actores que los interpretan lo tienen difícil con un guión que necesitaba de unas cuantas reescrituras y un par de películas más para poner en orden el batiburrillo de ideas que han escupido los Wachowski en las dos horas de metraje de una película que se hace eterna. Mila Kunis es la improbable heroína y elegida de un relato por el que su personaje pasa como Pedro por su casa, Channing Tatum es el que mejor parado sale con su personaje, quizás lo más atractivo y creíble del filme y terminando con Eddy Redmaine, un joven y buen actor que aquí tiene la difícil papeleta de interpretar al villano más histriónico y ridículo que puedo recordar en mucho tiempo. El resto del innumerable reparto de personajes que rodean a la producción poco pueden hacer con una trama que se tambalea y unos diálogos que rozan y superan con creces la pedantería y el ridículo.



Y que decir del apartado visual de los Wachowski. Impecable en su técnica, pero que dista mucho de lo que esperamos de ellos. Todo es correcto, pero nada destacable. No hay ninguna escena que provoque el asombro del espectador, al estilo de la primera vez que vimos el bullet time en el primer Matrix, la persecución en la autopista en Reloaded, el enfrentamiento final entre Neo y Smith en Revolutions o las vibrantes y dinámicas carreras de Speed Racer. Una verdadera lástima.



Una pena, porque dentro de Jupiter's Ascending se esconden las semillas de una buena película y el germen de lo que podría haber sido una muy buena saga de ciencia ficción. Pero un guión que necesita de múltiples reescrituras y un cambio de estructura y una dirección y un tono que va de lo épico a lo ridículo de una escena a otra, reducen Jupiter's Ascending a la que es la peor película que han entregado los hermanos Wachowski en toda su carrera. 

29 de enero de 2015

Caballero Luna: De entre los Muertos de Warren Ellis y Declan Shalvey

































El Caballero Luna es un personaje ciertamente extraño dentro del Universo Marvel. Nunca sus series regulares han tenido un éxito apoteósico y todos sabemos que en el fondo es un remedo del guardian de Gotham City de la Distinguida Competencia, pero a su vez, Marvel, los guionistas y los aficionados estamos inmediatamente intrigados e interesados cuando sale una nueva serie regular del personaje, aunque luego la abandonemos ya sea porque la nueva serie regular nunca está a la altura de los clásicos episodios de Moench y Sienkiewicz o porque su aproximación es demasiado arriesgada y choca con lo que el aficionado esperaba de ella, como es el caso de la reivindicable etapa de Bendis y Maleev.

Y un poco pasa lo mismo con Warren Ellis, guionista británico que tuvo su mejor momento a principios del nuevo siglo, donde nos entregó dos clásicos que influenciaron y siguen influenciando la manera en la que percibimos el cómic de superhéroes en la actualidad, como fueron Planetary y sobre todo su The Authority. Pero a partir de ahí, Ellis no ha entregado todavía una obra que supere esos dos trabajos, al que hay que incluir su Transmetropolitan, la distopía de un futuro que cada vez se acerca más a la realidad en la que vivimos, realizando en su gran mayoría trabajos alimenticios que están muy por debajo de lo que sabemos puede entregar este autor.



Y llegamos a su Caballero Luna, que rompe o intenta solucionar los "problemas" de la etapa de Bendis, trasladándole de nuevo a Nueva York, tras su paso fulgurante por Los Ángeles y resolviendo en parte el misterio de su personalidad disociada (para mí, lo más interesante de la etapa Bendis) gracias a un componente sobrenatural.

Igualmente, los parecidos con el Hombre Murciélago son reforzados por Ellis con esa colaboración con la policía de Nueva York, aunque muy inteligentemente por parte de Ellis, mostrándonos las consecuencias que eso tiene en la moral de una policía que se siente mera comparsa y sidekick de un trabajo para el que están capacitados ellos. 



Pero lo más importante de esta etapa de seis números firmados por Ellis es que este traslada los hallazgos estilísticos de su Global Frecuency a las aventuras de este antihéroe, en episodios autoconclusivos, haciendo valer de nuevo el formato comic-book y que sirve a Ellis para entregar historias de diferentes géneros (acción, terror, thriller) donde el ingrediente común es Marc Spector, pero quienes importan son aquellos personajes que han vivido y sufren la presencia de Spector en sus vidas y que sirven para conocer más a un personaje que se niega a asumir una realidad manipulada por el mismo.

