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13 de diciembre de 2016

Zenith Fase 3 y 4 de Grant Morrison y Steve Yeowell: Conclusión de la irregular génesis del talento de Morrison






































Zenith es a Grant Morrison lo que Miracleman es a Alan Moore. Ambas obras son la génesis de las ideas y el talento que luego ambos autores han transmitido y compartido a lo largo de 30 años y que les sirvió a ambos para dar el salto al cómic americano y ser conocidos internacionalmente y conseguir cambiar un medio anquilosado en su vertiente estadounidense.



 La diferencia estriba en que el Miracleman de Moore aún siendo uno de los primeros trabajos del inglés, mantiene el tipo en el año 2016 y sigue siendo una de las obras cumbres de Moore. En cambio, el Zenith de Morrison es un trabajo cuyo valor es realmente arqueológico y aunque hace vislumbrar el talento que eclosionaría poco después, se queda como ópera prima con algunos aciertos pero deficiente resultado.



Estos dos últimos volúmenes de esta nueva reedición de ECC del material original editado en 2000 AD entre 1987 y 1992 son una buena prueba de ello. La Fase 3 es la particular Crisis en Tierras Infinitas de Morrison, con un punto cínico que luego pulió en trabajos como Animal Man o en la conclusión de la reciente El Multiverso, pero que queda lastrado por el dibujo de un principiante Steve Yeowell y donde el sinfín de ideas del escocés, no son desarrolladas como debieran, primero por la inexperiencia de Morrison y segundo, porque el formato de cinco páginas por capítulo, flaco favor le hacía a la ambición de Morrison.



 El cuarto volumen y final, donde Morrison riza el rizo de la colección, es levemente superior al tercer volumen, un remedo de lo contado por Moore en el final de su etapa al frente de Miracleman, con tintes Lovecraftianos que posteriormente ha elevado a los cielos en tebeos como Los Invisibles o el menos conocido El Asco, pero que queda muy lejos de las intenciones y resultados de Alan Moore y que aunque hay que reconocerle que sabe cerrar todas las incógnitas y secretos en los que había ahondado en los tres volúmenes anteriores, no consigue esa sensación de maravilla que el escocés conseguiría en el futuro cercano con Animal Man, por poner un ejemplo.



En definitiva, un tebeo exclusivamente recomendado a seguidores acérrimos de Morrison como yo. Un tebeo que sirve más como base de estudio para el posterior trabajo del escritor, una rareza para estudiosos de su obra, con aciertos e ideas interesantes aisladas, pero que difícilmente puede ser bendecida como un "must-have" de la obra del autor.

19 de mayo de 2016

Repasando la historia contemporánea a través de Marvel y DC






























La relación entre realidad y ficción superheróica ha sido una constante desde que Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a Superman en 1938. Los dos jóvenes autores, inmigrantes judíos y testigos de primera mano de la crisis económica que padeció Estados Unidos tras el crack del 29, idearon a un personaje que representaba la imagen idealizada de nuestros mayores sueños y que sirvió como catarsis para reprender y ajusticiar a todos aquellos individuos que provocaron y salieron impunes de una crisis económica y social que llevó a una generación entera al borde de la catástrofe.



Superman arrancó su andadura deteniendo a políticos, banqueros y empresarios sin escrúpulos que sabían escurrirse de una justicia comprada o con las manos atadas y que sirvió para que aquellas personas afectadas por una crisis que no se merecían, recibieran una ligera compensación aunque fuera a través de una ficción impresa en cuatricomía.

Pero ese vigilante social duró muy poco cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, convirtiendo a Superman y al resto de héroes míticos que publicó la editorial DC Comics en los años venideros, en meros instrumentos y marionetas del poder, transformando las fantasías infantiles en instrumentos propagandísticos de control a una audiencia fácilmente manipulable.






De ese instrumento de propaganda surgió el Capitán América en Timely Comics, la editorial que se convertiría en Marvel Comics y que, en 1941 y de la mano de Joe Simon y Jack Kirby, presentaron en sociedad al Centinela de la Libertad con una imagen que quedaría como uno de los ejemplos más característicos de la propaganda bélica norteamericana, el Capitán América golpeando y noqueando a Adolf Hitler.

