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21 de enero de 2019

Glass de M. Night Shyamalan: Oda y coda a la magia de la cuatricomía






















Tan a contracorriente como lo fue El protegido hace casi dos décadas, llega el final de la trilogía superheróica de Shyamalan con Glass. Una película espejo y reflejo invertido de El protegido, donde la cuatricomía invade el celuloide, los arquetipos se hacen presentes en un mundo que ha perdido su escala de grises, hasta que la fusión de universos contrapuestos -y que en la puesta en escena se hace evidente con la integración del tono y el estilo de Múltiple en el universo de El protegido- convierten a la película, en un primer momento, en un homenaje crepuscular a los tebeos de la silver age, para a continuación transformarse en una representación crítica sobre el afán por racionalizar universos de ficción, dando lugar en su conclusión a una oda a la libertad creativa y a la fantasía del lado de unos seres tan pluscuamperfectos como imperfectos a los que las normas de lo racional no se les aplican y donde se coloca el propio Shyamalan. 






Si el cine de Shyamalan en su conjunto es un salto de fé continuo, tanto para sus personajes como para sus espectadores, aquí dicho salto de fé es cuántico, porque lo que se supone final de trilogía es de nuevo un mcguffin de proporciones cósmicas que consigue rematar con verdadera brillantez y emotividad el inicio de una saga arrancada hace 20 años. Y aunque algo saturada de Kevin Crumb y sus más de veinte personalidades en detrimento de Elijah Snow y David Dunn y la añoranza del score de James Newton Howard -aunque suenen fragmentos de El protegido y el compositor West Dylan Thordson entregue un trabajo más que estimable- Glass arranca abrazando el fantástico, recorriendo el camino inverso de El protegido y las particulares travesías por el desierto de su trío protagonista, sirviéndole al director para desarrollar de nuevo su amor incondicional y su conocimiento de los códigos y motivos del subgénero, confrontándolo con la mirada más acerada y cruda del cineasta desde su reivindicable El incidente. 






Entre medias, Shyamalan habla de legados, de la confrontación de tonos, estilos y discurso de un medio y una sociedad en un siglo casi de historia y demostrando como las nuevas, extenuantes y abrumadoras maneras de comunicación social y digital -discurso vislumbrado ya en La visita- se expanden tan rápido y de manera tan inmediata como la infección de la naturaleza en la ya mencionada El Incidente. Todo ello en un metraje que oscila entre lo camp, lo estilizado y lo complejo, metáfora de las fuerzas en conflicto en la narración, da como resultado una obra que merece más de un visionado para apreciar sus capas de significado, tan diferente, revolucionaria y alejada de las modas imperantes como lo fue su primera entrega. Cine de género donde lo extraño y lo inusual no necesita de cortapisas y conclusiones racionales, sino del poder de la creencia como elemento fundamental para transformar la realidad

14 de febrero de 2011

"La Trampa del Mal" y "Happythankyoumoreplease". Sesión doble


La Trampa del Mal de John Erick Dowdell (Devil, 2010).

Vendida por el nombre de M. Night Shyamalan (si eso es ahora una garantía de "calidad", tras los fiascos de "El Incidente" y "Airbender"), que únicamente es el originador de la historia, es una terrible película supuestamente de terror, en la que 5 individuos se quedan encerrados dentro de un ascensor y uno de ellos es el diablo. De limitado metraje y limitada inventiva, la segunda película de John Erick Dowdle (primera realmente para el gran público, ya que su excelente "The Poughkeepsie Tapes" nunca ha sido estrenada en salas comerciales) es un desastre sin paliativos. Personajes planos, poco interesantes y una premisa correcta mal no, fatal llevada. No da miedo, no da angustia, no interesa. Mala de narices.


Happythankyoumoreplease de Josh Radnor (2010).

La ópera prima como director, guionista y actor del televisivo Josh Radnor (Ted Mosby, en la excelente comedia "How I Met Your Mother", es otro ejemplo de la hipocresía e inutilidad de ese "género" que es la comedia indie. El resultado, una película inane que no aporta nada nuevo, no cuenta nada interesante más que simples anécdotas y que necesita de una historia coral (4 historias en paralelo), para llenar escasos 90 minutos repletos de diálogos mil y una vez vistos, para contarnos los problemas existenciales de unos cuantos treintañeros neoyorkinos que no saben que hacer con su vida. Radnor, no todos podemos ser Woody Allen.

