15 de julio de 2017

Nameless de Grant Morrison y Chris Burnham: Impresionante obra de puro horror cósmico






















Si existe un autor contemporáneo en el mundo del cómic, capaz de aunar el horror innombrable de un Lovecraft con la paranoia psicótico de Philip K. Dick, ese es Grant Morrison, como pueden atestiguar trabajos como Los Invisibles o su menos conocida El Asco.



Pero Morrison es un autor irregular, con una imaginación y unos conceptos desbordantes que en trabajos de corta duración como Seaguy, Vinanarama, Joe el Bárbaro o su más reciente Happy, no alcanza la magnificencia de sus trabajos mayores como los mencionados en el primer párrafo, u obras como Animal Man o su Doom Patrol.



Por eso acogí este Nameless -una miniserie de seis ejemplares bajo el sello Image- con recelo y con miedo, porque aún teniendo una premisa intrigante y un arte tan repulsivo como atrayente, de la mano de un Chris Burnham que entrega su mejor trabajo, temía que el tebeo se quedara en una obra menor del autor escocés.



Craso error el mío, porque este Nameless aúna todas las filias y fobias del autor en 120 páginas aproximadamente, reventando el cerebro del lector en el proceso y convirtiendo este Nameless desde ya, en una de las obras cumbres de un guionista que tres décadas después de que arrancara su andadura, sigue demostrando que su trabajo sigue siendo igual de fresco, innovador e irreverente como en sus inicios.



¿Y qué es Nameless? Es terror, es ciencia ficción, es un estudio de nuestras creencias religiosas y de lo que significa ser humano y lo real, un terreno que trabaja Morrison con la misma pericia que David Lynch, obligando al lector a detenerse en cada página, en cada viñeta, en cada diálogo y volver atrás en la lectura para descubrir y disfrutar de cada uno de los apuntes y matices que la obra atesora.



Nameless incomoda, aterroriza y fascina a partes iguales. Y cuando lo terminas de leer te deja ese poso maravilloso que solo consiguen las obras maestras y te invita a volver una y otra vez a sus páginas para seguir indagando y descubriendo un tebeo que parecía un trabajo de paso, una obra menor y que acaba convirtiéndose en uno de los mejores tebeos de los últimos años y obra fundamental de un guionista que esperemos le siga quedando cuerda para rato, si sigue entregando trabajos tan fascinantes y apasionantes como este Nameless.

13 de julio de 2017

Intentando devolver el brillo a la Patrulla X: Les deseo mucha suerte






































Cuando comenzó el crossover entre mutantes e inhumanos, decidí, como con casi todos los eventos que desarrolla Marvel, hacer un seguimiento mensual, tanto de los ejemplares de la serie central, como de los tie-ins que fueran apareciendo en paralelo. Lo conseguí hacer dos meses, el tiempo suficiente, para darme cuenta que era una pérdida de tiempo.

Y era una pérdida de tiempo, porque este evento, que comenzó medianamente interesante -también porque no esperaba nada de él- no ha sido más que un apaño malo para quitarse y quitarnos de en medio a esa nueva iteración de Los Inhumanos que se había sacado de la manga Marvel en la última década y que no le interesaba a nadie.



Pero más importante aún, el devolver a la primera línea de batalla a un universo, el mutante, que había sido piedra fundamental de la editorial y su historia, pero que había sido relegado por una editorial más pendiente de su universo cinematográfico que de sus personajes en papel.

Ahora, Marvel intenta enmendar la plana, con una vuelta a las raíces, sin darse cuenta que las tres series centrales que estaban publicando en la actualidad -Extraordinaria, Imposibles y Nueva Patrulla X- eran unas series más que correctas, cuyos autores implicados estaban desarrollando conceptos interesantes y que tenían un largo camino si les dejaban hacer.



Pero como parece que ya no se estila lo de que un equipo creativo esté más de un año y medio en una colección -con las consecuencias que eso conlleva- Marvel se sacó de la manga un evento que convierte en obra fundamental y maestra a Civil War II -en esta por lo menos pudimos disfrutar del fantástico arte de David Márquez- para, en el proceso, cargarse la evolución de un personaje tan importante e interesante como Emma Frost, convirtiéndola de nuevo en una villana sin remordimientos y completamente desquiciada, tirando por la borda todo el trabajo que se lleva haciendo con ella hace más de 20 años, por autores como Scott Lobdell en Generación X, Grant Morrison en Nuevos X-Men o Joss Whedon en Astonishing X-Men, por mencionar unos pocos.