A lo largo de los fatídicos años de la 2º Guerra Mundial, las portadas de estos tebeos y su publicidad adjunta se llenó de mensajes por y para la maquinaria bélica made in USA. No contentos con eso y tras la derrota del Eje del Mal formado por Alemania, Italia y Japón, la propaganda americana siguió aprovechando las impresionables mentes de los infantes, para continuar su particular enfrentamiento con el nuevo enemigo a batir, el comunismo, representado por la U.R.R.S. Una Timely que languidecía se sacó una nueva versión del Capitán América que perseguía el “virus” del comunismo en un olvidado Centinela de la Libertad que le hizo ganar la injustificada fama de fascistoide.






No sería hasta la llegada de Stan Lee y su revolución en los años 60, que los tebeos volverían a reflejar las inquietudes y el “zeitgeist” social que comenzaba a bullir en la revuelta sociedad americana de los 60. El miedo nuclear y radioactivo se podía percibir en los orígenes de esta nueva mitología que llegaba para quedarse. Desde la radiación Gamma que convertía al pusilánime doctor Bruce Banner en una bestia que sacaba la rabia interna de su mente reprimida, hasta la aparición del gen mutante provocada por la fisión del átomo, que originaría la primera banda de proscritos del mundo superhéroico, La Patrulla X.

Pero las inquietudes de Stan Lee eran muchas y variadas y más atrevidas que la simple y eterna batalla entre el bien y el mal. Si en 1971 el joven y contracultural guionista Denny O’Neil y el dibujante Neal Adams renovaron a dos figuras de DC Comics con poco atractivo para la juventud de principios de los 70 como Green Lantern y Green Arrow -a través de una corta pero intensa etapa, donde las viejas glorias de DC Comics se daban un baño de realidad en una road movie que les llevaba a un viaje por una América inundada de drogas, intolerancia, corrupción y racismo- Stan Lee se atrevía a enfrentarse con el Comics Code Authority, representando la caída a los infiernos de Harry Osborn, el amigo y compañero de piso de Peter Parker en su etapa universitaria. 






A partir de ahí, los tebeos dejaron de ser solo una cosa para niños, provocando una revolución en los años 70. Steve Gerber, influenciado por el movimiento underground de autores como Robert Crumb, ejemplo de la contracultura americana al nivel e influencia de Jack Kerouac o Hunter S. Thompson, presentó al mundo a Howard El Pato, un personaje antropomórfico que a través de su caricaturesca y en apariencia inofensiva apariencia, desmontaba el establishment desde dentro. O Gerry Conway, que desde las páginas de The Amazing Spiderman 129 nos presentaba a El Castigador, un oscuro y violento vigilante que provenía de los fantasmas de la Guerra de Vietnam y de antihéroes cinematográficos como Travis Bickle, el inolvidable y antológico personaje interpretado por Robert de Niro en la clásica Taxi Driver de Martin Scorsese. Sin olvidar el comienzo de la aparición de héroes urbanos y afroamericanos como Luke Cage que, además de evitar el canon del héroe rubio y de ojos azules, se enfrentaba a traficantes de drogas y criminales varios en vez de contra megalómanos excéntricos o villanos extradimensionales.



A finales de los 70 y gracias a un joven escritor llamado Chris Claremont, Marvel Comics acertó como pocas veces en su historia, al remodelar uno de los conceptos peor desarrollados por Stan Lee y Jack Kirby. En manos de Claremont, los incomprendidos y acosados hijos del átomo, se convirtieron en un reflejo y metáfora de todo aquello que era perseguido y mirado con recelo en la supuestamente libre y biempensante Norteamérica. La diversidad sexual y racial, el diferente o el marginado tenían unos nuevos héroes con los que sentirse identificados.

