15 de septiembre de 2017

Victor Von Muerte y Riri Williams: ¿Hay vida después de Tony Stark?






































Brian Michael Bendis. Guionista amado y odiado a partes iguales. Un autor que después de más de 15 años en Marvel Comics, ha cambiado la Casa de las Ideas, tanto para bien como para mal. Y si, es cierto que en los últimos años y sobre todo por el número de páginas y series regulares que escribe mensualmente, en muchos momentos no ha estado a la altura de las circunstancias.

Pero lo que nadie le puede quitar a Bendis es que cuando acierta, acierta de pleno. Y si no me creéis, leed Alias, Su Ultimate Spiderman o su Daredevil junto a Alex Maleev. De lo mejorcito que ha tenido la Casa de las Ideas a lo largo de su ya larga trayectoria.



Lo cierto es que en los últimos años, exceptuando su magnífico Miles Morales/Spiderman, el número de errores o desinflamientos ha sido mayor que sus aciertos. Como ejemplos, su fulgurante arranque con la Patrulla X, pero que fue languideciendo a lo largo de su etapa, aunque nos dio un epílogo memorable, o su insulsa etapa al frente de los ahora exitosos Guardianes de la Galaxia, donde sus tics de escritor y su tendencia a la descompresión narrativa llegaba a límites insospechados. Y por supuesto, Civil War 2 fue un descalabro de proporciones infinitas.

Aún con todo eso, a mi, personalmente, siempre me llama la atención cada trabajo que entrega el guionista más importante de la Marvel del siglo XXI. Y su Iron Man no iba a ser una excepción, sobre todo si le acompañaba David Marquez a los lápices. Y su primera iteración, donde Bendis dio la vuelta a este Iron Man post-Secret Wars, solucionando de la mejor manera posible, la absurda revelación de Kieron Gillen de que Howard y María Stark no eran los padres biológicos de Tony, en un cierre de primera temporada emotivo.



En Civil War 2, Tony Stark fue protagonista predominante del conflicto contra Carol Danvers, quedando este en estado vegetativo tras su combate con su antigua aliada. Pero Bendis tenía un plan desde el principio de su etapa al frente del Vengador Dorado, con la aparición de un Victor Von Muerte que quería enmendar su aciago pasado y una adolescente afroamericana llamada Riri Williams que tenía el mismo talento para la ciencia y la tecnología que el propio Tony.

Es así, en el panorama post-Civil War 2 que las series del vengador dorado dan un giro de tuerca, con dos series regulares que viajan en paralelo y que aunque se puedan leer por separado, se disfrutan mucho más si las lees ambas. En ellas, Bendis les da el protagonismo a un villano con intención de redención, pero que toma el legado de Tony Stark sin este habérselo ofrecido y a una chica afroamericana que desde ya, se convierte en uno de los mejores personajes salidos de la mente de Bendis, Riri Williams, a la que el lector le coge cariño desde el primer ejemplar, con su triste y emotiva historia de origen, donde de nuevo la responsabilidad y la pérdida de seres queridos se implanta en la génesis de la heroína.



Bendis está acompañado en las tareas gráficas por un antiguo aliado, Alex Maleev, que le da el tono sombrío y más sobrenatural que necesita la serie de Muerte y para las aventuras de Riri Williams, a un Stefano Caselli que ha evolucionado, y de que manera, entregando unas páginas que son una pura maravilla.

El guionista no olvida a los personajes introducidos en su primera etapa con Tony Stark al frente, en concreto los diferentes personajes femeninos, los cuales son la especialidad del escritor. En primer lugar, tenemos a Amara Perera, otro de esos personajes Bendisianos a los que coges cariño desde el primer momento y que están repletos de carisma, que tras sus escarceos con Tony, se ve enredada en una extraña relación de amistad/atracción con Victor von Muerte, que puede dar grandes momentos al serial. Y por supuesto no podemos olvidar la introducción al universo del vengador dorado de Mary Jane Watson, que junto a la madre biológica de Tony y la siempre bienvenida Pepper Potts, servirán de apoyo logístico a Riri Williams y serán la trinidad que mantendrá Industrias Stark a flote frente a tiburones de los negocios despiadados, hasta que Tony vuelva de su letargo.



En la serie protagonizada por Victor Von Muerte, además de la interesante Amara Perera, tenemos a otras dos mujeres de armas tomar, como son la ex-directora de Shield, María Hill -otro acierto y creación de Bendis- y el regreso de entre los muertos de la madre de Victor Von Muerte, que introduce al universo tecnológico en el que se mueve esta parcela de Marvel, un componente sobrenatural que queda realzado por el trazo sombrío y desgarbado de Alex Maleev.