Y si lo de Frost no es de juzgado de guardia y deja en muy mal lugar a uno de los personajes femeninos más redondos de la franquicia, lo del cambio de opinión de Medusa, la reina de los Inhumanos, ya entra en los anales del humor absurdo, cuando toma una decisión radical, basada en un planteamiento que parece de última hora, pero que ya sabía desde el arranque de la historia ¿¿¿???



En definitiva, que IVX es una de las peores historias que se han escrito con la Patrulla X, a la altura de la infausta etapa de Chuck Austen, o ese regreso del gran Claremont en el año 2000 y que no entendió ni el patriarca mutante. Pero corramos un tupido velo y miremos al futuro, a ese Resurrxion que pretende devolver el encanto original Claremontiano a los personajes.

Por el momento, podemos ver hacia donde van los tiros con el número especial con el que nos plantean el tono y estilo de los títulos principales de la nueva línea editorial, comandados por Marc Guggenheim, Cullen Bunn y Greg Pak. Tres autores correctos, pero ninguno destacable como han sido en años anteriores Jeff Lemire, Brian Michael Bendis, Matt Fraction o Grant Morrison. Corrección sin brillantez.



Y lo que este especial nos pretende convencer es que esta es la Patrulla X que siempre has amado y querido, que se había enfangado en un pozo de pesimismo y oscuridad, dejando de lado su heroísmo, en pos de la amargura. De nuevo tenemos a una Kitty Pryde que nunca debió marcharse, de nuevo tenemos un equipo oro y un equipo azul, al estilo de las alineaciones de principios de los 90 -algo que no debe ser tomado como bueno, porque esos tebeos fueron de lo peor de la historia de la franquicia- y algo que si me alegra, la vuelta del Rondador Nocturno alegre y jovial, destruido en las dos últimas décadas por gente como Chuck Austen o Bryan Singer.

Poco más se puede decir con un especial que es más un afiche publicitario que un tebeo como dios manda. Habrá que esperar a ver que ocurre en las series regulares, de las cuales, las que mejor pinta tienen son las dedicadas a Jean Grey, escrita por Dennis Hopeless y dibujada por Victor Ibañez y Cable, del gran James Robinson y el también grande Carlos Pacheco. Seguiremos informando.

7 de julio de 2017

DKIII The Master Race: Miller y Azzarello transportan al universo DC de la Edad Oscura a la Edad Heroica










Después de nueve ejemplares y un año y medio después de irregular publicación, ponemos punto y final a la tercera entrega del mítico Dark Knight con el que Frank Miller revolucionó tanto a la industria del cómic americano, como sobre todo a un personaje, Batman, que nunca volvió a ser el mismo y cuya influencia se dejó sentir no solo en las posteriores aventuras del personaje en su versión en papel, como en todas y cada una de las adaptaciones del personaje, ya fueran en la gran o pequeña pantalla, o en el mundo de los videojuegos.



Que la secuela de esta obra fundamental aparecida en 2001, confirmara la decadencia de un autor que, aunque intentó entregar al lector una obra completamente diferente y arriesgada, pero a la postre fallida como fue The Dark Knight Strikes Again y su retorno a los inicios del personaje y su relación con Robin en la aún incompleta All Star Batman, aparecida en 2005 rematara la idea de que a Miller se le había ido la olla definitivamente, no influyó en el hecho de que el anuncio de una tercera entrega de su famosa obra, se convirtió en noticia de primer orden.



Sabidos los problemas de salud que arrastra uno de los autores fundamentales de la historia del medio, no sorprendió que fuera acompañado en la escritura de la obra de Brian Azzarello, autor con el que comparte intereses comunes y el dibujo le fuera encomendado a un Andy Kubert, que visto el trabajo entregado en los nueve volúmenes, se ha visto imbuido y poseído por el estilo dinámico y muchas veces dejado del propio Miller, reforzado por el entintado de uno de los colaboradores básicos del propio Miller, Klaus Janson.



