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18 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio 6: El Retorno del Jedi. Decepcionante final de trilogía


































Me parece sorprendente e inaudito comprobar cada vez que revisito la saga de Lucas y llego al episodio VI, como los seguidores cargan contra las precuelas con un salvajismo digno de un linchamiento y en cambio aprueban con tibieza un capítulo tan mediocre y poco inspirado como este Retorno del Jedi que nos ocupa.

Porque digámoslo sin miedo, El Retorno del Jedi es una película tan poco lograda como lo puede ser La Amenaza Fantasma, quizás con momentos puntuales mucho más logrados que el primer capítulo de las precuelas pero igualmente insatisfactorio dentro del conjunto de la saga, no como buen cine de entretenimiento.



Si Lucas acertó entregándole las riendas de la secuela a Irvin Kershner, que potenció y aumentó los logros conseguidos por Lucas en la obra original, aquí el director elegido, el malogrado Richard Marquand, está completamente como pez fuera del agua, en una película que Lucas tuvo que intervenir tanto en el rodaje como en la post-producción para poder salvarla, como bien cuenta el imprescindible libro The Making of The Return of The Jedi de J.W. Rinzler, un libro al igual que sus predecesores, imprescindible y completamente disfrutable para todo fan que quiera indagar en el proceso de creación de la trilogía original.



En primer lugar, Marquand no está preparado para trabajar con unos efectos especiales revolucionarios para la época, por lo que la obra es la que peor ha envejecido de las tres originales, demostrado en la cantidad de insertos y arreglos digitales en su mayoría desafortunados que Lucas acometió en 1997, 2004 y 2011 respectivamente.

Pero lo peor no solo es eso, sino que también es el peor Star Wars visualmente hablando. Todo lo que nos presentan ya está visto en anteriores entregas y el único nuevo planeta que aparece, Endor, es de una pobreza visual inaudita para una saga que nos había hecho volar. Lo mismo decir del trabajo de fotografía del largometraje, falto de una unidad, no solo en el filme como conjunto, sino en una misma escena que parece haber sido fotografiada deprisa, corriendo y mal, sobre todo en la parte del bosque de Endor, acercando a la saga a los abismos de la serie B apresurada, tanto en forma con en fondo.



Porque tampoco el guión de este cierre de saga se salva de la criba. Porque exceptuando el genial pero excesivamente largo prólogo en el palacio de Jabba y el enfrentamiento final entre Luke, Vader y El Emperador -esto si, entre lo mejor de las seis películas- el resto es de un rutinario y previsible que echa para atrás.

El motivo, que exceptuando Luke y Vader, el resto del reparto no solo no evoluciona, sino que involuciona. Han Solo sobre todo está a verlas venir y nada queda del socarrón mercenario de anteriores entregas. Aquí el personaje nada tiene que hacer y su destino es ser mero comparsa de unos osos de peluches que adoré en mi infancia, pero que ahora convierten el visionado de su historia en una tortura, no por estar dirigidos al público infantil, sino por la pobreza de su arco. Lo mismo para Leia, Chewbacca, R2D2 y C3PO. Nada tienen que hacer aparte de aparecer porque el fan de la saga los reclama, pero Lucas no sabe que hacer con ellos.



Y el motivo es otro error de gran calibre, poner a los mandos del Halcón Milenario a Lando Calrissian. Porque la batalla contra la Estrella de la Muerte, la mejor batalla en términos narrativos y visuales de toda la saga, queda lastrada porque quien pilota la aeronave no nos importa lo más mínimo, ya que quien debía haber pilotado esa nave eran Han y Chewie y seguramente alguno de ello o los dos, morir en el intento, como Harrison Ford le pidió a Lucas encarecidamente durante la preparación del filme.



Por lo que al final de una finale con tres frentes abiertos, nos quedamos con uno magistral, otro visualmente apabullante pero falto de garra dramática y un último frente pobre tanto en el aspecto visual como en el narrativo. Por supuesto que este capítulo tiene sus puntos positivos, en especial ese Emperador interpretado por Ian McDiarmid que roba la pantalla en cada una de sus apariciones al igual que en las precuelas o el palacio de Jabba, pero que no es suficiente para un episodio que tenía que haber dejado sin respiro a los seguidores de la misma.



En definitiva, un episodio perezoso y desganado -¿en serio otra vez una Estrella de la Muerte?- que cierra la saga de manera irregular pero que por supuesto tiene momentos dignos del universo creado por Lucas.

17 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio 5: El Imperio Contraataca. La perfección hecha secuela


































Las secuelas de una película amada siempre son un arma de doble filo. Sabes que aquellos que adoran el material original van a ir corriendo a ver la continuación, pero también sabes que las expectativas son muy difíciles de llevar a buen puerto, no importa lo bueno que sea el material que vas a entregar. Y eso pasaba con este Imperio Contraataca, secuela de Star Wars y capítulo intermedio de una historia que terminaría en El Retorno del Jedi.

