13 de junio de 2017

Hard Case Crime Peepland: La escritora pulp Christa Faust aprueba con nota su estreno en el mundo del cómic




Christa Faust es una de las mejores escritoras del pulp y la serie negra contemporánea. Sus dos novelas protagonizadas por Angel Dare, Money Shot y Choke Hold, son todo lo que busca un buen aficionado a la novela negra. Ritmo endiablado, protagonista carismático, sexo, violencia y muchas dosis de mala baba.

Así que cuando descubrí que Christa Faust se lanzaba a estrenar su primer guión, junto al guionista Gary Philips, en el mundo del cómic y de la mano, ni más ni menos que del sello Hard Case Crime, editores de sus dos novelas mencionadas anteriormente y el mejor sello mundial de novela negra que puedes encontrar en el mercado editorial, llamó mi atención.



Y el tebeo que entregan Faust y Philips de la mano tiene parte autobiográfica por el lado de Christa Faust. Porque esta escritora neoyorkina, afincada en LA, en su juventud trabajó en uno de los múltiples sex shops que inundaban la peligrosa Gran Manzana de los años 80.



Ese sex shop, el Peepland del título, es el centro neurálgico y eje para presentar a un grupo de personajes que intentan sobrevivir en la jungla de asfalto de un Nueva York donde las minorías y la gente con menos recursos es señalada e inculpada para proteger los secretos de una casta social que hace lo que le place sabiendo que los culpables a ojos de una justicia y unos cuerpos policiales untados serán dichas minorías.



El incidente incitador de la trama es una cinta de video que contiene imágenes de un crimen que puede derribar los cimientos de los ricos y poderosos de la ciudad. A partir de ahí y desde el punto de vista de Roxy, nuestra protagonista y representación de la escritora Christa Faust, la historia se desarrollará a lo largo de cinco ejemplares, donde los giros argumentales, la sorpresa continua y la violencia brutal y sin sentido acompañará a los lectores y a un elenco de "perdedores" entrañables que lo único que buscan es ser felices y que les dejen tranquilos.



El único pero a un tebeo muy disfrutable es el inconsistente arte de Andrea Camerini, muy irregular de un número a otro, entregando tanto páginas muy interesantes, como otras que parecen realizadas con prisas y que empañan el conjunto de una obra muy disfrutable que hará las delicias de los lectores de novela negra y pulp y por supuesto a los que somos fieles lectores de Christa Faust.


11 de junio de 2017

Batman/The Flash: The Button. Comienza la cuenta atrás del reloj del Juicio Final


























Tras una odisea equiparable a la de Batman y Flash viajando entre universos y realidades paralelas, he conseguido tener en mi poder las cuatro partes que forman este nuevo evento (cosas del Previews y la distribuidora Diamond) que continúan lo planteado en el fantástico especial escrito por Geoff Johns y con el que arrancó este Renacimiento del Universo DC.



Si recordáis dicho especial aparecido hace ya un año en su edición original -y si no lo recordáis es muy recomendable que lo desenpolvéis y lo leáis de nuevo- Batman encontraba la famosa chapa con el rostro del Smiley con su correspondiente mancha de sangre que todo fan de Watchmen sabemos que pertenecía a El Comediante y que arrancaba la historia de un tebeo que más de 30 años después sigue influyendo y dando que hablar.



Los responsables de continuar dicha investigación son los guionistas Tom King y Joshua Williamson, responsables ambos de los títulos principales de Batman y Flash. Y la historia comienza como un rayo, en un primer ejemplar con la famosa composición de página del Watchmen de Moore y Gibbons para adentrarnos en una historia en los límites de la realidad y el tiempo en cuatro partes, que sirven a los guionistas para continuar lo planteado por Johns en dicho especial y que guarda paralelismos con el otro gran evento que ha removido los cimientos del nuevo universo DC, El Superman Reborn de Tomasi y Jurgens.