El conjunto de la obra remite tanto al Dark Knight original, como a su desenfrenada y desmadrada secuela. De la original, esa sensación de supuesto control sobre aquello que nos están contando y de la secuela, la ampliación del universo del Murciélago al resto del universo DC y la experimentación que encontramos en esos mini-comics que encontramos dentro de cada ejemplar y que amplian y complementan la trama principal.



El resultado, un tebeo que se deja leer, pero que en muchos aspectos es cobarde y conservador. Al Miller cáustico, polémico y satírico lo encontramos sobre todo en los dos primeros volúmenes de la historia. Por supuesto, ataca sin piedad, pero mucho menos certero, a personajes de la vida pública tan importantes como Barack Obama y Donal Trump, además de ahondar de nuevo en la violencia policial que asola Estados Unidos o la idiotez congénita que se ha instaurado en nuestra sociedad occidental con el fenómeno de las redes sociales.



Pero todos esos apuntes que sitúan al tebeo por encima de la media de lo publicado mensualmente en las estanterías del género, queda dilapidado por una trama relacionada con los famosos Kryptonianos de Kandor, convertidos en peligrosos radicales totalitaristas y que nos traen de vuelta en algunos momentos -esa trinidad de esposas del líder Kandoriano con Burka- la peligrosa islamofobia reaccionaria de la que hizo gala el autor en su infame Holy Terror.



Y aunque la némesis Kandoriana empaña el conjunto total de la obra, Miller sigue demostrando que el que tuvo, retuvo y el tebeo en múltiples pasajes, vuelve a demostrar que autores como Miller sabe sacar brillo a una mitología sobada y devolverles a los personajes su aura mítica e icónica. Así, nos entrega una visión completamente radical de Hal Jordan, más un héroe a lo Edward Rice Burroughs que un personaje de la Silver Age, o la poderosa presencia de una Wonder Woman más amazona que nunca, aunque el autor a veces lleva a las habitantes de Themyscira al extremo exagerado de los Espartanos de su 300.



En su epílogo final, Miller parece darse cuenta o reconocer que la influencia de sus trabajos oscureciendo hasta el extremo a unos héroes que eran pristinos antes de su llegada, tiene que llegar a su fin, porque han acabado convirtiéndose en parodias de si mismos. Por eso, el autor pone la guinda a su obra con un apunte de luz y optimismo, que deja las puertas abiertas a una cuarta entrega que devolvería a los personajes al punto donde se quedaron tras la irrupción de Miller, confirmando el autor, que el camino de la oscuridad ha llegado a su fin y que el género debe abandonarlo, si no quiere quedarse en un eterno día de la marmota.

5 de julio de 2017

Hellblazer de Peter Milligan 2 (de 3): Cambiando el "statu quo" de nuestro ocultista favorito























Revolucionar a un personaje con dos décadas y 250 números a sus espaldas es tarea casi imposible y más si tu trabajo viene precedido por autores del calibre de Alan Moore, Jamie Delano, Garth Ennis o Brian Azzarello, por mencionar a alguno de los autores que han, con mayor o menor fortuna, narrado las aventuras del mago más cínico y cautivador del mundo de la historieta.



Y a Peter Milligan le tocó cerrar la historia del personaje en la línea Vertigo. Pero el guionista, capaz de lo más sublime a lo más convencional, no se arredró y se enfrentó al personaje casi como si fuera uno de sus primeros trabajos y tuviera todo que demostrar, no como si fuera un encargo para pagar las facturas y llegar a fin de mes.



En su primer tercio al frente del personaje, recopilado en el primer volumen de esta fantástica edición que nos está proporcionando ECC, Milligan sorprendía con un tebeo fresco y adictivo, donde sus acerados guiones se fusioban perfectamente con el arte de un Giusseppe Camuncoli, que se encontraba mucho más cómodo en los parajes sucios y grisaceos de Londres que en el multicolor universo del Hombre Araña.



