4 de mayo de 2016

Fábulas de Bill Willingham y Mark Buckingham: El último gran icono Vertigo

























En el año 2002, Vertigo Comics estaba en la cresta de la ola. Si en los 90 había dado un golpe en la mesa con títulos tan comentados y revolucionarios como Sandman, Los Invisibles, Predicador o Transmetropolitan, demostrando que había otra manera de realizar tebeos dentro del encorsetado mainstream americano, necesitaba en los albores del nuevos siglo nuevos títulos que siguieran manteniendo la leyenda de que Vertigo era la editorial para los tebeos más arriesgados e innovadores.



Y llegaron más títulos, 100 Balas, Y el Último Hombre y por supuesto Fábulas. Y es que Fábulas venía a rellenar el hueco dejado por el Sandman de Gaiman y sus múltiples y desgastados spin-offs, pero desde otra perspectiva. Si la obra de Gaiman se recuerda por su seriedad y trascendencia, Bill Willingham pondría en marcha una obra igualmente titánica pero equilibrando el drama con el humor.

El concepto era sencillo pero tremendamente original por aquel entonces, traer al mundo real y adulto a todos y cada uno de los personajes de las fábulas y los cuentos de hadas y aunarlos a todos ellos en una saga épica pero a la vez tremendamente íntima. Y si la primera historia, el caso de la supuesta desaparición y posible muerte de Rosa Roja, la hermana de Blancanieves, dejaba vislumbrar el potencial de la obra, pero quedaba empañada por el irregular arte de Lan Medina, en el momento que llegó el dibujante Mark Buckingham a escena, la serie comenzó a elevarse a los altares de la excelencia.



Porque el primer arco argumental de la colección, el enfrentamiento de villa Fábula con el Adversario, la némesis que les expulsó de sus Tierras Natales y les hizo establecerse en el mundo humano, es un prodigio de exposición, desarrollo de personajes y un ritmo in crescendo donde las sorpresas, el humor, el drama y los giros inteligentes de guión están a la orden del día, hasta la épica batalla final en el número 75 de la colección.

Mientras tanto, Willingham nos fue presentando, sin prisa pero sin pausa a los singulares protagonistas de nuestra obra, dando especial importancia a Blancanieves y Lobo Feroz, con una relación que fue evolucionando y creciendo de la misma manera que en la serie iban pasando los años. Pero no solo estaban bien desarrollados los que podrían ser junto a Rosa Roja el trío protagonista de la colección, sino que todos y cada uno de los personajes que pasaron por la obra, desde Pinocho, el chico de Azul, Papamoscas, Mogwli, Gepeto o el Principe Encantador, por recordar a unos pocos del extenso y memorables cast de la colección, tenían el mismo tratamiento, inteligente y detallado.



A partir del cierre del primer arco argumental, y debido al éxito de la misma, la colección continuó hasta el número 150. La serie Vertigo más extensa de todas las que ha habido en toda la historia de la línea editorial. Súmale a eso spin-offs irregulares como Jack de Fábulas (que no fue capaz de sacar partido como protagonista principal a un personaje que brillaba como secundario) o la antología llamada Fabulosas, hicieron que la colección nunca volviera a estar a la altura de esos magistrales 75 primeros ejemplares.

Y no es que la serie deje de merecer la pena leer en su segunda mitad. El problema es que intenta plantear varias líneas argumentales paralelas y un nuevo enemigo igual o más peligroso que El Adversario, pero no consigue cuajarlas. Abre historias, las cierra de golpe, entrega unos cuantos giros sorprendentes pero que no llegan a tener la credibilidad de la primera etapa, etc...



Lo que sigue manteniendo la serie en esta segunda mitad es el cariño y el mimo en la caracterización de los personajes. Porque son ellos por los que sigues leyendo la serie y preocupándote de su destino y posible futuro. Hasta llegar a una conclusión final y fin de fiesta abrumador, donde todos y cada uno de los personajes del mundo de las Fábulas tienen su destino final. Una despedida agridulce, porque sabes que la serie no puede dar más de si, pero que miras con nostalgia tras 13 años de un mundo y unos personajes que se han convertido en parte de tu familia.