Cierto es que como siempre con Bendis, la narrativa tarda en arrancar y se necesita de varios ejemplares para poder disfrutar la serie como se merece. Pero una vez pasado este trance, nos encontramos con dos series frescas y diferentes, con el toque Bendis, con dos protagonistas que tienen mucho potencial y un reparto de secundarios, némesis y tramas y sub-tramas que si Bendis no abandona pronto y la desarrolla con tiempo, pueden darnos unos nuevos y diferentes Iron Mans, un soplo de aire fresco en una franquicia que pocas veces ha tenido la oportunidad de brillar y ser aprovechada como se merece.

12 de septiembre de 2017

Vengadores y Campeones de Mark Waid: ¿Es posible y necesario devolver el sabor clásico a los tebeos Marvel?







































Mark Waid es uno de los autores imprescindibles para entender los tebeos que intentaron romper con la influencia de los autores ingleses de finales de los 80 en los tebeos americanos. Junto a Kurt Busiek, comenzaron a desarrollar una serie de tebeos que intentaron devolver aquello que les faltaba a los lectores veteranos los elementos que se habían perdido a finales de los 80 y a principios de los 90, con obras como Astro City o Marvels, Busiek o Kingdom Come, El Capitán América o Kazar, Mark Waid.

El paso de las décadas ha sentado mejor a Waid que a Busiek, sobre todo en los últimos años, cuando Waid ha entregado una memorable etapa de Daredevil, que se acercaba más al Hombre sin Miedo, pre-Miller, pero sin olvidar la oscuridad que se cernía y se cierne alrededor del personaje.



Y así, tras la marcha de la amada y odiada a partes iguales etapa de Jonathan Hickman al frente de Los Vengadores, Mark Waid tomó las riendas del título principal de Los Vengadores tras las Secret Wars. Parecía que el tono clásico de Stern, Shooter o Thomas iba a volver al tebeo de referencia del lector de la Marvel clásica, huérfano de su serie y de sus personajes, desde que Brian Michael Bendis tomara las riendas de los mismos en el año 2004.

El primer acto de esta etapa de Mark Waid, aunó a jóvenes y viejos héroes, en una extraña fusión que nunca llegó a cuajar, porque los acontecimientos de Civil War 2 no le dejó tiempo al guionista para ahondar en esta ecuación de viejas glorias y superhéroes de la nueva Marvel. Y el grupo se deshizo, entre los jóvenes Vengadores que fundaron su propio equipo, Los Campeones y los héroes veteranos, o por lo menos sus símbolos, que se habían quedado sin medio equipo y sin financiación, con un Stark en coma y un nuevo comienzo en apariencia fulgurante, para ambos equipos.



Waid arranca su nuevo volumen al frente del supergrupo, apoyado por un villano clásico, Kang, que le sirve para rematar una historia que comenzó en su anterior arco argumental, pero que quedó inconcluso con la llegada de la mencionada Civil War 2 y sus múltiples tie-ins. A los lápices le abandona un desmejorado Adam Kubert y se le une Mike del Mundo, un fascinante ilustrador, pero que no encaja en las historias que plantea Mark Waid.

Porque lo que no llego a entender es si Marvel quiere reencontrarse con el lector veterano, le da un dibujante que no está a gusto con el género y el tebeo que le encomiendan, consiguiendo que los guiones a priori interesantes de Waid no cuajen y se corten como la mayonesa con el atrevido pero muchas veces ininteligible arte de Del Mundo, en una historia de paradojas temporales algo vacía y precipitada al que no ayuda el trabajo de Del Mundo, donde un Carlos Pacheco o un Leonard Kirk habrían encajado mucho mejor.



Los Campeones en cambio funciona mejor en su conjunto. En ella, Waid vuelve a reunirse con Humberto Ramos tras su Impulse para DC Comics y uno de los iniciadores del amerimanga en el cómic americano. Y si sus Vengadores pretenden ganarse a los lectores que se iniciaron en los años 80, estos Campeones van dirigidos a los que comenzaron a leer en los años 90 y se quedaron fascinados por tebeos como Gen 13.

