22 de marzo de 2017

Mother Panic de Jody Houser y Tommy Lee Edwards: El lado más turbio de Gotham City






















Tras la ligera decepción de Cave Carson, el sello Young Animal de Gerard Way ha presentado su cuarto y hasta el momento último título del primer bloque de series de la línea. Un tebeo que nos adentra en rincones desconocidos de Gotham City de la mano de la novelista Jody Houser y el atmosférico dibujante Tommy Lee Edwards.



La serie nos presenta a Violet Page una socialité millonaria, estilo Paris Hilton con un oscuro pasado que hábilmente los autores van dosificando en los adictivos tres primeros números publicados hasta el momento. Paige es a su vez una vigilante de métodos expeditivos que deja en aguas de borrajas la supuesta salud mental de Bruce Wayne.



La serie se adentra en terrenos peliagudos de abusos sexuales infantiles y violencia perturbadora que inteligentemente queda fuera de campo para que el lector imagine lo que el tebeo sugiere. Houser crea una protagonista femenina con múltiples capas para profundizar y averiguar el porqué de su lucha contra el crimen, la extraña relación con su padre y una madre que vive en los márgenes de la realidad.



Tommy Lee Edwards es un dibujante que siempre me ha fascinado y siempre me ha sorprendido el poco caso que se le ha hecho tanto por parte de la crítica como de los lectores. Dibujante atmosférico y excelente narrador, entrega en estos tres primeros números un trabajo sublime, quizá el mejor de su carrera representando una Gotham City que exuda corrupción, superficialidad y peligro, pero que a la vez es seductoramente atractiva, una bella y diferente heroína y que sabe navegar tanto en escenas de situación como en momentos perfectamente planificados de acción.



Batman y su cohorte de seguidores ponen la guinda del pastel a un tebeo que en pocos ejemplares se convierte en imprescindible compra para poder averiguar los cómos y el por qué de esta nueva vigilante de Gotham, tan parecida como diferente al murciélafgo original y que ha llegado para quedarse. Muy recomendable.

21 de marzo de 2017

Power Girl de Justin Gray, Jimmy Palmiotti y Amanda Conner. Un remedio perfecto para empachos de "grim and gritty"


























La llegada de las Crisis en Tierras Infinitas y la desaparición del Multiverso tras dichas Crisis no le sentaron del todo bien a Power Girl, la Supergirl de Tierra 2 que se quedó sin Tierra, sin familia y sin pasado. El intento de adecuarla al universo DC post-Crisis desembocó en un desastre representado en forma de miniserie de cuatro ejemplares de la mano de Paul Kupperberg y que emparentó al personaje con Arión y Atlantis que fue rechazado por todos los fans de la época.



Tuvo que llegar Geoff Johns, recuperador de conceptos perdidos y autor que trajo de vuelta al Multiverso en la continuidad DC quien tras introducirla en su fabulosa JSA, decidió darle un origen previo a la reintroducción del multiverso en su Crisis Infinita. Dicho acontecimiento ocurrió en los primeros cuatro ejemplares de un spin-off de su JSA, llamado JSA Classified, donde acompañado de la dibujante Amanda Conner y con una buena dosis de metalenguaje y ruptura de la cuarta pared, dio pie al guionista de reirse de los desastres acometidos con el personaje y prepararla para su protagonismo en la mencionada Crisis Infinita.



Pasaron los años y DC decidió entregarle su propia serie regular con un equipo creativo de auténtico lujo, pero que nunca se les ha reconocido como se merece, el formado por los guionistas Justin Gray y Jimmy Palmiotti junto a la dibujante Amanda Conner en una etapa que duró doce ejemplares y que es recopilado junto a la miniserie de Johns en un atractivo volumen en cartoné y editado por ECC.



El tebeo entra por la vista por el atractivo arte de Conner, una dibujante capaz de entregarte el mejor pin up inimaginable pero especialmente dotada para el lenguaje secuencial, tanto en la planificación de página como en su absoluta habilidad para el lenguaje corporal y las expresiones faciales dignas de un Kevin Maguire. Su Kara Zor-El es bella e icónica, pero también terrenal y cercana y la dibujante destaca tanto en las escenas cotidianas como en las grandes batallas épicas y espectaculares.








Pero un buen dibujo no es nada sin un buen guión que lo acompañe. Y Gray y Palmiotti que recientemente han entregado trabajos tan dispares como excelentes -All Star Western o la actual etapa de Harley Quinn- entregan un tebeo accesible para todo tipo de público, reclamando de nuevo el ejemplar unitario como valor primordial, pero que sabe recompensar a su público fiel con una historia de largo recorrido, una protagonista carismática y un entorno de secundarios envidiable.



