11 de junio de 2015

Southern Bastards de Jason Aaron y Jason Latour: Aaron vuelve a sus raíces





























Jason Aaron deslumbró hace ya casi 10 años gracias a Scalped un thriller noir centrado en la vida de una reserva india y nos descubrió a un autor poderoso, sucio y nada temeroso a la hora de plasmar una violencia realista que desbordaba el papel impreso, además de ser capaz de desarrollar un elenco de personajes nada amigables pero tremendamente carismáticos.

Del sello Vertigo y Scalped, Aaron desembarcó en Marvel Comics, con títulos tan memorables como Lobezno y los X-Men y su actual etapa al frente de Thor. Y demostró que era capaz de lidiar tan bien con superhéroes como con entornos realistas, desarrollar giros insospechados y demostrar que seguía atinando a la hora de crear personajes y hacer evolucionar personajes ya existentes con muchas décadas a sus espaldas.



Pero Aaron llevaba mucho tiempo sin realizar un proyecto personal y visto que la línea Vertigo de DC Comics no pasaba por sus mejores momentos, ha tomado el mismo camino que otros grandes nombres del cómic actual -Brubaker, Rucka, Morrison, Fraction, Remender, etc...- y se ha llevado su nuevo proyecto personal a la mejor editorial que te puedes encontrar en estos momentos para esta clase de proyectos, Image Comics.

Su compañero de fatigas en la parte artística, Jason Latour, es un viejo amigo de Aaron. Juntos colaboraron en algunos ejemplares e Scalped y luego Aaron le ha introducido como guionista dentro de Marvel Comics. El otro nexo común que une a ambos autores son sus orígenes, el sur de los Estados Unidos.



Y es que el sur de Estados Unidos y los pequeños pueblos que existen son otra America, una America que les viene muy lejana a los habitantes de ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Chicago o San Francisco. Es la América del miedo al diferente, abducida por los fundamentalismos religiosos y donde la cerveza, el fútbol (americano, por supuesto), la ignorancia y la violencia están a la orden del día. Pero también es la América más pura, que quizás no ha abandonado o dejado atrás del todo ese Lejano Oeste.

Nuestro protagonista, Earl Tubb, es un hombre maduro, al estilo del Gran Torino de Clint Eastwood que vuelve a un pueblo natal al que nunca quiso volver, por obligaciones de caracter familiar. Lo que descubre a los pocos minutos de volver, es que el pueblo no solo sigue igual, sino que ha entrado en una decadencia absoluta, debido a un no elegido líder que controla la ciudad, unas fuerzas del orden colocadas a dedo y una población cobarde que si tiene su ración de cerveza, costillas y fútbol no hará nada para cambiar las cosas.



Esta premisa argumental nos devuelve a ese Aaron duro, inhóspito y tremendamente cruel que recordamos de Scalped. Un tebeo cuya violencia impacta como el golpe de un bate de beisbol. Pero no por su impacto visual, ya que la mayoría de las veces la brutalidad se queda en off, sino por la carga de fatalidad que transmiten sus páginas y lo que vamos conociendo de este pueblo y de su protagonista, un hombre violento, pero honesto, honrado y recto, el adalid de lo que se considera un buen americano, la única esperanza de un pueblo que desprecia pero que es su hogar con el handicap de que ese pueblo le necesita pero no le quiere, porque en el fondo no quieren que cambien las cosas en esa America profunda.

Para equilibrar esta carga de fatalidad y oscuridad que transmite la obra, tenemos el excelente trabajo gráfico de Jason Latour, que consigue fusionar con éxito la suciedad con un estilo cartoony y limpio, apoyado por su magnífico uso del color que juega con todas las gamas del rojo, el color de la obra y metáfora de la ira contenida y la rabia que siente nuestro protagonista.



En definitiva, un nuevo y excelente trabajo de Aaron, donde vuelve a demostrar que sigue siendo un autor versátil, capaz de pasar de la luz a la oscuridad sin problemas y reafirmando que en ambos extremos se siente igual de cómodo.