King y Williamson equilibran perfectamente en cuatro ejemplares que se devoran a la velocidad del rayo, el protagonismo, la importancia y las consecuencias para ambos héroes, sabiendo enmendar posibles desatinos editoriales como Flashpoint y dándole el protagonismo a los dos personajes más interesantes salidos del mismo, como son el Flash Reverso y el Batman encarnado por Thomas Wayne.



A su vez y apoyados por el inmejorable arte de Jason Fabok, que no hace más que mejorar y el más estilizado y fluído arte del veterano Howard Porter, los guionistas aportan respuestas a algunos de los enigmas planteados por Johns en el especial Renacimiento y multiplicando a su vez los nuevos, para dejar al lector deseoso de saber más, en una historia que ha abrazado la polémica por la decisión de introducir a los personajes de Watchmen dentro del universo DC, pero que si se hace tan bien como en este The Button, puede que acabe callando muchas bocas.



La saga es rematada por todo lo alto con el regreso de un legendario y viejo conocido de la Golden Age, cuyo futuro es incierto y con un epílogo que abre el apetito para lo que será el evento DC de la década, ese Doomsday Clock escrito por Geoff Johns y dibujado por Gary Frank que ansioso estoy de tener en mi poder. Habrá que esperar hasta noviembre de este año, pero mientras tanto, podremos teorizar y soñar con lo que viene a continuación. Y os pregunto, ¿hace cuánto que los tebeos de las dos grandes conseguían eso?.

9 de junio de 2017

Twin Peaks El Regreso o el Fin de la "Americana"




El regreso de Twin Peaks a la ya no tan pequeña pantalla, 26 años después de su abrupta cancelación en junio de 1991 con su segunda temporada y 25 años después del vapuleo a una obra tan fuera de su tiempo y tan magistral como fue la precuela/secuela de Twin Peaks, rompe todas las expectativas que se esperaban de ella y ha sentado como un mazazo a todos aquellos que creían que este regreso iba a ser una apología de la nostalgia.

Twin Peaks, serie de televisión y entorno en el que se desenvolvía el serial multigenérico, era el perfecto reflejo de lo que se ha venido en denominar Americana, esa nostalgia de la vida idealizada que ocurrió entre 1880 y la llegada de la I Guerra Mundial, donde los Americanos por última vez en su historia -tras conquistar la “Última Frontera” y ser vencedores de la Guerra entre España y Estados Unidos- creyeron entender con orgullo lo que supuestamente significaba América y sentirse Americanos.



Dicha "vida idealizada" se localizaba en pequeños pueblos y pequeñas ciudades, donde sus habitantes se reunían alrededor de una plaza central y sentían que tenían el país que querían, donde la celebración del 4 de Julio, la tarta de manzana y lo que les decían los medios de comunicación, sus escuelas e instituciones era la verdad absoluta y no querían que eso cambiara.

Es por eso que la nostalgia por esa Americana es algo hacia lo que los Estados Unidos miran habitualmente, al igual que la mayor parte del mundo occidental, motivado por su invasión mediática y cultural, porque el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI no ayuda a que se deje de idealizar una época que en apariencia era perfecta. Para Estados Unidos, la caza de brujas, la guerra fría, el asesinato de los Kennedy, Martin Luther King, la muerte de incontables jóvenes americanos en guerras que solo servían a los intereses de una minoría como Vietnam, Irak, Afganistan, 11-S, etc.. les hace retrotraerse a otra época donde los jardines de viviendas unifamiliares con su impoluta valla blanca de fondo, el cielo azul, las barbacoas, el carrito de los helados y los vecinos sonrientes y en apariencia encantadores eran la cúspide de la felicidad.



El Twin Peaks original tenía mucho de todo eso. La población, los bosques con sus abetos Douglas, la Doble R y sus tartas de cereza celestiales, las cataratas del imponente Gran Hotel del Norte o las avenidas de zona residencial de clase media en auge donde vivían los Palmer, los Hayward y los Briggs eran el sueño de una población que se resistía al cambio y parecía protegida de los males de la realidad.