Power Girl no necesita de grandes eventos, grande sagas definitorias ni madurez impostada para recordar el porqué nos enamoramos del medio y el género en primera instancia, demostrando que lo sencillo y honesto no está al alcance de todo el mundo y que en su sencillez está su brillantez.

20 de marzo de 2017

Cave Carson Has a Cybernetic Eye de Rivera, Way y Oeming. Excelentes ingredientes para un guiso al que le falta cocción






































El tercer título del sello Young Animal de DC Comics tiene como protagonista a Cave Carson, un espeleólogo aventurero aparecido en 1960 en las páginas de The Brave and The Bold, a la estela del éxito de los Challengers of the Unknown. Infrautilizado durante décadas por la editorial, recibe el tratamiento de lujo al convertirse en el título que sigue la estela de la Doom Patrol y la nueva Shade, con un equipo creativo de lujo.



Dicho equipo creativo lo forman la pareja de guionistas formada por el desconocido Jon Rivera, apoyado en labores argumentales por Gerard Way, el supervisor de la línea editorial y guionista del título estrella del sello, Doom Patrol, junto al famoso dibujante Michael Avon Oeming, conocido sobre todo por ser la dupla artística junto a Brian Michael Bendis de Powers, el tebeo que puso en el punto de mira de la industria al guionista que lleva rigiendo los designios del universo Marvel en los últimos 15 años.



El resultado es un tebeo que aúna el pulp y la ciencia ficción, a Burroughs con Kirby en un relato entre el terror y la fantasía de una civilización subterranea, apoyado en el drama familiar entre un padre y una hija que deben encontrar puntos en común y un distanciamiento exacerbado por la muerte de la madre/esposa de ambos.



El problema, que la serie no alcanza el grado de sofisticación, maravilla y calidad de los dos títulos previos del sello Young Animal. Y no es un mal tebeo, pero se queda lejos de sus preceptos iniciales. Por poner un ejemplo, el arte de Oeming nunca ha brillado tanto como en esta serie, potenciado por el color lisérgico y pop de Nick Filardi. Pero el tebeo es un continuo deja vu de conceptos mil y una vez vistos en el género fantástico y de ciencia ficción, sin ninguna vuelta original o personalidad única que lo haga destacar, al menos en los cinco ejemplares publicados hasta el momento.



Mucho más llamativo es el extraño complemento de tres páginas realizado por el independiente Tom Slioci, que se convierte en un trasunto y reinterpretación del universo C que mezcla conceptos tan dispares como la línea de juguetes de DC de los años 80 llamada Superpowers con El Cuarto Mundo Kyrbiano y el Batman made in Tim Burton, con un estilo que recuerda en la forma al Little Nemo de Windsor McCay pasado por el prisma de Chris Ware tan adictivo como ininteligible.

18 de marzo de 2017

Star Wars: Obi Wan & Anakin de Charles Soule y Marco Checchetto. Rellenando huecos entre La Amenaza Fantasma y El Ataque de los Clones























Dentro de las nuevas series que Marvel Comics está editando de la franquicia galáctica de George Lucas, me alegra encontrar series que amplíen conceptos aparecidos en las denostadas precuelas galácticas y no solo centradas en la idolatrada trilogía original. Una de esas series es el Darth Vader de Gillen y Larroca, que aunque cronológicamente se encuentra entre los episodios IV y V, no duda en utilizar para adentrarnos en la mente de Vader y sus motivaciones, lo construido por Lucas en las precuelas con gran acierto.



La otra serie que quiere aprovechar lo planteado en las precuelas es Obi Wan y Anakin, guionizada por Charles Soule que ya se encargó de la excelente miniserie de Lando junto a Alex Maleev y que también es el responsable del peor título de estas nuevas series como es la centrada en Poe Dameron, aunque poco puede hacer Soule con el background de cartón piedra y nulo interés que ideó Abrams junto a Lawrence Kasdan.



En esta miniserie, Soule se adentra, apoyado por el interesante pero excesivamente abigarrado arte de Marco Checchetto, en el tiempo transcurrido entre La Amenaza Fantasma y El Ataque de los Clones, una época muy importante para entender la transformación de un Anakin niño inocente al adolescente arrogante que posteriormente vimos.

