25 de mayo de 2017

Inhumanos Vs. Patrulla X: Mes 2: Cuando los tie-ins son más interesantes que la serie central
































Si el mes pasado comentaba que el arranque del evento que enfrentaba a Los Inhumanos contra los mutantes me había sorprendido gratamente, sobre todo porque no daba un duro por él, no puedo decir lo mismo de su segundo mes. La obsesión de Marvel y DC de publicar dos números al mes de sus series más potentes para ahogar tanto al lector como a su competencia, ha hecho mella en esta miniserie, perdiendo ya a partir de su segundo número a un ya muy irregular Leinil Francis Yu, que ya entrega un segundo ejemplar falto de planificación, estilo y épica, para dar paso a un Javier Garrón que no es santo de mi devoción a partir del tercer ejemplar que nos acompañará hasta el penúltimo capítulo de la miniserie.



En cuanto a lo que se nos cuenta, vacío y vulgar. Dos ejemplares que si ya su arte es irregular y mediocre, argumentalmente exprime dos premisas para cobrarte el doble por dos tebeos que no valen ni uno. Tras el interesante concepto, Lemire y Soule demuestran que no saben que contar para estirar el chicle seis ejemplares.



En cambio, los tie-ins pertenecientes a los tres títulos X regulares son en comparación mucho más interesantes y que demuestran que tanto Lemire, Hopeless y Bunn tenían interesantes tramas a desarrollar y que la premura y las prisas de Marvel por rebootear por enésima vez a La Patrulla X se ha cargado por el camino tres series y etapas que intentaban reivindicar y devolver el intimismo de los mejores momentos de la época Claremont.



Empezamos con la serie de Lemire, Los Extraordinarios X-Men donde el protagonismo se centra en una de las figuras más interesantes y más olvidadas de la franquicia, Forja. Aquí y en escasas 20 páginas, Lemire desarrolla el sentir del personaje, su relación con Tormenta -con momentazo Claremontiano incluído que emocionará al fan veterano- y su futuro alternativo de la mano del artista invitado Andrea Sorrentino.



Lo mismo para Cullen Bunn y su Imposible Patrulla X. Aprovechando la idea de bombero de llevarse a Los Inhumanos al Limbo, le sirve a Bunn para avanzar la trama entre Monet y Dientes de Sable, que seguramente será finiquitada tras esta IVX. Buen desarrollo de personajes y caracterización, sorpresas incómodas y un buen trabajo de Ken Lashley a los lápices.



Hopeless y su Nueva Patrulla X quizá quede un punto por debajo de sus series paralelas en un ejemplar que afronta las consecuencias a lo Romeo y Julieta que tiene el que El joven Hombre de Hielo se enamore del Inhumano Romeo y deba decidir entre la lealtad a su raza o el amor. Además, en una doble página, Mark Bagley le saca los colores a Leinil Francis Yu, demostrando como se deben dibujar tebeos de superhéroes, repletos de color, brillo, emoción y épica.

En definitiva, serie central mediocre y sacacuartos y las series regulares relacionadas con el evento, al mismo buen nivel que estaban antes de que los imperativos editoriales den al traste con tres series que llevaban un buen camino y merecían ser desarrolladas para poder explotar su potencial.

23 de mayo de 2017

Twin Peaks: El Regreso. Un David Lynch desatado y en plenas facultades creativas reinventa de nuevo el medio televisivo























Tras más de 25 años y dos tazas de café y sendas porciones de Tarta de Cerezas (gracias Marta) me metí en vena las 4 primeras horas de la continuación de una de las obras que han formado mi visión del mundo, mi manera de entender el arte y que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, porque nunca abandoné sus bosques, sus misterios, sus personajes y su universo, al que he vuelto incontables veces a lo largo de estos más de 25 años.



Es difícil transmitir con palabras las sensaciones y sentimientos tras cuatro intensas horas donde Lynch y Frost han dado la vuelta al serial de referencia de la historia de la televisión contemporánea, porque todo ha vuelto, pero nada es igual, al menos en apariencia. Y cuando todavía mi cabeza sigue bullendo, intentaré transmitir mis impresiones de lo que es desde ya una nueva manera de entender las series de televisión.



Primer aviso a navegantes: Este regreso de Twin Peaks no es para todo el mundo. No es un ejercicio de nostalgia y de regreso a los confortables orígenes del noroeste de Estados Unidos. Así que todos aquellos, nuevos y viejos seguidores, que crean que Lynch y Frost les van a llevar por caminos conocidos y por los Greatest Hits de la cultura popular que hicieron trascender al serial como los zapatos de Audrey, la tarta de cereza, la serrería y los culebronescos acontecimientos que allí acontecían, pueden darse por perdidos.