Incluso Claremont llegó aun más lejos, a principios de los 80, con una de sus mejores creaciones y que mejor reflejaba el miedo a una nueva enfermedad que aterrorizaría a una ignorante sociedad occidental, el Sida. Ese personaje fue Pícara, villana reconvertida en heroína en una de las mejores transformaciones de un personaje en el universo Marvel cuyo poder era también su mayor miedo, no poder tocar a alguien por temor a matarle y absorber sus recuerdos. Una alegoría del Sida que dio como resultado algunas de las mejores historias de su longeva etapa al frente de la franquicia mutante.






Pero, quitando a los mutantes y a Claremont, la editorial que más estuvo influenciada por los problemas sociales y políticos de los años 80 fue DC Comics, sobre todo por la llegada a la editorial de dos autores del calibre de Frank Miller y Alan Moore. El primero, atacando la neo-conservadora América de Ronald Reagan y su programa Guerra de las Galaxias en la épica El Regreso del Caballero Oscuro o el Thatcherismo y sus consecuencias en la distópica V de Vendetta o el miedo nuclear en Watchmen junto a Dave Gibbons. DC Comics incidió en esa vena social con tebeos tan referentes de una época como The Question de Denny O’Neil y Denis Cowan o el Hellblazer de Jamie Delano.

Los años 90 fueron un erial cultural en el mundo del cómic de las dos grandes editoriales. Autores como Jim Lee, Todd McFarlane o Rob Liefeld pocos intereses tenían aparte de representar el ruido y la furia cromados, malinterpretando los méritos de la generación de los 80. Y, las dos grandes, estaban más preocupadas de vender portadas alternativas que de ser un reflejo de la sociedad y la cultura como en décadas pasadas. Lo mismo decir de los años finales de la década de los 90. De la forma de la Modern Age con el fondo de la Golden Age, pasamos a una reinterpretación de los preceptos de la Silver y la Bronze Age pero con los medios y la técnica de la Modern Age.






Todo cambió el 11 de Septiembre de 2001. Un golpe de realidad que hizo despertar al mundo occidental y al mundo del espectáculo. Un punto y aparte en la historia de la humanidad y el año 0 de un siglo XXI que fue prólogo y precursor de 15 años donde los golpes políticos, sociales y económicos no podían no ser reflejados por los superhéroes.

Dejando de lado el emotivo pero algo naive homenaje que J. Michael Straczynski y John Romita Jr. hicieron de la catástrofe del World Trade Center en The Amazing Spiderman vol.2 nº 36, el autor que mejor supo reflejar los miedos y la inseguridad que el atentado de Al Qaeda provocó en el mundo occidental fue Mark Millar. Y, si ya comenzó a despuntar en la segunda temporada de The Authority junto a Frank Quitely, elevó a la enésima potencia los preceptos apuntados en los personajes creados por Warren Ellis en la serie estrella de la línea Ultimate, Los Ultimates, unos Vengadores actualizados para el violento e inseguro siglo XXI que supo aunar el gran espectáculo hollywodiense en Dolby Digital con los miedos de una sociedad que se sentía igual de pequeña tras una tragedia indescriptible como la del 11-S que con la presencia de unos superhumanos que están por encima del bien y del mal.






El éxito de la propuesta le llevó a Millar a encargarse de la historia más atrevida que había publicado Marvel en su universo tradicional hasta el momento: Civil War. Una obra donde Iron Man y el Capitán América, el primero, reflejo de la maquinaria militar y conservadora de América y el segundo, reflejo de la representación idílica de lo que pretende ser o vender América, se enfrentaban en un duelo físico y psicológico por el alma de una América resquebrajada tras el accidente provocado por un grupo de superhéroes adolescentes, donde la muerte de inocentes es aprovechada por el gobierno americano para controlar a la población superhumana y encerrar a aquellos que no quieran registrarse y perder su anonimato, con la polémica Ley de Registro Superhumano que Stark apoya y Rogers desprecia. Un reflejo de las medidas restrictivas y antidemocráticas que el gobierno de George Bush Jr. implantó tras unos atentados que nos hicieron más inseguros y menos libres, con una Patriot Act y una prisión de Guantánamo que nos hicieron estremecer y avergonzarnos a todos aquellos que creemos en la libertad.