Soule divide la narración en dos partes: La primera es una aventura en un planeta remoto y desconocido, de interesante diseño, para asemejar lo ocurrido en dicho planeta visitado por Anakin y Obi Wan con los sucesos posteriores que vivirán ambos protagonistas con la caída de la República y la llegada del Imperio. El resultado, correcto pero poco más, ya que el discurrir de la historia no sorprende, salvo detalles puntuales y escasos que disfrutarán los que somos seguidores acérrimos del universo.



La segunda parte de la narración es harina de otro costal y donde está lo verdaderamente interesante de esta miniserie, ya que son flashbacks previos a la historia principal, donde descubrimos las dudas de un Anakin adolescente, su carga como Jedi y los deseos de abandonar la orden que tanto ansiaba cuando era un esclavo, además de ser testigos en primera persona de las primeras manipulaciones de un Senador Palpatine perfectamente plasmado por Soule.



En definitiva, una miniserie irregular, con una historia principal entretenida sin más, pero con unos flashbacks fundamentales para los verdaderos fans de la saga, sobre todo de los fans de las precuelas, con un apartado artístico con conceptos y diseños interesantes, pero carentes de una narrativa clara y ágil.

17 de marzo de 2017

Shade the Changing Girl de Cecil Castelucci y Marley Zarcone: Nihilismo lisérgico






















El segundo título bajo el sello Young Animal quizá era el menos atractivo a priori, ya que sus autores, la guionista Cecil Castelucci y la dibujante Marley Zarcone no tenían el caché o la popularidad de un Gerard Way, un Michael Avon Oeming o un Tommy Lee Edwards. A su favor, el ser una nueva interpretación/secuela de la mítica Shade el Hombre Cambiante de Peter Milligan y Chris Bachalo, uno de los títulos señeros pre-Vertigo de finales de los 80 que a su vez versionaba un concepto y personaje del revolucionario Steve Ditko.



El resultado, tras leer su primer arco argumental de seis episodios es una de las sorpresas más agradables de estos últimos meses. Un título redondo, más cercano a los trabajos de Charles Burns o Daniel Clowes, que a los primigenios títulos pre-Vertigo que la línea aspira a emular.



El tono turbio, cínico y demoledor del "American Way of Life" emparenta al título con los trabajos de Burns y Clowes. Un universo urbano de clase media donde el instituto es un campo de batalla infernal, sus alumnos bestias perversas con doble cara, sus padres meros suministradores de bienes y servicios y el pueblo natal una prisión que acaba con los sueños e ilusiones.



El trabajo artístico de Zarcone ayuda a aportar ese ambiente inhóspito y lisérgico al relato narrado por Castelucci, donde la visión idealizada de una alienígena de las casas de vallas blancas y jardines plácidos choca como un tren de mercancías ante una realidad nihilista donde nadie es inocente y todos son víctimas de una sociedad deshumanizada que nosotros mismos hemos ayudado a crear.



El relato, de múltiples capas y apasionantes relecturas, aporta una doble protagonista femenina apasionante, unos secundarios a los que se les puede sacar aun más partido del que ya hemos vislumbrado en los primeros seis ejemplares y sirve tanto como perfecto homenaje a la diferente y rompedora versión de Peter Milligan, como a ejemplo de que dentro de las grandes editoriales se pueden ofrecer tebeos tan diferentes y únicos como los realizados al filo de la industria del noveno arte.

16 de marzo de 2017

Kong: Skull Island. De Coppola a Frazetta






















Una de las cosas que hicieron que el estimable pero irregular remake de Godzilla realizado por Gareth Edwards no cuajara del todo en su estreno en el verano de 2014, fue la excesiva Nolanización del monstruo y su universo, donde el sentido de la maravilla y la diversión atronadora quedara sepultada bajo una capa de trascendencia y una excesiva fijación en los personajes humanos a costa de la criatura, cuando estos además no estaban lo suficientemente desarrollados como para que nos importaran.



Pero lo que si era meritorio y mucho, era el empaque visual que Edwards aportaba a la película, con imágenes poderosas, poéticas y evocadoras que quedaban grabadas en la retina del espectador. Jordan Vogt Roberts, el director de esta nueva aproximación al simio más famoso de la historia del cine, ha aprendido la lección y le ha quitado también el exceso de trascendencia y metraje que lastraba al King Kong de un Peter Jackson rebosante de ego y escasa autocrítica salido de la trilogía de los anillos, para entregar un espectáculo visualmente arrebatador que busca por encima de todas las cosas, aparte de ser el primer paso de una atractiva franquicia, entretener al espectador a toda costa.