En cambio, aquellos que adoramos la obra de Lynch como un todo, del Lynch más experimental, más arriesgado, más abstracto, están de enhorabuena. La libertad creativa prometida por Showtime ha dado sus frutos y tenemos a un Lynch en plena efervescencia creativa, donde estamos más cerca de obras como sus cortometrajes de juventud como The Alphabet y The Grandmother (esa escena onírica con la que arranca el tercer episodio y que desde ya se encuentra entre los grandes momentos del cine de Lynch), a Cabeza Borradora, Carretera Perdida o Inland Empire.



Lynch fracciona y cuartea la trama en subtramas en apariencia independientes y completamente fuera de tono (en apariencia) a lo que los seguidores del serial estaban acostumbrados. Pero eso ya fue ocurriendo a medida que avanzaba el serial. Del piloto de la primera temporada al piloto de la segunda temporada hubo un mundo y un cambio de tono donde la experimentación Lynchiana comenzaba a florecer. Y lo mismo del piloto de la segunda temporada al magistral capítulo final con el precipitadamente terminó el serial. Y más aún con su precuela/secuela Fuego Camina Conmigo.



Porque los primeros capítulos de este regreso por todo lo alto es a Fuego Camina Conmigo lo que Fuego Camina Conmigo al piloto original. Una ruptura de las normas, un cambio de juego absolutamente fascinante que deja descolocado al espectador pero que no te permite que te pierdas ni un segundo lo que ocurre en las fascinantes imágenes que bombardean tu cerebro haciéndotelo explotar.



Poco quiero contar de lo que acontece en estas primeras cuatro horas que si continúan con el mismo nivel van a dar como resultado las 18 horas más extrañas, terroríficas, absurdas, hilarantes y embriagadoras que han dado el medio televisivo en toda su historia. Ya habrá tiempo de ir analizando minuciosamente lo acontecido en cada episodio, en cada escena, en cada minuto. Solo un consejo, dejaos llevar de la mano del mayor prestidigitador de la historia del cine, no tengáis miedo a no comprender, disfruta de las sensaciones que como un mazo caen en ti a medida que se va desgranando la madeja y por supuesto, revisad no una si no varias veces la magistral y vapuleada Fuego Camina Conmigo, y sus Missing Pieces, porque hace 25 años Lynch plantó la semilla de esta obra magna que no ha hecho más que empezar. No os arrepentiréis.

20 de mayo de 2017

Twin Peaks: The Missing Pieces. El regalo de Lynch a los verdaderos fans






















Aunque el metraje de Fuego Camina Conmigo, la precuela/secuela con la que Lynch puso punto final al universo de Twin Peaks allá por 1992 tenía una duración de dos horas y cuarto, el cineasta había rodado más, mucho más. Tanto, que se rumoreaba que la obra en sus orígenes y antes de su montaje final alcanzaba las cinco horas de duración.



Mi primer contacto con estas escenas eliminadas fue tras la lectura del guión original a finales de los años 90. Tras leerlo ávidamente, fui consciente de que había mucho más que se nos había escatimado. Y como yo, mucha gente debió pensar lo mismo, porque durante casi dos décadas hubo mil y un intentos a través de peticiones y firmas de fans para que este metraje que se nos había escamoteado fuera distribuido y montado, ya fuera como director's cut de la película o por lo menos como escenas eliminadas.



Y en 2014 se obró el milagro, ya que la gran sorpresa de la edición restaurada del serial y la película con multitud de extras y una calidad de imagen y sonido que no imaginábamos ni en nuestros mejores sueños, traía en su interior la guinda del pastel. Un contenido que por si solo convertía en un "must" la compra de la edición. Esa guinda era "Twin Peaks: The Missing Pieces", hora y media de contenido inédito, perteneciente al metraje nunca visto de Fuego Camina Conmigo, totalmente restaurado y editado por el propio Lynch.



Esa hora y media se dividía en 30 escenas de mayor o menor interés, donde podíamos vislumbrar la idea original del largometraje y también entender el porqué muchas de ellas se quedaron en la sala de montaje. 



