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21 de julio de 2018

The Man of Steel de Brian Michael Bendis y vv.aa.: Algo viejo, algo nuevo



Al igual que hace ya más de treinta años, Superman, el icono de DC Comics en particular y de la industria de los cómics de superhéroes en general, abre siempre el paso de una renovación del género. A mediados de los años 80 fue la llegada de John Byrne a DC Comics, tras su espantada de Marvel debido a sus múltiples problemas y disensiones con Jim Shooter -editor in chief de la casa de las ideas en esos momentos- la que trajo una renovación y una calidad necesaria a una editorial que había desatendido a sus primeras espadas. Ahora, el revulsivo es la llegada de Brian Michael Bendis a la editorial y al personaje tras casi dos décadas de dedicación exclusiva a Marvel Comics. Y de nuevo, su llegada al Hombre de Acero, al igual que la de John Byrne, es a través de una miniserie de seis ejemplares, titulada The Man of Steel, como preámbulo a una etapa, dividida entre ambos títulos (independientes, pero a la vez co-dependientes) como son Superman (renumerada de nuevo para la ocasión) y Action Comics (que exhibe con orgullo su prolongada numeración). 






Pero si Byrne llegó para hacer borrón y cuenta nueva (eran los tiempos post-Crisis) renovando y modernizando el origen del Hombre de Acero desde cero, la situación de Superman, DC Comics y el propio Bendis no es la misma. En primer lugar, DC Comics está en un buen momento creativo, con títulos, líneas editoriales y autores interesantes, de los que este Superman solo es la guinda del pastel. Y en cuanto al último hijo de Krypton, el personaje viene de dos etapas que han sido bien recibidas tanto por público como crítica, las correspondientes a Peter Tomasi y Patrick Gleason en Superman y la de Dan Jurgens en Action Comics. A partir de ahí, Bendis elabora su miniserie entre dos líneas temporales: aquella que funciona desde el pasado y que desarrolla y lleva a un nuevo punto de partida, aunando los elementos más importantes de las etapas de Tomasi y Jurgens y que funciona a través de los seis ejemplares como flashbacks donde Bendis hace un excelente uso de su herramienta más conocida y a la vez polémica, el “decompressed storytelling”. En cambio, el presente del personaje le sirve a Bendis como nuevo tapiz donde desarrollar aquello por lo que se le ha contratado: nuevos arcos argumentales, nuevos personajes (con preponderancia de personajes femeninos poderosos y fuertes, marca de la casa Bendis) y nuevas amenazas como ese tan publicitado como Rogol Zaar (diseñado para la ocasión por Jim Lee) y que más allá de sus apariencias, es una amenaza mucho más interesante e inteligente que su aspecto post-Doomsday y noventero pueda aparentar a simple vista. 






Bendis demuestra su conocimiento del personaje, en un primer ejemplar que sienta las bases de un Superman positivo, humano y faro de luz, tanto en su identidad secreta como superheróica, consiguiendo que el lector se sienta de nuevo como en casa, para inmediatamente después le rompa los esquemas, en un ejercicio de retro-continuidad muy interesante, desmontado, destruyendo o mutando todos aquellos elementos icónicos del personaje y su universo. Y todo ello sin derribar aquello que han construido sus predecesores, manteniendo la personalidad y el tono que han convertido a Superman en icono imperecedero y a su vez, entregando lo mejor de un estilo Bendis que quizá ya le estaba pasando factura en Marvel por agotamiento creativo. 






Si todos estos elementos no son suficientes, los artistas que acompañan a Bendis en la miniserie de seis ejemplares de cadencia semanal son tanto hot artists contemporáneos como Ivan Reis (dibujante que le acompañará en la serie regular de Superman) o Jason Fabok, dibujantes actuales que merecen un mayor reconocimiento mediático como Ryan Sook o Evan Shaner o viejos y amados conocidos de la década de los 80 que no se prodigan todo lo que le gustaría al aficionado como Kevin Maguire y Adam Hughes. 