¿Qué podía entregar Lucas que no solo estuviera a la altura de las sensaciones que había originado el original y que no sonara a refrito o ya visto? Pues entregar una secuela que desafiara todas las expectativas y que no se pareciera al original ni en forma ni en fondo.



Lo primero que hizo Lucas fue abandonar la silla de director que tantas agonías le había traído rodando la película original. Además, el creador estaba montando su propio estudio de efectos especiales y además era la primera vez que se autofinanció la película por si mismo, para no tener ningún control sobre los ejecutivos de los estudios que siempre han sido cerrados de miras y posiblemente esperaban que Lucas les entregara un producto muy similar al ya realizado.

Lucas puso como director a un antiguo profesor suyo de cinematografía, Irvin Kershner, que aportó a la saga un estilo elegante y funcional y una mejor dirección de actores, algo que sabía Lucas que no era su fuerte. Y aunque la historia seguía siendo cien por cien made in George Lucas, colaboró con dos guionistas, la fallecida escritora de ciencia ficción Leigh Bracket, pero sobre todo con Lawrence Kasdan, un guionista que ofreció a la saga los diálogos más acerados y brillantes que ha tenido en toda su historia.



Porque Kasdan lo que le entregó a la saga fue la fusión entre los seriales de Republic con el ritmo endiablado de unos diálogos de la época dorada de la comedia americana de los años 40, reflejada en una relación de amor y odio absolutamente brillante entre Han Solo y la Princesa Leia. Porque los personajes en manos de Kershner y los diálogos de Kasdan, respiraban, sentían y vibraban en la pantalla.



Han Solo se humanizaba sin perder sus mejores aspectos de caradura y superviviente, Leia se convertía en una mujer de armas tomar pero con sentimientos muy humanos y Luke Skywalker dejaba a un lado sus aspectos más naives, en un camino a la madurez poblado de sorpresas, traiciones y mucho dolor.

Porque ahora parece lo típico de toda secuela que se precie y que por supuesto se compara con este Imperio Contraataca, y es que los personajes y la historia en este momento se tiene que poner muy pero que muy difícil para nuestros protagonistas. Tienen que sufrir, equivocarse, para que el destino final sea merecido. Y por supuesto, un capítulo intermedio tiene que tener unos cliffhangers de aupa para dejar al fan enganchado para saber como termina la historia.



Y esta película los tiene con creces. Han Solo congelado en carbonita y llevado a un destino incierto en manos de Jabba el Hutt, Luke enfrentado a la terrible verdad de la revelación de Darth Vader y unos héroes que parece que han sido vencidos por el mal pero que aun tienen la fuerza para superar los baches y enfrentarse a una última batalla en apariencia definitiva.



Pero la película no solo es eso, sino que ofreció la gran mayoría de elementos que hicieron que Star Wars fuera algo más que un entretenimiento excelente. Creó una mitología y unos personajes que han traspasado fronteras, añadiendo al reparto, personajes tan importantes para la saga como Yoda, excepcional creación de Jim Henson que Frank Oz le dio vida, convirtiendo el entrenamiento de Luke en el elemento seminal de la saga. O la presentación de un Emperador Palpatine que aquí todavía es una mera sombra que será mostrada en el capítulo final. O la presentación en sociedad del cazarrecompensas más famoso de la historia, Boba Fett, que con dos líneas de diálogo hizo soñar a toda una generación.



En definitiva, la película más redonda de la saga. Una obra perfecta de dirección, guión e interpretaciones, unida a un apartado técnico que mejoró lo inmejorable y que treinta y cinco años después sigue siendo igual de moderna y fresca, realzada por las notas del maestro Williams que volvió a crear nuevos e icónicos temas como la marcha imperial para el imaginario colectivo. Si Star Wars fue la película que hizo que nos gustara Star Wars, el Imperio Contraataca fue la que nos enamoró.

16 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio 4: Una Nueva Esperanza. Algo más que una película































No concibo un mundo sin Star Wars. Porque desde que tengo uso de razón, la saga de George Lucas ha estado en mi vida, de un modo u otro. Tenía 2 años cuando se estrenó La Guerra de las Galaxias y siendo fan y antes de ello, el universo y los personajes han estado alrededor mío toda la vida. Luke Skywalker, Han Solo, la Princesa Leia, Chewbacca, C3PO, R2D2 y por supuesto Darth Vader son parte de mi imaginario y del imaginario colectivo.



Por lo que intentar aproximarme a una película que cambió la manera de entender el cine y que casi 40 años después siga siendo igual de relevante es materia de estudio social y cultural. Porque pocas cosas culturalmente hablando han unido a distintas generaciones, culturas y clases sociales. Y George Lucas lo logró con una película que todo el mundo infravaloraba antes de su estreno y que después de él todos han querido imitar de una manera u otra sin suerte.

