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18 de octubre de 2018

The Terrifics de Jeff Lemire: Recuperando el espíritu de la primera familia






















Entre la multitud de títulos salidos del final del evento Metal de Scott Snyder -bajo el sello The New Age of Heroes- un título sobresale por el resto: The Terrifics. Un tebeo que consigue emular y transmitir las sensaciones ya casi olvidadas de como eran los tebeos de los años 70 y 80, sin ser un mero pastiche de los referenciados. El triunfo hay que reconocérselo a Jeff Lemire que vive una nueva edad de oro gracias a su excelente Black Hammer bajo el sello Dark Horse y que vuelve de nuevo al universo DC tras su escasamente brillante trabajo durante The New 52






Lemire emula el sense of wonder de Los 4 Fantásticos tanto de Lee y Kirby como sobre todo de John Byrne con un supergrupo de personajes unidos a su pesar y formado por personajes tan infrautilizados como Plastic Man, Mr Terrific, Metamorpho y un personaje de nuevo cuño, Phantom Girl, tan interesante como carismática. Esta entente de héroes le sirven a Lemire para ofrecer un sentido homenaje a una edad dorada y perdida del cómic book, donde era posible entregar un trabajo sólido y adictivo más allá de eventos multitudinarios y molestos crossovers. Así, libre de de las ataduras de la mal entendida continuidad y universalidad de estos mundos de ficción corporativos, Lemire tiene la libertad para ofrecer una serie modesta que es capaz de equilibrar las grandes aventuras cósmicas con una construcción de personajes donde las interacciones entre los mismos y los problemas asociados a dichas relaciones, otorgan al relato los mejores y más inspirados momentos del serial. 






Lemire consigue que cada uno de los personajes, ya sean principales o secundarios, tengan su razón de ser dentro de la narrativa central. Todo ello sin necesidad de infinitos arcos argumentales, entregando tramas principales que se resuelven en dos o tres ejemplares máximo -rompiendo la regla del futurible paperback- sin olvidar que existe una trama global que se va desarrollando de manera firme pero pausada a lo largo de los seis primeros ejemplares de la colección y que seguramente no será del agrado del genio de Northampton.

En cuanto a su apartado gráfico, la serie arranca fuerte en sus tres primeros ejemplares. Nada más y nada menos que Ivan Reis que complementa perfectamente los guiones de Lemire, bordando tanto los momentos más espectaculares y bigger than life de escala cósmica, como las pequeñas interacciones interpersonales de los protagonistas. Su marcha al Superman de Brian Michael Bendis es paliada por un atractivo trabajo de Doc Shaner, completamente opuesto en sus formas y estilo al de Reis y al algo menor Joe Bennet que pretende igualar las habilidades de Reis sin conseguirlo. Pero en honor a la verdad, la habilidad de Lemire como guionista consigue que aún con el baile de dibujantes, la serie mantenga una unidad narrativa. 






En definitiva, uno de los tebeos más frescos de la nueva DC, quizá algo enterrado bajo la gran cantidad de bombazos y títulos estrella que este último año está entregando la anciana editorial, pero que bien merece un lugar en la biblioteca de cualquier buen aficionado.

21 de julio de 2018

The Man of Steel de Brian Michael Bendis y vv.aa.: Algo viejo, algo nuevo



Al igual que hace ya más de treinta años, Superman, el icono de DC Comics en particular y de la industria de los cómics de superhéroes en general, abre siempre el paso de una renovación del género. A mediados de los años 80 fue la llegada de John Byrne a DC Comics, tras su espantada de Marvel debido a sus múltiples problemas y disensiones con Jim Shooter -editor in chief de la casa de las ideas en esos momentos- la que trajo una renovación y una calidad necesaria a una editorial que había desatendido a sus primeras espadas. Ahora, el revulsivo es la llegada de Brian Michael Bendis a la editorial y al personaje tras casi dos décadas de dedicación exclusiva a Marvel Comics. Y de nuevo, su llegada al Hombre de Acero, al igual que la de John Byrne, es a través de una miniserie de seis ejemplares, titulada The Man of Steel, como preámbulo a una etapa, dividida entre ambos títulos (independientes, pero a la vez co-dependientes) como son Superman (renumerada de nuevo para la ocasión) y Action Comics (que exhibe con orgullo su prolongada numeración). 