Montadas de manera cronológica y fácilmente integrables para todo seguidor acérrimo de la película y el serial, esta hora y media contiene escenas supérfluas pero que traen de vuelta a personajes que no veíamos desde el serial como Lucy, Andy, Hawk, el Sheriff Truman, Josie o Pete Martell, pero que una vez vistas, entiendes el porqué de su exclusión del montaje final. Son escenas 100% Twin Peaks, donde el humor y la melancolía hacen acto de presencia, pero que rompían el via crucis de los últimos siete días de Laura Palmer.



Otras en cambio, aunque prescindibles, son fascinantes, como la bella y melancólica escena entre Ed y Norma en el interior de un coche escuchando el embriagador tema principal de la película. Otras escenas son muy interesantes como la versión contraria a la escalofriante cena en familia de los Palmer vista en el filme, donde un Leland cariñoso enseña a su mujer e hija a hablar en Noruego, enlazando con la subtrama con la que comienza el serial de los negocios de Benjamin Horne con el bosque de Ghostwood.



Aún más interesante es la escena en casa de los Hayward, donde el Doctor Hayward reconforta a una Laura en el punto de ruptura y con un final dramático y abrupto provocado por la llamada de Leland a su hija. Nunca una mirada como la del doctor Hayward a su mujer Eilleen dice tanto con tan pocos recursos.



También hay escenas prescindibles como la de Laura y el camionero amigo de Leo o la de Laura y su madre sobre los cigarrillos, pero son bienvenidas para todos los amantes del universo Peaker, porque es una última oportunidad de ver a dichos personajes.



En cuanto a la primera parte de la obra, la relacionada con el caso de Teresa Banks, también hay mucha tela que cortar. A destacar, la escena donde interactúan Cooper y Sam Stanley tras la desaparición del Agente Desmond y que enlaza con el piloto de la serie. Pero sobre todo la extensión de la trama de Philip Jeffries, el agente especial del FBI y viajero espacio temporal interpretado por el fallecido David Bowie y que aquí se extiende sacando a la obra de su microuniverso llevándonos a un hotel en Buenos Aires y ayudándonos, con una versión extendida y de diferente montaje, a ser testigos de esa reunión de los seres de otro lugar en el almacén de oportunidades, enlazando de nuevo la película con la primera visión/sueño de Cooper en la primera temporada del serial.



La guinda final es el epílogo que le da a la obra, un salto al final de la segunda temporada, donde vemos esbozos del futuro de Annie Blackburn, el fatídico anillo y el destino del Agente Cooper y que abre la puerta a acontecimientos que muy posiblemente veremos en la ansiada nueva temporada. 



En definitiva, el que creímos regalo de despedida a los fans del serial más de culto de la historia de la televisión en Agosto de 2014, se convirtió dos meses después en el prólogo de una nueva temporada de Twin Peaks. Casi tres años después de dicho anuncio, quedan pocos días para que comience de nuevo el serial más importante e influyente de la historia de la televisión, donde volveremos a una localidad donde lo bello y lo siniestro se dan lo mano, donde las lechuzas no son lo que parecen, los pájaros cantan una bella canción y siempre hay música en el aire. Laura Palmer ya se lo dijo a Cooper y a los fans, "En 25 años nos volveremos a ver". La promesa se ha cumplido y aquí estoy yo, mordiéndome las uñas.

18 de mayo de 2017

Alien Covenant de Ridley Scott: Vulgar y prescindible regreso de los xenomorfos














Hace ya cinco años que Ridley Scott volvió al universo de Alien con su precuela Prometheus. Y yo defendí una película que fue vilipendiada en el momento de su estreno. Vuelta a ver cinco años después, es cierto que el guión de Jon Spaiths y Damon Lindelof necesitaba de un par o tres de reescrituras para que la interesante premisa no fuera disminuida por un desarrollo y construcción de personajes deficiente que lastraban el producto final.



Pero lo que no se puede negar es que Prometheus abría un nuevo camino a una fórmula que ya se había desgastado y donde el mismo Scott y James Cameron habían dicho todo lo que se podía decir en el género de la "cacería de bichos" con dos obras maestras e imperecederas de la ciencia ficción como fueron Alien y Aliens.



Prometheus no solo tenía una premisa atractiva -nuestro origen como especie- sino que nos desvelaba quiénes eran esos Space Jockeys que nos dejaron intrigados a los seguidores de la cinta original, diseñados por el gran H.R.Giger. Prometheus nos revelaba que eran una raza denominada Los Ingenieros y que eran los creadores de la raza humana, que por motivos desconocidos estaban decepcionados con su creación y crearon un virus que serviría para crear una criatura, todavía un protoxenomorfo, que nos extinguiría.