El colaborador de Ellis en los lápices es Declan Shalvey, un autor narrativamente muy interesante pero que quizá, a mi gusto, demasiado frío y estático, sobre todo en la representación de los personajes. Me encantaría haber visto este trabajo realizado por uno de los mejores colaboradores con los que ha contado Ellis, Cassaday.


En definitiva, un tebeo curioso, interesante sobre todo desde el punto de vista conceptual y que deja dos grandes relatos en su interior, como son "Sniper" y "Spectre", correspondientes a los números 2 y 6 de la edición original. No os dejará indiferentes.








27 de enero de 2015

Gotham Academy y Batgirl: No todo es "grim and gritty" en el universo del murciélago



No se vosotros, pero yo estoy un poco cansado de la oscuridad imperante en los cómics de DC en general y en el universo de Batman en particular. Tanto en cine como en cómics, Gotham City y sus personajes llevan casi 30 años siendo un remedo de algo que fue original y novedoso en su momento, el año 1986, pero que ahora ya suena a la misma cantinela de siempre. 

¿Cuántas veces hemos visto sufrir a Batman? ¿Cuántos policías y políticos en Gotham quedan ya sin haber sido corrompidos? El sense of wonder ha desaparecido (salvo honrosas excepciones) de la ciudad de Gotham City y los fans necesitamos otras aproximaciones a estos personajes, propuestas frescas que nos convenzan a volver a universos de ficción que ya tienen casi 80 años de existencia.

Y eso es lo que nos ofrecen estos dos títulos aparecidos a finales de 2014. El primero, Gotham Academy, es un título de nuevo cuño y lo de Batgirl es un reseteo absoluto de un personaje que muy pocas veces han sabido tratar con el cariño que se merece. 

Gotham Academy es una genialidad y una pequeña joya que muy posiblemente pueda pasar inadvertida por llevar la palabra Gotham en su título, porque si este tebeo apareciera bajo el nombre de Image Comics, Dark Horse o cualquier editorial independiente ya sería laureado como uno de los tebeos más frescos, divertidos y originales del pasado año. 

Y no es para menos, porque Gotham Academy sabe sacar partido al universo y a la ciudad de Gotham City para lo que le interesa y a partir de ahí engancharte con unos guiones sólidos, unos personajes encantadores y un trabajo artístico verdaderamente delicioso. Los artífices, Becky Cloonan a los guiones junto a Brenden Fletcher, en lo que es el primer trabajo literario de una dibujante excepcional, que cede los lápices a un verdadero descubrimiento, el dibujante Karl Kerschl, que aporta a la serie con su arte una mezcla de anime, goticismo y cartoon que convierte al título en único en un mercado tan poblado como el americano y el tebeo más bello gráficamente que publica en la actualidad DC Comics, algo que les honra, sobre todo siendo una editorial que tiene entre sus filas a dibujantes con tan poco estilo y gusto como Jim Lee, David Finch, Tony Daniel, Ed Benes o Bret Booth, los anticristos del arte del cómic. Sin olvidar el fantástico tratamiento de color de Geyser Msassyn y Serge Lapointe que aporta de un aura de ensoñación y misterio los guiones y el arte de la colección.

La historia, la vida en un internado en Gotham City, parte Hogwarts, parte el Club de los Cinco, donde nuestras dos protagonistas femeninas, como si fueran unas Holmes y Watson deben descubrir un misterio criminal en el que se juntan la figura de Batman, una chica muerta y una extraña secta en las catacumbas de la escuela. Un tebeo del que solo han aparecido por el momento tres ejemplares, pero que se ha convertido en una de las colecciones imprescindibles de la actualidad.

Y ahora toca hablar del lavado de cara que ha sufrido Barbara Gordon, aka, Batgirl. Si habéis sufrido los tebeos anteriores a este reseteo, sabréis que todo lo expuesto anteriormente y que ha sido la base en líneas generales de la franquicia del murciélago y sus series satélite, lo sufría este título: drama por el drama, sordidez por sordidez y sopor absoluto. Pero he aquí que la llegada de Mark Doyle como editor de la franquicia está trayendo un soplo de aire fresco a Gotham, Batman y allegados. ¿Y qué es lo que han hecho con Batgirl? Convertirla en un tebeo de veinteañeros, con problemas de veinteañeros y que podría firmar con orgullo Bryan Lee O Malley.