Pero en este segundo volumen, que incluye casi dos años completos de la serie regular, Milligan acelera y nos entrega, tras una correcta pero nada reseñable historia en cuatro partes, llamada India, el cierre de la historia de Constantine y su novia fallecida Phoebe, para introducirnos en una espiral de emociones, sorpresas y giros argumentales en tres arcos argumentales que se sitúan entre lo mejor del personaje en sus tres décadas de publicación, como son Internado, Claveles Ensangrentados y Dolores Fantasma.



En ellas, Milligan desarrolla la historia entre Constantine y la joven Epiphany Graves, donde el drama, la violencia, el sexo, el humor irónico y el compromiso hacen acto de presencia en la historia del personaje con una calidad pocas veces alcanzada. Si a eso le sumamos la aparición de varios personajes del pasado de Constantine fundamentales y un invitado estrella como Shade, el personaje más importante de la historia de Milligan como guionista, tenemos un volumen imprescindible, tanto para los seguidores del personaje, como para aquellos lectores que disfruten con un buen tebeo. Imprescindible.

2 de julio de 2017

Thanos: El Regreso de Jeff Lemire y Mike Deodato. Un tebeo Marvel a la antigua usanza





















De un tiempo a esta parte, Thanos ha recuperado su status de villano máximo del universo Marvel, que la creación de Jim Starlin no tenía desde principios de los años 90 con la ya clásica El Guantelete del Infinito. No es casual que su resurgimiento venga dado por sus apariciones estelares en el universo Marvel cinemático y su futuro rol de villano absoluto en la próxima Vengadores: La Guerra del Infinito.



Pero razones cinematográficas y económicas aparte, el amante de La Muerte ha estado presente en los últimos años en varios títulos de la Casa de las Ideas como han sido Los Guardianes de la Galaxia de Bendis, Los Vengadores de Hickman y su spin-off/evento Infinito o la nueva iteración de Los Ultimates de Al Ewing. Sin olvidar la miniserie de Jason Aaron y Simone Bianchi, titulada Thanos Rising, que aún tengo pendiente de comprar y leer.



Y como el Doctor Muerte reconvertido en Iron Man en la etapa actual del Vengador Dorado a manos de Bendis, Marvel ha decidido darle una serie regular al villano más icónico de la Marvel actual, con un equipo creativo de lujo formado por Jeff Lemire y Mike Deodato.



Y el resultado tras leer el primer arco argumental de seis episodios titulado El Regreso y que ha sido recopilado con mimo y gusto por Panini en su colección 100% Marvel HC, es más que destacable. Lo primero, porque Lemire introduce al lector en los rincones más recónditos y más olvidados en los últimos tiempos del universo Marvel galáctico, con el mismo detalle que en su obra maestra Descender, para el sello Image y lo segundo, pero no menos importante, porque vuelve a devolver esa magia perdida de los tebeos de la editorial de finales de los 70 y principios de los 80.



Lemire lo consigue devolviendo dos elementos olvidados o en desuso en los tebeos de superhéroes contemporáneos: El uso del narrador omnisciente, representado en los abandonados bloques de texto de apoyo y los bocadillos de pensamiento de los personajes, aquí representados como diálogos del personaje para si mismo.



Además, Lemire le da un ambiente de space-opera sucio y palpable, realzado por el arte de un Mike Deodato más potente que nunca, llenando las páginas y las viñetas de detalles y ritmo que le da un empaque a la obra que la relaciona y pone en paralelo con las obras maestras de la bande desinee de ciencia ficción.



Lemire trae de vuelta a personajes infrautilizados o directamente olvidados como StarFox o el hijo de Thanos, Thane, manipulado por un viejo conocido del protagonista principal de nuestra obra, para narrar el eterno conflicto entre padres e hijos, pero rodeado de furia, violencia y escenas espectaculares.



El único pero de esta serie abierta es el abandono de la editorial por parte de Jeff Lemire y la salida de Deodato del segundo arco argumental de próxima publicación. Una pena, porque las semillas plantadas en este primer volumen podrían haber dado como resultado uno de los mejores tebeos de superhéroes puro y duro de la historia reciente de la editorial. Pero Lemire ha recalcado que al igual que sus trabajos en Caballero Luna y El Viejo Logan, le dará el cierre que se merece y previsto a esta serie regular protagonizada por uno de los villanos más poderosos y carismáticos de la historia Marvel. Esperemos que así sea.

