22 de junio de 2017

Corazón Salvaje de David Lynch: La obra más efectista y fallida del cineasta






















1990 fue el año en el que David Lynch entró en mi vida. Concretamente el 15 de Noviembre de dicho año con el estreno en Tele5 del episodio piloto de Twin Peaks. Dos meses después, Corazón Salvaje se estrenó en España, la vi y encontré a un nuevo dios cinematográfico que me dio una nueva visión de lo que podía hacer el cine en manos de un prestidigitador con una visión única del mundo y de la naturaleza humana.



Después de esto, llegó Terciopelo Azul, Cabeza Borradora, El Hombre Elefante y posteriormente Fuego Camina Conmigo, Carretera Perdida, Una Historia Verdadera, Mulholland Drive e Inland Empire. Conocí a Lynch como autor completo, con obras de juventud previas que daban pistas de la grandeza de un cineasta que en su madurez creció como autor pero sin olvidar la experimentación de la que ha hecho gala en toda su carrera.



¿Y dónde coloca esto a Corazón Salvaje dentro del global de su carrera? Quizás en el peor puesto junto a su fallido Dune. La razón, que vista con el paso del tiempo y conociendo la obra del cineasta es su película más vacía de contenido.

Es curioso que siendo la película más fácilmente comprensible del autor, es aquello que menos entiendo. Y es que no se bien que me quiere contar en la misma, debajo de todo el ruido y la furia, la mayoría de las veces efectista de sus imágenes.



Entiendo que Lynch, basándose en la novela Sailor y Lula de Barry Gifford, quería hacer su particular homenaje al Mago de Oz, pasado por el filtro de las películas de pandilleros de los años 50 y sus musicales en glorioso Technicolor, con un poso de esa Americana perdida que subyace a lo largo y ancho de toda su obra.



También entiendo que es una visión muy "sui generis" del doloroso paso de la adolescencia libre de responsabilidades a la agridulce vida adulta y el shock de esa transición. Pero está contado a golpes de machete, sin la sutileza y la profundidad a la que nos tiene acostumbrados el espectador.



La factura técnica y artística es impecable. Tanto la imagen, el sonido, la selección musical y los actores están perfectos en una obra que continuamente está en la cuerda floja entre el realismo magnificado y la parodia sangrienta. Pero su fusión de temas y tonos, entre el empalagoso amor adolescente, la trama criminal y su realismo mágico repleto de seres que parecen extras de la vida de unos Sailor y Lula que siguen el camino baldosas amarillas, donde la felicidad y el dolor se dan la mano a veces en la misma escena, no cuaja como en otras obras superiores del cineasta.



El motivo. Sus ganas de epatar por epatar. De ser moderno por serlo. Porque esta obra si que tiene todo aquello que los enemigos del cineasta le reprochan, casi siempre sin razón, elevado a la máxima potencia. El ruido y la furia puede al contenido y aunque dentro de esta irregular obra nos encontramos algunas de las más icónicas y magistrales escenas de toda la obra del cineasta, -el accidente de tráfico, el abuso sexual y verbal de Bobby Perú a Lula- el conjunto no encaja como un buen engranaje y la sensación al terminar de verla es de debajo de la pirotecnia y el magistral trabajo de Lynch tras las cámaras, solo nos encontramos el vacío de la intrascendencia.

20 de junio de 2017

Jessica Jones: Desatada de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos. El regreso del mejor Bendis




















Una de las mejores noticias de este año 2017 en materia de cómics era, para el que aquí suscribe, el regreso de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos al personaje de Jessica Jones en una nueva serie regular. Y es que Alias, el cómic que inauguró la línea Max allá por 2001, donde Bendis y Gaydos nos presentaron a esta detective privada con dramático pasado superheróico es quizás el mejor tebeo que ha salido de la factoría Marvel en lo que llevamos de siglo.