Pero si Byrne llegó para hacer borrón y cuenta nueva (eran los tiempos post-Crisis) renovando y modernizando el origen del Hombre de Acero desde cero, la situación de Superman, DC Comics y el propio Bendis no es la misma. En primer lugar, DC Comics está en un buen momento creativo, con títulos, líneas editoriales y autores interesantes, de los que este Superman solo es la guinda del pastel. Y en cuanto al último hijo de Krypton, el personaje viene de dos etapas que han sido bien recibidas tanto por público como crítica, las correspondientes a Peter Tomasi y Patrick Gleason en Superman y la de Dan Jurgens en Action Comics. A partir de ahí, Bendis elabora su miniserie entre dos líneas temporales: aquella que funciona desde el pasado y que desarrolla y lleva a un nuevo punto de partida, aunando los elementos más importantes de las etapas de Tomasi y Jurgens y que funciona a través de los seis ejemplares como flashbacks donde Bendis hace un excelente uso de su herramienta más conocida y a la vez polémica, el “decompressed storytelling”. En cambio, el presente del personaje le sirve a Bendis como nuevo tapiz donde desarrollar aquello por lo que se le ha contratado: nuevos arcos argumentales, nuevos personajes (con preponderancia de personajes femeninos poderosos y fuertes, marca de la casa Bendis) y nuevas amenazas como ese tan publicitado como Rogol Zaar (diseñado para la ocasión por Jim Lee) y que más allá de sus apariencias, es una amenaza mucho más interesante e inteligente que su aspecto post-Doomsday y noventero pueda aparentar a simple vista. 






Bendis demuestra su conocimiento del personaje, en un primer ejemplar que sienta las bases de un Superman positivo, humano y faro de luz, tanto en su identidad secreta como superheróica, consiguiendo que el lector se sienta de nuevo como en casa, para inmediatamente después le rompa los esquemas, en un ejercicio de retro-continuidad muy interesante, desmontado, destruyendo o mutando todos aquellos elementos icónicos del personaje y su universo. Y todo ello sin derribar aquello que han construido sus predecesores, manteniendo la personalidad y el tono que han convertido a Superman en icono imperecedero y a su vez, entregando lo mejor de un estilo Bendis que quizá ya le estaba pasando factura en Marvel por agotamiento creativo. 






Si todos estos elementos no son suficientes, los artistas que acompañan a Bendis en la miniserie de seis ejemplares de cadencia semanal son tanto hot artists contemporáneos como Ivan Reis (dibujante que le acompañará en la serie regular de Superman) o Jason Fabok, dibujantes actuales que merecen un mayor reconocimiento mediático como Ryan Sook o Evan Shaner o viejos y amados conocidos de la década de los 80 que no se prodigan todo lo que le gustaría al aficionado como Kevin Maguire y Adam Hughes. 






Todos ellos entregan un tebeo que es una excelente muestra de todo lo bueno que puede ofrecer el tebeo de superhéroes mainstream. Un trabajo que tiene un pie en el pasado pero que tiene la mirada dos y tres pasos más allá en el futuro. Un tebeo repleto de lugares conocidos en una primera instancia para ser luego derribados y modificados en un abrir y cerrar de ojos para dejar un nuevo mapa cartográfico para el personaje, donde todo es posible. 



28 de marzo de 2017

Supersons, Batwoman y JLA: DC Rebirth amplia su oferta de títulos para 2017








































Tras un 2016 que ha sido un verdadero renacimiento para la longeva editorial, la casa que vio nacer a Superman y Batman, aumenta su oferta editorial con tres nuevos títulos que comienzan su andadura, provenientes tanto de eventos editoriales de desigual fortuna artística y comercial, pero que todos han sido importantes para el devenir de los primeros siete meses de este nuevo arranque de una editorial que afronta el 2017 con la misma energía y fuerza con la que terminó el 2016.



Supersons.
De los tres nuevos títulos que han aparecido en los pasados meses, destaca sobremanera este Supersons que reúne a la mejor pareja formada del universo DC actual, Jonathan Kent, hijo de Superman y Lois Lane, alias Superboy y Damian Wayne, hijo de Batman y su amada/odiada Thalia al Ghul, creado por el sinpar Grant Morrison en su nunca suficientemente laureada etapa al frente del Caballero Oscuro y reforzado por el trabajo de Peter Tomasi en su etapa al frente del título Batman y Robin.