30 de junio de 2017

Dark Days: The Forge de Scott Snyder y James Tynion. El Bat-Universo de Snyder se expande al resto del universo DC






















Dark Days: The Forge, al igual que Dark Days: The Casting que será publicado el mes que viene, es el primer one-shot que dirige a los aficionados al universo DC al nuevo evento de la compañía, Dark Nights: Metal, la serie que reúne de nuevo al laureado equipo creativo de Scott Snyder y Greg Capullo, tras su triunfal paso por la serie regular de Batman en Los Nuevos 52.



Este primer especial está guionizado por el propio Snyder y su fiel James Tynion, actual guionista de una interesantísima etapa al frente de Detective Comics. Y aquí, Snyder vuelve a demostrar el brío perdido en los últimos tiempos, con un especial que ahonda de una manera nunca vista en la mitología del universo DC, traspasando todo aquello que fue sembrando a lo largo de su larga etapa al frente de Batman -que quizá habrá que revisar para encontrar las semillas de esta nueva historia- y planteando un atractivo y misterioso puzzle que intentando no desvelar demasiado, fusiona el origen de todos y cada uno de los elementos mágicos de toda la historia del universo DC con uno más de los peligrosos planes secretos del Cruzado de la Capa.



Este especial que arranca con fuerza un, en principio, atractivo evento editorial, está dibujado a seis manos por tres de las estrellas de la DC actual, Andy Kubert, Jim Lee y John Romita Jr. Y aunque ninguno de los tres está, a mi parecer, en su mejor momento artístico, decir que Jim Lee cumple con creces lo que se le exige, Andy Kubert sigue lobotomizado por su Millerizacion tras su paso por la tercera parte del Caballero Oscuro de Miller y Romita Jr para concluir, entrega unas páginas correctas.



Lo más atractivo de este nuevo juguete de Snyder, que esperemos resuelva con destreza, es, además de devolver la unidad a un universo DC que necesitaba esa cohesión perdida en los últimos tiempos, la posibilidad de devolver a primera línea a personajes y conceptos tan atractivos como Mr. Miracle, Mr. Terrific o los olvidados Outsiders de Batman, demostrando que este nueva DC está aprendiendo a cada paso, a devolver el lustre perdido a una mitología que en manos capaces, sigue posibilitando entregar sagas épicas y memorables. Esperemos que esta sea una de ellas.

28 de junio de 2017

Twin Peaks o el Mal hecho por los hombres


























“Quizás Bob no sea más que eso… El Mal hecho por los Hombres”
Albert Rosenfeld, Miguel Ferrer. Twin Peaks Temporada 2 Episodio 9

El domingo pasado, David Lynch y Mark Frost hicieron historia de la televisión. Y no solo de la televisión, sino del noveno arte en su conjunto, al emitir una hora absolutamente prodigiosa de serial televisivo, origen de una mitología críptica y video-arte contemporáneo. Porque cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo en Twin Peaks y en la obra de Lynch, los creadores del serial entregaron un regalo maravilloso a sus seguidores y un caramelo envenenado a todos aquellos que se habían apuntado al carro de Twin Peaks, porque estaba de moda apuntarse a la nostalgia de una serie que tanto ahora como hace 25 años en el momento de su emisión original, siempre ha ido miles de pasos por delante tanto de su público como de los demás creadores de ficción que hay y habían tanto en la actualidad como a finales de los 80 y principios de los 90.

En las siete horas previas a la emisión de esta octava parte de la obra definitiva de David Lynch, quizá el episodio más importante de la historia del serial, Lynch y Frost habían maravillado y desconcertado a partes iguales a los seguidores de la serie de culto por antonomasia con esa mezcla esquizofrénica y apasionante de géneros televisivos y cinematográficos donde cohabitaban sin miedo y pudor el humor de Jacques Tati, el surrealismo más desacerbado, el relato de horror y ciencia ficción, aderezado por los repuntes de violencia más malsana y descarnada que hemos podido ver en la ya no tan pequeña pantalla.