También fue el primer trabajo para Marvel de un autor que ha pasado de ser un guionista independiente a la estrella que mueve los designios del universo Marvel desde hace ya más de 15 años. Y Bendis comenzó su visión de lo que era el universo Marvel en el filo del mismo, con personajes urbanos como esta Jessica Jones o su Daredevil junto al ilustrador Alex Maleev. A partir de ahí y demostrando con su Ultimate Spiderman -otra de las cimas de la Marvel contemporánea- que era capaz de hacer un tebeo de superhéroes al uso, comenzó su escalada al poder en un universo Marvel que para bien o para mal, nunca volvió a ser el mismo como así atestigua su paso por Los Vengadores, Los X-Men o Los Guardianes de la Galaxia.



Pero lo que es cierto es que Bendis se mueve mejor en el entorno urbano y callejero y con personajes solitarios que con los grandes eventos o los grandes grupos. Y también es cierto que el exceso de trabajo en estos últimos 15 años han hecho mella puntual en el guionista, donde su estilo, una vez fresco, quizá se ha convertido en algo común y habitual pasado el tiempo. Por lo tanto, la pregunta ante esta nueva serie protagonizada por una Jessica Jones convertida en ídolo de masas tras su triunfal paso por el serial televisivo de Netflix, era, ¿estará a la altura de la original?.



La respuesta es un rotundo sí. Desde las primeras páginas, nos encontramos a nuestra desastrosa y querida Jessica Jones con su mundo vuelto patas arriba, donde sus vínculos con todo aquello que había construido -su relación con Luke Cage, su hija, sus amistades con el entorno superheróico en el que nunca había estado cómoda- se han escindido.

Y a lo largo del primer arco argumental en seis partes, llamado ¡Desatada!, Bendis nos conduce en un viaje repleto de giros argumentales, diálogos memorables que solo él es capaz de realizar y el reencuentro con un personaje al que los aficionados a Marvel echábamos mucho de menos.



Además, Bendis aporta una guinda al pastel que será supuestamente desarrollado en los próximos volúmenes de la colección y que es, ni más ni menos, las consecuencias de la destrucción del Multiverso por parte de la comunidad superheróica ocurrido en Los Vengadores de Hickman y su continuación, Secret Wars, que parecía que iba a quedarse en agua de borrajas pero que ahora sirve para arrancar una trama llena de traiciones, decepciones y escepticismo.

Para redondear un primer volumen que se hace corto y deja con ganas de más, tenemos el trabajo artístico de un Michael Gaydos que complementa perfectamente la prosa de Bendis y que de nuevo, como ya consiguió en el original, nos transporta inmediatamente a esa ciudad de Nueva York que habita Jessica Jones, sumergiendo al lector en la misma.



En definitiva, una vuelta del mejor Bendis con su personaje estrella y el mejor tebeo de la Marvel actual junto al Capitán América de Spencer y el Thor de Jason Aaron. Imprescindible lectura para los seguidores de Bendis, Jessica Jones y del universo Marvel en general.

18 de junio de 2017

Inland Empire de David Lynch: La pesadilla de la identidad






















En el año 2006, David Lynch volvía a la pantalla grande con una nueva obra que nada hacía presagiar que sería su último largometraje y su última obra audiovisual, hasta que este año 2017 nos hemos vuelto a reencontrar con ese peculiar y magistral regreso a la localidad de Twin Peaks que está siendo Twin Peaks The Return.



5 años habían pasado desde que volviera a ser encumbrado con Mulholland Drive, ese piloto fallido de serie de televisión que acabó reconvirtiéndose en una de las obras cumbres de la filmografía del director nacido en Missoula. Una obra que atacaba con ferocidad el sueño irreal de Hollywood, sus promesas rotas y que envolvía y llenaba de glamour un relato de la perdida de identidad, corazones rotos y sueños ahogados por la cruda realidad.



Inland Empire continúa la senda de Mulholland Drive, casi convirtiéndose en una cara B de Mulholland Drive, llevando al extremo los preceptos de la obra anterior y el estilo y el hermetismo del cineasta y completando la trilogía de la mente que comenzara en 1996 con Carretera Perdida.



Porque el mecanismo que hace funcionar a Inland Empire es el mismo de las muñecas rusas, donde una identidad se esconde detrás de otra y llega un momento en el que no sabes cual es la real y cual es la copia. Y eso le ocurre a Nikki Grace la heroína de nuestra historia -interpretada por una inconmesurable Laura Dern que dota al personaje de múltiples registros y personalidades- una actriz de éxito de Hollywood casada con un escalofriante millonario del este de Europa y con un pasado algo turbio.



