21 de julio de 2016

Lobezna, Spider-Gwen y Ms. Marvel: Mucho más que la feminización de personajes de éxito






































La proliferación de personajes femeninos protagonistas dentro del nuevo universo Marvel ha sido visto con recelo por una parcela de los aficionados a la editorial y al género superheróico. Que si Marvel intenta ganar a un nuevo target, que si quiere ser políticamente correcta y ganarse el eco de los medios, que si se han olvidado de los fans (fans cerrados de miras y poco abiertos a lo diferente y novedoso, añado yo), etc...




Lo importante creo es que los tebeos no son mejores o peores por el color de piel de sus protagonistas, su género o sus preferencias sexuales. Los tebeos y las series, al igual que cualquier narrativa, son buenos o no dependiendo de si lo que nos cuentan está bien, es interesante y si sus personajes están bien desarrollados.

Las tres series de las que hablo aquí y que Panini edita en nuestro país en el formato 100% Marvel, son una buena prueba de ello. Tres personajes femeninos potentes, bien desarrollados y con unas series y equipos creativos que entregan historias frescas, unas más redondas que otras, pero que bien merecen cualquiera de ellas un hueco en las estanterías de los aficionados.



Comenzamos con Lobezna, también conocida anteriormente como X-23, un clon del Lobezno original aparecido hace poco más de 10 años y que poco a poco se ha ido ganando un hueco en el corazón de los aficionados, el mío incluido. Debo reconocer que el personaje comenzó a ganar enteros para mi en el momento que Bendis (excelente escritor de personajes femeninos) puso sus manos sobre él en su etapa al frente de la Patrulla X.

Y ahora, que Logan ha muerto, Laura reclama su lugar como la Lobezna oficial del universo Marvel en una serie regular escrita con pulso y garra por Tom Taylor e ilustrada de manera espectacular por David López. Una action-movie en papel, donde comenzamos en una escena de acción "in-media res" bajo la torre Eiffel y a partir de ahí se revoluciona y Taylor entrega una clásica historia de venganza y redención, alejándose sabiamente del ya cerrado entorno mutante y abre el mundo de Lobezna a otros entornos del universo Marvel como el mundo místico del Doctor Extraño.



Pero el tebeo no sería la pequeña joya que es sino fuera por David López, en un trabajo de ritmo endiablado, donde el dinamismo no le hace perder la delicadeza habitual de su lápiz y que complementa a la perfección el movido argumento de Taylor.



Y si Lobezna podría haberse quedado como perfecto reclamo de variant cover o de Cosplay, lo mismo podría haber ocurrido con Spider Gwen, esa Spiderwoman aparecida en Spiderverse de Slott y que tuvo una irregular pero interesante miniserie antes de las Secret Wars de Hickman.



Con su nueva serie regular, más relacionada con el universo Marvel tradicional, con el mismo equipo de autores y en su propio universo alternativo de bolsillo, este primer volumen de las nuevas aventuras de esta Gwen Stacy irradiada por una araña radioactiva, demuestra y saca adelante los aspectos positivos de su irregular primer volumen.



Jason Latour sigue avanzando en esta Stacy abrumada por su nueva responsabilidad, desarrolla con inteligencia este universo de bolsillo que sabe darle la vuelta con estilo a las desventuras del Peter Parker del universo tradicional y sabe sorprender al lector con giros inesperados, además de poder disfrutar del arriesgado y muy personal arte de Robbie Rodríguez.



Para finalizar hemos dejado al símbolo de la nueva Marvel que llega a su segundo volumen ya como uno de los personajes más representativos de la Casa de las Ideas: Ms. Marvel. Y en este comienzo de un nuevo volumen de las aventuras de Kamala Khan, su guionista, G W. Wilson sigue demostrando su habilidad para entregar un personaje y una historia que equilibra a la perfección el "slice of life" con el género superheróico, hace avanzar y madurar a su personaje principal y trata con verdadero gusto y respeto las diferentes creencias y culturas que nos rodean, en un tebeo para todos los públicos divertido, inteligente y muy necesario.

