28 de octubre de 2017

Del Neonomicón a Providence, del trabajo alimenticio a la obra total
























Es curioso como un trabajo que comenzó sirviendo solo para solucionar deudas impagadas, puede acabar convirtiéndose en un resumen de las inquietudes de toda una carrera. Algo así debe estar pensando Alan Moore al cerrar de manera cíclica el tercer volumen de Providence, su canto del cisne dentro de la reinterpretación del universo de Lovecraft, que realmente lleva haciendo desde el principio de su carrera.



Porque aunque su primer acercamiento directo a la obra de Lovecraft fuera en el año 1994 con el relato The Courtyard, adaptado posteriormente por Avatar Press en el año 2003, con guión adaptado de Antony Johnson y dibujos de Jacen Burrows, el universo del escritor nacido en Providence, a revoloteado alrededor de la obra de Moore desde sus orígenes, siendo claros ejemplos el parásito que anida en el pecho de Superman y que le hace vivir una realidad paralela en el relato "Para el Hombre que lo Tiene Todo", la criatura creada genéticamente por Ozymandias en Watchmen que da paso a un nuevo orden mundial en el climax de la obra fundacional del tebeo de superhéroes contemporáneo o su reinterpretación del terror clásico y de los tebeos de la editorial E.C. que fue su larga etapa al frente de La Cosa del Pantano, donde la América de los 80 es subyugada por todas aquellas cosas que no pueden ser nombradas.



Pero su inmersión absoluta en el universo puramente Lovecraftiano fue con la miniserie en cuatro partes llamada Neonomicón, publicada bajo el sello Avatar Press entre el año 2010 y 2011. Un trabajo puramente alimenticio en un principio para el escritor de Northampton, necesitado de una fuente de ingresos inmediata que le permitiera pagar una deuda con el fisco. En esta continuación de su relato The Courtyard, Moore, acompañado del dibujante con el que realizaría todo su ciclo Lovecraftiano, Jacen Burrows, entroncaría los conceptos del escritor en nuestro mundo contemporáneo, en un tebeo en apariencia de fácil consumo, donde Moore explotaría la casquería y la sexualidad implícita dentro de la obra del autor de "La Sombra Bajo Insmouth", para entregar un tebeo provocador y en apariencia menor dentro de su obra, que solo podría ser apreciado en toda su magnitud, con su precuela/secuela y gran trabajo del autor en los últimos 10 años, Providence.



Providence, una miniserie en 12 partes, publicada por Panini Comics en tres volúmenes recopilatorios en tapa dura, es posiblemente una de las grandes obras de la carrera de Moore. Un tebeo que aúna muchos de los conceptos diseminados a lo largo de más de 40 años de carrera, que es tan hermética como fascinante, tan magistral y abrumadora, como irregular en algunos pasajes.



Providence le sirve a Moore para situar en contexto lo acontecido en The Courtyard y Neonomicón, haciendo visible aquello que meramente era mencionado en dichos relatos, presentándonos a Robert Black, un periodista y pretendido escritor de finales de la segunda década del siglo XX ,que comienza a investigar el horror bajo la superficie del sueño americano, sirviéndole a Moore para desarrollar su tesis, no solo de la obra de Lovecraft, sino sobre la importancia de los mitos en la construcción de nuestra propia realidad y aunando toda la historia del pulp y su influencia en el siglo XX en un trabajo cuyo inicio y final se retroalimentan a si mismo, rematando la historia en el mismo punto cíclico, argumental y narrativamente, donde quedaba su clásico Watchmen.



Al igual que en Watchmen y posteriores obras como From Hell o La Liga de los Hombres Extraordinarios, Moore parcela su narración entre relato gráfico y relato literario, siendo este último, al igual que en los ejemplos anteriores, una manera de dar más información, profundidad y en algunos casos contraste, de aquello que hemos sido testigos en la narración gráfica. El problema, que el relato literario, una representación del diario de nuestro protagonista, Robert Black, es en algunos momentos excesivamente redundante con aquello que nos han mostrado previamente las imágenes.



Pero quitando ese exceso de ego propio de Moore, la experiencia de leer de manera continua Providence y sus relatos previos The Courtyard y Neonomicón -estos dos últimos recopilados también por Panini Comics en un volumen llamado Neonomicón- es abrumadora, fascinante e inmersiva, como la gran mayoría de las obras capitales de Alan Moore, obras que necesitan de un estado de ánimo especial, de una predisposición por parte del lector para adentrarse ante un trabajo que una sola lectura no es suficiente para asimilar todos los conceptos que Moore traslada a través de la estructura cerrada de una obra plasmada con acierto por un Jacen Burrows, que sin ser santo de mi devoción, entrega un más que estimable trabajo, sabiendo transmitir la sensación de tensión constante y mundos de otros mundos que Moore arroja a través de sus palabras.



En definitiva, una obra capital de Alan Moore, un trabajo que comenzó como un encargo y que Moore ha convertido en una de sus obras más personales. Un homenaje y reinterpretación de un autor capital de la historia de la ficción del siglo XX, que sirve, como todas las buenas obras de arte, para servir de reflejo del mundo en el que vivimos.

1 comentario:

  1. Tengo muchas ganas de poner el ojo encima de esta obra.........interesante parece quedarse corto para describirla.
    Un saludo

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