Nikki se convierte en la protagonista principal de una nueva obra cinematográfica que descubre posteriormente que es un remake de una película maldita polaca que nunca terminó de rodarse porque todos los implicados en ella acabaron muerta. Pero por supuesto, tratándose de Lynch, este es el mcGuffin que Lynch aporta al espectador, al igual que las cintas de vídeo en Carretera Perdida o el accidente de Rita en Mulholland Drive, para introducirnos en una laberíntica historia repleta de espejos y dobles reflejos.



Porque una vez que ahondas en la historia y comienzas a atar los cabos sueltos, en la medida de lo posible, vamos descubriendo que la historia pasa de las zonas residenciales del Hollywood de las estrellas al frío e inhóspito invierno polaco, pasando por las decadentes calles de Hollywood Boulevard y parques de trailers de la América más profunda que traen al recuerdo el Big Tuna de Corazón Salvaje o el Parque de Trailers Fat Trout donde vivía Teresa Banks en Twin Peaks Fuego Camina Conmigo.



La interpretación de la misma es un juego de muñecas en si mismo. ¿Es la historia de una actriz que soñó y se metió demasiado en sus papeles desde la tranquilidad del Hollywood de las estrellas o es la historia de una joven prostituta que sueña con ser actriz durante dos horas para escapar del infierno de su propia vida? ¿O son ambas las mismas? Os invito a que lo descubráis por vosotros mismos.



Lynch pone a prueba la resistencia del espectador con un metraje de tres horas, de ritmo irregular pero apasionante, por supuesto si entras en el juego y una decisión estilística, el rodar en video digital de baja definición,  que aunque nos hace perder al Lynch más bello, es consecuente con el estilo y el tono del largometraje. Un tono pesadillesco y caricaturesco en su horror, que queda realzado por esos primeros planos que consiguen deformar los rostros hasta límites grotescos, provocando una sensación de extrañeza que solo los muy seguidores de David Lynch podrán disfrutar.



Y es que para Lynch este Inland Empire es su liberación absoluta, para lo bueno y para lo malo, de los límites que impone una industria que no es país para artistas radicales como Lynch. Y el formato digital, con el que ya jugueteó con resultados tan irregulares como interesantes, en una serie de cortos que se podían ver en su página web y posteriormente recopilados en la antología Dynamic:01 The Best of DavidLynch.com, es lo que le daba la libertad absoluta de hacer lo que le place.



Y ese hacer lo que le place es Inland Empire. Una película rodada con absoluta libertad, un campo de juegos y experimentación para Lynch que lleva al paroxismo los elementos de obras previas como Cabeza Borradora, Carretera Perdida y Mulholland Drive para desmontarlas y darles una vuelta de tuerca, donde muchos de los amigos y actores de Lynch son invitados a ser partícipes de una obra maestra del video-arte, incomprendida en su estreno en salas, reivindicada parcialmente a lo largo de la última década y que ha servido como guía estilística de muchas de las alegrías que nos está dando su regreso a Twin Peaks, quizá la primera obra de video arte para la televisión, como este Inland Empire lo fue para las adormecidas mentes del espectador del siglo XXI.

16 de junio de 2017

Han Solo de Marjorie Liu y Mark Brooks: Un agradable viaje al borde exterior

























Uno de los mayores handicaps de los nuevos tebeos de La Guerra de las Galaxias es la dificultad de encajar acontecimientos trascendentales en una línea editorial que está supeditada a un periodo muy estrecho de tiempo que encaja entre Una Nueva Esperanza y El Imperio Contraataca y que además está siendo reinventada a manos de Disney y Lucasfilm en esas Star Wars Stories que han comenzado con Rogue One y la futura Han Solo.



Y es que Han Solo es el personaje más carismático de la trilogía original, con perdón de Darth Vader. Es el personaje con el se identificaba o se quería identificar todo niño que pudo disfrutar de la obra original. Han era divertido, cínico, mujeriego y el personaje con los pies más en la tierra dentro de una galaxia inundada de señores del Sith, Jedis en baja forma y chavales elegidos más preocupados en convertirse en héroes que en disfrutar de la vida.