17 de julio de 2016

The Ultimates de Al Ewing y Kenneth Rocafort: Tras los pasos de Morrison y Hickman






















Si The Ultimates en versión Millar y Hitch fueron la representación de ese cómic de superhéroes de principios del siglo XXI que hundía sus raíces en el enfoque y el scope del cine de gran presupuesto hollywodiense junto con una pequeña dosis de crítica social con el atentado del 11-S y la política exterior de George Bush Jr. como trasfondo histórico, no es de extrañar que estos nuevos Ultimates, integrados ya dentro de la continuidad del universo Marvel tradicional sea también un reflejo de los tiempos actuales del cómic americano.

Y es que la nueva Marvel es un crisol de todas las tendencias que han venido llegando de las últimas décadas del tebeo americano. Y todo ello propiciado por unas Secret Wars  de la mano del arquitecto Jonathan Hickman, que aunaba y homenajeaba en su serie limitada y en el sinfín de spin-offs a todas las épocas y tendencias que el cómic ha manejado en su ya larga historia.



Porque la verdad es que poco queda por inventar y si mucho que reciclar, al estilo de los grandes maestros cocteleros, en los tebeos de superhéroes mainstream de la actualidad. Y quien mejor que Al Ewing, un guionista que bebe por igual de Kurt Busiek, Roger Stern que de Grant Morrison, Matt Fraction o el mencionado Hickman. Y aprovechando que el hueco de los 4 Fantásticos como contenedor de la parte más cósmica del universo Marvel todavía no ha sido llenado, Ewing se atreve a explorar los confines del más allá con un grupo de superhéroes de lo más variopinto y más infrautilizado por la editorial.



Cierto es que Ewing no es Hickman ni por supuesto es Morrison. Al guionista todavía le queda trabajo por hacer para poder estructurar los universos, mundos e historias que estos autores saben generar. Pero si en sus Nuevos Vengadores fracasa, por quedar el resultado muy por debajo de sus intenciones, aquí si que plantea un tebeo que sin ser perfecto, si que planta las semillas de una prometedora etapa.



Partiendo del interesante concepto de la ruptura del espacio tiempo y la continuidad que han perpetrado en los últimos años autores como Bendis o Hickman en La Era de Ultrón y Secret Wars, Ewing se atreve a hacer viajar a sus personajes y a los lectores con ellos a los márgenes de la realidad, en un ejercicio que de ambicioso y por el momento bien ejecutado no puede dejar de fascinar.



Sumémosle a esto el arte de un Kenneth Rocafort en plenitud de facultades que ha pasado de estar influenciado por el fenecido Michael Turner y toda una generación de autores del sello Top Cow para dejarse influir por la belleza abigarrada del mejor Moebius, convirtiendo este tebeo mainstream en lo más parecido a un sci-fi europeo, apoyado por el interesante y atrevido uso del color de Dan Brown que acerca este tebeo americano al territorio visual de la bande dessinee.



En definitiva, uno de los tebeos más atractivos en principio de esta nueva etapa de La Casa de las Ideas. Un tebeo que aúna lo mejor de la modernidad con un respeto al pasado y a la historia de un universo que demuestra que todavía tiene muchas cosas interesantes y atrevidas que contar.

13 de julio de 2016

Ladronzuela de Michael Cho: una primera obra estimable pero falta de garra





Conocido sobre todo por su labor como ilustrador para libros, revistas americanas y cuya obra más destacable es Back Alleys and Urban Landscapes, el actual rey de las portadas alternativas de Marvel Comics, apostó en el año 2015 por realizar su primer trabajo como autor completo en el mundo del cómic, en forma de novela gráfica.



Heredero del trazo de un Darwyn Cooke imbuído del espíritu lángido de Adrian Tomine y las inquietudes existencialistas de la soledad contemporánea que autores como el mencionado Tomine o Daniel Clowes han reflejado con absoluta certeza, Cho nos presenta a Corrina Park una chica que abandonó sus sueños por una vida "segura" con un trabajo "seguro".



Este "slice of life" consigue sus mejores momentos cuando critica con inteligencia pero sin acidez el estilo de vida contemporáneo, nuestra soledad acrecentada por las redes sociales y la influencia de la publicidad y los medios de comunicación como herramientas de la infelicidad.



Pero quitando eso y su apabullante acabado visual (uno de los mejores que he visto en mucho tiempo) Michael Cho demuestra que todavía está lejos de conseguir removernos y hacernos pensar como consigue Tomine con sus desesperanzadoras alegorías de la vida moderna.