Covenant, secuela de Prometheus y de nuevo precuela del Alien original, nos revelaría quiénes eran esta raza, porqué nos odia y enfrentaría a los protagonistas supervivientes de la anterior entrega, Elizabeth Shaw y David, el fantástico androide interpretado por un magnífico Michael Fassbender, con los Ingenieros y su planeta natal.



Pero el mal recibimiento por parte de los fans y la crítica de Prometheus -una cinta que con sus errores era muy superior a Alien 3 o Alien Resurrection- creo que hizo que Scott intentara un híbrido que devolviera la predominancia de la criatura que demandaban unos fans reacios al cambio de la fórmula y poder continuar la historia planteada en Prometheus.



El problema, que la obra resultante es uno de los trabajos menos inspirados de Scott. Lo que continua la denostada precuela tiene los mejores momentos de la cinta con un soberbio Fassbender en un doble papel que da como resultado inteligentes escenas sobre lo que nos hace humanos y que emparenta la película con el Blade Runner del mismo Scott. En cambio, el tema de los Ingenieros y Elizabeth Shaw se despacha de manera brusca y las "revelaciones" de este nuevo filme son redundantes y quedan suficientemente explicadas para aquel que quiera ver con un mínimo de inteligencia el corto "Alien Covenant: The Crossing" que publicó Scott a escasas semanas del estreno de la cinta. El resto, redundancia.



Y entonces, ¿que le queda a la cinta?. Una nueva tripulación, la de la nave Covenant, que hace buena a la de Prometheus. Un grupo de personajes estereotipados, poco inteligentes y de escaso carisma que únicamente sirven para ir cayendo como moscas -en situaciones que supuestamente deberían provocarte un escalofrío y que te provocan la risa- a manos de unos xenomorfos, nuevos y vintage que ya no provocan la misma sensación de desasosiego.



Pero diréis, bueno, las obras de Scott, sobre todo las relacionadas con la saga Alien, por lo menos son un festín visual de primer orden. Pues no, porque este Covenant nos entrega al Scott menos inspirado, un Scott que sigue siendo elegante en la puesta en escena, pero que aquí no nos aporta nada que nos deje con la boca abierta, que nos maraville, sin ninguna idea original como si tenía Prometheus que te podía hacer perdonar algunas de las torpezas de guión.



En definitiva, una cinta torpe, repetitiva y vulgar, que intenta aunar sin éxito a dos tipos de público enfrentado que da como resultado una obra repleta de tópicos, previsible y que a medida que va avanzando va de más a menos, demostrando que la dictadura del fandom da como resultado híbridos indigestos y vulgares como este Covenant que nos ocupa. 

14 de mayo de 2017

Nowhere Men de Eric Stephenson y Nate Bellegarde. Los 4F se fusionan con Los Beatles en un interesante pero fallido experimento




















La Nueva Frontera de la que hablaba Kennedy durante su corto mandato inspiró a la humanidad y a la cultura de principios de los años 60, hasta que esa inspiración y esperanza fue truncada por la triste realidad. Y de eso trata estos Nowhere Men, una obra de ciencia ficción retro que aúna de manera inteligente a dos iconos de los 60 tan reconocibles e innovadores como Los Beatles y los 4F de Lee y Kirby.



Y es a través de una obra que entremezcla con acierto y originalidad la narrativa gráfica del cómic con documentos, entrevistas o artículos de revistas de los años 60 y que es reproducido de manera fabulosa por Fonografiks, quizá el mejor estudio de diseño que se puede encontrar en la industria del cómic americano actual lo mejor de la obra.



Porque esta historia de cuatro genios de la ciencia, reflejo de Paul, John, George y Ringo, cuyas ambiciones personales y diferencias éticas y morales que les llevan a la desgracia, no consigue arrancar del todo porque Eric Stephenson no consigue dotar de alma a unos personajes y a una obra que sobresale estructuralmente, pero patina en conseguir que empaticemos con aquello que nos cuenta.



La obra arranca de manera atractiva y conocemos poco a poco, en base a flashbacks, retazos de información en distintos formatos, el auge y caída de este grupo de socios, desde el luminoso pasado al convulso presente. Y Stephenson da la vuelta a acontecimientos míticos de la historia del cómic, como el "accidente" de los 4F, pero falla estrepitosamente en dotar de ritmo y alma a un sinfín de tramas y subtramas donde llega un momento que se solapan y superponen sin dar una resolución eficaz a ninguna de ellas.