Es por ello que tras varias miniseries dedicadas a los personajes de la trilogía original como Leia, Lando o Chewbacca, tocaba el turno del personaje a priori con más posibilidades de obtener un éxito rotundo. El resultado, un tebeo tan divertido como intrascendente, que se situa por encima de las miniseries dedicadas a Chewbacca o Leia, pero por debajo de la excelente Lando de Charles Soule y Alex Maleev.



Los encargados de esta nueva miniserie de cinco ejemplares son la guionista Marjorie Liu y el dibujante Mark Brooks. La primera, consigue una aventura ligera que ahonda superficialmente en la incipiente relación entre Leia y Solo y las dudas existenciales de este último entre decidir si seguir con su carrera de mercenario y preocuparse por el mismo o unirse a una Rebelión que le atrae y repele a partes iguales.



El macguffin de la historia, recoger en varios planetas a tres espías aliados de la rebelión, entre los que hay la sospecha de un traidor, sirve a Liu para introducirnos en ese borde exterior tan mencionado en la saga original, pero tan poco desarrollado por un George Lucas que se centró mucho más en los dos viajes del elegido.



Ese universo repleto de seres de distintas razas que quiere plasmar Liu es apoyado por un más que estimable trabajo artístico de un Mark Brooks que nunca ha sido santo de mi devoción, pero que aquí entrega su mejor trabajo hasta la fecha, desde la representación de los distintos planetas, a las distintas razas, pasando por un Han Solo que es réplica del joven y carismático Harrison Ford.



En definitiva, un tebeo correcto, nada prescindible, pero tampoco imprescindible, que hará las delicias de los fans absolutos de Han Solo y de aquellos seguidores de la saga galáctica que son fans de los aspectos menos épicos de la inmortal saga.

13 de junio de 2017

Hard Case Crime Peepland: La escritora pulp Christa Faust aprueba con nota su estreno en el mundo del cómic




Christa Faust es una de las mejores escritoras del pulp y la serie negra contemporánea. Sus dos novelas protagonizadas por Angel Dare, Money Shot y Choke Hold, son todo lo que busca un buen aficionado a la novela negra. Ritmo endiablado, protagonista carismático, sexo, violencia y muchas dosis de mala baba.

Así que cuando descubrí que Christa Faust se lanzaba a estrenar su primer guión, junto al guionista Gary Philips, en el mundo del cómic y de la mano, ni más ni menos que del sello Hard Case Crime, editores de sus dos novelas mencionadas anteriormente y el mejor sello mundial de novela negra que puedes encontrar en el mercado editorial, llamó mi atención.



Y el tebeo que entregan Faust y Philips de la mano tiene parte autobiográfica por el lado de Christa Faust. Porque esta escritora neoyorkina, afincada en LA, en su juventud trabajó en uno de los múltiples sex shops que inundaban la peligrosa Gran Manzana de los años 80.



Ese sex shop, el Peepland del título, es el centro neurálgico y eje para presentar a un grupo de personajes que intentan sobrevivir en la jungla de asfalto de un Nueva York donde las minorías y la gente con menos recursos es señalada e inculpada para proteger los secretos de una casta social que hace lo que le place sabiendo que los culpables a ojos de una justicia y unos cuerpos policiales untados serán dichas minorías.



El incidente incitador de la trama es una cinta de video que contiene imágenes de un crimen que puede derribar los cimientos de los ricos y poderosos de la ciudad. A partir de ahí y desde el punto de vista de Roxy, nuestra protagonista y representación de la escritora Christa Faust, la historia se desarrollará a lo largo de cinco ejemplares, donde los giros argumentales, la sorpresa continua y la violencia brutal y sin sentido acompañará a los lectores y a un elenco de "perdedores" entrañables que lo único que buscan es ser felices y que les dejen tranquilos.



El único pero a un tebeo muy disfrutable es el inconsistente arte de Andrea Camerini, muy irregular de un número a otro, entregando tanto páginas muy interesantes, como otras que parecen realizadas con prisas y que empañan el conjunto de una obra muy disfrutable que hará las delicias de los lectores de novela negra y pulp y por supuesto a los que somos fieles lectores de Christa Faust.