Y Roberts lo consigue con un largometraje que es un inteligente mash-up de las ilustraciones de Frank Frazetta, las revistas pulp másculinas desde Weird Tales a True Men a la estereotipada Vietnam y sus soldados salidos del Apocalipsis Now de Coppola. Porque el viaje que emprenden estos exploradores en la mítica isla Calavera con reminiscencias del concepto de la Tierra Hueca que Lovecraft y Verne, por poner dos ejemplos, usaron en sus historias, es El Corazón de las Tinieblas reducido a su mínima expresión para una generación que aunque no conozca o haya visto los referentes de los que bebe esta oda a la cúltura pop del siglo XX, podrán disfrutar de un espectáculo más que digno.



Después de un ejemplar prólogo, más Weird Tales que nunca y unos fascinantes créditos iniciales que sirven como lección de historia, la película arranca con un primer acto donde nos presenta a nuestros estereotipados pero eficaces protagonistas y aventureros y demuestra el poderío visual y el ritmo de un director dotado para espectáculos de esta índole.



Tras la mejor escena de la película, el primer encuentro de Kong con el equipo -una escena de acción que puede pasar a los anales- y descubrirnos una Isla Calavera tan bella y artificiosa en el buen sentido como peligrosa y atractiva, la película avanza en su segundo y tercer acto por lugares más comunes y perdiendo a veces la oportunidad de desarrollar los atractivos conceptos que en su primer acto plantea.



Pero eso no quita para que la diversión pare, con set-pieces de acción excelentes y unas criaturas verdaderamente impresionantes, gracias a los magos de ILM, convirtiendo al largo en una golosina visual, un entretenimiento primitivo y visceral que tras sus creditos finales nos depara una sorpresa, que esto solo es el primer título de una nueva franquicia y que Kong no es el único monstruo que invadirá nuestra cartelera próximamente. Misión cumplida y un blockbuster que demuestra que el entretenimiento descerebrado pero autoconsciente no va reñido con la calidad final del producto.

15 de marzo de 2017

Supergirl: Being Super de Mariko Tamaki y Joelle Jones. Una historia de origen con aroma independiente




Kara Zor-El, al contrario que su primo Kal nunca ha tenido la fama y el reconocimiento entre los aficionados al universo DC. Tanto es así, que quizá la historia más memorable sea la de su muerte en el imprescindible y clásico número 7 de la no menos legendaria Crisis en Tierras Infinitas de Wolfman y Pérez.






Pero pasado el tiempo en que tanto DC Comics, como los aficionados se dieron cuenta que la idea del Multiverso y que Superman y su mundo funciona bien con más kryptonianos a su alrededor, Kara volvió de nuevo a la línea temporal de la editorial. Pero nunca, quitando la etapa de Peter David, con su fascinante pero muy sui generis Supergirl, ha podido considerarse memorable.






Pero hace menos de dos años, llegó el serial televisivo de Supergirl. Una aproximación fresca y ligera que ha demostrado, al igual que su serie hermana Flash, que la televisión es el lugar natural para personajes serializados.






DC Comics así ha aprovechado para darle un origen de prestigio a un personaje que quizá nunca ha tenido mucha suerte en papel en una miniserie de 4 ejemplares en formato prestigio, del que hasta el momento se han publicado dos de los cuatro ejemplares con un equipo artístico de lujo formado por la guionista Mariko Tamaki y la dibujante Joelle Jones.






Y es que nadie mejor que dos mujeres para contar las tribulaciones de una adolescente en el paso de la infancia a la madurez, con el problema añadido de unos superpoderes y un origen que ella desconoce. Hasta el momento publicado, esta obra mantiene puntos en común con el origen de su famoso primo, pero difiere en aspectos fundamentales y muy interesantes como el drama que nuestra protagonista tiene que vivir tras un incidente en su pueblo de adopción, la libertad y naturalidad con la que las autoras presentan a un personaje homosexual y la relación de Kara con unos padres parecidos en sentimientos a los Kent, pero que quizá no están igual de preparados para una adolescente alienígena que aman y temen a partes iguales, superados por la presión del secreto que guardan.






El tebeo es una delicia tanto por el sencillo pero efectivo guión de Tamaki como por el fabuloso arte de Joelle Jones, una de mis ilustradoras favoritas de la actualidad. Las autoras se toman su tiempo en un tebeo que se acerca mucho al reboot de Archie de Mark Waid, por su ligereza y profundidad a partes iguales, acierta en la aproximación a los problemas e inseguridades que todos vivimos en la adolescencia aportando un soplo de aire fresco y definitivo a un personaje que se merecía una historia y una obra a la altura de su protagonista.
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