Todos ellos entregan un tebeo que es una excelente muestra de todo lo bueno que puede ofrecer el tebeo de superhéroes mainstream. Un trabajo que tiene un pie en el pasado pero que tiene la mirada dos y tres pasos más allá en el futuro. Un tebeo repleto de lugares conocidos en una primera instancia para ser luego derribados y modificados en un abrir y cerrar de ojos para dejar un nuevo mapa cartográfico para el personaje, donde todo es posible. 



22 de junio de 2013

Man of Steel de Zack Snyder: La polémica está servida. (Cuidado Spoilers)


Quiero empezar esta reseña con una confesión muy importante. Me gusta el Superman de Richard Donner, fue la primera película que vi en el cine con 4 añitos y fue mi punto de partida para enamorarme de los cómics, el cine y sobre todo los superhéroes. Pocas cosas han cambiado mi mundo como ver a Superman volar por primera vez en su Fortaleza de la Soledad, descubrir el mundo de Krypton de  la mano de Marlon Brando, aterrorizarme y fascinarme a la par con esa genial representación de la Zona Fantasma o sufrir el dolor de la muerte de Lois Lane junto a Superman, tras encontrar a esta enterrada bajo los escombros en el terremoto provocado por Lex Luthor.


Pero eso no quita para ver con la perspectiva del tiempo, que el Superman de Donner es muy hija de su tiempo (finales de los 70), que muchos conceptos están completamente demodé (ese Lex Luthor muy alejado del maquiavélico hombre de negocios y científicos que desarrollaron Marv Wolfman y John Byrne a partir de 1986, el bufonesco secuaz de Lex, Otis o ese Krypton de cartón piedra y derivado estéticamente de los excesos del diseño de la hortera década de los 70).


Por eso no entiendo la inquina con la que es atacada esta nueva versión creada por el tándem Snyder/Nolan/Goyer. Y no lo entiendo porque la nostalgia mal entendida está demostrado que no lleva nunca a buen puerto (sino que se le digan a Bryan Singer con su prescindible y blandita revisión/secuela que Superman Returns y de la que nadie se acuerda ya) y que hay que darse cuenta que hemos cambiado, los gustos y la manera de hacer las cosas también y que el mundo en el que vivimos no es el mismo que había cuando se estrenó el Superman de Donner.


Man of Steel no es una película perfecta, ni mucho menos, pero casi ninguna lo es. Pero lo que si que es, es muy entretenida, muy valiente y muy diferente a lo que el público esperaba de una nueva película de Superman, muy al estilo de lo que Batman Begins para el Hombre Murciélago.


De Batman Begins coinciden Nolan y Goyer y el primer acto de la película, el origen del héroe, está narrado de la misma manera que el de Bruce Wayne en Begins, con retales, con retazos que director y guionista dejan que el público rellene por si mismo, porque Superman, al igual que Batman son ya de dominio público. Por eso Snyder nos deja entrever a Lana Lang, pero no profundiza en ella porque no hace falta, no repite el encuentro de los Kent con el bebé y la nave espacial, porque ya nos lo sabemos. Pero si que profundiza más en la sociedad kryptoniana y nos hace entender porqué Zod hace lo que hace y se dirige a la tierra, no como el Zod de Superman 2 y sus secuaces, que lo único que quieren es hacer el mal y dominar a la humanidad BWHAHAHAHA.... No, el Zod interpretado por Michael Shannon tiene una misión y una lógica en sus acciones, aunque las que tiene sean tan terroríficas para el planeta Tierra.


Cierto es, que Snyder no es un director tan hábil en el storytelling como Nolan y el primer acto de la película, aun con aciertos tan geniales como la primera vez que Clark se da cuenta de niño de sus poderes (sacado directamente del Superman: Secret Origin de Geoff Johns y Gary Frank) o la conversación de Jonathan con Clark, salta en el tiempo de una manera no tan fluida como hacía Nolan con el viaje iniciático de Bruce Wayne.


Lo que si hace muy bien este equipo artístico es demostrar la soledad de un ser que vive en un mundo que no pertenece. Olvidados de ese Superman sonriente que es de Krypton como si fuera de Palencia. No, a este Superman le afectan sus orígenes y descubrir que está solo en un mundo al que realmente no pertenece. Y peor, un mundo que le mira con recelo y con miedo, porque no puede controlarle y le teme por ello, como muy bien dice Superman a los militares en la genial escena del interrogatorio con Lois Lane.