Gran parte del mérito de la colección es del arte de Mark Buckingham que va evolucionando a medida que avanza la colección, entregando algunas de las mejores páginas que se han visto en el cómic reciente. Limpio y con unos inicios que asemejaban a Chris Bachalo, Buckingham le supera en caracterización, limpieza de trazo y narrativa compleja pero perfectamente explicativa. Y aunque haya otros muchos autores que hayan pasado por Fábulas, en números unitarios, relatos cortos, etc.. nadie puede obviar que Buckingham es el 50% del éxito de la propuesta.



Y aquí termino mi pequeño homenaje a un tebeo que ha sido algo olvidado en los últimos años. Un tebeo que aun con su desarrollo irregular en la segunda mitad de la colección, siguió estando muy por encima de la mayoría de lo que se publica regularmente. Un tebeo ambicioso pero a la vez tremendamente humilde que merece un lugar de oro en la tebeoteca de cualquier aficionado, para que todos podamos de vez en cuando adentrarnos en la a veces peligrosa y a veces entrañable Villa Fábula, en un viaje que ningún lector de cómics o de género fantástico puede dejar pasar por alto.

3 de mayo de 2016

Capitán América: Civil War. El mejor ejemplo de cómo debe ser una gran película de superhéroes






















Una de las cosas que mejor le ha venido a Marvel Studios ha sido el fichaje de los hermanos Russo. Una pareja de hermanos que ha sabido equilibrar un estilo personal con el modelo del resto de películas de la factoría, y que tuvo su primer ejemplo en la fascinante y electrizante Capitán América: El Soldado de Invierno, una película de superhéroes que bebía tanto de los tebeos del Capi de Brubaker como de los thrillers conspiranóicos de los años 70.

Y los hermanos Russo continúan la historia allí donde la dejaron en tan magnífica secuela, pero abre el camino hacia un nuevo y diferente universo Marvel, consecuencia de todo lo acontecido en ya 12 películas, para crear un nuevo status quo y abrir más si cabe un mundo que no tiene fin.



El gran acierto de este nuevo largometraje no solo es su capacidad para desarrollar con inteligencia pero sin perder la dosis de gran espectáculo lo que tiene que ser un tebeo de superhéroes Marvel, sino el saber tratar con madurez pero sin olvidar el entretenimiento primario que son los tebeos de superhéroes un tema tan delicado como el control de los ciudadanos a su población civil, las posturas conservadoras y liberales plasmadas en Rogers y Stark, pero entregando un espectáculo que sabrán degustar por igual niños y adultos.

Si Whedon patinó quizá por desgaste en la estimable pero no redonda La Era de Ultrón, aquí los Russo recuperan el "sense of wonder" de Los Vengadores originales, pero llevándolos un paso más allá, aunándolos con el espíritu y el ritmo del Soldado de Invierno, sabiendo crear una gran fiesta alrededor de la historia que no deja respiro al espectador y que sabe tocar todas las teclas emocionales que necesita la historia para introducir a los espectadores y a los fans en un universo que los espectadores ya han hecho suyo.



Porque en este conflicto no hay nadie que tenga la razón y tampoco ninguno está equivocado. Las posturas de todos los personajes tienen sentido según el recorrido de cada uno de ellos y la elección de un bando concreto se le hace difícil al espectador. Y esa es la grandeza que ha conseguido Marvel Studios, que los personajes sean personas, con motivaciones y sentimientos diferentes que crean un crisol de relaciones absolutamente fascinante.

Los Russo utilizan con pericia estos Vengadores 2.5, incluyendo en la ecuación a dos nuevas adquisiciones absolutamente memorables como son Pantera Negra y Spiderman. El primero nos deja con ganas de saber más de él, de Wakanda, entregándonos escenas absolutamente memorables de planificación y de ritmo. La aparición de Spiderman en escena demuestra que este era el lugar del trepamuros, que aporta un nuevo cariz al universo Marvel y que Tom Holland es el perfecto Peter Parker/Spiderman.



Y es que la aparición de este último en la famosa escena del aeropuerto es solo la guinda de la pelea de superhéroes perfecta, planificada y ejecutada con asombrosa perfección, llena de emoción, diversión y maravilla, repleta de momentos y situaciones que te harán mirar a la pantalla con la fascinación de un niño.

Y en el tercer acto los Russo saben cerrar todas las tramas abiertas, con un final emocionante y consecuente con todo lo acontecido, que demuestra que aunque el reparto sea coral, los verdaderos protagonistas de la historia son Tony y Steve y que como en todas las grandes historias épicas, hemos sido testigos de un momento fundamental en el camino de estos dos personajes y que a partir de aquí todo será nuevo, diferente y muy pero que muy apasionante.