10 de junio de 2015

Sense8 de los hermanos Wachowski y J. Michael Straczynski: Una serie única, irregular pero apasionante

























Una cosa que no se les puede echar en cara a los hermanos Wachowski es que no sean ambiciosos. El problema de esa ambición, es que siempre sus proyectos están en la cuerda floja y son capaces a la vez de lo sublime a lo ridículo. El primer Matrix tenía todo de lo primero, pero en sus denostadas secuelas, los Wachowski te daban una de cal-la persecución por la autopista, la conversación con la Oráculo y con el Arquitecto, el enfrentamiento final con Smith- con otra de arena- todo Zion, en especial esa rave party improvisada.

Tras las secuelas de Matrix, los Wachowski pasaron de amados a odiados, culpa de unos fans que no supieron aceptar las secuelas que entregaron, que aunque irregulares en algunos aspectos, los revisionados las colocan entre las obras más interesantes que podemos encontrar en la ciencia ficción de los últimos 15 años.



Lo mismo ocurrió con Speed Racer, un entretenimiento para todos los públicos y la mejor traslación del lenguaje del anime al cine de imagen real, que no supo encontrar su sitio y una película a reivindicar desde ya. Y llegamos a sus dos últimas obras, El Atlas de las Nubes y Jupiter's Ascending. La primera, un intento fallido de realizar su obra total, una obra coral y multigenérica donde la forma podía con el fondo y donde las historias interesantes se solapaban con otras bastante insulsas. De Jupiter's Ascending mejor ni hablamos, un desastre sin pies ni cabeza, un intento de space opera inocente, que quedaba lastrado por el bombardeo de ideas que no encontraban su lugar en una obra que avanzaba a trompicones sin mucho sentido, eso sí, visualmente apabullante.



Es posible que el largometraje no sea el lugar más indicado para que los Wachowski puedan plasmar todo el torrente de ideas que sus cabezas vomitan a velocidad de vértigo, y quizás por eso su última obra, Sense8 haya acabado siendo un proyecto para televisión, acompañados por J. Michael Straczynski, creador de Babylon 5 y guionista de cómics como Rising Stars o una larga etapa en Amazing Spiderman que comenzó muy bien.



¿Y qué tal les ha sentado el paso a la televisión? La verdad es que estos 12 episodios de la que se augura una primera temporada de una serie de 5, según palabras de Straczynski, me ha provocado sensaciones encontradas. Los Wachowski se toman su tiempo y aunque eché pestes sobre la serie en su primera mitad- personajes estereotipados, ideas mil y una vez vistas tanto en su obra como en las de otros autores, en especial Grant Morrison y sus Invisibles- la verdad es que no era capaz de dejar de verla.



Los problemas que les encontraba, los mismos que recorren toda su obra. Una ambición descontrolada, ideas filosóficas metidas a capón, fusión de géneros que iban de lo ridículo a lo sublime- Bollywood, drama carcelario, dramas personales, mafia, soap-opera, ciencia ficción, etc..... Pero todo cambia a partir de su segunda mitad, los Wachowski empiezan a controlar y a hacer avanzar esta mezcla de Matrix, El Atlas de las Nubes, el cine de Iñárritu y Lost, convirtiendo a sus estereotipados personajes en personas de carne y hueso, equilibrando los géneros y fusionándolos y entregando escenas memorables como el desgarrador flashback de uno de los protagonistas en la season finale, la escena del concierto de música clásica, o la conexión musical entre todos los Sense8 con reminiscencias del Magnolia de Paul Thomas Anderson.



No se como terminará esto. No se si los Wachowski sabrán resolver todo aquello que plantean a la altura de su ambiciosa premisa, tanto en la forma como en el fondo. Pero creo que su implicación, como en todos sus proyectos, fallidos o no, es plena- han co-escrito con Straczynski todos los episodios y dirigido más de media docena de los 12 capítulos del serial. Y las sensaciones, buenas y malas, que me han proporcionado el visionado de la temporada completa no me han dejado indiferente. Y eso es algo difícil de conseguir. No creo que el camino sea perfecto, pero la grandeza de muchos momentos y el atrevimiento de la propuesta, bien merece mi atención y la de todos los espectadores que busquen algo único y diferente.