Pero un buen día, se dieron cuenta que el paraíso tenía un precio, cuando su Reina del Baile y en apariencia perfecta adolescente Laura Palmer, otro epítome de la Americana, apareció muerta en las orillas del río de la localidad, envuelta en plástico. Y la aparente normalidad se rompió, acrecentada por la llegada de un forastero, El Agente Especial Dale Cooper, que traía a Twin Peaks el veneno del presente y también sus demonios internos -la muerte de su amada y la caída a los infiernos del que fue su amigo y mentor- pero que sabía encubrir hacia a aquellos que le rodeaban y a si mismo, al quedar anonadado por la pureza, la nobleza y el ambiente de ese pueblo fuera del tiempo que era Twin Peaks.

No importaba que una vez que comenzaba la investigación del en un principio frío y distante, pero encantador Agente Cooper, los trapos sucios del en apariencia inocente pueblo salieran a la luz, con sus capitanes del equipo de fútbol traficando con drogas, prostitución en la frontera financiada por figuras respetables de la comunidad, incestos paternales, relaciones paterno-filiales quebradas y orgías en el bosque a la luz de la luna. La música de Angelo Badalamenti, celestial, glamurosa y adictiva y el encanto de unos personajes que vivían cada uno de ellos en su propia Americana, ayudaban a que el espectador y los personajes vivieran una situación de aparente felicidad y tranquilidad, porque en el fondo y por mucho que supieran que algo malo se escondía bajo la aparente paz que reinaba en Twin Peaks, lo querían así, claro reflejo del aislacionista pueblo americano que ha querido vivir su existencia sin interesarse y ser influídos por el mundo exterior que les rodea.



Y así se lo hizo ver el Sheriff Truman en la conversación que mantiene este con Cooper, acompañado de Hawk y Ed en la cafetería de la Doble R, donde le explica el lado oculto y oscuro de Twin Peaks

“Twin Peaks es diferente, está alejada del mundo, como habrás comprobado. Y así es exactamente como nos gusta. Pero también hay una contraprestación para ello, algo diferente. Quizá es el precio que pagamos por el resto de cosas buenas. Hay algún tipo de mal allí fuera. Algo muy, pero que muy extraño en estos viejos bosques. Llámalo como quieras, una oscuridad, una presencia. Puede tomar muchas formas, pero siempre ha estado ahí. Y todos estamos aquí para luchar contra él”.

Esta historia se la cuenta Harry a Cooper en uno de los primeros episodios de la primera temporada, posiblemente en el cuarto o quinto aproximadamente. Y en ese momento -aunque ya teníamos sospechas y detalles de que en Twin Peaks se cernía algo sobrenatural, tras el sueño de Cooper y las visiones de una desquiciada Sarah Palmer- todavía el serial no había abrazado su aspecto sobrenatural como si hizo en la segunda temporada y en el filme Fuego Camina Conmigo.



Es en dicho filme donde descubrimos que Bob, el espíritu que anidaba en Leland Palmer y posteriormente anidaría en el agente Cooper, tenía un pacto con los en apariencia entes benignos del serial, concretamente con Mike el Manco y el Hombre de Otro Lugar posteriormente conocido como El Brazo, donde Bob podía matar a una víctima seleccionada por el cónclave, para luego entregarles parte de la Garmonbozia, una especie de maíz cremoso guisado, que representaba el sufrimiento y el arrepentimiento de Leland tras matar a su hija Laura.

Este macabro ritual y sus connotaciones lo emparentaban con la conversación que he transcrito entre Truman y Cooper. ¿Es posible que la paz y estancamiento de la población de Twin Peaks, en la que el mundo exterior nunca infectaba a la población y a sus habitantes, se basara en la premisa de que una víctima ritual cada cierto tiempo debía ser entregada a estos seres que vivían entre dos mundos, para que Twin Peaks nunca cambiara y la llegada de Cooper y sus descubrimientos comenzara a resquebrajar esa calma chicha de la localidad?.