El esfuerzo es encomiable, pero el regusto que deja en la boca es el mismo que las películas americanas supuestamente "indies" como "Pequeña Miss Sunshine" o "Juno". Pretenden parecer modernas y rompedoras, pero no dejan de ser un intento del arte convencional para parecer más modernas de lo que son, sin atreverse a romper más allá de su interesante propuesta.



En definitiva, un tebeo que bien merece su compra por el arte de Cho, pero donde el guión queda en gran desventaja por una historia correcta pero excesivamente convencional, donde los aciertos puntuales no consiguen hacer olvidar lo políticamente correcto de su propuesta y el poco poso que deja tras lectura.



11 de julio de 2016

Escuadrón Supremo de James Robinson y Leonard Kirk: Un notable tebeo con aroma clásico






















De entre la nueva hornada de títulos Marvel que han salido tras las Secret Wars de Hickman, uno de los títulos que más me interesaban era esta nueva interpretación del Escuadrón Supremo. Los motivos, su equipo creativo, que habían entregado una memorable pero escasamente mencionada etapa al frente de los 4 Fantásticos en paralelo a la macrosaga de Hickman en Los Vengadores y que había quedado sepultada por la misma y por otra parte, la excelente miniserie que Marc Guggenheim realizaron de su doppelganger maligno, El Escuadrón Siniestro dentro de las anteriormente mencionadas Secret Wars.



El resultado, tras la lectura de los primeros cinco ejemplares reunidos en un 100% Marvel de la mano de Panini, es el de una entretenida lectura, donde Robinson vuelve a demostrar su conocimiento y respeto por la historia de las dos grandes editoriales, sabiendo sacar partido del vasto universo de la Casa de las Ideas y que además plasma las consecuencias de la etapa vengadora de Hickman en un primer ejemplar donde los supervivientes del Multiverso Marveliano quiere ajustar cuentas con las fatales decisiones que Namor tomó en dicha saga.



De Namor saltamos al típico enfrentamiento con Los Imposibles Vengadores de Duggan para reforzar las ventas de un sabido título minoritario y donde Robinson demuestra que los escribe mejor que Duggan para pasar al Reino Salvaje otro lugar de culto para la editorial, lo que sirve a Robinson para sacar partido de personajes olvidados y marginales que necesitan de un escriba como Robinson para que se les sepa sacar partido.



Apoyado de nuevo por un Leonard Kirk al que quizás se le ve más apresurado y menos certero en su trabajo a los lápices, Robinson saca a relucir de nuevo el dilema de Quién Vigila a los Vigilantes en un relato donde los acontecimientos avanzan a la velocidad del rayo, sin mermar por ello la narrativa y que sin ser un tebeo imprescindible, si que supone una rara avis dentro de una editorial donde sus obras se han dividido entre títulos que parecen querer abrazar de nuevo los 90 y títulos que quieren alcanzar a otro tipo de lectores alejados del género superheróico, lo que convierte a este Escuadrón Supremo en un tebeo necesario para aquellos lectores que buscan un tebeo de superhéroes de toda la vida, escrito con profesionalidad e ilustrado con cariño.

8 de julio de 2016

DKR The Last Crusade de Miller, Azzarello y Romita Jr.: De la Revolución al Convencionalismo




 Tras un retraso de cuatro meses, llega por fin a las librerías la precuela del Dark Knight original de Frank Miller. Durante treinta años, los lectores de tan influyente obra debatieron por el destino final de Jason Todd, el segundo adolescente que llevó el manto de Robin. Y Miller, junto a su nuevo socio creativo Brian Azzarello y con la ayuda a los lápices de John Romita Jr. han entregado a los lectores aquello que tanto autores como editorial creen que sus bolsillos y el público necesita.



En lo primero no están desencaminados. Al final por curiosidad enfermiza, por coleccionismo desatado o porque a todos aquellos que quedamos marcados por la publicación de la obra original, todos leeremos y compraremos el tebeo. Aunque lo pongamos a caer de un burro. Pero lo compraremos, aunque realmente no lo necesitamos.

Y no lo necesitamos, porque aunque el tebeo como ente individual es un tebeo correcto de superhéroes, con el mejor trabajo gráfico de Romita Jr. de los últimos años, a lo que ayuda mucho el trabajo de Peter Steigerwald a las tintas y al color y un guión solvente, sin estridencias de Miller y Azzarello, el tebeo en su totalidad no aporta nada que no sospecháramos o imagináramos. Es intrascendente.