8 de junio de 2015

Hellblazer de Garth Ennis 2 de 3: La cima del trabajo de Ennis con Constantine


















¿Recordáis cuando la línea Vertigo era la línea estrella del cómic americano? Era la década de los 90, y los lectores, huérfanos de buenas historias en las editoriales tradicionales, encontrábamos nuestra ración mensual de buenos tebeos entre las páginas de un sello editorial que aunaba a los mejores autores y las mejores historias que podías encontrar en papel impreso.

Una de esas series era Hellblazer, precursora del tebeo de autor apoyado por una gran editorial y la cima de la misma fue cuando un desconocido Garth Ennis puso su talento, su ingenio y su mala leche al frente de las aventuras del mago más poco convencional que el mundo del cómic ha tenido en toda su historia.



La primera parte de su etapa al frente del personaje junto al dibujante William Simpson fue un soplo de aire fresco, pero la llegada como dibujante de Steve Dillon, convirtió a esta etapa del personaje en la vara para medir lo que harían el resto de autores que han tocado al personaje. Y estamos hablando de autores como Paul Jenkins, Brian Azzarello, Peter Millligan o Mike Carey. Y ninguno de ellos consiguió el nivel de frescura que alcanzó Ennis de la mano de Dillon.

Porque Dillon complementaba perfectamente a Ennis, algo que luego se confirmaría con su obra magna, Predicador. Las razones, que Dillon parecía haber nacido para plasmar los irreverentes, sucios, decadentes pero tremendamente humanos temas que Ennis tocó en uno de sus picos de creatividad más altos.



Si en el primer volumen de esta etapa comenzábamos a vislumbrar la relación entre Constantine y Kit, en este volumen su relación y posterior ruptura son la base de los ejemplares que contienen este volumen. Una historia de amor tan sincera, tan real, tan humana que no puedes sino sentir lo mismo que sufren los personajes a lo largo de la misma, casi como si fuera tu vida o la vida de alguien cercano a ti.

Pero Ennis no olvida que estamos ante un tebeo sobrenatural y místico. La diferencia con Gaiman, el otro gran autor de lo sobrenatural de principios de los 90, es la aproximación a ese mundo. Un mundo de personajes extraterrenales (ángeles, súcubos, vampiros y demonios) con las mismas miserias y los mismos anhelos de los humanos. Venganza, rabia, amor, traición son los motores que mueven a seres como Eli o Gabriel, ángel y demonio que pasan del deseo al amor y tienen que sufrir la ira de un Dios poco cercano y comprensivo a las pulsiones de sus criaturas.



Ennis vuelve a no escatimar en situaciones, escenas y conceptos chocantes, como la biografía del arcángel Gabriel o la escalofriante por realista visión de la vida de los mendigos en el Londres de principios de los 90. Pero aunque todo lo que rodea a Constantine y a su grupo de personajes cercanos es sucio, frío e inhóspito, Ennis siempre encuentra al fondo de ese pozo de perdición lo que más importa, los amigos, la familia y el disfrute en los pequeños placeres de la vida, como puede ser una pinta junto a un buen amigo y una buena conversación. Gracias a estos pequeños detalles, Ennis da realidad a sus historias y convierten a su Hellblazer en una de las cimas del tebeo de los 90 y una lectura por la que el tiempo no hace mella, convirtiéndola en uno de los tebeos imprescindibles dentro de la biblioteca de los aficionados.

6 de junio de 2015

Star Wars: La Fuerza es poderosa de la mano de Marvel




















Marvel Cómics y Star Wars han ido de la mano desde su aparición hace ya casi 40 años. Marvel salió de una época económica difícil gracias a la adaptación al cómic de las aventuras de una película que en el momento anterior de su estreno nadie daba un duro por ella. Casi cuatro décadas después, Star Wars ha demostrado su excelente estado de forma y que ya pertenece al imaginario de la cultura de la humanidad.