Otra pista de todo esto lo encontramos en la conversación que mantiene Jean Renault con Cooper cuando el primero le tiene secuestrado en la cabaña blanca en el episodio 12 de la segunda temporada del serial:

“Antes de que llegaras aquí, Twin Peaks era un bello lugar. Mis hermanos vendían drogas a través de los adolescentes del instituto y los camioneros. Jack el Tuerto daba la bienvenida a los hombres de negocio y a los turistas. La gente tranquila vivía una vida tranquila. Entonces, una chica guapa murió y tú llegaste y todo cambió. A mi hermano Bernard lo mataron en los bosques, un padre atormentado por la muerte de su hija ahogó con una almohada a mi hermano Jacques, secuestros, muertos. La gente tranquila ya no volvió a estarlo. De pronto, un sueño tan simple, se convirtió en una pesadilla. Es posible que tu trajeras la pesadilla contigo y es posible que la pesadilla muera cuando tu mueras”.

Estas proféticas palabras de Jean Renault cobran sentido en el episodio final de la segunda temporada de Twin Peaks. Windom Earle, el antiguo compañero y maestro de Cooper secuestra a Annie Blackburn, la amada de Cooper y la lleva consigo a la Logia Negra para conseguir el alma de este. No hay que olvidar que Cooper tuvo una relación con la mujer de Earle y que este último la mató cuando Cooper la protegía dejando malherido a nuestro querido Agente Especial, tanto física como psicológicamente. Cooper había traído su pesadilla a Twin Peaks y para él y para el pueblo nada volvería a ser lo mismo. Cooper entra en la Logia, pero sin su capacidad analítica y su frialdad detectivesca, entra como un hombre enamorado y debilitado. Y todos sabemos lo que le ocurre. Su verdadero yo queda atrapado y a Twin Peaks vuelve su doppelganger maligno impregnado de la semilla del demonio Bob.

25 años después hemos vuelto al universo de Twin Peaks y por lo que hemos visto, el pacto que tenía Bob con sus congéneres del otro mundo lo ha roto, no volviendo a entregarles periódicamente la Garmonbozia y extendiendo su veneno más allá de las fronteras de la ficticia pequeña localidad del noroeste de los Estados Unidos. Y hemos visto breves retazos de la localidad en los primeros cinco capítulos que hemos podido disfrutar hasta el momento. Hemos visto a Hawk, a Lucy, a Andy, a Lady Leño, a los hermanos Horne, a Bobby, al Doctor Jacoby, a Shelly y a Norma. Pero les falta “algo”, al igual que ese “algo” perdido que Margaret le dice a Hawk que se necesita para encontrar a Cooper. Lo mismo ocurre con los escenarios icónicos del serial, como el Gran Hotel del Norte, la Doble R o el Roadhouse. Son los mismos pero no lo son. Ya no suenan los acordes de Angelo Badalamenti que nos hacían sentir seguros y reconfortados en dichos escenarios. Ya no hay, como le decía El Hombre del Otro Lugar a Cooper en su primer sueño en el tercer capítulo de la primera temporada, “música en el aire”.



Twin Peaks, la localidad, sus habitantes y sus escenarios están muertos en vida. Les falta algo o les sobra algo. Y es que parece que las acciones de Cooper y su intrusión como un virus en la vida de la localidad y la ruptura del pacto de Bob, han dejado muerta el alma de la localidad, como si el mundo exterior y la terrible actualidad contemporánea haya irrumpido en la antaño icónica población como un torbellino y le hubiera quitado su esencia. La Americana, con lo bueno y con lo malo, ha sido mancillada por la intervención de un forastero que puso su hipócrita normalidad patas arriba y a la vista de todos, enfrentándolos a todos con su doppelganger.

