4 de agosto de 2017

Spiderman: Homecoming. Correcto entretenimiento menor






















Tras muchos intentos y más de una década después, Marvel Studios consiguió traer de vuelta a su universo cinematográfico a su personaje más carismático, tras dos versiones y cinco películas donde Sony Pictures fue protagonista del auge y caída de una franquicia.

Y es que tras el batacazo crítico y la exigua taquilla que The Amazing Spiderman 2 consiguió tras su paso por los cines en el año 2014, Marvel Studios consiguió convencer a Sony para introducir a Spiderman en su universo cinemático en Capitán América: Civil War hace ya más de un año. El resultado, un nuevo Spiderman protagonizado por Tom Holland que maravilló a propios y extraños en su breve pero icónico aparición en la que puede ser la escena más famosa de la cinta dirigida por los hermanos Russo.



Pero ese era solo el primer paso de Marvel Studios, porque lo que de verdad querían era una película protagonizada por la creación de Lee y Ditko dentro de su exitoso universo cinematográfico. Misión conseguida. El resultado, un entretenimiento ligero, un blockbuster veraniego tan refrescante como olvidable.

El motivo, que aunque este Homecoming es una cinta disfrutable y entretenida -aunque le sobren unos 15-20 minutos- no consigue alcanzar los niveles de iconicidad de la trilogía Raimi en sus mejores momentos, e incluso no llega a alcanzar en escenas concretas, momentos tan conseguidos como el inicio de la fallida The Amazing Spiderman 2.



Marvel Studios ha ido a lo seguro, al patrón base de película Marvel sin autoría, para entregar un capítulo más de la saga-río que son las películas de Marvel Studios, que funciona bien mientras la ves, pero que no deja poso, porque parece que Disney/Marvel no tienen ningún interés en que sus películas sean recordadas una vez vistas.

Porque aunque Raimi fracasara estrepitosamente en la tercera entrega de su versión del personaje, no podemos negarle que su película inicial, aunque haya quedado algo anticuada, tenía momentos que se quedaban grabados en la retina del espectador, aún con ese horrible CGI primigenio del gran John Dykstra, como la primera vez que veíamos a Spiderman surcar los cielos de Nueva York, el primer beso entre Peter y Mary Jane o la excelente interpretación de Willem Dafoe como Norman Osborn.



Que decir de Spiderman 2, la hasta el momento mejor película del personaje, donde Raimi se imbuía de todo lo que hizo grande la etapa de Lee y Romita, e incluso en la horrible Spiderman 3 hay momentos para el recuerdo, como ese Hombre de Arena y su primer enfrentamiento entre este y Spiderman en el furgón blindado por las calles de Nueva York.

Hasta la equivocada en forma y fondo frustrada versión de Marc Webb tenía sus momentos, como la relación entre Gwen y Peter, la muerte de esta o el enfrentamiento entre Peter y El Lagarto en el instituto Midtown. Por supuesto, todo quedaba lastrado con esa obsesión de enrevesar a un personaje y un universo donde en la sencillez estaba su maestría y que tan bien supo representar Raimi en sus dos primeras entregas, sobre todo el dolor y la responsabilidad de de Peter para sobrevivir a la adolescencia y sus problemas económicos y sobre todo la culpa por la muerte de Tío Ben.



Y eso lo escamotean en esta nueva versión de Marvel Studios. Eso no quiere decir que veamos de nuevo la muerte de Tío Ben. Pero si es necesario que entendamos porqué Peter hace lo que hace con sus poderes. Y en cualquier versión es el sentimiento de culpa y responsabilidad por la muerte de Tío Ben. No porque quiere ser un Vengador.

Parece que a Marvel Studios le da miedo entrar en el drama y todo tiene que ser ligero y facilón. Y no se dan cuenta que la única manera de que los espectadores veamos algo más que unos muñecos que se pegan en la pantalla es que nos emocionemos con ellos. Y no, no es necesario, aunque tampoco es algo malo, el tono de las cintas de Snyder o de Nolan. 



Al final, Marvel entrega una película con un Spiderman magníficamente interpretado por Tom Holland, pero que evita la carga sentimental y dramática asociada al personaje en su ADN, por lo que tenemos un Spiderman incompleto. Un Spiderman que funciona, que entretiene, pero que no conmueve.

Por supuesto, Marvel moderniza al personaje para una nueva generación, cogiendo elementos del Ultimate Spiderman de Bendis, sobre todo de su nueva y magnífica reinterpretación afroamericana protagonizada por Miles Morales, sobre todo en ese sidekick sosias del Ganke del tebeo de Bendis. Y es en ese entorno realista y cotidiano donde la película tiene su mejor baza.



En cambio, la amenaza protagonizada por el gran Michael Keaton arranca con fuerza con un potente prólogo, pero se diluye a lo largo del filme, hasta que vuelve para redimirse en parte en el tercer acto del largometraje, donde Keaton puede desarrollar en parte, gracias a su talento, un algo desdibujado personaje para terminar la cinta con una pirotécnica batalla final que no consigue elevarse del nivel medio de cualquier blockbuster hollywodiense, palideciendo con la esa sí, magnífica escena del ascensor en el segundo acto del largo.

Resumiendo, Spiderman Homecoming nos entrega un carismático arácnido, donde el humor del personaje hace acto de presencia, pero su carga dramática y emocional queda ausente, renovando el personaje con un reparto de jóvenes rostros, pero que no consiguen hacer olvidar el icónico elenco de secundarios de la historia de Peter Parker, convirtiendo el largo más que en una película de Spiderman, en un spin-off de Los Vengadores, a la espera de la megasuperproducción, Vengadores La Guerra del Infinito.
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