Intrascendente, porque DC Comics en su afán enfermizo de recuperar una época revolucionaria y ya pasada, sigue intentando sacar petroleo de unos tebeos (Dark Knight y Watchmen) que han sido explotados hasta la extenuación con sus múltiples precuelas, secuelas y spin-offs y que además sentaron las bases para influir en toda una generación de autores que mejor o peor han convertido lo que fue algo especial y nunca visto, en algo rutinario y convencional.



Antes de Dark Knight y Watchmen, los lectores de tebeos mainstream nunca habían visto a superhéroes con debilidades en una atmósfera realista y negrísima y que servía de reflejo distorsionado de unos años ochenta ciertamente temibles. Los superhéroes hasta entonces no tenían defectos, eran seres intachables, su sexualidad ni se la suponía y luchaban por la verdad, la justicia y el modo de vida americano.... si tal cosa existe.



Pero a partir de ahí, ¿cuántos héroes hemos visto caer al fango de la realidad? ¿cuántos tebeos de vigilantes torturados son necesarios para lo que fue radical se convierta en seña de identidad de una industria? Si Stan Lee y Kirby fueron los modeladores del género a partir de los 60 hasta mediados de los 80, Miller y Moore lo han sido, para lo bueno y para lo malo, los últimos 30 años.



Porque si la reinterpretación del Joker como un psicópata despiadado fue impactante en el Dark Kinight original, ya no lo es, tras treinta años de Heath Ledger, Jared Leto, tebeos de Snyder y cientos de autores que han convertido a un personaje unidimensional, excepto Morrison, el único que entiende que los superhéroes deben saber oscilar entre el realismo y la fantasía, entre la madurez y la inocencia.



¿Qué sorpresa puede suponer encontrarnos a Selina y Bruce en la cama, si es algo que ya hemos visto hasta la extenuación en diversos tebeos e incluso en el cine a lo largo de treinta años? ¿Qué efecto puede transmitir la fría y despiadada muerte de Jason Todd, si ya nos lo contó Jim Starlin y Jim Aparo en "Una Muerte en la Familia". O que te puede remover el ser conscientes de que Jason es un psicópata sin empatía, una máquina de matar sin escrúpulos, si hemos tenido a Damian, la saga de Capucha Roja de Judd Winick o las mil y una obras que nos han dicho por activa y por pasiva, que ser superhéroes es estar un poco muy loco.



En definitiva, una obra de auto-onanismo, tanto para un autor que ha olvidado y dejado de lado su radicalismo, sus ganas de provocar, y que intenta evocar los éxitos del pasado sin la frescura de los mismos, como para una parte de la industria y el público que se quedaron congelados cual Steve Rogers en los magníficos tebeos de finales de los 80, unas obras fundamentales de dicho periodo, un punto de inflexión que es necesario dejar ya de lado, para que los lectores actuales podamos de nuevo sentir esa sensación que nos entregaron aquellas obras ya tan lejanas.


29 de junio de 2016

Una entre Muchas de Una. Una obra imprescindible y de lectura obligada














La violencia de género es una de las lacras más grandes que lleva acompañando a la humanidad a lo largo de su historia. Y en los últimos tiempos el aumento de comportamientos machistas y crímenes de género hace que la lectura de esta Una entre Muchas sea casi una obligación como individuo y sociedad.





A partir de sus recuerdos de infancia y los asesinatos en serie del llamado "Destripador de Yorkshire" en dicha localidad en los años 70, sirve a Una artista, académica y autora de cómics para desplegar un alegato repleto de lírica y realismo a la vez, que evita la rabia y consigue hacer entender desde sus propios recuerdos y los acontecimientos reales que ocurrieron alrededor suyo, que significa ser mujer en una sociedad que se vanagloria de su liberalismo, pero que en el fondo sigue teniendo los mismos prejuicios y rencores ocultos en un proteccionismo que convierte a las mujeres en culpables en vez de en víctimas.



Temáticamente la obra es un absoluto diez. Una afronta de manera directa y sin tapujos las consecuencias de los abusos sexuales a niños y adolescentes, la "culpabilidad" de unas mujeres que si habían sido atacadas sexualmente sería porque "algo harían mal". Pero todos esos absurdos, esa crítica feroz no se plasma desde la rabia, sino desde la lucidez de un sistema social y una cultura que necesita a lo mejor que las cosas se las planten en la cara con la inteligencia de Una.