Una Lois Lane diferente a todas las que hemos visto, más un apoyo que una damisela en apuros, más cercana a la Lois de John Byrne, compañera del héroe, mujer de armas tomar, aunque deba ser salvada por el Hombre de Acero en una épica escena.


Pero la parte que más palos se ha llevado ha sido ese estruendoso tercer acto que transcurre entre Smallville y Metrópolis donde Snyder se arranca y pone el acelerador para mostrar, como ya hicieron Los Vengadores de Whedon, como se debe representar con los medios actuales una batalla entre superhombres. Y si en el filme de Whedon la épica se mezclaba con ese humor que tan bien se le da al creador de Buffy para aligerar lo que es una matanza indiscriminada de civiles (porque ocurre aunque no lo veamos), Snyder mezcla la épica con la seriedad y la pesadumbre de una América y un mundo post 11-S, porque no es difícil ver en esa Metrópolis apocalíptica tras la batalla entre seres cuasidivinos ecos de una tragedia que ha cambiado la percepción de la sociedad occidental.


Así que no entiendo cuando los críticos más feroces abuchean y tiran por los suelos ese tercer acto del filme porque es muy largo (se me pasó volando y me quedé con ganas de más) y ponen como crítica (al igual que al resto de la cinta) que está exenta de humor??? ¿Desde cuando Superman tiene que tener humor? Si, es cierto que el Superman de Donner y sobre todo el de Lester (ahora va a parecer que la abominable Superman 3 es una buena película de Superman) tenían humor, pero dudo que el público actual y cualquier persona que no tenga más de 10 años de edad, quiera ver a Otis el secuaz de Lex Luthor. O que esperaban, ¿que una invasión alienígena inesperada la iban a recibir los personajes y el mundo en el que viven con ligereza y buen humor?


Y llegamos al punto o puntos que más ríos de tinta han hecho correr entre los críticos más duros con la cinta: la muerte/sacrifico de Jonathan Kent, necesaria para entender al personaje de Clark y la decisión de matar a Zod por parte de Superman al final del filme. Lo primero, es que a Superman no le queda otra, porque Zod es imparable y está decidido a acabar con la Tierra y restaurar Krypton y estamos en un mundo en el que ni hay kryptonita, ni prisión lo suficientemente resistente para encerrar a alguien igual de poderoso que Superman. Y lo segundo, estamos ante un Superman que todavía no es el Superman que conocemos, un novato al que lo que ha ocurrido le ha venido grande y de improviso y que toma una decisión que le traerá consecuencias, de ahí ese grito desgarrador tras hacerlo.


Por supuesto que el filme no es perfecto, desde ese primer acto que no está montado y contado con la brillantez de un Nolan, al exceso de información y apariciones de esa entidad con los recuerdos de Jor-El, pero donde lo positivo gana con gran mayoría a lo negativo, desde el excelente prólogo de Krypton, al preámbulo del apocalipsis que es el mensaje de Zod al planeta tierra a una batalla final que te deja sin aliento o ese epílogo de la infancia de Clark con la capa roja (un Snyder imbuido del espíritu de Terrence Malick) o la primera aparición del alter ego del Hombre de Acero. Ya tendremos tiempo de indagar en el Daily Planet, en Metrópolis, Lex Luthor y demás elementos característicos de la leyenda, pero este primer paso es un grandísimo acierto y una revolución para un personaje que para el público se había convertido en una reliquia de la prehistoria. Y por cierto, Henry Cavill ES Superman.

21 de junio de 2013

Superman: Cuatro Estaciones de Jeph Loeb y Tim Sale: Los 10 tebeos de Superman que tienes que leer antes de ver The Man of Steel (10 de 10)


Superman: Cuatro Estaciones de Jeph Loeb y Tim Sale (Superman For All Seasons 1-4 USA)

Para terminar el especial del Hombre de Acero que llevo realizando estos 10 últimos días con motivo del estreno hoy de la nueva y esperadísima versión del Hombre de Acero, he decidido que el último tebeo imprescindible de esta selección es la reinterpretación del origen del personaje que llevaron a cabo el tándem creativo formado por Loeb y Sale, tras el éxito de ventas y artístico que fue Batman el Largo Halloween.