14 de agosto de 2010

Airbender El Último Guerrero de M. Night Shyamalan. Reseña de actualidad.



Airbender El Último Guerrero de M. Night Shyamalan (The Last Airbender, 2010).

Hace una semana ha llegado a nuestro país la última película del muy personal y polémico director de origen indio M. Night Shyamalan, precedida por unas horribles críticas desde el otro lado del charco, donde la prensa americana se ha ensañado con un director al que se le tiene ganas desde hace tiempo (su prepotencia ha hecho también que se lo haya ganado a pulso) pero que aun en sus momentos más bajos ha demostrado una coherencia interna digna de elogio.



Y dos años después de su insufrible y horrible último trabajo, "El Incidente", nos llega una película completamente diferente de lo que Shyamalan nos tiene acostumbrados. Para empezar es la primera vez que trabaja a partir de un material que le es ajeno, en esta ocasión, la adaptación de una serie de animación del año 2006 producida por la cadena norteamericana Nickelodeon y que tuvo un recibimiento de crítica y público asombroso. La segunda diferencia con el resto de su filmografía es que por primera vez se encarga de un filme para todos los públicos y se adentra en el género de la fantasía a gran escala y el blockbuster de gran presupuesto, porque aunque el resto de sus trabajos han sido grandes éxitos de taquilla (salvo excepciones como La Joven del Agua) han sido películas de género fantástico muy pequeñas tanto en presupuesto, como en escala y número de personajes, en definitiva, películas muy íntimas.



La reacción que me ha acompañado a lo largo de la proyección del filme y tras su visionado es el de una película fallida, pero con grandes momentos. No es posible hablar de Airbender como de un fiasco total, porque hay varios elementos que sobresalen por encima de la media de lo realizado en la actualidad, pero si se puede hablar de una oportunidad perdida.



El material del que parte Shyamalan es muy jugoso, un material que podría haberse convertido para el cineasta en lo que fue Star Wars para George Lucas, El Señor de los Anillos para Peter Jackson o Matrix para los hermanos Wachowsky. Pero no lo consigue. Hay grandes aciertos en el largometraje: la elegancia en la dirección,  planos innovadores, un más que bueno diseño de producción, una gloriosa banda sonora del gran James Newton Howard, colaborador fiel de Shyamalan y que nos ha entregado algunas de las mejores bandas sonoras de los últimos años, unos efectos visuales de ILM verdaderamente sublimes y unas escenas de acción elegantes, bien planificadas y ejecutadas. ¿Pero qué es lo que falla?



Pues el que falla es Shyamalan por varios motivos y en aspectos sobre todo que son fundamentales: la estructura del guión, la elección de los actores y el ritmo de la película. El guión no funciona, porque Shyamalan no está acostumbrado a contar historias de esta magnitud, él está acostumbrado a historias más pequeñas con dos o tres a lo sumo, personajes principales. En esta ocasión tiene un universo demasiado extenso, con una gran carga de mitología y muchos personajes que no sabe que hacer con ellos y que aparecen y desaparecen del filme de una manera un tanto brusca. No ayuda tampoco un montaje que parece estar hecho a hachazos donde los personajes salen y entran de diferentes escenarios sin saber como han llegado allí, pareciendo la película un resumen o trailer de una película que está por venir. Curiosamente es una película corta, 105 minutos, que se hace excesivamente larga, pero que en todo momento está pidiendo más metraje para poder desarrollar la historia y las relaciones de los personajes.



Pero el defecto más grande del filme son sus actores, sobre todo su trío protagonista que son de juzgado de guardia, sobre todo la parejita de hermanos que son para matarlos. Toda escena en la que los personajes mantienen una conversación o algo parecido son eternas y sin ningún tipo de emoción. El caso más flagrante son las escenas en las que se cuenta la mitología de este universo que se hace tan interesante como si alguien te leyera al completo el listín telefónico de las Páginas Amarillas.



Por lo que la sensación final que queda en el espectador es el de un espectáculo visual impresionante, pero aburrido en muchos tramos y sin ninguna emoción y sentimiento. Se nota en cada plano que Shyamalan ha dado todo pero que ha pinchado, que su estilo no está acorde a una producción de estas características. Una decepción y una pena, pero tampoco la bazofia que se está diciendo que es ni de lejos. Un filme fallido.
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