Y todo comenzó con Star Wars, renombrada Episodio IV Una Nueva Esperanza cuando Lucas se dio cuenta que su idea de locos, vilipendiada por muchos, era un éxito sin precedentes que sobrepasaba las fronteras de lo cinematográfico. Una obra que supo aunar los gustos de Lucas y de una generación de aficionados a los por entonces géneros menores como la space opera, las matinees de bajo presupuesto de Republic de los años 30 y 40 y los cómics, potenciada por el viaje del héroe de Joseph Campbell y barnizada en un empaque tecnológico y visual del que solo había sido capaz hasta el momento Stanley Kubrick con 2001.



Pero las pretensiones de Lucas eran mucho menores que las de Kubrick. Lucas no quería elucubrar sobre los orígenes de la humanidad, filosofar sobre el sentido de la vida, la evolución del hombre o la búsqueda de un Dios ausente, sino algo mucho más superficial e igualmente importante y profundo: Dotar de unos nuevos mitos a la gente de los años 70, una década donde la crisis económica del año 73 y las revueltas sociales de una población que había quedado desencantada de la manera en la que el mundo se manejaba y que sirvió de inspiración para ese Imperio opresor y autoritario, habían dejado a la población necesitada de héroes, luz e inspiración. Y eso es lo que les aportó Lucas.

Porque el director autor de obras tan lejanas en forma y fondo a su saga galáctica como THX-1138 o American Graffiti, aunó su gusto por los mencionados seriales de Republic de Flash Gordon, su gusto por lo oriental y la filosofía samurai cuyo máximo exponente es La Fortaleza Escondida de Kurosawa y los cómics de Metal Hurlant, en especial obras como el Valerian de Mezieres o el Cody Starbuck de Chaykin, para crear una obra multigenérica, original y diferente a lo que ofrecía el trascendente Hollywood de por aquel entonces.



Por ello es difícil valorar la película como un ente aparte, 38 años después. Porque no es la mejor película del mundo, pero es la precursora de una manera de hacer y entender el cine, no solo como blockbuster multimillonario, sino en la influencia que aportó no solo a los aficionados, sino también a una legión de futuros directores y artistas de la cultura popular que vivieron un antes y un después tras su visionado.

Una Nueva Esperanza no es el mejor capítulo de la saga. Vista ahora reafirma que aunque Lucas podía tener un esbozo ambicioso de nueve largometrajes del que este era el cuarto, es una película autocontenida en si misma, que no necesita de las otras para ser disfrutada, ya que tiene un inicio, nudo y desenlace perfectamente satisfactorio si no existieran el resto de capítulos de la saga, pero que se engrandece con el resto de las mismas.



Desde el minuto uno, el sense of wonder captura la imaginación y las retinas de los espectadores con ese destructor imperial que parece no tener fin, persiguiendo a una pequeña nave en la inmensidad del espacio exterior. Pero las maravillas no cesan, porque poco después conoceremos a la pareja de androides más icónica y divertida de la historia del cine, a la princesa por antonomasia del mismo y al villano por excelencia, Darth Vader, cuya visión del mismo cambia vistas en su momento o tras el visionado de las precuelas.

Lucas inmediatamente nos traslada a Tatooine, un planeta desértico en el borde de la galaxia, con aroma de western, donde conoceremos a nuestro idealista héroe, un granjero llamado Luke Skywalker que será los ojos del espectador en el mundo que se abre a sus pies. Un mundo donde conocerá a un viejo maestro que expandirá aún más su imaginación y la de los espectadores con el mejor uso del background jamás hecho, cuando Obi Wan Kenobi nos cuenta todo lo relacionado con la Vieja República, los Jedis, el Imperio y Anakin Skywalker, abriendo nuestras mentes de niños a una historia milenaria que nos hizo soñar hasta el infinito y más allá en esas interminables tardes con los muñecos de la marca Kenner. Por supuesto, con ese listón inalcanzable era imposible que Lucas consiguiera con las precuelas llegar a alcanzar las inalcanzables cotas utópicas de los sueños de unos niños convertidos en adultos.



La película tarda poco en presentarnos a dos personajes, sobre todo uno, que es con quien se identificará el espectador más maduro, Han Solo, un mercenario buscavidas que no tiene donde caerse muerto, pero que derrocha personalidad por todos los poros de su piel y su fiel compañero Chewbaca, un wookie que habla a través de gruñidos.