Pero a lo largo de esas siete horas, sobre todo en su séptima parte, los creadores habían comenzado a dejar vislumbrar el camino que había arrancado de manera tan radical y fracturada. Parecía que los misterios comenzaban a encaminarse hacia una narración más convencional y la cercanía a ese Twin Peaks que conocíamos de la serie original estaba más cerca que nunca. Tanto es así que progresivamente, a lo largo de las siete partes emitida hasta el momento, cada una de ellas iba teniendo más momentos en la localidad que da título tanto a la serie original como a este Regreso.

Y los primeros diez minutos de esta octava parte parece que iba a seguir ese camino de la narración convencional y de desarrollo de los misterios planteados, mientras somos testigos de la huida de Mr.C y Ray de la prisión en la que estaban retenidos. Y parece que vamos a averiguar que son y a donde apuntan esas coordenadas que traen de cabeza a Mr. C y que solo Ray conoce.

Nada más lejos de la realidad. Ray baja a orinar, Mr. C coge su pistola y piensa sacarle esa información por la fuerza y acabar con él en el proceso. Pero Ray tiene su propio plan y dispara a Mr. C no sin antes dejarle descubrir que ha sido engañado y sus balas son de fogeo. Mr. C se desploma en el suelo y el infierno se abre paso en la tierra tanto para un atónito Ray, como para los espectadores.






Ocho figuras espectrales de unos leñadores/vagabundos carbonizados rompen el espacio/tiempo y se abren paso a través de una brecha en la realidad y comienzan a realizar un ritual diabólico y ancestral alrededor del inerte cuerpo de un Mr. C que es poco más que un pelele en manos de estos seres sobrenaturales y donde Lynch vuelve a epatar al espectador con una producción de sonido que solo puede considerarse fuera de este mundo.

Interludio de la interpretación más fantasmagórica y bella de Nine Inch Nails en el Roadhouse y viajamos en el tiempo al pasado. Concretamente al 16 de Julio de 1945 en el desierto de Nuevo México, lugar histórico donde se hizo la primera prueba atómica con la misma bomba que menos de un mes después arrasara Nagasaki y nos hiciera entrar en la era atómica y el principio del fin para la humanidad.

Porque Lynch y Frost, a través de una secuencia lisérgica, acrecentada por las técnicas de la macrofotografía, nos hace testigos hipnotizados del origen del universo de Twin Peaks, de la brecha de la realidad entre nuestro universo y la llegada de unos seres que no pertenecían a nuestro mundo, a través de una secuencia tan eterna como fascinante que hasta el momento parecía más cercana a las exposiciones de video-arte, que a una serie de televisión acontecimiento en prime time.






Y tras una secuencia que trae al recuerdo el viaje lisérgico del protagonista de la magna 2001 de Stanley Kubrick llegamos a ese mar de tranquilidad y monocromo con tintes violáceos que ya visitamos en los 20 primeros minutos de la tercera parte de este Retorno a Twin Peaks, junto a un Agente Cooper que como el mago del famoso poema, quería encontrar una posibilidad para salir entre dos mundos. En su interior, nos encontramos con “??????” antes conocido como El Gigante y la Señorita Dido y volvemos a un nuevo cambio de tono y texturas dentro de esta octava parte, retrotrayéndonos a la época gloriosa del cine mudo, con Murnau o Cocteau como referentes.

Algo rompe la paz y tranquilidad y de estos seres, quizá los protectores del equilibrio del universo y cuya localización podría bien ser La Logia Blanca mencionada en la segunda temporada del serial y nunca vista. La ruptura de la paz y el principio del fin es la explosión provocada por la prueba atómica y el nacimiento de unas esporas surgido de la expulsión de un material orgánico, que parece la garmonbozia, de manos de un ser parecido a la entidad que aparecía en la caja en Nueva York en la primera parte de este regreso. Entre esa miríada de huevos encontramos una matriz de color grisácea que contiene el rostro de la entidad conocida como Bob, idéntica a la extraída de Mr. C a manos de esos leñadores del averno en su tétrico ritual.