No es casual que la reunión de ambos personajes se diera en las páginas de la actual serie de Superman, realizada por el equipo creativo de Peter Tomasi y Patrick Gleason, que han conseguido el mejor título de Superman en mucho tiempo y que demuestra lo que ya decía de su anterior trabajo juntos, la mencionada etapa al frente de Batman y Robin, que es que son la pareja creativa que mejor entiende como devolver la grandeza a la editorial, con una fusión perfecta de tradición, modernidad y respeto por el trabajo previo. Ahora, Tomasi se reúne de nuevo con Jorge Jiménez, dibujante de algunos de los mejores números de la actual etapa de Superman, para entregarnos por el momento dos ejemplares que equilibra a la perfección todo lo que nos gusta a los aficionados a los buenos tebeos de superhéroes: un guión que acierta tanto en los momentos personales como en los de acción, con un dibujo espectacular, una pareja protagonista carismática y una integración perfecta dentro de lo que es el rico universo de la editorial.



Batwoman.
Kathy Kane vuelve a tener serie regular tras su magnífica reintegración dentro de los mitos de Batman en la imprescindible etapa actual de Detective Comics. Y lo hace con un equipo artístico de auténtico lujo, formado por Marguerite Bennet y James Tynion -actual artífice del éxito de la nueva Detective Comics- y dibujos del maestro Steve Epting.



Y en los dos primeros ejemplares publicados hasta la fecha, el tebeo promete un tebeo de espías con clase y estilo, una protagonista de la que me enamoré desde su creación por parte de Greg Rucka y J.H. Williams en las páginas de Detective Comics hace ya casi 10 años, donde los autores, tras resumir modélicamente el origen de la heroína en 20 páginas, nos adentran en un año perdido de su vida que se nos había escamoteado y que tendrá una importancia fundamental en los acontecimientos que está viviendo nuestra protagonista, consecuencia de los hechos acaecidos en el mediocre crossover batmaniano de reciente publicación llamado "La Noche de los Hombres Monstruo".



Justice League of America.
Lo único que sacamos en claro los que nos leímos el sacacuartos que fue el primer crossover de la nueva Justice League y El Escuadrón Suicida aparecido la pasada navidad, es que Batman iba a montar una nueva Liga de la Justicia con los pies más en la tierra. La propuesta, atractiva de partida lo formaba un equipo sugerente formado por Batman, junto a la reinsertada en sociedad Killer Frost, Lobo, Canario Negro, el nuevo Atom y El Rayo.



Lo que nos entrega el guionista Steve Orlando en los tres primeros ejemplares es un número de arranque modélico pero sin sorpresas de presentación y formación del grupo y dos primeros ejemplares en los que el nuevo grupo se encuentra con su primera amenaza, salida de los tebeos de la Liga de la Justicia Europa y deja vislumbrar que veremos disputas grupales al estilo de la añorada Liga de Giffen y deMatteis, pero sin el humor descacharrante. Ivan Reis, el dibujante principal de la serie, da lo que promete un tebeo de superhéroes blockbuster, pero como pega decir que tras solo dos números nos tenemos que comer a un dibujante de relleno Felipe Watanabe, que por supuesto no le llega ni a la suela de los zapatos al trabajo de Reis.


16 de octubre de 2016

Batman: Rebirth de Tom King y David Finch. Un magnífico soplo de aire fresco para el guardián de Gotham






En los últimos tiempos, el Hombre Murciélago, aunque el valor seguro de DC Comics en cuestión de ventas había entrado en un bucle eterno donde todo autor que se acercara a sus mitos debía seguir bajo una regla no escrita, los preceptos tanto de Frank Miller como los de la versión cinematográfica de Christopher Nolan. Esto provocaba que aunque sus predecesores habían conseguido triunfar, sus seguidores no se daban cuenta que el motivo de dicho triunfo había sido el romper las normas establecidas del personaje.

Quien si lo entendió en estos últimos años fue Grant Morrison, un escritor que siempre ha sabido nadar contracorriente. En cambio, la laureada y exitosa etapa de Scott Snyder, predecesora de esta que nos ocupa, aunque debo alabar la magnífica construcción y atrevimiento de la misma, he de decir que nunca me ha llegado a convencer del todo por varios motivos: La obsesión de intentar hacer la mejor historia del personaje y no conseguirlo y su aproximación a la figura de Bruce/Batman, que nunca me llego a creer.



Ahora es el turno de Tom King, guionista de títulos como Omega Men, The Sheriff of Babylon o la fastuosa La Visión para Marvel Comics. Uno de los grandes descubrimientos de la industria, un escritor que sabe dar una vuelta de tuerca a conceptos una y mil veces visto y que me recuerda a escritores y trabajos tan memorables como Alan Moore y su Cosa del Pantano o Grant Morrison y su Animal Man.