Y la grandeza de Lucas es que todo aquello que sobre el papel haría arquear más de una ceja a productores y estudios de Hollywood hace que funcione, que sea creíble, que sea real. Todo ello gracias a una historia en la que Lucas creía con fé ciega, a un guión sencillo pero tremendamente efectivo donde las líneas entre el bien y el mal están perfectamente definidas y donde el diseño de producción y los avances de unos efectos especiales jamás vistos, realzados por la mejor banda sonora de la historia cine, consigue que la suma de todo sea mejor que sus partes.



Podría seguir escribiendo párrafos y párrafos acerca de esta película. Pero en algún momento tengo que acabar. En resumen, la película más importante de la historia del cine, no la mejor, ni dentro de la propia saga, pero cuya importancia dentro de la historia del entretenimiento y culturalmente no ha sido sobrepasado por ninguna obra de entretenimiento popular antes o después. Solo por esto habría que darle gracias eternas a un creador excepcional que tuvo el detalle de compartir con todos nosotros su sueño.

15 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio 3: La Venganza de los Sith. El capítulo más dramático de la saga































Tras dos episodios diferentes y arriesgados repletos de aciertos pero solo recordados por detalles menores que ahogaron la recepción final, Lucas entregó el final de esta trilogía de precuelas sin distanciarse ni un ápice de su visión original, aunque el fandom le reclamara a gritos que realizara las películas que ellos querían ver.

Y si se le acusó de infantilización y ñoñería a lo largo de los capítulos previos, Lucas entregó el que quizás sea el episodio más oscuro y descarnado, un relato donde el mal vence definitivamente y los héroes son vapuleados y arrastrados a una oscuridad de la que parece muy difícil salir.



Pero Lucas lo hace sin dejar de lado el entretenimiento y la épica en una película que a lo largo de sus más de dos horas de metraje que se hacen cortas, nos adentra comenzando con el final de las guerras clon y la caída final de Anakin en las tinieblas de su alma.

Cierto es que la escena en la que Anakin da el paso definitivo para convertirse en el siervo de un Palpatine que ya no necesita de mascaradas para tomar el poder, es de lejos la escena más decepcionante de todas las precuelas, no por lo que cuenta y como lo cuenta, sino por la premura tras la muerte de Mace Windu y el sometimiento de un Anakin Skywalker sumido en unas premoniciones que provocará al someterse al lado oscuro de la fuerza.



Porque el camino de Anakin del lado de la Fuerza al lado oscuro no comienza y acaba en dicha escena, sino que es un camino que el personaje ha ido recorriendo desde el Episodio 2 y que aquí poco a poco va oscureciendo su alma con el asesinato del Conde Dooku- magnífica escena espejo con el enfrentamiento de Luke con su padre al final del Episodio 6- y la obsesión por el trágico destino de Padme que el acaba provocando.



Anakin, un títere de un senador que se ha convertido en una siniestra pero confortable figura paterna, se encuentra entre dos mundos, apoyar a un consejo Jedi que le menosprecia y que no quiere perder su cómodo lugar en la República o aliarse con Palpatine que le ofrece el caramelo envenenado de proteger todo aquello que quiere.

De nuevo Lucas juega con las expectativas de unos espectadores que tenían una visión idealizada de unos Jedis que son tan culpables como Anakin de la caída de la República y el resurgir del Imperio. Unos títeres también de un Palpatine que conoce muy bien las debilidades una democracia que se ha acomodado y que en el fondo se merece su caída a los infiernos.



Durante la primera hora, Lucas entrega una de las mejores batallas espaciales de la saga, los mejores y más interesantes momentos de una Padme y un Anakin cuyo amor se resquebraja y donde los algo bochornosos diálogos entre enamorados del episodio anterior, dan paso a la desolación, la duda y la traición, introduciendo en la pareja un tercer elemento, Obi Wan Kenobi, que desestabilizará del todo a un Anakin devorado por el demonio de los celos y que entrega dos desgarradoras escenas, la primera, la despedida de Obi Wan de Amidala y el enfrentamiento verbal de los antiguos amigos antes de su combate final en el terreno volcánico de Mustafar, metáfora visual de lo que bulle en el antiguo elegido de la Fuerza.



Y si la última hora es una verdadera tour de force para el fan de la saga, con los greatest hits que todos queríamos ver en las precuelas - destacando el final de los Jedi a manos del ejército clon o el enfrentamiento entre Palpatine y Yoda en los restos de un Senado que ha perdido toda su función-, la primera hora del largometraje le sirve para terminar de manera muy digna con el villano de la anterior entrega y presentarnos a un nuevo villano para el panteón de la saga, el General Grievous, predecesor de Darth Vader y némesis que entrega uno de los mejores momentos de la precuela, su batalla final con Obi Wan Kenobi en Utapau, una escena de acción de ritmo y montaje frenético que se encuentra entre los mejores momentos de la saga.