11 de junio de 2017

Batman/The Flash: The Button. Comienza la cuenta atrás del reloj del Juicio Final


























Tras una odisea equiparable a la de Batman y Flash viajando entre universos y realidades paralelas, he conseguido tener en mi poder las cuatro partes que forman este nuevo evento (cosas del Previews y la distribuidora Diamond) que continúan lo planteado en el fantástico especial escrito por Geoff Johns y con el que arrancó este Renacimiento del Universo DC.



Si recordáis dicho especial aparecido hace ya un año en su edición original -y si no lo recordáis es muy recomendable que lo desenpolvéis y lo leáis de nuevo- Batman encontraba la famosa chapa con el rostro del Smiley con su correspondiente mancha de sangre que todo fan de Watchmen sabemos que pertenecía a El Comediante y que arrancaba la historia de un tebeo que más de 30 años después sigue influyendo y dando que hablar.



Los responsables de continuar dicha investigación son los guionistas Tom King y Joshua Williamson, responsables ambos de los títulos principales de Batman y Flash. Y la historia comienza como un rayo, en un primer ejemplar con la famosa composición de página del Watchmen de Moore y Gibbons para adentrarnos en una historia en los límites de la realidad y el tiempo en cuatro partes, que sirven a los guionistas para continuar lo planteado por Johns en dicho especial y que guarda paralelismos con el otro gran evento que ha removido los cimientos del nuevo universo DC, El Superman Reborn de Tomasi y Jurgens.



King y Williamson equilibran perfectamente en cuatro ejemplares que se devoran a la velocidad del rayo, el protagonismo, la importancia y las consecuencias para ambos héroes, sabiendo enmendar posibles desatinos editoriales como Flashpoint y dándole el protagonismo a los dos personajes más interesantes salidos del mismo, como son el Flash Reverso y el Batman encarnado por Thomas Wayne.



A su vez y apoyados por el inmejorable arte de Jason Fabok, que no hace más que mejorar y el más estilizado y fluído arte del veterano Howard Porter, los guionistas aportan respuestas a algunos de los enigmas planteados por Johns en el especial Renacimiento y multiplicando a su vez los nuevos, para dejar al lector deseoso de saber más, en una historia que ha abrazado la polémica por la decisión de introducir a los personajes de Watchmen dentro del universo DC, pero que si se hace tan bien como en este The Button, puede que acabe callando muchas bocas.



La saga es rematada por todo lo alto con el regreso de un legendario y viejo conocido de la Golden Age, cuyo futuro es incierto y con un epílogo que abre el apetito para lo que será el evento DC de la década, ese Doomsday Clock escrito por Geoff Johns y dibujado por Gary Frank que ansioso estoy de tener en mi poder. Habrá que esperar hasta noviembre de este año, pero mientras tanto, podremos teorizar y soñar con lo que viene a continuación. Y os pregunto, ¿hace cuánto que los tebeos de las dos grandes conseguían eso?.

9 de junio de 2017

Twin Peaks El Regreso o el Fin de la "Americana"




El regreso de Twin Peaks a la ya no tan pequeña pantalla, 26 años después de su abrupta cancelación en junio de 1991 con su segunda temporada y 25 años después del vapuleo a una obra tan fuera de su tiempo y tan magistral como fue la precuela/secuela de Twin Peaks, rompe todas las expectativas que se esperaban de ella y ha sentado como un mazazo a todos aquellos que creían que este regreso iba a ser una apología de la nostalgia.

Twin Peaks, serie de televisión y entorno en el que se desenvolvía el serial multigenérico, era el perfecto reflejo de lo que se ha venido en denominar Americana, esa nostalgia de la vida idealizada que ocurrió entre 1880 y la llegada de la I Guerra Mundial, donde los Americanos por última vez en su historia -tras conquistar la “Última Frontera” y ser vencedores de la Guerra entre España y Estados Unidos- creyeron entender con orgullo lo que supuestamente significaba América y sentirse Americanos.