El camino que toma con el Caballero Oscuro es muy diferente pero igualmente de atrayente que el hecho con La Visión. Si esta última es lo más cercano a un tebeo de la línea Vertigo en su época dorada que ha tenido Marvel Comics en su historia, aquí se acerca al Cruzado de la Capa desde una perspectiva que aúna espectáculo blockbusteriano con un intimismo que humaniza a Bruce/Batman como pocas veces hemos visto.



El espectáculo nos sorprende, los giros argumentales nos enganchan y nos demuestran la habilidad de King para narrar en apariencia de manera sencilla, pero si analizas su trabajo ves que la estructura, el uso del tiempo y los diversos narradores nos hacen ahondar en una primera historia que solo es el prólogo de lo que se avecina, en una historia que solo es la punta del iceberg en un camino que se presenta apasionante.



Pero donde llega al corazón es en las conversaciones entre Bruce y Alfred, en la relación de Batman con dos jóvenes superhéroes que recorren un camino lleno de luces y sombras con un orígen tan parecido como diferente al de la creación de Bob Kane y Bill Finger. Todo ello transmitido a través de una historia sin tiempos muertos, bien medidos, donde el espectáculo y el desarrollo de personajes está equilibrado al milímetro.



Si a eso le sumas el trabajo artístico de un David Finch a plenas facultades y donde demuestra que además de plasmar los momentos más espectaculares que puedes encontrar en un tebeo de superhéroes en la actualidad, es capaz también de transmitir los sentimientos de los personajes salidos de la pluma de un King que sabe darles el tiempo necesario al reparto de protagonistas y secundarios.



En definitiva, el mejor tebeo salido del Rebirth de DC Comics junto al Superman de Tomasi y Gleason. Una obra que equilibra la oscuridad salida de la trágico origen del personaje, pero que sabe reirse de si misma con un uso del humor magistral y que saca al personaje de una zona de confort en la que llevaba estancada demasiado tiempo. No puedo esperar a ver lo que nos tiene preparados King en los próximos ejemplares de una etapa que se percibe tras sus primeros ejemplares como única. 



2 de junio de 2016

El camino a una nueva DC Comics: De La Guerra de Darkseid a DC Rebirth






















Que DC Comics no está pasando por un buen momento en la última década es un hecho. Pero hay que diferenciar entre los problemas que tiene como línea editorial sin rumbo fijo, a que publique o no buenos tebeos.

En estos últimos años, con los polémicos años de los Nuevos 52, es cierto que DC no ha tenido claro que quiere hacer ni como, y que la gran mayoría de su catálogo editorial ha sido un sinsentido de tebeos mediocres o directamente malos, equipos creativos de hace dos décadas que nunca fueron interesantes y un sinfín de intentos de recuperar la gloria de épocas pasadas que lógicamente ni tienen el impacto ni la necesidad de relevancia que tuvieron las obras originales.



Pero entre nostalgias mal entendidas y tebeos francamente malos, ha habido un oasis de trabajos interesantes y buenos que serán recordados con el paso de los años, una vez la nube pase. Tebeos como la Wonder Woman de Azzarello y Chiang, Batman y Robin de Gleason y Tomasi, los por momentos interesante pero sobrevalorado Batman de Snyder y Capullo, por poner tres ejemplos al azar. Pero donde realmente ha brillado DC ha sido en series diferentes, casi fuera de la "continuidad" de la editorial que han destacado como la nueva Batgirl, Canario Negro, Gotham Academy o la divertida y a la vez intrascendente Harley Quinn de Palmiotti y Conner.



Porque el gran problema de DC no han sido los tebeos en si, que los ha habido buenos, mediocres y malos (aunque ha habido una gran cantidad de tebeos malos) sino el ir dando giros y supuestas sorpresas en pos de una nueva continuidad desilachada y repleta de torpezas, donde ni todo es nuevo ni todo es antiguo, por lo que no llegan a contentar ni a nuevos lectores, ni mantener a los veteranos.

Y el cambio comenzó hace un año en la Justice League de Johns. Un tebeo que hasta ese momento podría ser el peor trabajo de Johns al frente de DC Comics. Un tebeo vacío, en principio para puro lucimiento de un desgastado Jim Lee, que posteriormente solo sirvió para ir encadenando eventos anuales que no llevaban a ninguna parte y que convertía a un título principal en mero receptáculo secundario de unos avances narrativos que nunca fructificaban.