Ejemplos, múltiples y variados. El Roadhouse, tanto en la serie original como en el filme, era un bar de moteros de los años 50 -más cercanos al movimiento beatnik que a los rebeldes sin causa del cine de James Dean- donde solo se escuchaba la música celestial de una Julee Cruise que parecía haber salido de una brecha entre dos mundos. Ahora es un bar de hipsters donde todo tipo de grupos musicales contemporáneos tocan en él y que podríamos encontrar en cualquier lugar de Estados Unidos o del mundo. Ya no tiene personalidad. Se ha gentrificado. Y algo aún peor. En el piloto de la primera temporada, cuando Donna entraba en el Roadhouse para encontrarse con James Hurley, Bobby Briggs y Mike Nelson intentaban agredirla era inmediatamente rescatada por el honesto Ed Hurley y el grupo de moteros amigos de James. En esta nueva iteración del serial, concretamente en el episodio 5, vemos como un turbio individuo que tiene tratos con algunos elementos de la policía local, al que los créditos finales nos descubren que es un nuevo miembro de las nuevas generaciones de los Horne- agrede sexualmente a una joven de la localidad a la vista de todos los clientes del local, sin que nadie haga nada por ayudarla. Un triste reflejo del mundo en el que vivimos y del que los habitantes de Twin Peaks intentaban escapar.



Lo mismo ocurre con la historia de Betty, la hija de Shelly Johnson, y su politoxicómano novio. Ambos son un reflejo de la relación auto-destructiva entre Laura Palmer y Bobby Briggs, pero en el original había un aura de ensoñación, de glamour, de cercanía y empatía con dichos personajes y su historia. Aquí, esta relación se narra de manera cruda, anticipando que el personaje de Betty correrá un camino similar al de su predecesora Laura Palmer, pero sin ese aura mítica de la historia de Laura. Betty, el personaje interpretado por la actriz Amanda Seyfried no está hecho para ser el icono de un pueblo, unos personajes, o una historia. Es vulgarmente real. O para rematar, el ejemplo más visual lo encontramos en el discurso de la Alt-Right americana del Doctor Jacoby, ejemplo de los radicalismos que la pérdida del sueño americano ha provocado en esas localidades donde creían que la Americana sería algo eterno, el Camelot del Rey del Arturo.

Es por ello que los seguidores del serial que añoran los elementos más nostálgicos del mismo, se sienten extraños e incómodos ante este nuevo Twin Peaks. Por eso no suenan los acordes de Angelo Badalamenti en cada escena y cada plano, por eso nadie baila como Audrey Horne en la Doble R bajo los acordes de los temas de Badalamenti salidos de la JukeBox o el pueblo parece estar desierto y falto de vida. Porque los causantes de la irrupción de la realidad en la Americana, el Agente Cooper y el diabólico Bob, lo destruyeron. Y tendrán que volver allí y devolver a la población y al serial esa vida eterna que tenían, para lo bueno y para lo malo, al igual que Cooper necesita recuperar su alma, y los seres del Otro Lado necesitan recuperar su Garmonbozia. Para que todos ellos y la localidad recuperen esa Americana que se ha perdido, tanto en el mundo real como en este pequeño universo de ficción tras 25 años que se dicen pronto. Que eso sea algo bueno o algo malo, dependerá del ojo que lo ve y lo que prefiera, la crudeza de lo real o la hipocresía de la apariencia.

7 de junio de 2017

Descubriendo el Universo Valiant: X-O Manowar, Faith, Harbinger Renegade y Generation Zero






































Tras introducirme en el universo Valiant con la interesante The Valiant, un ejemplo de calidad y concisión para un evento superheróico y puerta de entrada para nuevos lectores y quedar absolutamente fascinado por Bloodshot Reborn, una de las mejores propuestas de género superheróico que he leído en los últimos años, me dispuse a leer las cuatro colecciones Valiant que ha decidido publicar en grapa Medusa Cómics, para acercar a los lectores españoles este universo de una manera económica, destacando la interesante promoción de números 1 a un euro, con la que por lo menos, conseguirán picar la curiosidad de los lectores, como le ha ocurrido a un servidor.



La primera de ellas y la más destacable de todas es la nueva iteración de X-O Manowar, el personaje con el que arrancó la línea allá por 1992-1993 realizada por el equipo creativo formado por Jim Shooter como guionista y Bob Layton como dibujante, si la memoria no me falla.