“?????” como dios creador del universo expulsa de su interior una entidad, una bola de energía dorada que es entregada a la Señorita Dido y que contiene la esencia de Laura Palmer. El nacimiento del bien y del mal. La confrontación de la luz y la oscuridad, provocada por la acción de un hombre que se creía dios y que ha desatado el infierno en la tierra y que arderá como Prometheo al querer acercarse y convertirse en los dioses a los que veneraba y a los que ha perdido el respeto.

Y tras una escena que aúna esa magia propia de los albores del cine y que guarda semejanzas estilísticas con el epílogo de Fuego Camina Conmigo, donde Laura y Dale son testigos de la llegada de un ángel que le ofrece la redención a una Laura Palmer, que emocionada, asciende a los cielos y que vuelve a demostrar que los acontecimientos en Twin Peaks no tienen un inicio y un fin, sino que son a la vez causa y consecuencia -“es el futuro, o es el pasado”- llegamos al bloque final de un episodio excelso.






Avanzamos 11 años, a 1956 y somos testigos de la creación/llegada/transmutación de los seres que vivían en la parte superior de la tienda de oportunidades (Convenience Store en el original). Porque mientras una pareja de adolescentes salidos de una película de Nicholas Ray de los años 50 intentan de manera pacata adentrarse en los enigmas de la sexualidad y el contacto físico humano, el infierno se apodera de una localidad de Nuevo México, cuando un fantasmagórico grupo de leñadores/vagabundos aterrorizan a los habitantes de la población encerrados en sus automóviles y su "american way of life", consecuencia de los terribles actos de la bomba atómica.

Lynch y Frost homenajean y dan una vuelta de tuerca a la sci-fi de los años 50 y su paranoia comunista y atómica con estos vagabundos/leñadores carbonizados y electrostáticos que han quedado encerrados entre dos mundos por la explosión nuclear y las consecuencias de la radiación, mientras el “líder” de estos seres repite incansablemente rodeado de electricidad, “¿Tienes Fuego?”.






A partir de ahí, el horror inunda la pantalla, mientras este ser mata a los empleados de una radio local y transmite un mensaje, poema “beat” o invocación, que invita al resto de seres de esa otra dimensión a que atraviesen la oscuridad del futuro pasado y encuentren la manera de entrar por la brecha de los dos mundos para que tomen y castiguen a los seres humanos que habitan en nuestra dimensión.

Y uno de esos huevos, que anteriormente hemos visto eclosionar en el desierto que rodea la población de Nuevo México y que de su interior sale una criatura parte cucaracha, parte saltamontes, parte rana, entra a la habitación de la chica de los 50 vista anteriormente y se introduce en su organismo a través de su boca para engendrar, ¿la semilla del mal?¿Bob?.






Porque Mike ya se lo comunicó a Cooper, Harry, Gordon y Hawk en el sexto episodio de la segunda temporada. Bob lleva entre nosotros unos 40 años. Y si la serie original transcurría en el año 1989, las fechas encajan con lo visto en este capítulo.

Y es así como Lynch y Frost han decidido explicar y expandir hasta los límites del tiempo y el espacio, la mitología de un serial que comenzó con el trágico, pero convencional asesinato de una chica de 17 años en la localidad de Twin Peaks. Pero como en la serie original Laura Palmer era el pegamento que unía el universo de Twin Peaks y a todos los habitantes y tramas de la localidad, ahora Lynch y Frost dan un salto de fé y le piden al espectador otro salto de fé, convirtiendo a Laura, a su esencia o espíritu, en el pegamento que una a un universo que se resquebraja y que ha infectado a lo largo de 70 años a una humanidad que jugó a ser dioses y solo trajo el apocalipsis a nuestras vidas.








Y todo ello en escasos 58 minutos que te dejan con la boca abierta, que abre nuevas puertas a la narrativa audiovisual, que homenajea los picos creativos previos a ella en las artes audiovisuales, que fascina, que remueve, que lleva un paso más allá a una obra que ya era revolucionaria y más atrevida que cualquier ficción previa, actual o futura. Dos artistas en la cumbre de sus facultades creativas y que estamos siendo testigos semana a semana, viendo como la magia y el arte se fusionan para entregarnos una obra maestra eterna. Si esto no es la cumbre del arte, que venga “??????” y lo vea.
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