Tampoco el trabajo de Nate Bellegarde ayuda a que el conjunto sobresalga. Y no es que lo haga mal, sino que comparado con el diseño que adorna al envoltorio del cómic, este queda muy por debajo con un trazo que se asemeja al trabajo de autores como James McElvie, pero sin la garra y personalidad de este.



Por lo que al final el tebeo queda como una interesante curiosidad, un experimento con elementos muy potentes y potencial para haberse convertido en una posible obra de referencia y culto, pero cuya resolución lo deja como una rareza que no explota como se merece su interesante y atractiva propuesta.

11 de mayo de 2017

Twin Peaks Temporada 2 (2º Parte): Pasión, Muerte y Resurrección





























La imposición y decisión de resolver el asesinato de Laura Palmer entre los episodios 7 al 9 de la segunda temporada de la serie dejó al serial en un punto muerto complicado de resolver. No solo porque la resolución dejaba a la serie huérfana de su motor y porque la manera de resolverlo fue precipitado, sino porque las consecuencias del mismo fueron ninguneadas por los guionistas y directores que se encargaron del serial a partir de ese momento.


Comenzamos esta segunda mitad de la segunda temporada con el velatorio de Leland Palmer. Y podría ser el velatorio de cualquiera. La comunidad de Twin Peaks está tranquila, como si Leland no hubiera hecho nada malo, como si se hubiera muerto el pobre de un ataque al corazón. El descubrimiento de que Leland, padre de Laura, no solo la había matado, sino que también la había violado y abusado de ella, debería haber removido las conciencias, corazones y mentes de una comunidad conservadora como la de Twin Peaks, pero nada, como si no hubiera pasado nada. Lo mismo para los que saben el verdadero secreto, que una entidad demoníaca, un espíritu de los bosques o el mal mismo había tomado el cuerpo de Leland Palmer para acometer actos atroces. ¿No deberían investigar más? Parece que no.



Y sin Lynch, enfadado y decepcionado con la cadena ABC y con su socio Mark Frost que aceptó que el gran misterio fuera revelado, cosa que Lynch no quería, la serie degeneró como nunca habríamos podido imaginar. En los primeros siete episodios de esta segunda mitad de temporada, tenemos tramas tan poco inspiradas y apasionantes como la historia de Nicky el "niño diabólico" que cuidan Andy y el insoportable Dick Tremaine, la pelea de hermanos entre el alcalde y su hermano con mujer fatal de medio pelo por medio o el "noir" de telefilme de sobremesa protagonizado por James Hurley fuera de los confines de Twin Peaks.



Tan lamentable es la situación, que las dos únicas tramas que sostienen a duras penas el visionado del serial para los incondicionales es la relacionada con el insoportable Jean Renault y los no menos insoportables Hank Jennings y Ernie, marido de la madre de Norma y la resolución del conflicto de Josie Packard, con Thomas Eckhart, Catherine Martell y compañía.



En el horizonte se divisa la llegada de la que sería la trama importante que tomaría el relevo del asesinato de Laura Palmer, Windom Earle antiguo agente del FBI y ex compañero de Cooper que clama venganza contra nuestra agente del FBI favorito y que ha estado tan mal planificado, que quitando los incondicionales del serial, entre los que me incluyo, que nadie se acuerda que la trama comenzó a gestarse en el segundo episodio de esta segunda temporada en la escena de arranque de dicho episodio en una conversación entre Albert Rosenfeld y Cooper en el Gran Hotel del Norte.



Y mientras esperamos una trama que pueda levantar una serie que había caído en los infiernos, los aficionados tuvimos que aguantar historias tan absurdas y fuera de personaje como la de la locura transitoria de Ben Horne y sus soldaditos de por medio, o intentos de reproducir la extrañeza y la modernidad de Lynch derivando la serie a la comedia involuntaria o la llegada de directores invitados que pretendían emular al maestro con resultados bochornosos como los realizados por Uli Edel o Diane Keaton.



Es el momento en el que Cooper recupera su uniforme y placa del FBI y arranca la trama de Earle, cuando la serie vuelve a vivir, aunque a duras penas. Y es que la trama de Earle, su implicación con el misterio de los seres de otro lugar como Bob, Mike o el Enano y su amenaza ante la comunidad de Twin Peaks es interesante por lo menos en el papel y más si el misterio del asesino de Laura se hubiera mantenido en paralelo y hubiera confluído a la vez en el episodio final, pero la interpretación de Kenneth Walsh es tan "over the top", tan de villano de opereta y tan efectistamente barata que nunca te acabas de tomar en serio la amenaza que representa este Mortadelo del mal.