La nueva X-O Manowar está respaldado por un equipo creativo de auténtico lujo, formado por el guionista Matt Kindt -que convierte las aventuras de este personaje en un remedo fascinante de novelas de ciencia ficción como la saga de John Carter de Marte de Edgar Rice Burroughs o Stranger in a Strange Land de Robert Heinlein- y el dibujante Tomás Giarello con un estilo que aúna lo mejor de John Buscema, Tom Palmer y el gran Frank Frazetta, entregando un tebeo que se toma su tiempo pero que se paladea a cada página y a cada viñeta y que disfrutarán los seguidores de la Space Opera, el Pulp y la obra de Robert E. Howard.



La segunda serie en grapa que publica Medusa Cómics es Faith, aunque realmente es una miniserie de cuatro números realizada por la guionista en alza Jody Houser y el dibujo de Francis Portela y Margarite Sauvage. El mayor atractivo de la miniserie nominada a un Eisner es lo carismático de una superheroína a contracorriente y la ambivalencia entre ficción y realidad plasmado en el arte de Portela y la gran Margarite Sauvage.

De las Harbinger Wars, un evento previo del universo Valiant que me he quedado con ganas de descubrir, sale Faith y los otros dos títulos que completan los primeros lanzamientos de Medusa Cómics en formato grapa para el mercado español, Harbinger Renegade y Generation Zero.



La primera de ellas, Harbinger Renegade, guionizada por el para mi desconocido Rafer Roberts, es un inteligente remedo de los preceptos de la Patrulla X Claremontiana, pero que lleva un paso más allá los preceptos del maestro Claremont para entregar un tebeo que también hunde sus raíces en la obra de Grant Morrison para entregar un tebeo fresco, donde destacan, además del arte de Darick Robertson y Juan José Ryp, lo atractivo de su reparto, un grupo de jóvenes con poderes que luchan en un mundo repleto de corporaciones que quieren usarlos para sus propios fines.



La última de las novedades en grapa es Generation Zero, que también proviene y pertenece a la misma sub-línea que Harbinger Renegade y está protagonizada por jóvenes diferentes, pero donde sus autores, el guionista Fred Van Lente y el dibujante Francis Portela se acercan al serial con una mezcla de Riverdale y Twin Peaks, pero con un toque de la marveliana Runaways de Brian K. Vaughan y Adrian Alphona.

En definitiva, cuatro buenos tebeos de superhéroes, un punto de partida perfecto para probar este universo Valiant que tan buenas reseñas ha ido cosechando en los últimos años y una alternativa a los fans de los superhéroes, algo hastiados por el movimiento cíclico y repetitivo de Marvel y DC Comics. Así que probad, que seguro que alguno de estos títulos os llamarán la atención.

4 de junio de 2017

Descubriendo el universo Valiant: The Valiant y Bloodshot Reborn






































Me ha costado probar el universo Valiant. Desde sus orígenes, allá por 1994, siempre me dio pereza. El motivo, que a principios de los 90, todas las editoriales querían su universo Marvel o DC, pasada por una sobredosis de esteroides. Y un Jim Shooter en horas bajas tras su caída a los infiernos como editor Marvel, creó, junto a Bob Layton un universo con personajes que comenzaron a sonar a los asiduos a las mallas como X-O Manowar, Bloodshot o Ninjak.



Hace unos pocos años, el universo Valiant se rebooteo. Y con buenas opiniones, tanto de la crítica como los lectores. En líneas generales se alababa la concreción y el desarrollo tanto de personajes como de líneas argumentales y la frescura de las mismas, sobre todo en una época en la que las dos grandes estaban demostrando una alarmante falta de ideas. En España, lo intentó Panini y posteriormente Aleta. Y seguí sin probarlos. Hasta que Medusa Comics ha tomado el relevo hace dos meses.

Medusa Comics, aprovechando un punto y aparte dentro de la línea Valiant ha tomado las riendas de la edición en nuestro país de este material, publicando cuatro series regulares en grapa cada mes y un par o tres de paperbacks al mes para ir introduciendo este universo a los ya convencidos y a potenciales nuevos lectores entre los que me incluyo.



Me llamó la atención, la participación de dos guionistas como Matt Kindt y Jeff Lemire en la línea. Y es que ambos, sobre todo el primero, es una de mis debilidades con tebeos como Mind MGMT, Superspy o 2 Sisters. Ambos han probado suerte en el mainstream con desigual fortuna, sobre todo porque no les han dejado hacer ni en DC ni en Marvel.