Con la Guerra de Darkseid la cosa cambió. De nuevo me encontré con el Geoff Johns que me hizo disfrutar en su primera etapa al frente de Green Lantern, justo hasta el final de La Guerra de Siniestro. Un blockbuster veraniego repleto de acción y giros insospechados, que leído del tirón funciona perfectamente como tebeo de superhéroes clásicos. 

Y por primera vez en el nuevo/viejo universo DC los personajes comenzaron a actuar como debería ser y no como marionetas para splash pages salvajes. Por supuesto, estas Guerra de Darkseid tienen mucho de pirotecnia, pero lo que te cuentan y como lo cuentan, además del estimable trabajo de Jason Fabok a los lápices, lo convierte en una lectura la mar de recomendable para el lector de superhéroes de toda la vida.



Y al final de esta etapa, que ligeros retrasos lo han hecho coincidir con el inicio del nuevo renacimiento del universo DC, ocurren hechos insospechados que comienzan a revelarse en el especial DC: Rebirth.

El especial DC Rebirth continúa con la senda del misterio de una nueva amenaza para el universo DC. Es un especial que pone en situación a antiguos y nuevos lectores. Es una carta de perdón a una editorial, a unos personajes y sobre todo a unos lectores que habían abandonado toda esperanza de recuperar a la DC de toda la vida. Y como ese ejercicio de alabar el pasado e intentar arreglar múltiples desaguisados como Flashpoint, las mil y una Crisis o el más reciente Los Nuevos 52 funciona hasta cierto punto.



Y digo que funciona hasta cierto punto, porque el tebeo en si tiene cosas interesantes, pero es algo farragoso en el uso y abuso de textos de apoyo que sirven para poner en situación al lector del lío que se ha convertido un universo que quedó perfectamente pulido hace 30 años con las Crisis originales.

La recuperación de un espíritu más positivo, la unión de unos héroes que de nuevo parecen héroes y no vigilantes chungos enmascarados es un soplo de aire fresco y el misterio de una nueva amenaza me chirría y me interesa a partes iguales. Por una parte, y sin desvelar demasiado de la trama, el uso de unos personajes del fondo de catálogo de la editorial intenta desesperadamente de nuevo hacer relevante un universo en base a los hallazgos del trabajo de un autor de hace 30 años. Y por otra parte, de nuevo demuestra que lo que se hizo con esa obra fue malentendido por editorial y gran parte de los lectores de los últimos 30 años. Ese trabajo fue único y fue un epitafio. Por ese camino no se puede seguir con el género superheróico porque su serialización la fagocitas. Y tampoco estoy de acuerdo en culpar a la obra de los males del universo DC.



El resultado, un tebeo curioso pero que su desarrollo estará en manos de los talentos que DC tenga a su disposición a lo largo de esta nueva etapa. Porque el futuro de una editorial no solo se basa en los tonos o los puntos de vista, sino al final en la calidad de los autores y las obras que pongan a disposición del público. Y sobre todo, que los editores sean consecuentes con las decisiones que toman y planteen una línea editorial que no se esté contradiciendo un mes sí y un mes no.

16 de mayo de 2015

The Multiversity de Grant Morrison: Homenaje y demostración de las posibilidades del género superheróico















Grant Morrison lleva demostrando desde sus inicios con Zenith para 2000 AD, que su amor por el género superheróico no tiene fin. Al contrario que sus contemporáneos, Morrison nunca ha querido destruir el género, ni encorsetarlo en un mal entendido realismo. Todo lo contrario, Morrison adora todas y cada una de las épocas de un género que ha vivido mil y una reinterpretaciones, reivindicándolas todas y sabiendo sacar partido de cada una de ellas, desde sus orígenes entroncados con el pulp, pasando por la Silver Age, la era Marvel o los primeros escarceos con el realismo sucio de los años 80.



No es de extrañar que Morrison fuera, junto a Mark Waid y Kurt Busiek el que intentara traer de nuevo la luminosidad al género a finales de los 90 con la JLA y posteriormente entregara tebeos tan fuera de las modas imperantes en los últimos años para las dos grandes majors como New X-Men, Batman o All Star Superman. Tebeos ambos tres, que bebían de toda la historia de los personajes, sin avergonzarse de ninguna de ellas, para entregrar un tebeo que llevaba mucho más allá todo aquello de lo que bebía, evitando reinterpretaciones o remakes inconfesos a la Busiek. En resumen, tebeos más allá de lo contemporáneo, eternos y siempre con la vista puesta en todo aquello que les había hecho evolucionar.