Jeph Loeb es un guionista muy irregular y muy dependiente de su compañero a los lápices, existiendo una diferencia abismal entre los trabajos que ha realizado con Tim Sale, que los que realiza con dibujantes mucho menos competentes como Joe Madureira (The Ultimates) o el tristemente fallecido Michael Turner (Superman/Batman).


Pero releyendo esta enésima versión de los orígenes del héroe de Krypton, me he dado cuenta de una cosa, que el verdadero maestro de este laureado tebeo es Tim Sale, porque sin él, la historia que nos cuenta Loeb no es nada del otro jueves.

Cierto es que este Superman es uno de los más humanos y entrañables que nos hemos encontrado, que los mayores aciertos se encuentran en Smallville, sobre todo en las conversaciones y los miedos de Jonathan y Martha Kent, las de ellos con Clark, y la relación de este último con su querida Smallville y la interacción con sus amigos de la infancia, en especial con Lana Lang.


Pero Loeb no inventa nada que no estuviera ya planteado en la que es ciertamente la versión cuasi definitiva del personaje, que fue la de John Byrne en los años 80. Lo único, que Tim Sale es un artista más elegante e impactante de lo que puede ser John Byrne, sobre todo para la sofisticación de las audiencias actuales.

Sale desborda las páginas del cómic con bellas composiciones, herederas de esa América soñada salida de las pinturas de Norman Rockwell, o de esos impactantes planos generales de la obra de John Ford. Pero el guión de Loeb no trae ninguna novedad al origen del personaje y sus primeros pasos, únicamente que la historia está contada en las cuatro estaciones del año, por cuatro puntos de vista diferentes: Jonathan Kent, Lois Lane, Lex Luthor y Lana Lang. Pero el desarrollo de los acontecimientos, cambiando una coma por aquí, incluyendo un personaje nuevo y quitando otros, es lo mismo casi, que lo que planteó Byrne en su mítica miniserie Superman: El Hombre de Acero.



Recomendable sobre todo para disfrutar de un Tim Sale pletórico, quizás uno de los mejores trabajos en la excelsa carrera del dibujante y un buen punto de partida para aquel que nunca se ha acercado a un tebeo de la creación de Siegel y Shuster, pero al que le falta un mayor grado de atrevimiento u originalidad para poder superar otras interpretaciones mucho más novedosas o inteligentes. En el fondo, el trabajo de un buen artesano, al que le faltan arrestos o talento para atreverse a llegar más allá.

20 de junio de 2013

Superman Kryptonita de Darwyn Cooke y Tim Sale: Los 10 tebeos de Superman que tienes que leer antes de ver The Man of Steel (9 de 10)


Superman: Kryptonita de Darwyn Cooke y Tim Sale (Superman Confidential 1-5 y 11 USA)

Dentro del puñado de tebeos de Superman que han ido apareciendo en esta selección personal, puede que este sea el menos conocido de todos ellos y quizás el menos ambicioso en cuestión de revolucionar los cimientos del personaje. Pero no nos llevemos a engaños, porque Superman: Kryptonita es un tebeo de altísima calidad con un equipo creativo de auténtico infarto, Darwyn Cooke y Tim Sale.


Darwyn Cooke, en su primer trabajo solo como guionista, se alía con Tim Sale, excelente y personalísimo dibujante, asociado en el imaginario popular con el guionista Jeph Loeb, para entregarnos una historia con regusto clásico y noir, reinterpretando el número 61 de Superman aparecido en 1949.

Dicho ejemplar es importante, porque aunque la kryptonita apareció por primera vez en el serial radiofónico de los años 40, su puesta de gala en la mitología comiquera del personaje fue en dicho ejemplar, al igual que el descubrimiento por parte de Superman de sus orígenes extraterrestres y de la existencia del planeta Krypton.