Además, la obra desde el punto de vista plástico y estructural es una maravilla. Una sabe navegar entre recuerdos de infancia, investigación policial, documentos y recortes de prensa originales y pensamientos e ideas en voz de alta, de una manera tan natural y orgánica que incluso los momentos poéticos y abstractos que tienen lugar están integrados de una manera completamente natural.



Crítica social, alegato feminista, autobiografía muy humana o documento social de primer orden son muchos de los aspectos que sacamos de una obra imprescindible. Una novela gráfica de obligada lectura para toda la sociedad, de lectura obligada en colegios e institutos y que puede servir, a través del sufrimiento de la autora y la muerte de 13 mujeres inocentes, para que podamos avanzar como sociedad, descubramos los prejuicios autoimpuestos que incluso no somos conscientes de tenerlos y en definitiva, poder sentirnos orgullosos de llamarnos humanos.

28 de junio de 2016

Hellblazer de Paul Jenkins 2 (de 2): El tramo final del Constantine más melancólico

























Si como yo, eres de aquellos que crees el Hellblazer de Garth Ennis es el modelo de todos los Constantine que han venido después de él, seguramente piensas lo mismo que yo acerca de la etapa de Paul Jenkins. Una etapa que vino justo después que la del autor irlandés y que fue el primer trabajo profesional de Paul Jenkins.

Si en el primer volumen publicado por ECC de la etapa Jenkins el autor nos planteaba los preceptos en los que se iba a basar su recorrido por el personaje y su entorno, este segundo volumen no hace más que reafirmar lo expuesto.



Y aunque el volumen comienza con el dibujo invitado de un por entonces desconocido Charlie Adlard -ahora ultrafamoso dibujante de Los Muertos Vivientes de Kirkman- la etapa hasta el número 120 está dibujada por Sean Philips, actualmente conocido por sus memorables trabajos junto a Ed Brubaker y que aquí demuestra que gráficamente y en cuestión de tono, la colección nunca antes o después ha estado en mejores manos artísticas.

En cambio, y aunque Jenkins tenga aciertos puntuales, personalmente la etapa no me llega a cuajar. La primera gran saga del volumen, que bebe de los mitos artúricos tiene una premisa fascinante, pero quizá no sea del todo paladeable a todos aquellos no seamos anglosajones. Si es destacable la creación de un nuevo entorno de amigos y pareja. Y si el grupo de amigos podría dar más de si, pero aumenta el rango de interacción del solitario personaje, su nueva pareja no nos puede hacer olvidar la que ha sido su gran novia, la Kit creada por Garth Ennis en su etapa.



A destacar también el número 120, especial que conmemora los 10 años de existencia del título en las librerías, donde Jenkins rompe la cuarta pared, homenajea el legado dejado por los anteriores narradores de la vida del personaje y que deja vislumbrar atisbos de lo que sería su proyecto más arriesgado, El Vigía para Marvel Comics, publicado en el año 2001.

Curiosa también es la miniserie de dos números donde Jenkins reúne de nuevo a Constantine con Tim Hunter, el joven mago presentado y creado por Neil Gaiman en Los Libros de la Magia, acompañado por el interesante arte de Paul Lee.



Y tras el ejemplar de aniversario y la miniserie junto a Tim Hunter, Jenkins afronta su recta final de la colección en nueve episodios, esta vez acompañado por el dibujante Warren Pleece. Un autor que no alcanza las cotas de Philips, pero que devuelve a la colección ese tono áspero, sucio y sangriento de autores como Steve Dillon o Carlos Ezquerra.

Jenkins remata dos líneas argumentales de sus predecesores en la colección. Lo primero, la línea argumental y los maltratos del padre de Constantine planteados por Jamie Delano y segundo pero no menos importante la trama de Lilith y Constantine que desarrolló Ennis a lo largo de su fascinante etapa y que culminó en la saga "Un Cínico a las Puertas del Infierno".



Finalmente, Jenkins deja al personaje casi en tábula rasa para que posteriores autores hagan con él lo que quieran. De nuevo un Constantine solo, menos humano y de nuevo con las llamas del infierno llamando a su puerta.
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