Por supuesto esta ópera visual termina con una media hora de infarto donde vemos la conversión de Anakin en Darth Vader en una sala de operaciones salida del Asilo Arkham, el nacimiento de los gémelos Luke y Leia y la trágica muerte de Padme, más punzante si cabe y desgarradora con ese emotivo entierro en Naboo donde porta el amuleto que un inocente Anakin le entregaba en Tatooine, en una época y un tiempo más inocente y sencillo, cerrando el círculo de manera grandiosa.



Pero no todo podía ser oscuridad y desesperanza y Lucas remata su obra con un epílogo cargado de emotividad y nostalgia, entregando Obi Wan a Luke a sus tíos en Tatooine con ese plano final de los Lars mirando hacia el horizonte de Tatooine y emplazándonos a ver de nuevo con una nueva mirada los tres capítulos originales cuya percepción ha cambiado tras una trilogía arriesgada e incomprendida que el paso de los años y nuevas generaciones no sometidas a la dictadura de la nostalgia mal entendida, pondrá en el sitio que se merecen.

14 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio 2: El Ataque de los Clones. El capítulo más arriesgado y bello de la saga

































Tres años después de la llegada del Episodio 1, el Ataque de los Clones aterrizó en los cines. En esos tres años y gracias a los avances en la técnica propiciados por la Amenaza Fantasma - campo de pruebas del nuevo cine digital que cambiaría la manera de hacer cine en el siglo XXI - Lucas se sentía mucho más cómodo para poder plasmar las imágenes que su cerebro imaginaba y que la técnica había lastrado en su visión de la trilogía original.



Lo primero que hizo Lucas fue corregir los errores de su primera nueva entrega, quitando de la ecuación a la diseñadora Terryl Whitlacht, artífice de los diseños menos conseguidos del episodio 1, mantuvo a Doug Chiang e Ian McCaig y se trajo a una nueva terna de diseñadores como Ryan Church o Erik Tiemens, que fueron los artífices de que El Ataque de los Clones sea posiblemente el Star Wars más bello jamás hecho.

La película comienza 10 años después de lo acontecido al final de La Amenaza Fantasma y ya en la primera escena vemos como la alegría e inocencia de la anterior entrega ha dado paso a un clima ominoso representado en ese atentado hacia Amidala, ahora senadora de Naboo al llegar a Coruscant.



Y si el tono de la primera entrega fue infantil, porque el punto de vista de la historia era de el un Anakin niño, aquí la visión es adolescente, el de un adolescente que descubre el amor y los sentimientos de golpe, con todo lo que aquello conlleva. Y aquí es donde esta película se llevó los mayores ataques, en la historia de amor entre un Anakin adolescente y Amidala.

El primer foco del odio en este largometraje fue la elección de un desconocido Hayden Christiansen como Anakin Skywalker. Y no por culpa del buen hacer del joven actor, con una interpretación bien llevada en momentos difíciles como la muerte y entierro de su madre o esa revelación ominosa ante Amidala -acentuado por las notas del tema de Darth Vader- del exterminio de un poblado completo de Moradores de las Arenas.



Los fans reaccionaron furibundamente ante un Anakin Skywalker que no era el que ellos creían que era. Un Anakin que se había vendido como un héroe inmaculado y perfecto, pero que aquí Lucas nos descubre lleno de dudas, resentimientos y miedos. Una aproximación al personaje mucho más interesante y creíble para su posterior transformación, pero que chocó con las iras de un fandom que esperaban un calco de la inocencia y digámoslo claro, estupidez de un Luke Skywalker que abraza la Fuerza sin duda alguna y sin demonios internos.

Cierto es que la aproximación al romance, sobre todo en los diálogos es en algunos casos pueril y de otra época. Pero parece que se nos olvida a todos que Star Wars no es, ni más ni menos, que una modernización y actualización de los matinees de los años 30 de Flash Gordon y demás héroes de space opera.... y todos sabemos que aquellos personajes tampoco eran el colmo de la profundidad.



Porque el gran problema del romance no es lo que dice y como lo desarrolla, sino que está integrado dentro de un capítulo repleto de contenido y múltiples tramas, lo que obligó a Lucas a cortar unas escenas que creo fundamentales para hacer más creíble la relación entre los dos amantes, como las que ocurrían en Naboo en casa de los padres de Amidala, donde los personajes y sus sentimientos se humanizaban mucho más.

Pero si Jar Jar fue el punto del odio en la Amenaza Fantasma, en este Ataque de los Clones lo fue la historia de amor. Una historia de amor que dura en todo el filme unos escasos 15-20 minutos, dejando 2 horas de absoluto y tremendo espectáculo. Dos horas donde Lucas lleva a los espectadores a rincones jamás vistos del universo Star Wars, con planetas tan espectaculares y bellos como Kamino, el planeta de los clonadores o Geonosis, donde se libra la primera y brutal primera batalla de las Guerras Clon, primer paso para el fin de la República.