Por lo tanto, en Superman: Kryptonita nos encontramos a un Superman/Clark Kent en sus inicios como héroe. Un héroe que se cree indestructible y que tiene que comenzar a afrontar que sus poderes tienen límites, que la muerte es una opción para él y que debido a esto y como todos los grandes héroes mitológicos, eso lo hace aún más grande.

Pero además de conocer la existencia del meteorito que puede acabar con su vida y sus orígenes extraterrestres, Superman y Lois Lane (nunca ha sido tan bella como en esta representación de Tim Sale, el cual reconoce haber sido influido por el trabajo gráfico del propio Cooke) deben replantearse su relación amorosa y el último hijo de Krypton descubrir que es mejor que intente conquistar a la mujer de su vida a través de su entrañable, patoso pero muy humano alter ego.


Un guión clásico pero inmortal, un trabajo artístico de 10, un momento de la historia de Superman imprescindible y una ambientación moderna pero a la vez noir, para un tebeo que no puedes dejar pasar, no solo si eres fan del Hombre de Acero, sino también si eres fan del medio.

19 de junio de 2013

Superman: Identidad Secreta de Kurt Busiek y Stuart Inmonen: Los 10 tebeos de Superman que tienes que leer antes de ver The Man of Steel (8 de 10)

Superman: Identidad Secreta de Kurt Busiek y Stuart Inmonen (Superman Secret Identity 1-4 USA)

Si hace un par de días comentaba el All Star Superman de Morrison y Quitely, publicado entre 2005 y 2008, ahora llega el turno del otro gran tebeo del personaje publicado en la primera década del siglo XXI, en el año 2004, Superman Identidad Secreta, que sirve como contrapunto perfecto a la obra de Morrison, ya que no puede ser más diferente en forma y fondo, pero que juntas dan la mejor interpretación global que haya podido tener el personaje en sus 75 años de historia.

Si la obra de Morrison lleva hasta el extremo los conceptos de ciencia ficción implícitos en la naturaleza del personaje y su condición de héroe cósmico por excelencia, Busiek juega a la Nolanizacion del héroe, antes de que Nolan lo instaurara en su famosa trilogía del Caballero Oscuro.


Todos sabemos que uno de los grandes aciertos y virtudes que atesora Kurt Busiek como guionista de cómics de superhéroes es su conocimiento enciclopédico de dicho universo y esta miniserie de Superman tiene sus raíces en un desconocido número de la colección DC Comics Presents, en concreto su número 87. 


La base de la historia original y que Busiek desarrolla junto a Stuart Inmonen es como punto de partida muy interesante. El mundo que plantea es el nuestro, no el del Universo DC, sino el real, donde existe Superman como héroe de ficción y conocemos a un chico llamado Clark Kent, residente en un pueblo de Kansas, que es la mofa y la befa de sus compañeros de instituto por llamarse igual que el héroe del cómic, pero que en su adolescencia descubre que tiene los mismos poderes que Superman.


Los paralelismos de este Clark Kent, más parecido a Peter Parker que a su homónimo, desarrolla en paralelo la vida del Superman de ficción, pero despojado de todo el componente fantástico y alienígena que tiene el original. Busiek da a entender que estos poderes son fruto de un experimento científico de los servicios secretos norteamericanos, pero sin necesidad de desarrollarlo, porque eso no es lo importante.

Lo importante es la emotiva vida de Clark Kent, el cambio que provoca en su vida la aparición de sus poderes y como va evolucionando y madurando como ser humano. También conoce a una Lois, que no Lane, con la que se casa, comparte sus secretos y se casa y envejecen juntos, incluso teniendo una pareja de gemelas.

El acierto de Busiek, acentuado por uno de los mejores trabajos artísticos que ha realizado el dibujante Stuart Inmonen en toda su carrera, es contar toda la historia desde el punto de vista de Clark, narrado en primera persona a través de sus diarios personales, un estilo que Busiek ya había demostrado que dominaba en su imprescindible Marvels, el tebeo que le dio a conocer y que fue el primer paso del rescate del cómic de superhéroes americano en la década de los 90.