El supergrupo está formado por las nuevas generaciones de héroes Marvel, comandados por Kamala Khan y secundados por fan-favorites como Miles Morales, la hija de La Visión de Tom King, Amadeus Cho o el nuevo Nova. Y es un supergrupo que lucha por el ciudadano de a pie, por problemas sociales y se comunica a través de las redes sociales.



El problema, a parte de que en siete números tampoco a pasado gran cosa, ni se arranca una trama que invite a seguir la colección como si te fuera la vida en ello, es que un escritor que ya peina canas, quizá no sea el indicado para dar voz a unos millenials que son como extraterrestres para todos aquellos que no han nacido a partir del año 2000.

Por eso lo más destacable, a parte del carisma que desprenden estos personajes, más por el trabajo que han hecho otros autores en sus series respectivas que por lo conseguido por Waid, es el arte de Humberto Ramos, que consigue que la lectura de este tebeo ligero sea agradable, aunque eso no quita que una vez leído, se olvide con la misma facilidad que se ha leído.



En definitiva, dos intentos de traer una magia perdida que no consigue cuajar porque ambas series se quedan a medio gas de sus intenciones y porque seguramente la magia de tiempos pasados nunca se puede traer de vuelta y lo que hay que hacer es realizar tebeos contemporáneos que sean tan buenos y relevantes como aquellos en los que estas dos series intentan mirarse sin conseguirlo.

9 de septiembre de 2017

Pájaro Burlón de Chelsea Cain: La Agenda Feminista de Bobbie Morse



























Este verano, al fin los lectores de Marvel en particular y los lectores de buenos cómics en general, hemos sido obsequiados con un volumen integral con la tristemente corta serie regular de Pájaro Burlón, de la mano de la novelista Chelsea Cain en la que ha sido su primera, y espero no última, incursión en el noveno arte.



Pájaro Burlón, o Bobbie Morse, no ha tenido una cronología muy gloriosa que digamos. Comenzó como novia de Ka-Zar, para continuar siendo la novia y posterior esposa del mucho más famoso Ojo de Halcón, estando siempre a la sombra del héroe y cuya historia dentro del universo Marvel ha pasado por todos los estados, incluido la muerte.



Bobbie necesitaba un autor que supiera sacar de ella todo aquello, tanto positivo como negativo, que la hacía única, como hizo John Byrne con Hulka en los 90 y reivindicarla como a una heroína a seguir y adorar.



Cain sienta las bases del personaje en un especial dedicado al personaje, dentro de los festejos del 50 aniversario de la creación de Shield, acompañada por una artista de auténtico lujo como es Joelle Jones, para redefinir la personalidad y las características diferenciales de una superheroína sin pelos en la lengua, autosuficiente y muy pero que muy divertida.



Y es en su corta serie regular, donde Chelsea Cain consigue brillar, y con ello la protagonista del comic book, con dos arcos argumentales que saben sacar punta a las convenciones del género, tanto de superhéroes como de espías, en un trabajo que aúna reivindicación, humor y la ruptura de la cuarta pared y la estructura habitual de este tipo de relatos, sobre todo en su primer arco argumental, donde nos encontramos con cinco capítulos que pueden leerse de manera autoconclusiva, pero que toman aún más forma y significado, si se leen en su totalidad, con la peculiaridad que podrían leerse en cualquier orden, sin alterar su significado.



La habilidad de Cain es tan grande, que incluso en en un segundo arco argumental que está supeditado tangencialmente con los acontecimientos de Civil War 2, es capaz de sacarle punta y continuar desarrollando su arco argumental y el desarrollo de su personaje principal, incluso con injerencias editoriales.



Y quitando polémicas absurdas que solo pueden sentar mal a todos aquellos que siguen viviendo en la edad de piedra, Pájaro Burlón es un pedazo de tebeo, divertido como pocos y con el que no me había reído tanto desde los tiempos de la JLI de Giffen y DeMatteis, que demuestra que no hay malos personajes, sino autores más o menos dotados, consiguiendo poner en primera línea de actualidad a un personaje maltratado a lo largo de las décadas y que merece una segunda serie regular, por supuesto con Chelsea Cain a los mandos. Un tebeo que sigue dando esperanzas a la veces adocenada producción de las dos grandes.


7 de septiembre de 2017

Omega Men de Tom King: Original y auténtica Sci-Fi política






















La buena ciencia ficción, desde sus orígenes, ha servido para explicar y entender la realidad contemporánea que vivimos. Obras como Un Mundo Feliz, 1984, Farenheit 451 o más recientemente, películas como Matrix, Blade Runner o Moon, por poner algunos ejemplos, nos señalaban de lo que estaba ocurriendo en la actualidad de cada momento y nos advertían de los peligros del futuro más inmediato.