Ambos autores son los artífíces de The Valiant, una miniserie de 4 ejemplares recopilada aquí en un solo volumen recopilatorio con interesantes extras, que sería como el gran evento del universo Valiant que sirve como punto de partida para nuevos lectores. Una miniserie evento escrita a la par por Lemire y Kindt, que se aleja de los grandilocuentes y en general vacíos eventos de las dos grandes, que sirve para introducir un universo rico en mitos e historia a los novatos como yo y que recompensa a los lectores veteranos.



Con una típica historia de lucha eterna con un villano más grande que la vida misma, Lemire y Kindt desarrollan una historia de amor/amistad y descubrimiento de personalidad entre Bloodshot y Kay. El primero, una suerte de Arma X y ejemplo perfecto del antihéroe sanguinario y de dientes apretados de los 90 y ella, una Elegida con mayúsculas con incierto destino.



Lemire y Kindt saben equilibrar el espectáculo con lo íntimo y sus guiones son reforzados por el gran Paolo Rivera, al que recordaréis de los magistrales primeros ejemplares del no menos magistral Daredevil de Mark Waid. Aquí, Rivera vuelve a demostrar su enorme talento, su trazo limpio y a la vez espectacular tanto en composición como en cinética y su enorme habilidad para dar vida a cada uno de los personajes.



Y si The Valiant es una puerta de entrada al universo Valiant, tan agradable de leer para lectores nuevos y veteranos, Bloodshot Reborn, es la serie que te enamorará de este universo.



Guionizada por Jeff Lemire y partiendo desde el punto y aparte en el que queda Bloodshot en el final de The Valiant, Bloodshot Reborn es un tebeo sin tiempos muertos, que sirve como crítica inteligente de los excesos de la violencia deshumanizada y tremendamente infantil de una gran parte de los tebeos de los 90, para a partir de ahí, enseñarnos un escalofriante reflejo de la supuesta violencia sin sentido de los llamados "lobos solitarios" que acechan nuestra actual sociedad occidental.



El tebeo te va atrapando a cada página, no solo por el inteligente y habilidoso guión de un Lemire en estado de gloria, sino también por el realista y macabro arte de Marco Suayan, una mezcla entre los Bissette y Totleben de La Cosa del Pantano de Alan Moore y un Corben hipervitaminado. Raúl Allén, artista invitado en el quinto y último ejemplar de este primer volumen, rompe el tono del serial, acorde con lo que pide el guión de Lemire, pero entregando también un trabajo a la altura de uno de los mejores tebeos que se publica en la actualidad.



Y hasta aquí mi repaso a mis primeras lecturas de este universo Valiant. Y si estas dos series son reflejo fehaciente de lo que me espera en este universo superheróico de ficción, solo puedo decir una cosa. Make Mine Valiant!!

31 de mayo de 2017

Hellblazer de Denise Mina: Prometedora pero embarullada etapa

Entre la fabulosa etapa de Mike Carey y el inicio de la para mi inédita etapa de Peter Milligan, Denise Mina y Andy Diggle se hicieron cargo de las desventuras de John Constantine. La primera de dichos autores es la que nos ocupa aquí, escritora de misterio y terror, natural de Escocia, que tuvo a su cargo al investigador paranormal más famoso del universo DC durante un intenso año que fue de más a menos.



No conozco la obra literaria de Mina, por lo que solo puedo opinar de lo primero que he leído de ella, que es este Hellblazer. Una etapa dividida en dos sagas que se continúan la una a la otra para entregar al lector una obra independiente y cerrada, más un intrascendente interludio.

La acción para Constantine se traslada a Glasgow, industrializada ciudad de Escocia que de la mano del dibujante Leonardo Manco, se convierte en una ciudad siniestra y tenebrosa, donde cualquier cosa puede salir de las grietas, esquinas y callejones. Por lo tanto es un ambiente propicio para la serie y el personaje.