Entre tanto paraje espectacular y planos icónicos como la despedida en Tatooine entre Amidala y Anakin antes de que este vaya en busca de su madre -demostrando el talento de Lucas como director- la película sorprende con acontecimientos que no te esperas, como el origen de las tropas de asalto del Imperio, un Caballo de Troya perfecto para que Palpatine tome el control de la República en el siguiente episodio.

Pero Lucas no contento con expandir el universo Star Wars hasta límites insospechados, entregar un clímax final que homenajea a los monstruos de Harryhausen o aportar una visión retorcida y paralela del épico momento entre Luke y Vader en episodio V, acerca a la saga a géneros jamás vistos en la misma, como el género detectivesco con ese Obi Wan a la busca del cazarrecompensas.



En definitiva, una película que resume en 2 horas lo mejor de este universo. Amor, miedo, traición, bellos parajes, escenas de acción que quitan el hipo, efectos especiales llevados al límite, pura aventura, el origen del Imperio, el enfrentamiento de Yoda con Dooku, la boda de Anakin y Amidala, los primeros pasos de Anakin en el lado Oscuro, Jango y Bobba Fett, nuevos mundos y nuevas posibilidades. Si esto no es lo mejor que puede dar el universo de Lucas, que venga Dios y lo vea.














13 de diciembre de 2015

Star Wars Episodio 1: La Amenaza Fantasma. Irregular pero disfrutable regreso de Lucas a su trilogía galáctica


































El regreso de Lucas a su afamada trilogía galáctica en el año 1999, 16 años después del estreno de El Retorno del Jedi, fue tanto o más esperada que el nuevo episodio dirigido por J.J. Abrams a estrenar el viernes que viene. Hordas de fans esperaban LA PELÍCULA -con mayúsculas-, el sueño febril de millones de aficionados que habían imaginado aquello que los personajes de la trilogía original habían mencionado como background de los acontecimientos ocurridos en los episodios IV-VI, en una época que las precuelas no estaban a la orden del día.




Tarea difícil para un creador cuya obra le había sobrepasado y que los fans habían hecho suya, creyendo tener el poder de dictar el transcurso de la misma, como si les perteneciera. Todos ellos, entre los que me incluyo, teníamos una imagen mental, utópica y realmente no estructurada de lo que creíamos que debía ofrecernos Lucas. Y la palabra "debía" no la uso por usar, sino porque en vista del recibimiento que tuvieron y los ataques viscerales y absolutamente desproporcionados que recibió George Lucas y que 16 años después no han dejado de crecer, parece que Lucas tenía que hacer aquello que sus fans dictaran, como si él ya no tuviera la potestad de decidir y saber que es lo que ocurrió antes de Una Nueva Esperanza.

Cierto es que La Amenaza Fantasma, fuera ya de expectativas imposibles (veremos que ocurre con Episodio VII, porque está volviendo a ocurrir lo mismo) demuestra que Lucas está algo oxidado como director y guionista en este episodio génesis. Y es que lo que quiere contar Lucas en esta nueva trilogía es mucho, pero muchísimo más ambicioso que lo ocurrido en la trilogía original.



Para empezar, porque el periodo de tiempo que transcurre en esta nueva trilogía son 14 años, en contraposición con la trilogía original, donde el periodo de tiempo es de 4. El contexto social y político de la República antes del Imperio es mucho más complejo que la batalla entre héroes y villanos, representado por La Alianza Rebelde y El Imperio respectivamente. Además de que si en la trilogía original los blancos y negros están muy bien representados, los grises es lo que predomina en las precuelas. Palpatine por supuesto es el mal absoluto y La Amenaza Fantasma del título, pero la República y los Jedis no son el bien absoluto, los primeros, porque se han convertido en unos políticos muy cercanos a los que tenemos que padecer en nuestro día a día y los segundos, porque se han apoltronado en unos tiempos de paz y seguridad que les ha hecho olvidar aquello por lo que luchaban.



Una visión que chocó ante el fandom, y muy diferente a lo que recordaba un Obi Wan Kenobi anclado en la nostalgia. Lo mismo ocurre con Anakin Skywalker, todavía en esta primera película un niño, interpretado muy dignamente por Jake Lloyd y que de nuevo se llevó palos por todos lados. En su defensa, destacar escenas tan bien llevadas como la despedida de su madre, momento icónico y fundamental para entender al personaje de Anakin en las siguientes precuelas, como ante el consejo Jedi, un preámbulo muy sugerente del Darth Vader que lleva en su interior.

Otro tanto se lleva Liam Neeson, el actor que mejor se desenvuelve en este filme, un Jedi rebelde y con personalidad propia que tiene un triste pero necesario final para que de nuevo el personaje de Anakin, verdadero protagonista de la saga, evolucione como debe ser para convertirse en el azote de la galaxia.