El mérito de Millar fue su intención de no pontificar ya que a lo largo de 7 comic books, el escocés nos plantea los dos lados del conflicto, con sus pros y sus contras, con sus ventajas e inconvenientes que demostraron que a la Marvel de Joe Quesada y del siglo XXI no le temblaba el pulso al tratar temas controvertidos y adultos, planteados para individuos que no buscan un entretenimiento adocenado, pero sin olvidar el gran espectáculo, la emoción y la intensidad que caracteriza los mejores momentos y las mejores obras de la editorial.

Tras Civil War, Marvel Comics continuó y mantuvo en paralelo tebeos y obras, como el Reinado Oscuro de Norman Osborn o la larga y aclamada etapa del Capitán América escrita por Ed Brubaker, que acercaban cada vez más los acontecimientos de nuestra realidad diaria, traspasándolos con inteligencia a su universo de ficción. Un universo que visto en perspectiva sirve como perfecto reflejo hipervitaminado de las inquietudes, problemas, sueños, ilusiones y preocupaciones de una sociedad que puede verse representada e interpretada en universos de ficción que a veces, se convierten en documentos más reales, puros y fidedignos que el mundo real.

29 de junio de 2015

Jupiter's Legacy de Mark Millar y Frank Quitely: Más de lo mismo
















Hace tiempo que la obra de Mark Millar ha dejado de interesarme como lector. Los ya lejanos tiempos de un autor escocés que entró como una apisonadora en el mercado norteaméricano con tebeos como The Authority o The Ultimates a principios de la pasada década, han dado paso a un ególatra por encima del bien y del mal, muy pagado de si mismo y que genera "big concepts" para futuribles adaptaciones cinematográficas. Y si no, comparemos los tebeos anteriormente mencionados o su Civil War o Superman Red Son, con los tebeos de su Millarworld como Kick Ass, Superior o Némesis.



Estos últimos, han sido tebeos donde la forma ha superado al fondo, donde sus personajes son réplicas de arquetipos que encima no patentó él, sino contemporáneos con mucho más talento que él, como Grant Morrison, Warren Ellis o el propio Alan Moore, pero que quizá no tienen las habilidades para desplegar unas habilidades de mercadotecnia como las de Millar.

Su limitado talento además ha quedado al descubierto, cuando autores como Brubaker, Rucka, Remender o Jason Aaron han seguido sorprendiendo a los lectores con tebeos cada vez mejores, evolucionando y sorprendiendo a los aficionados con obras con varias capas de lecturas, diversidad de géneros y mucha inteligencia.



Millar en cambio ha caído en las redes de Hollywood y los tebeos ya no son más que mero trámite para conseguir el jugoso contrato de adaptación y recicla hasta la extenuación los cuatro conceptos (humor adolescente chabacano, violencia extrema, modernidad de saldo y pinceladas sexuales de instituto de secundaria) que le han hecho famoso.



Su nuevo proyecto, junto a Frank Quitely, pareja artística del escocés en The Authority, parecía a priori un paso adelante en la carrera de Millar. Una vuelta a lo que le dio el prestigio merecido en los inicios de su carrera. Y el resultado, un tebeo anticuado con conceptos mil y una vez sobados tanto por él, como por otros autores.



Millar fusila de su catálogo, The Authority, Wanted y Civil War, en un mundo de superhéroes donde los arquetipos del héroe de la Golden Age se enfrenta a su reverso tenebroso de la Dark Age de los 80, un tema que ya han tratado con mucha mayor frescura y relevancia, autores como Alan Moore en Miracleman o Watchmen y Mark Waid en Kingdom Come.



Súmale a este refrito de ideas que en los años 90 ya estaban pasadas de moda y que dio pie al mencionado Kingdom Come, el estilo y la actitud de una nueva hornada de superhéroes jóvenes que ha sabido tratar con mucha más fortuna autores como Grant Morrison en su muy cercano especial para The Multiversity llamado The Just, donde Morrison nos mostraba un mundo donde los herederos de los grandes héroes DC eran mostrados como unos niñatos que solo viven de su presencia social y de contratos de imagen, ya que el mundo ya no los necesita.