7 de abril de 2016

Intrusos de Adrian Tomine: Seis historias tan mundanas como universales





















La aparición de una nueva obra de Adrian Tomine es siempre un regalo para todos sus seguidores. Y es que la obra de Tomine se ha ido dilatando a lo largo de más de dos décadas cada vez más, sobre todo por los trabajos del autor en revistas como The New Yorker.



Esto es así, que si obviamos "Escenas de un Matrimonio Inminente" -una visión autobiográfica de los preparativos de la obra del autor- no teníamos un nuevo trabajo de ficción de Tomine desde el año de 2008 con "Shortcomings".


Y si "Shortcomings" fue su primer intentona de contar una historia de larga duración en formato de novela gráfica, con resultados estimables, pero que no conseguía alcanzar los resultados de sus historias cortas en recopilaciones como "Sonámbulo" o "Rubia de Verano", aquí en "Intrusos" vuelve a lo que mejor se le da, las pequeñas historias.



Seis historias que de nuevo tocan el tema básico de la obra del autor, las pequeñas tragedias del día a día. Porque Tomine no cuenta grandes dramas, sino historias en las que todos nos podemos ver reflejados, donde hurga en la psique de unos personajes atormentados por decisiones que no tomaron, por la desidia de un día a día gris de los que son responsables o por el recuerdo de un pasado que se antoja más memorable y entrañable de lo que realmente fue.



De un artista frustrado y escaso talento, pasando por el tormento de una adolescente perseguida por un doppelganger ajeno al daño que le está causando, hasta el recuerdo de una infancia desestructurada por los recuerdos de una madre ya ausente, los personajes y los lectores de Tomine deambulan por un mundo donde es más importante aquello que se queda entre las viñetas por las que deambulan unos personajes sin rumbo, que lo que realmente se dice en ellas.



La diferencia entre este trabajo de Tomine con los anteriores trabajos del autor es la suma de estilos e influencias, tanto propios como ajenos que transpira este volumen, que va desde el homenaje plástico y estructural a las comic strips y los sundays, a la influencia de Chris Ware en la forma de plasmar el relato y el uso del color a devolvernos a un Tomine más áspero y amateur en "Intrusos", el relato que cierra un volumen que satisfará a los seguidores del autor y que sirve también como perfecto punto de partida para lectores que todavía no se han dejado atrapar por las terriblemente cotidianas pero profundamente humanas historias de uno de los autores independientes más importantes de las últimas décadas y que sigue estando en plena forma

1 de abril de 2016

Vengadoras, Inhumanos y Guardianes para una nueva Marvel






































Llegamos a las tres últimas series de esta nueva y diferente Marvel. Y si ya hemos repasado los grupos aglobados en la familia Vengadora y los títulos de los grupos mutantes, quedaban por reseñar estas tres series grupales cuyo único punto en común es que no se pueden englobar en ninguna de las familias anteriormente mencionadas.



Comenzamos con la que fue la serie sorpresa que apareció fruto de las Secret Wars, Fuerza V. Un delicioso título que hizo disfrutar a todos aquellos que nos encantan los tebeos que saben aunar con mucho talento lo mejor de los tebeos clásicos de superhéroes con la nueva forma de hacer tebeos en la actualidad. Perdemos a la guionista Marguerite Bennet, pero seguimos teniendo en las filas de la colección a G.W. Wilson, artífice de Ms. Marvel y uno de los mayores talentos de la nueva hornada de autores, capaz de trasladar de manera hartamente inteligente a unos personajes que bien podrían haber quedado como anécdota de un evento y que son integrados dentro del universo Marvel tradicional. A los lápices podemos seguir disfrutando del limpio y espectacular arte de Jorge Molina, un heredero digno del gran Inmonen.



Continuamos con un nuevo volumen de Los Inhumanos. Una serie que comencé a leer con Fraction, abandoné a los tres números, perdiéndome el camino trazado por Soule y con el que me reencontré en "El Ascenso de Attilan" uno de los mejores tie-ins de Secret Wars y que me hizo interesarme en su aproximación a dichos personajes. Leído el primer ejemplar, decir que no me ha atraído igual que la lectura del primer ejemplar del Ascenso de Attilan, pero que solo por ver como resolverá el guionista el triángulo entre Medusa, Johnny Storm y Rayo Negro, me tiene atrapado por lo menos unos meses más.