Omega Men de Tom King, es un ejemplo perfecto de todo ello. En un mundo contemporáneo, donde el terrorismo, las políticas encubiertas de los gobiernos occidentales y el fantasma del fascismo resurgiendo, tras una crisis económica que ha separado aún más la distancia entre ricos y pobres, King, acompañado por el dibujante Barnaby Bagenda, nos muestra una zona cuasi desconocida del universo DC, para plantear una historia donde los héroes son supuestos villanos y los puntos de vista y la información de la que se dispone, son claves para entender las motivaciones de unos personajes que se mueven en una zona de grises.



También le sirve esta obra a King, para recuperar a unos personajes olvidados de principios de los 80, creados por Marv Wolfman, en una operación, que salvadas las distancias, es parecida a lo acometido por Alan Moore con los héroes de la Charlton en la seminal Watchmen. Incluso la estructura de la obra y la división de paneles en cada página del serial, bebe, y mucho del experimento casi matemático del trabajo de Moore.



Y aunque los Omega Men son los titulares de la obra, el héroe redimido de la misma es el Green Lantern también conocido como Kyle Rayner. Un Green Lantern aparecido en los años 90, cuando DC Comics no sabía que hacer con sus personajes cuasi centenarios e intentó revitalizarlos con nuevos rostros, algo parecido a lo que está ocurriendo en el universo Marvel, con más fortuna por parte de estos.



Así, Rayner, héroe a su pesar, en su momento más bajo, cae presa de un en apariencia, grupo terrorista, sanguinario y sin escrúpulos, para a partir de ahí, convertirse en la única luz de decencia de un universo y un entorno, donde los héroes de una sola pieza, poco pueden hacer, por muchos anillos de poder que posean.



Como puntos negativos, solo destacar un par de ellos. El primero, la horrible decisión de ECC, de titular el volumen con un Green Lantern presenta, pareciendo que estamos en la época de Novaro y demostrando que no tienen ninguna confianza e idea del producto que están entregando a los lectores españoles. Porque es un tebeo del guionista más en alza del panorama americano de la actualidad, Tom King.



También fue el tebeo que dio a conocer a King. Y ahí viene el problema. Debido al retraso en su publicación en castellano, ya nos han llegado los siguientes trabajos de un guionista que no hace más que mejorar a cada trabajo que entrega, como atestiguan El Sheriff de Babilonia, La Visión y la nueva y fulgurante etapa de la serie regular de Batman. Y como el listón está muy alto, la lectura de este más que estimable tebeo, queda algo dilapidada por el hype precedente.



Pero eso no quita para que nos encontremos con una de las novedades editoriales imprescindibles del panorama actual. Una buena muestra de ciencia ficción política, con personajes atractivos y planteamientos arriesgados y polémicos. Os aseguro que no os dejará indiferentes.

5 de septiembre de 2017

Twin Peaks: ¿Es el Futuro o es el Pasado? Reflexiones tras una final tan desconcertante como apasionante







“¿En qué año estamos?” grita un desolado Agente Cooper/Richard a una extrañada Laura Palmer/Carrie Paige tras visitar la casa de los Palmer habitada por almas diferentes en una nueva realidad. Pero el lamento y la desolación de Cooper abre la brecha entre dos mundos y esta nueva iteración de Laura Palmer escucha a la angustiada Sarah Palmer buscar sin éxito a su hija la mañana posterior a su muerte. Y Laura/Carrie grita mientras la casa de los Palmer se sumerge en las tinieblas. El misterio incocluso, el misterio eterno, el 8 de Philip Jefffries, la infinita búsqueda de respuestas. 

Ese grito escalofriante y el telón cerrado que representa la casa de los Palmer sumida en las tinieblas es el reflejo de una legión de espectadores que hemos buscado respuestas y explicaciones a lo ocurrido y cuyo reflejo en la pantalla es ese Agente Cooper, autoimpuesto salvador de princesas, que debido a ello, ha caído en el bucle infinito de la desesperanza y cuyo destino es similar al acaecido a otros agentes como Philip Jeffries, Chester Desmond o el propio Windom Earle. 