No esperéis a Lex Luthor, Kandorianos, Kryptonianos o Kryptonitas de millones de colores. Este es un tebeo de Superman diferente, pero que da la interpretación del héroe creado por Jerry Siegel y Joe Shuster más original, diferente y respetuosa jamás realizada. Un tebeo con mayúsculas.

18 de junio de 2013

Superman: Para el hombre que lo tiene todo de Alan Moore y Dave Gibbons: Los 10 tebeos de Superman que tienes que leer antes de ver The Man of Steel (7 de 10)

Superman: Para el hombre que lo tiene todo de Alan Moore y Dave Gibbons (Superman Annual 11)

De nuevo aparece el nombre de Alan Moore relacionado con el Hombre de Acero. Porque Moore, durante su etapa al frente de La Cosa del Pantano en los años 80 y poco antes de embarcarse en su gran obra, Watchmen, realizó una serie de colaboraciones para el personaje insignia de DC Comics que quedaron grabados en fuego en las mentes de los lectores de los 80 y que no han sido superadas por casi nadie.

"Para el hombre que lo tiene todo" reúne y demuestra de lo que son capaces un equipo artístico tan bien engrasado como Moore y Gibbons, y que luego explotaría en ese Watchmen tan conocido y por el que el tiempo ha pasado inmejorablemente. Moore realiza aquí un "What If" encubierto, que nos muestra que hubiera pasado si el planeta Krypton nunca hubiera explotado. La excusa, en el cumpleaños de Superman, el kryptoniano es visitado por Batman, Robin y Wonder Woman para celebrar su cumpleaños. Cuando los tres héroes llegan a La Fortaleza de la Soledad, encuentran a su amigo paralizado y con una extraña planta alienígena pegada a su torso. Esta planta es un regalo de uno de los enemigos de Superman, el alienígena Mongul y lo que esta planta hace es alimentarse de manera simbiótica con la forma de vida a la que domina, dándoles a cambio aquello que más anhelan.

Superman lo que más anhela es que su planeta de origen nunca hubiera desaparecido. Pero el sueño se convierte en pesadilla. Kal El aquí no es un héroe, es un científico, al igual que su padre, hastiado de la vida y al que le falta un propósito en la vida, una ilusión, un interés. Está casado y tiene tres hijos, pero nada de esto le reconforta, porque sabe que algo no va bien.


En las escasas páginas en las que transcurre el "What If", Moore es capaz de enseñarnos lo que habría sido la sociedad de Krypton. Un mundo en decadencia, con disturbios sociales y religiosos, con fanáticos seguidores de Jor-El, un científico despreciado y objeto de burla por sus predicciones apocalípticas incumplidas y que en el fondo hubiera casi deseado que Krypton hubiera explotado.


El resto del ejemplar, una vez Superman es despertado de dicha ilusión, es un combate fastuoso entre Superman y Mongul, realzado por el fantástico arte de Dave Gibbons, con un Superman clásico pero a la vez más grande que la vida, acompañado de los otros héroes icónicos del universo DC.

En escasas 48 páginas, Moore y Gibbons se adentraron en conceptos tan interesantes y filosóficos como el concepto de realidad y que parte de lo que percibimos es real y como es posible distinguirlo, la decadencia de las civilizaciones paralelas al progreso tecnológico o la falta de objetivos en el individuo, en un tebeo que no olvida lo que es, un tebeo de superhéroes y que es capaz de satisfacer tanto al lector de tebeos de toda la vida, como al lector casual, con una historia universal, donde Moore nos demuestra de nuevo que hay que tener cuidado con lo que se desea, ya que el sueño casi siempre se convierte en pesadilla.

17 de junio de 2013

All Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely: Los 10 tebeos de Superman que tienes que leer antes de ver The Man of Steel (6 de 10)


All Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely (All Star Superman 1 al 12 USA)

Con Superman en DC pasa un poco como con Los 4 Fantásticos en Marvel. Ambos son los personajes que originaron los dos grandes universos de ficción del mundo del cómic y ambos son menospreciados por la gran mayoría de los lectores y aficionados, el primero por el omnipresente Batman y los segundos tanto por Los Vengadores como por La Patrulla X.