Dicha "vida idealizada" se localizaba en pequeños pueblos y pequeñas ciudades, donde sus habitantes se reunían alrededor de una plaza central y sentían que tenían el país que querían, donde la celebración del 4 de Julio, la tarta de manzana y lo que les decían los medios de comunicación, sus escuelas e instituciones era la verdad absoluta y no querían que eso cambiara.

Es por eso que la nostalgia por esa Americana es algo hacia lo que los Estados Unidos miran habitualmente, al igual que la mayor parte del mundo occidental, motivado por su invasión mediática y cultural, porque el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI no ayuda a que se deje de idealizar una época que en apariencia era perfecta. Para Estados Unidos, la caza de brujas, la guerra fría, el asesinato de los Kennedy, Martin Luther King, la muerte de incontables jóvenes americanos en guerras que solo servían a los intereses de una minoría como Vietnam, Irak, Afganistan, 11-S, etc.. les hace retrotraerse a otra época donde los jardines de viviendas unifamiliares con su impoluta valla blanca de fondo, el cielo azul, las barbacoas, el carrito de los helados y los vecinos sonrientes y en apariencia encantadores eran la cúspide de la felicidad.



El Twin Peaks original tenía mucho de todo eso. La población, los bosques con sus abetos Douglas, la Doble R y sus tartas de cereza celestiales, las cataratas del imponente Gran Hotel del Norte o las avenidas de zona residencial de clase media en auge donde vivían los Palmer, los Hayward y los Briggs eran el sueño de una población que se resistía al cambio y parecía protegida de los males de la realidad.

Pero un buen día, se dieron cuenta que el paraíso tenía un precio, cuando su Reina del Baile y en apariencia perfecta adolescente Laura Palmer, otro epítome de la Americana, apareció muerta en las orillas del río de la localidad, envuelta en plástico. Y la aparente normalidad se rompió, acrecentada por la llegada de un forastero, El Agente Especial Dale Cooper, que traía a Twin Peaks el veneno del presente y también sus demonios internos -la muerte de su amada y la caída a los infiernos del que fue su amigo y mentor- pero que sabía encubrir hacia a aquellos que le rodeaban y a si mismo, al quedar anonadado por la pureza, la nobleza y el ambiente de ese pueblo fuera del tiempo que era Twin Peaks.

No importaba que una vez que comenzaba la investigación del en un principio frío y distante, pero encantador Agente Cooper, los trapos sucios del en apariencia inocente pueblo salieran a la luz, con sus capitanes del equipo de fútbol traficando con drogas, prostitución en la frontera financiada por figuras respetables de la comunidad, incestos paternales, relaciones paterno-filiales quebradas y orgías en el bosque a la luz de la luna. La música de Angelo Badalamenti, celestial, glamurosa y adictiva y el encanto de unos personajes que vivían cada uno de ellos en su propia Americana, ayudaban a que el espectador y los personajes vivieran una situación de aparente felicidad y tranquilidad, porque en el fondo y por mucho que supieran que algo malo se escondía bajo la aparente paz que reinaba en Twin Peaks, lo querían así, claro reflejo del aislacionista pueblo americano que ha querido vivir su existencia sin interesarse y ser influídos por el mundo exterior que les rodea.



Y así se lo hizo ver el Sheriff Truman en la conversación que mantiene este con Cooper, acompañado de Hawk y Ed en la cafetería de la Doble R, donde le explica el lado oculto y oscuro de Twin Peaks

“Twin Peaks es diferente, está alejada del mundo, como habrás comprobado. Y así es exactamente como nos gusta. Pero también hay una contraprestación para ello, algo diferente. Quizá es el precio que pagamos por el resto de cosas buenas. Hay algún tipo de mal allí fuera. Algo muy, pero que muy extraño en estos viejos bosques. Llámalo como quieras, una oscuridad, una presencia. Puede tomar muchas formas, pero siempre ha estado ahí. Y todos estamos aquí para luchar contra él”.

Esta historia se la cuenta Harry a Cooper en uno de los primeros episodios de la primera temporada, posiblemente en el cuarto o quinto aproximadamente. Y en ese momento -aunque ya teníamos sospechas y detalles de que en Twin Peaks se cernía algo sobrenatural, tras el sueño de Cooper y las visiones de una desquiciada Sarah Palmer- todavía el serial no había abrazado su aspecto sobrenatural como si hizo en la segunda temporada y en el filme Fuego Camina Conmigo.