Los tebeos que Marvel publicó entres finales de los 70 y los años 80, no eran nada del otro jueves. Aparte de las adaptaciones al cómic de los tres largometrajes de la trilogía original, cuyo valor es meramente arqueológico, las aventuras que continuaban la historia de Una Nueva Esperanza no respiraban el espíritu de la obra de Lucas, además de realmente no poder contar nada relevante a expensas de lo que ocurriría en las siguientes entregas, El Imperio Contraataca y el Retorno del Jedi.



Llegada la década de los 90, Dark Horse se hizo con las riendas de este universo para los aficionados del mundo del cómic, en paralelo a un resurgimiento de la saga en la que se vendría a llamar el Universo Expandido y que ocurrió en el año 91, cuando George Lucas permitió que se utilizaran sus personajes en otros medios, mientras el esperaba que la tecnología avanzara lo suficiente para poder realizar su sueño, una nueva trilogía que abarcaría el periodo del auge y caída de Anakin Skywalker, que coincidiría con el fin de la República y el ascenso de Palpatine. 

Dark Horse, al igual que los novelistas y desarrolladores de videojuegos que crearon todas las obras que permitieron expandir este maravilloso universo solo tenían una máxima que cumplir. Ninguna de ellas podía tratar acontecimientos en la época que narraría Lucas en los futuros episodios galácticos y que abarcarían lo acontecido entre La Amenaza Fantasma y La Venganza de los Sith. Por lo tanto, los acontecimientos posteriores al Retorno del Jedi y anteriores a La Amenaza Fantasma serían los que a lo largo de casi 25 años serían desarrollados en múltiples medios.



El medio que aquí nos ocupa es el del mundo del cómic. Y Dark Horse comenzó con fuerza con Dark Empire, realizado por Tom Veitch y Cam Kennedy, conocidos a finales de los 80 por un estimable tebeo de ciencia ficción publicado bajo la línea Epic, llamado "The Light and Darkness War". Gracias al éxito de esta propuesta, Dark Horse amplió su oferta, abarcando todo tipo de personajes y épocas, con tebeos que iban de lo correcto a lo prescindible, con autores en algunos casos interesantes, pero la mayoría de las veces mediocres. Sobre todo, cuando la nueva trilogía apareció en cines y el número de títulos se amplió tanto que Star Wars en Dark Horse se convirtió en una línea editorial propia.

Y llegamos al 2015, el año que Star Wars vuelve a la gran pantalla, pero esta vez no de la mano de su creador, George Lucas, sino del imperio Disney, que compró los derechos de la saga a su creador en octubre de 2012. Y ya que Disney es también propietaria de Marvel, los derechos de su adaptación al mundo del cómic han vuelto a su editorial original.



Pero Marvel no iba a cometer los mismos errores que antaño o los que cometió Dark Horse. Sabía que en un mercado cada vez más competitivo no iba a a vender ingentes cantidades de cómics solo porque el nombre de Star Wars apareciera en la portada de un tebeo, máxime cuando Dark Horse había inundado el mercado de títulos de la saga galáctica comprados sobre todo por completistas del universo, pero no por aficionados al mundo del cómic.

Lo primero, contratar a autores de calidad contrastada,lo segundo, adscribirse al periodo de tiempo entre Una Nueva Esperanza y El Imperio Contraataca y lo tercero, no inundar el mercado de golpe y porrazo con mil y un títulos. Había que hacer que cada tebeo de Star Wars estuviera cuidado con mimo. El primer título en aparecer fue Star Wars, con guión de Jason Aaron y dibujos de John Cassaday, dos autores de verdadero lujo. 



Aaron demuestra que no diferencia entre obras personales y trabajos de supuesto encargo, ya que da lo mejor de si mismo, sea en su Scalped para Vertigo, que en trabajos mal llamados comerciales como Lobezno y X-Men o Thor para Marvel. En ambos, entrega tebeos superiores a la media, demostrando también el conocimiento y respeto que tiene por personajes que no son de su propiedad. En Star Wars vuelve a demostrarlo, entendiendo y comprendiendo el universo y los personajes creados por Lucas y sabiendo sacar partido del periodo de tres años inexplorado entre los acontecimientos del final de Una Nueva Esperanza y el principio del Retorno del Jedi. 