Porque no nos confundamos. El mayor mal que han tenido y tienen los tebeos actuales, sobre todo los que vienen de Marvel o DC es esa repetición incansable de todo aquello que ya ha funcionado, intentando hacerlo parecer novedoso, cuando es todo lo contrario. Muertes de personajes, reinvenciones, múltiples crossovers cortados todos por el mismo patrón para aparentar cambio, cuando realmente solo sirven como ilusión para devolver a unos personajes al status quo cómodo y confortable que esperan una mayoría de fans, que anhelan el cambio, pero que se revuelven cuando algún autor como Morrison, intenta llevar más allá a unos personajes que sus fans solo están relativamente cómodos con ellos cuando no les sacan de su área de confort.



Y llegamos a The Multiversity, la nueva propuesta de Morrison que se sujeta en trabajos previos del autor como Los Siete Soldados de la Victoria, su reciente Action Comics o la poco valorada pero interesante Crisis Final. Todas ellas han sido el banco de pruebas, obras irregulares, pero que le han servido al escocés para acometer la que quizá sea su gran obra magna dentro de DC Comics.

The Multiversity, con su estructura de miniserie de 2 números que sirven como apertura y colofón y siete especiales unitarios que unen ambos ejemplares, es la mejor demostración de amor que un autor haya hecho jamás al género más famoso de los cómics. Un tebeo, que lleva hasta límites insospechados la ruptura de la 4º pared, ya probada con gran éxito en obras previas del autor como Animal Man o Los Invisibles, pero donde en estas, el lector era un observador omnisciente del acontecer de la obra. En cambio, en The Multiversity, el lector se convierte en uno de los protagonistas de una obra coral que sucede a lo largo y ancho de 52 mundos alternativos, siendo causa y consecuencia de los acontecimientos que en ella ocurre.



Y si los dos números principales de la miniserie son todo aquello que debería ser un gran evento editorial, con una dosis de épica, heroísmo y espectacularidad que deja en evidencia a la mayoría de los intentos de gran evento multitudinario que inundan nuestras librerías, gracias al acertado guión de Morrison y un Ivan Reis al 100& en los lápices, la verdadera joya de esta serie son los 7 especiales publicados entre medias de estos dos números y que son lo que hace a este tebeo la obra maestra que es.



7 especiales ubicados cada uno en una de las 52 tierras del multiverso DC. 7 tierras que son más interesantes cada uno, que todo lo publicado por DC Comics en la actualidad y que deberían ser la base que llevarían a DC Comics de nuevo a la grandeza. Cada uno de los especiales tiene un tono diferente y cada uno de ellos homenajea a una época diferente dentro de la historia de DC Comics, desde el pulp de los años 30 en el especial SOS, el delicioso homenaje a los tebeos de Fawcett del Capitán Marvel del especial Thunderworld, el homenaje y reinterpretación del Watchmen de Alan Moore y Gibbons en el que es no solo el mejor tebeo de la colección, sino también uno de los mejores tebeos publicados en mucho tiempo, ese Pax Americana repleto de detalles y guiños, un trabajo de orfebrería que se convierte en una fusión entre el estilo de Chris Ware y lo plasmado por Gibbons, que se merece todas las alabanzas recibidas, gracias al sobrenatural trabajo de Frank Quitely.



Pero no solo tenemos a Frank Quitely, sino también a autores tan magistrales como Chris Sprouse, Doug Manhke o Cameron Stewart, por destacar a unos pocos de los autores que se han embarcado en estos números especiales. Especiales que pueden leerse y disfrutarse de manera individual, pero que cada uno de ellos son una pieza de un maravilloso puzzle que puede leerse en el orden de publicación y de otras mil maneras, repleto cada uno de ellos de pistas, enlaces y referencias a lo leído en los demás. Sin olvidar por supuesto esa bizarrada tan maravillosa y original como The Multiversity Guidebook, especial donde aparte de avanzar la trama, incluye una guía del Multiverso, de la historia del Universo DC y fichas de cada uno de los integrantes de las 52 tierras que habitan el universo DC, que solo por esto, Morrison merece un altar entre los aficionados. Una guía tan metarreferencial, que sirve tanto al lector como a los personajes de la obra y que debería colocarse Dan Didio grapado en el cabecero de su cama, para que viera como debería gestionarse el universo DC.