Terminamos con la nueva temporada de Los Guardianes de la Galaxia. Un título donde Bendis sinceramente no ha hecho un gran trabajo y que leído este primer ejemplar transmite el mismo sentimiento. Un cambio de rumbo, páginas repletas de diálogos intrascendentes y redundantes, pero que apunta en su trama algunos elementos que pueden dar juego, eso sí, si Bendis se pone las pilas como en sus mejores trabajos.

28 de marzo de 2016

La Trinidad Vengadora arranca nuevas y prometedoras temporadas






































Justo antes de las Secret Wars, los tres pilares de los Vengadores se encontraban en situación irregular los unos con los otros. Iron Man finalizaba una en principio prometedora etapa, Iron Man Superior, que se desinfló en cuanto Tom Taylor comenzó a profundizar un poco en ese Tony mezquino y malvado. Rick Remender no conseguía que su etapa al frente del Capitán América cuajara, fuera con Steve Rogers o con su nuevo sustituto, Sam Wilson. Al contrario, Jason Aaron había revuelto los cimientos del Dios del Trueno y había epatado y maravillado a los lectores con esa Thor femenina que ocultaba a una Jane Foster enferma terminal de cáncer. Era el único título de los tres que realmente merecía la pena seguir con fruición mes a mes. El objetivo de Marvel, que tras las Secret Wars, los tres títulos fueran un "must-have" para el lector. 



El primer acierto ha sido el equipo artístico de campanillas formado por Brian Michael Bendis y David Marquez para el Hombre de Hierro. Si ya habían demostrado que eran un fantástica pareja artística en el imprescindible Ultimate Spiderman protagonizado por Miles Morales, aquí y solo en dos ejemplares hasta el momento publicados, demuestran que son la pareja artística necesaria para elevar al Iron Man de los cómics y colocarlo en el mismo lugar de importancia que su contrapartida cinematográfica. Fresco, inteligente, divertido y sorprendente son los adjetivos que definen estos primeros ejemplares, con un Tony Stark más Tony que nunca, con nueva armadura, un nuevo desafío amoroso e intelectual, donde Bendis demuestra su habilidad para crear personajes femeninos. En definitiva, un tebeo que apetece leer.



La gran sorpresa es la nueva etapa del Capitán América por Nick Spencer y Daniel Acuña. Me apetecía por el dibujo de Acuña, uno de mis autores contemporáneos favoritos, pero no esperaba que Spencer lo hiciera tan bien. Y es que la verdad, la etapa de Remender me había dejado frío, con un guionista que no sabía que hacer con Sam Wilson y que solo disfruté parcialmente por el dibujo de Inmonen en los últimos ejemplares de la era Remender. Spencer, que ya hizo un magnífico trabajo en la etapa previa a Ales Kot en Vengadores Secretos, convierte al Capi y a Sam Wilson en concreto en un tebeo y héroe social y político, tratando temas candentes e impopulares en una América que deriva peligrosamente hacia el terror del radicalismo y la ultraderecha más peligrosa. Un héroe del pueblo que representa lo que debe ser el Capitán América como símbolo y que convierte a Sam Wilson, esta vez sí, en digno heredero del escudo y los ideales del héroe que representa lo mejor de América. Y por supuesto, cualquier tebeo con Misty Knight tiene un plus de calidad.





Terminamos con la segunda temporada del Thor de Aaron y Dauterman. Solo decir que sigue en plena forma y que es uno, sino el mejor tebeo que publica Marvel en la actualidad. Igual de acertado en la parte de Jane y su lucha contra el cáncer, que Aaron refleja con una dureza brutal en las primeras páginas de este nuevo capítulo y que es igual de interesante que la épica narración cercana a los tejemanejes de Juego de Tronos que se está forjando en los Reinos de Asgard. Aaron ha nacido para escribir a Thor y su ya larga etapa es muy posible que acabe superando la hasta el momento imbatida era de Walter Simonson.


26 de marzo de 2016

Los Nuevos y Diferentes Vengadores tras las Secret Wars


Seguir los pasos de autores como Jonathan Hickman o Rick Remender en sus respectivas etapas al frente de Vengadores, Nuevos Vengadores e Imposibles Vengadores puede ser una tarea difícil para cualquier autor que acometa tan titánica tarea. Ambos autores desarrollaron dos etapas que aun con sus polémicas, más Hickman que Remender, sirven como base para tratar a estos personajes en el mundo contemporáneo.