Leídos los tres primeros números de este Star Wars, decir que todo lo que adoramos en las películas originales está reflejado en el tebeo. Acción, diversión, diálogos memorables y pequeños detalles y guiños que harán sonreír y disfrutar al aficionado a la saga.



Lo mismo decir de los títulos paralelos que han salido hasta el momento. Darth Vader y Princesa Leia. Darth Vader es una nueva serie regular, que ocurre en paralelo a los acontecimientos de Star Wars y que está protagonizada por el antihéroe por excelencia, Darth Vader. Sus autores, Kieron Gillen y Salvador Larroca, dan lo mejor de si mismos en un tebeo que profundiza en la lucha interna de Anakin Skywalker, su tormentosa relación con su amo, el Emperador Palpatine y que nos acerca y profundiza en partes de la galaxia de Lucas que en las películas originales solo era tratado de pasada. Además, Gillen no deja de hacer guiños a las dos trilogías con detalles que solo puede destacar un fan de la saga.

Y llegamos al tercer y último título aparecido hasta el momento, Princesa Leia, escrito por Mark Waid y dibujado por Terry Dodson. Solo he podido leer el primer número de esta miniserie de cuatro, pero en sus escasas 20 páginas, Waid es capaz de sacar partido y profundizar en las dudas y preocupaciones de una Princesa Leia que tiene que demostrar su paso de dama en apuros a aguerrida líder de las fuerzas rebeldes. Dodson apoya los guiones de Waid con un trabajo gráfico que es una golosina visual.



En el futuro, Marvel continuará ampliando su línea editorial, con miniseries como la de Lando Calrissian con autores como Greg Rucka y Alex Maleev. Y si siguen manteniendo esta calidad y ese nivel de cohesión, seremos testigos por primera vez de la traslación de personajes del cine al mundo del cómic hecho con ganas y calidad y no meramente complementos mediocres para ganar unos cuantos dólares más, además de ser buenos tebeos por méritos propios.

5 de junio de 2015

Batman: The Jiro Kuwata Batmanga vol.1: Una rareza para completistas y estudiosos del murciélago






















A finales del pasado año, aprovechando la celebración de los 75 años de existencia del cruzado de la capa, DC Comics decidió editar por primera vez y de manera completa, la adaptación japonesa de su personaje estrella, un tebeo que conocía por el libro que editó Chip Kidd sobre memorabilia del hombre murciélago.

El manga apareció en Japón en 1966, pico de popularidad del personaje gracias a la adaptación televisiva protagonizada por Adam West y que provocó la primera Batmanía. Los japoneses y DC Comics decidieron adaptar el personaje a los gustos de la audiencia nipona.



Pero aunque la aparición de este manga tuvo lugar por el éxito televisivo del personaje, realmente está influenciado por sus bizarros años 50, donde Batman y Robin se acercaron al terreno de la ciencia ficción más camp y donde las mutaciones y el terror nuclear estaban a la orden del día en los años del auge del McCarthysmo.



En las páginas de este manga no encontraremos a nuestra galería de villanos favorita en versión nipona, sino que Jiro Kuwata, autor del manga, inventa a una nueva galería de supervillanos, desde Lord Deathman, personaje recuperado por Grant Morrison en su Batman Incorporated, a un sinfín de científicos locos a los que un accidente les ha nublado la sesera y pretenden acabar con la humanidad. Y es que el problema del tebeo es que todas sus aventuras son sota, caballo y rey. Historias en tres actos, donde conocemos al villano, Batman no puede vencerle y posteriormente como por arte de magia y gracias a la pseudociencia, el duo dinámico lo entrega a la justicia.



Porque el valor del tebeo de manera cualitativa es bajo. No nos encontramos con una obra de Tezuka, sino con un manga que no atesora una gran calidad artística. Pero su valor viene por lo exótico de la propuesta y porque es un tebeo que el público occidental nunca ha podido disfrutar.