El primer arco argumental, de siete episodios de duración es el más redondo del volumen. Sobre todo su arranque y su primer y segundo acto. Mina devuelve al personaje y a la colección un ambiente que provoca escalofríos y el misterio y peligro de lo desconocido, en un relato paranormal que invita a descubrir más. Pero al final del primer arco, la cosa comienza a desmoronarse, sobre todo por un caos narrativo que acelera la historia y la vuelve algo incomprensible.

Tras el interludio que además pierde al magnífico Leonardo Manco, vuelve la historia principal en un nuevo arco de cinco episodios donde Mina resuelve con más humor que terror lo avanzado en la anterior historia, devolviendo a personajes del pasado del protagonista, que se deja leer pero que no consigue situarse de nuevo en su prometedor punto de partida.



Queda por descubrir que habría sido de Mina si pudiera haber desarrollado una etapa más extensa. Las bases eran sólidas, pero no perfectamente rematadas. Pero lo mismo le ocurrió a Carey en su primer arco argumental, para luego deslumbrar con la mejor etapa del personaje, en mi opinión, junto a la de Garth Ennis. La pena, que nunca lo sabremos.

29 de mayo de 2017

The Goddamned de Jason Aaron y r.m. Guera: Weird Biblical Tales






















Entre la ingente cantidad de títulos y novedades mensuales que inundan las estanterías del cómic americano es cada vez más común que títulos potentes de autores potentes no sean destacados como deberían. El desembarco de los mejores guionistas americanos en Image Comics y la decisión de la editorial de expandir el número de títulos ocasiona que series a priori que deberían considerarse un "must" pasen algo desapercibidas en el momento de su aparición. Este es el caso de The Goddamned.



The Goddamned es el reencuentro de Jason Aaron y r.m. Guera tras la finalización de Scalped, quizás uno de los últimos títulos que aunaron calidad y comercialidad en la otrora imprescindible línea Vertigo de DC Comics. Un título que aunaba nihilismo, violencia y una visión pesimista de la condición humana que transcurría en una reserva india en Estados Unidos que se reconvertía en un noir en toda regla repleta de personajes al límite.



Aaron y Guera repiten el tono y la estética en un entorno que nadie se esperaba, El Antiguo Testamento. Y al igual que hiciera Darren Aronofsky en su irregular pero tremendamente interesante Noé, nos trae una visión salvaje y violenta de un texto que ahonda en la violencia y brutalidad de la raza humana.



Aaron reconvierte a Caín, hijo de Adán y Eva y asesino de su hermano Abel en su Conan el Bárbaro en una era primigenia de la tierra que deja a la Era Hyboria de Robert E. Howard en parque infantil. Porque la violencia y visceralidad que transmite desde sus primeras páginas no está hecha para los débiles de corazón.



A eso ayuda mucho el sucio y convulso arte de r.m. Guera, una mezcla de Carlos Ezquerra y el Bill Sienkiewicz del final de etapa de El Caballero Luna, pero con una personalidad fuerte que a través de una narrativa cortada a navaja pero sumamente dinámica, introduce al lector en una atmósfera asfixiante, poco agradable pero extrañamente atractiva.



Aaron, guionista mutante que es capaz de saltar de género y tono con suma facilidad vuelve al nihilismo de su Scalped para remodelar y sacar a flote los aspectos más sórdidos y violentos de un libro, el Antiguo Testamento, que muchos siglos después y manipulado por varias religiones, ha quedado como una obra santa, pero cuyo contenido, leído con detenimiento es más obsceno y subversivo que las obras del Marqués de Sade.



En este primer volumen, Aaron y Guera nos presentan a nuestro antihéroe, padre de la violenta humanidad, que vaga cual nómada por una primigenia tierra donde el dolor y la desolación se palpa en cada esquina, en cada lugar que nuestro protagonista visita, donde la línea entre la bondad y la maldad no es que se difumine sino que no existe y que pide al lector que se atreva a ahondar en los pozos más viles de la naturaleza humana esperando encontrar, al igual que nuestro protagonista, un momento de redención o de paz.
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