Y es que en este especial, Morrison hace fácil lo difícil, sabiendo dar unidad a todo lo ocurrido en el universo DC desde sus inicios, para en 4 páginas resumir la historia de este universo y darle una unidad y coherencia que múltiples autores y editores a lo largo de 75 años no han sabido hacer.



Pero podría seguir escribiendo miles y miles de párrafos acerca de esta obra magna. Solo deciros que el punto de partida es un tebeo llamado Ultra Comics, que supuestamente está maldito. Y nada más voy a contar, porque la grandeza está en que vosotros como lectores lo vayáis descubriendo mes a mes leyendo cada especial. Espero que lo disfrutéis como yo y que cada mes releáis lo leído y leáis el correspondiente al mes, porque The Multiversity tiene tantas capas, tantos detalles y tanta maravilla en cada una de sus páginas que releerlo no será una obligación sino un verdadero placer.

20 de enero de 2014

Aquaman de Geoff Johns, Ivan Reis y Paul Pelletier. Los mejores tebeos de la nueva DC


Que Geoff Johns está de capa caída es un hecho. Solo hace falta leerse el final de su larga etapa al frente de Green Lantern, sus Justice League o Forever Evil, un refrito en muchos aspectos del JLA Tierra 2 de Morrison y Quitely. Pero hubo un buen Geoff Johns, aquel que devolvió la frescura a supergrupos como la JSA o los Jóvenes Titanes o personajes como Flash o Green Lantern, ya que esta última fue uno de los mejores reinicios de un personaje de la historia del cómic hasta que terminó la saga de los Sinestro Corps y la serie fue decayendo proporcionalmente, a medida que aparecían nuevos anillos de colores.


Pero dentro de esta mediocridad en la que se ha asentado el escritor, todavía podemos encontrar destellos de ese buen guionista que fue, incluso dentro de los nuevos 52. Y Aquaman es una buena prueba de ello, sobre todo tras leer completa su etapa al frente del personaje menos querido de la historia de los superhéroes.


Porque seamos sinceros, a nadie le interesaba Aquaman. Un personaje que nunca ha sido un fan favourite y quizás el eslabón más débil de todos los personajes icónicos de DC Comics. Pero Johns, que ya comenzó a darle mayor protagonismo y enjundia en el último megacrossover antes de los Nuevos 52, El Día Más Brillante, consigue lo mismo que hizo Mark Waid con Kazar en los años 90 para Marvel, un tebeo muy entretenido y un personaje que bien planteado puede dar mucho de si.


La etapa de Johns, 25 ejemplares, más un número 0, se puede dividir en cuatro partes bien diferenciadas, pero que leídas en su totalidad demuestran un trabajo planteado a largo plazo. La primera saga de la colección, que corresponde a los números 1 al 6, sirve a Johns para cambiar la percepción que tenemos del personaje y su entorno, incluso se permite la licencia de reírse de la concepción que tiene el público sobre él, en una historia que tiene reminiscencias de La Niebla de John Carpenter, además de plantear la razón de ser de un personaje que se siente fuera de los dos mundos a los que pertenece y desarrollar también a Mera, la pareja de Aquaman y que ya había comenzado a plasmar en El Día Más Brillante.


Tras esta saga introductoria llegamos a Los Otros, quizás el mejor arco argumental de la colección, donde Johns hace un nuevo ejercicio de retrocontinuidad, presentando al supergrupo del que formó parte Arthur y del que fue su líder, Los Otros, un secreto que ha ocultado a Mera y a todos los que le rodean, debido a un fantasma del pasado relacionado con Black Manta.


Estos 13 números, más el consabido número 0, donde Johns aprovecha para recontar el nuevo orígen del héroe, fueron dibujados por Ivan Reis, quizás el mejor dibujante de tebeos de superhéroes en el sentido más clásico del término que tiene DC Comics en la actualidad. Y Reis da el 200% de si mismo en estos tebeos, entregando su mejor trabajo hasta el momento.