Es en dicho filme donde descubrimos que Bob, el espíritu que anidaba en Leland Palmer y posteriormente anidaría en el agente Cooper, tenía un pacto con los en apariencia entes benignos del serial, concretamente con Mike el Manco y el Hombre de Otro Lugar posteriormente conocido como El Brazo, donde Bob podía matar a una víctima seleccionada por el cónclave, para luego entregarles parte de la Garmonbozia, una especie de maíz cremoso guisado, que representaba el sufrimiento y el arrepentimiento de Leland tras matar a su hija Laura.

Este macabro ritual y sus connotaciones lo emparentaban con la conversación que he transcrito entre Truman y Cooper. ¿Es posible que la paz y estancamiento de la población de Twin Peaks, en la que el mundo exterior nunca infectaba a la población y a sus habitantes, se basara en la premisa de que una víctima ritual cada cierto tiempo debía ser entregada a estos seres que vivían entre dos mundos, para que Twin Peaks nunca cambiara y la llegada de Cooper y sus descubrimientos comenzara a resquebrajar esa calma chicha de la localidad?.



Otra pista de todo esto lo encontramos en la conversación que mantiene Jean Renault con Cooper cuando el primero le tiene secuestrado en la cabaña blanca en el episodio 12 de la segunda temporada del serial:

“Antes de que llegaras aquí, Twin Peaks era un bello lugar. Mis hermanos vendían drogas a través de los adolescentes del instituto y los camioneros. Jack el Tuerto daba la bienvenida a los hombres de negocio y a los turistas. La gente tranquila vivía una vida tranquila. Entonces, una chica guapa murió y tú llegaste y todo cambió. A mi hermano Bernard lo mataron en los bosques, un padre atormentado por la muerte de su hija ahogó con una almohada a mi hermano Jacques, secuestros, muertos. La gente tranquila ya no volvió a estarlo. De pronto, un sueño tan simple, se convirtió en una pesadilla. Es posible que tu trajeras la pesadilla contigo y es posible que la pesadilla muera cuando tu mueras”.

Estas proféticas palabras de Jean Renault cobran sentido en el episodio final de la segunda temporada de Twin Peaks. Windom Earle, el antiguo compañero y maestro de Cooper secuestra a Annie Blackburn, la amada de Cooper y la lleva consigo a la Logia Negra para conseguir el alma de este. No hay que olvidar que Cooper tuvo una relación con la mujer de Earle y que este último la mató cuando Cooper la protegía dejando malherido a nuestro querido Agente Especial, tanto física como psicológicamente. Cooper había traído su pesadilla a Twin Peaks y para él y para el pueblo nada volvería a ser lo mismo. Cooper entra en la Logia, pero sin su capacidad analítica y su frialdad detectivesca, entra como un hombre enamorado y debilitado. Y todos sabemos lo que le ocurre. Su verdadero yo queda atrapado y a Twin Peaks vuelve su doppelganger maligno impregnado de la semilla del demonio Bob.

25 años después hemos vuelto al universo de Twin Peaks y por lo que hemos visto, el pacto que tenía Bob con sus congéneres del otro mundo lo ha roto, no volviendo a entregarles periódicamente la Garmonbozia y extendiendo su veneno más allá de las fronteras de la ficticia pequeña localidad del noroeste de los Estados Unidos. Y hemos visto breves retazos de la localidad en los primeros cinco capítulos que hemos podido disfrutar hasta el momento. Hemos visto a Hawk, a Lucy, a Andy, a Lady Leño, a los hermanos Horne, a Bobby, al Doctor Jacoby, a Shelly y a Norma. Pero les falta “algo”, al igual que ese “algo” perdido que Margaret le dice a Hawk que se necesita para encontrar a Cooper. Lo mismo ocurre con los escenarios icónicos del serial, como el Gran Hotel del Norte, la Doble R o el Roadhouse. Son los mismos pero no lo son. Ya no suenan los acordes de Angelo Badalamenti que nos hacían sentir seguros y reconfortados en dichos escenarios. Ya no hay, como le decía El Hombre del Otro Lugar a Cooper en su primer sueño en el tercer capítulo de la primera temporada, “música en el aire”.