Lo mismo para Darth Maul, un personaje icónicamente perfecto pero que muchos fans se sintieron decepcionados por su repentino final. Por supuesto que es una pena que no veamos más del personaje, pero es porque Lucas ve "The Big Picture" y si Maul siguiera, no sería necesario que Palpatine necesitara a un nuevo aprendiz como Anakin, su objeto de deseo a lo largo de las precuelas.

Y es que Ian McDiarmid roba todas las escenas en las que su personaje aparece. Una interpretación muy sutil de un Embajador sin escrúpulos que comienza a escalar posiciones a través de una crisis tan en apariencia insulsa como la de Naboo con la Federación de Comercio. Y este avance sutil hasta demostrar su verdadera maldad en La Venganza de los Sith es también uno de los motivos que creo por los que estas precuelas fueron tan mal recibidas.



En la trilogía original, el mal o la némesis está muy clara. El Imperio, con Vader y el Emperador como cabezas visibles. En esta trilogía, el mal va de espaldas y las némesis a las que nuestros héroes con defectos se enfrentan no son más que peones que Palpatine ha colocado en su tablero para conseguir su propósito final.

Y es por eso que este Episodio 1 está tan mal considerado, porque no es más que el prólogo de lo que está por venir. Por supuesto que tiene fallos de ritmo (la primera media hora es muy anodina y es más un catálogo de lo que se podía hacer en materia de efectos especiales por aquel entonces) y los personajes asociados a Naboo son de un aburrido e intrascendente que asusta.



Para el final, el personaje que sirve de símbolo para todo el odio hacia estas precuelas, Jar Jar Binks, un personaje excesivamente cartoony que tiene momentos de slapstick absolutamente fuera de tono y que lastran el ritmo de la película en muchos momentos, pero que la audiencia infantil recibió con los brazos abiertos y que al final, de tanta inquina sobredimensionada le he acabado cogiendo hasta cariño. Porque no olvidemos que Star Wars es una película para todos los públicos y que los que vimos la trilogía original eramos niños y las precuelas nos llegaron en la edad adulta.



En resumen, una película con sus altos y bajos, con momentos tan brillantes como el enfrentamiento entre Darth Maul y los Jedis, la carrera de Vainas o los entresijos políticos y del consejo Jedi en Coruscant, visualmente revolucionaria, pero que queda lastrada por una dirección en algunos momentos torpe y una dirección de actores supeditada en muchos momentos a la tecnología, pero que en conjunto no se merecía el linchamiento que sufrió porque si quitamos nostalgias mal entendidas y recuerdos sobrevalorados del pasado, es un fantástico entretenimiento, muy superior a los mil y un blockbuster que Hollywood estrena todos los años y a los que no se les mira con la lupa con la que se miró a una película que daba igual lo que hubiera sido. Nunca habría podido llegar a contentar las ficticias ilusiones de unos niños que crecieron antes de tiempo.

6 de junio de 2015

Star Wars: La Fuerza es poderosa de la mano de Marvel




















Marvel Cómics y Star Wars han ido de la mano desde su aparición hace ya casi 40 años. Marvel salió de una época económica difícil gracias a la adaptación al cómic de las aventuras de una película que en el momento anterior de su estreno nadie daba un duro por ella. Casi cuatro décadas después, Star Wars ha demostrado su excelente estado de forma y que ya pertenece al imaginario de la cultura de la humanidad.

Los tebeos que Marvel publicó entres finales de los 70 y los años 80, no eran nada del otro jueves. Aparte de las adaptaciones al cómic de los tres largometrajes de la trilogía original, cuyo valor es meramente arqueológico, las aventuras que continuaban la historia de Una Nueva Esperanza no respiraban el espíritu de la obra de Lucas, además de realmente no poder contar nada relevante a expensas de lo que ocurriría en las siguientes entregas, El Imperio Contraataca y el Retorno del Jedi.



Llegada la década de los 90, Dark Horse se hizo con las riendas de este universo para los aficionados del mundo del cómic, en paralelo a un resurgimiento de la saga en la que se vendría a llamar el Universo Expandido y que ocurrió en el año 91, cuando George Lucas permitió que se utilizaran sus personajes en otros medios, mientras el esperaba que la tecnología avanzara lo suficiente para poder realizar su sueño, una nueva trilogía que abarcaría el periodo del auge y caída de Anakin Skywalker, que coincidiría con el fin de la República y el ascenso de Palpatine. 

Dark Horse, al igual que los novelistas y desarrolladores de videojuegos que crearon todas las obras que permitieron expandir este maravilloso universo solo tenían una máxima que cumplir. Ninguna de ellas podía tratar acontecimientos en la época que narraría Lucas en los futuros episodios galácticos y que abarcarían lo acontecido entre La Amenaza Fantasma y La Venganza de los Sith. Por lo tanto, los acontecimientos posteriores al Retorno del Jedi y anteriores a La Amenaza Fantasma serían los que a lo largo de casi 25 años serían desarrollados en múltiples medios.