Por lo tanto, lo que nos cuenta Millar no es que esté mal contado, sino que ya nos lo han contado mil y una veces, provocando que a cada página que pasas, sepas lo que va a ocurrir en la siguiente, viendo como el autor se plagia a si mismo y plagia a sus compañeros de profesión, en un tebeo que si lo salva algo es el trabajo de Frank Quitely, aunque hay que avisar que no es el Quitely más inspirado y como muestra, ver lo que el dibujante ha conseguido y entrega en el especial Pax Americana de Grant Morrison para la serie The Multiversity y lo que le entrega al guionista de Kick Ass.



En definitiva, si eres un fan fatal de Millar no te pierdas su nueva obra, ya que encontrarás todos los elementos que ha ido entregando a lo largo de toda su carrera. Pero si eres, como yo, un lector que se ha cansado de los trabajos de la nueva superestrella del cómic de superhéroes, encontrarás en este Jupiter's Legacy muchos motivos para seguir con la misma opinión.

5 de marzo de 2015

KIngsman: The Secret Service de Matthew Vaughn. Entretenida revisión del cine de espías

























No se vosotros, pero desde hace ya tiempo, las obras de Mark Millar me dan mucha pereza. Poco queda de ese irreverente autor que nos sorprendió a finales de los 90 y principios del nuevo siglo, con tebeos tan influyentes, para lo bueno y para lo malo, como su etapa en The Authority o sobre todo sus famosos The Ultimates, una nueva versión de Los Vengadores, que ha quedado como su mejor trabajo hasta el momento.



Luego llegaron la fama y un ego que cada vez se hizo más grande, cuyo cenit sucede en el momento que publica Kick Ass, se desentiende de las grandes editoriales y en un ataque de soberbia absoluta comienza a crear lo que se conoce como el Millarverso, cuyo inicio comenzó de manera irregular en el año 2004, cuando publicó a la vez Wanted, The Unfunnies y Chosen, la segunda de ellas inacabada y culminó en el momento que junto a Kick Ass comenzó a publicar otros títulos como Némesis, Superior y este The Secret Service que nos ocupa.



The Secret Service original, dibujada por el mítico Dave Gibbons (Watchmen) no he tenido la ocasión de leerlo, por la desidia anteriormente expuesta que me provocan las actuales obras de este guionista escocés. Pero lo que si me llama la atención es su contrapartida cinematográfica, gracias a Mathew Vaughn, el director de la adaptación del primer Kick Ass y sobre todo por su magnífica aproximación a los X-Men en First Class.



¿Y qué nos encontramos en este The Secret Service versión cinematográfica? Pues una muy entretenida cinta de dos horas, que recupera el encanto del cine de espías de los años 60 como las cintas de Bond de Connery, Maxwell Smart o incluso Los Vengadores (la serie televisiva inglesa), pero por supuesto remozado con la mala baba y violencia descarnada que se espera de un tebeo de Mark Millar.



Olvidemos aquí las nuevas versiones del cine de espías realista comenzado por Jason Bourne en su trilogía cinematográfica y continuado por las tres entregas hasta la fecha del Bond de Daniel Craig. Kingsman va en contra de todas ellas, devolviendo el género a unas cotas de diversión que parecían olvidadas en aras de un realismo impostado. En resumen, es la diferencia que existe entre Los Vengadores y Los Guardianes de la Galaxia, con la trilogía Batmaniana de Nolan o Man of Steel.



Lo mejor de Vaughn, que al igual que hizo con Kick Ass, mejora los planteamientos de Millar, reduciendo sin eliminarlos los golpes de efecto violentos de las obras originales, con una dirección y un estilo que reformula el arte pop de los años 60 con el ritmo y las posibilidades digitales de la nueva era, apoyándose en un reparto que funciona a la perfección, convirtiendo a Colin Firth en el agente secreto más elegante y letal que te puedas imaginar, descubriéndonos a un nuevo talento como Taron Egerton como el novato Eggsy, entregándole un villano over the top a Samuel L. Jackson y sabiendo hacer uso de dos actores de tanto prestigio como Michael Caine y Mark Strong en sus papeles secundarios de lujo.