La serie central de esta nueva etapa es Los Vengadores, de la mano de Mark Waid y los dibujantes Adam Kubert y Mahmud Asrar. Para demostrar más si cabe que esta es la serie central del universo Vengador, la colección la adornan las épicas e icónicas interpretaciones de Alex Ross. Pero lo importante es el interior. Y con solo un número leído, es difícil entrar a valorar lo que nos encontraremos en esta etapa. Por ahora, solo decir que Waid les ha pillado el punto a los nuevos y jóvenes héroes de la editorial, con esa magnífica conversación y monólogos interiores que Ms. Marvel y Nova mantienen, adornado por el extraordinario arte de Mahmud Asrar. Por otro lado, tenemos lo que es el principio de lo que será el primer arco de la serie regular, con un irregular Kubert y escaso desarrollo para poder valorarlo en su justa medida. En definitiva, un aperitivo, un punto de partida que transmite frescura, pero que habrá que dejar que pasen los meses, para afirmar si esta nueva etapa Vengadora entra dentro de las épocas definitorias del supergrupo.

Los Imposibles Vengadores también tienen un cambio de guardia, con Gerry Duggan y Ryan Stegman a los lápices. Y tras la lectura del primer ejemplar, he de decir que lo más cercano que me viene a la memoria es en el tono de la JLA de Giffen y DeMatteis, pero sin la grandeza de estos. Duggan intenta equilibrar el tono humorístico con el drama, le entrega preponderancia a Masacre, el nuevo chico de oro de la editorial, pero no consigue cuajar del todo sus pretensiones con el resultado final. El tebeo se deja leer con agrado pero sin pasiones y Gerry Duggan entrega un correcto trabajo a los lápices. 

La tercera novedad si que es una sorpresa positiva en toda regla. Porque los Vengadores de Al Ewing y Gerardo Sandoval si que son diferentes y nuevos. Siguiendo la estela del trabajo de Hickman, en concreto toda la historia de Roberto Da Costa y su compra de IMA, Ewing en estos dos ejemplares leídos hasta el momento, ensambla una reunión de héroes lo más diferente y alocada posible, con miembros de los Jóvenes Vengadores, la Chica Ardilla u Ojo de Halcón, por mencionar a unos cuantos, con toques de locura propios de la Doom Patrol de Grant Morrison, rematando el resultado con uno de los mejores villanos que han pasado por Marvel en los últimos tiempos. Una sola pista: Hickman fue el que supo sacarle todo el partido y ahora Ewing recoge el testigo. En definitiva, el "sleeper" vengador de la temporada. Y por ahora, el mejor de los tres tebeos con el título de Vengadores que publica la editorial. No cometáis el mismo error que con la última etapa de Vengadores Secretos de Ales Kot, porque esta serie promete en principio alcanzar cotas de locura similares.

24 de marzo de 2016

Batman V. Superman El Amanecer de la Justicia de Zack Snyder: Tan arriesgada como fallida






















Con los acordes del grandilocuente y a la vez íntimo tema "Beatiful Lie" de Hans Zimmer y Junkie XL comienza esta película de proporciones épicas dirigida por Zack Snyder. Una secuela de su polémica "Man of Steel" que comienza justo donde nos dejó esta. Un mundo donde la llegada de un superhombre ha dejado a unos asustados y a otros anonadados, al ser testigos de la llegada de los dioses al planeta Tierra.

A Snyder se le puede acusar de muchas cosas y casi todas con razón, pero lo que no se le puede echar en cara es que no piense a lo grande, e intente con cada una de sus obras llegar lo más lejos posible y hacer algo diferente e innovador. Otra cosa es que lo consiga.



Porque Snyder tiene más ambición que talento y sus propuestas comienzan en lo más alto, para posteriormente ir descarrilando poco a poco y este Batman V Superman es el ejemplo más claro de todo ello. Y es que el primer acto de la película es donde encontramos lo mejor de la misma. La presentación de nuestros protagonistas principales, cada uno con sus motivaciones, englobadas dentro de un universo comiquero que es más cercano a nuestra sensibilidad post 11-S como nunca hemos visto y donde las dos partes del conflicto tienen razones de peso y muy interesantes para desarrollar el mismo.