Así que mi recomendación es que si eres un fanático del Caballero Oscuro como yo y quieres o intentas tener todo lo que haya aparecido del personaje es un imprescindible, ya que la edición, dos volúmenes del que solo ha aparecido el primero, en relación calidad precio es atractiva. Pero no puedo deciros que es un tebeo necesario para el aficionado al 9º arte, porque no lo es. Es una rareza y su exotismo atraerá a los seguidores y enciclopedistas del personaje, pero objetivamente es un tebeo monótono y que no tiene ningún valor artístico que destacar más allá del histórico.

4 de junio de 2015

Tomorrowland de Brad Bird: Walt Disney se sentiría orgulloso

























Hubo un tiempo, no muy lejano, entre finales de los años 40, tras el final de la Segunda Guerra Mundial y principios de los años 60, hasta la muerte de Kennedy, que los seres humanos mirábamos al futuro con asombro e ilusión. Imaginábamos un futuro de ciudades brillantes y luminosas, de edificios que rozaban el cielo y seres humanos que desafiaban la ley de la gravedad con artilugios que solo habíamos visto en las novelas de ciencia ficción. Un mundo donde el hambre, la pobreza, los conflictos y las enfermedades habían sido un mal sueño. 

Y fue en ese periodo de tiempo, donde las ferias de ciencia que se celebraron en Nueva York a finales de los 40 y principios de los 60, sirvieron para que soñadores como Walt Disney fantasearan con ese mundo utópico que fue reflejado en la atracción Tomorrowland, estrenada a principios de los 60 en Disneyland y que todavía podemos disfrutar. Pero nuestro pesimismo y nuestra codicia nos llevaron por el camino contrario y la sociedad y nuestra cultura reflejó ese cambio, haciéndonos creer que el destino de la humanidad estaba abocado al fracaso y la desolación.



El cine no ha sido ajeno a ese cambio de percepción en nuestra cultura y entre los cientos de obras que reflejan esos mundos distópicos y apocalípticos, a veces aparece una obra luminosa y positiva que intenta hacernos recordar que el futuro es nuestro y que también nuestro estado de ánimo y nuestra manera de percibir nuestra realidad es causante de ese ambiente negativo que nos rodea.

El problema, que esas obras siempre son recibidas con displicencia y con la ceja arqueada, tachándolas de infantiles, inocentes y tontas. Ejemplos hay varios, y este Tomorrowland es el último ejemplo de ello. Una película a contracorriente de lo que se lleva en la actualidad, optimista, imaginativa, diferente y maravillosa.



Su realizador, Brad Bird, ha demostrado con creces tras sus tres obras en el cine de animación (El Gigante de Hierro, Los Increíbles y Ratatouille) que es el director que mejor ha sabido transmitir el "sense of wonder" del cine de animación original, heredero absoluto de la magia que tenían las cintas de animación comandadas por Walt Disney, pero que también se ha sabido nutrir del cine de ciencia ficción de los años 50 y 60, la animación de Tex Avery y las producciones Amblin amparadas por Steven Spielberg.

Pero su primera obra de imagen real, Misión Imposible: Protocolo Fantasma, fue una gran decepción, ya que todo su estilo había quedado ahogado por la franquicia y hacía dudar que la magia que Bird había sabido imprimir en sus obras de animación no iba a ser capaz de transmitirlo en la imagen real.



Tomorrowland, es el ejemplo de que estaba equivocado, porque su nuevo largometraje respira 100% el espíritu de su cine de animación. Una obra que se basa en esa "New Frontier" de la que hablaba Kennedy en su inspirador discurso y que el paso de las décadas la humanidad ha olvidado y que consigue devolver a las salas de cine ese cine para todos los públicos, disfrutable tanto por un niño como por un adulto y que consigue devolver la inocencia y la maravilla a un espectador cada vez más cínico.