En definitiva, nos encontramos con un largo muy divertido, una mejora de la fórmula presentada en Kick Ass, pero un punto por debajo de lo que Vaughn nos ofreció en sus X-men: First Class, la que para mi por el momento es el mejor trabajo del director inglés.

25 de abril de 2012

Ultimate X-Men: La Gente del Mañana de Mark Millar y Adam Kubert. Colaboración para Panini Reviews


Panini recupera en su nuevo coleccionable de kioscos una de las aventuras editoriales de Marvel más exitosas de la última década, la línea Ultimate. Y una de las colecciones más famosas de la misma fueron los X-Men de Mark Millar. Un tebeo que no se encuentra entre una de las obras imprescindibles del autor, pero que se encuentra en una zona media de calidad bastante interesante, sobre todo para aquellos lectores que se quieran introducir en el mundo mutante sin tener que leerse tropocientas series y spin-offs. La reseña completa pinchando aquí.

7 de junio de 2011

Ultimate Avengers 7 de Mark Millar y Steve Dillon. Mi primera reseña para Panini Reviews


Hoy comienzo mi colaboración en el blog Panini Reviews, incluído dentro de la web de Panini Comics España. Como imaginaréis, estoy muy ilusionado con este nuevo proyecto y tanto yo como el grupo de bloggers que escribiremos periódicamente en dicho blog, intentaremos informar, sugerir y recomendar las novedades más interesantes que Panini Comics publique cada mes en nuestras librerías y quioscos (estos cada vez menos) favoritos. Por supuesto, muchas de las reseñas que realizaba mensualmente de las colecciones Marvel de Panini, pasarán a ser publicadas en Panini Reviews. Pero por supuesto, igual que hago con mis colaboraciones para la web Nuestros Cómics, serán enlazadas desde aquí, mi blog. Bueno, después de este rollo, os invito a que me leáis a mi, y al resto de mis compañeros blogueros, pinchando aquí.

8 de abril de 2011

Este fin de semana acudo a la Kapow Comic Con en Londres


Este fin de semana se celebra en Londres, en el Business Design Centre de Londres, la primera edición de la Kapow Comic Con. Un evento, ideado por Mark Millar, que pretende convertirse en el émulo europeo de lo que es la San Diego Comic Con en Estados Unidos. Para conseguirlo, Millar ha tirado la casa por la ventana y junto a él, los fans disfrutaremos de autores como Brian Bolland, Dave Gibbons, John Romita Jr., Olivier Coipiel, o Sean Philips, por citar solo unos pocos, paneles de la película de Green Lantern y Thor,  paneles de series de televisión (The Walking Dead, Misfits, aunque es una pena que se hayan caído los paneles de Dexter y True Blood), premieres de pilotos de series de televisión, como el primer capítulo de la producción de Spielberg, "Falling Skies", paneles de Marvel, DC, 2000 AD y del propio Millarworld y como gran sorpresa, para finalizar el domingo 10, la premiere de una película de superhéroes de este verano, que muy posiblemente sea Thor. Crucemos los dedos.

Como todo buen salón que se precie, también tendremos la entrega de los Stan Lee Awards el sábado 9 por la tarde. Así que nada, espero pasarlo más que bien en muy buena compañía y a partir de la semana que viene informaros de todo lo que haya acontecido allí. Que paséis un muy buen fin de semana todos. 

11 de diciembre de 2010

Ultimate Comics Avengers: Crime and Punishment. Reseñas comiqueras de actualidad


Ultimate Comics Avengers: Crime and Punishment de Mark Millar y Leinil Francis Yu ( Ultimate Comics Avengers 2 nº 1 al 6 USA).

La segunda miniserie de Los Vengadores Ultimatizados realizada por Mark Millar tras el evento Ultimatum no puede ser más decepcionante. Si la primera de ellas, junto al excelente dibujante gaditano Carlos Pacheco, era una superproducción de acción llevada al extremo, divertida y emocionante, esta nueva entrega es a los cómics lo que Michael Bay sería para el cine, o aún peor, lo que fueron los cómics de Rob Liefeld a los tebeos de superhéroes de los años 90: mucho ruído y pocas nueces y un insulto al género.