El medio que aquí nos ocupa es el del mundo del cómic. Y Dark Horse comenzó con fuerza con Dark Empire, realizado por Tom Veitch y Cam Kennedy, conocidos a finales de los 80 por un estimable tebeo de ciencia ficción publicado bajo la línea Epic, llamado "The Light and Darkness War". Gracias al éxito de esta propuesta, Dark Horse amplió su oferta, abarcando todo tipo de personajes y épocas, con tebeos que iban de lo correcto a lo prescindible, con autores en algunos casos interesantes, pero la mayoría de las veces mediocres. Sobre todo, cuando la nueva trilogía apareció en cines y el número de títulos se amplió tanto que Star Wars en Dark Horse se convirtió en una línea editorial propia.

Y llegamos al 2015, el año que Star Wars vuelve a la gran pantalla, pero esta vez no de la mano de su creador, George Lucas, sino del imperio Disney, que compró los derechos de la saga a su creador en octubre de 2012. Y ya que Disney es también propietaria de Marvel, los derechos de su adaptación al mundo del cómic han vuelto a su editorial original.



Pero Marvel no iba a cometer los mismos errores que antaño o los que cometió Dark Horse. Sabía que en un mercado cada vez más competitivo no iba a a vender ingentes cantidades de cómics solo porque el nombre de Star Wars apareciera en la portada de un tebeo, máxime cuando Dark Horse había inundado el mercado de títulos de la saga galáctica comprados sobre todo por completistas del universo, pero no por aficionados al mundo del cómic.

Lo primero, contratar a autores de calidad contrastada,lo segundo, adscribirse al periodo de tiempo entre Una Nueva Esperanza y El Imperio Contraataca y lo tercero, no inundar el mercado de golpe y porrazo con mil y un títulos. Había que hacer que cada tebeo de Star Wars estuviera cuidado con mimo. El primer título en aparecer fue Star Wars, con guión de Jason Aaron y dibujos de John Cassaday, dos autores de verdadero lujo. 



Aaron demuestra que no diferencia entre obras personales y trabajos de supuesto encargo, ya que da lo mejor de si mismo, sea en su Scalped para Vertigo, que en trabajos mal llamados comerciales como Lobezno y X-Men o Thor para Marvel. En ambos, entrega tebeos superiores a la media, demostrando también el conocimiento y respeto que tiene por personajes que no son de su propiedad. En Star Wars vuelve a demostrarlo, entendiendo y comprendiendo el universo y los personajes creados por Lucas y sabiendo sacar partido del periodo de tres años inexplorado entre los acontecimientos del final de Una Nueva Esperanza y el principio del Retorno del Jedi. 

Leídos los tres primeros números de este Star Wars, decir que todo lo que adoramos en las películas originales está reflejado en el tebeo. Acción, diversión, diálogos memorables y pequeños detalles y guiños que harán sonreír y disfrutar al aficionado a la saga.



Lo mismo decir de los títulos paralelos que han salido hasta el momento. Darth Vader y Princesa Leia. Darth Vader es una nueva serie regular, que ocurre en paralelo a los acontecimientos de Star Wars y que está protagonizada por el antihéroe por excelencia, Darth Vader. Sus autores, Kieron Gillen y Salvador Larroca, dan lo mejor de si mismos en un tebeo que profundiza en la lucha interna de Anakin Skywalker, su tormentosa relación con su amo, el Emperador Palpatine y que nos acerca y profundiza en partes de la galaxia de Lucas que en las películas originales solo era tratado de pasada. Además, Gillen no deja de hacer guiños a las dos trilogías con detalles que solo puede destacar un fan de la saga.

Y llegamos al tercer y último título aparecido hasta el momento, Princesa Leia, escrito por Mark Waid y dibujado por Terry Dodson. Solo he podido leer el primer número de esta miniserie de cuatro, pero en sus escasas 20 páginas, Waid es capaz de sacar partido y profundizar en las dudas y preocupaciones de una Princesa Leia que tiene que demostrar su paso de dama en apuros a aguerrida líder de las fuerzas rebeldes. Dodson apoya los guiones de Waid con un trabajo gráfico que es una golosina visual.



En el futuro, Marvel continuará ampliando su línea editorial, con miniseries como la de Lando Calrissian con autores como Greg Rucka y Alex Maleev. Y si siguen manteniendo esta calidad y ese nivel de cohesión, seremos testigos por primera vez de la traslación de personajes del cine al mundo del cómic hecho con ganas y calidad y no meramente complementos mediocres para ganar unos cuantos dólares más, además de ser buenos tebeos por méritos propios.
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