Y la culpa no es de los personajes, sino de los autores. Porque Superman y al igual los 4F son un verdadero canto a la fantasía, con universos y posibilidades más grandes que la vida misma. Unos personajes que solo necesitan de autores capaces y valientes para arriesgarse a llevarlos donde ningún otro autor ha sabido.


Y eso le pasó al Hombre de Acero en el año 2005. DC Comics inauguró una nueva línea editorial llamada All Star Comics. Por supuesto, los dos personajes que la iniciaron fueron los dos pilares de la editorial, Batman y Superman. El primero, de la mano de Frank Miller y Jim Lee, en un serial que nunca llegó a terminar y que demostró que Miller llevaba demasiado tiempo viviendo de las glorias pasadas y que el horror que fue DK2 no fue fruto de la casualidad y el último hijo de Krypton, de la mano de Grant Morrison y Frank Quitely, equipo artístico que ya había demostrado sus habilidades como tándem artístico en tebeos tan interesantes y fundamentales como Los Invisibles, Flex Mentallo o Nuevos X-Men.

Y lo que consiguieron estos dos autores fue el relato de Superman definitivo. Tan definitivo, que el único relato que le puede mirar en igualdad de condiciones (y en algunos aspectos por encima del hombro) es "¿Qué ocurrió con el Hombre del Mañana?" de Alan Moore. Al igual que este último, All Star Superman es la última historia del Hombre de Acero. Y no solo la última, sino también la definitiva.


Morrison adora a los héroes del cómic, no solo como personajes de mundos ficticios, sino también como iconos y leyendas que han traspasado las barreras de la tinta y el papel. Pero no solo eso, también es un escritor que viene con la lección aprendida (al igual que en su polémica y reivindicable etapa al frente de Batman que está a punto de terminar), sabiendo aunar los más de 70 años del personaje en 12 números.


La premisa de la historia es sencilla pero muy potente. Tras una exposición extrema al Sol, Superman está a punto de morir, pero antes de eso debe cumplir 12 tareas, al estilo de los grandes héroes de la mitología, porque para Morrison, Superman es el equivalente de esos héroes mitológicos, pero para las audiencias del siglo XXI.


El recorrido de Morrison alrededor de la historia del personaje no deja nada de lado. Desde contar su origen de la manera más concisa posible (4 viñetas, 4 frases concretas y maravillosas) y una sola página, hasta Lois Lane, su doble identidad, su archienemigo Lex Luthor, Bizarro,Krypto, Smallville o la redacción del Daily Planet.


Pero lo maravilloso es que lo habitual se convierte en novedoso, sin cambiar lo que hace a Superman grandioso. Morrison no reinterpreta a la leyenda porque no le hace falta. Lo que si que hace es ampliar el scope, utilizando los recursos de la ciencia ficción más inteligente y vanguardista: viajeros temporales, amenazas solares, agujeros negros demoníacos y un sinfín de conceptos que Morrison vomita página a página, demostrando que la imaginación de este hombre es inabarcable.


Por supuesto, la otra mitad del tándem, Frank Quitely, refuerza y engrandece la narrativa Morrisoniana, en el que quizá es uno de los tebeos más bonitos y mejor narrados en lo que llevamos de siglo. Su Superman es majestuoso y desprende bondad e inteligencia por todos sus poros, su Clark Kent es entrañable y adorablemente patoso, su Lois Lane es bella e inteligente, su Lex Luthor es un villano más grande que la vida y su reinterpretación de un andrógino Jimmy Olsen, que podría pertenecer a ese grupo de anarquistas del pensamiento que son Los Invisibles, simplemente genial.


El resultado, doce tebeos que beben de los conceptos sin complejos del mejor Superman de los años 50, que evitan cualquier acercamiento a ese realismo impostado que puede haber sido la mayor lacra para estos universos y que redefine como definitivo héroe de leyenda a un personaje devaluado con el paso de los años, pero que sin él, ni yo estaría escribiendo de los temas que escribo, ni vosotros estaríais leyéndolo.
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