Lo que si funciona en estos últimos episodios pasado el bache de la mitad de la temporada son los pequeños momentos. Las reuniones en la Doble R, el enamoramiento entre Cooper y Annie Blackburn, la hermana de Norma Jennings, la relación de amistad entre Cooper y el sheriff Truman o el fugaz amor entre Shelly y el personaje de Gordon Cole interpretado con maestría por Lynch, dan vida, alma y corazón a unos personajes y un pueblo que aunque las tramas no son lo redondas y bien ejecutadas que deberían, los incondicionales no onos cansamos de ver a Cooper comer tarta de cerezas, beber café o interactuar con los peculiares personajes del pueblo.



Lo que si se echa de menos es el misterio de los bosques y la localidad, la sensación del miedo que acecha que respiraba el serial en sus orígenes y esa mezcla perfecta entre la luz y la oscuridad, lo hermoso y lo terrorífico, lo mundano y lo profano. Y en el final de su vida, cuando la serie va a ser cancelada y no podemos esperar otro momento de brillantez, llega David Lynch para un episodio final que fue canto del cisne y renacimiento de una serie que volvió a demostrar en sus últimos 50 minutos porqué nos enamoró.



Lynch, no contento con el discurrir de la temporada en sus últimos compases, volvió para intentar salvarla de la cancelación, tarea inútil en dicho momento, pero que devolvió la grandeza en esos cincuenta minutos que en el año 1991 creímos que serían los últimos.

En una sola escena, en escasos cinco minutos, Lynch nos devuelve a casa, en una escena en la comisaría de policía, donde el ambiente vuelve a ser misterioso y desasosegante, Cooper vuelve a ser ese extraño ser que disfruta con el horror y el misterio a la vez que lo combate, trae de vuelta a personajes olvidados en el serial como Lady Leño y Ronette Pulaski y en una pirueta narrativa con aceite de motor quemado de por medio, fusiona la trama del asesinato de Laura, la Habitación Roja y sus extraños seres y Windom Earle en una escena que solo puede ser calificada de brillante.



Y con el coraje y el nada que perder que da el saber que hagas lo que hagas no te van a renovar el serial por una tercera temporada, Lynch hace lo que le da la gan y encima lo hace de manera excepcional. Lo primero, deja abiertos cliffhangers que colocan de nuevo a varios personajes como Benjamin Horne o Nadine Hurley en el lugar que debían estar, devolviéndoles a su esencia, pone el reloj a cero de nuevo en la comunidad de Twin Peaks como en el primer episodio del serial, reflejado en la conversación entre Shelly y Bobby demostrando que en Twin Peaks las situaciones y las personas tienen la ilusión del cambio, porque son iconos inalterables y cierra las tramas absurdas que han ido coleando y languideciendo de una manera mucho más absurda, cargadas de ironía y mala baba.



Hecho eso, Lynch se centra en la esencia de la serie, en sus personajes, en sus situaciones y en sus escenarios. La Habitación Roja, los bosques de Twin Peaks de nuevo tan bellos como aterradores, Cooper, Laura, Leland, El Gigante, El Enano y Bob en un tour de force de 20 minutos donde Lynch con dos decorados, unas cortinas rojas, un suelo en zigzag tan mareante como estimulante y una iluminación y unos efectos de sonido fascinantes dan como resultado una obra vanguardista, adelantada a sus tiempos y con la misma capacidad de fascinación que en los inicios del serial.



Y tras ese tour de force que devolvió al serial a la primera línea de la vanguardia y la sacó de la vulgarización a la que había sido sometida por escritores, directores y showrunners que nunca entendieron que era lo que hacía grande a Twin Peaks y los mecanismos que la hacían respirar y funcionar llegamos a un epílogo de infarto con un cliffhanger que dejó a todos los seguidores ávidos de más: El Agente Cooper había sido poseído por Bob, como Leland Palmer antes que él. Un cliffhanger que creímos nunca veríamos resuelto y que casi 27 años después nos lo regala Lynch a los fans. Quién se lo habría dicho a mi yo de 16 años cuando acabó de ver este último episodio en Septiembre de 1991. A veces los milagros existen y este va a ser uno de ellos.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...