Empezamos con Affleck y su caracterización como Batman/Bruce Wayne. Perfecto en ambos casos, ya que nunca hemos visto un Caballero Oscuro visualmente tan impactante, más cercano a la imagen en el cómic y que se mueve y actúa como una verdadera criatura de la noche. Y como Wayne también la clava Affleck, con una imagen cercana al Wayne de Bruce Timm de la serie de animación de los 90 y con la psique del Batman Milleriano.



Cavill pierde la batalla ante Affleck, con un Superman/Clark Kent que es más testigo que protagonista de los acontecimientos que transcurren en la película. Por supuesto, como el héroe de Metrópolis tiene la planta, el cuerpo y la presencia para ser creíble, al igual que ya demostró en El Hombre de Acero.

Gal Gadot, aunque su presencia sea breve en el metraje y sea complicado valorarla en la misma medida que a Affleck y a Cavill, demuestra su magnetismo ante la cámara, con un personaje misterioso y sensual que una vez la vemos enfundada en su escueto uniforme de amazona, entrega al fan algunos de los mejores momentos del largometraje.



En cambio, Jesse Eisenberg funciona a ratos como Luthor, un Luthor muy diferente al de cualquiera de sus encarnaciones, que a veces está "over the top" y en otros momentos deja vislumbrar lo que sería si la película tuviera o quisiera tener más tiempo para indagar en un pasado que se nos insinúa, pero que nunca conocemos del todo. Lo mismo para Jeremy Irons, Amy Adams o Laurence Fishburne, en sus papeles de Alfred, Lois y Perry. Están bien, pero su presencia en la cinta quedan sepultados por la multitud de tramas que comienza a abordar la película.



Y es que a partir del segundo acto, el largometraje comienza a abrir arcos argumentales, ideas, que servirán como puente al tercer acto y a la primera entrega de la Liga de la Justicia, sin sutilezas, sin escenas y momentos que respiren, con un plan de Luthor que no está bien cuajado, al que se le ven las costuras y que desemboca precipitadamente en un tercer acto puro Snyder, donde si el primer acto era el intento de un autor de intentar emular a sus ídolos como Frank Miller o Alan Moore, acaba convirtiéndose en un émulo de Rob Liefeld o Jim Lee.



Porque ese es el gran problema de la película. Tiene buenas intenciones, tiene buenas ideas y en su primera hora la película se desarrolla sin prisa pero sin pausa, dejándonos degustar al Batman de Affleck, su obsesión, la presentación de Diana Prince y las consecuencias de un superhombre en nuestro mundo. Pero a medida que se aceleran los acontecimientos, se acelera la manera de contar de Snyder, perdiendo el control de la narración, incurriendo en absurdos que dan pie al tercer acto de una manera interesante pero poco creíble, que necesitaba a lo mejor de unas cuantas reescrituras para que hubiera tenido el impacto emocional que debería haber tenido.

Pero ese es el gran problema de Snyder. Que sus grandes ambiciones están muy por encima de sus habilidades como cineasta. Pero él se lanza al vacío y sin paracaídas, acertando en algunos momentos, pero la mayoría de las veces patinando y demostrando sus limitaciones. En el fondo, un adolescente atrevido al que le falta la madurez suficiente para llevar a buen puerto las interesantes ideas que plantea.



El tercer acto entrega las escenas más espectaculares pero también más embarulladas. Una reunión de la santísima Trinidad de DC Comics que aunque intente parecer poderosa, le faltan los recursos narrativos de buen cineasta para que a los seguidores de los personajes se nos ponga la carne de gallina, al estilo de Whedon en sus primeros Vengadores. Snyder parece que desconfía de su talento y entrega ruido y furia embarullada de fuego y explosiones, no permitiendo al espectador disfrutar de esta reunión histórica.



Un final que es un resumen de las habilidades de Snyder, de sus pros y sus contras. Una película que fascina tanto como decepciona. Una buena oportunidad que abre puertas al futuro de DC Comics en la pantalla grande, con ideas interesantes, un tono diferente y atrevido pero que necesita quizás de un director más equilibrado entre sus intenciones y sus resultados. Un filme que no es la mayor bazofia de la historia del género de superhéroes, ni tampoco la película en la que se tiene que mirar el resto. Una obra irregular que promete más de lo que acaba entregando. 
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