Por supuesto, nada queda de esos excelentes "The Ultimates" que junto al fabuloso dibujante Bryan Hitch, llamaron la atención de los lectores en la década pasada. Aquí, como en los infaustos cómics de la Image de principios de los 90, lo que importa son los grandes pistolones, los héroes rudos, la violencia de parvulario y los dientes apretados.



Millar y Yu, llenan seis números para contar algo que en un tebeo y medio tendrían de sobra. No es de extrañar que ocupe lo que ocupa, si necesitas las ocho primeras páginas del cómic para deleitarte con la masacre que The Punisher realiza, o un número casi completo para ver la pelea entre el Hulk primigenio (una de las pocos detalles en los que se ve la firma del viejo Millar) y Máquina de Guerra, además del uso y abuso de splash pages que no vienen a cuento.



No ayuda el horrible y hecho con prisas, dibujo del filipino Leinil Francis Yu. Un dibujante, que sin ser de lo mejor del mercado, tiene alguna obra digna de mención, como su Superman: legado con el guionistas Mark Waid, el especial widescreen de los Nuevos X-Men de Morrison, pero que en esta obra se le ve desganado, con prisas y aburrido. Dibujos a medio terminar, fondos casi inexistentes y figuras anatómicamente desproporcionadas, no ayudan a intentar vender una historia que Millar ha escrito mientras hacía sus necesidades en el baño.



Una pena después del buen sabor de boca del anterior volumen, una llamada de alerta hacia la obra de Mark Millar, que cada vez se lo está currando menos y se está gustando más a sí mismo. Esperemos que el próximo volumen, junto a Steve Dillon, nos devuelva al mejor Millar y a los mejores Ultimates.

22 de julio de 2010

Ultimate Comics Avengers: Next Generation. Reseñas comiqueras de actualidad.


Ultimate Comics Avengers: Next Generation HC de Mark Millar y Carlos Pacheco (Ultimate Comics Avengers 1 al 6 USA).

Estamos de enhorabuena. Mark Millar ha vuelto a su mejor creación (con permiso de su etapa en The Authority con Frank Quitely), tras el desastre que fue la etapa del infausto Jeph Loeb (¿qué le ha pasado a este hombre?) y el dibujante Joe Madureira. Reconozco que solo pude leer dos o tres números de esa etapa y tuve que parar para no arrancarme los ojos.




Tras los eventos de la saga Ultimatum que parece (ya que no tengo ningún interés en leerlo ya que está orquestado por el antes mencionado Loeb) ha hecho tambalear los cimientos del universo Ultimate, Millar ha vuelto por la puerta grande. De nuevo estamos ante la versión ultimatizada de Los Vengadores que todo fan quería seguir leyendo, tras las dos magníficas etapas que realizaron al unísono Millar y el dibujante Bryan Hitch. De nuevo somos testigos de como debe realizarse un tebeo de superhéroes para la audiencia del siglo XXI. Espectacular, conceptos novedosos, irreverencia, guiños a la cultura de masas. Todo ello aderezado con escenas de acción espectacular que no desmerecen a cualquier superproducción de Hollywood. Esta saga que nos ocupa, en la que seguimos la persecución de un grupo de Vengadores encubiertos liderados por un expulsado Nick Furia a un Capitán América renegado en busca de un Ultimatizado Cráneo Rojo al que le unen vínculos familiares sería una mezcla del Cameron de antaño con las aventuras de Jason Bourne.




Millar hace disfrutar al lector desde la primera página, con una historia inteligente y entretenida, donde el guionista vuelve a demostrar su capacidad de reinvención de personajes sobre-explotados convirtiéndoles en algo novedoso y nunca visto, todo ello con el tono irreverente y macarra que solo Millar sabe utilizar como nadie.




A destacar la nueva y terrorífica versión de Cráneo Rojo, la nueva Avispa y su triste pasado, el fascista Máquina de Guerra, un misterioso "Spiderman" que realiza un cameo y que seguro dará que hablar en próximas entregas y sobre todo Gregory Stark, el hermano más listo de Tony Stark, que tiene las mejores líneas de diálogo de toda la serie.