Twin Peaks, la localidad, sus habitantes y sus escenarios están muertos en vida. Les falta algo o les sobra algo. Y es que parece que las acciones de Cooper y su intrusión como un virus en la vida de la localidad y la ruptura del pacto de Bob, han dejado muerta el alma de la localidad, como si el mundo exterior y la terrible actualidad contemporánea haya irrumpido en la antaño icónica población como un torbellino y le hubiera quitado su esencia. La Americana, con lo bueno y con lo malo, ha sido mancillada por la intervención de un forastero que puso su hipócrita normalidad patas arriba y a la vista de todos, enfrentándolos a todos con su doppelganger.

Ejemplos, múltiples y variados. El Roadhouse, tanto en la serie original como en el filme, era un bar de moteros de los años 50 -más cercanos al movimiento beatnik que a los rebeldes sin causa del cine de James Dean- donde solo se escuchaba la música celestial de una Julee Cruise que parecía haber salido de una brecha entre dos mundos. Ahora es un bar de hipsters donde todo tipo de grupos musicales contemporáneos tocan en él y que podríamos encontrar en cualquier lugar de Estados Unidos o del mundo. Ya no tiene personalidad. Se ha gentrificado. Y algo aún peor. En el piloto de la primera temporada, cuando Donna entraba en el Roadhouse para encontrarse con James Hurley, Bobby Briggs y Mike Nelson intentaban agredirla era inmediatamente rescatada por el honesto Ed Hurley y el grupo de moteros amigos de James. En esta nueva iteración del serial, concretamente en el episodio 5, vemos como un turbio individuo que tiene tratos con algunos elementos de la policía local, al que los créditos finales nos descubren que es un nuevo miembro de las nuevas generaciones de los Horne- agrede sexualmente a una joven de la localidad a la vista de todos los clientes del local, sin que nadie haga nada por ayudarla. Un triste reflejo del mundo en el que vivimos y del que los habitantes de Twin Peaks intentaban escapar.



Lo mismo ocurre con la historia de Betty, la hija de Shelly Johnson, y su politoxicómano novio. Ambos son un reflejo de la relación auto-destructiva entre Laura Palmer y Bobby Briggs, pero en el original había un aura de ensoñación, de glamour, de cercanía y empatía con dichos personajes y su historia. Aquí, esta relación se narra de manera cruda, anticipando que el personaje de Betty correrá un camino similar al de su predecesora Laura Palmer, pero sin ese aura mítica de la historia de Laura. Betty, el personaje interpretado por la actriz Amanda Seyfried no está hecho para ser el icono de un pueblo, unos personajes, o una historia. Es vulgarmente real. O para rematar, el ejemplo más visual lo encontramos en el discurso de la Alt-Right americana del Doctor Jacoby, ejemplo de los radicalismos que la pérdida del sueño americano ha provocado en esas localidades donde creían que la Americana sería algo eterno, el Camelot del Rey del Arturo.

Es por ello que los seguidores del serial que añoran los elementos más nostálgicos del mismo, se sienten extraños e incómodos ante este nuevo Twin Peaks. Por eso no suenan los acordes de Angelo Badalamenti en cada escena y cada plano, por eso nadie baila como Audrey Horne en la Doble R bajo los acordes de los temas de Badalamenti salidos de la JukeBox o el pueblo parece estar desierto y falto de vida. Porque los causantes de la irrupción de la realidad en la Americana, el Agente Cooper y el diabólico Bob, lo destruyeron. Y tendrán que volver allí y devolver a la población y al serial esa vida eterna que tenían, para lo bueno y para lo malo, al igual que Cooper necesita recuperar su alma, y los seres del Otro Lado necesitan recuperar su Garmonbozia. Para que todos ellos y la localidad recuperen esa Americana que se ha perdido, tanto en el mundo real como en este pequeño universo de ficción tras 25 años que se dicen pronto. Que eso sea algo bueno o algo malo, dependerá del ojo que lo ve y lo que prefiera, la crudeza de lo real o la hipocresía de la apariencia.
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