Así es como termina este retorno a Twin Peaks. Un retorno que nos ha tenido encandilados a sus seguidores a través de 18 apasionantes y extenuantes partes y que por supuesto se ha ido dejándonos con ganas de más. O no. Porque si en el primer visionado de esta finale apocalíptica y tras quedar aturdido por un epílogo que de nuevo expandía y remodelaba el universo de Twin Peaks, necesitaba una continuación. Pero con el segundo visionado y la cabeza todavía echando humo, mi parte más analítica me dice que quizá todo está ahí, que solo tenemos que armar las piezas del puzzle. 

Esto ya había ocurrido en Twin Peaks. Lo que parecía un típico “whodunit” con personajes más o menos estrafalarios, se convirtió en algo más con la escena de la Habitación Roja del segundo episodio del serial, para volver a darle una vuelta de tuerca en el piloto de una segunda temporada, donde las profecías, la entrada de seres de otra realidad, se convirtió en la orden del día, para terminar una irregular temporada, con un nuevo golpe a la razón con esa cita con el destino que fue la entrada de Cooper a la Habitación Roja con la falta de coraje suficiente. Y de nuevo, un nuevo paso más allá con Fuego Camina, Conmigo. 






Y este Regreso ha sido un salto de fé continuo, a medida que han ido pasando los capítulos, desde la apoteósica e incómoda premiere, pasando por ese definitorio octavo episodio hasta llegar a un final y epílogo que entronca con las raíces de los sueños y las alucinaciones, donde somos testigos que todo es real y todo es imaginado, donde el sinfín de realidades, representado en el Teseracto que le entregaba The Fireman a Andy, se entrecruzan, se bifurcan y se fusionan. 

Desde un punto de vista que rompe la cuarta pared, este impactante final, demuestra aquello que no pudieron hacer Lynch y Frost en la serie original. El misterio de la muerte de Laura Palmer era la excusa, un misterio inescrutable que a medida que se averiguaba más, abría más incógnitas que las que resolvía, como si fuéramos arrancando lentamente los pétalos de la Rosa Azul, símbolo de los misterios inexplicables y perdición de aquellos que querían acceder a sus misterios. 






Pero ese misterio daba paso a las historias de mil y un personajes que habían sido tocados de lleno, o de refilón por el gran misterio, los cuales, dentro de ellos se encontraban otros mil y un misterios, quizás más terrenales, quizás más vulgares, pero que de la mano de Lynch y Frost, se convertían en misterios que merecía la pena resolver. 

Y así, de Twin Peaks pasamos a Deer Meadow y de allí a Buckhorn, South Dakota y de ahí a Las Vegas, para volver a Twin Peaks y sus múltiples portales dimensionales, encuadrados entre los bosques de Twin Peaks y el hogar de los Palmer, para llevarnos al desierto de Nuevo México, origen de todo, traspasándonos a Odessa, donde el misterio no hace más que continuar. 






Pero aunque todo cambie, hay dos elementos que se mantienen constantes en este multiverso. Laura Palmer y Dale Cooper, ya se llamen Carrie, Teresa Banks o Annie Blackburn ,o Dale, Dougie, Richard o Chester Desmond. Una víctima y un caballero de brillante armadura. La historia se repite incesantemente y el mago (Cooper) debe conseguir entrar entre dos mundos para poder solucionar un misterio inexpugnable que acaba sacando a ambas piezas del tablero de la “realidad”. 

En este juego de espejos, donde la Logia Blanca y la Logia Negra, se traspasa a la supuesta realidad entre ese juego de contrarios que son Twin Peaks y Deer Meadow, o el Twin Peaks del Regreso, reconvertido en Deer Meadow y una chispeante Las Vegas, donde las aventuras de Dougie son lo más cercano al Twin Peaks original, es todavía complicado, aventurado y pretencioso sacar conclusiones precipitadas, sobre todo cuando la obra original nos ha tenido ocupados y entretenidos 25 años, desentrañando la cantidad de interpretaciones que se podía sacar de ellas. 






A bote pronto, y basándome en mis impresiones tras el ataque a los sentidos que fue una finale que comenzó como un extraño pero brillante sueño y se acabó convirtiendo en la mayor de las pesadillas, dejo algunas de las conclusiones que mi embarullada cabeza es capaz de discernir y que seguramente serán papel mojado dentro de 24 o 48 horas. 

“¿Es el futuro o es el pasado?” es la frase clave de toda la obra. Porque el pasado y el futuro son maleables y todo ocurre en una dimensión externa donde no rigen las reglas del pasado, presente y futuro y todo ocurre a la vez, en un cinta de Mobius que no para de dar vueltas y que a veces se entrecruza, fusionando realidades. 