Tras un fill-in de Pete Woods, que sirve de prólogo para el crossover con la serie de la Liga de la Justicia, la saga El Trono de Atlántis, Ivan Reis abandona el título para irse con Johns al best-seller de la editorial, La Liga de la Justicia. Y El Trono de Atlantis, aunque se cruce con la Justice League, es una historia cien por cien de Aquaman. Una saga espectacular gráficamente y en la que Aquaman debe enfrentarse a su hermano, rey de Atlantis y proteger a la Tierra. Una saga que te retrotrae a las mejores aventuras-evento a la vieja usanza. El trabajo gráfico en la serie regular de Aquaman, corre a cargo de Paul Pelletier, un dibujante correcto sin más, que da todo lo que puede dar para intentar hacernos olvidar a Ivan Reis, pero no lo consigue.


Todas las tramas y subtramas que lleva desarrollando Johns a lo largo de 18 números, culminan en la última saga de la colección, donde conocemos al olvidado 1º rey de Atlantis y las mentiras alrededor de su muerte. Un final de saga que cierra todas las subtramas abiertas, coloca en una nueva posición al héroe y que deja abierta una sola trama que culminará en un futuro cercano en las páginas de La Liga de la Justicia. Una decisión absurda ya que su lugar debía ser las páginas de Aquaman, pero Johns abandona su mejor título, a favor del contenedor de eventos que es Justice League (una serie sin dirección propia). Y a lo mejor es lo mejor que le puede pasar a esta etapa, ya que alargarla hasta la extenuación podría desembocar en un nuevo Green Lantern.

20 de septiembre de 2012

Las series de Geoff Johns en The New 52 cumplen un año


Justice League 12 de Geoff Johns, Jim Lee, David Finch y Ivan Reis 

Termina “El Viaje del Héroe” y llegamos al final del primer año de la colección. Y hay que reconocer que la segunda mitad de este primer año ha sido mucho mejor que la primera. Porque obviando la obsesión de Johns de traer al mundo de los vivos, ya que el “villano” de esta saga es muy parecido a Mano Negra en Green Lantern, la serie ha comenzado a profundizar en la relación entre los componentes del grupo y ha conseguido presentarnos a una Liga de la Justicia falible y con problemas internos. Y por supuesto, el tebeo termina con lo que ha sido la comidilla de los últimos meses, el beso entre Superman y Wonder Woman. En resumidas cuentas lo mejor del tebeo, bien narrado y dialogado en cuatro páginas que quizás sean uno de los mejores momentos de todo el nuevo universo hasta el momento. El ejemplar culmina con un prometedor primer vistazo a algunos de los acontecimientos que se narrarán en el segundo año de la colección, que traerá la llegada de Ivan Reis como dibujante regular de la colección (con un breve fill-in de Tony Daniel) y la llegada del segundo título de Johns para la Liga de la Justicia, que se llamará Justice League America y que estará formado por los badass de la editorial. 


Aquaman 12 de Geoff Johns y Ivan Reis 

Si una serie ha triunfado en este reinicio es este Aquaman de Johns, porque nunca este personaje ha sido tan interesante como ahora. Me recuerda mucho a lo que consiguió Waid con Ka-Zar en los años 90, un tebeo de aventuras divertidísimo, una relación entre los personajes principales realista (porque Mera es el otro gran acierto de Johns en la colección y Reis cada vez la dibuja mejor) y un background para el personaje jamás visto y que nunca nadie se había dignado a crear. En cuanto al ejemplar del mes, el penúltimo capítulo de “Los Otros”, con mucha acción, una muerte en la familia y una Mera que le quita el protagonismo a cualquier personaje que se le cruza por su camino. Imprescindible y una pena que Reis se vaya a Justice League dejando huérfana gráficamente a esta colección, porque cada mes es más grande. 


Green Lantern 12 y Annual 1 de Geoff Johns, Renato Guedes, Ethan Van Sciver y Pete Woods 

Llegados al primer año de vida de esta nueva etapa de las aventuras de Hal Jordan, Geoff Johns se pone las pilas y comienza lo que será una nueva etapa en la historia del personaje. La diferencia es que ahora sus enemigos son aquellos que les pusieron en funcionamiento, los Guardianes del Universo, de los que ya nos imaginábamos que no eran trigo limpio desde hace mucho tiempo, pero no hasta los límites a los que los ha llevado Johns. Y esto pasa porque Johns está intentando rizar el rizo demasiado, se le han acabado las ideas y necesita de un nuevo revulsivo para poner a su colección entre las imprescindibles del mes. Pero eso se consigue con buenas historias y buenos personajes. Y eso le falta ya a su Green Lantern. Si, se hablará mucho de su próximo crossover, pero por lo menos no me tendrá a mi leyéndolo.
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