El punto más criticado de la obra es su guión, escrito a cuatro manos por Brad Bird junto al temido Damon Lindelof, odiado con la misma velocidad que fue adorado y que siempre es recibido, no por mi, que apreció su obra, sino por un público que sigue sin aceptar que el final de Lost no fuera como ellos hubieran querido. Y es que este trabajo es un 50% Lindelof, y aquel que haya sido seguidor de su trabajo, verá elementos afines a su trabajo, como ese Tomorrowland que funciona muy bien en el terreno de la metáfora si no esperas que te den una respuesta masticadita y prefieras que sea interpretable desde muchos puntos de vista, sus magníficos personajes y el desbordante torrente de imaginación y maravilla que transmite cada línea de diálogo, cada plano y cada detalle.



En un mundo que nos ha tocado vivir tan negro y pesimista, donde el futuro parece cada vez más desesperanzador, es necesario y obligatorio que aparezcan obras como Tomorrowland, una película que nos hace mirarnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, replantearnos supuestas verdades que hemos dado ya por absolutas y que nos devuelve la esperanza en nosotros mismos y la humanidad, aunque sea solo durante dos horas maravillosas en la oscuridad de la sala de cine.

3 de junio de 2015

El Resurgir de Scott Snyder y Sean Murphy: Decepcionante nueva incursión de Snyder en la línea Vertigo

























En escasos cinco años, el nombre de Scott Snyder ha pasado de ser un desconocido del mundillo del cómic a megaestrella en un abrir y cerrar de ojos. Comenzar apadrinado por el mismísimo Stephen King y realizar al principio con el maestro y luego en solitario un tebeo tan bueno y estimable como American Vampire para la línea Vertigo de DC Comics no le vino nada mal, pero el salto al estrellato le vino con Batman, primero en una etapa más secundaria como fue la suya en Detective Comics al olimpo del éxito con Batman, la serie regular del personaje que realiza junto a Greg Capullo y que se ha convertido en el tebeo estrella de DC Comics, luchando por el top 1 cada mes con la Justice League de Geoff Johns.



Y es que la carrera de Johns y Snyder tienen muchos parecidos. Ambos grandes aficionados, ambos escritores competentes y ambos, autores exprimidos y quemados por una editorial en poco tiempo. Y este El Resurgir para una línea editorial que ha vivido tiempos mejores es un ejemplo tristemente evidente.



En este nuevo trabajo, Snyder pretende hacer por el terror submarino y la ciencia ficción, lo mismo que ha conseguido con resultados más que óptimos en su American Vampire, fusionando sin pudor el drama post-apocalíptico, el mundo marino, las leyendas de las sirenas y el terror alienígena. Pero todo ello se convierte en un cóctel indigesto, donde la historia y el protagonismo se divide en dos momentos temporales y dos protagonistas femeninas que no tienen tiempo para conocerlas, comprenderlas y quererlas (muy al contrario que su excelente Pearl, protagonista de American Vampire), rodeado de tópicos multigenéricos y secundarios aún más tópicos que huelen a cliché a más de 1000 km.



De nada sirve que tenga ideas interesantes y originales que nunca llevan a ningún puerto, porque el final, aunque posiblemente se podría considerar sorprendente, se torna indigesto por la necesidad de Snyder de explicar en modo listado y sin sutilezas una resolución que a las alturas de las últimas páginas del tebeo ya te da exactamente igual.



Lo mejor del tebeo, sus primeros tres números, donde el misterio y las incógnitas parece que nos llevarán a algo medianamente interesante y sobre todo el trabajo artístico de Sean Murphy, abocado, al igual que en el Joe The Barbarian de Morrison ha trabajar con los autores más destacados de la industria en sus peores obras.



En definitiva, un tebeo que parece sacado del fondo del armario por Scott Snyder, un trabajo más propio de un autor novato, con buenas ideas mal resueltas y no el trabajo de un autor que se encuentra entre los escritores estrella de la actualidad y autor de dos buenos trabajos como su Batman y su American Vampire, entregando su peor obra hasta el momento junto al ilegible Superman Unchained realizado mano a mano con Jim Lee.
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