La bomba atómica abre un portal dimensional, expulsando a Judy y a Bob y a sus lugartenientes, los Woodsman, que a través de un cántico sobrenatural, insertan en la realidad a dichas entidades. Entrando Judy en la joven de Nuevo México que se convertirá en Sarah Palmer y que infectará con la semilla de Bob al joven Leland Palmer que vemos besarla de manera pacata previamente. 

Pero el destino de una Laura Palmer de la que se ha encaprichado un Bob encarnado en un lascivo Leland Palmer, rompe los planes de Judy/Mother cuando la mata, desobedeciendo las reglas impuestas por esos seres del otro lugar que vivían plácidamente alimentándose del dolor y el sufrimiento de los seres humanos, de sus pequeñas y grandes desgracias. Tanto Bob como Cooper posteriormente, rompen las reglas, cada uno a su manera, el primero matándola, víctima de su precipitada y descontrolada furia y el segundo, al intentar salvarla la noche de su fatídica muerte, cuando el drama de Laura había comenzado seis años antes. Ambos destruyen el frágil equilibrio entre el bien y el mal que existe en ambas realidades, dejando el primero un Twin Peaks yermo y el segundo, eliminando toda la magia que existía en este universo de Twin Peaks. 






Así, ambas némesis, aunque opuestas, complementarias, pagan ambas su pecado. Bob, ardiendo por el mismo Fuego con el que caminaba y Cooper, atrapado en un sinfín de realidades, cada vez más grises y más cercanas a nuestra realidad, no dejando descansar a una Laura Palmer que quizá no necesitaba seguir siendo La Elegida y solo quería vivir una vida tranquila y rutinaria. 






Pero no me quiero extender más, porque ya habrá tiempo de elucubrar y revisitar una población, una obra y sobre todo un estado de ánimo, como es Twin Peaks. Y volver a sumergirse en sus secretos, en sus misterios, en su atmósfera, tan mutable como eterna, tan compleja como apasionante. Solo dar las gracias a David Lynch y a Mark Frost por tan tremendo viaje. Por subir las apuestas 25 años después, con una continuación/reinterpretación de un material que fue tan adelantado a su tiempo, como este Regreso lo es en 2017. Si la historia termina en este pesadillesco viaje, me quedaré satisfecho y si quieren volver a adentrarnos en este fascinante mundo de espejos y reversos, me tendrán el primero, ansioso por saber como continúa un universo que se ha quedado impregnado en mi ADN para siempre. GRACIAS. 





































31 de agosto de 2017

The Wildstorm de Warren Ellis y Jon Davis Hunt: Una reinvención minimalista







































25 años han pasado desde que el sello Image llegara a nuestras vidas. Un universo Image que apareció debido al ímpetu y la arrogancia de unos jóvenes “hot artists” que tras vender millones de ejemplares de los quizá peores tebeos que el género de superhéroes ha sido capaz de entregar a los aficionados, pensaron, no sin razón, que porqué tenían que repartir el pastel con magnates codiciosos, si ellos podían ser los magnates.

Y fue así como Image Comics apareció como un huracán en el mercado del cómic estadounidense. Una editorial comandada por Todd MacFarlane, Rob Liefeld, Erik Larsen, Jim Valentino, Marc Silvestri y Jim Lee. Este último, junto a Marc Silvestri, inauguraron Homage Studios, ya que dentro de Image coexistían los diferentes sellos de los miembros fundadores. Poco después, los caminos de Silvestri y Lee se separaron y ambos fundaron sus propios sellos, con mayor y menor fortuna. Silvestri, Top Cow y Lee, Wildstorm Studios.






En su sello, Jim Lee creó a los Wildcats, un supergrupo excesivo y cromado, que bebía en muchos aspectos de su paso por los X-Men de Chris Claremont, pero a los que adornó con elementos de conspiranoia, extraterrestres, organizaciones gubernamentales secretas que querían dominar el mundo, etc… De dichos Wildcats, aparecieron posteriormente otros títulos que con mayor o menor fortuna fueron dando forma a un sub-universo que en los 90 hizo mucho ruido, como Stormwatch, Gen 13, Team 7, Deathblow, etc…

Pero el ruido y la furia de sus inicios no se podían sostener sin escritores que dieran forma y sentido a unos tebeos que al quitarles el novedoso y efectista color digital, las splash pages de dos y cuatro páginas o el incesante desfile de cuerpos siliconados y venas hinchadas, no conseguían transmitir al lector a partir del tercer ejemplar, las ansias por seguir comprándolos.