Se que mucha gente lo tildará de tebeo intrascendente, sobre todo aquellos que solo disfrutan del gran evento editorial o la supuesta saga trascendente que revolverá (and again) los cimientos de x personaje, para luego devolverlo al punto de partida. Pero aquellos que han disfrutado con Scott Pilgrim o el Spiderman original de Lee, Ditko y Romita, disfrutarán como enanos de un tebeo con personajes que son personas, metarreferencial con la cultura actual y que plasma sin trascendencia alguna ni necesidad de aleccionar como es ser un superhéroe en el mundo interconectado y digital que nos ha tocado vivir, en relatos autoconclusivos, por supuesto con sus tramas secundarias que avanzan ejemplar a ejemplar, pero que permiten al nuevo lector subirse en cualquier ejemplar.

El mérito, de su equipo creativo, formado por el magnífico dibujante Cameron Stewart (habitual colaborador de Morrison) y el coguionista de Gotham Academy, Brenden Fletcher que se estrena con nota como guionista y sobre todo por el otro gran descubrimiento artístico de la temporada, la dibujante Babs Tarr, que trae al rígido e hierático universo DC un poco de la locura y del dinamismo pop de un Brian Lee O'Malley. Una gozada para la vista.

Así que no perdáis el tiempo y haceros con estas dos nuevas series de DC Comics. Dos tebeos para la gente que disfruta de verdad de las posibilidades narrativas del noveno arte. Y por supuesto nada recomendadas para aquellos que piensan que los grandes dibujantes del cómic actual son autores como David Finch o Jim Lee.

3 de diciembre de 2014

C.O.W.L. volumen 1 Principles of Power de Higgins, Siegel y Reis: Otra sorpresa agradable de Image Comics



























¿Qué ocurre cuando ya no eres necesario?¿Qué sientes al ver que eres una reliquia del pasado sin ninguna utilidad?Y sobre todo, ¿qué sentirías si eres un ser superpoderoso? Todas esas preguntas y mucho más, responde COWL, otro acierto más de Image Comics, la editorial americana culpable de que el sufrido lector no sea capaz de elegir ante la inmensa calidad que atesora su catálogo actual.



La buena noticia, es que esta nueva serie de la que ya se han recuperado sus primeros 5 números en un primer tomo, no viene de la mano de los primeros espadas de la editorial (Brubaker, Rucka, Vaughan, Kirkman, Morrison, Casey o Fraction), sino de la mano de dos guionistas que habían destacado pero no triunfado como los anteriormente mencionados, como son Kyle Higgins, amigo y protegido de Snyder y que le ha ayudado en la franquicia del Caballero Oscuro, destacando la miniserie Puertas de Gotham y el desconocido para mi Alec Siegel.



Y su apuesta es atrevida y arriesgada. Lo primero, por la cantidad de background que tiene la colección, desde un mapa de la ciudad de Chicago dividida en distritos y de los que conocemos en este primer volumen una pequeña parte, a toda la historia pasada de los personajes que nos presentan y que se ve que se irá revelando deprisa pero sin pausa, en un tebeo que planta al lector en un "in media res" y del que poco a poco los autores van deshilvanando una trama que puede dar mucho de si y que creo que será verdaderamente gratificante para sus seguidores.



La trama, para resumirla en pocas líneas, nos traslada a Chicago en 1962, en un ejercicio de retrohistoria, donde los superhéroes que lucharon en la segunda guerra mundial y dejaron abandonada a Chicago en la Gran Guerra, descubrieron que había sido tomada por los criminales. Para acabar con ellos, crearon un sindicato de Superhéroes llamado COWL que dependía del ayuntamiento de la ciudad. La pregunta ahora es, una vez acabada la amenaza, ¿son necesarios?.



A partir de ahí, Higgins y Siegel nos trasladan a un mundo noir donde la política y las conspiraciones se dan la mano y van desarrollando la vida de los integrantes de dicho grupo y lo difícil que es ser un superhombre cuando eres cosa del pasado. Una mezcla de Astro City, Ex-Machina y los Wildcats de Joe Casey.



Pero un tebeo para ser excelente no necesita solo de un buen guión, sino de un buen dibujante. Y Rod Reis es el ilustrador que esta serie necesitaba. Su estilo, una mezcla de Bill Sienkiewicz con Phil Noto, no dejará a nadie indiferente, además de casar perfectamente con el tono de la historia y darle una elegancia y un estilo que la diferencia del resto de tebeos que se publican en el mercado.



En un mercado sobresaturado de títulos de calidad, no dejéis escapar uno de los mejores tebeos del año y que desde ya necesita de un editor en nuestro país. Y demos gracias a Image Comics por publicar los tebeos más originales y de calidad del mercado actual.
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