Realza el acabado final, los lápices de nuestro primer dibujante autóctono exportado a Marvel, Carlos Pacheco, con su estilo limpio y dinámico, que empieza a lo mejor algo acartonado (culpa de ello también es el baile de entintadores que tiene la colección, que le hace flaco favor a veces al propio Pacheco) pero que mejora número a número.




En definitiva, el cómic de superhéroes por excelencia de superhéroes del siglo XXI. Si quieres pasar un buen rato sin mayores complicaciones, este es tu tebeo.

11 de marzo de 2010

Kick Ass de Mark Millar y John Romita Jr. Reseñas comiqueras de actualidad.


KICK ASS de Mark Millar y John Romita Jr.

Si Stan Lee y Jack Kirby fueron los renovadores del género de superhéroes en los años 60 humanizándolos y cargándolos de problemas mundanos, si Miller y Moore nos descubrieron en los años 80 como serían los superhéroes en el mundo real, Mark Millar en el nuevo siglo y a través de obras como "The Ultimates" o "The Authority" nos enseña como serían los superhéroes en nuestra sociedad actual sobrecargada de información y obsesionada por las celebrities y la fama.

Kick Ass, su última obra realizada a la par con uno de los mejores dibujantes de la historia del cómic, en activo desde los años 70, Romita Jr., da un nuevo paso en su acercamiento a lo que significan los superhéroes en nuestra sociedad actual.



En esta obra toma como referente al Spiderman creado por Lee y Ditko allá por 1962, pero actualizado a nuestra época. La diferencia entre Spiderman y este nuevo personaje es muy grande. Peter Parker consigue poderes y se hace un héroe debido al complejo de culpa creado a partir de que no paró al ladrón que mató posteriormente a su tío. En cambio nuestro "héroe", por llamarlo de alguna manera, no tiene ningún poder y se hace un superhéroe porque su vida le hastía. Es un chaval de 15 años en el instituto, lo que los americanos llaman un "nerd", con escasa popularidad en el instituto, nula capacidad para ligar (está obsesionado por una chica de su clase que le desprecia), y por supuesto, fan absoluto del mundo del cómic, al igual que su grupo de amigos, inadaptados sociales como él. Por supuesto nuestro personaje se convierte en un fenómeno social, originando que otros tarados, igual de inadaptados que él, se enfunden las mallas e impartan justicia, algunos de ellos de manera expeditiva.



Millar se ríe de nuestra sociedad actual, del culto a la fama, de las redes sociales, de la falta de comunicación, y de los falsos ídolos típicos de nuestra época, adornado todo ello con referencias extremadamente actuales, muchas de ellas solo comprensibles por los aficionados al medio, y cargado todo de mala leche, y una violencia extrema.

La historia empieza potente (es una miniserie de 8 números), y la primera mitad de la serie está muy bien equilibrada en cuanto al entorno personal del protagonista y su supuesta vida superheróica, pero en la segunda mitad de la serie, los acontecimientos se precipitan un poco, abusando de las escenas de acción y violentas, dejando en un segundo plano las consecuencias a nivel personal. Pero es un cómic de superhéroes superior a la media y que merece la pena leerlo.



A los lápices nos encontramos con John Romita Jr., un verdadero profesional de la industria, con una narrativa excepcional y que en sus más de 30 años de profesión, no ha empeorado sino que se ha mantenido e incluso a evolucionado de forma positiva dando una lección de como dibujar un cómic.

La violencia del cómic es abrumadora, de la que Tarantino estaría orgulloso, pero tristemente en su adaptación cinematográfica que llegará en los próximos meses (en España en Junio), se ha rebajado el nivel de violencia para frenar a la temida censura y que la película pueda llegar al mayor número de público posible. Su trailer por lo menos da esperanzas de que será una buena adaptación, aunque el protagonista me parece demasiado mayor en comparación con el personaje del cómic.



En resumen, no dudéis en comprarlo cuando aparezca en nuestro país, ya que me imagino que Panini lo hará coincidir con el estreno del filme.
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