Por ello, Jim Lee, el más inteligente de todos los fundadores de Image, decidió contratar a guionistas de renombre para que dieran forma a ideas que no eran malas, pero que guionistas como Brandon Choi no eran capaces de sacarles partido. Y así llegó Alan Moore a las páginas de Wildcats y demostró, sin esforzarse mucho, que esto de los tebeos no era solo juntar unas cuantas splash pages y unos pocos pin ups.

Moore se quedó lo suficiente para crearle una base a ese universo Wildstorm y cobrar el sustancioso cheque que Jim Lee le ofreció. Pero de nuevo, una vez desaparecido el guionista de Northampton, el universo Wildstorm se volvió a quedar huérfano y sin rumbo. Pero hete aquí, que apareció Warren Ellis, un guionista inglés que estaba comenzando a despuntar en Marvel y en el sello Vertigo de DC, sobre todo con su punzante Transmetropolitan y Jim lee puso el ojo en él. El guionista era irreverente, tenía buenas ideas y encima no cobraba lo que cobraba Moore.








Ellis le entregó uno de los títulos que menos vendía de su línea editorial, el cual languidecía en las librerías, Stormwatch y le dejó que hiciera con el lo que quisiera. Y vaya si lo hizo. Stormwatch pasó de ser el título que nadie leía, sino el título que había que leer a finales de los años 90. Y es que Stormwatch era un tebeo moderno, que sabía aunar la espesura e inteligencia de la invasión inglesa de finales de los 80, con la espectacularidad y el arrojo bien entendido que intentó llevar a cabo la primera generación Image.

De Stormwatch, salió como continuación y evolución mejorada el mítico The Authority de Ellis y Hitch, creando una nueva manera de entender el tebeo de superhéroes como gran blockbuster cinematográfico que influiría en la manera de hacer tebeos en el siglo XXI, con ejemplos tan memorables como Los Ultimates de Millar y Hitch, por poner un ejemplo.






Pero el sello Wildstorm comenzó a languidecer a principios del nuevo siglo, quizás porque los aciertos de Ellis se trasladaron a las grandes editoriales que entendieron que no podían volver a los tebeos de los 70 y los 80 y aunque Lee entregó una fascinante coda a sus Wildcats en la imprescindible etapa de Joe Casey, junto a los dibujantes Sean Philips y Dustin Nguyen, su universo y sus personajes durmieron el sueño de los justos.

Y tras varios intentos fallidos de traer de vuelta a dichos personajes, con autores como Grant Morrison al frente, o ese tímido y fracasado intento de integrarlos en la continuidad del universo DC en sus Nuevos 52, este año, que se cumplen 25 años del sello, DC y Jim Lee les vuelven a dar una oportunidad.






Y así llega a nuestras librerías The Wildstorm, una maxiserie de 24 ejemplares, dividida en cuatro arcos argumentales de seis ejemplares cada uno, que acaba de terminar su primer acto. El responsable de la obra y de la línea editorial es de nuevo Warren Ellis, al estilo del sello Young Animal comandado por Gerard Way, también para DC Comics.

El resultado, tras leer el primer arco argumental es más que interesante y promete una historia que bebe de sus orígenes, pero que da un paso al futuro y entiende que no puede ahondar en la nostalgia de unos tebeos por los que el tiempo no ha pasado bien por ellos. Tampoco Ellis pretende repetir o emular los éxitos de su anterior etapa la frente de Stormwatch y Authority, mirando más el minimalismo y la composición de tebeos más introspectivos, como el Watchmen de Moore o los trabajos de Chris Ware, para aproximarse al universo Wildstorm desde una perspectiva más realista, dentro de los márgenes que permite el género de la ciencia ficción.






Por ello, los uniformes extravagantes y el spandex no hacen acto de presencia en las páginas del tebeo y sus abigarrados personajes, reconocibles para los que leímos los tebeos originales, mantienen su esencia pero sin elementos efectistas que nos hagan distraernos de lo más importante, la historia.

Y en este primer acto, Ellis desarrolla un primer acto que te va atrapando lentamente desde un primer y fascinante plano secuencia que nos muestra a los protagonistas de nuestra obra. Unos personajes que en principio parecen discurrir por líneas argumentales paralelas, pero que antes de que acabe el primer ejemplar, ya estarán inexorablemente unidos.






Ellis consigue aunar a lectores nuevos y a veteranos, con personajes y situaciones que hacen referencia a lo que vimos en los tebeos originales, pero dándoles una vuelta de tuerca que guiña al ojo al lector veterano, pero sin perder por el camino al lector que se adentre por primera vez en este universo de ficción.

El guionista se apoya en el buen hacer de Jon Davis Hunt, un dibujante sin florituras pero excelente narrador, que sabe darle el ritmo que necesita la historia que nos está contando Warren Ellis, una historia que está muy influída por la excelente y olvidada etapa de Joe Casey al frente de estos personajes.








Así que si eras seguidor de Zealot, Spartan, Voodoo, Henry Bendix, Deathblow y demás personajes de los años 90, te encontrarás con los mismos personajes, pero desnudados de todos los elementos excesivos con los que fueron adornados por Lee y cía, pero perfectamente reconocibles. Y si eres un lector que se adentra por primera vez en dicho universo, te encontrarás con una historia de conspiraciones, alienígenas y secretos del nuevo orden mundial, que te atrapará desde las primeras páginas del primer ejemplar.

29 de agosto de 2017

Super Sons de Peter Tomasi y Jorge Jiménez: Ligera y refrescante reinvención del concepto de World's Finest























Desde que en 1941 apareciera el primer número de World’s Best Comics, cambiado a partir del segundo número por el más reconocible título de World’s Finest Comics, Batman y Superman han tenido, a lo largo de casi 80 años, siempre un título en el que ambos justicieros, tan parecidos en su lucha, como distintos en su aproximación a la misma, han unido fuerzas, casi siempre con resultados poco memorables.






La razón, que los sucesos que en dichas series en las que han compartido cabecera, desde la primigenia World’s Finest a las más recientes Batman/Superman o Superman/Batman, nunca han sido memorables, ya sea por la escasa capacidad de los autores que han estado involucrados, o porque los acontecimientos memorables de ambos personajes se narraban y se narran en sus propias series regulares.






Cierto es que existen etapas o especiales que rompen dicha norma, como la fabulosa miniserie de tres ejemplares Prestige aparecida en 1990, realizada por Dave Gibbons y el gran y nunca suficientemente laureado Steve Rude, o algunas de las historias que Jeph Loeb, junto a EdMcGuinness o Carlos Pacheco, realizara en la serie regular Batman/Superman aparecida en 2003.






La última intentona de hacer relevante dicha cabecera fue en el año 2013, en la infausta etapa conocida como Los Nuevos 52. Los autores a cargo de la misma fueron el competente Greg Pak y el atmosférico Jae Lee. Pero Lee abandono pronto el barco y la serie, como los volúmenes anteriores fue languideciendo en las estanterías de las librerías especializadas.






¿Cómo volver a recuperar el espíritu de World’s Finest y hacerlo relevante y atractivo para las nuevas generaciones? Peter Tomasi, el guionista que ha conseguido triunfar con su revisitación del mejor Superman desde los tiempos de John Byrne, tiene la respuesta: Jon Kent y Damian Wayne.






Tomasi, junto al dibujante Patrick Gleason, tomó el relevo de la serie Batman y Robin, tras la marcha de Morrison de las series del murciélago y abrazó a Damian, creación de Morrison, convirtiéndolo en un memorable personaje, tanto junto a Dick Grayson, como junto a su padre, Bruce Wayne.






Lo mismo ha conseguido dicha pareja creativa con Jonathan Kent y su padre Clark, entregando otro memorable personaje que está en el mismo camino de aprendizaje que Damian. Y como sus padres tienen bastante de lo que preocuparse en sus series regulares centrales, el paso lógico era entregarles una serie para ellos solos, donde pudieran aprender, equivocarse y convertirse en los nuevos Batman y Superman.






Y eso hace Tomasi junto al dibujante Jorge Jiménez. Aventuras ligeras, que no intrascendentes, donde el guionista sigue construyendo grapas de 20 páginas que se leen con verdadero disfrute y donde el protagonismo de los dos jóvenes héroes queda perfectamente repartido, aunque Damian destaca sobremanera, convertido en esa réplica paródica de su propio padre, con guiños al Batman de la Lego Película.








Jorge Jiménez remata una colección que devuelve el sentido de la maravilla y el optimismo al universo DC, con un perfecto equilibrio entre humor, acción y sentimientos, demostrando que a estos nuevos iconos de DC, les queda mucho camino por recorrer.
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